Nota de autora: Este capítulo contiene muchas partes del episodio 3x21 de la serie, mayormente modificadas.

Advertencia: Este capítulo contiene malas palabras y violencia física, si a usted le desagrada esto, ¡Por favor, no lo lea! Gracias.

Capítulo 4: ¿Justicia o venganza?

Cuándo Ángel entro en el hotel, comenzaba a cojear. Así que Cordelia y Gunn lo ayudaron a sentarse en un sofá…

-los encontraste-dijo Cordelia.

-sí…-dijo Ángel.

-¿Y?-insistió Cordy.

-y…hablamos-dijo Ángel, soltando un suspiro.

-pues parece que a esos chicos les gusta hablar a los tortazos-comento Cordelia, acariciándole la cara lastimada al vampiro.

-ellos no me hicieron esto. Al menos no la mayor parte-dijo Ángel.

-¿Así que es verdad, esos críos eran tu Connor y tu Catelyn?-pregunto Gunn.

-Steven y Samantha. Ahora se llaman Steven y Samantha-dijo Ángel, muy a su pesar –pero aún son mis hijos-

-¿Y…dónde están?-pregunto Fred.

-no estoy seguro. Pero saben dónde estoy. Estarán bien-dijo Ángel.

-en realidad, puede que no-dijo Fred.

-¿Qué quieres decir?-

-vimos a Justine Cooper y a Daniel Holtz por ahí. Creo que estaban buscando a sus…a tus hijos-respondió Gunn.

-sobrevivieron a esos salvajes. Podrán cuidarse solos-dijo Ángel, restandole algo de importancia.

-no puedes dejarlos solos en Los Ángeles-dijo Fred, sorprendida.

-tienen que volver por sí solos. Y lo harán, en cuanto se den cuenta de lo que necesitan…-aseguro el vampiro.

-¿Y qué necesita?-pregunto Spike, curioso.

-un padre-dijo Cordelia.

Ya había salido el sol en la enorme ciudad de Los Ángeles.

Daniel estaba mirando el diario, Justine desayunaba y sus hijos estaban en la alfombra con almohadones y sus perros.

-¡Niños! ¡¿De dónde sacaron esas galletas?! No tienen permitido comer chocolate, saben bien que están castigados-exclamo Justine, quitandoles un paquete de galletas Oreo.

-¡Ay, mamá! Serás exasperante-se quejo Samantha.

-que chicos-dijo Daniel, mordiendose el labio.

-fue una tontería que hicimos con Sam. Encontramos una gran caja de metal y…-dijo Steven, intento no reírse pero la risa se le iba escapando de a poquito.

-¡Steven, Samantha! Esas son maquinas expendedoras, no son cualquier "caja de metal"-los regaño Justine.

-¡Pfffff! Fue genial romperla-aseguro Samantha. Los adolescentes se miraron con miradas cómplices, tenían más de esas galletas y otras escondidas en sus mochilas.

-no lo vuelvan a hacer, pequeños traviesos-dijo Daniel, sin poder evitar soltar una risita.

-sí, pa-dijeron los mellizos, sonriendo.

-no me gusta este lugar-dijo Steven, de repente levantándose y echando un vistazo por la ventana –hay tantas personas. Prefiero mi casa-

-el rancho no es nuestra casa, Steven. Es nuestra prisión-dijo Samantha, frunciendo el ceño.

-sí, quiero decir, no. Sabíamos que en algún día hallarían la forma de salir-dijo Justine.

-ya había señales-dijo Samantha como si fuera la cosa más natural del mundo.

-hicimos lo que nos enseñaron-aseguro Steven.

-mis niños son brillantes-dijo Daniel, acariciándoles la mejilla a sus hijos.

-no deberían habernos acompañado hasta aquí-dijo Samantha.

-¿Por qué no, hija?-dijo Daniel, volviendo a sentarse.

-hubieramos vuelto a ustedes, luego de matarlo…-dijo Steven, agachándose y mirando a su padre.

-lamentamos mucho no haberlo hecho-dijo Samantha.

-claro que no pudieron. No está en su naturaleza-dijo Daniel con mucha firmeza.

-ya hemos matado a muchos-salto Steven.

