El ABC Tokka
Disclaimer: ATLA no me pertenece, ni las canciones. Eso es propiedad del Copyright. La historia sí es mía :333
Summary: Morir, eso era lo que deseaba ahora, y ya que el cuchillo la llamaba, lo haría con gusto. "Te amo, Sokka". Letra D: Déjame Gritar.
Le agradezco demasiado, enserio, demasiado a katitabender por aceptar ser mi cómplice, junto con Maidijunior; y meterse a mi reciente abierto club: 'Abajo Suki, Arriba Tokka'. Y les digo, el que se quiera meter, avíseme mediante un PM para crear un foro, ya saben, como el que hizo Nefertari Queen para el mundo de ATLA. De todos modos, el foror lo crearé después de haber escrito estooo!~ *levanta el pulgar animada* xD Tambiñén le agradezco a katita sus fantásticas (y en proceso xD) historias de esta parejita, aparte, de que sus Kataangs son demasiado cutes! *O* Adjkaslfdf.
Advertencia: En este cap, Toph está muy depresiva, casi OoC, pero es mi primera historia dramática, y ya que tengo la trama en mi cabeza (Mi heaaaaaad~), no quiero desperdiciarlo. Ya saben, comenten si vomitaron sangre (xD) o si vomitaron arcoíris *-* (xDDD)
¡Recomendación!: Si quieren, es su decisión, escuchen la canción mientras leen. Creo que ya han escuchado de Kudai (*-*) ¿no?
No hay POV Toph, solo el normal ;) Aquí ella contará lo que siente después de la partida de Sokka, ya verán. Es un AU, bastante… depresivo… enserio, si vomitan sangre no me culpen, culpen a mi cerebro xD
Oh y, lo que está en cursiva (la letra de la canción no) después de la línea, es el recuerdo. Y les recomiendo también, ver este video que hice con la misma canción: / watch? v = 8EdRH9KH1zY (quítenle los paréntesis y espacios) No tiene que ver con la trama ésta, pero concuerda en algo… creo.
Ahora sí. Disfruten~
Letra: D
Canción: Déjame Gritar
Artista: Kudai
Recuerdos que, llevo en la piel
En noches frías del ayer
Tu sombra quemó mi fe
Y no existe aún nada que perder
Solo quiero ver la noche pasar
Y en su oscuridad
Y arrancar este infierno (amor…)
Solo quiero en tu mirada acabar
Ser la luz del tiempo
Ella ya no tenía nada.
Nada qué amar, o en qué confiar.
Lo había perdido todo, totalmente todo.
Su padre… su vista…
El amor de su vida.
El único que la amaba… como era.
…
Era una hermosa tarde de verano, se acercaba el otoño y se podía notar con facilidad al ver las hojas de los árboles, coloreadas de café claro, cayendo; como plumas, ligeras y libres al viento.
Pero el montón de hojas que había caído se disipó con fiereza cuando una moto cruzó la carretera a gran velocidad, dejando las hojas dispersadas y desordenadas.
Una chica reía, (por un mal chiste) en la moto, mientras el chico delante de ella fingía enojo, haciéndola reír. Estacionó la moto cerca de una banca en el parque, ayudando a bajar a la chica.
Sokka Water, un chico alto de 19 años con hermosos ojos azules como el mar, y una hermosa sonrisa, le tendía a la chica de su lado, un hermoso collar verde. Toph Bei Fong, una linda (y pequeña) chica de 16 años, ojos verdes esmeralda y sonrisa burlona, apretaba en sus manos el collar, contenta.
Eran novios, hace 2 años, y cumplían sus 3 años hoy. Su relación consistía en insultos, bromas pesadas y mucho cariño, (de parte de Sokka) pero también de su amistad. Eran los mejores amigos desde los 14 de Sokka, que su hermanita Katara (exactamente igual a él, solo que maternal, dulce y femenina), de 13, le había presentado a su amiguita, en un intento de animarlo en su aburrida fiesta.
Sokka, al verla, fue el único que notó su belleza singular, sus ojos verdosos, su cabello largo y negro y su piel pálida, marcando su carita de porcelana. Se presentó ante ella y al conocerla, de inmediato la nombró Monstruo.
