Dragones

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K.-4

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Cuando Joey llegó a la cafetería, Serenity ya lo esperaba. De haberse tratado de otro día a ella no le importaría que su hermano llegara tarde, pero justo ese día lo tenía acordado con sus amigas para ir a un evento planeado meses antes y eso el rubio lo sabía bien.

—¡Serenity!—

—¡Hermano!—

Se encontraron en las afueras del local.

—Todo bien, ya me hago cargo yo. Tú sal tranquila—

—Sí, gracias—

Ella emprendió camino mientras que su hermano entraba al local para ponerse su ropa de trabajo y comenzar sus labores.

Ese sábado estuvo muy tranquilo por la tarde y Joey lo agradecía pues estaba cansado de trabajar hasta altas horas de la noche.

Si le contara a otras personas, capaz que no le creerían pero eso a él no le importaba, sólo sus amigos sabían un poco de su vida y decimos un poco porque Joseph Wheeler nunca contaba todo a nadie; quería mucho a sus amigos pero no quería su lástima o compasión, apreciaba la ayuda que ellos le ofrecían pero contadas veces la aceptaba.

Tal era el caso de la cafetería, sus amigos le habían ayudado mucho y por eso debía trabajar duro y salir adelante.

La cafetería era atendida por Joey, Serenity y dos estudiantes de preparatoria a medio tiempo. El rubio estaba a cargo de la cocina, su hermana en caja y recepción, y los estudiantes eran los meseros. El lugar no era muy grande, sin contar el área de la cocina, había una barra al lado izquierdo que fungía como mesa y tenía cuatro bancos; al centro, cuatro mesas para tres personas y en una esquina estaban dos pequeños sofá que se podían reservar aunque, normalmente, era donde Joey hacía los negocios con sus proveedores; era como su oficina.

Aunque era un poco chico, el lugar estaba bien distribuido, no cabía duda, los hermanos Wheeler sabían administrarse en todos los sentidos.

En ese momento, Joey descansaba un poco, había terminado de limpiar la cocina y completar su stock de postres en el mostrador. Se quedó en el área de caja viendo a su joven trabajador atender las dos únicas mesas ocupadas en ese momento.

La cafetería era más de desayuno y comida que de cena, era un lugar que, para las nueve de la noche ya estaba cerrado. Mucho tiempo Joey trabajó en bares y restaurantes donde salía pasada la media noche y, ahora que tenía algo propio prefería madrugar a desvelarse; por tanto, a las siete de la mañana la cafetería abría sus puertas. Claro que Serenity y los meseros llegaban más tarde, el rubio decía que a esas horas todo estaba muy tranquilo y podía manejarlo solo, aun así, el primer mesero entraba a las ocho y Serenity llegaba a las nueve.

—Esto parece un sueño— murmuró el rubio —aún no me lo creo— vio el reloj de la pared, eran las seis de la tarde.

—Joven Joey— le llamó el mesero —hablaron pidiendo las tartas de zarzamora individuales—

—Oh, cierto, ya están— las puso en el mostrador —¿las puedes llevar, por favor?—

—Claro, el domicilio es cerca, iré caminando—

—Perfecto, cuanto contigo, Seiji—

Acto seguido, el joven mesero de cabellos castaños salió a realizar la entrega.

—Seiji es un buen chico…pero creo que debería hacer algo con su cabello. Tiene un bonito color café— sonrió. El mesero en cuestión era un joven de 15 años, castaño pero de cabello un poco largo sujeto en una pequeña coleta a la altura de la nuca.

Entonces, su mente divagó a otra clase de cabello castaño, concretamente, a unos que tenían nombre y apellido, entonces, suspiró.

—Sigo preguntándome en qué momento pasó. Hace más de tres años que salimos de la preparatoria; él se fue por su lado y yo por el mío; claro que siempre he sabido de sus logros, es él después de todo, no hay quien no conozca su nombre, incluso Seiji y Suichi saben quién es Seto Kaiba—

Y así era como estaban las cosas, Joey no comprendía cuándo, dónde, cómo o por qué pero sabía que le gustaba Seto Kaiba y no sólo le gustaba, sino que, estaba enamorado de él, al grado de haber tenido más de un sueño placentero donde el castaño estaba involucrado.

