Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la historia obedece a un artículo que leí hace poco en una revista. La trama se me hizo muy tierna, y aquí me tienen, haciendo esta adaptación.

Muchísimas gracias por sus reviews del capitulo pasado. Son un amor. Un beso a quienes se pasan por esta historia y me dejan su punto de vista. A todo(a)s ustedes va dedicado este capitulo.

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Alice POV

No fue necesario el castigo de la señora Cope. Con el simple hecho de haber mandado a Jasper lejos era suficiente, ya que sin él, no quería estar fuera de la habitación de niñas. Ya no tenia con quien jugar, con quien platicar, con quien estar. Las dos semanas de castigo estuve muy triste, si me quedaba en la cama, veía la fotografía de Jasper y yo en Halloween, la tarjeta que me dio en San Valentín y la mariposa que me regaló en mi cumpleaños, y me ponía a llorar. Igual en la biblioteca, porque cuando iba recordaba cuando me ayudaba, o cuando leía los libros de historias, y me relataba las batallas.

En las clases, los demás se burlaban de mí.

-¡Aw! Su "noviecito" la dejó…

-¡Jajaja! Se llevaron a su fenómeno….

-¡Uuyy! ¡No tiene amigos!

Yo los ignoraba lo más posible, pero era imposible no escucharlos. Lloraba, y se burlaban más. Hasta que aprendí a no llorar frente a ellos. La señorita Webber me consoló un tiempo, pero la transfirieron, y en su lugar llegó la señorita Stanley, una señora joven estirada que nos ignoraba lo mas posible. Yo me desentendí de ella. Poco a poco los demás dejaron de molestarme. Incluso Mike dejó de decirme de cosas, y me evitaba.

Me convertí en una solitaria. Me sentaba sola en el comedor, en una esquina, y comía poco, nunca tenia un gran apetito, y si algo me gustaba comer, era la verdura. En los días buenos salía al patio y me iba al campo de Jasper y mío, donde recordaba aquel año genial, cuando me divertía a mares con mi amigo Jasper.

Mi mejor amigo por siempre. Y mi prometido.

Si llovía, me refugiaba en la biblioteca, leyendo los libros de historia, esperando tal vez inconscientemente, que él volviera a estar conmigo.

Jasper había prometido regresar por mi y fugarnos, pero ya habían pasado casi dos años, y él no había ido por mi. No lo culpaba, tal vez en verdad lo intentaba, pero no podía. Seguro que lo cuidaban mucho para que no se escapara. Pero sabía que él lo cumpliría. Jasper era mi amigo, lo había prometido, y él no me defraudaría. Y como prenda de su promesa, la cadena que me regaló en Navidad se convirtió en mi mayor tesoro.

Cuando cumplí trece (sin festejo ni nada, sólo una felicitación de la señora Cope que yo únicamente contestaba con una mirada rencorosa), llegó al orfanato una chica de mi edad. Era pálida y delgada, más alta que yo, con el cabello y los ojos castaños, y una expresión de tristeza profunda en su rostro. Los primeros días sólo se acercaban a saludarla, pero nadie se quedaba con ella. Era tímida, y se veía igual de sola que yo. Así que se me ocurrió ir a saludarla. Estab sentada en un escalón de las escaleras del patio.

-Hola –levantó su mirada triste-. Soy Alice. ¿Cómo te llamas?

-Isabella –murmuró. Parecía que iba a llorar.

-¿Tienes trece, verdad?

Isabella asintió.

-Yo también… aunque no los parezca… -hice una mueca, e Isabella realizó un connato de sonrisa-. Si, lo sé. Soy pequeña… -me encogí de hombros, y me puse triste. Jasper me decía lo mismo. "Eres pequeña, Alice".

Isabella me miró, pero no dijo nada.