A sus 16, murió por una enfermedad su novia, Yue. La amaba, y no pudo resistir a tirarse en su tumba y llorar. Toph, su mejor amiga, llegó con él y le dio una bofetada, tumbándolo contra el suelo.—¿Te vas a echar a llorar como nenita por una chica? ¿Estás bromeando? ¡Ese no es el Sokka fuerte y valiente que yo conocí! Si abrazarás como estúpido su tumba, le estarás dando a conocer que no la podrás olvidar, y eso a ella no le gustará. ¡Levántate como un hombre y mira hacia delante!—.
Desde ese momento, supo que no valía llorar por un amor perdido, y eso hizo que se fijara más en la fortaleza de Toph, ante los problemas delicados.
A sus 17, la invitó al cine, confesándole al llegar a su casa, sus sentimientos por ella. Halagándola por su fortaleza, su dulzura y su belleza. Ella, sonrojada, le dijo que sentía lo mismo por él, diciéndole que su amor por él parecía platónico hasta ahora, e infantil.
Toph lo amaba. Lo amaba de una forma que si le pedían explicarlo; ella entraba en colapso nervioso y huía del lugar, aclarando que no tenía palabras. Claro, ella con su fuerte caparazón, en vez de eso diría que no tenía palabras para expresarlo.
Y Sokka también la amaba. Veía en ella una belleza singular, una que solo él sabía, que a través de esos ojos verdes, un alma dulce y encantadora producía esa belleza. Amaba como ella veía con él las luchas, jugaba al play station con él, se hacían bromas pesadas (hasta a Katara y Aang, que son novios) y lo besaba. Sokka pensaba, cada vez que se besaban, que ella era única besando; sus labios eran suaves y delineados, y tenían un sabor exquisito. Ellos se amaban, no cabía duda.
Ahora él le regaló un collar verde pardo, por su aniversario de 3 años. Se lo colocó y la besó, mencionando su tan conocido apodo: Monstruo.
Se quedaron ahí unos momentos, observando el verano volviéndose otoño mientras hablaban. Hasta que el celular de Sokka sonó, y era Katara. El río y se subió a la moto con Toph, diciéndole que después, comerían helado.
Arrancó y rápidamente, cruzó la carretera, con precisión y con Toph sujetándose a él por detrás, abrazándolo. Una sonrisa pasó por su cara al escucharlo decir que la quería.
Mientras escuchaban las respiraciones de cada uno, no notaron que empezaba a caer la lluvia.
Se escuchó un fuerte trueno y pasó todo muy rápido.
Sokka, por la calle mojada, no pudo desacelerar lo suficiente para detener la moto, así que al querer girar, la moto resbaló y Sokka tomó a Toph y la abrazó, el cayendo de la moto, en cabeza.
Aparte del trueno, se escuchó un crujido de huesos y Sokka quedó en el piso, con Toph, sana y salva, encima de él. Ella vio como la sangre bajaba por su frente.
—¡Sokka! ¿Estás bien?—exclamó ella, tomando a Sokka de la cara.
El tosió.—Estoy bien, Monstruo. No te preocupes—.
Sokka tosió más y más, hasta sacando sangre. Toph apretó los labios para no llorar, ella ya sabía lo que venía ahora… él… se iría.
—¡NO!—gritó—¡Sokka! ¡Espera! Por favor… no te vayas, no me dejes sola… Por favor… ¡Por favor, maldita sea! ¡No!—lloró. Sokka le acarició la carita húmeda.
—No llores… no te dejaré… te lo prometo… solo me duele la cabeza… estaré bien…—y aquí venían las palabras que Toph odiaba, desde que su padre murió—…en tu corazón…—.
—¡NO! ¡Espera! ¡Todavía puedes salvarte! Llamaré a una ambu...—Sokka le puso un dedo en la boca, callándola.
—Ya es muy tarde, linda. Recuerda que siempre te amé, siempre. Ahora te cuidaré con Yue, y así estarás mejor para un hombre que te ame—dijo Sokka, sonriendo.
Toph empezó a llorar.—No te vayas… yo no amo a más nadie… Solo a ti… por favor, Sokka… no me dejes… por favor…—sollozó—Soy una mierda sin ti…—.
Sokka le hizo una señal para que se acercara, ella lo hizo y él le dio un beso corto en los labios, en modo de despedida. Toph apretó los labios.
—Te amo, Monstruo—sonrió—No me olvides, ¿de acuerdo? Siempre estaré contigo…—.
