Título: La buena queen. Capítulo 4
-¿Te lo quieres probar?.
-¿El qué?
-Mi vestido.-, éste estaba colgado en una percha en la habitación de Emma.
-No, ya da igual.
-¿Por qué?-, esperó su respuesta.
El rostro de la rubia pareció vulnerable, fue entonces cuando Evil queen se percató de una cosa, Emma ya no le tenía miedo, y eso, sinceramente, no le gustaba. O era villana o era su otra yo, y detestaba ser buena.
Sin decir nada le dio la espalda, notando los pasos de Emma a su espalda, -¿dónde vas?-, la agarró del brazo.
-Ni que fueras mi madre-, soltó arisca.
Emma la escudriñó confusa ante ese cambio de actitud.
-¿Sabes?, me estás cambiando, demasiado interés estoy mostrando en ti, y en todos vosotros, ¿qué me está pasando?, esa pastilla que me diste, tenía algo, ¿verdad?.
-No, nada, de verdad. Te quitó el dolor de cabeza, ¿verdad?.
La morena la dejó con la palabra en la boca mientras descendía escaleras abajo.
No supo si se había marchado ni si era para siempre, pero sus ojos estaban ensombrecidos. Llegó a pensar en que esa bruja iba a rellenar el vacío que habitaba en la casa pero la gente no cambia, y la oscuridad es atrayente…, que se lo digan a ella.
Se tumbó en su cama y cerró los ojos. No podía dormir ni dejar de pensar en nada ni nadie. Abrió los ojos y observó el vestido de Evil queen.
Al final se lo probó.
Con el vestido puesto salió a la parte trasera de su jardín, sintiendo la tela rozar su cuerpo, tratando de pensar como lo haría quien lo solía llevar. Cruzó la puerta de cristal y se encontró a la Evil queen y su vestido sentados en una de las sillas hamacas que ella tenía, mirando el cielo azul y dejándose impregnar por el sol radiante. Su cabello se había ondulado un poco y ella jugaba inconsciente con un mechón. No esperaba encontrársela y menos así, pero aparentó naturalidad y enterró el pasado.
-Al final lo hice.
Dijo desde atrás.
La morena giró su rostro hacia Emma y se percató de que llevaba su traje rojo, sin cerrar por detrás, porque era imposible uno solo, pero le quedaba bien, incluso una pizca grande por la cadera. La miró desde su posición con autoridad pero atinó a sonreír levemente. Sinceramente, estaba radiante, se había recogido el pelo como ella lo había tenido y su mirada de "perdón" le removió algo dentro. Al comienzo pensaba que era fatiga pero no, no era eso precisamente.
-No te queda mal…-, dijo girando la cabeza de nuevo hacia el frente.
Emma sonrió sin sonreír, solo eran sus labios, aunque su mirada estaba turbia y distante.
-Quería saber qué se sentía al llevarlo.
-No es la ropa la que determina la personalidad de la persona, rubia-, sus codos se clavaban en la silla y sus piernas estiradas lucían brillantes al sol.
-Lo sé…
-¿Quieres soltarlo de una vez?, no duermes porque te cargaste a ese verdugo asqueroso, ¿me equivoco?.
-No, no lo haces-, se sentó junto a ella, pero en el escalón de al lado observando también el cielo despejado, solo una nube reinaba, una que cambiaba de forma a cada diez metros que surcaba en las alturas.
-Pues ahora sabes qué se siente al llevar ese peso sobre los hombros.
Emma asintió callada, oprimida. -¿Sabes?. Yo suelo con la cabeza alta, machacando al prójimo, pensando sólo en mí y en mis planes. Pero cuando llega la noche…, una mano invisible me oprime mi oscuro corazón y me dan ganas de decirle "aprieta, aprieta más, y acaba con él".
La rubia la miró sorprendida. "¿Remordimientos?, ¿ella?."
-Me cuesta…
-Lo sé, a mí también. Y más me cuesta el habértelo contado. No lo digas por ahí, que soy muy rencorosa. Te aviso.
Sonrió maléficamente pero relajada.
Emma le daba vueltas a una cosa, una duda.
-¿Cuánto tiempo te vas a quedar?, es decir…. ¿qué planes tienes … aquí?-, sus palabras fueron medidas y cautelosas.
-¿Quedarme?, hasta que me aburra. ¿Planes?, si te los dijera ya no podría quedarme, así que por mi interés aun no te los diré. Pero…, si quieres que me quede tienes que hacerme un favor.
