Gracias, gracias por sus comentarios. Un nuevo capitulo, Feliz Navidad para todos. :) espero que la hayan pasado bien en compañía de sus familiares más cercanos. Les cuento que aquí está lista la actualización justo una semana después que el capitulo que ya había publicado antes. Prometo que sabrán más de Florence, porque lo que le viene es grande. Las decisiones que tomen los personajes hoy pueden verse reflejadas mucho después. Espero que este capítulo sea de su agrado.

Capitulo 4: Incidentes de primer año.

Aquella noche era fría, de luna llena. Muy lejos de Hogwarts, una mujer tomaba un trago en una habitación oscura de un motel barato.

- Falta poco para que mueras entre mis manos. Zorra desquiciada. – Dijo Bellatrix Lestrange sentada en el piso mirando su varita con gran recelo. Al instante la puerta se abrió y apareció Manley Malfoy, era alto, de rubia cabellera y de ojos grises. Guardaba gran similitud con su padre Draco que había muerto años atrás y con su abuelo Lucius.

- Veo que tienes noticias para mí. – Dijo Malfoy.

- En el callejón Spinner, vive una familia muggle con un hijo adoptado. Creo que es tu adorable hermano, aunque un poco más desnutrido. – Dijo Bellatrix. – Casualmente es la misma calle donde viven los hijos de la asesina de tu abuelo Lucius.

- Los Snape. – Dijo Malfoy.

- Me gustaría asesinar a las pequeñas liendres que tiene por hijos. Pero por ahora… No creo que sea prudente despertar al dragón. – Dijo Bellatrix. – Florence es un poco peligrosa cuando se irrita.

- Creo que se te olvida que regularmente me acuesto con su hija. – Dijo Malfoy sonriendo. – Es una chiquilla exquisita. Te prohíbo que toques a Eileen, asesina a su madre si gustas. No la toques a ella.

- Debilidad carnal. – Bellatrix sonreía. – Pobre niño enamorado.

- Tengo otros planes para Eileen, en su momento los sabrás Bella. – Dijo Malfoy justo cuando alguien tocó la puerta de la habitación. Malfoy abrió y una chica entró de túnica rosada entró. Sin decir ni una palabra se desvistió y se acostó en la cama, con señas llamó a Manley.

- Querida Tia, Roxana y yo tenemos asuntos que solventar. – Dijo Manley sonriendo. – Quizás quieras quedarte, pero solo te advierto que el horario infantil se acaba ahora.

Manley se abalanzó sobre la chica besándola y desvistiéndose también. Bellatrix observó la escena con asco. Recordaba aquellos viejos tiempos en los que ella misma había tenido encuentros de aquel tipo con su cuñado Lucius.

- Eres tan apestoso como tu querido abuelo. – Dijo Bellatrix terminando su bebida y abandonando la habitación.

Mientras tanto en Hogwarts se proyectaba un año un tanto complicado para los hermanos Potter. Pareciese que hubiese comenzado a los golpes. Y en un tiempo ya tenían miles de tareas encima, Rowen y Ted se la pasaban la mayor parte del tiempo juntos mientras que Harriet se las tuvo que arreglar sola en Slytherin, aunque poco a poco se hizo amiga de Cassandra y de Hilary. A veces los tres se reunían en la biblioteca a realizar sus deberes, y terminaban pensando una forma graciosa de escapar del colegio.

- Tenemos clases, llegaremos tarde a "Vuelo de Escoba". – Dijo Rowen. – Luego terminaremos ese aburrido ensayo sobre la historia de la magia.

- quiero imaginar que lleguemos a "Vuelo de escoba"… - Dijo Harriet lamentándose. – Todos esperando que los hermanos Potter agarren la Snitch. No soy buena para la escoba y lo se…

- ¿Qué dicen de mi? Soy el hijo de Weasley el Rey. – Dijo Ted. – Nunca he montado una escoba en toda mi vida.

- Vuelo de escoba con Slytherin… un placer irresistible. – Dijo Rowen observando el horario. – Al menos estás tu hermanita.