—No… no… ¡NO!—Sokka ya había cerrado los ojos, haciendo que Toph lo zarandee. Se había ido.
—Sokka… ¿por qué…?—lloró—Hoy era nuestro… aniversario…—a los pocos minutos, la ambulancia llegó y se llevó a Sokka, pero Toph se negaba.
Katara y Aang llegaron, seguido de Hakoda (el padre de Katara y Sokka) y la abuela Gran-Gran. Katara abrazó a Toph, la cual seguía gritando y llorando.
Antes de que les dijeran el diagnostico de Sokka, Toph se abalanzó a él, llorando. Unos hombres la sujetaron y se la entregaron a Hakoda. Él solo la abrazó.
Toph abrió los ojos de golpe.
Su cabeza.
Le acaban de decir que Sokka se rompió la cabeza en dos, al caerse de la moto.
Una fractura con pérdida asombrosa de sangre.
Katara se abrazó a Aang, llorando. Éste, a pesar de todo, lloró. Sokka era su amigo.
Pero Toph seguía shockeada. No se movía y sus ojos se mantenían fijos en el piso.
Recordó que minutos antes, Sokka dijo que le dolía la cabeza.
Maldición.
¡Se había fracturado el maldito cráneo! ¡Y ella… viva! ¡Vivita y coleando!
Toph rechinó sus dientes… sin tan solo… ella hubiera muerto… no estaría Sokka…
Tragó duro. …muerto…
Salió corriendo de la habitación con lágrimas en los ojos, sin percatarse en unos hombres que cargaban un vidrio gigante justo delante de ella. Katara gritó su nombre, pero ella ya había escuchado bastante.
Toph atravesó el vidrio. Éste incrustándose en todo su cuerpo, y ya que ella tenía los ojos abiertos… pedazos de vidrio se incrustaron en sus ojos, los cerró fuertemente. Pero eso solo hizo que lo arruinara todo.
La llevaron a cirugía y le sacaron todos los vidrios, diminutos y grandes. Pero el de los ojos… aunque se los sacaron… la cosa tampoco acabó bien.
Se quedó ciega.
Ci-e-ga.
Sus preciosos ojos verde esmeralda perdieron su brillo, color y función. Se tornaron blancos, pero sin brillo ni vida.
Desde ese entonces, Toph no volvió a ser la misma.
…
Recuerdos… mil sueños
Que se apagaron con el sol
Sin nadie… sin nada
Que me ilumine el corazón.
Toph se encontraba en su cuarto, ahora su santuario. Cada rincón estaba plasmado de angustia y dolor, sin mencionar el mismo dolor que sufrió ella hace un año.
Ese maldito año.
El condenado año en el cual le dieron las ganas al diablo de matar a su novio. Provocando lluvia, que Sokka no controlara la moto, y que se fracturara su bendito cráneo. Arrastrándolo a la muerte.
El mismo año en el cual ella perdió su adorada vista, por culpa de ese maldito vidrio. Ahora, vivía condenada a no ver nada, quedándose así para siempre.
Como odiaba esa palabra.
Toph tenía ya 17 años, en los cuales, no quiso fiesta. Porque si no, la hacían por compasión.
No quiso regalos. De compasión
No quiso ni un solo abrazo. Con compasión.
No quería a nadie. Solo le darían compasión.
Como odiaba también esa maldita palabra.
El día del funeral, ella había llorado como una magdalena; parada, apretando los puños, con Katara como guía y los ojos botando lágrimas. Todos la abrazaron, y aunque no se viera, lo hacían por lástima, compasión y pura ignorancia.
Creían que ella se sentía perdida sin él. Por una parte. Pero estaban equivocados.
Ella podía, ahora, vivir sin él. Lo malo era que eso… es muy difícil.
Hasta ahora, ella se queda encerrada en su cuarto, sin comer, dormir o siquiera emitir palabras. Solo gritaba, lloraba, pataleaba y rompía todo lo que estaba a su alcance. Antes hacía eso desde la muerte de él, pero ahora, solo se quedaba sentada o acostada en su cama, como paralizada y sin querer hablar.
Katara, su ahora guía (como detestaba esa condenada palabra) y hermana (se fortalecieron sus lazos al morir él) llegó a la puerta del cuarto de Toph y tocó tres veces, ansiosa de escuchar un 'pase' o 'vete, Katara'. Porque ella nunca decía nada, Katara debía (y tenía) que entrar a la fuerza. Y tanto ella como Toph odiaban eso.
