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Ya frente a la recepcionista Darién se pasó el maletín a la otra mano para to mar un montón de cartas, bastantes más de las habituales.
—Gracias, Señorita.
—Para ti todo es un placer- Contesto coquetamente la mujer sin dejarlo de ver.
—¿Qué pasa?-
—Que es un Boom, no dejan de llamar. El rating anda por las nubes. Y, por cierto, La Tsukino es una fiera-
-¿Ah, sí? ¿Acaso crees que es muy divertido el experimento?-
—La verdad seria un placer ocupar el lugar de ella— suspiró la chica, mientras se acariciaba el piercing que llevaba en el labio.
Darién se alejo algo preocupado, las mujeres de estos tiempos eran peligrosas. El estrecho pasillo parecía aún más estrecho porque había archivadores a ambos lados. Aunque, en realidad, poca gente necesitaba consultar los archivos. Debían de ser viejos anuncios o facturas de las empresas que los contrataban.
Cuando iba a entrar en su despacho, Anthony el director de programación, lo llamó. Aquello seria todo un circo...
—Siéntate— le dijo Anthony, sin soltar el teléfono. -Si, mi vida, esta noche en el Bar de siempre. Adiós... que sí, luego te veo-
Darién no quería sentarse. No quería hablar. Es taba molesto y no era para menos, no solo su arrendadora y su apuesta lo habían visto desnudo y escondido, si no que todo Londres sabría que es una farsa.
—¿Qué querías?-
—Hablar contigo—-dijo él, pasándose una mano por el pelo, estilo Brad Pitt pero solo por el pelo, claro. La verdad era un viejo horrible y un tanto burdo y grotesco.
—Anthony, tengo mucho trabajo será que puedes agilizar-
—Lo sé. Solo será un momento, te lo prometo-
Darién se sentó no de muy buena gana. Además ese lugar ere demasiado Anthony para su gusto.
—Dime- Dijo en voz ronca y masculina el pelinegro.
—Durante estas dos semanas vamos a pasar fragmentos de tu programa en emisiones matinales. Lita y yo estamos trabajando en ello. Además, Rei quiere hacer una campaña gigantesca, así que tendremos que hacer fotos contigo y con Serena. Va a hacerlas el mejor fotógrafo de Londres, pero solo tiene dos horas el día miércoles, alrededor de las once. Si te nías algo previsto para ese día, cancélalo por favor-
Darién quedo petrificado. Si se movía, acabaría vomitando sobre el asqueroso personaje.
—Ya, qué bien- Respondió hermético.
—Nos han llamado de varios periódicos y revistas. Les sonó la idea, así que ya sabes, tienes que estar pilas-
Lo triste del asunto era que, hasta el día de ayer, tenia fama y prestigio. Y, derepente, el huracán Tsukino, traería el desastre.
—Ya-
—¿Algo te Molesta Darién?-
—Todos aquí saben que esta pantomima no es de mi agrado. No puedo hacerlo, lo siento-
Anthony se puso pálido.
—No me hagas esto, Dariencito-
—No te lo hago a ti. No quiero hacerlo porque es una estupidez. No pienso dejar que Serena o cualquier otra mujerzuela crean que pueden enamorarme. Ni ahora ni nunca. ¿Para qué?-
—Publicidad— contestó él, colocándose el respaldo de su palma sobre su frente. -Esto es lo mejor que le ha pasado a la emisora. ¿No lo entiendes? Todos ganamos. Tu programa se escuchará en todo el país, todos conseguiremos un aumento de sueldo y Rei quedará como una princesa de la radio-
—Mi vida privada es mi vida privada — replico.
—Pero esto es la radio, cariño. Y oportunidades como esta no aparecen todos los días-
—Como digas- Ironizo.
—Es una oportunidad de oro. Y si la aprovechas será un éxito-
—¿Querías alguna cosa más?-
—No olvides lo del martes muñequito-
Darién se levantó de la silla, mirándolo a los ojos.
—Darién chiba para ti. Ya tienes fotografías mías. Tomaré parte en el experimento, pero no esperas nada más de mí —le dijo, antes de darse la vuelta.