Emma no sabía qué pensar, ¿se estaba aliando con el diablo?, ¿correría peligro la vida de los suyos?, por un lado y si actuaba con madurez la debía echar no solo de su casa sino del pueblo, pero si actuaba desde su emoción interna y quizás por empatía, seguiría disfrutando de su extraña compañía.
-¿Qué me quieres pedir?.
-Un pañuelo, de seda a poder ser, largo y así de ancho-, lo escenificó.
-¿Para…
-¿Me has visto?, que horror de pelos, necesito alisármelos y ya, una reina no puede presentar esta imagen.
Emma sonrió ampliamente, no era para nada lo que esperaba y sentía que volvía a estar mansa la fuera, -¿así que es así como lo hacíais…?.
-¿Uhm?, oh no, otra maquinita tuya de esas que no entiende nadie, no.
-Oh, vamos, se llama plancha del pelo, ¿cuánto tardas en alisártelo de esa forma?, ¿una hora, dos?.
-A decir verdad toda una noche, me lo colocaba siempre al acostarme y lo dejaba toda la noche puesto.
-Pues eso se ha acabado morena.
Si la bruja se tomaba el privilegio de llamarla rubia ella la llamaría morena. La policía no es tonta, buena sí, pero no tonta. Y quien debía de mandar debía de ser ella.
La morena se extrañó.
-Morena…-, repitió, -no te gusta que te resten autoridad, ¿verdad?-, sonrió con sorna.
-Francamente no, y tú menos.
Emma fue seria, clara, pero relajada. -¡Vamos!, ¿no querías alisarte el pelo?
Dijo levantándose con malicia imitando los pasos de Evil queen y sonriendo de espaldas a ella, cosa que mosqueó a la morena, pero por alguna razón le era imposible atacarla como se merecía. ¿O no se lo merecía?.
Emma enchufó la plancha en su cuarto y mientras se calentaba, apoyada en su peinadora de mármol, acercó un sillón de mimbre para que Regina 2 se sentara. Mientras tanto alcanzó un pantalón de sport largo y una camiseta sin mangas para ponerse cómoda. El vestido de Evil queen descansaba sobre la cama.
Por alguna razón se cambió en el baño con el cerrojo puesto, como si temiese que la reina la viese sin ropa.
Volvió al cuarto y vio a Regina observar la plancha que ya había alcanzado una buena temperatura.
-Así que es esto lo que vas a usar …-, le dijo con los brazos en jarra apoyados en su vestido vainilla.
-Así es.
Al girarse escuchó un quejido y la plancha acabó sobre la cama.
-¿Qué has hecho?-, Emma la cogió por la base.
-¡Este objeto del demonio quema!-, advirtió con una bola de fuego en su mano hecha a modo de defensa.
-¡Pues claro!, si no ¿cómo te lo iba a planchar?.
La morena la miró con odio a ella y a la plancha.
-Los humanos de esta época estáis grillados, más que yo, que es un decir.
Emma rió. –Oh vamos, la reina que hace fuego en sus manos se quema con una plancha del pelo.- Negó con la cabeza disfrutando.
-Swan, si sigues por ahí la que arderá serás tú.
Su mirada era amenazante, sin embargo, esas amenazas se quedaban en el aire en seguida.
-Bueno, ¿vas a poner hermosa a la reina o no?.
La rubia sonrió y la obligó sentarse en la silla. Comenzó a pasarle le plancha sobre su larga melena y la bruja se sorprendió al no sentir nada. Se había convencido de que esa herramienta era un arma mortal.
-¿Ves?-, le dijo Emma mostrándole parte de su cabello alisado perfectamente. La morena se miró en el espejo y miró a través de él a su peluquera temporal. Asintió secamente.
Pasaron varios minutos relajados para ambas. Emma se había enamorado de su cabello, tan suave y largo, le hacía rosquillitas entre los dedos de su mano al peinarlo.
-¿Puedo preguntarte una cosa?-, se atrevió a sugerir.
-No te confirmo que te vaya a contestar…
-De acuerdo. ¿Por qué me salvaste?, ¿por qué fuiste hasta aquel reina tan lejano y evitaste que me mataran?.
-Simplemente pasaba por allí…-, ladeó la cabeza con desdén.
-Vamos Regina. Sé sincera por una vez.
La morena iba a saltar con una bordería pero se detuvo al recordar la mirada de la rubia junto a aquel tocón víspera a su muerte. Suspiró renegada.
