Capítulo 4
El frío glaciar que envuelve el denso bosque se me mete por la ropa agujereada, por los poros, me cala la carne y los huesos. Me abrazo las piernas intentando encontrar calor en el enorme pino contra el que me apoyo dentro del bosque infinito que se extiende en todas direcciones.
Está tan oscuro como siempre he imaginado que debe lucir el inframundo en el que Hades supuestamente reina, y a ratos con el movimiento del viento se mete entre las hojas de los altos pinos uno que otro rayo de luz emitido por la modesta luna.
Han pasado unas horas desde que anocheció y él me ha dicho que puedo dormir tranquila, pero no lo hago, en lugar de eso lo observo sentado allí a unos seis metros de mí mirando hacia el cielo que no se ve por el frondoso follaje de los árboles. Ha intentado acercarse a mí muchas veces en los 4 días de caminata que llevamos desde que hemos escapado del campo de concentración, pero no se lo he permitido, he establecido una distancia mínima entre nosotros que no puede vulnerar.
Cuando me sacó del centro del desastre nadie lo notó por el caos que era aquel lugar luego de la explosión causada por los Sonderkommandos, aprovechándose del pánico me cargó hasta los cercos que daban al sur de Auschwitz y tardó unos minutos en hacerme entrar en razón.
En un principio no entendía lo que hacía, le grité que no me tocara mientras él miraba como un loco a todas partes para vigilar que los guardias no volvieran a sus puestos y siguieran controlando a los prisioneros que intentaban escapar luego de la explosión en el ala oeste.
Todos estarán muertos para mañana Me dijo para que comprendiera que era mi decisión, me estaba diciendo que los causantes de la explosión morirían y ellos no tendrían prejuicios para discernir entre quien había tenido que ver y quien no. Era mucho más sencillo matarlos a todos.
Sentí de alguna manera que me quitaban la plataforma que me sostenía, como si de pronto el suelo que pisaba hubiera empezado a desaparecer, porque a pesar de los horrores, a pesar del hambre y a pesar del constante temor a la muerte, entré en un estado de quietud, como si el estar donde aniquilaban a todos los nuestros y aún así sobrevivir me hiciera inmune, estaba cómoda viendo que podía vivir más si seguía haciendo las cosas bien y de pronto ya no, de pronto era un hecho que permanecer allí significaría la muerte. Él siendo un suboficial me lo estaba informando.
Un escalofrío me recorre la columna, en el bosque no deben haber más de cuatro grados y pareciera que la sangre me recorre el cuerpo con mayor lentitud, como si estuviese más densa o como si me estuviese congelando. Me cubro la cara con las manos intentando quitar de mi mente los recuerdos, olvidar a mi hermana gritando, olvidar a los soldados corriendo en la explosión, desechar el olor a carne humana quemada.
Una arcada me brota desde el estómago porque no controlo el asco que siento, pero no vomito, porque mi estómago está vacío.
Siento sus ojos atentos, me analiza nuevamente como ha hecho cientos de veces en este periodo que llevamos caminando en dirección sureste. Se lo que piensa, que debo ser una estúpida por no aceptar su chaqueta llena de insignias malditas para cubrirme del frío y quizás lo sea, pero no estoy dispuesta a recibir nada de él.
Una punzada de hambre me atraviesa nuevamente y el dolor es tan grande que parece que estoy por partirme a la mitad, se que si no como pronto voy a morir y no hablo haciendo uso de hipérbole como figura retórica, no, hablo con toda seriedad porque puedo sentir las costillas rozando la blusa que me cubre y agradezco no tener un espejo para ver el cadáver en el que me he convertido.
Luego de la explosión tuve un periodo de desorientación bastante grande en el que a penas podía caminar en línea recta, como si algo en mis oídos se hubiese dañado y ahora que lo pienso no estoy segura de como salí del campo sin morir electrocutada, porque no crean que salí andando por la entrada, jamás, para escapar el suboficial que me acompaña me hizo atravesar unas alambradas medio separadas que se escondían entre unas píceas colindantes con el bosque del sureste.