—Darién…- grito el hombre.
Pero no hubo respuesta alguna.
Serena bajo de su auto y entró en la emisora. Eran casi las once y Chiba estaría a punto de ter minar el programa.
Deseaba verlo. Además de modelar y el sexo, pocas cosas la enloquecían. Le gustaba pasarlo bien, pero su interés no iba más allá de la cama. Sin embargo, Darién Chiba era muy interesante. No sabía exactamente por qué, solo que no era lo que parecía ser.
Su ultima conquista, por describirlo de alguna forma, había sido otro modelito de hombre de etiqueta, cara bonita, buen vestir, poco cerebro y mal polvo.
Darién no parecía un hombre común, pero estaba obsesionada con su trabajo.
Serena quería saber cómo reaccionaba ante las seducciones de toda una mujer, modestia aparte. Y, sobre todo, quería acostarse con el.
Había probado muchas cosas en la vida, casi todo al menos una vez. No le gustaban los juegos, ni el sexo que requería un montón de juguetes, pero había algo muy intrigante en Darién. Ese as pecto suyo tan tímido la excitaba. ¿Cómo seria amordazarlo y abusar de el toda la noche? De solo pensarlo se excitaba. Por supuesto, tendría que trabajar mucho para conseguirlo, el era un hombre difícil y ella una mujer muy paciente.
La recepcionista abrió los ojos como un búho, pero para Serena eso era algo normal. No era una gran celebridad, al menos no comparada con las grandes estrellas de cine, pero siempre conseguía buena mesa en los mejores restaurantes. Y también firmaba algunos autógrafos.
—Hola, Señorita Tsukino-
—Dime Serena-
La sonrisa de la joven se volvió provocativa. Aunque Serena era aventurera, jamás se le había ocurrido incursionar en las artes amatorias con su mismo sexo, pero igual no le molestaba enloquecer a todos los sexos.
—Le quedan diez minutos- Contesto la recepcionista.
—Gracias. Lo espero dentro-
Como siempre que entraba en la emisora, casi le parecía ver a su padre dando ordenes y organizando todos los problemas ocurridos, eso le do lía. No porque los recuerdos fueran dolorosos, sino porque la hacían sentir débil. Echaba de menos a su padre. Echaba de menos el sonido de su voz, su aspecto serio y parco.
Un cartel publicitario de Darién la devolvió al presente. Tenía unos ojos azules profundos, con unas pestañas increíbles. La nariz, por comparación, parecía muy pequeñita, pero los labios... ah, los labios eran geniales. Generosos, suaves, húmedos...
Rei lo llamó desde la cabina de producción. Le caía bien aquella mujer. Era muy rara, pero quizá le caía bien por eso. Llevaba el pelo largo y negro, y no solía afeitarse a me nudo. Solo vestía con vaqueros y camisetas y le gustaba tanto su trabajo como fumarse un capullito después de 10 pm.
—¿Qué tal, colega?-
—Bien —contestó la rubia-
—Eso es lo que cuenta— sonrió Rei, señalando el estudio —Ten cuidado con el, está mírame pero no me toques-
-¿Ah, sí?-
—Le ha dicho a un oyente que dejara de joder-
—¿Y no es lo que suele hacer?-
—¿Darién? Qué va. Si el es buena gente y coqueto con todo el mundo-
Serena se volvió hacia el estudio. Darién estaba sentada tras su escritorio como el capitán de una nave, con el micrófono a unos centímetros de su boca, de su deliciosa boca. Lo había visto y no parecía para nada contento. De hecho, su expresión era mucho menos que amistosa.
—¿Qué me quieres decir de Jon?— estaba preguntándole a su oyente, cuando él entró en el estudio.
—Que se le había olvidado nuestra cita— con testó una joven.
—Katie, hemos hablado antes de esto. A Jon siempre se le olvida que tienen una cita-.
