Los que fuimos nosotros
Capítulo 4
Una semana transcurrió desde la llegada de Lin a Tokyo. Todos los días ella pasaba por la florería y por lo general se encontraba a Sesshomaru en la puerta, regando o acomodando. La pelinegra lo trataba de ignorar, pero él siempre saludaba. Por lo tanto, si ella no le devolvía el saludo hubiese quedado como una maleducada.
- Ahí está – Pensó la adolescente con sus ojos entrecerrados despectivamente.
- Hola Lin – Saludó él dejando de regar las plantas.
- Hola – Respondió secamente.
- ¿Sabes Lin? Me quedé con una duda de lo de la semana pasada – Habló el joven que esperaba que la muchacha parase de caminar para escucharlo. Así lo hizo.
- ¿Cuál duda? – Preguntó ella dándose vuelta para verle el rostro al plateado.
-Tú sabías el significado de esa flor, ¿Verdad?
- Sí. Y estoy seguro que tu no me la diste porque sí. Tú sabías muy bien lo que me dabas – Dijo la adolescente en un tono fuerte.
- ¿Tanto te molestó? – Cuestionó Sesshomaru acercándose a la chica – No me puedes negar que el sexo es una de las mejores cosas que hay en este mundo – Al decir eso, el joven tomó por el mentón a Lin y acercó su rostro tanto al de ella que nada más había milímetros separándolos.
La pelinegra se había quedado sin habla. Su corazón latía fuertemente. Al entrar en contacto con la cálida mano del plateado ella sintió un ardor en donde la estaba tocando. Un ardor especial que hacía desear que la tocara más y no sólo donde lo hacía.
- Quiere jugar contigo… No te dejes llevar – Pensó Lin mientras quitaba la mano del muchacho de su mentón – Voy a llegar tarde al colegio.
Sesshomaru se la quedó observando con una sonrisa engreída. Él sabía que al final de cuentas, era humana. Tenía que tener necesidades y él se las iba a hacer necesitar costara lo que costara.
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Debido a que era lunes, había literatura en las primeras horas de tercera año del Shikon Gakuen. Es decir, había clases con Bankotsu-sensei. Cada vez que Lin lo miraba recordaba a Jakotsu y luego se le venía a la mente una imagen de ellos dos besándose apasionadamente. La verdad, la muchacha jamás se lo hubiera imaginado ya que su profesor parecía muy duro. Además, tenía mucha popularidad entre las jóvenes.
- Ah… si todas supieran la verdad – Pensó la muchacha suspirando.
- ¿Qué te pasa Lin? Últimamente suspiras mucho – Preguntó Kagome en voz baja para que su profesor no se diese cuenta que hablaban - ¡Ya sé! ¡Te gusta el sensei! – La miró la chica con ojos picarones.
- ¡No! – Murmuró la pelinegra exaltada – No es mi tipo.
- Jaja, está bien. Te creo. A mí tampoco me gusta, pero no sabes cuantas de aquí mueren por él – Se río la negriazulina – Imagínate si a él le gustara alguna compañera nuestra y empezaran a salir a escondidas… ¡Kya!
- ¡Higurashi, silencio!
- Yo creo que si llegara a salir con alguien del aula, sería un chico – Pensó Lin con una gotita cayendo por su frente.
La campana que anunciaba el recreo tocó.
- Oye Lin, ¿Te gustaría venir con nosotros a los videojuegos después de clase? – Preguntó Kagome mientras guardaba un libro en la mochila.
- ¡Genial, ven con nosotros Lin!¡Así ves como le ganó a ella! – Se río InuYasha.
- ¡La última vez gané yo! De milagro, pero gané yo - Sonrió la negriazulina empujándolo cariñosamente.
- Como tú dijiste fue un milagro. Así que dudo que se vuelva a repetir porque yo soy el mejor – Habló el plateado poniéndose el puño cerrado en el pecho como orgulloso. Después se echó a reír mientras miraba a su amiga y ella lo miraba a él también riendo.
- Gracias, pero no. Tengo algo que hacer a la tarde – Mintió Lin? La muchacha en realidad quería que su compañera pasara lindos momentos con el que parecía ser un amor imposible.
La campana volvió a sonar y otra clase comenzó.
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Cuando llegaron las siete y media de la tarde, la florería ya estaba cerrada. El único que quedaba en el local era Sesshomaru, ya que él vivía en una pequeña habitación que quedaba atrás del negocio. Al lado de ésta había un baño.
