Hola nuevamente~

Vengo aquí con el cuarto capítulo de... em... bueno... esto xD

Quizá haya una parte algo cursi, pero no pude evitar escribirla -w-

Enjoy~


Capítulo 4: La promesa del Rey.

"La petición le pareció de lo más excitante y divertida, infundir dolor, tristeza y desesperación no podía regocijarle más. Gustoso, sujetó el mentón de la Princesa y se acercó a su rostro enseñando una tétrica sonrisa.

-Trato hecho-…"

Tras pronunciar esas palabras se separó de ella y caminó hasta la puerta principal, ordenó llevarse a la Princesa al calabozo, mas ella se negó rotundamente.

-Tenemos un trato, y hasta que no hayas cumplido con tu parte, yo no cumpliré con la mía-

Dicho esto salió de la habitación con calma, sin enseñar siquiera una pizca de temor. Se abrieron las grandes puertas y se retiró del lugar, dirigiéndose a su propio Reino. Debía de buscar quien pudiera reemplazarla como Gobernante, por suerte ya tenía a alguien en mente para cumplir con ese trabajo.

Tardó bastante en salir de los dominios del Rey con quien anteriormente había pactado, mas el camino a sus dominios no fue tan largo, cada persona que la veía se ofrecía a ayudarla, ¿y cómo no hacerlo?, era la Princesa después de todo. Tras agradecer cordialmente y despedirse de la última persona que ayudó en su traslado, dejándola frente a las puertas de su palacio, éstas se abrieron y como era costumbre, su llegada fue anunciada.

*Sonido de tambores*

-La Princesa Miku ha vuelto a casa-

Seguido de una reverencia por parte de todos los presentes, los súbditos que anteriormente fueron ordenados a dejarla a mitad de camino se sintieron aliviados al ver que había regresado a salvo, arrepentidos se presentaron ante ella para pedir disculpas.

-No tienen de que disculparse, fue una orden mía, así que sólo olvídenlo-

Ellos, aliviados y encantados con la amabilidad de Su Princesa, la reverenciaron nuevamente y se dispusieron a irse, siendo detenidos de inmediato por ella.

-Tengo un favor que pedirles, por favor, traigan frente a mí a Lord Gakupo-

Ellos asintieron levemente y partieron en busca del mencionado, mientras que ella se sentaba a descansar en su bello trono. Una de sus sirvientes le trajo comida en una bandeja, dejándola sobre una mesa a su lado para que ella con facilidad pudiera alcanzarla. Mientras disfrutaba de la dulce y jugosa uva que le fue traída, la persona que había solicitado se hizo presente frente a ella, arrodillándose frente a ella tal cual un Príncipe haría, mostrando su respeto.

-¿Deseaba verme?, Princesa-

Era un joven de cabellos largos color violeta, vestido de forma muy elegante y cuya voz significaba gran autoridad, mas siempre mostrando su obediencia ante la presencia de ella.

-Eso es correcto, hay algo que necesito decirte. Ponte de pié-

Él obedeció de inmediato, fijando su vista en la persona que lo había llamado. Ella mantenía su semblante serio, como si nada importante hubiera ocurrido o estaba por ocurrir.

-La hora de mi partida ha llegado y necesito de alguien que se encargue del Reino a partir de hoy-

Todos los presentes no podían creer las palabras que acaban oír, salidas de la mismísima boca de la Princesa. Pero por sobretodo, fue él quien estaba mayormente alterado por esa frase.

-¿Qué quiere decir? ¿Acaso algo ha pasado?-

La preocupación se notaba en el tono de su voz, su rostro mantenía un leve aire de miedo mezclado con confusión.

-Todo lo que debes saber es que ya no me queda mucho tiempo, y por esta razón que he decidido nombrarte el nuevo Rey-

Inmediatamente, y antes de que él pudiera objetar aquella decisión, dos sirvientas entraron, una llevaba consigo el timbre real junto a una pluma, mientras que la otra traía un pergamino típicamente usado para órdenes de la Princesa de suma importancia e impacto en el Reino. Las mujeres se acomodaron una a cada lado de su Majestad, dando inicio a la lectura del documento.