—¿Y por qué?-
—No lo sé. Pero no puedes seguir aguatándolo. No puedes depender de Jon para ser feliz. ¿De verdad crees que lo preocupan tus sentimientos?-
Darién miró a Serena de reojo. Estaba acomodada en la silla, con los pies sobre el escritorio, y con una faldita que llamaba al pecado.
Él cerró los ojos, escuchando aquella suave voz femenina, dejando volar su imaginación...
—Pero el dice que soy su único y gran amor- insistió Katie, sacando otro pañuelo para secarse las lágrimas.
Normalmente, Darién la entendía. Durante los últimos meses, era el único hombre que la entendía.
Despertó de su letargo y respondió. —¿Te lo demuestra?-
—Claro-
—¿Cómo?-
—Me dice que soy linda, que le gusto…-
—No te he preguntado eso. Te he preguntado si te demuestra su amor —la interrumpió Darién.
—No la entiendo-
—Ya lo veo. Verás, lo que importa es cómo te trate. Si pone tus sentimientos por delante de los suyos, si te respeta y te escucha-
—Lo hace-
—¿Ah, sí?-
—Bueno, no siempre. Pero nadie hace eso siempre-
—¿Tú crees? Dime una cosa... ¿Estás todo el día esperando que te llame? ¿La vida empieza para ti cuando él aparece y se esfuma cuando no está?-
—Pues... algo así-
Katie miró hacia el salón. Las flores que había colocado allí el día anterior para celebrar su aniversario estaban un poco ajadas. Y la navaja suiza que le compró como regalo seguía sobre la mesa. Porque a Jon se le olvidó que habían quedado para cenar. Aquel día hacía dos años que estaban juntos y recordaba su primera cita como si hubiera sido el día anterior. Su vestido, la sonrisa de Jon, sus besos... Pero últimamente él no parecía contento de verla.
La joven dejó escapar un suspiro. Le había pre parado su cena favorita: Trucha al ajillo. Al principio, Jon siempre la felicitaba por sus habilidades culinarias, pero ya casi nunca cenaban jun tos porque él tenía mucho trabajo.
—Yo creo que ese es precisamente el problema- Dijo el Doctor Chiba. -Tú crees que Jon debe ser responsable de tu felicidad-
—No, pero lo quiero tanto que cuando está aquí, soy feliz-
—¿Y cuál sería su reacción si te llamara para salir y tú le dijeras que no, que tienes algo importante que hacer? ¿Algo que te gusta mucho?-
—Pues... no sé. No creo que le hiciera gracia-
—Yo creo que se sentiría aliviado, Katie. Creo que se alegraría de saber que estás cuidando de ti misma. De ese modo, la presión de hacerte feliz continuamente habría desaparecido-
—No es ninguna presión querer que tu novio venga a cenar el día de tu aniversario-
—Lo sé, Katie. Estás dolida y no me extraña. Cuando hables con él, cuéntale lo que te pasa, dile cómo te sientes.
—Fatal-
—Sí, ya. Pero el dolor desaparecería más rá pido si se lo cuentas-
—Lo intentaré.
—Listo. Gracias por llamar-
Katie colgó el teléfono. Había controlado las lágrimas mientras hablaba con Darién, pero en aquel momento escapaban sin control.
—Estamos aquí de nuevo y tenemos tiempo para otra llamada —dijo Darién, pulsando un botón.
Era Carolina, que quería hablar sobre Serena Tsukino. Todo el mundo, excepto la pobre Katie, quería hablar de Serena; de la apuesta, del experimento. De la seducción.
Y, evidentemente, a ella le hacía mucha gracia porque durante los comerciales le dijo que había reservado mesa en un restaurante.
—Hola, Darién. ¿Serena está allí?-
Ella se inclinó hacia el micrófono dejando ver sus voluptuosos pechos, sonriendo como si tuviera un gran secreto.
—Estoy aquí-
—Mi marido dice que te verías bella si posas desnuda-
—Dale las gracias de mi parte, pero no se si lo hare-
—¿No? Entonces, ¿crees que no podrás seducir al hermoso Darién?-
Serena soltó una carcajada y el sonido le hizo sentir un escalofrío. Lo último que Darién deseaba era sentir escalofríos. Desgraciadamente, su cuerpo no parecía entender el mensaje. Cuando la miraba, se sentía extraño...Ah, estupendo. Un hombre experto en el sexo, claro en teoría, temblaba por una mujer. Estaba perdiendo la cabeza.
