Sobre el manga: El final de Reborn me decepcionó. Es terrible, un asco. Parece que a Akira Amano le dio pereza continuar y lo dejó, ahí, no más, a ver qué onda. Lo odio, lo detesto. Lo único bueno la aparición final de Haru. ¡Es tan bonita!

Siento muchísimo la tardanza. He estado ocupada con mi vida personal, en otras palabras: mi novio abarca la mitad de mi tiempo, la escuela lo que sobra y mis problemas familiares el tiempo libre que puedo llegar a tener. Espero me comprendan, que a mí no me cantan las musas en estados de misera como éste. También he ocupado esos ratillos libres leyendo Canción de Hielo y Fuego (¡recomendadísimo!) y viendo Sons of Anarchy. Sin olvidar que, además de escribir fanfiction, tengo historias de mi autoría en proceso y creo, aunque suene muy desconsiderado para los que me comentan, son mi mayor prioridad. Lo siento, chicas (creo que somos la mayoría mujeres, ¿o no?); pero y bien espero que este capítulo compense el largo tiempo que no he actualizado.

Princess (adoro tus reviews. Es un placer siempre encontrarte en cada actualización), me preguntaste si habría lemon. Puedo jurarte que nunca he escrito uno (y muchos de mis amigos me tienen como una pervertida jurada, qué cosas), pero este fanfic comencé a escribirlo pensando en hacer cosas nuevas. Tal vez, en un futuro, pueda escribir escenas de contenido sexual ya que ahora y apenas Gokudera y Haru comienzan a entrar a la posibilidad de tener una relación más cercana a la de ser conocidos. Lo que sí estoy muy emocionada por escribir es sobre tensión sexual. Es uno de mis grandes placeres, jaja. Pero respondiendo tu pregunta puedo decirte que estoy segura de que habrá escenas de sexo, pero que no sé que tan explícitas sean.

¡He batallado un montón con el capítulo! He tratado de hacer algo muy al estilo de Reborn, pero el humor realmente no es lo mío.

Muchas gracias a Viridiana, bianchixgokudera25, Princess, Mere Mitsuky Taiyoukay y kizunairo, y también a los que han agregado a sus favoritos a ésta historia. ¡No se olviden de darme su opinión!


Capítulo 3: Orgoglio

—Y fue entonces cuando el Décimo me dijo que sería su guardaespaldas… —Gokudera intentó recuperar el aliento luego de contarle todo lo sucedido aquella mañana a Ryohei. Ambos caminaban por los pasillos de la mansión, en dirección a ninguna parte, luego de que ambos terminaran por devorar (literalmente, por parte de Ryohei) su desayuno.

Hubo un momento de silencio, en el que sólo podían escuchar sus zapatos chocar contra el suelo.

—Eso fue… ¡extremo, joder! —con el puño al aire, Ryohei cambió su rostro, antes serio, y se mostró entusiasmado, demasiado en realidad, cosa que a Gokudera, por supuesto, sólo le molestó aún más que su terrible situación. Al guardián del sol comenzaron a resplandecerle los ojos como bombillas de mil watts—. ¡Haru ha tenido mucho valor! ¡Esa chica es extrema!

Por ése tipo de cosas, Gokudera se recordó, hablaba con Yamamoto en vez de con Ryohei. Ryohei siempre había sido el mejor como compañero de pelea; y sin embargo, en cuestiones serias, sobretodo en esos ataques de enojo que usualmente solían pasarle, era todo un imbécil que sólo conseguía hacer crecer el enojo que sentía y, desde un principio, ya era inmenso.

Gokudera odiaba la maldita idea de olerle el culo a la, cómo él la llamaba, mujer estúpida. Ser su guarda espaldas hasta nuevo aviso sería algo difícil de llevar a cabo: necesitaba fecha, un plazo en donde pudiera calcular la paciencia que necesitaría para cuidar a una chiquilla inmadura y débil como ella. Sí, porque pese a que en la fiesta se había sentido completamente comprometido con hacerla sentir bien, para ese día Gokudera ya sentía todo lo contrario. Le había arruinado su trabajo, tal vez no consientemente, pero igualmente lo había hecho. Y además de eso, ¡todavía tenía que seguirla a todos lados! En realidad, en vez de estar en aquel momento con Ryohei, ya debía de haber comenzado a buscarla.

—Extremadamente estúpida —lo corrigió Gokudera con mal humor, metiendo con fuerza las manos a sus bolsillos—. Por esa mujer ahora seguramente el idiota del béisbol está remplazándome… maldita sea, mujer estúpida… si la mansión se viene abajo será su puta culpa.

