*Declaimer: Todos los derechos de Sailor Moon y sus otros personajes son Propiedad de Naoko Takeuchi/Kodansha, TOEI Animation. El único fin de este fanfic es de plantear mis ideas y hacerles pasar un rato de entretenimiento. Los demás caracteres son de mi cosecha.*

¡Bienvenidos al fanfic de Alma Estelar!

Ya vamos al presente de la trama.

Esperamos que sea de su agrado.

~~*o*~~

Alma Estelar.

*SEGUNDO CAPÍTULO*

~*NO ME VUELVO A ENAMORAR*~

Horas antes de la boda de Usagi y Mamoru. En la casa Tsukino.

A lo lejos se escuchó. "Vengo a felicitar a la novia. Podría dejarme a solas"

- ¿Bombón? -Seiya la miró, ella estaba terminando de colocarse el velo en sus cabellos dorados.

- ¿Seiya…? -se sorprendió de verlo ahí, sobretodo en su recamara- ¿Qué haces aquí? Pensé que estarían en busca de un nuevo planeta.

- Pues no ha habido progreso sobre la búsqueda de planeta. Las chicas nos pidieron de favor que viniéramos a tu… -pausó, le era nauseabundo- Boda.

- ¡Qué bien! -sonrió inocente, luego corrió a abrazar a Seiya.- Será maravilloso verlos.

- Recordé que es mala suerte ver a la novia antes de la boda -enfatizó socarrón-

Serena emitió una sonrisita de advertencia sin separarse de él, luego el pelinegro olió la fragancia de aquellos mechones rubios, queriendo sacar la duda que en los días de exploración sobre el universo carcomían sus pensamientos.

Mientras pelinegro la sentía entre sus brazos, ocultó su cara entre el fleco- ¿Lo haces por el Destino? ¿Amas de verdad a Mamoru? O ¿Amas a Endimión?

- A los dos Seiya. ¡Qué tontito eres! Son la misma persona.-se desencajó de los brazos del excantante.

Seiya aligeró sus pasos hacía la entrada, cerró la puerta con calma poniendo el pasador, la tomó de los brazos y la aireó suavemente a la cama, para ponerla bajo él, dándole un seductor beso. Usagi se adentró al sabor de los labios del ojiazul, su mente se perdía en lujuriosas ideas, sus visiones lo acomodaban en un lugar etéreo de donde no tenía la posibilidad de salir. Parecía que jugaba con un Demonio, no con el Seiya Kou que conocía, luego, cuando volvió en sí, luchó para separarse.

- ¡¿SEIYA? -Gimió enfadada arrojándolo al piso.- Amo a Mamoru. ¿Lo entiendes?

- ¡Era una broma! -sonrió pícaro, aunque esa sonrisa ocultaba el dolor.- ¡Te deseo lo mejor! -se levantó, sin quitar el falso gesto feliz de su boca, que le sabía amarga. Metió las manos a las bolsas de su pantalón rojo y finalizó.- ¡Hoy luces más hermosa que nunca!

En el corazón de Seiya nacía desasosiego, ser lastimado, humillado y utilizado dejó de entrar en su categoría. Luego de reflexionarlo todo el día, de mirarlos salir del la iglesia simulando optimismo al lanzarle pétalos de rosas, se ubicó en su dilema. El amor dolía y no volvería a cometer ese pecado, aunque el destino se los gritase.

En el festejo los trhee Lights animaron la conmovedora ceremonia, luego de que Kakyuu y sus guardianas se despidieran de nueva cuenta de las Scout de la vía láctea y los futuros reyes de Tokyo de Cristal, los cuatro partieron como estrellas fugaces que alumbraban el cielo.

Algunos de los presentes pidieron su deseo… otros rezaron porque esas luces encontraran un nuevo hogar.

Fighter, mientras viajaban en el espacio puso sus sentidos atentos, sintiendo una amenaza tras ellos. Cuando una radiante luz se tragó al cuarteto a su interior.

Cientos de años después en Tokio de Cristal…

- Pronto regresará Chibi-Usa de su último viaje al pasado. -Mentó Endimión.

