NOTA MUY IMPORTANTE:he suspendido una de mis asignaturas,lo cual quiere decir que no voy a poder dedicar tiempo a los fics.Voy a terminar de subir este fic antes de que termine la Semana Santa,y durante la misma subiré varios fics cortos que tengo pensados.Sin embargo,una vez que empiece el tercer trimestre,no volveréis a verme hasta el 20 de Junio como mínimo.Pido disculpas a los que os disguste esta decisión,pero mis estudios van primero y voy a decicarme a ellos en la totalidad de mi tiempo.De nuevo,lamento esto,y os aseguro que me duele mas a mí que a vosotros,pero no me ha quedado más remedio.Gracias por todo vuestro apoyo y comprensión,en momentos muy duros para mí,han sido de lo poco que me ha ayudado a mantenerme.Gracias y espero veros a todos seguir mis historias aunque yo desaparezca durante un tiempo.
Bueno,una vez hecha esta triste aclaración(al menos para mí),vayamos al capítulo.Fue muy divertido escribirlo,y siento si este no gusta tanto como los anteriores,pero había que hacerlo(menos romance y mas humor,por no hablar de un Hermione maquiavélica).Me divertí mucho escribiéndolo y espero que a vosotros os guste leerlo.Por cierto,muchísimas gracias a TODOS aquellos que me dejáis reviews.Sin vosotros,no tendría el valor de publicar esto.Bueno,sólo me queda algo por decir.
¡Disfrutad de la lectura!
Hermione suspiró. Por fin había terminado todo el papeleo pendiente (que no era poco), y mentalmente apuntó acordarse de tener una muy seria conversación con Harry acerca de las cosas y papeles pendientes. Miró la hora y sonrió maquiavélicamente. No tenía hambre, y quería aprovechar la hora del almuerzo para cosas mucho más…productivas.
Con una sonrisa que haría temblar a los más experimentados Mortífagos de Voldemort, la joven auror recogió su abrigo y, tras avisar a Sally de que saldría sola y pedirle que avisara a Ron de su ausencia, se introdujo en la chimenea y dio las coordenadas exactas.
Segundos después, la joven aparecía con una extraña sonrisa en una gigantesca y ajetreada sala, en la que la gente iba de un lado a otro. Con paso tranquilo, Hermione se dirigió a la recepción ante la asombrada mirada de todos los trabajadores. Una vez allí, sonrió con educación a la sorprendida recepcionista y preguntó por la persona a la que había ido a ver.
-Disculpe, señorita. ¿Sabe usted dónde se encuentra la oficina del Director del periódico?
La joven, al reconocer a la mujer que estaba ante ella, se quedó paralizada. En cuanto recuperó el habla, respondió con voz trémula.
-Es…está en la tercera planta, señorita. ¿Quiere que avise de su llegada o…?
-No se moleste. Me encantaría darle una sorpresa.
Sonriendo con excesiva inocencia, Hermione se dirigió entre absoluto silencio a los elevadores mágicos, y subió a la planta indicada. Una vez allí, no le fue difícil identificar la puerta que daba acceso al despacho del director del periódico. Y¡oh, casualidad! Justo al lado, se podía leer una plaquita con el nombre de cierta persona a la que iba a visitar…Con suma tranquilidad, la joven bruja llamó a la puerta del director y, cuando consiguió el permiso para entrar, abrió la puerta y entró en la elegante habitación sin hacer ruido. Justo cuando se disponía a hablar, alguien entró como un vendaval tras ella y empezó a hablar como si no existiera.
-¡Señor, señor! Acabo de descubrir una exclusiva más acerca de la boda Potter-Granger. ¡Es genial! He conseguido que unos duendes me digan cual va a ser la imprenta mágica en donde se harán las invitaciones, e incluso el diseño, y…
-Skeeter, te agradecería que cerrases esa enorme y mentirosa cueva que tienes por boca, querida.
Sólo fue necesaria la primera palabra de la castaña para que tanto reportera como director empalidecieran notablemente.
-¡Señorita Granger! Es un inesperado placer verla en mi humilde periódico. Me alegro mucho de su próximo enlace con el Señor Potter… ¡pero venga! Siéntese, por favor. Si nos hubiera avisado de su visita, la hubiéramos recibido como…
Ignorando el discurso del hombre, la periodista miraba a la auror con algo que claramente podría identificarse como terror. Antes de que el hombre siguiera con su largo e interminable discurso, Hermione lo cortó, sonriendo fríamente.