-sólo por necesidad. Para poder sobrevivir. Y esa no es la verdadera razón por la que se esforzaron tanto por venir a aquí…-dijo Justine.

-…querían verlo-agrego Daniel.

-no-dijeron los dos adolescentes, evitando a su padre y sentándose en el sofá.

-está bien, hijos. No hay que sentir vergüenza. Sabíamos que este día llegaría-dijo Justine.

-por eso nunca les mentimos. Siempre les dijimos la verdad, sobre sus padres y cómo acabamos juntos-dijo Daniel, agachándose y tomando una mano de cada uno de los mellizos.

-Dios nos entrego a ustedes-se apresuraron a contestar ellos.

-sí, Dios nos los entrego para que pudiéramos mantenerlos a salvo y les diera todo el amor que no pude darles a mis primeros hijos-dijo Holtz con toda seguridad.

-porque ellos te los arrebataron-dijeron los mellizos al mismo tiempo.

-es cierto-dijo Daniel, dolido.

-ojalá lo hubieramos matado-dijo Steven, molesto consigo mismo.

-si lo hubieran hecho, no serían los niños que educamos. Ni los adultos que sé que llegarán a ser. Hay más que aprender, Steve y Sam, mucho más-dijo su padre, mirandolos a los ojos.

-y quiero hacerlo-dijeron los chicos al unísono.

-bien, bien-dijo Justine.

-entonces deben ir a él-dijo, de pronto, Daniel.

-¿Qué?-dijeron los adolescentes, incrédulos.

-entren en su mundo. Aprendanlo todo. Descubran cuánto de él hay en ustedes para poder luchar contra eso-dijo Daniel, levantandoles la cabeza –pero no bajen la guardia. Recuerden lo que les hemos enseñado. El diablo les mostrará las cosas brillantes y de muchos colores-

Y un rato más tarde…

-hola-dijo Ángel, viendo a sus dos hijos.

-hola…-dijeron los dos mellizos, moviendo nerviosos las manos.

-decidimos pasar aquí, cómo suponiamos que querías-dijo Steven.

-me alegro de que lo hicieran-dijo Ángel. Pero intentando no asustarlos –todos, estos son Steven y Samantha. Steven, ella es Fred, ese es Gunn, Cordelia, Groo, y ese es Lorne-

-hola, jovencitos-dijo Lorne, sonriendo. Los mellizos lo miraron con odio, era un demonio y desde muy pequeños les habían inculcado que los demonios debían morir a toda costa.

-encantada de conocerlos, Steven y Samantha-dijo Fred, sonriendo. Los mellizos le devolvieron una media sonrisa, nerviosa.

-sí, tengo…tengo algo que hacer. Disculpen-dijo Lorne y se fue.

Los mellizos no pudieron evitar mirarlo con desprecio cuando Lorne pasó al lado de ellos.

-me aseguraré de atender tus llamadas, Ángel. Ustedes sólo…disfruten un tiempo-dijo Cordelia.

-gracias-le dijo Ángel. Cordelia se fue y los demás (Gunn, Fred, Groo, etc) también.

Cuando el padre y los hijos quedaron solos, se cruzaron de brazos los tres al mismo tiempo y del mismo modo.

-así que… ¿Tienen hambre?-Ángel rompió con el silencio.

-¿Qué tienes?-pregunto Steven.

-podemos salir…-sugirió Ángel.

-¡¿Qué?! ¿Adónde?-grito, de repente, Cordelia.

-¿Cordy?-dijo Ángel.

-¡ES UN BAR! ¡Vampiros! ¡UN MONTÓN DE ELLOS! ¡¿Ángel, puedes oírme?! La veo, ¡Una mujer! ¿Ángel? Está sola, no los ve-gritaba Cordelia, dentro de una llamada/visión.

-¡No grites!-le grito Ángel.

-hay una mujer en un bar. Unos vampiros la siguen. Tienes que ayudarla-le explico Cordelia, tranquilizándose.

-gracias por pasarme las llamadas-le dijo Ángel.

-sí, lo siento-dijo Cordelia, un poco confundida.

-escuchen,…tengo que salir un momento-les dijo Ángel a sus hijos.