Ryohei estaba a punto de hacer un comentario al respecto, seguramente con la palabra extremo en la oración, pero fue interrumpido cuando ambos escucharon pasos acercarse hacia ellos, muy rápido.

Se giraron.

—Hablando de la reina de Roma —carraspeó Gokudera.

Haru, Yamamoto y Bianchi se dirigían hacia ellos, con paso tan rápido que parecían estar corriendo. Al mirarlos, los dos primeros pararon su trote justo a la altura donde estaban él y Ryohei, mientras que Bianchi sólo continuó con su camino, llevando un papel arrugado entre sus manos.

—¿Qué rayos sucede? ¡Estaban casi corriendo, al extremo! —preguntó Ryohei, exaltado como usualmente estaba.

—Ha llegado… una carta —respondió con poco aliento, Haru. Ryohei y Gokudera la miraron, esperando algo más. Se aclaró la garganta—. Una carta para Tsuna. Creemos que es de…

—Mujer, respira y luego habla. Pareces estúpida —le dijo en tono grosero Gokudera. Haru alzó las cejas, con una mano acomodándose su cabello, que se había levemente desordenado por el movimiento—. ¿Qué?

—Maldito idiota, ¿sabes tú lo que es correr con tacones? —contestó enfadada—. ¡No podrías ni mantenerte en pie! ¡Así que cállate! ¡Nadie te está hablando a ti!

—Oigan, oigan —intervino Yamamoto, con sudor en la frente—. Mejor vayamos a la oficina de Tsuna y ahí tendrán todas sus explicaciones. Tenemos que alcanzar a Bianchi. Si llega primero, asfixiará a Tsuna, y si no le explicamos primero lo que sucedió con la carta, tal vez nos mate.

—Aún no entiendo de qué hablan. ¡Pero vamos, al extremo! —gritó Ryohei, entusiasta, para salir corriendo en dirección a la oficina de Tsuna. Gokudera y Haru se miraron y ambos se giraron la cara, para soltar un bufido y seguirlo, con Yamamoto soltando una risita atrás de ellos.

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"Una carta hace dos días", pensó Tsuna con disgusto.

Una carta con remitente como Inútil-Tsuna en japonés. Estaba claro el porqué de nadie se la habría podido entregar. Pocos en la mansión sabían japonés, y entre ellos estaban sus guardianes y las chicas. Gokudera, quien se paseaba casualmente por seguridad y correo, no había sido avisado, y él, inmerso en la fiesta donde anunciaría su matrimonio con Kyoko, había dejado muy claro que no quería ninguna molestia luego de haber tratado de proponerle matrimonio un sinfín de veces y haber sido interrumpido por documentos, correspondencia y hasta sus propios amigos hasta el cansancio. Tsuna suspiró, pensando en los hechos. Parecía casualidad el hecho de no haber recibido la carta, pero por la sonrisa de su invitado, no podía pensar en nada más que todo aquello era un plan para molestarlo. Después de todo, ¡era experto en eso!

Lo miró. Estaba sentado con las piernas cruzadas, una sobre la otra, tomando una taza de té a lado de su prometida, que miraba al suelo con vergüenza y respondía a todas sus preguntas con tímidos y cortos monosílabos. Tsuna sintió que sus adentros quemaban. Odiaba a ese maldito sujeto.

—¿Cómo entraste? —preguntó abruptamente, Tsuna. El aludido desvió su atención de la muchacha hacia él, y le dio una mirada penetrante.

—Tsuna, eso es…—comenzó a decir Kyoko, sin aliento.

—Pocos, entre esos tú, son incapaces de reconocerme —contestó él con una sonrisa mordaz—. Querida Kyoko, no te preocupes por mí. Inútil Tsuna sólo está enojado. Hay tiempos que, por lo visto, no quiere recordar.

—También hay personas que tampoco quiero ver —agregó con un tono desagradable.

Él rió entre dientes.

—Pero qué descortés… Décimo. ¿Es que ya los viejos tiempos no importan?

Tsuna entrecerró la mirada ante el tono sarcástico de su invitado.

—Ha pasado mucho tiempo. Es difícil acostumbrarse —dijo simplemente—, y, además, no te mereces nada de cortesía.

—Me complace ver el desafío en tu mirada. Cuando te dejé, apenas y existía. Y quién lo diría, Tsunayoshi —pronunció su nombre con fuerza—. Me han llegado rumores sobre el terrible y poderoso Décimo Vongola. Te llaman el Justiciero de la Mafia, ¿sabías?

