¡Hola! Sé que pasa demasiado tiempo cada vez que publico un capítulo, y esta vez si que me excedí con el tiempo.
Por eso les traigo... ¡Doble publicación!
Así es, traducí el capi 4 y el 5...
Comprendan mi falta de tiempo, por favor, tengo 13 años, y dos días libres a la semana (jueves y domingo), con muchas tareas, trabajos y pruebas... Traduzco cuando nos dan tiempo libre en clase (que es muy pocas veces), o en mi casa cuando tengo opción. No sé muy bien cuando publicaré el sexto, pero espero que pronto... de momento ténganme paciencia, y no se desesperen, porque como he dicho antes... NO ABANDONO MIS PUBLICACIONES. Siempre tengo en mente la traducción.
¡Disfruten!
Link de la historia original: s/2837381/1/Stille-Schreie
Link del perfil de la autora: u/815601/Elbendrache
Gritos Quietos
por
Elbendrache
4. Grito de auxilio
Legolas intentó incorporarse, pero Aragorn se lo impidió.
—Espera, debes permanecer acostado, tu hombro aún está lastimado.
Las bien intencionadas palabras no fueron escuchadas, y aunque el elfo no llegó a sentarse, con un gemido, volvió a intentarlo de nuevo.
Mientras, el joven hombre lo miraba sacudiendo la cabeza, y dudó en decirle un momento un viejo dicho de "quien no quiere oír, debe sentir", pero evitó reprocharle por su situación.
Le ofreció su mano, y buscó en sus ojos alguna reacción.
La corta mirada que le dio, mostraba todavía dolor y recelo, pero Aragorn lo sujetó, y lo ayudó a sentarse.
Respirando agitadamente, y bastante pálido, Legolas cerró los ojos por un rato.
—Cada vez que te muevas vas a empeorar, quédate sentado tranquilamente—le dijo en un intento de ayudarlo.
Se preocupaba por lo que iría a continuar, había visto su reacción el día anterior.
Legolas frunció los labios, y entrecerró los ojos, señal del dolor.
—¿Qué te ha pasado exactamente? —preguntó Aragorn, se arrodilló a su lado, e intentó comenzar una charla.
El elfo a su lado le miró confundido, agitó lentamente la cabeza, pero se detuvo rápidamente, ya que incluso ese movimiento era demasiado.
Aragorn dedujo por su gesto, que no se acordaba.
—Peleaste hoy contra Orcos, resbalaste por las rocas, y probablemente te dislocaste el hombro en la caída —explicó él, mientras tomaba con precaución la mano derecha de Legolas.
Ante aquel ligero toque, el elfo gimió suavemente.
Aragorn había experimentado con otros hombres lo doloroso que iba a ser el procedimiento.
Agradeció el hecho de saber que es lo que debía hacer.
—¿Encontraste también el segundo? —preguntó Legolas apretando los dientes, señalando el cuchillo blanco en su carcaj, colgado en la espalda de Aragorn. (N/A: dios... no saben cuánto me costó traducir esta frase... y en realidad era tan fácil...¬¬)
Sin levantar la vista, le dijo:
—Sí, lo hice. Está allá delante, frente al abismo.
—¿Y mi arco?
Esta vez Aragorn tuvo que negar con la cabeza, decepcionado. El arco no lo había visto.
Se centró en lo que venía, y tomó con las dos manos el antebrazo del elfo.
Tuvo que doblar el codo, y posicionar correctamente la articulación, tirando y torciendo el brazo.
Legolas aspiró fuerte, y contuvo la respiración por el intenso dolor, causando una lágrimas en sus ojos.
—Haz lo posible por relajar los músculos, o no tendrá éxito, y probablemente no es necesario explicar los doloroso que resulta un intento fallido. —aclaró Aragorn en voz baja.
Con una expresión de dolor en el rostro, Legolas jadeó un corto "No"
—Sujetate con la otra mano. Lo vas a necesitar — dijo Aragorn con buena intención.
El elfo no reaccionó. Aragorn sabía, que tenía que ser rápido, o sólo significaría más dolor.
Con un movimiento específico que había hecho, Legolas gritó de dolor, y apretó involuntariamente el hombro de Aragorn, provocando otro grito ahogado.
Jadeando, temblando y sintiéndose pesado, se agarró a él con firmeza. El dolor debía ser horrendo, y Aragorn se sentía triste por tener que verlo así sin poder hacer nada.
Legolas se relajó un poco, y se inclinó aún más en el hombro del Dúnadans.