- ¡Lo sé! -sonrió la Neo Reina, abrazando a su esposo- Espero que tomé bien la noticia…

- Lo hará… Pues él bebe que viene en camino será su hermana. -Sostuvo el rey de la Tierra acariciando el vientre de Serena.

- o Hermano… -aclaró la Neo Reina-

- No sé… pero creo que definitivamente será una niña… -Puntualizó sintiendo la felicidad más enorme del mundo-

- ¿Por los presagios de Mars?

- Por ellos Amor mío… -Endimión, pensó muchas cosas, entre ellas el nombre que mencionó Rei.-

Después del retorno de la pequeña Dama, Sailor Plut citó al Rey Terráqueo, entre ambos hubo una larga conversación…

Más de dieciocho años después;

Recuerdos, recuerdos que tragaban plácidamente su corazón.

La boda, esa boda en la cual fue invitado… ¿cuántos lustros habían pasado de eso? Ya no quería recordarlo. Todas las noches pensaba en tornar a ver el resplandor mágico de la luna, una sonrisa repleta de dulzura, sin embargo ya no tenía oportunidad de hacer suyo el fulgor, a decir verdad nunca la tuvo.

Ironía, ironía por saberse perdido en el inmenso universo de sus cavilaciones.

La Tierra se convirtió en un hermoso reinado, el milenio de plata, con su majestuoso castillo de cristal, repleto de asombrosos paisajes ofrecidos por la naturaleza, animales calmos, personas de nobles sentimientos, guerreras honorables y unos excelentes reyes protectores del sistema solar.

Ahora, un colegio, en un mundo diferente con una misión nueva. Su responsabilidad como Senshis les llevaba cabalgar una galaxia ajena llamada Borealis, en un pequeño planeta, Cybele, tan igual a la tierra, no obstante la luna que cubría el cielo era de colores rojizos.

Al llegar negó echar un vistazo cuanto pudo, el aire que emanaba de aquel mundo perdía su aliento mezclándolo a sus memorias. Sin dudarlo debía acatar el estricto pedimento de su amada Princesa Kakyuu para alejar las barreras que largos años aquejaban su mente. Su cuerpo vibró un par de veces y esquivó muchas ocasiones las miradas de sus hermanos al asimilar el entorno con la Tierra.

En el recorrido del apartamento al centro universitario, Taiki no dijo nada, observaba bien la incomodidad de su hermano, comprendía perfectamente su aflicción en el "tema", prefiriendo disimularlo al leer unos cuantos poemas de su libro sin tocar nada referente.

Yaten… Yaten buscaba a toda costa evitar mencionar algo, aunque el senshi de la luz de noche creía que la fijación por Usagi era realmente una estupidez, sí tenía la intensión, pero la cara del pelinegro no era precisamente un pro a dar rienda suelta a su reniego.

De vuelta a la historia, ellos unos famosos cantantes, del mismo grupo, ¡Blah!, ¡blah!, ¡blah!.

Los Three Ligth bajaron de un lujoso auto, no tan parecido a los del planeta azul; estos flotaban y poseían alta tecnología. A los pies del colegio había un montonal de chicas coreando sus nombres, con apuntadores digitales para pedir su autógrafo, una cita o cualquier cosa que pudieran sacar de los trovadores. Yaten resopló, pensaba que eso era una enfermedad universal, con su orgullo elevó su rostro al cielo y acomodó sus gafas negras al caminar a la entrada del edificio escolar. Taiki sonrió a sus fans y dio una que otra firma artística.

Seiya… Seiya actuaba de manera esquiva, peor que el más bajito de ellos. Cada chica rubia le retorcía las entrañas, le hacía temblar imaginarse adoptando la misma situación de su misión contra Sailor Galaxia. Entonces subió por la escalera mecánica hasta dar con su salón. Nada fuera de lo normal, un grupo de admiradoras que se cuchicheaban enjundiosas la suerte de ser salón seleccionado por las tres estrellas fugaces. Seiya había decidido ubicarse en una de las esquinas, al final del aula, de igual manera no inmiscuirse con ninguna persona, más que con su tarea… Y hablando de tal encomienda, se preguntarán el motivo por el cual los guerreros de Kinmoku II estaban ahí; sí… algo les había ocurrido… luego de tanto pensarlo ellos ya no volvieron a ser "Las" ahora eran "Los". Estaban asignados en la búsqueda de las piezas perdidas del arcoíris, para despertar a la misma Princesa del Arcoíris, evitando que el enemigo la encontrase antes que estos y con ese poder adueñarse de algunas galaxias, en las cuales estaba la suya y la vía láctea. En cuanto a los contrarios, era un aspecto desconocido para el trío, se imaginaban que pronto encontrarían señales poco formales de sus rivales.