-está bien-dijeron ellos.

-es parte de mi trabajo-se excuso el vampiro.

-claro, da igual-dijeron Steven y Samantha, comenzando a irse.

-podría ser peligroso. Hay mucha muerte y violencia… ¿Quieren venir?-pregunto Ángel.

La respuesta a eso es bastante obvia, mellizos críados por cazavampiros… ¿Qué? ¿Pensaban que Ángel iba a ser más "normal" al empezar a conocer a sus chiquitines?

Mientras tanto, Wesley discutía con Lilah de Wolfram & Hart en la parte de arriba del bar. Ella quería que él viera como mataban los vampiros a Justine, que era nada más ni nada menos quien le había cortado la garganta y había raptado a sus "sobrinos" Connor y Catelyn.

Y Ángel, Steven y Samantha comenzaron a entrar en el bar…

-¿Querían matar un vampiro? Esta es su oportunidad-les dijo Ángel –tomen, sólo asegurense de ver a dónde apuntan-agrego, dándoles una estaca de madera a cada uno.

-al corazón-se apresuro a contestar Samantha.

-nos enseño nuestro padre-agrego Steven.

-sí, seguro que sí. Hay mucha gente inocente, tengan cuidado. No los maten hasta que les vean su otra cara-les advirtió Ángel.

-¿Se parecera a la tuya?-dijo Steven, con segundas intenciones.

-sí-dijo Ángel, molesto por la insolencia de su propio hijo.

-¿Y por qué lo haces?-preguntaron los mellizos al mismo tiempo.

-¿Hacer qué?-

-¿Por qué los matas si son cómo tú?-pregunto Samantha.

-ellos no son cómo yo, Catelyn-le dijo el vampiro con alma.

-no soy Catelyn-se quejo rápidamente la adolescente.

-quietos, quedense aquí-les ordeno Ángel a sus hijos.

Los vampiros comenzaron a atacar a la mujer y Ángel fue a defender a todos.

Uno de los vampiros agarro a la mujer y entonces Steven decidió intervenir…

-¡Genial! ¿Puedes encargarte del…? Bueno, eso es más lógico-dijo Ángel cuando Steven fue a matar directamente al que atacaba a la mujer. En eso, salió Samantha a ayudar a su padre biológico.

-¿Quiénes son los súper chicos?-pregunto Lilah desde lo alto –se mueve igual que…-

-su padre-la interrumpió Wesley.

Entonces, Steven se dio cuenta que la mujer en peligro era curiosamente su madre Justine. No tuvieron tiempo para reaccionar, cuando Ángel los aparto y…

-¡Vete! ¡Sal de aquí!-le grito a Justine, ignorando a los mellizos.

Y el trío siguió luchando contra los vampiros malvados. Hasta que de repente, uno se escapo y Samantha fue tras él…

La chica salió con sigilo y… ¡ZAS! Pero Ángel detuvo su mano en el aire y la dirigió a otro lugar… ¡ZAS! Convirtió en cenizas al vampiro malicioso.

-ellos no necesitan respirar ni hacer ningún ruido. Debes tener cuidado-le dijo Ángel a su hija -¿Saben? Lo han hecho muy bien ahí adentro. Normalmente los llevaría a un partido, a un museo o algo así. Pero es bueno saber que se las arreglan solos en una pelea-agrego, un poco pensativo. Y empezó a jugar con sus retoñitos –es bueno que también sepan reírse-

Desde lejos, Daniel y Justine veían como jugaban sus hijos adoptivos con su padre biológico. A Justine se le escaparon algunas lágrimas entre la felicidad y la tristeza, y eso no era algo que se veía todos los días.

De vuelta en el hotel, Steven y Samantha estaban comiendo unas galletas cuando sus padres entraron…

-padre, madre…-dijeron los dos, deteniéndose.

-era todo lo que nos dijeron-se apresuro a decir Steven.

-intento engañarnos, salvando personas. Pero no funcionó-dijo Samantha.

-hemos visto su verdadero rostro-agregaron los mellizos al unísono.

-y nosotros hemos visto el suyo-dijo Daniel.

Eso alarmo a nuestros protagonistas. Y luego de un ratito…

-¡Están equivocados!-grito Steven, frustrado.

