Epílogo.

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Dharamsala, muchos años después.

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La rubia cabellera ondeó ligeramente con el viento fresco y húmedo de la mañana, al tiempo que se adelantaba a tocar la puerta de madera del monasterio, en la parte más alta de la ciudad. Un lama envuelto en su clásica túnica azafrán salió a recibirlo. Miró con asombro al Santo de Virgo, vestido de manera sencilla al modo occidental, pues, cómo todos los de su clase, podía percibir el aura dorada que envolvía a Shaka, aun cuando éste no tuviera su cosmo encendido.

- Busco a un Lama… no creo que esté vivo aún, pero me gustaría saber algo de él – la voz grave y timbrada de Virgo (1), hablando en hindi con el acento de Uttar Pradesh, retumbó en el pasillo -. Su nombre era Jamyang.

- Hablas con la pureza de un nativo, aunque tu aspecto no lo parezca.

- No conozco mis raíces – respondió, inclinando ligeramente la cabeza -, pero pasé mis primeros años en Sarnath y buena parte de mi adolescencia en diversos lugares a orillas del Ganges.

Omitió intencionalmente decir que "entrenando como el guerrero que estaba destinado ser".

- ¿Sarnath? ¿el monasterio a las afueras de Varanasí?

- Sí.

El hombre calló, de nuevo. No era tonto, ni ciego. Podía percibir que había "algo" en ese hombre que lo hacía digno de su respeto y, a la vez, algo que debería hacer que le temiera, pero no podía definir qué. Virgo estaba a punto de sonreír abiertamente, cuando el hombre relajó su postura y cambió el tono de voz.

- ¿Conociste a Jamyang?

- Sí, cuando era un niño. Lo conocí en una visita suya a Sarnath.

- Su primera y única visita – Virgo percibió otro cambio en el tono -... Jamyang murió unas semanas después que abandonó Varanasi.

Una ligera perturbación en el aura siempre serena que exudaba el guerrero, apenas perceptible y que duró lo que un suspiro.

El camino del monje había durado lo justo para que se conocieran. A Shaka, y a pesar de toda su experiencia, aún se sorprendía cuando vislumbraba los hilos de la Gran Voluntad y su inconmensurable trama, trenzándolo todo, uniéndolo todo.

- Oh… - alzó ambas cejas en un gesto de serena sorpresa - ¿podría decirme cómo, por favor?

- Al día siguiente de regresar aquí, lo enviaron al Tíbet. Fue detenido en el camino y murió en manos de las autoridades Chinas… pero, ven, entra.

Varias tazas de té tomó la narración de la historia en torno a la muerte de, quizá, la única figura realmente amable en su solitaria niñez. Lo más cercano a un verdadero padre que jamás tuvo.

Atardecía cuando el Santo de Virgo abandonó el pequeño Templo. Aspiró el aire, y contempló la ciudad: era una pequeña versión del Tíbet dentro de la India, absolutamente diferente de las demás ciudades hindúes.

Sonrió, aunque era en el fondo, un gesto cargado de melancolía, mientras desaparecía en una estela dorada.

ooOoo

2012 - 2017

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Gracias por leer ^^

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(1) La voz de Fabián Mejía, quién fue la voz de Shaka en la Saga de Hades versión para la TV, es una de mis favoritas para el Santo de Virgo y es la que normalmente tengo en mente cuando lo hago hablar en mi cabeza. Es de tono grave sin llegar a ser un barítono; adoro el ritmo y entonación que le da al mítico discurso de Shaka antes de morir. Mi otra favorita es la de Mario Raúl López (Q.E.P.D), quién lo dobló para la Saga de las 12 Casas, a pesar de que es una voz bastante opuesta a la de Mejía.