No escuchó nada y se entristeció, apretó con fuerza la bandeja de comida y entró.
Vio a Toph sentada en su cama, mirando a un punto inexistente para ella. Sus labios estaban secos, su piel estaba más pálida, estaba muy flaca y sus ojos perdían constantemente su brillo; hasta su cabello perdió su color, volviéndose casi grisáceo.
Katara se acercó a ella, y forzó una sonrisa. Sus sonrisas también perdieron valor, como las que Toph ponía con su hermano todo el tiempo.
Suspiró. Él era el único que le sacaba mil sonrisas a ella y a Katara. Cómo lo extrañaba.
—Ey, Toph—la aludida no respondió—Traje pizza, tu favorita. ¿Te apetece? Está rica, además, estás muy flaca—le dijo en tono de broma, pero Toph ni se movió.
Toph ya no comía, es como si estuviera anoréxica. No comía ni bebía, y cada vez que Katara le daba la comida en la boca, Toph la escupía y la tiraba, reaccionando con violencia.
Katara tragó grueso.—Si tan solo… mi hermano estuviera aquí…—pensó, con tristeza.
—Vamos Toph, hazlo por mí… por ti. Estás muy desnutrida, te enfermarás y podrías…—.
—Morir—.
Katara soltó la bandeja, dejándola caer al piso. Había emitido una palabra ¡Había hablado! ¡Y con ella! Una palabra fea, y muy fuerte para ellas. Pero había hablado… y notó que su voz estaba muy seca y ronca, como si la sed o el dolor le quitaran las cuerdas vocales.
—Toph, no digas eso…—.
—Eso es lo que más deseo ahora, Katara—.
Aunque Katara se emocionó por escuchar su nombre, se entristeció después al escuchar el deseo de Toph.—¿Morir? Pero… ¿y no le importo yo? ¿Su madre? ¿La vida que tiene por delante? No… de seguro que no. Sokka fue todo para ella, de seguro no le importamos ni un comino—.
—Toph, te pido no digas eso. ¡Ni siquiera lo pienses!—dijo, tratando de no llorar—Sé que extrañas a Sokka, pero no debes desear eso…—.
—Di lo que quieras, pero ahora, moriré con gusto—dijo, apretando con impotencia las sábanas de su cama.
Katara bajó la cabeza, y le besó dulcemente la mejilla. Notó la resequedad de su piel, y le acarició esa mejilla.
—Solo quédate conmigo más tiempo… solo eso te pido… estoy muy sola… mi papá ha estado muy distante y mi abuela murió hace 7 meses… aparte de Aang, eres lo único que tengo…—dijo, recordando como Aang se quedó con ella en el funeral de su abuela, como él se quedaba a dormir con ella cuando su padre no estaba, y como la consolaba, cada vez que ella venía de ver a Toph.
Toph ni se inmutó.
—Bueno, te quiero mucho… ¿lo sabes, cierto? Recuérdalo… por favor…—le acarició el pelo reseco y se retiró, corriendo, hacia su cuarto.
Toph soltó una lágrima, y emitió su penúltima palabra, la que sería oficial: —Perdóname, Katara. También te quiero… y mucho—.
Katara, al llegar a su cuarto, cerró la puerta de golpe y se lanzó a su cama, llorando.
¿Por qué Toph no entendía que ella estaba, igual que ella, destrozada?
Sokka era su hermano, su sangre, ¡su compañero desde siempre! ¿Por qué simplemente… no lo entendía?
Aang se levantó de golpe del sofá, al escuchar el sonido de una puerta cerrándose con fuerza. Se dirigió al cuarto de su novia, no antes de pasar por el cuarto en donde Toph vivía desde la partida de Sokka. Suspiró, puso una mano en la puerta, pensando en su mejor amigo y en Toph, para ir a ver a Katara.
Tocó tres veces su puerta, y al escuchar un llanto, abrió lo puerta de golpe y abrazó a Katara.
Él también sufría, y bastante.
—Shhhhh… tranquila… aquí estoy… no temas… aquí estoy…—Aang la consolaba todo el tiempo, abrazándola, besándola y cantándole para que se anime.