-Verá, señor, no he venido para escuchar falsas felicitaciones. Hace unos días, me encontré con esta…mujer-miró a la rubia de arriba abajo, demostrando que ese calificativo demasiado honroso para ella-en el Callejón Diagón, y nos abordó a mi madre y a mi de forma muy irrespetuosa. Lleva años acosándome, y le he avisado incontables veces de que nos deje tranquilos a mi prometido y a mi, pero parece tener gusto por meter las narices en nuestros asuntos. Dejé muy claro que no deseaba que mi boda saliera en la prensa, y ella ha obviado mi petición descaradamente.
En ese momento, ignorando la palidez casi inhumana en los rostros de ambos, vio aparecer a Lily, que sonreía con una mezcla de diversión y nostalgia. Hermione entrecerró los ojos. Ya podía ayudarla un poco, que se suponía que ese era precisamente el motivo de su estancia y presencia en todo aquel asunto…Antes de dejarse llevar por la furia que empezaba a consumirla, respiró hondo y continuó.
-Considero que Harry y yo hemos sido demasiado permisivos con el periódico y con ella, así que, dado su poco respeto para mi intimidad y la de mi prometido, he decidido tomar cartas en el asunto muy seriamente, y avisarles con tiempo, aunque no se lo merezcan. Si usted, Señorita Skeeter, o cualquiera de sus subordinados, vuelve a inmiscuirse en mi vida privada o la de Harry, o se le ocurre volver a meter las antenas.-ante esto, la rubia palideció aún más, si eso era materialmente posible-haré uso de la información que poseo y me encargaré, señorita, de que jamás, literalmente, pueda volver a trabajar en ningún periódico de Inglaterra. Y si intenta volver a seguirme o molestarme, me encargaré personalmente de arreglarle una larga y personal entrevista con los encantadores dementotes de Azkaban, por supuesto, sólo tras una entrevista previa con el consejo al completo del Wizemont. ¿Le parece bien?
Ninguno de los dos sabía que decir, hasta que la periodista reaccionó y decidió jugar sus últimas cartas.
-¡Eso es ilegal! Son celebridades, y a la gente les interesan los asuntos privados de los famosos. ¡Usted no puede negarme el derecho a informar!
Ante la mención de las leyes, la sonrisa de Hermione aumentó proporcionalmente al brillo peligroso en sus ojos.
-Creo recordar, señorita, que usted escribió un artículo sobre mi y mis amigos tras terminar la guerra contra Voldemort.-ambos periodistas se estremecieron.-Como estoy segura de que recordará, tengo estudios de leyes mágicas y muggles, lo cual me permitió entender mejor el sistema jurídico de ambos mundos. Le garantizo que en el Ministerio me tienen en muy alta estima, y no creo que me costara mucho trabajo convencer a altos puestos del mismo para que investigaran ciertos…asuntos relacionados con usted y su trabajo. ¿Qué me dice¿Realmente no tiene nada que esconder?
Ninguno de los dos periodistas se atrevió a decir nada, y la castaña sonrió complacida.
-Espero que esto les enseñe a ambos que deben tener cuidado con a quién le roban su intimidad. Tengan por seguro que, si me entero de que usted, señorita Skeeter, o cualquier miembro del periódico El Profeta, vuelven a inmiscuirse en mi vida privada o la de mi familia, este periódico no aguantará mucho una campaña en contra. Buenas tardes.
La ojimiel se disponía a salir sonriendo del despacho, cuando pareció recordar algo sumamente importante.
-Por cierto, Skeeter, le aconsejaría quitar cualquier cuadro que tenga en casa. Estoy segura de que algunos de los retratados serán parientes cercanos de los cuadros de Howarts,y no tienen nada mejor que hacer que cotillear y darle vueltas a los sucesos. Se lo digo como un consejo. Buenas tardes.
Dejando a una sorprendida Rita Skeeter, Hermione salió de las oficinas del periódico rumbo a su siguiente destino: Howarts. En su mano, la varita totalmente preparada y, en su mente, una lista de los mejores hechizos que Filius Flitwik le enseñara durante sus años de estudiante. Los de fuego ocupaban los lugares preferentes…
Albus Dumbledore se encontraba jugando tranquilamente en su despacho. Gracias a Merlín, el colegio llevaba unos días inusitadamente tranquilos, lo que le permitía a él disfrutar de un poco de tranquilidad y…vaya. Por lo visto, había olvidado reponer su surtido de caramelitos de limón al empezar el mes. Tendría que pedirle a Argus que solucionara ese contratiempo…
El anciano director pensaba en sus anhelados caramelos de limón, cuando unas chispas en su chimenea le alertaron de la inminente llegada de alguien a su despacho. Esbozó su usual sonrisa calmada, esperando ilusionado la llegada del visitante. Sin embargo, cuando una furiosa castaña entró por su chimenea y se colocó frente a los cuadros de sus antecesores en Howarts, temió lo peor para su despacho…
-Hermione, querida¿qué le trae a estas horas por el colegio? Pensé que en su última visita, cuando estuvo aquí con su madre y Molly, habíamos acordado los detalles de la boda…
La joven y en ese momento furiosa castaña, se volvió hacia el que antaño era su director, y en ese momento sólo esa circunstancia la paraba para no dar un grito de furia.