-Estas palabras fueron dictadas por la Princesa en orden de la asignación de un Rey substituto en caso de que ella no pudiera seguir con su labor Real-

Fue aclarado por quien portaba el pergamino, el cual fue abierto a continuación y las palabras escritas en él se dieron a conocer.

-Yo, la Princesa Miku, Gobernante del Reino de Luz, decreto a este documento como válido para designar a un nuevo Rey en caso de que yo no pueda continuar ejerciendo mis labores actuales. Siguiendo con el reglamento establecido por el primer Rey y manteniendo presente el futuro y bienestar del Reino, he decido nombrar a Lord Gakupo como el nuevo Rey de Luz-

En cuanto se terminó de dar lectura al documento, la otra sirvienta hizo entrega de la pluma a la Princesa, quien firmó con su nombre en la parte baja del pergamino. Luego, para demostrar que era ella quien autorizaba esa orden, se timbró el manuscrito cerrado con el sello real.

-Princesa… No puedo aceptar esto… ¡Yo declino el título de Rey!-

Era de esperarse una reacción como la que tuvo el recién nombrado Rey, es por esto mismo que ella lo había escogido a él como su sucesor. Se levantó de su asiento y caminó lentamente hasta donde él se encontraba de pié, mirándola fijamente.

-Sabes muy bien que lo inevitable es inevitable, y me conoces lo suficiente como para saber que yo no estaría haciendo esto si no fuera estrictamente necesario. Estamos hablando del futuro de todo un Reino, y he puesto toda mi confianza en ti, se que puede cumplir con esta labor que te encomendado-

Palabras que le clavaron una daga en el corazón, él amaba a la Princesa, siempre lo había hecho, y jamás sería capaz de defraudarla. Pero no sólo a ella, todo el pueblo era prácticamente como su familia.

-Lo… Lo haré… Si eso es lo que usted desea, cumpliré sus órdenes hasta el final-

Ella sonrió dulcemente y atravesó la habitación hasta cruza la puerta por la que poco antes había entrado. Los ahora sirvientes del Rey Gakupo esperaron a que éste se sentara en el trono para poner una hermosa corona sobre su cabeza, a la sala entró el vocero, quien tras enterarse de la noticia preparó los arreglos para anunciar lo ocurrido a todo el Reino.

Mientras tanto, la ex Princesa caminaba fuera del Reino, encontrándose con el Rey Zeito, algo que la dejó un poco desconcertada, ¿no se suponía que él debería estar cumpliendo con su parte del trato?

-Con que para esto es lo que regresaste, nombrar un nuevo Rey-

Sus palabras eran de burla, algo que le enfadó levemente, mas no dejó notar. Él la invitó a subir a su carruaje, ella aceptó y junto emprendieron viaje al Reino de Hielo.

-Quiero que seas testigo del doloroso final de tu querido Rey-

Tras unos minutos arribaron al Reino del susodicho, entrando en el palacio sin permiso alguno y encontrando al Rey junto a su pareja y sus súbditos, provocando un sobresalto en todos los presentes.

-Tiempo sin verte hermano, recibí la noticia de que ya has encontrado pareja-

Rió un poco por lo bajo tras pronunciar esas palabras, fijando su vista en el pequeño niño rubio que estaba al lado del Rey, éste se asustó con la fría mirada que se había posado sobre él, apegándose aún más al mayor. Él entendió un poco la situación en la que se encontraban al ver la conocida figura de la Princesa Miku junto a su hermano.

-Tienes razón, ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste de casa. Pero dime, ¿qué te trae por aquí?-

Hablaba escondiendo a la perfección su gran inquietud, algo malo pasaría, de eso estaba seguro. Se soltó suavemente del agarre del más pequeño, haciendo que retrocediera mientras él daba unos pasos al frente.

-"Quid pro quo", hermano. Es por eso que estoy aquí, hay algo que deseo, pero no lo conseguiré gratis-

Cabe mencionar que Zeito adoraba hablar en latín, todos sus hechizos estaban escritos en esa lengua antigua, perdida con el paso del tiempo.