Aang era un chico dulce, calmado, pacifista y atractivo, mejor amigo de la infancia de Toph y cuñado de Sokka. Amaba a Katara con todo su ser y si ella sufría, el también. Alto, blanco, ojos grises y calvo, con una sonrisa que a Toph y a Katara siempre las hacía sonreír. Ahora eso ya no funciona.
Katara estaba cada vez más triste. Perdía más y más a su mejor amiga, y él sentía lo mismo. Quería mucho a Toph, lo admitía. Pero ver así a Katara le rompía el corazón.
Cada día, trataba de hablar con Toph, pero las palabras quedaban suspendidas en el aire, como si a ella no le importara en lo más mínimo su existencia. Una parte de él creía que eso era cierto, pero la otra parte decía: Está depresiva, entiéndela. Aang lloraba constantemente con Katara, por ella, por Toph y por su mejor amigo. Rezaba también, deseándole una buena vida a Sokka, para que descanse en paz.
Pero Toph estaba cayendo, muy rápidamente.
Y eso, ni él ni Katara podían evitarlo.
Morir.
A Toph le causaba gracia y tristeza esa palabra.
A veces lloraba por esa palabra, a veces reía y se burlaba de su mortalidad por esa palabra.
Pero nunca había deseado que esa palabra le pegara un tiro, literalmente.
Toph se levantó de su cama, buscó su vara de guía (le causaba diarrea esa cosa) y con ella buscó la puerta, abrió y salió, creyendo que la próxima cosa que haría sería la única razón para salir de su cuarto.
Se dirigió a la cocina, tratando de que su vara no hiciera mucho ruido. Pero antes, por precaución, se dirigió al cuarto de Katara. Llegó y apretando los labios, susurró un 'Perdóname' y buscó la perilla, para cerrarla con la copia de las llaves que Katara le había dado por seguridad. Regresó a la cocina después de eso, mordiéndose los labios deseando que todo pasara rápido.
Katara y Aang escucharon el sonido de la perilla cerrarse, se miraron y corrieron a tratar de abrirla, gritando el nombre de su amiga. De pronto Katara recordó la copia de llaves que le había dado a Toph. Miró a Aang y dijo lo primero que se le ocurrió:
—Debemos detenerla—.
Después de eso, trataron de abrir la puerta con todo lo que encontraron, temerosos de que Toph no cometiera una estupidez.
Toph olió la comida que Katara dejó afuera por si acaso ella salía. Desprendía un olor delicioso y Toph quiso comer, pero pensó que sería estúpido y se sentiría desesperada, así que ni la tocó.
Con sus manos fue buscando lentamente su objetivo, tocando y estudiando cada objeto que antes había visto y en su mente lo guardaba. Cuando recordaba uno de ellos al tocarlo, no se sentía tan ciega.
Se detuvo al encontrar lo que deseaba.
Tragó saliva.
Morir.
Eso era lo que deseaba ahora, y ya que el cuchillo la llamaba, lo haría con gusto. Apretó con fuerza el mango y soltando su vara, lo tomó con las dos manos, sacándolo de su lugar. Lo toqueteó minuciosamente, inspeccionándolo. Luego lo tomó en una mano, apretándolo fuertemente, para que con uno de sus dedos libres, tocara las venas de su otra mano, ubicadas en su muñeca. Suspiró al escuchar los gritos de Katara y Aang, pidiéndole que no haga nada.
—Es inútil—pensó.
Apretó otra vez el mango del cuchillo, suspiró y lo dirigió a sus venas, lista para que con una cortadita, volviera a ver a Sokka.
Suspiró: —Te amo, Sokka—.
Cerró los ojos con fuerza.
Katara encontró, después de gritar, un sujetador de pelo pequeño. Lo miró como si se le fuese la vida en ello y lo tomó, con delicadeza.
Aang la miró y luego le dedicó otra mirada, que decía: Hazlo.
Ella modificó el estilo del sujetador y lo metió en la comisura de la puerta, buscando abrirla. Logró su cometido y con un fuerte grito, deseó que su amiga siquiera viviendo.
—¡Toph, no!—.
Suficiente castigo para Toph.
Katara llegó a tiempo para quitarle el cuchillo. Lo tiró al piso y abrazó a Toph, susurrándole palabras de cariño y acariciándole la cabeza. Aang llegó agitado y tiró el cuchillo por la ventana, aliviado de que su amiga estuviera bien.