Luego de la escuálida presentación de las estrellas, meneando su lapicero de un lado a otro, Seiya insistía en no prestar atención a la clase, sumiéndose en pensamientos muy metódicos que ayudarían a localizar cada fragmento. Cuando un rechinido zumbó a un lado de él, viró al sitio. Un claro "¡Shh!" que indicaba al chico guardara silencio, al entrar una hermosísima joven en hurtadillas a clase. Aquello no fue lo único que lo sacó de juicio, la muchacha era rubia con un par de coletas recogidas en singulares arcos enlazados, atadas en listones dorados que terminaban en un par de mechones largos a su lomo. Ella sonrió con dulzura, acaparando completamente la atención de él. Unos ojos dorados esquicitos que chorreaban inocencia y energía cándida. Luego, la chica, se sentó en las butacas pares de la derecha a Seiya.

- ¡SIENA CELANDINE!- Gritó la profesora- Nuevamente llegando tarde. ¿Hasta cuándo aprenderás que el horario de clases es veinte minutos antes?

Siena se levantó, con el sudor frío de todas las mañanas, agachando la cabeza. -¡Lo siento guía!- [Guía es la forma en que llaman a los maestros en ese mundo]- Mi despertador no sonó, ¡Lo juro!- una mentirilla piadosa, ameritaba la situación.

La catedrática suspiraba poniendo el material en la red de computadoras portátiles, formulando en la punta de su lengua "Esta chica no tiene remedio". Por su parte Seiya se quedaba petrificado… ¿cuántas coincidencias existirían en el universo? ¡Imposible!… Hubiera jurado que el rostro de la tal "Siena" la hubiera visto en algún lugar, no en Serena. Siena… Serena… Sacudió la cabeza mirando a la ventana con la expectativa de que el paraje tras el vidrió lo desviara de la coincidencia.

La hora intermedia se enunció con un gentil timbre. Seiya no quería saber nada, de tal manera que se despegó del pupitre rápidamente. Pero la güera aló de la manga de su uniforme.

-¡Gracias!- sonriéndole frescamente dijo Siena-

-No tienes nada que agradecer- contestó Seiya metiendo las manos a los bolsillos del pantalón desviándole la mirada.

-Pues, sí… no le dijiste nada a la Guía.

-No es mi asunto, de todas formas te descubrieron- contestó engreído y dio unos pasos.

-¡Je!, ¡Je! Lo sé, pero un colega nunca delata a sus compañeros, ya me las arreglaré después con la Guía. Déjame agradecerte con…-No pudo terminar la frase, Seiya caminaba a la puerta ignorándola categóricamente. - ¡Vaya! ¿se habrá levantado con el pie derecho?

- Discúlpelo señorita, mi hermano está un poco intranquilo por el cambio -alegó muy cortés el castaño de violáceos ojos acullá, intentándose zafar de la jauría de fanáticas.

-¡Siena!- en soplidos de resignación dijo una chica de cabello color salmón, llegándole a media espalda, luego viró sus ojos cobre con expresión de recomendación- ¡Debes levantarte más temprano!

- ¡Oh! Lo intento… pero… pero… Cloe, tenía que tomar mi desayuno- argumento en defensa contra la pelirosa. Luego se giró a una chica; melena semirisada cian, atada por una coleta, seguramente si lo soltara quedaría a ras de su quijada. Mirándola Siena, con suplica de corresponder su siguiente explicación- Viorel, ¿Verdad que el desayuno es importantísimo?

-Si te levantas temprano, no tienes porque perderlo Siena. Cloe…-Se encogió de hombros la alta peliazul de luceros plata- también tú llegaste tarde.