Por eso, saber que tendrían un "empleo" juntos le causaba sentimientos encontrados; horror porque temía que descubriera sus sentimientos por él y emoción por volver a tratarlo, aun cuando su trato fuera siempre una batalla verbal, pero sus caminos habían vuelto a unirse y quería aprovecharlo lo más posible.

Sí, quería ser modelo por diversión, no lo negaba, pero en su interior tuvo la esperanza de que Seto también aceptara y así poder verlo, resumiendo, el rubio aceptó modelar sólo para ver al castaño.

—Regresé, Joey—

—Bien, Seiji… comencemos a recoger y a limpiar para no entretenerte la salida—

—De acuerdo—

Así lo hicieron, Seiji limpiaba y recogía las mesas al tiempo que atendía a uno que otro cliente y Joey se encargaba de la cocina, ese terreno era suyo; siempre le había gustado cocinar, era lo único que lo distraía mientras vivió con su padre, cocinar era su refugio ante la vida tan atroz que llevó en su adolescencia. Y si ahora podía vivir gracias a ello, eso le parecía aún mejor.

—Incluso él ha comido lo que he hecho— dijo sonriente el rubio —lo admito…me gusta todo de él, incluso su brusca forma de ser— comenzó a tararear una canción y terminó de limpiar y recoger todo.

Dieron las ocho y Joey fue el último en salir y cerrar, Seiji lo espero puesto que habían acordado irse juntos.

—¿Cómo va la escuela, Seiji?—

—Pronto comienzan los exámenes—

—¿Nervioso? ¿Irás a clases de regularización?— bromeó el rubio

—Claro que no— respondió directo el menor —mis calificaciones no son tan malas. Ése fue el requisito para que mis padres me dejaran trabajar—

—Ya veo…— Joey alzó la vista, el cielo estaba muy limpio y el menguante de la luna era muy fino —¿Tienes buenos padres?— se animó a preguntar

—Lo normal, creo yo...— al joven le extrañó la pregunta —No son tan estrictos pero sí están al tanto de lo que hago—

—¿Están de acuerdo en que trabajes?—

—Ahora sí…pero en un comienzo no lo tomaron a bien. Decían que no era necesario pero yo insistí, por eso me pusieron la condición de buenas notas—

—Órale… ¿y por qué querías trabajar?—

—Ahm… bueno, es que…— Seiji dudó en si debía decir aquello, no era malo a su parecer pero podía ocasionarle problemas… pero la ocasión era perfecta —A decir verdad, desde hace tiempo yo lo veía y…—

—¡Joey!— una alegre voz le llamó y ambos jóvenes voltearon, dejando la conversación a medias

—¿Mokuba?—

Los hermanos Kaiba se acercaron y el moreno de cabellos negros, que ahora tenía su melena más corta, se acercó efusivamente.

—¡Cuánto tiempo! ¡Cómo has crecido!— Admiró el rubio, poco después reparó en el Kaiba mayor —Ah… Kaiba— fue su saludo, el nombrado no respondió

—¿Vas a casa, Joey?—

—Así es peque… bueno, ya ni tan peque ¿verdad? Tal vez tengas la misma edad que Seiji—

—¿Seiji? ¿Quién es él?—

—Oh sí, es él, trabaja conmigo—

El rubio presentó al joven castaño, el cual fue muy correcto en su hablar. Kaiba lo escudriño con la mirada, algo en ese chico no le gustaba, tenía la impresión de haberlo visto antes pero no recordaba dónde hasta que lo vio retirarse.

—Bueno, Joey, entonces me retiro, nos vemos mañana—

—Claro, Seiji, te vas con cuidado— sacudió sus cabellos

—¡Oye! ¡Ya no soy un niño!— se avergonzó el chico, el rubio sólo rió y el muchacho ya no pudo reclamar nada, le imitó la sonrisa —hasta mañana— se despidió educadamente de los tres y se marchó, fue entonces que Seto recordó al chico.