Los chicos fueron hacia el campo de Quidditch, allí encontraron a un hombre mayor de cabello negro y cejas espesas. De mirada hosca y piel cetrina.

- Allí está el Profesor Krum. – Dijo Ted. – Mamá lo conoce… Víctor Krum, ex jugador de Quidditch de Bulgaria.

- y luego terminar como profesor de crios insoportables… ¡vaya! Que le debió haber ido mal en su vida. – Dijo Rowen riéndose con Ted. Mientras los demás se acercaban.

- Bienvenidos alumnos. – Dijo Krum – Soy su profesor Víctor Krum, les pido que por favor mantengan la calma. Se que la primera vez no es tan fácil, algunos tienen el don. Este año les enseñaré como defenderse en vuelo de escoba. Mirren como se hace. ¿Todos Listos? Bien. ¿Cómo montarr la escoba? Sujeten bien el mango…

- Tengo miedo. – Dijo Ted casi llorando. – No me gustan las alturas. No me gustan las escobas… reapruébenme. ¡No lo haré!

- No seas ridículo. – Dijo Harriet sujetando sus gafas.

- ¿Cúal es tu nombrre? – Preguntó Krum mirando al chico con extrañeza.

- Ted Weasley. – Dijo Ted sujetando la escoba del colegio con miedo.

- Theodore Weasley… - Murmuró Krum. - ¿Eres hijo de Hermione? Vaya que si… tienes sus mismos ojos cafés. Claro, y la misma nariz puntiaguda de tu padre, Ron Weasley… Theodore Weasley. Aprenderás a montar la escoba.

- No puedo. – Dijo Ted inseguro.

- ¿Acaso tienes miedo? – Preguntó Krum desafiándolo.

- Si, y mucho… - Todos los alumnos rieron ante aquel comentario, Maynard lo miró con crueldad alzando una de sus cejas. Hasta que Krum se acercó a Theodore, lo sujetó por un hombro y lo posicionó en la escoba

- No quiero miedosos en mi clase. Vas a volar… o vas volar. Arranca. – Dijo Krum en su oído.

- No puedo. – Ted despegó del suelo y estaba tan asustado que se abrazó al mango de la escoba cerrando los ojos. Todos los alumnos estallaron en risas, mientras Ted suplicaba ayuda.

- Puedes hacerlo Theodore. Demuestra ser tan valiente como tu madre Hermione… - Dijo Krum sonriendo.

- O tan cobarde como tu padre cuando ve las arañas. – Dijo Rowen riéndose de la gracia ante la mirada desaprobatoria de Harriet quien parecía estar nerviosa. Ted abrió los ojos al sentir la brisa en su cara y observó a 10 metros hacia abajo. Estaba en al aire y su estomago estaba vacío, un vértigo extraño y una nueva sensación lo invadió. No escuchaba consejos y no visualizaba a sus compañeros riéndose. Por primera vez se sintió seguro, confiado y dirigió la escoba, su vuelo fue sensacional.

- Se ha transformado. Es un maestro. – Dijo Harriet.

- Luego seguirás tú, Potter. – Dijo Maynard susurrándole por debajo a Harriet. - ¿no? A robar el show con tu hermano.

- ¿No puedes ser más amable? – Dijo Harriet. - ¿Debes ser siempre tan antipático?

- Me aprendí tu nombre, eso es mucho para mí. No le pidas peras al manzano. – Dijo Maynard sonriéndole de una manera maliciosa.

- No estoy pidiendo nada. Debo sentirme halagada, con comentarios salidos del mismo ártico. – Dijo Harriet. - ¿Podrías olvidar que existo? Gracias

- ¿Sabes algo Potter? – Dijo Maynard acercándose peligrosamente. – Me dijeron que el ártico se derretirá para dentro de dos décadas, quizás si exista ese llamado calentamiento global. No debo ser tan frío como tú dices entonces.

- ¿Te burlas de mi? – Dijo Harriet.