-Temo no saber a qué te refieres, y si no tienes nada que hablar conmigo, tendré pedirte que te vayas-

El Rey oscuro no podía dejar de sonreír de manera tétrica, el saber lo que prontamente acontecería hacia hervir su sangre, hace mucho no se sentía de esa forma.

-"Non semper ea sunt quae videntur"-

Tras decir estas palabras se retiró de la sala, llevándose consigo a la Princesa, quien era despedida por el Rey Kaito con una mirada llena de tristeza y decepción. Inmediatamente después de que ambos intrusos se retiraran, su Majestad dio la orden de reforzar las defensas, nadie debía salir de sus casas o del castillo, era más seguro permanecer dentro esa noche. Mientras todos obedecían y hacían los preparativos, Kaito se llevó al pequeño niño rubio a su alcoba, cerrando las ventanas y las cortinas y poniéndole el seguro a la puerta. El menor no sabía cómo reaccionar, jamás había visto tan alterado al Rey, mas no tuvo el valor para preguntar. El mayor sacó de un cajón un pequeño cofre y se acerco a Len, haciendo que este lo tomara.

-Creo que sabes tan bien como yo que algo está por ocurrir…-

Intentaba no sonar muy intranquilo para no infundir más temor en el pequeño, algo que se le hacía muy difícil.

-Es por eso que quiero que me hagas un favor…-

El Rey puso sus manos en una posición extraña y poco a poco algo comenzó a crecer, algo que parecía ser una pequeña flama, la cual iba aumentando de tamaño con lentitud, hasta alcanzar con exactitud el porte de una manzana, El Rey dejó caer el extraño fuego dentro del cofre, parecía estar muy agotado.

-Es un fuego especial hecho con mi energía vital, puede derretir lo que sea, más no hiere a las personas…-

Explicó con algo de dificultad al más pequeño, quien se quedó observando maravillado el hermoso color azul de aquella llama. Así que ese era tan nombrado hechizo del Rey Kaito, un fuego especial que puede derretir lo que sea y que vive gracias a los deseos de él.

-Pero… ¿Por qué?-

¿Para que necesitaría él ese fuego? Bien sabía que la llegada de la Princesa Miku junto al Rey Zeito significaba algo, pero no sabía exactamente qué.

-Ya entenderás cuando llegue el momento… Por ahora, esto te pertenece, tú serás el único que pueda abrir este cofre… Prometo que nos volveremos a ver…-

Esas últimas palabras no le gustaron para nada a Len, quien había sentido como un escalofrío le recorrió la espalda al momento que los brazos del mayor rodearon su pequeño cuerpo. Tenía la leve impresión de que su Rey estaba llorando, pero no podía sentir las lágrimas cayendo sobre sus hombros.

-Mi… Mi Rey… ¿Qué le sucede?...-

El nombrado se limitó a guardar silencio, si decía tan sólo una palabra no podría contener el llanto, su voz sonaría quebrada. Lentamente se separó del cuerpo del niño, con una de sus manos apartó los rubios cabellos que cubrían su frente y en ella depositó un dulce y tierno beso, luego tomó la mano del pequeño y la puso sobre el cofre, terminando así la entrega de prácticamente la mitad de su vida, confiándola a manos de su pareja.

Mientras tanto, fuera de la habitación, una niña rubia había escuchado toda la conversación, y no pudo evitar derramar un par de lágrimas. Salió corriendo en busca de sus amigos para contarles lo ocurrido, pero no tuvo tiempo de hacerlo…"


Glosario:

- Quid pro quo - latín: «algo por algo» o «algo a cambio de algo»; también latín medieval: quiproquo.

- Non semper ea sunt quae videntur - "No siempre las cosas son lo que parecen" (Fedro, Fábulas, 4.2.5).


Tan tan~ :3

Eso es todo por... Ahora (?), quizá suba el próx. capítulo más tarde, sino mañana ^^

Sayo~