-¿Puedo preguntarte por qué estas aquí? –le hablé con el mayor tacto posible, pero al parecer no fue suficiente, ya que sus ojos se anegaron en lágrimas y comenzó a llorar. Sin saber por qué, me agaché y la abracé. Lloró un largo rato, y sólo alcancé a frotarle la espalda, tratando de consolarla. Al fin se calmó, pero aun se estremecía. Le di un pañuelo desechable de los que siempre traía en el bolsillo de la chaqueta.

-Gracias.

-De nada. Siento haberte hecho sentir mal. No fue mi intención… -me disculpé.

-No, no es tu culpa –suspiró-. Es que fue apenas hace una semana…

-¿Perdiste a tus padres?-

-Si… -una lágrima se derramó en su mejilla.

-Te entiendo… Mis padres murieron en un choque…

-Mi mamá murió cuando nací…

-¿Y tu papá?

-Era policía… -se le quebró la voz-, y en un asalto frustrado, lo mataron… -sollozó.

-Lo siento mucho, Isabella. Te entiendo, y te puedo decir que aunque ahora duele mucho, poco a poco se supera….

-¿Cuándo… te… a ti? –habló entre su llanto.

-Cuando tenía diez años.

-¿Y … cómo--- pudiste?

-Pues mi tía me aseguró que a mis papás no les gustaría que estuviera llorando siempre por ellos, sino que fuera feliz, que recordara los buenos momentos. Además me dijo que ellos siempre están aquí, con nosotros, aunque no los veamos…

-Se oye tan fácil…. Pero no creo que lo sea….

-Pues para mi lo fue… Jasper me ayudó mucho….

-¿Jasper? –inquirió, ya algo mas tranquila.

-Si, mi mejor amigo… -mi ánimo decayó, y los ojos se me llenaron de lágrimas. Ahora la triste era yo.

-¿Está aquí? Pero yo te he visto sola…

-Jasper ya no está aquí… -negué con la cabeza-. Se lo llevaron a otro orfanato.

-¿Por qué? –distinguí un tono de preocupación real en la voz de Isabella, así que decidí contarle. Le platiqué acerca de Jasper: de cómo comenzamos a ser amigos, de todo lo que hacíamos, todo por lo que pasamos, y al final, la excursión al bosque y cómo por culpa de Mike se lo habían llevado. Me sentí extraña hablando de Jasper, de hecho, extraña por el simple hecho de hablar. Llevaba dos años sin platicar de esa forma con alguien. Con el único que lo hacía era Jasper.

Isabella estaba sorprendida con mi relato. Cuando terminé y sequé unas cuantas lagrimas que rodaron por mis mejillas, llamaron a la cena y nos dirigimos al comedor. Isabella se sentó conmigo, y algunos nos miraron, especialmente a mi, con expresión confundida.

-Qué injusto que hayan hecho eso, Alice… -comentó Isabella-. En todo caso, se hubieran llevado al otro también.

-Lo sé… Sólo espero que allá donde esté no lo hagan sufrir los otros chicos, que no lo molesten. No estaré ahí para ayudarlo…

-¿Cómo? ¿Mordiendolos? –dijo Isabella, y nos reímos-. No, ya. Supongo que aprendió a defenderse, ¿no?

-Claro… Yo le enseñé… -sonreimos de nuevo.

En la noche, ya en el dormitorio, le enseñé la fotografía de Jasper y yo el Halloween.

-Es lindo…

-Lo sé… es Jasper…

Desde entonces, Bella y yo nos hicimos amigas, no como lo éramos Jasper y yo, y ni siquiera nos preguntamos "¿Quieres ser mi amiga?". Simplemente empezamos a platicar y nos juntábamos. Estábamos en la misma clase, hacíamos las tareas juntas, y en los tiempos libres nos íbamos al patio. Al principio nunca pensé en llevarla al campo de Jasper y mío, pero un día terminamos caminando hacia allá.

-Es genial, Alice –expresó Isabella-. Ahora ya sé por qué les gustaba tanto.