-¡Dejen de decir eso!-grito Samantha, igual de frustrada.

-es cierto, hijos-dijo Daniel con tranquilidad.

-cualquiera que los viera se daría cuenta que deben estar ahí-dijo Justine, calmada aunque dolida.

-…a su lado-agrego Daniel.

-¡NO!-gritaron los mellizos, enojados.

-fue su necesidad que los condujo hasta aquí-les explico su padre, que mantenía a sus hijos de una mano.

-¡NO LO NECESITAMOS!-

-vuelvan a él, Steven y Samantha-les ordeno Daniel.

-¿Por qué nos están haciendo esto? ¿Por qué?-pregunto Steven, que ya comenzaba a ser un mar de lágrimas.

-Dios nos entrego a ustedes-dijo Samantha, comenzando a llorar.

-sí, Dios quería que estuviéramos juntos. Nada nos convencerá de lo contrario. Pero es tiempo de devolverlos-dijo el hombre, con todo el dolor de su corazón.

-es un demonio-dijeron los dos mellizos.

-y ustedes los hijos bastardos de dos demonios-dijo Daniel.

-entonces somos demonios-dijo Samantha, herida.

-no, aunque no sabemos bien lo que son-dijo Justine.

-pero nosotros no seremos los que les daremos las respuestas. Y hay respuestas. Vayan a buscarlas-les ordeno Holtz.

-¡Nos dijeron que no nos dejáramos engañar! ¡Y SE HAN DEJADO ENGAÑAR USTEDES SOLOS!-grito Steven, mientras que junto a su hermana alejaban sus manos de las de su padre adoptivo.

-si pudiera detenerlo, lo haría, hijo. Pero nos trajeron fuerzas que no podemos controlar-dijo Daniel, una gran lágrima humedeció la mejilla de Steven.

-¡Están equivocados!-grito Samantha, y con su hermano salieron del departamento sin dirigirle la mirada a sus padres adoptivos.

Llegaron al hotel y entraron…

-oh, hola, niños. No los vi ahí-dijo Lorne, mirando a los mellizos -¿Buscan a su padre? Está arriba, vamos. Te enseñaré el cuarto-dijo, dirigiéndose a las escaleras.

-no vamos a ir contigo a ningún lugar, demonio-dijo Steven, mirándolo con desdén.

-¿Te digo algo? Los criaron dos Psicópatas en un lugar apartados de toda clase de civilización y yo sé algo sobre el tema. Así que te lo dejaré pasar. Iré a buscar a su padre-dijo Lorne, dándose la vuelta.

-sucio demonio-espetaron los mellizos a la vez.

-en realidad, soy "Tío Sucio Demonio" para ustedes. Hace dieciseis años les estaba cambiando los pañales, pequeños ingratos…-

-hey, ¿Cuál es el problema?-pregunto, acercándose, Cordelia. Lorne "señalo" a Steven y Samantha con la cabeza.

-¿Steven, Samantha?-dijo Cordelia, pero los chicos seguían con la mirada fija en Lorne –Steven, Samantha-insistió ella. Y los tres se sentaron en un sillón -sé que no llevan mucho tiempo en esta ciudad…y me imagino que las cosas eran un poco oscuras en el lugar dónde vivían…pero Lorne es bueno. De verdad-

-es un demonio-dijeron los mellizos al mismo tiempo.

-sí, es cierto. Lo es. Pero aquí no todos los demonios son malos, ¿Saben? Mirenme a mí-les dijo Cordelia, con paciencia. Ellos la miraron confundidos –bueno, soy medio demonio. Sí, por elección. Lo hice para ayudar a la gente y para que mi cabeza no explotara-explico Cordelia.

-¿En serio? ¿No nos estaras tomando el pelo?-dijo Samantha, groseramente.

-no, no lo estoy. Sé que han pasado mucho tiempo en aquel lugar, y no recordarán nada de cuando eran bebés. Pero nosotros los cuidábamos mucho apenas nacieron-les dijo Cordelia, haciendo una mueca. Steven hizo una risita incómoda.

-lo sabemos. Por que nos contaron-dijo Steven, poniéndose algo serio.