—Es mejor que asesino —se limitó a responder Tsuna, y se dirigió hacia su prometida, que no había hablado desde la entrada del invitado a la oficina—. Kyoko, ¿podrías…?

Kyoko parpadeó, distraída.

—Oh, claro. Los dejaré solos —respondió, y conforme se levantaba, el invitado se acercó.

—No te molestes, Kyoko —le dijo, con amabilidad mientras le tocaba el brazo, cosa que a Tsuna le molestó—. Vengo a felicitarlos a ambos. No quería desviarme de la conversación, pero me ha sido inevitable. Inútil Tsuna como un jefe temible es algo muy irónico, aunque hayan pasado más de diez años de aquellos tiempos. Debo decir que estoy muy orgulloso.

—Tan orgulloso como para irte corriendo con ese maldito, ¿no? —soltó Tsuna con tono venenoso—. Reborn.

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H-hahi

Haru podía recordar a la perfección al Reborn bebé. Pequeño, fácil de cargar en sus brazos, con su sombrero y traje negro y las mejillas sonrosadas y ojos muy grandes y brillantes. Su cómplice de cosplay y el bebé que ella creía, Tsuna maltrataba cuando, al final, se dio cuenta de que en realidad la situación era así, sólo que al revés. Sin embargo, sus memorias poco habían retenido sobre el Reborn adulto, que había visto sólo una vez, luego de la pelea que Tsuna y los muchachos habían tenido con Checker face, antes de su partida con los demás bebés que, justo como él, habían crecido hasta llegar a la adultez.

Por eso, al entrar a la oficina y ver a Bianchi abrazada fuertemente a él, ella no había podido hacer más que quedarse sorprendentemente pálida del cuello hacia abajo, inmóvil como una roca y tan roja de la cara y sus ojeras que su cabeza fácilmente habría podido confundirse con un jitomate maduro. Reborn adulto era…

El hombre de sus sueños o el bishonen de un manga. El personaje guapo y principal badass de las películas norteamericanas. Alto, aún más que Yamamoto y Dino. Trigueño con cabello negro y patillas largas y enchinadas al final en cada una de sus mejillas, donde arriba yacían unos pómulos perfectos y firmes. Con su siempre característico sombrero y su traje negro con una camisola naranja abajo, además de sus ojos oscuros y negros que parecían mares de petróleo, a minuto de cruzar la puerta y mirarlo, Haru creyó perderse. Una vez recuperada, no por completo, por supuesto, porque su cara no dejaría de ser un tomate luego de, seguramente, una semana; Haru llegó a la conclusión de que Reborn adulto era, en resumen, beautiful and dangerous.

Por otra parte, Gokudera estaba incómodo. Odiaba ver a su hermana llorando y cariñosa con personas. Era normal verla abrazar al maestro Reborn cuando era un bebé, pero ya adulto, era algo extraño. Además, estaba la mirada enfadada de Tsuna que parecía crear tensión que se podía clasificar como aplastante, pese a que Reborn, que le devolvía la mirada de vez en cuando, se veía gratificantemente divertido.

Bianchi lloraba entre los largos brazos del hitman, quien no se quejó al verla saltar hacia él luego de abrir estrepitosamente la puerta gritando de felicidad porque él los visitaría y, para su sorpresa, encontrarse con él en ese mismo instante. Para las miradas llenas de sorpresa de los presentes, Reborn, con una sonrisa suave, luego de unos minutos de silencio en los que sólo se escuchaban los hipidos de Bianchi, había comenzado lentamente a acariciarle la cabeza a la vez que pasaba sus dedos entre las mechas de su cabello.

Ciao, bella —dijo a su oído, aunque todos pudieron oírlo. Miró a Bianchi por debajo y luego miró los alrededores, para sonreír misteriosamente—. Ciao, guardianes, Haru.

Gokudera carraspeó molesto y Haru, parpadeó, roja; mientras que Yamamoto lo saludó con la misma sonrisa simpática que le dedicaba cuando era un bebé. Tsuna, en el fondo de la habitación, suspiraba con los brazos cruzados bajo la mirada preocupada (y sonrojada, también) de Kyoko.