Sin embargo, el plateado no se encontraba allí, él estaba esperando a alguien en la puerta. Entonces, oyó unos tacones que se acercaban cada vez más y más. Giró su cabeza y vio a una hermosa mujer de cabello negro atado a un rodete. Ojos escarlata al igual que sus labios pintados. Tenía una falda de mezclilla muy corta y una blusa de mangas caídas por los hombros. El joven no se esforzó en saludarla. La tomó de la mano y los dos se dirigieron a la pequeña habitación.
Luego de varios minutos.
- ¡Sí! ¡Más! ¡Más fuerte! – Gritaba la mujer de ojos escarlata debajo del sudoroso y desnudo cuerpo de Sesshomaru. Ella tenía sus manos en la espalda de él y cada vez que el joven volvía a meter su miembro dentro de ella, la ojiescarlata hacia presión con sus uñas en el dorso.
Mientras Kagura gritaba del placer, el muchacho metía y sacaba su miembro dentro de la intimidad de ella. Él tenía su cabeza apoyada en la almohada y no emitía ni un sonido. Sus ojos estaban cerrados y al abrirlos vio el negro cabello de Kagura esparcido. Por alguna extraña razón, recordó a Lin? Es así que levantó su cabeza, miró a la joven debajo de él y se imaginó en vez de ojos escarlata, ojos chocolate y aumentó sus embestidas.
- ¿Quién se cree esa chiquilla? Se hace la difícil, eh. A mí nadie me rechaza. ¡Nadie! ¡Ya va a ver esa nena de preparatoria! – Pensó Sesshomaru acabando segundos después que Kagura.
- Impresionante – Murmuró la mujer tratando de respirar mientras el plateado se sentaba en la cama. Ella se fijó en su reloj y preguntó: - ¿Qué tal si salimos a comer?
- No tengo dinero.
- Yo te invito – Sonrió la joven abrazándolo desde atrás.
- ¿Cómo me va a invitar una mujer? – Replicó él quitando los brazos de la ojiescarlata.
- ¿Cómo me va a invitar una mujer? Discúlpame, pero no te hagas el caballero cuando me llamaste específicamente para tener sexo. Me debes una – Lo miró al plateado con mirada libidinosa. Éste finalmente aceptó.
Sesshomaru, esa noche tendría otras de esas aburridas cenas con Kagura.
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Cerca de la medianoche, Lin salió de su departamento para ver si estaba su simpático vecino. Allí estaba él, contemplando la luna.
- ¿Te quedas siempre hasta tarde aquí afuera? – Preguntó la pelinegra acercándose al joven.
- Sí. Es que así me inspiró para hacer ropa.
- ¿Ropa? ¿A qué te dedicas?
- Por ahora soy vendedor en una casa de ropa. Pero estudió diseño de indumentaria – Respondió Jakotsu sonriendo.
- Uaauu. Debe ser re lindo saber hacer esas cosas – Comentó Lin mirándolo impresionada.
- ¡Es súper lindo! – Dijo el joven con una voz aguda y emocionada – Si quieres, te puedo diseñar alguna.
- ¿En serio? ¡Me encantaría! – Contestó ella sonriendo y mostrando los dientes. Lin hizo algún movimiento que provocó que uno de los aretes que solía usar, se le saliesen de la oreja cayendo por la ventana - ¡No! ¡Mi arete! – Y fue en busca de éste.
- Lin-chan espe… – Jakotsu no pudo terminar la frase ya que su amiga había desaparecido de su vista – Espero que haya bajado sabiendo que nada más tenía un corto camisón – Pensó con una mano apoyada en su mejilla y parpadeando.
Sesshomaru tenía olor a alcohol, le dolía la cabeza. El alcohol, el Sake. Por eso odiaba salir con Kagura, porque él se aburría y para poder hacer más amena la cena Sesshomaru tomaba cantidades de esta bebida que te podía hacer más feliz, triste o atrevido, aunque él ya era lo suficientemente sin ella.
A lo lejos vio una mujer con pocas prendas sobre ella. Inmediatamente supo que era Lin y por eso decidió acercarse a saludarla, o más bien a molestarla.
- Hola – Habló con su típico tono frío.
Lin se quedó congelada al verlo frente a ella. Aunque no estaba como siempre, sus ojos se notaban un poco idos. Cuando la muchacha se percató que llevaba un camisón sumamente corto y escotado, se tapó y comenzó a dar pasos para atrás.