Ya éramos adolescentes, por lo tanto no jugábamos, pero nos pasábamos buenos ratos ahí, platicando, como las dos chicas que éramos. Isabella me permitió llamarla Bella. Según ella, su papá siempre la llamó así, y a raíz de su muerte, le dolía que la llamaran de esa forma, pero al ir sobreponiéndose de ello, y al hacernos amigas, fue que me dijo que podía decirle así, pero sólo yo. Para los demás, siempre sería Isabella.

Pasaron dos años, y cambié bastante. Y no es que me olvidara de Jasper, pero me fui reponiendo de su partida, y Bella tuvo mucho que ver en ello. Empecé a relacionarme con los demás, bueno, mas bien con los pequeños, ya que la señorita Stanley no les prestaba la suficiente atención, y como Bella y yo éramos de las mayores, nos encargamos de ellos. A mi me gustaban los bebés. A Bella y a las otras chicas no les gustaba cuidarlos (supongo que por la parte de cambiar pañales), pero a mi me encantaba. En especial, me encariñé con una bebé rubia de ojos esmeralda, a quien llamamos Elizabeth. Llegó al orfanato porque su madre, una adolescente pobre a la que violaron, murió en el parto y nadie reclamó a la bebé.

-Alice, no creo que sea bueno que te encariñes tanto con ella… -me dijo un día, mientras arrullaba a Elizabeth.

-¿Por qué lo dices?

-Por dos razones: primera, los demás niños también necesitan que los cuides…

-En eso me pueden ayudar, ¿sabes? – la interrumpí. Bella puso los ojos en blanco.

-Y en segunda… lo siento, no te había podido decir. Me dijeron que esta mañana que salimos al receso, vino una pareja, y al parecer quieren a Elizabeth.

Me quedé de una pieza.

-Bella… -susurré.

-¿Ves Alice? Por eso te digo que es mejor que te vayas separando un poco de ella…

-No es eso… -¿acaso pensó mal?-. Estoy muy contenta de que vaya a tener una familia –besé a Elizabeth en la frente.

-Oh –suspiró aliviada-. Que bueno… Pensé que te ibas a poner triste…

-No, no… ¡Es genial!

Una semana después fueron por Elizabeth. Yo se las entregué. Eran una pareja muy linda: el hombre, que me dio aspecto de médico, era muy guapo; y la mujer, muy bella. Y al parecer, se amaban muchísimo (bastaba con ver cómo se miraban), y me alegré por la bebé. Crecería rodeada de amor. La forma en que tomaron a Elizabeth, y los mimos que le hacían, me dejó tranquila respecto a cuánto la iban a querer. No lo voy a negar, cuando se marcharon, derramé unas lágrimas. Y prometí que cuando tuviera una bebé, la llamaría así.

En el hospicio, al cumplir los 17 años nos dejaban ir. Cuando Mike cumplió esa edad, se marchó, junto con dos de sus amigos. Se despidió de todos: las maestras, los niños, las chicas mayores, los amigos que tenían que quedarse. Y de mi. Durante los cuatro años que habían pasado desde que hizo que se llevaran a Jasper, me había evitado o yo lo había ignorado. Tal vez era un comportamiento infantil, pero no había querido perdonarlo. Ese día me pidió un momento para platicar, y al ver que no quería, le pidió a Bella que me convenciera.

-Alice, yo sé que te hizo mucho daño. Pero fue hace mas de cuatro años, y en aquel entonces era un niño. No estuve ahí, y no es que esté de su parte, pero creo que un momento que platiques con él no te va a matar.

-Pero… Bella….

-Alice –me tomó de los hombros-, no seas infantil. Sólo escúchalo, no importa si lo perdonas o no, sólo escucha lo que tiene que decir.

-Está bien –me rendí.

Mike y yo fuimos al comedor, que estaba vacío a esa hora, y nos sentamos.

-Alice, antes que nada, quiero que sepas que de verdad estoy arrepentido….

-Mike… -me quejé y lo miré fríamente.