—Todo esto es tu culpa, Hayato —habló Bianchi desde el pecho de Reborn, con reproche. Gokudera se encogió de hombros con el ceño fruncido, a la par de que preguntaba por qué. Su hermana contestó de inmediato—. Si hubieras ido por la correspondencia antes, hubiésemos hecho una gran bienvenida para Reborn... pero como siempre debiste de haber preferido ir a comprar cigarrillos a la ciudad. ¡Oh, Reborn! —la mujer gimió con dicha, apretando el cuerpo del hitman contra su mejilla—. ¡No sabes cuánta falta nos has hecho!

—¿De verdad? —preguntó divertido. Se volteó a mirar a Tsuna—. Me dijeron, en realidad, todo lo contrario. ¿O será que el Décimo se ha convertido en un mentiroso? Dime qué crees, bella.

Tsuna protestó con un gruñido molesto y fue a sentarse a su escritorio, pensando que la situación daría para largo. Bianchi negó con la cabeza y sus ojos brillantes firmemente clavados en el hitman.

Orgoglio, mio sole —contestó la mujer en un perfecto italiano—. Orgoglio.

Hubo un tenso y largo silencio que siguió a las palabras de Bianchi. Haru tradujo la frase en su mente ("Orgullo, mi sol. Orgullo") y la joven no pudo hacer más que sonrojarse ante la voz aterciopelada de su compañera y amiga, que sonaba como si le hablara a su amante. Recordó, años atrás, como Bianchi se había declarado firmemente enamorada de Reborn, en ese entonces, un bebé; y se dio cuenta de que esas confesiones nunca habían sido más que la verdad y no un juego. En realidad, no fue la única: Gokudera se pasaba la mano por el cabello, incómodo y deseando fumarse un cigarrillo -porque en la oficina de Tsuna estaba prohibido fumar-; mientras que Yamamoto mostraba una sonrisa pequeña que era una mezcla de alegría y extrañeza. Pero, sin embargo, la tensión no era sólo por la manera íntima en la que el asesino a sueldo y el escorpión de la mafia se hablaban. En sí, la tensión era sólo y únicamente, por Reborn.

Haru recordaba el motivo de su partida, hacía diez años. Tsuna, luego de la batalla con Checker face, que Haru y apenas podía saber quién era en ese entonces, aceptó el puesto del Décimo Vongola, para que, días después, Reborn anunciara en una cena familiar en la casa de los Sawada que se iría de una vez por todas.

—El entrenamiento ha terminado. Mi presencia aquí ya no es necesaria —en la memoria de Haru, Reborn adulto sólo era una silueta repleta de sombras con voz grave y atemorizante, pero a la vez, sorprendentemente, sedosa—. Desde hoy, Sawada Tsunayoshi, dejas de ser mi pupilo y yo dejo de ser tu maestro.

Tsuna, con los ojos brillantes y con la boca temblándole, había apenas alcanzado a tomar la mano que Reborn le extendía, para darle un apretón. A la mañana siguiente, lo único que podría haber dicho que un bebé con técnicas de tortura diciendo que era un tutor para alumnos con bajo promedio había llegado a Namimori a enseñarle a Sawada Tsunayoshi a ser el Décimo jefe mafioso de la Familia Vongola, no eran nada más y nada menos que los recuerdos de Tsuna y de todos sus amigos.

Meses después, la ceremonia dio lugar. Todos habían estado presentes: inclusive miembros de la CEDEF. Todos excepto Reborn... y el padre de Tsuna.

No pasó mucho tiempo para que las nuevas noticias llegaran a los oídos de la nueva Familia Vongola.

Sawada Imeitsu y Reborn, el ex arcobaleno, juntos, controlando una de las más grandes organizaciones independientes de la mafia.

Haru parpadeó cuando escuchó un estruendoso gruñido, con cual Kyoko sólo parecía verse más y más preocupada. Era Tsuna, detrás de su escritorio, con el símbolo de la Vongola que colgaba en la pared dándole un brillo casi sobrenatural. Sus ojos, fríos, observaban a Reborn con enojo, furia, decepción.

—¿Orgoglio? —inquirió, incrédulo—. No es orgullo, Bianchi. Se largó hace casi diez años con ese bastardo y vuelve como si realmente fuese bienvenido. Ni siquiera Imeitsu es tan descarado.

Bianchi se sobresaltó, y se apartó de Reborn. Los demás los miraron expectantes.

—Pero, Tsuna...