Todavía respiraba rápido, mantenía los ojos cerrados y Aragorn se percató que era más que sólo dolor físico, lo que permanecía en él.
Tenía el presentimiento que era la primera vez que recurría a una ayuda, y la necesitaba.
Quería darle la seguridad que necesitaba, y suavemente colocó su brazo alrededor de él, sintiendo el temblor de su cuerpo.
Por un pequeño momento sintió como Legolas se dejaba caer, al parecer no sólo físicamente, pero con certeza, Aragorn lo tuvo que atrapar.
Ese delicado toque de confianza de tener que trasladarlo le hizo ver cuando Legolas levantó la cabeza, que se veía por primera vez consciente del todo. (N/A: no es la traducción exacta, pero es que me costaba muchísimo traducirlo, y dejé esa frase así... espero que se entienda.)
La confianza dentro de sus ojos azules, aún brillantes por las lágrimas lo sorprendió.
Era como si el intenso dolor los hubiese despertado de una pesadilla, de la que iba a volver a entrar.
El momento fue breve, y Aragorn decidió enfrentarse a él más tarde en su situación. Primero, sin embargo, tenía que ayudarlo.
—Tu brazo tiene que quedarse quieto si o si. Para eso necesito las cosas que están en mi caballo, y por el camino encontré galmae, que te aliviará un poco el dolor. Funciona muy bien en este tipo de heridas.
Aragorn se dirigió hacia la cuesta de piedra, cogió el cuchillo, y se lo entregó junto con el carcaj de Legolas. Él sería capaz de defenderse en caso de emergencia con la mano izquierda.
—Vuelvo enseguida, voy a buscar mi caballo.
—Gracias — Dijo de pronto el elfo que estaba apoyado en la pared de piedra.
Aragorn miró nuevamente hacia atrás, antes de emprender nuevamente el camino.
Era consciente que podría haber encontrado el camino para que Legolas recapacitase e intentase volver a su antigua vida.
Sorprendentemente habían un par de raíces galmae, y su caballo aún estaba en el lugar donde lo hacia dejado, demostrando ser increíblemente paciente.
Aragorn lo acarició amorosamente y sus fosas nasales temblaron.
—Eres un buen caballo. Es hora de ponerte un nombre, y "Boron" suena excelente para ti, pues eres realmente fiel —le dijo suavemente, luego montó, y fue por el camino más corto, y por donde el sol de la tarde se introducía por medio de los troncos y las plantas, ofreciéndoles una cálida luz.
Aragorn se volvió hacia los pasos finales del claro y vio el caballo blanco de Legolas pastando junto a su jinete. Esto tuvo que haber sido una vez más una señal de sus hombres esperando en algún lugar cercano. Admiraba la cría de caballos élficos, que desarrollaban una relación muy íntima y profunda con sus jinetes. Antes tenía un magnífico animal de este tipo que podía llamar suyo. Legolas estaba detrás de el caballo y tenía el carcaj colgando por encima de su hombro izquierdo. Cuanto más se acercaba a él, más escéptico fue Aragorn. Desmontó y se quedó allí con una expresión de incredulidad en la cara delante de él, mientras que los dos caballos se saludaron amables.
—¿Quieres seguir?—preguntó con la sorpresa impregnada en la voz.
—Sí— dijo simplemente el elfo, aunque se notaba muy cansado.
—¿A dónde?
Legolas acarició el cuello de su caballo, sin pestañear.
—Adelante— dijo sin ninguna emoción
Aragorn se situó a su lado.
—Con "adelante" te referirás al sur, hacia tu hogar— dijo esperanzado.
Legolas se volvió hacia él, con la mirada llena de dudas, cosa que Aragorn aprovechó para seguir confrontándolo.
No podía dejarlo irse nuevamente y era decepcionante el ver que, a pesar de toda su ayuda, el seguía con la intención de alejarse.
Señalando los orcos tendidos en la hierba, le preguntó:
—¿Así que quieres seguir derrotando a todos los orcos? ¿Cuánto más piensas durar así?
No hubo ninguna reacción.
Aragorn siguió intentándolo.
—Y tengo la impresión de que te da lo mismo el que pierdas tu vida en esta encuesta—Tal vez con estas palabras lo haría entrar en razón. Tenía que intentar con todo.
—Los hombres también mueren ¿por qué piensas que con los elfos es imposible?
Aragorn no aceptaba aquella réplica, debería saber, que los humanos y los elfon no se pueden comparar.
—Los elfos tienen otro camino en la vida preescrito.
—¿Entonces no puedo decidir el mío?