-¡¡¡Ese es precisamente el problema, Albus!!! Cuando vine aquí con mi madre y la Señora Weasley para que usted oficiara mi boda, di TODOS los detalles de la misma, sin excepción. Y ahora¡resulta que estas malditas pinturas con complejo de grabadoras le han desvelado todos esos detalles al escarabajo de Skeeter! Van a servir de combustible para las chimeneas de Howarts, lo juro.
A Albus le recorrió un sudor frío por la espalda. Jamás, JAMÁS, en todos lo años que esa joven había estudiado en su colegio, la había visto perder la compostura, ni siquiera cuando el señor Malfoy tenía esa desagradable tendencia a los insultos en relación a la naturaleza de sus padres…desde luego, daba terror verla así. Tragando saliva, intentó hacer gala de su tranquilidad para calmar a la furiosa Gryffindor…algo bastante difícil, visto su estado y teniendo en cuenta sus radicales cambios de humos y comportamiento en los últimos días.
-Señorita Granger…Hermione…soy conciente de que se siente inmensamente disgustada con los cuadros que aquí hay colgados. Yo mismo estoy decepcionado de que estas pinturas, que representan a algunos de los magos más influyentes e íntegros de sus respectivas épocas, hayan podido traicionar su confianza de forma tan vergonzosa…pero por favor, cálmese. Debe recordar, Hermione, que son cuadros y que en múltiples ocasiones, nos han ayudado en la pasada guerra. Además, pertenecen al colegio y algunos de ellos tienen siglos de antigüedad. Por favor, reconsidere lo que sea que está apunto de hacer y cálmese. Ese estado de estrés constante al que se ve sometida últimamente, no puede ser bueno para su salud…
El anciano director aguantó de forma inconsciente la respiración, observando como la furia desaparecía lentamente de sus ojos, siendo sustituida por el enojo que, aún siendo bastante peligroso en una mujer como ella, era sin duda mucho más seguro para la estructura arquitectónica de Howarts.
Antes de que el anciano pudiera volver a hablar, Hermione se volvió hacia los cuadros.
-Albus, me ha decepcionado usted enormemente. Confiaba en la completa discreción que siempre ha tenido Howarts, pero parece que hasta los cuadros tienen una vena cotilla, lo cual es muy desolador. Sin embargo, dado el profundo respeto que siento por este colegio, no quemaré los malditos cuadros.
El director respiró tranquilo. Menos mal que había conseguido calmarla…Sin embargo, antes de que pudiera cantar victoria, la joven volvió a hablar.
-Pero, por supuesto, no pensará que voy a dejar sin castigo a este montón de lienzos¿no es así? No voy a quemarlos porque muchos de ellos son antiguos, pero no voy a permitir que queden sin castigo.
En eso momento, el hombre maldijo para sí el sentido de la justicia que caracterizaba a los Gryffindors.
-Voy a ponerles un hechizo y confío en que usted respetará mi decisión, dado que yo lo respeto a usted. Los cuadros no podrán moverse de aquí en el plazo de un año, ni hablar. Creo que eso será suficiente…
El hombre calculó los daños. Es cierto que perdía una valiosa fuente de información y conexión, pero entre eso o tener un horrible olor a cuadro quemado durante los próximos cinco años…
-Está bien, señorita. Me parece un castigo justo.
Hermione sonrió. Se había salido con la suya, y esos cuadros traidores no iban a molestar en muuuucho tiempo. Sin embargo, siempre se había caracterizado por no dejar absolutamente ningún cabo suelto, así que…
-Y, por supuesto, confío en su integridad y en que no deshará mi hechizo. De hacerlo, estoy segura de que algunos viejos Gryffindors se sentirían muy decepcionados de usted, director. En especial, una pelirroja que le confió a su único hijo…
Mientras veía la atónita mirada de su exdirector, e ignorando los gritos de protesta de su amada suegra (si realmente estaba allí para ayudarla, esa era una buena forma de empezar), Hermione sonrió y aplicó el hechizo. Tras lanzar una intimidante mirada a los cuadros traicioneros, inclinó ligeramente la cabeza en señal de despedida para el director y volvió a desaparecer entre el humo de la chimenea como si hubiera ido a tomar el té.
En el despacho, permanecía sentado un sorprendido director, que aún no tenía claro que acababa de pasar.
"¿Qué le pasa? Me parece que los preparativos de la boda la están trastornando. Harry, suerte; la vas a necesitar. Ahora voy a tener que encontrar otra forma de enterarme de los chismes…Menudo genio tienen las mujeres"