-¡Vamos! Viorel. ¡¿Por dos minutos?- se tocó la frente de forma muy dramática- Mi belleza debe ser realzada con mucho cuidado, cada gramo de maquillaje, el lápiz labial, las sombras, colocadas perfectamente…-la interrumpió Siena.

-¿Por qué tanto alboroto con esos chicos?-señaló la rubia a Taiki y Yaten-

-Son los famosos cantantes intergalácticos Trhee Lights, son los hermanos Kou. El de cabello platinado se llama Yaten. El más alto es Taiki y por último, con el que hablabas, ese pelinegro es Seiya Kou. -decía Cloe, la más chaparra del grupo, con poca emoción enredándose unos mechones rosados entre los dedos.- Lo sé porque trabajaré con ellos en un video clip 3D…

Por su lado, Fighter, intentaba ignorar a toda costa los hermosos resplandores dorados de la joven. Por un momento se le saldría llamarla "Odongo" Ese nombre, Siena, semejante al de Serena. Parpadeo continuamente hasta encerrar sus zafiros para evitar pensar en el asunto. Sin embargo al hacerlo se topó contra algo. En su desestabilidad escucho como un objeto se impactaba en el piso, luego un quejido.

- ¡Discúlpame! -Seiya inclinaba su cuerpo en petición de indulgencia.

- ¡Fíjate por dónde vas! ¡Inútil! -gruño desde el suelo una muchacha de cabello suelto, matiz coñac y lacio, cubriéndole parte del rostro. Estaba tan furiosa que lanzó una amenazante mirada desde sus cubiertos ojos azul menta.

- ¡Huy! ¡No soy el único que venía distraído! -se puso en cuclillas ofreciendo su mano en señal de ayuda y le guiñó el ojo-

Una respuesta rápida, la joven aventó la mano de Seiya sin remordimiento -Crees que por poner cara de niño bonito voy a aceptar esa estúpida escusa -recogió lo que le quedaba de su almuerzo, a lo que Sieya por fin entendió el por qué de su enfado.

- ¡Oye! ¡En verdad lo siento! Déjame repararlo, puedo comprarte un almuerzo nuevo -ayudaba a limpiar-

La desconocida rezongó entre dientes "¿Almuerzo Nuevo?" dejándole completamente solo. Se debía reconocer el esfuerzo hecho por Seiya al intentar comportarse alejado de las personas, en especial de las chicas. Sin embargo sobrellevarse como un hombre frío y sin sentimientos le era difícil… más no imposible. "Si eso quiere... no tengo razón de ser amable con ella" se dijo Fighter, igualmente figuraba los procesos para reconocer los fragmentos del arcoíris, podrían ser algunas piedras preciosas que encajaran en el rompecabezas. De eso, precisamente, se refería en mantener alejado la maldición que marcaba sus sentimientos… Tantos siglos encerrado en puros sentimientos, que en cualquier punto, se llama amor. Sí, AMOR, él dejo libre a la paloma, para que pudiera volar con la esperanza de que algún día fuese a regresar. "Hay que ser ecuánimes, el destino es el destino y nadie podría cambiarlo…" En aquella cavilación continua, el pelinegro no podría errar.

El destino es un hilo irrompible atado a dos extremos que llevaban al mismo camino. En el planeta Cybeles… ¿la situación se prestaría igual?; Las personas poseían tecnología avanzada además de una clase de atributos psíquicos, tales sensores detonados extraviaban la misión principal de las Estrellas Fugaces, detectar las piezas con el alto contenido energético estelar, pues, se ponía complejo. Entonces no tan ilógico para concebir la respuesta con un posible "sí" a prestarse en una situación igual.

El Colegio Lumen, una academia muy diferente a la que conocieron en la Tierra, era el promedio para las universidades que instruían al alumnado en las materias de parapsicología, esoterismo, quiromancía, astronomía, herbolaria y diversos aspectos místicos. La extensa institución poseía edificios medianos, jardines que recreaban el ecosistema de un parque ecológico; Un río artificial con pececillos de colores y frondosos árboles azules que descansaban en la rivera. Por ahí andaba Seiya, con las manos entrecruzadas en la nuca, para amortiguar su cabeza del duro tronco pajizo. Su estómago rechinó, no le dio importancia, se levantó y tiró unas cantas piedras en el agua para hacer "Patitos" Uno de los disparos salió de su control. Un golpe seco sonó intempestivamente seguido de un bramido histérico.