-En un comienzo buscaba a mi otra yo, sí, la que había querido matarme. Yo estaba entonces llena de ira y con ganas de romperlo todo y de repente, me topé con aquel portal mágico, así que decidí inmiscuirme en lo que fuera que estuviera pasando.
-¿Y el dragón?.
-Alguien me debía un favor, y curiosamente estaba cerca de ese reino.
-Ya…-, obviamente no la creyó del todo,-vamos, como si no me hubieses respondido-, sonrió.
La morena también lo hizo pero su mirada era todo misterio.
-¿Aun quieres vengarte de Regina?.
-Puede… ¿tú no lo harías?.
Emma recordó cuando estuvo poseída por la oscuridad y reflexionó si ella hubiese reaccionado igual, igual que Regina, e igual que Darkswan.
Ya terminado de plancharle y cepillarle el pelo Emma se dispuso a recoger las cosas cuando se le cayo el cepillo al suelo, al agacharse a recogerlo hizo una mueca de dolor.
-Tienes heridas y no lo quieres ver-, Evil queen se levantó de la silla, -y habrá más que yo no veo, ¿quieres que te las cure?, será con un chasquido.
Alzó las cejas.
-No, déjalo, …
-Si alargas eso sól….
-¡Yo puedo hacerlo!, déjame…
Incómoda e intranquila se marchó de su propia habitación.
-Emma…-, Regina 2 caminó siguiendo sus pasos cada vez más rápidos. Al llegar abajo se detuvo al ver la puerta de casa abierta y suspiró. –Tan terca como yo.
Se sentó en el sofá del salón, sabiendo que tarde o temprano volvería.
El teléfono sonó sorprendiéndola.
-Otra de esas cosas de este mundo-, el aparato no cesaba de mostrar su estrepitoso sonido, ruido para Regina 2.
-¡Cállate!-, golpeó el aparato descolgándolo sin querer.
Hubo un silencio.
-Menos mal-, se dejó caer en el sofá.
-¿Emma?-, oyó una voz suave y en la distancia.
Evil queen movió los ojos de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
-¿Emma estás ahí?.
Descubrió que esa vocecita venía de eso que había estado haciendo ruido. Se acercó con cautela al auricular del teléfono que estaba colgando de la mesita.
-¿Qué extraño ser eres y por qué vives dentro de este objeto?
La puerta de entrada seguía abierta dejando entrar un rayo de luz solar.
-¿Evil …es decir, Regina?
-¿Cómo me conoces?-, se sentó junto a la mesita acercando su oreja al auricular.
Emma había rodeado la casa y se había sentado bajo un pino centenario. Estaba confusa, se sentía una villana enamorada de otra; pensó en su amiga Regina y en todos sus años de Evil queen. Se miró los moratones del vientre y recordó las patadas propinadas por los guardas y la sensación de tener aquel hacha frente a su cabeza, dispuesta a separarla de su cuerpo.
Había escuchado en la lejanía el teléfono fijo sonar y aunque necesitaba tiempo su instinto de madre o salvadora de todos le hizo pensar que lo mismo la necesitaban.
-Así que eres tú, o … yo, eso da igual-, frunció el ceño.
Emma asomó su cabeza por la puerta de entrada por donde había salido y se sorprendió al escuchar a Evil queen hablando, lo que parecía ser sola.
Se adentró en la estancia y la vio tumbada boca abajo en el suelo hablándole al auricular que colgaba de la mesilla, sonrió ante la imagen. "Seguro que piensa que el teléfono está maldito", pensó más relajada.
-No sé dónde está Emma Regina, y aunque lo supiera… quizás no te lo diría, me debes una, o dos. Porque…-, se sentó y cogió el teléfono por el cable tirabuzón, eso de que vibrara cada vez que Regina hablaba le daba mala espina, como si fuese a salir de ahí. -…yo nunca te hubiese matado, ni lo intentaría, eres parte de mí joder.
Su ceño fruncido hizo que sus ojos brillaran indignantes. Emma rodeó el sofá con sigilo y se acuclilló tras Regina para colocarle su mano sobre su hombro. La bruja giró su rostro hacia ella y su mirada se desvió a sus labios, un instante.
Emma los movió tratando de decir lo que no sabía.
-Es para ti.
Dejó el auricular en el suelo y se esfumó en una nube morada. La sheriff observó el vacío que había dejado deseando que no fuese la última vez que la viese, pero conociéndola, a saber.
-¿Regina?.
Su corazón palpitaba aun, por la una, por la otra, ¿por ambas?.
Continuará