-¿Holtz y Justine?-pregunto Cordelia, extrañada.

-sí…-dijo Samantha y ambos mellizos estallaron en llanto.

-shhhhhh…no pasa nada, ternuritas-dijo Cordelia, acariciándolos y consolándolos. Steven se dejo caer sobre el hombro de Cordelia, y seguido Samantha –eso es. Ya está. Lo sé-

Ángel vio todo desde arriba de ellos. Lorne les dio una taza con agua a cada uno de los mellizos. Luego de un rato de hablar con Cordelia y Lorne, Ángel fue a ver a sus retoñitos…

-hola, amiguitos. ¿Cómo les va?-

-creo que debemos irnos-dijo Steven.

-miren,… ¿Por qué no se quedan aquí unos días? Sé que aún no lo sienten así…pero este es su hogar-dijo Ángel, con suavidad.

-nosotros no tenemos hogar-dijo Samantha.

-eso no es cierto. Lo que pasa es que no se acuerdan, es todo. Su hogar es aquí. Aquí es dónde deben estar, hijos-les dijo Ángel.

-hablas como si fueras nuestro padre-dijo Steven, pensativo.

-bueno…-dijo el vampiro, realmente le había hecho gracia.

-él dijo lo mismo-dijo Samantha.

-ellos dijeron que hemos vuelto por una razón-dijo Steven.

-¿Eso dijeron?-pregunto Ángel, algo sorprendido.

De pronto, entraron Gunn y Fred.

-les dije que iban a sacarlos por ahí-les dijo Ángel a Gunn y Fred, una vez que ellos les contaron lo que habían descubierto de Daniel y Justine Holtz.

-¿Y les parece bien?-pregunto Gunn, extrañado.

-sí, eso creo-dijo Ángel.

-¿Y a dónde quieres que lo llevemos?-pregunto Fred.

-a…algún lugar dónde puedan ver que esta civilización no es tan mala como parece-dijo el vampiro.

-¿Por cuánto tiempo?-pregunto el moreno.

-un par de horas-

-¿Y si preguntan dónde estás?-pregunto Gunn antes de salir.

-no se lo digan-ordeno Ángel.

-espera, antes de que te marches tenemos que hacer eso-lo detuvo Cordelia, viendo que Ángel agarraba su abrigo.

-¿Qué cosa?-pregunto Ángel.

-esa cosa que hacemos siempre. Ya sabes, eso de "¿Sabes lo que haces? Piénsalo bien" y me ignoras y corres hacía el peligro-

-¡Ah! Esa cosa-dijo Ángel, deteniéndose un momento y mirándola -¿Ya está?-

-Ángel, piénsalo bien. No vayas-

-tengo que ir-

-sí, pero no vayas-

-no los mataré, aunque se lo merezcan-dijo Ángel, a punto de irse.

-da igual si los matas. Les robaron la infancia a Connor y a Catelyn, así que…matalos. Pero no les mientas a tus hijos. Llevan aquí un día. Tienen que aprender a confiar-le sugirió Cordelia.

-no les estoy mintiendo-se defendió Ángel enseguida.

-no, sólo los envias fuera y los distraes mientras te vas a enfrentar a las personas que consideran sus padres-le dijo Cordelia.

-yo soy su padre-aclaro Ángel. Y se fue.

Mientras tanto, en la costa de la playa…

-¿Qué es?-pregunto Steven, mirando el mar.

-el océano. Pacífico-respondió Gunn.

-océano. Nuestros padres nos hablaron de los océanos-dijo Samantha, reflexiva.

-nunca mencionaron que fueran tan…-dijo Steven.

-¿Grandes?-pregunto Fred.

-…vacíos-admitió Steven.

-lo no son. Lo que pasa es que está todo bajo la superficie. Todo un mundo, en realidad-le explico Fred.

-aquí es todo muy distinto-dijo Samantha.

-sé cómo se sienten. Una vez me perdí, cómo ustedes. Cuando regresé, nada parecía real. Era como ver todo desde el fondo del océano-confeso Fred.

-no recordamos habermos perdido-dijo Steven, que sabía que era el mismo sentimiento que compartía con su hermana melliza. Y los dos comenzaron a alejarse.