Él pasó primero para enseñarme como debía hacerlo además de servirme como apoyo para no perder el equilibrio en el cruce. Luego de eso tomó la Gewehr 43 y se inclinó apuntando con ella hacia el bosque. No habló, con dos dedos me señaló que lo siguiera y comenzamos a adentrarnos en la arboleda donde el ruido descomunal que se oía de los fusiles de asalto dentro del campo empezó a desaparecer.
Se que me quiere hablar, pero el rencor que me envuelve el corazón es demasiado grande y sigo recordando una y otra vez como tomaba a mi hermana del cabello, sigo pensando en como debió sufrir al morir.
Me pongo de pie de pronto y con la poca fuerza que tengo me dispongo a trepar el árbol, escucho como se pone de pie sin comprender que estoy haciendo, no se como esto no se me ha ocurrido antes. Casi no tengo músculos que hagan el trabajo así que subo a base de fuerza de voluntad y el vacío bestial que domina mi estómago y cuando logro llegar como a unos dos metros de altura estiro mi brazo hasta la rama del pino más cercana.
Cullen está ahí parado debajo de mí con el ceño fruncido -Eh, cuidado que si te caes... -no lo dejo terminar la frase cuando me río molesta de su comentario.
-¡¿Me voy a matar?! -le grito olvidando que si están tras nosotros podría revelar nuestra ubicación -Pues solo terminaría tu trabajo cabrón -le digo tirando con rabia la rama hasta que se quiebra entre mis dedos. Odio que me diga cosas así, quiero meterle un puñado de tierra por la garganta para ver si así deja de ser un inconsecuente de mierda.
Vuelve a cerrar la boca sin salir de allí mientras bajo por el tronco del árbol, comprendo que lo hace para intentar atraparme si caigo pero no sucede, llego hasta abajo y camino hacia un pino que se encuentra a unos cuatro metros, donde me instalo para comenzar a mascar las hojas verdes que cubren la rama.
En efecto cuando nos adentramos en el bosque habían soldados que vigilaban las primeras dos cuadras, nos encontramos con tres a los que no dudó en disparar ni un segundo, caían al suelo como si cortaran los hilos de marionetas y seguíamos avanzando, pasando por sobre los cuerpos.
Las primeras horas las recorrimos en silencio, su andar tipo militar no lo utilizó mucho tiempo, probablemente conocedor de la ubicación de los soldados que resguardaban el bosque, luego de eso se enderezó dejando el fusil en su hombro y me esperó para que llegara junto a él.
-¿Te encuentras...? -Intentó iniciar algo así como una conversación extrañamente casual, probablemente para saber si la explosión me había dañado algo.
-¿Cómo me encuentro? Estoy a la mitad del bosque con un maldito asesino -respondí seria pasando junto a él hasta adelantarlo, sabía que era el único camino posible por el cual podríamos no morir, si avanzábamos hacia el sureste eventualmente, luego de semanas encontraríamos el límite con ucrania que para esas alturas ya debía estar en manos de los soviéticos, de no estarlo, cualquier lugar era igual de peligroso -y dígame suboficial -le espeté molesta sintiendo que por primera vez podía decirle todo lo que tenía guardado dentro del pecho -¿Qué se siente matar a miles de personas todos los días? -lo cuestioné pateando las piedras que habían en el piso con rabia -¿Tiene un gusto marcado por la incineración de humanos? ¿O es más estilo del doctor Mengele? ¡AH! Quizás fue de los que estuvo apreciando el hermoso experimento del equipo de Clauberg ¿Verdad? Humillar mujeres es más lo suyo.
No dijo ni una palabra más, comprendiendo que sin importar qué yo le recriminaría y lo peor es que no podía quejarse porque mis palabras no eran nada más que la verdad.