- No más palabras. A volarr. – Dijo Krum y todos despegaron de sus escobas, uno con más facilidad que otros, pero al final todos lograron volar decentemente sobre el campo.

Harriet se socializó mas con sus compañeras de Slytherin, Hilary se convirtió en su mejor amiga luego de haberle prestado la tarea de historia a cambio de un ensayo para astronomía sobre la importancia de la Vía Láctea. Cassandra era otra de las chicas con las cuales tenía cercanía y podía contar para cualquier cosa. Harriet estudiaba y se esforzaba lo más que podía en sus estudios, aunque su peor pesadilla era pociones, por eso debía pedir ayuda.

- ¡Harriet aquí! – Dijo una chica llamada Ally Buffielle de Ravenclaw en la biblioteca. Harriet llegó con su morral y se sentó.

- Hola, disculpa el retraso. Tuve inconvenientes en encantamientos. – Dijo Harriet.

- No te preocupes. – Dijo Ally sonriendo, llevaba cabello marrón liso, con ojos negros, era bonita aquella niña. Era la mejor amiga de Martha Macinsale - ¿Qué se te ofrece querida Harriet?

- Necesito ayuda. Mi hermano dice que sabes bastante de pociones que llevas una excelente calificación.

- ¡Oh si! – Dijo Ally sonriendo. – Te voy a decir mi secreto ahora…

- Bien, necesito hacer unas pociones complicadas. – Dijo Harriet. Mientras Ally miraba el reloj.

- Bien, justo a tiempo… mi mayor secreto de porque soy exitosa en pociones ha llegado. Hola Maynard, siéntate – Dijo Ally alegre. Harriet volteó y vio a Maynard llegando con una sonrisa, al verla quedó serio.

- ¿Qué hace ella aquí? – Dijo Maynard.

- Necesita ayuda en pociones, y pensaba ayudarla. – Dijo Ally.

- La hija de Potter. - Se lamentó Maynard por lo bajo.

- Disculpen, ¿de quien es ese libro de "Pociones del siglo XXI"? – Una chica gordita de mirada graciosa se había acercado a la mesa.

- ¡Insolente! ¿No has aprendido normas de educación? Interrumpiendo nuestra conversación, que seguro es más importante que tratar a alguien como tú. – Dijo Maynard mirando a la chica despectivamente.

- No la trates así Maynard, ella es Ryannette. – Dijo Ally sonriéndole. – Hola Ryan.

- Perdón la molestia. Si quieren me voy. – Dijo Ryannette.

- Termina de largarte de una vez. – Dijo Maynard volteándole la cara e ignorando a Ryannette

- Pero…No me han respondido ¿De quien es ese libro? – Preguntó Ryann con las mejillas coloradas

- Aparte de maleducada ¿eres ciega? ¿Que no ves mi nombre escrito en él?, ese libro es mío. No te lo pienso prestar porque… - Dijo Maynard pero Ally alcanzó el libro y se lo dio a Ryann

- Harriet Potter, un placer. – Dijo Harriet presentándose ante Ryannette.

- Ally ¿Por qué hiciste eso? ¡Es mi libro! – Dijo Maynard enojado.

- Hola Harriet, soy Ryannette Catterpole, pero me puedes decir Ryan. Necesito el libro un segundo, ya regreso. – Ryann se fue rápidamente con una sonrisa nerviosa.

- Lo hice, porque Ryann es mi amiga Maynard. – Dijo Ally.

- Pensé que eras amiga de Martha. – Dijo Maynard sin mirarla dándose importancia.

- Si, pero tengo más amigas que Martha. Ryannette es una de ellas. – Dijo Ally. – Al igual que Harriet también es mi amiga.

- Solo tratas a Potter porque es la nieta del ministro. ¡Interesada! – Dijo Maynard a Ally.

- Ally, ¿podrías venir un momento acá? – Dijo Ryann haciendo señas detrás.

- ¡Claro! Ya regreso. No te devores a Harriet, ella no te ha hecho nada. – Dijo Ally levantándose.

