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"No es un adios"
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-¿Te vas?
Le escuchó decir tras de sí. En su voz se encontraba impregnado un profundo sentimiento de tristeza que le provocó un respingo, no había podido decírselo, no había encontrado la forma más adecuada de despedirse, no había encontrado el momento adecuado para comunicárselo. Y por si fuera poco no había encontrado las palabras exactas para explicarlo. No quería lastimarlo, aunque sabía de sobra que por más que imaginase o planease aquella despedida, en nada le serviría, dado que siempre terminaba echándolo a perder.
-¡Sí!; respondió secamente.
-¿Por qué no me lo habías dicho?
-Ni que fueras mi mamá.
Continuó con su tarea, empacando sus pocas pertenencias sin atreverse a voltear siquiera donde el ariano. Sentía como una cinta metálica le estrujaba el corazón, más no cedió ante su actitud indiferente, prefería que las cosas quedaran así, lo suyo no eran las despedidas.
-Eso ya lo sé…pero te voy a…; no lo dejo terminar.
-A extrañar, ¿me vas a extrañar?...¡si yo fuera tú!; se volvió hacia el ariano.
-¡ Si yo fuera tú, ni me acordaría de alguien como yo!
El ariano le observó incrédulo ante sus palabras, le herían. Él sabía que nada debía esperar de ese cínico desvergonzado, jamás hablaba en serio, nada ni nadie le importaba, ¿ qué le hacía pensar que sería la excepción? Y movido por el instinto haciendo caso omiso a la razón se acercó hacia el mayor, le rodeó con los brazos y recostó su rostro sobre el fornido pecho mientras traicioneras lágrimas escapaban de sus ojos empapando aquella superficie.
Manigoldo le sintió llorar en silencio, percibía la angustia y la tristeza del ariano. Le rodeó correspondiendo el abrazo, acarició suavemente aquellos largos cabellos, le retiró del rostro los mechones ahora empapados y con toda la delicadeza de la que era capaz enjugó aquellas cristalinas lágrimas con sus dedos.
-Nos volveremos a ver corderito…cuando estés listo para arribar al Santuario.
-¿Lo dices en serio?; el ariano se separó un poco del mayor dirigiéndole una mirada suplicante.
-¿Y cuándo no lo he hecho?; le sonrió sínicamente.
-Desde que te conozco…nunca lo has hecho; dejó escapar una forzada sonrisa.
-¡Como si tú hablaras en serio corderito!
-¡Claro que hablo en serio cuando digo que te voy a extrañar!
-¿Y cuánto me extrañarías?...un mes, dos tal vez.
Shion se molestó ante su actitud simplona, acto que le hizo empujarle para separarle de él.
-¡Ya vas a empezar otra vez! ¡Por favor!... ¡y qué esperabas!
Sus transparentes ojos se fijaron en los de Shion haciéndole sentir incómodo. El canceriano percibió su reacción por lo que divertido se acercó al menor, este último retrocedió tres pasos, más Manigoldo le acechó haciéndolo retroceder hasta que su espalda topó con el frío muro. Acercó su rostro peligrosamente al del menor, sintiendo su cálido aliento chocar contra el suyo, contemplando aquél tímido rubor en sus pálidas mejillas y deleitándose con aquella confusa expresión en su rostro.
-¿Y qué esperabas?; le repitió esta vez al oído.
-No…no…no lo sé.
-Shion
El aludido se volvió de frente a su interlocutor sorprendido ante el hecho de escuchar su nombre.
-Manigoldo, yo…yo te, te…
El canceriano al notar el evidente nerviosismo, la ataxia en sus palabras, el acelerar de su frecuencia cardíaca, el indiscreto rubor en su cara y el temblor presente en su cuerpo confirmó lo que ya de ante mano sabía. Se sentía culpable por aquello, él lo había provocado, ese era el resultado, sin embargo jamás podría corresponder a Shion como merecía. Alguièn había llegado primero a su frío corazón y Shion por más cálido, tierno e inocente que fuera no lograría desenterrar aquella espina que día y noche llevaba clavada en el alma.
-No debes querer a un canalla como yo.
-Pero…ya te quiero.
-Mira niño, no niego que tienes lo tuyo…pero aún eres un niño.
-¡Claro que no!
Manigoldo le dirigió una desdeñosa sonrisa acercándose y acortando tanto como pudo la distancia entre ambos. Le sujetó por la cintura con su brazo izquierdo y con el libre le tomó por el mentón atacando descaradamente aquella dulce y cálida cavidad. Sentía a Shion tan tieso cual estatua de mármol incapaz de corresponder a aquel beso y a las furtivas caricias que lascivamente le profería. Cansado de aquello se separó del menor entre molesto y satisfecho.
-¿Y después de esto?, ¿sigues pensando que no eres un niño?...porque para mí lo eres.
-Es que…no sé cómo debo responder; se excusó.
-Pues no tengo tiempo para explicaciones…ya te di la demostración.
-¡Espera!
El ariano le detuvo tomándole por uno de sus brazos.
-¡Hasta pronto!
-Nos vemos corderito… ¡ahh! Y ya deja de ser tan fastidioso…o nadie podrá soportarte cuando crezcas.
-¡Pero que estás diciendo cangrejo! Las cosas parecían ya más normales, razón por la cual Manigoldo volvió a tomar su acostumbrada postura.
-¡Sólo digo la verdad!...es que con ese carácter, terminarás siendo más neuras que ese viejo que tienes por maestro.
-¡Que dices mocoso!; Hakurei apareció frente a ellos molesto, muy molesto.
- ¡A quien le dices neuras, salvaje!, ¡Deja de perder el tiempo!, ¡y tú porque no estas entrenando!...
Tal vez este no era un adios permanente, mas si lo era temporal, en algun momento sus caminos confluirìan y no precisamente de la forma en que ellos esperaban. La Guerra Santa que definirìa el destino de la humanidad serìa la que marcarà el fin de aquella remota amistad que entre ambos chicos se habìa comenzado a forja.
FIN
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