—Yo creo que va a ser una experiencia muy interesante- Le guiño un ojo Chiba.
—Yo también. Hemos hecho una apuesta en la oficina y yo he apostado por ti-
—¿Y eso?-
—Porque he visto tu foto, cielo. Como quisiera estar a si de hermosa-
Darién se inclinó hacia el micrófono.
—Tú puedes ser lo que te propongas Carolina-
—Lo sé— dijo ella. -Pero creo que se olvida del atractivo sexual-
—No se me olvida. Y tampoco se me olvida la sensatez. Hay que tener prioridades, hay que tener la cabeza en su sitio-
—Estoy completamente de acuerdo- Asintió la rubia. -No somos el sexo débil. De hecho, somos fuertes como el acero. Y podemos conquistar al hombre que deseemos-
-Lo mismo digo Serena- Contesto Carolina. —¿Qué va a hacer esta noche Doctor Chiba?-
Darién miró a Serena y ella le guiñó un ojo.
—Voy a salir a cenar con la Señorita Tsukino-
—¿A dónde van a ir?-
—No creo que sea buena idea decirlo en la ra dio— contestó ella. —Necesitamos... cierta privacidad-
—Parece que lo tiene todo planeado- Rio Carolina
—Desde luego-
—¿Cree que esta noche será la noche?-
—Eso espero-
Darién respiró profundamente. La conversación no iba nada bien.
—¿Serena, es tan guapo como en las fotos?— preguntó la oyente.
—Es muy atractivo- Contesto la rubia
—Mi mejor amiga dice que tiene un trasero de muerte-
—Por lo que se ve… si, aunque quizás mañana te de mejores datos-
—Con esa actitud seguro que gana la apuesta- Rio carolina
—Muchas gracias por llamar. Soy el Doctor Darién Chiba. A continuación, el programa de Seiya Kou. Buenas noches a todos y hasta mañana-
Después de quitarse los auriculares, Darién se volvió hacia Serena.
—Veo que lo disfrutas, ¿no?-
—Sí-
—¿Por qué? ¿Es el hecho de intentar humillarme, de conseguir un club de fans o las dos cosas-
—Las dos cosas-
Seiya Kou abrió la puerta del estudio y Darién se levantó con sus papeles en la mano. Y Serena lo tomo del brazo para salir de allí y pregunto. —¿Tienes que hacer algo antes de irnos?-
Darién iba a decirle que no pensaba perder su valioso tiempo cenando con ella, pero no podía hacerlo. El juego estaba en marcha y tenía que jugar.
—Tengo que hablar con mi productor-
—Adelante-
Andrew estaba en la cabina de producción. Arreglado de pies a cabeza. Lo hacía para que Lita se fijara en el, pero ella no se daba ni cuenta.
—Gracias por venir, Serena-
—He estado a punto de no hacerlo-
—¿Y por qué has cambiado de opinión? —preguntó Darién.
—Por ti —contestó ella.
Darién se puso colorado, ella trataba de doblegarlo pero el estaba seguro que no lo conseguiría.
Lo que no entendía era por qué lo ponía tan nervioso. Aquello era un juego para ella, que solo estaba allí por aburrimiento. Y, sin embargo, Darién temblaba por dentro cada vez que la miraba.
—Sería buenísimo si llamarais a la emisora este fin de semana para contar lo que andan haciendo los dos — dijo entonces el traidor de Andrew.
Darién asintió, pero la vena de la frente estaba palpitando más de lo normal ¿Qué iba a hacer con la sensual Serena durante el fin de semana? Tendrían que ir a algún sitio público. Además la mejor manera de mantener a salvo su secreto era evitar situaciones que pudieran llevar a... algo.
Serena le guiño un ojo a Andrew y el se emociono levemente. En realidad esa mujer podría conseguir lo que ella quisiera.