- ¿Cuál es tu problema con las pociones? – Dijo Maynard mirando a Harriet quien estaba aun inmóvil.

- ¡Mejor me voy! No me quieres ayudar – Dijo Harriet algo enojada por lo odioso y pedante que era el joven Gryffindor.

- No te vas… ya estás aquí. – Dijo Maynard exasperado.

- Bien, no entiendo alguna de las recetas y la diferenciación de los ingredientes. – Dijo Harriet. – No tengo referencia para preparar una poción curadora.

- Para pociones, necesitas concentración y disposición. Para mi es un talento heredado, observa y aprende. – Dijo Maynard mirando a Harriet de arriba abajo con grandeza.

- Si no es mucha molestia. – Dijo Harriet sarcástica. Maynard sacó un pergamino y comenzó a hacer unas cuantas anotaciones, luego pasó una serie de anotaciones a Harriet, era sobre como preparar la poción y Harriet comenzó a leerla. Maynard se le quedó viendo, la detallaba poco a poco y observaba como anotaba ella misma en el pergamino. Aquella niña insoportable de 11 años para él, Con pecas poco uniformes y ojos verdes de escarabajo bajo esas gafas.

- Bien, pero ¿como sabré que tiempo dejar para ingrediente? – Volteo Harriet a mirar a Maynard.

- ¿Disculpa? Ah si… bueno, dependiendo de la consistencia. En mi libro hay una tabla de valores para los tiempos y consistencia, que indican cuando agregar, remover y mezclar. Debes observar bien. – Dijo Maynard mirándola con indiferencia. – Lo importante es tu disposición y la varita.

- ¿Siempre eres así? – Dijo Harriet.

- ¿así? ¿Así de que manera? – Preguntó Maynard desconcertado. - ¿así de envidiable y sabio?

- Así con aires de grandeza inflada. – Soltó Harriet y se tapó la boca. – Perdón, no lo quise decir así.

- Si, siempre Potter, siempre soy así. Por eso la gente me quiere así. – Maynard le sonrió grotescamente.

- Bueno, eso es todo. Gracias, buscaré la tabla y terminaré la tarea. – Dijo Harriet recogiendo sus cosas rápidamente.

- ¿Te vas tan rápido? – Dijo Maynard en una postura desenfadada.

- Solo venía a buscar ayuda en pociones con Ally. – Dijo Harriet. – Mándale saludos de mi parte. Voy apurada

- Bien pelirroja. – Maynard la miró aburridamente. Harriet quería evitar el mayor contacto con el chico Snape.

Harriet no sabía porque aquel chico la hacía sentir tan incomoda, su cabello grasoso que tapaba sus ojos la espantaba, su arrogancia igual a la del padre. Pero sospechaba que detrás de esa apariencia inquebrantable se ocultaba un chico indefenso. ¿Pero que le importaba a ella encontrar a ese ser vulnerable dentro de Snape? Era un entrometido y punto, es un engreído y la había llamado sangre sucia.

A pesar de eso, Maynard estaba empeñado en conseguirla y sacarla de sus casillas, parece que Harriet era su objeto de diversión. Una tarde en vuelo de escoba:

- ¿Porqué el profesor Krum no ha llegado aun? – Preguntó Rowen.

- Quizás se sentía indispuesto. – Dijo Ted lógicamente.

- Capaz está estreñido desde la semana pasada y está colocándose un enema para sentirse mejor. – Dijo Maynard al mismo tiempo que todos soltaron una carcajada.

- Pobre Profesor Krum. – Dijo la pequeña Nicole que estudiaba en Gryffindor. Sean y Charlie comenzaron a burlarse del acento búlgaro del Profesor.

- No se te podía ocurrir algo más desagradable. – Dijo Harriet sin evitar reírse con un sentimiento de culpa. Pero el Profesor llegó al poco rato y estaba explicando los pasos lógicos para poder virar violentamente en la escoba. Pero Maynard cometió el error de decir un comentario.