-¡Eh, chicos! ¡Oígan!-quiso detenerlos Gunn.

-quizás deberíamos darles un minuto-acosejo Fred.

Y fue entonces cuando ellos se pusieron a hablar, y accidentalmente Steven y Samantha los oyeron. Se agarraron de la mano y salieron corriendo a buscar a sus padres adoptivos.

Daniel y Justine estaban a punto de irse, tenían cada uno una carta para sus hijos en las manos. Cuando apareció Ángel…

-los detalles se me comienzan a escapar-dijo Holtz. Ángel era un vampiro pero no un cobarde, no toco a Justine mucho menos porque parecía estar embarazada o algo así. Cerró la puerta, tomo a Daniel del cuello y lo empujo contra la pared.

-¡TE LLEVASTE A MIS HIJOS!-le grito.

-mantuve con vida a tus hijos. A los míos los mataste-le aclaro Holtz. Eso hizo a Ángel parar en seco y alejarse lentamente de su enemigo.

-en ese entonces yo era diferente-dijo Ángel, dolido.

-sí. Y yo también-admitió Holtz –sientes remordimientos. Sientes remordimientos, pero no puedes expresarlos-observo, sorprendido.

-¿Quieres que diga "Lo siento"? ¿Cómo voy a hacerlo? No cambiaría nada-dijo Ángel.

-cambiaría algo. No mucho, pero sería algo-dijo Daniel, con sinceridad.

-pues…lo siento-dijo Ángel, resoplando –aunque no signifique demasiado, es todo lo que tengo-

-no todo. Tienes dos hijos-lo interrumpio Holtz –así que ahí está. Pensé que privándote de esos hijos estaría ejecutando la justicia, me equivoqué-

-arrebatarme a Connor y a Catelyn no fue justicia. Fue tu venganza-objeto Ángel.

-o puede que la venganza sea lo de ahora-dijo Daniel, Ángel lo miro -…devolvértelos-

-¿Qué?-

-ya estamos algo viejos. No tenemos mucho que ofrecerles a los chicos. Tú puedes darles algo que nosotros no pudimos: Sus propósitos-dijo Daniel, con sabiduría –pero cada vez que les veas el rostro, cada vez que te llamen "padre"…te recordará todo lo que me quitaste y no me puedes devolver-

-si esto es la venganza, la verdad es que no nos gusta-confeso Justine.

-sólo te pedimos que les des estas. No están cerradas. Supongo que las examinarás, deberías-dijo Holtz, dándole las dos cartas.

-¿Por qué hacen esto?-pregunto Ángel, ocultando su desesperación.

-creí que lo habíamos dejado claro. Amamos a nuestros hijos. Y es la única forma que conozco de asegurarnos de que nos sigan amando-dijo Daniel, Ángel agarro las cartas y se dispuso a irse.

-al principio no lo aceptarán. Tratarán de encontrarnos-dijo Justine.

-…no lo lograrán-finalizo Daniel.

Ángel se fue. Al mismo tiempo, Steven y Samantha corrían con todas sus fuerzas para salvar a sus padres de la amenaza de Ángel.

-Steve…-dijo Daniel, antes de irse en el avión.

-Sam…-dijo Justine, al lado de él, mientras se secaba las lágrimas.

-Conn, Kate…-dijo Ángel, terminando de leer las cartas.

-¡Papá, mamá!-grito Steven, entrando en el departamento.

-¡¿Papá, mamá?!-grito Samantha, entrando detrás de su hermano.

Pero se encontraron con un cuarto vacío, fue todo en vano. Pero entonces, apareció Antonio Martin, un inmigrante de España que era un amigo cercano de los Holtz. Ni Daniel ni Justine se lo habían pedido, sólo querían que sus hijos fueran felices con su verdadero padre, pero no…Antonio tenía que ser perverso y vengativo. Había llenado la cama matrimonial con sangre, arañazos, cabellos, etc, todo falso, para que pareciera que Ángel había atacado a la pareja. Y así hacer que Steven y Samantha se enfrentaran al maldito vampiro y "hacer justicia".

Los dos mellizos agarraron las cobijas, las abrazaron con fuerza y se permitieron llorar desconsoladamente.