Darién sabía que no había vuelta de hoja y que estaba en un callejón sin salidas.
Darién la observaba jugando con el tenedor. Había pedido tiramisú, un delicioso postre italiano, pero su manera de saborearlo era completamente deliciosa. Hasta el café en sus labios era toda pasión. Darién estaba asustado, en realidad con solo verla ya estaba excitado.
—Te has enamorado- Pregunto ella.
Darién sonrió.
—Supongo que podría decirse así-
—Eso es bueno. La pasión es muy importante- Lo miro coquetamente.
—¿Y con qué te apasionas tú?- El prosiguió.
—Con los hombres-
—¿Por qué?-
Serena miro alrededor mientras deslizaba su pie derecho por la entrepierna del pelinegro.
—Me gusta-
—¿Y el peligro?- Sudaba frio el chico que para el momento estaba inmóvil.
—También- Decía ella mientras acariciaba el enorme bulto de Darién.
—¿Siempre te han gustado las emociones fuertes?- Pregunto mientras se levanto intempestivamente como buscando algo.
—Creo que sí- Rio ella. El tomo asiento nuevamente pero en esta ocasión cruzo sus piernas.
—La necesidad de adrenalina puede ser casi como una droga. He leído un estudio sobre gente que necesita de emociones fuertes en su vida por un desequilibrio emocional...-
—¿De dónde donde eres, Darién? —lo interrumpió Serena.
—¿Cómo?-
—¿Dónde naciste?-
—En Estados Unidos-
—¿Tienes hermanos?-
—Un hermano-
—¿Tus padres también son médicos?-
—Los dos— contestó el
—Eso explica muchas cosas-
—¿Qué quieres decir?-
—¿Ellos te ayudaron a en la carrera?— le preguntó ella.
—No. Bueno, estaba acostumbrado a ver a mis padres estudiando y supongo que me parecía lo más normal. La verdad es que me gusta estudiar. Y me gustaba mucho la universidad-
—Ya me imagino. Cuando los demás chicos estaban de rumba, seguro que tú estabas estudiando-
—Pues sí. Y me siento orgulloso de ser lo que soy-
—Ojalá te hubiera conocido en la universidad- Suspiro la rubia.
—¿Por qué?-
—Te habría enseñado un par de cositas-
—¿A tomar alcohol o drogas? No, gracias-
La sonrisa de ella insinúa otras cositas.
—No me refería a eso, sino a cosas más personales-
Darién se incomodo y trato de cambiar la conversación, en realidad era muy pronto y no se permitiría perder.
—Mi educación fue bastante completa, te lo aseguro-
—Ya-
—¿Y tú? ¿Tus padres, tu educación?- Comenzó el un nuevo interrogatorio.
—Mi madre vive en aquí en Londres y siempre está muy ocupada-
—¿Y tu padre?-
—Murió cuando tenía treinta y cinco años-
—Qué joven-
—Sí, fue una pena- Dijo ella mirando el postre que Darién aun no había probado.
—¿Vas a comértelo? Se ve muy rico ¿Puedo probarlo?-
Serena paso uno de sus dedos por el postre y se lo llevó a los labios para saborear el pastel.
-Ojalá no hiciera una noche tan húmeda- dijo Serena, pero era normal en Junio. En ocasiones llovía, en ocasiones no. Aun así, le encantaba pasear de noche por las hermosas calles de Londres.
A esa hora no había gente por la calle, nadie recriminaría conducta alguna y todo en ese lugar se prestaba para una noche de pasión.
Por supuesto, aquella noche su atención no es taba centrada solo en la calle. Cuando llegaron a la esquina Serena se apoyo en Darién y este la sostuvo rápidamente antes de caer, era su deber, quizás había sido un mareo.
Era una técnica infalible porque a la mayoría de los hombres les gustaba ser salvadores e incluso en aquellos momentos se sucintaban las mas arrebatadoras pasiones.
-¿Te encuentras bien?-
—Solo, Cuéntame un secreto— le dijo él al oído.