Una huella de ira de veía en los rasgos de Legolas, y Aragorn consideró no seguir con la conversación, pues no obtenía resultado alguno. Tendría que buscar otra táctica.
—No es como si tu muerte significase una gran pérdida. Ni siquiera me percaté de ti en Imladris— dijo sin interés alguno. Esto, obviamente era una mentira total, ya que había escuchado mucho sobre el hijo del rey Thranduil, un magnífico luchador. También a su mujer, una bellísima elfa de los bosques, se la había encontrado en Imladris, y guardaba un buen recuerdo de aquel momento.
Ella estaba llena de gracia y su reluciente cabello oscuro envolvía su rostro energético.
Involuntariamente emergió el rostro de Arwen en su mente. Arwen... Anhelaba tanto su reencuentro... pero nunca se podrían ver nuevamente.
—Ellos me robaron todo...
Esas palabras inesperadas sacaron a Aragorn de sus propios pensamientos, y se dedicó a escuchar el silencioso monólogo de Legolas.
—Y... yo tengo la culpa.
Aragorn no había oído detalles de las circunstancias del trágico accidente, pero ahora estaba algo más claro. Se volvió hacia el rostro del elfo, y luego volvió a dirigir la vista hacia su caballo. Él, que había crecido en Imladris, sabía leer sus sentimientos mejor que cualquier otra persona, y la expresión de su cara era sencillamente inexpresiva.
Legolas, junto a la pérdida, se hizo cargo con toda la culpa y el remordimiento.
Lleno de compasión, Aragorn puso su mano en su brazo, y le dijo con simpatía:
—De eso he oído hablar, Legolas, y debe ser espantoso para ti. Me contaron también que tu no estabas con vida, porque llevabas mucho tiempo desaparecido ya.
El elfo no lo miró, solo dijo en voz baja:
—Es verdad... Hace tiempo que no estoy con vida.
Nunca se había topado con un elfo tan desesperado y resignado.
Siempre habían aceptado su destino y seguido. Cosas terribles debieron haberle sucedido como para que hubiese renunciado a sus ganas de vivir.
—A largo plazo, los orcos serán demasiado numerosos, incluso para un buen luchador como tú.—dijo señalando los orcos dispersos por la hierba—pero supongo que los estás siguiendo porque en parte, también quieres morir.—agregó sabiamente.
Legolas, tras esas palabras, tomó algo de distancia, pero se volvió inmediatamente, sin mediar palabra.
Aragorn se dió cuenta de la mirada que le lanzó, dándole a conocer que no estaba de acuerdo con su opinión, pero no podía cambiarla... quería llevarlo a un cierto punto... a abrir los ojos.
—¿Y has pensado en que pasará con la gente que te quiere? Ellos igual están tan de luto y llenos de añoranza ¿y tú sencillamente te vas sin decirles sobre tu paradero? ¿Por qué no regresas?
Sin darse cuenta, se dejó llevar por sus sentimientos reprimidos. Su conciencia culpable sobre su familia alcanzó niveles altamente dolorosos, y le impidieron pensar con claridad.
Vió demasiado tarde el dolor en los ojos de Legolas, más grande del que jamás hubiese visto.
Repentinamente él se dio la vuelta en el caballo e intentó bajarse, lo cual salió fallido con su hombro herido.
Aragorn lo detuvo.
—No puedes huir siempre, tienes que enfrentar las cosas. Así conseguirás libertad.
El elfo pasó lentamente la mirada de las manos de Aragorn a sus ojos.. Esta vez estaba en ellos las misma frialdad del primer día.
Ignorando su advertencia, Aragorn lo alejó del caballo. (N/A: Extrañamente, Legolas ya está abajo del caballo, aún cuando dice que "le salió fallido", ténganlo en consideración.)
—¡No lo entiendes! ¡Suéltame!— murmuró el elfo silenciosamente.
Aún así tiró más, Legolas aparentemente se dejó caer.
—¡Estel, suéltame!— con una sacudida brusca y probablemente dolorosa para él, se desprendió e intentó nuevamente subirse al caballo.
—No, no volveré a dejarte solo— desesperadamente trató de agarrarlo, pero el elfo era más rápido.
Amenazante dirigió su cuchillo hacia él.
Aragorn se quedó quieto, y en ese momento supo que no debería haber ido por delante.
—Legolas ¡por favor quédate , te voy a ayudar!— intentó nuevamente entablar conversación.
Su cuchillo aún permanecía sobre él.
—¡Quédate donde estás humano, y no te metas en mi vida. Podrías perder la tuya!— silbó el elfo.