Cuando salimos de casa con papá y mamá era principios 1941, vivíamos a las afueras de Berlín y yo tenía 15 años, Nessie estaba a penas nacida. Recuerdo que era algo así como Enero y papá me despertó muy temprano, ni siquiera había salido el sol e hizo que me arropara con muchas prendas encima antes de partir, no entendí hasta después que el gobierno exigía un impuesto para salir del país dependiendo de cual era el motivo por el que se viajaba, por ende llevar maletas no era una opción puesto que el valor se hacía imposible de pagar teniendo en cuenta que a finales de 1940 papá había sido despedido del buffet de abogados para el que trabajaba.
Muchos judíos se habían ido de Berlín antes que nosotros, mis amigas habían desaparecido de un día para otro, las escuelas se cerraron y la gente que antes era amable comenzó a tratarnos distinto, papá decía que algo estaban tejiendo los nazis, que nada bueno podría salir de un líder totalitario como era el Führer llegado en 1934.
Y tenía razón, siempre tenía la razón, por eso cuando atravesamos a Polonia y nos explicó que no podríamos volver a casa lo acepté sin cuestionamientos. Los primeros meses no fueron tan terribles, papá tenía un plan trazado en la cabeza que nos mantuvo a salvo hasta Enero de 1942. Llegábamos a casas de judíos conocidos donde no nos quedábamos más de cuatro semanas para luego seguir trasladándonos.
Primero perdimos a mamá.
Simplemente un día desapareció, salió a hacer compras y no volvió, habían rumores de que los alemanes estaban llevando a la gente a campos de trabajo, la verdad de las cosas es que cuando pasaron las horas y ella no llegó papá simplemente nos miró, me pidió que escondiera ropa para mi hermana entre medio de mis prendas y durante la madrugada sin siquiera avisar a la familia de polacos que nos acogía nos escabullimos hacia el este de Polonia, evitamos tanto como pudimos las ciudades, fueron horas eternas de caminata, donde nuestro padre dejaba de sentir los brazos mientras cargaba a mi hermana de a penas un año, a veces nos deteníamos y nos escondíamos en casas a medio destruir, las tropas alemanas habían iniciado bombardeos incluso antes de que nosotros huyéramos de Berlín.
Pero papá no fue eterno tampoco, a mediados de 1943 fue su turno de irse, dejándome sola con una niña de tres años que no recordaba ni siquiera el nombre de su madre, con el corazón destrozado y una única promesa que no me dejaba renunciar. No logró escapar, habíamos logrado recientemente cruzar Bydgoszcz sin que nos detuvieran, habíamos conseguido provisiones, latas de conservas y trozos de pan añejo, habíamos tomado el norte para llegar al río Vístula y poder avanzar junto con el agua, para tener donde beber.
Nos vimos atrapados en lo que era una granja antigua, los soldados entraron buscando refugiados y la familia que allí vivía no tenía idea que nosotros nos ocultábamos en el granero, papá hizo que nos metiéramos entre la paja mientras me hacía prometerle que cuidaría de mi hermana, nos cubrió las cabezas hasta que a penas podíamos respirar y se ocultó tras la entrada, ahora que lo pienso, su intención siempre fue sacrificarse, no esconderse, sabía que si no lo encontraban a él, buscarían hasta revolver todo y entonces nos llevarían a nosotras. Nessie no vio nada, se quedó dormida con el abrigo del pajar que la rodeaba y yo observe en silencio como los soldados lo golpeaban, como empujaban a la pareja de ancianos mientras los trataban de "perros encubridores".
Vi como ahorcaban a la pareja que supuestamente había dado auxilio a nuestro padre y como lo llevaban a él detenido. Ahora comprendo que debió morir en cuanto piso el campo al que yo llegué más tarde.
En cuanto dejé de oír los camiones salí de mi escondite y cargando a mi hermana dormida entré en la casa para dejarla descansar mientras yo me dediqué a descolgar a la pareja. Recé por ellos toda la noche y nos quedamos en ese lugar una cantidad de días bastante amplia, al menos dos semanas.
Desde ahí seguimos juntas, más de un año logre protegerla, alimentarla y velar por ella. Nos desplazamos por Polonia siempre hacia el este, era lo que papá decía y efectivamente nos sirvió ese año y medio hasta que este capullo nos encontró.