-¡OTRA VES TÚ! ¿No podrías dejarme en paz?

- No fue mi intensión… ¡Lo-lo juro! -alzaba sus manos como si le apuntaran con un arma y luego las colocó en postura de ser esposadas para sacarle una sonrisa. Eso amedrentaría las tontadas del día- ¡Arréstame!

La muchacha de cabello coñac soltó una tremenda carcajada perturbadora, colocó uno de sus dedos en la frente de Seiya, conectándose las miradas. Fue un chispazo malévolo que recorrió cada fibra del cuerpo del pelinegro al observar las mentas zarcas de la chica -No interesa un preso como TÚ- le aventó de la frente hacía atrás con la fuerza del índice- ¡Retrasado! Seguro que usas esas artimañas graciositas para "Conquistar" chicas.

- ¿Qué te pasa?- las palabras lo molestaron bastante, fue un golpe bajo-

En el mismo momento.

-Seguro que buscó un lugar con poca gente -mencionaba Yaten- Déjalo en paz Taiki.

-Mientras mas solo esté… -sugirió la continuación, algo que el peliplata pudo interpretar como "Se sumirá más en la depresión"- Por cierto, chicas. ¡Gracias por ayudarnos a buscar a Seiya!

-No, ¡de nada! Aún le debo el favor de la mañana- Sonrió Siena palmeando la espalda de Taiki. La voz de la chica siempre entonaba dulce. Sin lugar a dudas era de las tres amigas la más amigable, tierna y desparramada en alegría. Distraída, extrovertida y soñadora.

-Joven Yaten, aludió un lugar aislado. ¿Verdad?- Viorel, de cabello azulino verdoso, era refinada, inteligente, excelente cocinera. Al contrario de su delicadeza femenina, poseía una gran fuerza y le atraía el atletismo. Pero siempre se mostraba sencilla- En la rivera de árboles azules, queda a unos cien metros.

- ¡Hay no! por ahí debe andar Elis… ¡Pobrecito!- Se estremeció Cleo. La más aristocrática del trío, un poco enojona, sincera a la medida de sus intereses, inquieta y vanidosa. Ella venía de una familia con negocios en las cadenas de televisión virtual.

En la rivera.

- Seguro que usas esas artimañas graciositas para "Conquistar" chicas.

- ¿Qué te pasa?- las palabras lo molestaron bastante, fue un golpe bajo- ¿Estás molesta con la vida? -preguntó hostil Seiya.

-No soy la única… -repuso-

Voces se escucharon, detalle que postulo a la castaña caoba para esconderse en uno de los árboles.

- ¿Qué haces?-Preguntó el pelinegro mirándole con desconfianza.

-Sí conocieras a ese trío de chicas harías lo mismo que yo -lo jaló con fuerza.

-¿Tan malas son?

Carcajeó suavemente la muchacha-Sí deseas llenarte de bombones y corazoncitos quizá…-cuchicheando, en la rivera se podían distinguir el tercio de muchachas; Siena, Viorel y Cloe-

-Parece que les tienes miedo -sonrió pícaramente-

-La amistad está sobre estimada. Además no estoy para sus palabras de "amiguerismo" -continuó con su tono bajo- Mira la chica de cabello azul, es la niña perfecta. Bonita, inteligente, llena de atributos. La de rosa es toda una actriz, famosa, glamurosa, hermosa y rica. Y la rubia… ¡Ah! –suspiró hondamente- es la más popular de todas; graciosa, gentil, empalagosa y… boba. Las muñecas de porcelana del colegio, unas inocentes arpías que enredan con sus encantos.

-¡Aquí estabas! -sonrió con ingenuidad Siena, haciendo que la muchacha que acompañaba a Seiya tiritara de asco- ¡Oh! Elis, te has hecho amiga de Sieya. ¡Qué bueno!

-¿Amiga? ¡Mja! -resopló con una mueca de desapruebo, observando a la rubia con desplante- Tengo cosas importantes. -caminó rodeándolos, evitarles era preciso.

- Que chica más rara- Seiya la veía irse, elevando una ceja.

