Volví! xD ... Ok, tardé, lo siento, pero menos... es horrible muchas ideas y pocas ganas de escribir, pero ayer como me puse a trabajar para un concurso y se me fueron a correr las ideas, porque las de Sobrina del Diablo las echaron a patadas, pues no me quedó otra y wii! xD pude escribir este chap que lo tenía a medias hace como un mes.. si, soy horrible u_u'

Weno, disfruten y algo que había olvidado decir, además de las gracias respectivas a todos quienes siguen la historia^^

Está ambientada en el intertanto post tercera temporada y pre cuarta, creo que ya pudieron darse cuenta, pero si no, aviso.


4-Fobia versus Manía

—Diagnóstico diferencial —pidió House, tapando el plumón y dándose vuelta hacia su improvisado equipo.

—¿Aneurisma cerebral? —sugirió Cuddy con sarcasmo, desde sobre la mesa.

—Me encanta que quieras abrirle la cabezota a tu sobrina —exclamó, escribiendo.

—Lo dije en plan sarcasmo.

—Lo sé.

—¿Y por qué lo escribes?

—Porque no puedo escribir con sarcasmo —se dio vuelta.

—Ponle unas comillas para abrir y cerrar la frase y lo habrás hecho.

—Pero así se arruinaría la parte donde te echan la culpa en mi lugar.

Wilson, que simplemente los había mirado, quiso cortar el numerillo con un toque de ironía:

—Doctor House, ¿ha pensado en causas ambientales? Algo como un doctor loco que desea librarse de las consultas y knockea a una chica con un chute de relajantes musculares que la hacen caer y esa es la consecuencia del chichón y la inconsciencia.

—Bien pensado, doctor Wilson —contestó en el mismo tono sabiondo. —Cusas ambientales. ¿Qué más?

—¿Qué fue lo que viste, House? —inquirió Cuddy hastiada, bajándose de la mesa.

—Un espasmo.

—¿Un espasmo? —repitió con escepticismo.

—Sí, un espasmo. No lo viste porque estabas ocupada gritándome. Mientras gritabas, la sangre de la sangre de tu sangre, si es que tu cuñada o tu madre no hicieron trampa, —Cuddy puso cara de advertencia, cosa que House ignoró —tuvo un movimiento espasmódico, luego puso una cara de terror y levantó los hombros como si hubiese tenido un escalofrío por ver a Foreman haciendo el baile del tubo con Chase como tubo. Así —y exageró la imitación del escalofrío.

Cuddy enarcó una ceja.

—Sí, probablemente a ti lo único que te preocupe sería algún trapito tapando la visual por ahí.

—Esa es tu manera de decir que extrañas a Foreman ahora que está en el Mercy, y que te sientes culpable por echar a Chase, ¿verdad? —interrumpió Wilson.

—Sí, en especial cuando hacían la danza de la victoria. Espera, esa la hacía yo.

—Voy a ver a Pamela —anunció Cuddy, no interesándole más las tonterías de House.

Pasos más allá del despacho, se encontró con Chase y Cameron.

—Nos dijeron que estabas en el despacho de House —se excusó Cameron de inmediato.

—Sí, estaba. Ahora voy a ver a mi sobrina. Acompáñenme si quieren hablar.

Ambos subieron al elevador junto a ella. Cuando se cerró, Cameron empezó a hablar:

—Chase trajo todo lo que pediste y yo también.

—Ya. En seguida lo veo. Si está todo bien podré contratarlos en la UCI y en cirugía sin ningún problema —el ascensor se abrió. —Cameron, a ti te gusta el papeleo, ¿cierto?

—No es que me guste, pero no me molesta hacerlo.

—Ya, que bien. Porque en la UCI, últimamente, hay algo de desorden en cuanto a eso.

Se detuvieron en la puerta, fuera de la habitación de Pamela.

—A penas me contrates iré corrigendo eso —y le sonrió para tranquilizarla.

—Gracias —abrió la puerta. —¿Van a querer entrar? Necesito ayuda.

Los tres entraron a la habitación donde Pamela, con una venda en la cabeza, estaba sentada, leyendo. Cuddy se acercó y le quitó el libro.

—No fuerces tu cerebro —le dijo, posando el mamotreto sobre la mesa.

—No lo fuerzo, pero ahora comenzaré a hacerlo: ¿por qué llegué aquí?

—¿Está sufriendo amnesia? —preguntó Cameron, preocupada.

—No —contestó Pamela, cortante.

—¿Tiene algún trastorno de la personalidad? —preguntó Chase, tratando de ganarse la estrellita de oro.