Toph lloró, se abrazó a Katara y lloró. Ésta le besó mil veces la mejilla, para acariciársela.
—Nunca vuelvas a desear eso. Ni lo pienses, ¿de acuerdo? Estás mejor con nosotros, sólo imagina que Sokka estaría muy feliz si te viera viva—le dijo Katara, revisándola con delicadeza. Toph se sorbió la nariz.
—P-Perdón, yo… estaba mal… ¿cierto? Pero es que… ¡Lo amo, Katara! ¡No lo puedo evitar! Lo recuerdo con cada cosa, palabra y hasta con el viento escucho su voz… Él está matándome… ¡me mata!*—sollozó Toph, metiendo la cara en el pecho de Katara, sujetando con fuerza su ropa. Katara le acarició la cabeza.
—Tranquila… también lo extraño… el dolor no me deja siquiera pensar…—dijo Katara, pensando en Sokka.
—¿Por qué, Katara? ¿Por qué el mundo me odia tanto como para separarme de él? ¡Primero mi padre, ahora Sokka!—inquirió Toph—No puedo seguir así… tenía que estar con él… perdóname si mi decisión te hizo daño. Pero él fue el único que me quiso como era… ahora… mírame. Soy ciega y sé que estoy horrible—.
Katara sonrió.
—Aang y yo te queremos como eres… no lo dudes—le besó la coronilla a Toph—Además, pienso que Sokka se fue para protegerte de una forma más dulce… desde tu corazón—señaló el corazón de Toph, con una sonrisa. Toph se sorbió la nariz, sonriendo.
Claro, ahora ya entendía.
Sokka le había dicho eso porque se seguro tenía la premonición de que algo le sucedería, pero no le quiso haber dicho por temor. Con razón en ese momento, antes de morir, estaba tan seguro.
La cuidaría desde su corazón… desde el lugar en donde siempre estuvo y siempre estará.
En su corazón.
Y Toph sabía que nunca lo podría olvidar, aunque le duela querer hacerlo.
Sokka suspiró al verla tan sonriente, llena de vida y saludable. Se llevó una mano al pecho, a la altura del corazón y sonrió.
Siempre estaré contigo… Te amo, Monstruo.
Déjame gritar (No hay vuelta atrás)
La vida matar (Que importa ya)
Voy a comenzar (Quiero gritar)
Llegar hasta el final
Déjame volar (Sin regresar)
No voy a llorar (Solo gritar)
Ir a comenzar (Puedo cantar)
Ir hasta el final
Que nada ya nos pueda alcanzar.
…
*: Extracto de la película 'Luna Nueva' de la saga Crepúsculo (eh, katita, ya debes saber cual escena es, ¿cierto? xD). Ahí, para los que no vieron la peli, Bella (la protagonista) también sufre un momento de amargura cuando su novio Edward la deja. En ese momento se lo estaba diciendo a su mejor amigo Jacob. Me encanta la saga, ya quiero que salga Amanecer, parte 2 *-* (les recomiendo leer los libros y ver las pelis, ¡es muy buena! *-*)
Bueno, me tardé tanto escribiendo porque la tristeza me carcomía. Es lo más dramático que nunca escribí, y espero, haya valido la pena el esfuerzo, las lágrimas y el sufrimiento de Toph. :'C
Ok, lloré enserio con esto, y no creo volver a hacer otro cap dramático. Simplemente me pasé, ¡me pasé! Y si lo repito es porque soy masoquista.
Como verán, tiene un pequeño trocito kataang. Lo puse para katitabender y Nefertari Queen, espero les haya gustado :3
Perdónenme si se sorprendieron y lloraron mucho con la partida de Sokka, pero descuiden, ¡no habrá más muerte aquí! Repito, si hay más muerte, es porque soy masoquista.
Momento de risa para calmar lágrimas: Si se porta mal dale con el látigo, si se porta mal dale con el látigo, si se vuelve a portar mal, ya entonces es porque es masoquista~ xD (Extracto de un capítulo de Hola, Soy Germán) Aakjlaks, lo amo*-*
Buaaano, las leo después, y, el próximo cap de Ghost Girl se publicará pronto ;)
Sin más que decir… *llora y exprime su pañuelito lleno de lágrimas*
Nie~
P.D: ¡Únanse al club para detener a Suki! ¡Abajo Suki, Arriba Tokka! xD