El estómago me cruje al sentir como las hojas de pino llegan para saciar el hambre infinita que me aqueja, he bebido el agua que se acumula en las hojas por la madrugada y por eso no he muerto de un colapso renal hasta el momento. Lo oigo suspirar profundamente desde la distancia y de pronto me dice -Soy Edward -como si a mí me importara.
Nuevamente el silencio inquebrantable repleta el espacio, no se que espera que diga, pero no me interesa hablarle, solo sigo concentrada en comer la rama que sigue en mis manos. Inclino la cabeza hacia atrás cuando siento que el abdomen me tira, no he comido más que un puñado de hojas, pero siento que me voy a rebentar. Suspiro hondo mirando el pino que me sostiene antes de bajar la vista hasta él.
Me ha salvado, me ha sacado de aquel lugar antes de que acabara como todos los prisioneros que allí habían, antes de acabar como ha hecho Alice, pero no se lo agradezco porque no le debo nada, porque el me lo debe todo. Se mira las manos con intensidad y pienso que solo quizás si siente culpa, que quizás está arrepentido de haber acabado con miles de personas. Me seco una lágrima que se me escapa entonces nuevamente sus ojos están en mí y se que se arrepiente, veo en ellos que quiere implorarme para que lo perdone pero no dice nada y me alegro porque tampoco quiero escucharlo.
Me he dormido sin darme cuenta y despierto con el sonido de las aves al volar, aves que no logro ver. Como una autómata nuevamente estoy mordiendo las hojas de la rama que aún quedan y veo que sonríe levemente, no entiendo que es lo que le causa gracia pero no quiero que se ría de algo que no comprendo, así que por primera vez en estos días le hablo para algo que no sea insultarlo.
-¿Es seguro ir a Ucrania? -pregunto sin mirarlo mientras masco, mi cuerpo reacciona extraño ante el alimento, como si no se creyese que lo está recibiendo.
-Para ti sí -responde a los segundos, se ha quedado impresionado de que yo le esté hablando -pero tendrás que cruzar dando aviso de que lo harás, tienes que convencerlos de que no eres alemana.
-Soy alemana -le respondo levantando la vista hasta él.
-Tienes que enseñarles que eres judía -me aclara -los soviéticos están en ucrania desde mayo -agrega para que no me queden dudas de que es seguro -debemos avanzar -me explica poniéndose de pie mientras el bosque de pinos empieza a aclararse lentamente.
El día esta gris, el aire desprende aroma a humedad y ya me imagino lo que va a ser el bosque si se pone a llover. Llevamos al rededor de 50 horas de caminata, según él no falta mucho para que lleguemos, a lo más tres días si seguimos al paso lento que usamos. No puedo andar más rápido, hay momentos en que la fatiga es más poderosa y debemos detenernos al menos una hora para que yo pueda recuperar energías.
Él está nervioso, no suelta el fusil en ningún momento y es porque cree que nos están siguiendo, me ha advertido que vendrían por nosotros y es por ello que debemos apurarnos Los prisioneros jamás pueden escaparse me indica y tiene sentido, si alguno de nosotros hubiese salido vivo de allí y hubiese contado las atrocidades que pasan...
-Bella -me llama por mi nombre, como si fuese mi amigo y tuviera total confianza conmigo, es un cara dura. Volteo a verlo pero no para escucharlo.
-Deja de hablarme -le pido sin vacilar apoyándome de un tronco para pasar sobre una raíz enorme.
Se oye un trueno que me retumba en los oídos, haciéndome saltar del susto y casi creo ver las llamas nuevamente, pero sacudo la cabeza alejando los pensamientos. Una gota me cae en la frente despejando un poco el pánico que me generan las imágenes.
Fantástico.