—¡Nada, Bianchi! —replicó furioso—. ¡Estuviste buscando a ése maldito durante años y nunca dejó encontrarse! Y no fuiste la única. Fon, Skull, Uni. Todos te buscamos, Reborn. Te largaste tal y como viniste, sin importarte nada. Ahora, luego de comprometerme con mi novia, vienes como si tuvieras el derecho a felicitarme. Pero, ¿sabes, Reborn? Es cierto. Te hemos necesitado. Te he necesitado. Te he necesitado todos los días dentro de estos malditos diez años tratando de seguir mis ideales y los del Primo, pero, ¿has venido? Juraste lealtad a la Vongola, juraste lealtad al Noveno. ¿Yo no soy suficiente para por lo menos decirme que te irás a la mañana siguiente?

Todos en la sala entendían la decepción de Tsuna, dado que sus palabras eran ciertas. Todos lo habían buscado. En CEDEF, nadie decía nada a los mensajeros, aunque vinieran de parte del mismo Décimo Vongola. Las invitaciones eran devueltas. Los mensajeros fracasaban, al igual que los espías mandados cuando lo creían muerto. Bianchi, a su vez, había salido varias veces a buscarlo en los lugares que usualmente frecuentaba antes de ser el tutor de Tsuna. Aún así, no había habido resultados. No hasta ése día, luego de diez años. Cuando ya nadie lo buscaba, y cuando menos Tsuna quería verlo.

Gokudera bajó la vista al suelo, sintiéndose mal por su jefe y amigo, mientras Yamamoto intentaba armonizar el ambiente. Haru miró a Bianchi, que había dejado de llorar y estaba de pie, con los brazos cruzados sobre su pecho; para luego descansar su vista sobre Reborn, que poseía una mirada indescifrable.

Todos giraron la mirada hacia el ex arcobaleno, pero Tsuna se adelantó a hablar.

—Bianchi te dará una habitación —dijo desapasionadamente—, quédate lo que quieras. Se lo debo a Bianchi... y al abuelo.

Haru recordó, vagamente, a Timoteo, el Noveno Vongola. Había muerto hacía varios años, por la vejez. A Tsuna le había afectado la pérdida de su casi abuelo, donde, en el funeral, él y todos buscaron a Reborn y no encontraron más que paredes.

Todos empezaron a retirarse, Bianchi seguida por Reborn y Yamamoto, con Haru un poco más atrás. Gokudera, a punto de cerrar la puerta a sus espaldas, escuchó a Tsuna hablar.

—Recuerda tu nueva misión, Gokudera. No me falles.

Gokudera aspiró hondo. Claro que recordaba.

—No, Décimo. No lo haré —dicho eso, el guardián cerró la puerta y comenzó a caminar hacia... donde fuera que pudiera fumar, para luego buscar a Haru. Aquella mujer estúpida.

—No le fallarás... ¿en qué? —una voz provino desde el otro lado del pasillo. Se sobresaltó—. No te asustes, Gokudera. No soy un fantasma.

—Señor Reborn, ¿no había ido con mi hermana para buscar en qué habitación quedarse?

El hitman asintió.

—Sin embargo, he escuchado a Bianchi y Haru conversar algo interesante que captó mi atención y quería saber de qué se trata exactamente. Tú eres el pilar principal de la familia, por lo que lo sabes todo. Por eso te he esperado para preguntarte.

Gokudera frunció el ceño.

—¿Qué quiere saber?

Reborn soltó un bufido divertido, y dijo

—Oí que Haru quiere tener un entrenamiento de hitman. También que busca un maestro. ¿Tiene uno?

—No —gruñó como respuesta—, su idea estúpida apenas y comenzó a ayer. No lo tiene y no lo tendrá. El Décimo sólo la ha apoyado sabiendo en que no encontrará a nadie para entrenarla.

—Interesante —agregó misteriosamente Reborn, tomando una de sus patillas y enrollándola en su dedo índice—. Muy interesante.


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Adoro el Bianchi/Reborn.

La relación de Tsuna y Reborn está malgastada, arruinada y a saber qué los hará ser amiguitos otra vez. El rencor que siente, a pesar de ser Tsuna muy tierno, me parece IC a su personaje. Después de todo, odiaba a su padre; y después de Reborn irse, creo que la decepción es una excusa válida para odiarlo casi tanto como a Imietsu. Y además, ¡son diez pinches años después! Me he cansado del Inútil Tsuna. Hay que darle algo de crédito ahora que está grandecito.

Reborn adulto calienta el bollo de todos, principalmente el mío y el de Haru. Haru, creo, ha madurado con el tiempo y ha dejado su "hahi", y de decir palabras en inglés, pero creo que al ponerse nerviosa puede aquello salir a flote.

Ya casi, casi. Pronto el Gokudera/Haru.

¡Saludos a todos y gracias por leer!