—¿Perdona?-
—Cuéntame algo que nunca le hayas contado a nadie. Una travesura, seguro me hará bien-
El la llevo a una banca cercana donde las luces eran tenues y allí se coloco a su lado y comenzó.
—Cuéntame uno tu serena, tu vida ha sido más interesante-
—Muy bien. La primera que desfile en una pasarela tenía 15 años-
—No es una travesura tan horrible-
—Considerando que me Salí escondida de casa, a las 3 de la mañana y me fui en el avión privado de un amigo a New York-
—¿En serio?- Exclamo Darién.
—En serio. Mi padre cuando fue en mi búsqueda ala mañana siguiente creyó que me habían secuestrado.
—¿Qué pasó?-
—Al final cuando nervioso se dispuso a llamar a las autoridades, las noticias de la televisión decían que unos paparazzi me cacharon saliendo por una ventana y tomando un avión con un novio-
Darién soltó una carcajada. Por primera vez desde que había empezado la apuesta, no tenía miedo. Gracias a Dios por el sentido del humor.
Pero inmediatamente después, noto como los dedos de ella quemaban la comisura de sus labios. Era como un incendio. Y para disimular, se puso a mirar desprevenido.
—Tienes algo de postre en tus labios—
—¿En serio?-
—Te puedo limpiar yo-
—Gracias, lo mejor será irnos se está haciendo tarde-
Aunque no lo beso aun sentía el rose de sus dedos sobre su piel quemándolo.
Doblaron una esquina y, de repente, ella la empuje dentro de un callejón. El pensó que quizás seria un ladrón. Estaba muy oscuro y no podía ver lo que sucedía. Entonces, sintió como aquella mujer se adueña de su miembro.
No podía escapar y su corazón latía con violencia. Pero algo más latía en su cuerpo, algo más se había despertado a la vida.
Ella se puso en pie y como una titiritera dominaba su cuerpo.
Cuando lo besó, le robó el aliento. Era un beso lleno de ansias, necesidad y deseo, tan caliente como su piel, tan aterrador como el os curo callejón. El era un autómata y se dejaba llevar por la situación.
Nadie lo había besado de esa forma. Era algo nuevo, su cuerpo temblaba de placer, además los pechos de ella se frotaban contra el con intención deliberada. Quería gritar, la sensación era desenfrenada, las sensaciones erráticas subían y bajaban rápidamente.
Cuando las sensaciones llegarían al momento cumbre se apartó. Darién no podía ver sus ojos, pero sabía lo que vería en ellos: un deseo salvaje.
—Esta es la primera noche— dijo Serena bastante excitada—. Pero antes de que esto termine, te tendré en mi cama. Y te haré cosas que van a asustarte, cosas que harán latir tu corazón como te late ahora-
—Estas equivocada- Murmuro el.
—Veo la verdad en tus ojos. Acepté esta broma no porque estuviera aburrida sino porque te deseaba y sabía que tú me deseabas también-
—Yo no...-
—No te preocupes. No voy a intentar convencerte. Voy a esperar hasta que me lo supliques-
—No lo haré, puedo estar con cualquier mujer y tú no eres con la que deseo estar-
Serena deslizo sus manos por el miembro del pelinegro.
—Al parecer tu cuerpo y tu mente no están para nada conectados-
No lo podía creer. Era cierto. Estaba al máximo, no podía disimularlo, pero no esperaba excitarse de esa forma. Al notar el calor entre sus piernas tuvo que hacer un esfuerzo para no tomarla allí mismo.
Él nunca perdía el control. Pero con esa mujer se sentía casi... sin voluntad. La imaginaba desnuda contra la pared del callejón, mientras él la embestía una y otra vez...
Serena lanzó un gemido y Darién se dio cuenta de que estaba viéndole la erección, que se marcaba claramente bajo sus pantalones, como si es tuvieran haciéndolo allí mismo.
—¿Ves lo que te pasa? Tú deseas esto tanto yo-
—No-
—Eres muy mal mentiroso-
Darién quería pensar que no pero… Una imagen vale más que mil palabras.