La lluvia empieza a caer suave, dejando primero un rocío ligero sobre mi cabello, estamos casi a mediados de octubre así que no me sorprende porque la temporada de calor ya ha terminado. Mi cuerpo vacío no es suficiente para abrigarme, y el agua ha empapado mis prendas en los siguientes minutos de caminata. No lo soporto más, debí quedarme en esa mierda de campo para que acabaran conmigo, estoy harta de vivir, de fingir que puedo seguir adelante cuando ya no me queda nada.
Grito completamente hastiada de la vida, quiero golpear los arboles hasta que me sangren las manos pero en lugar de eso dirijo la vista al único punto que siento merece todo mi odio, pretende hablar, pretende decirme algo para que me calme como si un jodido nazi tuviese alguna palabra para poder disminuir el dolor que siento -¡Ni siquiera lo intentes! -le digo cuando da un paso en mi dirección -¡Toma tus palabras e intenta recuperar con ellas la vida de todos esos muertos! ¿Nosotros somos inferiores? -lo cuestiono con asco -tu y tu maldita gente deberían estar ardiendo en lugar de nosotros -está en silencio sin saber que hacer, el suboficial Cullen se ha quedado sin argumentos -¡¿Pero sabes algo? Juro por mi hermana que esto no se quedará así, verás como los soviéticos se encargarán de ustedes, los colgarán a todos y de rodillas pedirán que los perdonen! -grito llorando, sintiendo que el calor corporal se desprende de mí a la velocidad de la luz, la mandíbula me tiembla porque mi cuerpo intenta mantener mi temperatura interna, pero se que no resistiré los tres días que faltan.
-Bella-me dice acercándose lo que solo aumenta mi rabia -escúchame por favor.
-¡¿Qué?!¡¿Quieres que te escuche?! -lo cuestiono fuera de mí -¡¿Por qué carajos debería hacerlo? ¿O acaso tu me escuchaste cuando te rogué para que no te la llevaras?! -He dejado de caminar y en lugar de ello me he dispuesto a encararlo, camino a pasos agigantados hasta que me encuentro a menos de un metro de distancia -¡Quizás yo no tengo los ojos azules como el enfermo de Mengele quería, pero al menos soy un ser humano y al dormir puedo cerrar los ojos con la consciencia limpia de que no he intentado exterminar a toda una raza por cumplir el capricho de un líder enfermo! -termino empujándolo con mis manos flacas mientras el pecho me sube de arriba abajo como si el corazón estuviese por salirse de su lugar, la vista borrosa por las lágrimas no me impide seguir recriminándolo -Nazis malditos -digo volviendo a golpearlo en el pecho -los odio a todos, te odio a ti -finalizo con un último golpe que no llega esta vez, porque me ha tomado por las muñecas.
El cabello mojado se le pega al rostro y es como si sus ojos verdes lucieran más intensos con la lluvia que cae, es casi cómico porque me siento más limpia ahora que estoy estilando que en el último mes estando en el campo. Siento el pulso detrás de las orejas como si mis venas estuviesen a punto de explotar y pareciera que en cualquier momento me voy a desmayar entonces siento cada uno de sus músculos tensarse como si su cuerpo fuese una prolongación del mío, sus dedos cerrados en torno a mi muñeca me tiran y de pronto estoy allí pegada a él con la mirada desafiante.
El frío ya no me domina, un golpe de calor me sacude la anatomía completa haciendo que un ardor me queme dentro, sigo temblando, quiero decirle que se aleje pero no lo hago, siento su mano tomarme el cabello con brutalidad para que no mueva el rostro, para que lo mire a los ojos -Te demostraré cuanto es lo que no me odias -dice dejándome sin aire mientras el corazón se me aprieta, me he quedado sin palabras y entonces lo hace.
Me besa.
Lo se soy la peor porque prometo cosas que no cumplo, pero me inspire mucho de nuevo, me crecerá la nariz como a pinocho, muchas gracias por los comentarios, como he dicho antes he puesto mucho de mi para esta historia, es como mi mayor orgullo jajaja así que bueno como siempre si quieren saber el final (que esta vez si viene) pueden darle a follow y si les encanta denle a favoritos, por ahora los dejo y pronto estaré subiendo cap de cautiva. Besotes!