- ¿No le dolerá montarse en la escoba? – Maynard trataba de aguantarse la risa por haber dicho aquello y Harriet no se contuvo porque lanzó una carcajada. Todos voltearon y Maynard no se pudo controlar, tenía que taparse la boca. Krum se molestó por la distracción y le quito puntos.

- ¿Cómo te atreves hacernos perder puntos Snape? Tu y tus comentarios estúpidos. – Dijo Rowen molesto, pero Ted no pudo evitar sonreír al ver a Krum emprendiendo vuelo.

Una tarde Harriet realizaba una de sus tareas en la biblioteca con Hilary y Cassandra, cuando sintió que alguien la vigilaba. Alzó su mirada y observó una pila de libros que se movía en la estantería, siguió con la vista fija en su pergamino ignorando el sonido y otra vez escuchó un sonido, esta vez un golpe seco de un libro en el piso.

- Valdemarr - Gritó La Señorita Gellerian la bibliotecaria. - ¡Más cuidado con los libros!

- Lo siento Señorita. - Dijo un joven saliendo de la pila de Libros, algo nervioso recogiendo los libros y poniéndolos en su lugar.

- ¡Qué tonto! - Dijo Hilary riéndose y volviendo al pergamino y Cassandra no se percató del incidente.

El joven Valdemarr caminaba con 10 libros encima, algo tembloroso. Harriet ya lo había observado antes, era el buscador de Slytherin pero poco afortunado con los estudios. Un poco despistado y dos años mayor que ella, caminaba con el peso de los libros en sus manos cuando tropezó frente a la mesa de las chicas.

- ¡Hey! Cuidado te caes Valdemarr. - Chilló Hilary riéndose con Cassandra. Harriet lo miró con asombro y el joven se río nerviosamente, mientras ordenaba los libros en la mesa frente a ellas.

- ¡Valdemarr! Otra más de las tuyas y te botaré de la Biblioteca para siempre. - Dijo la Señorota Gellerian con su cara contorsionada en una mueca fea de enojo.

- Lo siento, perdí el equilibrio. - Dijo el chico sentándose rápido y organizando los libros.

- ¡Que torpe eres! - Dijo Hilary. - Espero que no hagas algo así mientras montes la escoba.

- No... realmente lo dudo. - Dijo el chico sonriendo y volviendo a sus libros.

- ¿Eres el buscador de Slytherin? - Harriet miró asombrada y por primera vez cruzó su mirada con el joven, quien tenía ojos amarillentos y cabello marrón alborotado, de cara larga.

- Si, soy nuevo en esto. - Dijo Valdemarr.

- Tienes un nombre extraño... - Dijo Harriet

- No, ese es mi apellido. Mi nombre de pila de Christian. - Dijo el joven presentándose.

- Harriet la Row Potter. - Dijo Harriet estrechando la mano.

- Que nombre extraño tienes tú. – Dijo Valdermarr sonriéndole dulcemente.

El tiempo pasaba hasta llegar las vacaciones de Navidad. Harriet evitaba encontrarse con Maynard a cualquier precio. Los hermanos Potter y Ted estaban listos para viajar a la madriguera para el encuentro navideño de la familia. Antes iban a ir a sus casas, viajando en tren. Al llegar a casa los chicos observaron a su padre dormido en el sofá con el pequeño Greg en sus brazos.

- ¡Papá! Estamos aquí! – Gritó Rowen despertando a Greg y a su padre de un susto.

- Rowen… te he dicho mil veces que no armes tanto escándalo. – Dijo Harry frotando sus ojos y poniéndose sus gafas. – Me quedé dormido, he tenido algo de trabajo. Pero me alegra verlos de nuevo en casa.

- Pensé que la temporada de Quidditch empezaba en tres meses. – Dijo Harriet. – Además prometiste pasar las Navidades con nosotros y…

- No es de la liga de Quidditch, es sobre… La Orden del Fénix. – Dijo Harry observando a todas partes. – Vayan arriba a cambiarse. Su madre debe estar por llegar. Ted, avísale a Ron por red flu que estás aquí.

