Ira
Y creció junto a su maestro, viajando constantemente, yendo de un lado a otro, sin permanecer en un sitio por mucho tiempo. Aunque hubiese sido de otra manera y la permanencia en los diferentes campos de observación hubiese sido extensa, nada hubiera cambiado. Había sido adoctrinado rigurosamente, había asimilado de forma eficaz cada una de las enseñanzas, se había convertido en el aprendiz ideal. Lejos había quedado aquel niño inocente y crítico, con veintitantos años ya era un hombre cauteloso y reservado.
En el largo camino para convertirse en Bookman había interpretado demasiados papeles, pero a fin de cuentas su esencia era la que su maestro consideraba perfecta: la esencia de un auténtico registrador de la historia de la humanidad. Y así, registro a registro, el niño, el ser humano inicial, había quedado sepultado, enterrado entre diarios, libros de páginas amarillas, periódicos y mentiras. ¿Era ese el verdadero camino?
De vez en cuando, cuando la esencia Bookman no lo dominaba —lo cual únicamente se daba en situaciones oníricas—, cuestionaba la vida en el sentido existencial, se preguntaba qué hubiese pasado si… si todo hubiese sido diferente. Pero era una cuestión retórica que distaba de los dominios de un Bookman, ese tipo de sentimientos incongruentes no sucedían en el estado consciente.
Cuando la visitante inevitable se llevó a su maestro, sufrió un quiebre. No era una ruptura emocional, más bien se trataba de un descargo interior que no había sido capaz de reconocer antes de la partida. ¿De eso se trataba la vida? ¿De registrar las causalidades de cada acontecimiento, omitiendo la propia obra? Estaba preparado para ejecutar su papel, estaba preparado para todo lo que ser un Bookman conllevaba, pero…
Aquella noche soñó con el pasado, revivió los castigos, los golpes, las palabras hirientes… No podía deshacerse de esos recuerdos y ya, necesitaba sentir algo.
Un Bookman no tiene corazón. Un Bookman no siente. Un Bookman no llora.
Despertó con el rostro empapado en llanto, en una pobre y solitaria habitación, rodeado de registros desordenados. Se incorporó en actitud violenta, libros y pergaminos comenzaron a ser destrozados con furia, estampados contra las paredes, deshaciéndose… No era dueño de su vida, no era nadie. Nadie lo recordaría al morir, nadie lloraría su muerte. Más que ninguno lo sabía, pues pese a compartir tantos años junto a su difunto maestro, él tampoco lloraba por la partida, muy por el contrario, aquello podría tomarse como una bendición. Pero no podía juzgar ni eso, eso no hacía un Bookman.
Nadie lo vio prender fuego aquella habitación, nadie registró aquello, su rencor y su desgracia habían muerto esa madrugada.
Y eso es todo xD
Reconozco que fue complicado escribir esto, pero más difícil fue Alma, así que no me puedo quejar (aunque quisiera xD). Hubiese sido más fácil si Random-sama me hubiese dado otras palabras (y no estas que estaban demasiado lejos de la personalidad de nuestro amado Panda xD), aún así espero haber hecho un buen trabajo y que no me haya quedado muy OOC. Pero eso no está en mis manos, ustedes me juzgarán :3
Gracias a aquellos que se tomen el tiempo para leer estos delirios, espero su crítica.