-No, Alice, en serio. Te juro que si pudiera regresar el tiempo, no lo hubiera hecho. No me justifico, pero era un niño… y era divertido molestarlo, y mas aún porque nunca se defendia –bufé-. Pero llegaste tú, y lo defendiste, y el enseñaste que no se dejara que lo moestaramos. Al principio creímos que íbamos a poder quitarte de en medio. Y entonces me mordiste –me reí sarcásticamente y Mike sólo me miró-. Eso me humilló, y por eso no dejamos de molestarlos. Pero poco a poco vimos su amistad, su vinculo, y créeme: sentimos envidia y celos, en especial yo.

-¿Cómo? – eso me llamó la atención. ¿Mike celoso?

-Es difícil de explicar… pero creo que seria algo así como: "si él era el raro, el fenómeno, y aún así estabas con él, ¿Por qué no podía estar conmigo?"

-¿Te gustaba? –no lo podía creer.

-Algo así… Mas bien eras como mi amor platónico.

-Vaya… -no lo podía creer-. Si Jasper se hubiera enterado… No sólo te hubiera roto la nariz…

-¿Entonces si eran novios?

-No, pero nos queríamos muchísimo –recordé cuanto quería a Jasper, y eso me hacia sentir triste. Le dirigí a Mike una mirada de rencor.

-Por eso Alice, es que te pido disculpas. De haber sabido que ese iba a ser el castigo, no lo hubiera hecho. Por mi culpa has sufrido, mucho, y lo lamento.

-¿Y a ti que te importa lo que sufrí? ¿También has pensado en Jasper?

-Claro, y te aseguro que si algún día lo veo de nuevo, le pediré perdón, y no me importará si me golpea.

-Oh, entonces no te molestara que te muerda, ¿verdad?

-Si me perdonas –se descubrió el brazo y me lo ofreció-, muerde cuanto quieras…

Negué con la cabeza.

-Ay Mike. La verdad, agradezco que seas sincero, pero aún así no siento el deber de perdonarte… -bajó la vista-. Tal vez después, pero ahora tengo que pensar… O sea, es extraño. Todo esto por celos infantiles… Porque estabas "enamorado" –entrecomillé con los dedos en el aire- de mi hace mas de cuatro años…

Mike masculló algo apenado.

-¿Cómo dices? – me incliné hacia él.

-No "estaba" –remarcó la palabra-. Aún lo estoy… -se mordió el labio, y se sonrojó de pena. Yo también, pero enojada.

-¡¿Qué?! No puede ser cierto…

-Lo siento Alice, pero es así. Al principio te evitaba porque estaba apenado por lo que había hecho, y después, cuando traté de hablarte. Tu me ignorabas o evitabas… Sabía que era inútil decirlo, pero ahora que puedo platicar contigo, aprovecho para decirlo…

Respiré hondo, tratando de calmarme.

-Mira Mike… -controlé mi voz-, podrás aspirar a mi perdón… No se cuando, pero tal vez algún día… Pero siento decirte que yo nunca pensé, pienso, o pensaré de esa forma de ti. Para mi serás sólo un compañero de hospicio.

-Lo sé Alice, sabia que algo así me dirías, pero sólo quería que lo supieras…

-Pues te lo hubieras ahorrado… -mascullé.

-Bien, lo siento… Es hora de irme. Gracias por escucharme Alice, y esta bien. Esperaré lo que sea… con tal de que me perdones… algún día… -asentí, y me tendió la mano-. Hasta entonces, cuídate Alice, y te deseo lo mejor.

Estreché su mano.

-Adiós Mike. Buena suerte –y se fue.

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¡Hola! Lamento la tardanza…. El fin de semana no pude utilizar la computadora, y apenas ahorita pude teclear. Esta es la primera de dos partes de la historia de Alice después de que Jasper se fue. El próximo capitulo será otra vez Alice, y tratará de cuando ella se va del orfanato.

No puedo dar una fecha exacta de cuando voy a actualizar de nuevo, pero será pronto.

Gracias por sus reviews, y espero que me dejen mas, contándome qué les parece la historia, y si tienen alguna sugerencia o comentario.

¡Saludos!