- De inmediato. – Dijo Ted corriendo a la chimenea. Harriet se sintió en casa, corrió emocionada por las escaleras y subió directo al ático de la casa. En el ático, había un viejo piano polvoriento que Ginny había conseguido en una venta de antigüedades y a Harriet le gustaba mucho tocar mientras su hermano la veía, o quizás su madre le cantase alguna canción.

En la sala Harry estaba con Greg su pequeño hijo. Mientras se dormía entre sus brazos Harry escuchó la chimenea crepitar. La cabeza de una pelirroja se asomó en las llamas.

- ¡Harry! – Era Ginny con tono de preocupación. Su rostro estaba algo cansado. Harry escuchó a su esposa y se hizo presente de inmediato en la chimenea.

- Ginny cariño… no te oyes muy animada. – Dijo Harry mientras Greg se despertaba de nuevo.

- Lo se, tendré que quedarme un par de horas más. Tengo algo de trabajo extra. No mejora mucho… - Dijo Ginny.

- Oh si, es demasiado extraño. – Dijo Harry. – Cariño, no te preocupes. Yo iré para allá con los niños, te llevaremos la cena y te esperaremos. ¿Te sientes bien?

- Todo bajo control. Algunos mareos y nauseas, pero nada grave. – Dijo Ginny sonriéndole a su esposo.

- Bien. Entonces nos vemos allá. – Dijo Harry mientras el pequeño Greg se acercaba y se abrazaba a su pierna. – ¡Vamos Greg! Iremos a ver a mamá en San Mungo.

Ginny Weasley era una de las curadoras preferidas de San Mungo, realmente disfrutaba ayudar a los demás sentirse mejor. Conocía la receta indicada, la poción curadora y tenía paciencia. Le gustaba su trabajo incluso estando embarazada… aunque siempre tenía tiempo para compartir con Harry y los chicos.

En la mesa de la sala de estar había una foto de Harry y Ginny en la playa, Ginny lucía muy orgullosa entre sus brazos a un par de bebés pelirrojos, de notables diferencias a pesar de haber nacido el mismo día. Aquella casa era acogedora, entre los hechizos, artefactos, juguetes y escobas mágicas. Harriet siempre se sentía cómoda y segura al llegar a casa, era su hogar. Entre las melodías del viejo piano todo era mágico.

- Tu hermana está haciendo magia con ese piano. – Dijo Harry sonriéndole a Greg quien se abrazaba a su padre sonriendo. Harriet tocaba el viejo Piano desde al ático armonizando y a la vez calmando el ambiente en toda la casa.

- "Hagiet". – Balbuceó Greg y comenzó a reírse.

- Vamos, se nos hace tarde. – Dijo Harry.

Harry subió al coche mágico que hace pocos meses había comprado. Era esencial si quería trasladarse con los chicos de un lado hacía otro. Los chicos iban cantando alegremente, Harriet venía un poco pensativa.

- Tengo un elefante rosa que hace pom pom – Cantaba Ted.

- Tengo un elefante verde que hace pim pim. – Siguió Rowen

- Tengo un primo y un hermano que son idiotas… - Dijo Harriet interrumpiendo.

- "pim pim" – Repetia Greg riendo y balbuceando en los brazos de Harriet. Iban a medio camino de la casa de los Weasley.

- Ya llegaremos a Casa de Ron y Hermione. Deben estar emocionados por verte Ted.

- Estoy ansioso por mostrarle a mamá mis progresos en Transformaciones y encantamientos. – Dijo Ted brillando de orgullo.

-Recuerda que no puedes hacer magia. – Dijo Harry - ¡Pero Me alegran tus avances Ted! ¿Y ustedes chicos?

- Yo llevo pociones aprobada... aunque no sabré si la apruebo al final de año. - Dijo Rowen. - De resto voy bien. Clases de vuelvo es una de mis favoritas.

- Creo que todo va bien. - Dijo Harriet.

- Me alegra, seguro es difícil con Snape haciéndoles la vida imposible. - Dijo Harry.