—¡No! —gritaron Cuddy y Pamela a la vez.

—Miren, sucede que según House, vio un espasmo en Pamela y para él era un caso; entonces le dio un relajante muscular y ella cayó y se golpeó la cabeza, lo que le produjo un tec abierto. Luego quedó inconsciente. ¿Hace cuánto estás despierta?

—Hace veinte minutos. ¿Ese médico trastornado quiere meterse en mi cabeza?

—Está buscando la manera. Por eso, Chase, Cameron, quiero que me ayuden a ver qué tiene o si es que no tiene nada y es sólo una treta de House para no hacer consulta.

—Yo creo que House quiere saltarse las consultas —optó Chase.

—House debe tener una razón para haberlo dicho —fue la opción de Cameron y dejando sus cosas sobre la mesa, se acercó. —A lo mejor está preocupado. ¿No serás… la hija de él? —miró a Cuddy —tu hija.

Cuddy rodó los ojos.

—No es mi hija ni de House, es mi sobrina, se llama Pamela Cuddy, tiene dieciocho e inventó esa historia a Wilson. Te dije que no era cierto, pero no me creíste por lo que veo.

—Lo siento —se excusó la rubia ante el tono duro que usó su jefa.

Cuddy la miró un instante. Luego se dirigió a su sobrina.

—¿Crees que puedas estar sin leer, al menos hasta que vuelva?

—No.

Cuddy dio un bufido.

—Chase, Cameron, síganme —cogió el libro y salió de la habitación con la pareja.

Pamela observó cómo se marchaba y al creerla lejos, sacó otro libro de debajo de la almohada. En eso llegaron House y Wilson.

—¡Aléjate de mí! —le gritó a House, lanzándole el libro por la cabeza que con la justas el nefrólogo alcanzó a esquivar. —¡No tocarás mi cabeza!

—Paranoia, ¿será otro síntoma? —preguntó House a Wilson.

—Me parece, si la enfermedad se llama Holocausto por un Orate Ulceroso contra la Sobrina Endemoniada, para efectos de memorización, "HOUSE".

Pamela estuvo a las puertas de reírse, pero tuvo que dejarlo cuando sintió que le dolía la cabeza.

—Creo que el paranoico es otro —comentó House ante esa acotación de su amigo. —¿Qué te pasa? —preguntó a la chica.

—Me duele un poco la cabeza —informó cerrando los ojos.

—¿Un poco? —exclamó él con sarcasmo.

—Sí —gritó ella, posando la cabeza en la almohada y abriendo los ojos.

House se acercó estirando una mano que ella apartó de un golpe.

—Si no te reviso…

—Mire —señaló, sentándose —, todo lo que le pasa a mi cabeza en estos momentos es culpa de la tontería que hizo, me duele porque me golpee gracias a usted, nada más. Si me vuelvo cuerda lo demandaré.

House escondió una risa en un estornudo. Wilson enarcó una ceja permaneciendo con los brazos cruzados.

—Sí, muy gracioso —rezongó Pamela. —¿qué vio para querer torturarme? ¿O es sólo venganza? ¿De mí o de mi tía?

—Oh, me ofendes —gimió House con falso dramatismo. —Yo soy el ser más ecuménico del mundo, no buscaría venganza, vi un espasmo en ti, así —e imitó lo que dijo ver.

Pamela rodó los ojos.

—Se hace llamar diagnosta y no sabe distinguir entre un espasmo y un escalofrío.

—¡Hey! Sin ofensas, mocosa.

—Ya —afirmó la chica con ironía. —Tuve un escalofrío —gesticuló —, no un espasmo, idiota.

—¿Quién es el médico aquí?

—El que lleva la bata —contestó Pamela con una sonrisa cínica, señalando a Wilson.

Wilson abrió los ojos y los miró a ambos a la vez que ellos lo veían a él.

—No te voy a ayudar, además ni siquiera te vi en ese momento crucial en la vida de House —contestó ante el silencio interrogatorio que se formó, y aprovechando de lanzarle palos a su amigo, con gran ironía.

—Ignóralo —dijo House, como restándole importancia —, sufre de "WILSON" Wilson es un Impotente que Limosnea para Sacarse los Ovarios de la Nuca.

Pamela puso su mejor cara de "pretendo tragarme lo que creo haber entendido" y luego miró a Wilson quien rodó los ojos y torció la boca.

—Sí, doctor House, creí que jamás obtendría diagnóstico para lo que sea que tenga —fue todo lo que dijo.

—De nada —respondió el nefrólogo. —Y fue un espasmo —porfió.

—Que no, so idiota.

