Notas— ¡Me he atrasado un día! Joder. Ayer no fue un buen día. Pero mañana a medio día subiré el 5 y en la noche el 6 para no atrasarme. Gracias a quienes me leen de este lado.


Endless forms most beautiful.

31 Días en el Bosque.

4.-Duende.


La llamó "La niña del parasol"

O tal vez el nombre correcto sería "Duende del demonio".

Sorey solía salir tarde del colegio. Siempre había algo que lo detuviera. Servicio becario, retención o castigos eternos en dirección. Supongamos que eran castigos a medias, ya que la mayor parte de su tiempo se dedicaba a dibujar en sus libros. Sorey no se le antojaba de la misma manera una hoja en blanco que un libro perfectamente redactado. Contó mentalmente tres meses sin haber pintado una pared (Que no fuera su nueva habitación). Eso de la abstinencia debía de ser un problema serio.

Miró a su dragón personal pasar la página con una parsimonia sobrenatural. Sus ojos azules estaban tan clavados en el libro de color verde, apostó que si desaparecía él no se daría cuenta. Ni hablar, esos pequeños conejos no tendrían su parcela de zanahorias el día de hoy. Tomó sus cosas en silencio. Tratando de no hacer algún movimiento que delatara su malvado plan de escape, giró y se puso de pie.

No contó con el excelente tino de Eizen.

Le lanzó el plumón de color negro con tal puntería que la sien no le dejó de doler sino hasta dos horas más tarde que su castigo había acabado. Eizen era, por mucho, la persona con la que menos había simpatizado. No sabía si era su trabajo ser un tirano desalmado al no dejar a nadie ir al baño. O sólo lo hacía por diversión. Quizá sí era divertido y lo estaba menos preciando.

Huyó del salón, así evitara cualquier comentario sobre su intento de escape y salió del colegio tan rápido que no vio la pequeñísima figura dela niña del parasol. No la logró tumbar, pero ella le devolvió el favor golpeándolo dos veces con su parasol. No se dijeron nada. Fue una pelea telepática de a ver quién cierra primero los ojos. Sorey no era bueno en eso, así que la maldad de la niña fue mayor.

Estuvo a punto de agregar algo cuando Eizen se paró a su lado y lo miró con la misma intensidad que la niña del parasol le había quitado el alma.

Y lo supo.

Oh sí.

Había que ser idiota y no adivinar que a Eizen le habían echado agua y se había reproducido rápidamente. Quizá la malevolencia en su familia era mucha y tuvieron que hacer un segundo clon para contenerla.

Eizen le ofreció un segundo plumonazo. Pero no lo necesitaba. No ahora. Sonrió de medio lado tratando de ofrecer una disculpa –lo más sincera que pudiera aparentar- y se hizo a un lado para dejarlos pasar. La chica le regaló un último golpe; ligeramente más sutil. Y le sacó la lengua. Eizen le puso una mano en la cabeza como queriendo desaprobar (O quizá aprobar ¿por qué no?) el golpe. Los vio salir del campus y se detuvo a pensar dos seguros sobre lo importante de tener alguien que te haga segunda en todo.

Sorey no tenía hermanos; así que no lo comprendió de manera rigurosa.

Se dispuso ir a casa, pero pisó algo. Lo tomó agachándose un poco y observó que era un muñeco. Uno feo. De esos que estaban de moda. Era naranja con los ojos negros y las chapitas rosadas. Tenía un sombrerito y lo miraba con odio.

Como la niña del parasol.

—También te odio— dijo Sorey y se lo echó a la bolsa de la chamarra.

Quizá en un próximo encuentro podría usar el muñeco contra el dragón.

Con una resortera y un poco de fe.