- ¡Papá! Harriet se hizo amiga de Snape... los he visto juntos haciendo la tarea de pociones, ¡yuck! Está traicionando nuestro nombre. - Dijo Rowen.

- No seas tonto Rowen. ¿Es cierto eso Harriet?

- No, le he pedido ayuda de pociones, nada más eso. - Dijo Harriet.

- ¡No mientas! Ted y yo te vimos riendo con él en clase de vuelo. Slytherin y Gryffindor perdieron puntos por ello. - Dijo Rowen. - A Harriet le gusta Maynard.

- ¡No es cierto! – Dijo Harriet molesta repentinamente. – Estábamos riéndonos de… algo cómico que sucedió.

- ¡Le gusta Snape! ¡Le gusta Snape! – Coreaban Ted y Rowen.

- Chicos no digan eso. ¡Es molesto! - Dijo Harry, pero Harriet contenía las lágrimas. - ¿Que ocurre princesa?

- ¡Papá! ¡Dile a Rowen que me deje de molestar!

- ¡Es cierto! Maynard y Harriet sentados bajo un árbol - Cantaba Rowen mientras el pequeño Greg se reía con Ted.

- Cállate Rowen. No me gusta Snape. – Pero Rowen continuaba riéndose con Ted, y Harriet solo se sumergía en sus pensamientos, recordando las melodías del piano y llenándose de vergüenza. Tenía suficiente con haber quedado en Slytherin, mientras que su familia había estado en Gryffindor. Su abuelo James, que había sido del equipo de Quidditch, su padre que había derrotado a Lord Voldemort hace muchos años atrás. La familia de su Madre habían estado en Gryffindor desde siempre, los numerosos Weasley. De repente se sentía fuera de lugar, había quedado en Slytherin.

- Harriet, ¿Estás bien princesa? – Preguntó Harry.

- ¿No te sientes molesto que trate con Snape y que sea de Slytherin? Toda nuestra familia perteneció a Gryffindor y… - Preguntó Harriet.

- No princesa. ¿Qué importa que estés en Slytherin? Verás, no veo nada de malo en ello. Además debes saber que tienes todo a tu alcance para lograr quien quieres ser. Estar en una casa u otra, no te hace diferente. Eres una buena chica y lo sabes. No me importa si eres amiga de Snape o de su familia. Es agradable llevarse con todos, algo que nunca logré hacer con ellos.

- ¿No te molesta que yo sea una Slytherin? – Preguntó Harriet.

- Claro que no. – Dijo Harry con una sonrisa que inmediatamente calmó las angustias de la pequeña Harriet. – Para tener 11 años, te preocupas demasiado.

FIN DEL CAPITULO

Lia Du Black: Pues a veces las cosas no son tan sencillas. Eileen es una chica bastante testura y le va a tocar llevarse muchos golpes para aprender la lección. Harriet es muy diferente a lo que la gente espera de ella, no quiere seguir el camino de ser "la hija de papá", desea más libertad. Y con respecto a Snape, pobre también… con la mujer lejos y semejante par de críos a su cuidado. Saludos y un beso.

Malu Snape Rickman: Que te puedo decir Querida Malu. Esta vez todo fue al revés, pero ya veremos. Las cosas será un poquito diferentes, al parecer estos chicos ven todo un poquito más complicados. Ya veremos si hay amor a primera vista o a segunda o tercera. El camino los llevará.

Virginia W. de Malfoy: Snape se está reservando sus emociones, de verdad que no está muy contento con la decisión del sombrero. Pero por otro lado la madre del pobre niño está muy orgullosa donde quiera que esté :P Como dije antes ya Florence vendrá y nos traerá muchas sorpresas. Ella sabe calmar a Snape, después de tantos años algunas cosas siguen igual. Jiji. Un abrazo.

Fio: Yo también me he vuelto a obsesionar con Potter. Te creo, no habrá otro como la primera entrega de "Ojos de Dragón", simplemente porque ese fue el inicio de todo. En esta nueva historia también conoceremos más sobre Florence. Ya verás. Un saludo y un beso.