Tras esas duras palabras, se giró y sin intentar subirse al caballo, se marchó en dirección opuesta a la que habían llegado.
Aragorn se quedó atrás, con una mezcla de miedo pena sobre lo ocurrido.
Entendía los argumentos de Legolas, pero no podía siempre escapar de ellos, y buscar consuelo en la protección de su familia.
Aspirando, se dijo que él había hecho lo mismo y se aferró a ese pensamiento. El invierno anterior se había dejado llevar por sus emociones rotas, y hacia dejado de lado a los que amaba, quienes aún lo necesitaban.
No pudo evitar ese momento, y en la actualidad no veía la forma de cambiarlo.
Montó en su caballo, se volvió hacia el pisoteado camino, y le quedó claro que es lo que tenía que hacer. No podía dejarlo solo. Se sentía demasiado apegado, su destino estaba cerca de él, porque había visto el sufrimiento en sus ojos, un sufrimiento que él conocía demasiado bien.
Aragorn montó de nuevo (N/A: ¿?) y siguió con el caballo las huellas de Legolas. Pronto estas se alejaron del camino, y lo condujeron a un pequeño claro.
Allí dejó a Boron, y se deslizó cuidadosamente por las densas filas de árboles.
Después de un rato vió al elfo en el pasto, entre dos altos árboles, con su caballo a su lado.
Evitó acercarse a él, porque habría huido, o lo habría atacado. En su lugar, quiso tomar un enfoque distinto esta vez. Cogió lentamente su arco y algunas flechas. Por primera vez en el día sentía la adentrada sensación de hambre, y estaba seguro de que Legolas igual la sentiría.
Esta vez un conejo no tuvo posibilidad para escapar, y Aragorn atizó el fuego para el próximo asado.
El lugar escogido ofrecía una buena vista por entre los árboles, unas especias crecían en los alrededores, y la pared de roca a su espalda le ofrecía protecció helechos crecían en el borde del espacio abierto. La pared del fondo era inclinada, y el lugar estaba seco, ideal para montar un campamento para pasar la noche. Boron fue embridado y liberado de la silla de montar cerca de él, y resopló con gusto dentro de la bolsa de comida.
Poco a poco la luz del día entre los árboles desapareció, dando paso a la oscuridad de la noche, con todos sus misterios, a los que Aragorn ya se había acostumbrado.
A través de los árboles aún se podía ver el azul turquesa noche del cielo, y en Occidente ya habían algunas nubes rojas brillantes reunidas, reflejando el último color del sol de la tarde.
Él estaba muy seguro en su causa, pero con el romper del alba se desvaneció el ingenio de su idea. Apático, cortó un trozo de asado ya terminado, y más tranquilo, notó que tenía un delicioso sabor gracias a las hierbas que crecían allí
Más y más la oscuridad se extendía alrededor de su pequeña hoguera, y el rítmico canto de los grillos aumentó su fatiga y cansancio.
En un árbol grueso junto a la pared de roca inclinada vagaron sus pensamientos, recordando involuntariamente e Arwen. El encuentro con Legolas y su destino habían despertado algo nuevo en él. ¿Qué estaba haciendo ella ahora?
El final de la primavera en Imladris era mágico, los árboles convertían el estrecho desfiladero en un mar de fragantes flores, y al lado de su lugar preferido, la nieve se derretía dejando pasoa mucha agua resplandeciente.
Numerosos pequeños arcoiris enmarcaban las cascadas individuales, reforzando la visión de este lugar mágico.
La cara de la hija de Elrond se desvaneció, su corazón estaba lleno de anhelo. ¿Cómo iba a olvidar? ¿Cómo iba a aprender a vivir con ello?
Desesperado, miró hacía el cielo nocturno, y sintió nuevamente la desesperanza y el frío que se habían apoderado de su corazón desde que se había marchado de su lado. Cabalgaba muy solo en el desierto, con sus días marcados por la amargura, como hacia predicho en aquel entonces.
Antes que pudiera disfrutar de esos sombríos pensamientos, oyó un susurro apenas audible, y miró a su alrededor.
Legolas estaba delante de él, y sus ojos expresaban más de lo que las palabras nunca han podido. En sus ojos hacia un silenciosos grito pidiendo ayuda, un grito que provenía desde las profundidades de su alma.
Explicación:
galmae: la hierba consuelda (traducción propia de la autora)
Bruinen: nombre élfico del río que fluye a través de Rivendell
Gracias a todas las que comentan :D me hacen muy feliz. (Y a Elbendrache también)
¡Besos!