—Es ése— dijo en voz baja, molesto, Mokuba lo escuchó

—¿Qué pasa hermano?—

—Nada, sólo recordé algo. Vámonos—

—Pero hermano, ¿y Joey?—

—¿Él qué? Dijo que va para su casa, que se vaya entonces—

—Tú y tus tiernos comentarios, Kaiba— se burló el rubio y volteó a ver al menor —Descuida, Mokuba. Yo aquí dejaba a Seiji y camino a mi casa—

—¿Acaso eres su niñero?— no pudo evitar preguntar el moreno mayor

—Nada de eso, sólo nos acompañamos—

—Oye, Joey, ¿es cierto que también serás modelo?— Mokuba intervino, antes de que su hermano comenzara una pelea

—Pues sí, así parece— el rubio rascó su nuca, aunque ya estaba en sus veinte aún tenía actitudes de su época de adolescente —Oh, cierto, Kaiba, supongo que te avisaron de que nos reuniremos el lunes—

—Si… dejaron el recado con mi secretaria—

—Siendo así ¿te parece bien a las diez?—

—¿Por qué me preguntas eso? Son ellos quienes ponen la hora—

—¡ ¿Y todavía preguntas? ! Kousuke dijo que iban a procurar adaptarse a tu muy apretada agenda— el rubio procuró escucharse sarcástico

El castaño no respondió, sólo veía los ademanes que el rubio hacía, burlándose claramente de él; aprovechó un descuido de Wheeler y se acercó mucho a él, quedando separados sólo a, lo mucho, un metro de distancia; el rubio se detuvo en seco y abrió los ojos sumamente sorprendido.

—A las diez está bien para mí— respondió Kaiba saboreando las palabras, sonrió triunfante ante un sonrojado Joey que no supo cómo reaccionar, momentos después, Seto habló con su hermano.

—Nos vamos, Mokuba—

—Pero ¿qué hay de lo que me prometiste Seto?—

—No puedo hacerlo hoy, debido a esa reunión de… modelaje. Debo ir más temprano a Kaiba Corp para avanzar los proyectos—

—Seto…— gimoteó el menor —Lo prometiste—

—Mokuba… compórtate—sus palabras fueron severas, el menos obedeció

—¡Oye, Kaiba! No tienes porqué tratar así a Mokuba— defendió el rubio —¿qué no sabes que las promesas son para cumplirse?—

—Claro, siempre y cuando no haya otros compromisos—

—¡Una promesa es una promesa, Kaiba, y se debe cumplir!—

El castaño lo vio fijamente, los ojos avellana frente a él brillaban de forma única; la resolución que mostraban era clara, Seto alzó un poco su mano en dirección al rostro del rubio, quería tocarlo pero reaccionó a tiempo y detuvo su movimiento.

—Lo siento Mokuba, hoy no puedo… mañana te traeré a desayunar con Wheeler—

—¿En serio?— el menor no ocultó su sorpresa, el mayor asintió —de acuerdo—

Acto seguido, ambos regresaron sus pasos, Joey los vio marcharse.

—¡Te veo mañana, Joey!— Mokuba alzaba su mano para despedirse mientras caminaba, el rubio correspondió el saludo con un poco de duda en su interior.

Si había visto bien, las dagas azules de Seto Kaiba por unos instantes brillaron como un cielo lleno de estrellas, justo en el momento en que el castaño parecía querer tocarlo y Joey se habría dejado puesto que él quería perderse en ese mar azul que eran los ojos del castaño.

Al poco tiempo, el rubio emprendió camino a su casa, mientras que Mokuba y Seto subían a la limosina que los esperaba cerca de la concurrida calle y que los llevaría a su mansión. Iban en el más completo silencio, no incómodo pero sí extraño para el "pequeño" Kaiba, quien sólo observaba a su hermano, el cual veía fijamente su mano derecha con una mirada incrédula.

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Si creyeron que el año terminaría sin que actualizara el fic…. Pues fíjense que no, jeje. No podía dejar esto así, por tanto, aquí tienen el nuevo capítulo, mi regalo navideño para ustedes n.n muchas gracias por darme la oportunidad de saber sus opiniones, me ayudan mucho, en verdad.

Espero y deseo que tengan una muy bonita navidad, acompañados de sus seres queridos y disfrutando la temporada decembrina, ya sea en sus respectivas casas o donde estén vacacionando. Diviértanse de lo lindo y disfruten

Me retiro por el momento…. Si todo sale bien… nos vemos dentro de una semana! He tenido mucho trabajo en mi empleo por eso no pude actualizar antes pero… les daré un regalo de año nuevo.

Cuídense mucho y nos leemos en la próxima entrega.

Feliz Navidad 2017

Saludos y que estén bien!

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