—Que sí, niña, que por ser la sobrina de Cuddy cree que sabe medicina. Si aprendiste con ella, en cualquier caso, aprendiste mal.

—No tengo un aneurisma o ya estaría muerta, no tengo un trombo, ídem. Así que no, hombre.

—Tengo un estetoscopio, sólo se los dan a quienes sacan el cartoncito firmado por…

—¡Te digo que no! —rugió, ruborizándose.

Eso no pasó desapercibido para House, quien comprendió algo que hasta ese momento omitía.

—¿Qué sabes que yo no sé? —consultó acercándose.

La chica se echó hacia atrás al sentirse intimidada y lo empezó a correr con la mano. Él se alejó lo suficiente para no recibir uno de esos cortos manotazos.

—Debes pedirle a tu tía que te enseñe esto: si alguien se te acerca desafiante, tú te acercas, de lo contrario te verás débil.

—Ella soportará tu mal aliento, yo no.

—¿Y crees que el tuyo huele a menta después de tantas horas inconsciente?

—Es tu problema, yo no me echo el aliento sobre mi propia nariz.

House rodó los ojos.

—Ya, habla. ¿Qué sabes tú que no sé yo? ¿Eres esquizofrénica? Eso explicaría muchas cosas.

—No.

—¿Quieres que te lo sonsaque?

—Quiero que lo adivine, como suele hacerlo.

—No tengo una bola de cristal, soy un diagnósta, no un médium; según los síntomas puedo sacar alguna idea en limpio.

—Genial. Pues haga eso. Pierda su tiempo. Estoy sana, excepto por lo que esas vendas cubren en mi cabeza —las señaló y se cruzó de brazos. —Además, no debe ser tan buen médico, ya que me está produciendo una jaqueca. Lárguese.

—House, deja de molestarla. Es evidente que a ti te temblaron los ojos y no a ella el cuerpo. Vámonos —ordenó Wilson.

House sintió tener su epifanía tras esas palabras.

—Tienes fobia —le gritó a Pamela, quien se vio obligada a cerrar los ojos ante la estridencia. —Algo había en el despacho de Cuddy que te produjo un espasmo, escalofrío, como quieras llamarlo.

—¡Qué profesional! —exclamó sarcástica.

Wilson miraba a House analítico.

—Como te gustan las ironías tanto como a mí, debe ser a algo relacionado con el derecho —Pamela lo miraba seria, cogiendo aire. —Siguiendo mi lógica de las ironías, eres imposible de callar, excepto ahora, así que debe ser a alguna palabra, ¿me voy acercando? —preguntó, mirándola a ella que permanecía con la misma expresión tensa de antes. —Onomatofobia, ¿no? —la miró fijamente.

Pamela intentó sostener la mirada todo lo posible, pero no fue suficiente para convencer a House de que no, antes ella ya se había dado vuelta.

—¿Onomatofobia? —preguntó Wilson, no pudiendo evitar esbozar una sonrisilla burlesca.

—Sí —chilló ella. —Es vergonzoso, es estúpido, pero lo tengo, ¿qué le hago? Ya lo he controlado, antes no era tan sólo un espasmo, era un escándalo épico el que formaba. He logrado controlarlo, he seguido el tratamiento, doctor —acabó con sarcasmo.

—Pero si yo no te lo di —contestó House, haciéndose el desentendido. — Ahora mi curiosidad radica en qué palabra será. ¿Te acuerdas de esa conversación, Wislon? —se dirigió a él.

—Cuando casi la matas, se me olvidó todo.

—Oh, no seas llorón. —Ahora se dirigió a Pamela: —¿Me vas a decir?

—¿Para qué? Para que me moleste a cada rato. Olvídelo.

—A ver, debe ser una ironía. Una palabra relacionada con derecho, bueno, creo que debe haber unas cinco a diez palabras clave…

—No me joda. También debe tener alguna fobia. A mi tía, por ejemplo.

Wilson abrió mucho los ojos.

—Guau. Por eso tus reacciones agresivas, jodidas o lascivas con ella —comentó el oncólogo con intención dirigida, tácitamente, a su amigo.

—Cállate —le ladró House, mirándolo.

—Creo que le he dado en el centro al blanco, ¿no? —sonrió Pamela.

—No te pases, demonio.

—Es el día de los halagos —contestó con exagerada gratitud.

—No logro recordar esa conversación, dime qué palabra es.

Y fue entonces cuando a Pamela se le ocurrió su dulce venganza. Wilson notó esa cara, porque ya se la conocía, pero no dijo nada: House se lo merecía.

—Te la diré si sales con mi tía.