- No te tapes que eres hermosa – Murmuró el plateado aproximándose mucho más a ella a tal punto de acorralarla contra la pared del edificio de la muchacha. Puso su rostro cerca del cuello de una asustadiza Lin y aspiró el aroma a flores silvestres que tenía – Exquisito, exquisito…
- ¡Para! ¡Estás borracho! – Murmuró la chica exaltada – Si ya es un aprovechador sobrio no me quiero imaginar lo que puede llegar hacerme ebrio– Pensaba aterrada mientras sentía la nariz del joven tocar de una manera suave y agradable su piel. Ella comenzó a sentir el mismo calor entre sus piernas que jamás alguien se lo hizo sentir. Inconscientemente, colocó sus brazos alrededor de la espalda de Sesshomaru para acercarlo más a ella y en ese momento, el plateado se desmayó.
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Lin tomaba un té sentada sobre el sillón que era parte del comedor que también incluía la cocina. De repente siente el crujido de su cama. Sesshomaru había despertado.
Lentamente, el joven de cabellera plateada se dirigió hacía un lugar donde había luz. Él tenía su mano sobre la cabeza debido a que ésta le dolía bastante. Al llegar allí giró su rostro y la vio a Lin en un sillón no muy largo. Ella estaba tomando algo.
- ¿Qué me pasó?¿Me habré desmayado? – Pensaba el muchacho ya sentándose en el sofá junto a la chica.
- Oyahou – La pelinegra no obtuvo respuesta. Suspiró y dijo: - ¿Quieres algo para tomar? – El silencio seguía. Ella decidió ignorarlo y fue a servirse otro poco de té.
- ¿Por qué me trajiste a tu casa? – Preguntó Sesshomaru con su mirada fija a la baja mesa que había delante de él.
- Ayer pasaste por mi casa ebrio y te desmayaste encima mío – Respondió la adolescente volviendo al sillón.
- Después de lo que pasó la primera vez que nos vimos y lo de la planta… ¿Tú me ayudaste? – La pelinegra asintió - ¿Por qué?
- No sé. Encima, ayer también te quisiste sobrepasar conmigo, pero estabas borracho, así que no lo voy a tener en cuenta – Explicó ella mirándolo de reojo y con una pequeña sonrisa, pero que no le llegaba a los ojos. En eso, él volteó hacia ella.
- Pero me puedo seguir sobrepasando igual – Habló el plateado acercándose con su rostro inexpresivo, pero que en sus ojos se podía ver pequeños destellos de deseo.
Ella al tenerlo tan cerca, decidió levantarse de donde estaba y se fue a su habitación dejándolo solo.
- No deberías estar en el colegio – Cuestionó el joven yendo también a su cuarto.
- No podía dejar a alguien desconocido solo en mi casa. Llamé a una amiga y le dije que estaba enferma – Dijo Lin mientras hacía su cama.
- Ya veo… - Murmuró el muchacho y se quedó contemplando como la adolescente hacía la cama, o mejor dicho sus firmes muslos que se dejaban ver cada vez que ella se agachaba. Luego desvió su vista para el suelo y decidió retirarse sin decir una palabra.
Cuando Lin escuchó el ruido de la puerta, fue corriendo hasta ésta y se encontró con que Sesshomaru había abandonado el departamento sin decirle una palabra.
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Totosai estaba, sobre el mostrador, descifrando un crucigrama para pasar el tiempo mientras no había clientes. Sesshomaru, en cambio barría el local aunque no parecía muy concentrado en la acción que realizaba. El oír a alguien entrar al negocio hizo que dejara de barrer para atender.
- Hola – Habló Lin con algo entre sus manos. Sesshomaru no respondió y se la quedó observando – Toma, te traje tu billetera, la olvidaste en mi casa – El joven la tomó en sus manos y se la guardó en uno de los bolsillos que tenía el delantal – Me voy, con permiso – Se inclinó tan sólo un poco la muchacha despidiéndose de Totosai.
- Ahh… ¿Otra noche de pasión ayer a la noche? – Preguntó el anciano mientras veía retirarse a la chica.
- No hice nada en la casa de ella.
- Mira tú, no hiciste nada en la… ¡¿Qué no hiciste nada? ¡¿Estás jugando o qué?
- Es extraña, no cayó con las típicas cosas que las mujeres caen. Me pregunto si será mujer o en realidad es un travesti – Se cuestionó Sesshomaru llevándose su mano al mentón.
- Era hora en que llegara una así – Suspiró el viejo. Repentinamente, el teléfono sonó - ¿Sí? Florería Midoriko… ¡Ahh, Taisho-san!... ¿Qué? ¿Cuándo? Ya le aviso señor.
- ¿Qué quería ese imbécil? – Preguntó el plateado con un tono desagradable sabiendo que era su padre el que acababa de llamar.
- Tu hermano – El joven lo miró levantando la ceja – Perdón, tu medio hermano sufrió un accidente con el auto al salir del colegio.
Continuará…