-No te preocupes, es de las solitarias. -dijo Siena sin dejar de sonreír.

-Yo no cambiare mi postura de que es peligrosa, rara y muy cruel. Siena insisto, te comportas demasiado gentil con ella luego de lo grosera fue con nosotros- un regaño de Cloe.

-Sabes que Siena cree que todas las personas son buenas.-alegaba Viorel, tímida-

"Encontramos a Seiya" Gritaba Siena, haciendo señas a Taiki y Yaten. Seiya trataba de evitar que la chica de dorado cabello la abatiera con sus luceros oro. No comprendía bien la dinámica del cruel juego del destino. Se respaldo al árbol y sonrió, no por todo el ajetreo y los regaños de sus hermanos por separarse del grupo, si no por la extraña muchacha llamada Elis, le parecía tan igual a él, esquivando todo lo que le dañaba, huyendo del resto de la gente para no involucrarse con cualquier tipo de relación. El regreso se enmarcó para el sexteto. Las clases corrieron normales. No fue hasta la salida que un alarido atrajo la atención de los Three Ligths. Se escuchaba en el pateo trasero de la escuela.

-¡NO! ¡SUÉLTAME! -por quinta vez le pidió un chico-

- No seas tímido. -mencionó una mujer de cabellera alborotada y naranja muy emocionada, con mal gusto en la moda- ¡Quiero ver tú Pieza del Arcoíris! Si te quedas quieto, morirás rápido y sin dolor. ¡Te lo prometo!- del cuerpo de la víctima sacó una roca ovalada de color gris, dejándolo con los ojos borrosos- ¡Demonios! No eres tú…

Pronto Seiya, Taiki y Yaten se transformaron en caballeros estelares, sus armaduras correspondían al color que alguna ocasión invistieron como Sailors Stars. Pero al instante de intervenir dos personajes se adelantaron.

-Yo soy Sailor Goden Moon. ¡La senshi que lucha por la justicia y te castigaré en el nombre de Cybeles! - con un antifaz y encubierta de la cabeza por un manto dorado, del mismo color que su traje, la guerrera hizo su presentación.

La compañera de Sailor Golden Moon no esperó a su introducción y atacó a la villana en turno.

- ¡ESTELAR GAYA LIGHT!- lanzando una magia negra de la palma de su mano hizo retroceder al enemigo- ¿Quién rayos eres?

- Mi nombre es Ámbar… he terminado mi trabajo, pero les dejare un regalito.- Transformando la roca en un espectro maligno, sin rostro y de cuerpo fornido- ¡Destrúyelas siniestro! -desapareció entre polvorines-

Faighter Knight se adelantó a los dos, pretendía atacar al Siniestro. Pero Sailor Golden Moon se interpuso recibiendo el golpe.

-No… no puedes lastimarlo, si lo haces… mataras al chico- alegaba la scout, lastimada- ¡déjame salvarlo! -se conservó firme- ¡Sailor Gaya!

Gaya no dio tiempo a que el team de caballeros hiciera algo. Ayudó a Gold Moon con algunos ataques ligeros para debilitar al Siniestro. Luego Sailor Golden Moon unió sus palmas para orar.

- ¡HONEY MOON ATTACK!- Y el Siniestro volvió a ser piedra, tal como la piedra regresó al cuerpo de su dueño.

Las guerreras se fueron sin cuestionar nada. Fue un panorama expedito para Yaten y Taiki. A diferencia de Seiya fue una patada baja. Un territorio desconocido que incluía pasajes de su pasado.

Se había quedado boquiabierto, con las manos engarrotadas. "Moon" Con escucharlo su corazón se tambaleaba. ¿Qué harías en la situación de Seiya? Seguir su camino para descubrir que cada pisada que daba lo llevaba a la deriva. O darse una segunda oportunidad, posible a fracasar. Seguramente, analizando la situación cualquiera se comería todas las uñas de sus manos.

Aún con todo el alboroto, las Scout que no se consideraba en la bitácora de la gestión, los enemigos desconocidos y la rubia de ojos dorados. El pelinegro tomaba la decisión más difícil de su vida… Sin descanso, sin piedad, sin importar qué. No volverse a enamorar.