—¿Qué? —chilló House poniendo cara de haber visto a un fantasma. —El golpe debió haberte afectado algo.

—Es que está tan solita la pobre —comentó con mal fingida voz de niña mimada. —Me da tanta penita…

—¡Ja! —rió Wilson secamente. —No creo que tanta si pretendes que salga con House.

—¿Quieres salir con ella? —inquirió Pamela, desubicada, asomando la cabeza tras el cuerpo de House.

Wilson hizo un gesto con las manos de "no más guerra" a la vez que sus mejillas se sonrosaban.

—No. Estoy de acuerdo contigo, sólo que creí que era el único pro exterminio de la humidad.

—Tranquilo algún día se acabará —lo consoló la chica, con sarcasmo.

—No voy a salir con ella —señaló House, cuando Pamela volvió a mirarlo.

—Mire, doctor House, o intenta adivinar entre la infinidad de palabras en todos los idiomas que desee o yo le digo después que haga algo bueno —destacó aquella palabra —por ella.

—No.

—Me han contado que su curiosidad puede más.

—Eso es verdad —afirmó Wilson, mirando por la ventana, haciéndose el tonto.

—Cállate —volvió a rugirle House. Dio un bufido y miró a Pamela —¿Quién me asegura…?

—Venderé mi alma al diablo —dramatizó ella, teatralmente.

—¡Eso no es justo! —alegó el nefrólogo. —¡Es tu pariente!

Pamela dio un bufido y miró hacia donde estaba Wilson, ahí notó que él le hacía unos gestos como si sacudiera y luego tirara unos dados, mientras articulaba una palabra que ella intentaba descifrar arrugando la cara, cosa que le permitió reparar a House en algo raro sucediendo a sus espaldas. Se volteó hacia Wilson y este se cogió las manos por detrás y silbó.

—No seas idiota —le regañó House, volviendo a girarse hacia Pamela.

A Wilson se le ilumino el rostro.

—Apuestas que soy idiota, ¿no?

—Pues, claro —afirmó.

Wilson hizo un gesto al decir la primera palabra de su oración y la adolescente comprendió.

—Doctor House, le apuesto mi fobia a que usted no es capaz de invitar a mi tía Lisa a una cita decente y original. O sea nada de cenas cursis, ni autos en una loma solitaria a mirar estrellas.

—¿Ah, sí? —contestó desafiante House.

—Sí —ratificó ella, abriendo mucho los ojos.

—Pues prepárate para perder, niña —declaró House poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta.

Mientras tanto, a sus espaldas, Pamela y Wilson sonreían triunfantes, haciendo un gesto vencedor.

—Ay, no —se quejó el cojo en el umbral.

Los otros dos se hicieron los desentendidos cuando él se volteó.

—Par de malditos imbéciles —les dijo furioso. —¡Me han hecho caer!

—Me pregunto, ¿quién será el imbécil? —cuestionó Pamela al aire, inocente.

—Par de arpías —insistió House, ya convenciéndose de su estupidez, marchándose.

—Te estaré vigilando, House —le molestó Wilson, riéndose.

—Te daré un chute de relajantes musculares si lo haces —lo amenazó ya a pasos de ahí.

Wilson miró a Pamela y ella a él.

—¿Por qué me ayudaste? —preguntó la chica.

—Tuviste una buena idea.

—Ah.

—¿Qué le diremos a Cuddy?

—Que él invente mi diagnóstico, yo aún debo guardar reposo —y se dispuso a dormir.

Wilson salió buscando hacia qué lado habría escapado House. Cuando lo encontró, fue en la clínica y con bata.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el de las corbatas, extrañado al verlo así.

—Trabajo. El retrato del alma de Cuddy ya está bien y se chivará con su alter ego. Además busco ideas creativas. ¿Quién me mandó a escuchar a un paciente, en lugar de abrirle el cráneo por gusto como hago siempre?

—A lo mejor Oscar Wilde ya te lo adelantó con Dorian Gray.

—Yo me voy con Homero, la Odisea me parece mejor excusa —dijo, caminando hacia uno de los módulos.

Wilson lo observó interrogante.

—Mira, esto acabará así: yo soy Odiseo y tú, Penélope, me esperarás tejiendo, mientras yo me quedaré a gozar de la vida con las sirenas, en especial con una que tiene un tatuaje que dice "decana", y todo porque Pamela, que se cree Poseidón, mató a toda mi tripulación y no tuve hombres que me amarraran al mástil.

—Pero Ulises volvió, ¿no?

—En mi versión no —House alzó las cejas y entró a la pieza de examinación.

Wilson esbozó una sonrisa negando con la cabeza y se fue tarareando feliz.