Bailando en la Oscuridad

Capítulo Cuatro: Tres Chicas, Dos Personalidades…

Por DamageCtrl


Disclaimer: No soy dueña de Avatar: la Leyenda de Aang ni nada relacionado con él

N/T: Yo tampoco, ni de la trama :) Es de DamageCtrl, ya lo saben, ¿no? ;)


¿Cuánto tiempo habían estado sentadas ahí? ¿Una hora? ¿Dos horas? Con su suerte, probablemente solo serían unos pocos minutos. Sus manos se tensaron alrededor de la taza de té. No había bebido realmente de ella al regresar. En vez de eso, la había estado sujetando como si fuera una manta de seguridad.

A ambos lados de él, las chicas llevaban una conversación agradable. A veces caían en un silencio incómodo, habiendo agotado las cosas de que hablar, desde trabajo a un juego sutil de "quien conoce más a Li". Song sabía que su cicatriz era el resultado de la Nación del Fuego. Jin decía que solía trabajar en un circo y como que sabía hacer malabares.

Song sonrió y se sonrojó ligeramente, sus ojos se apartaron de Zuko al admitir que estaba contenta de ver un rostro familiar. Zuko miró fijamente el líquido tinta de su taza, preguntándose por qué Azula aún no había aparecido para matarlo… y maldiciéndola por no hacerlo cuando más lo necesitaba.

De vez en cuando, le dirigían una pregunta.

-¿Todavía haces malabares, Li?

-No.

-¿Li, quieres más té?

-Estoy bien.

-¿Y cómo se está adaptando tu Tío a la gran ciudad?

-Bien –conversación casual no era lo suyo. Y cuando estaba sentado con la primer chica que había establecido un vínculo afectivo con él por la Nación del Fuego que les había causado cicatrices y la chica a quien había besado por primera vez, se dio cuenta que no podía hacer nada, más que sentarse ahí y rezar en silencio para que el dueño lo llamara de nuevo al trabajo.

Desafortunadamente, el hombre estaba demasiado ocupado lidiando con los clientes como para darle órdenes.

Podría ser peor, decidió, Tío podría haber forzado a la maestra agua a sentarse aquí y acompañarnos en esta… lo que sea que esto sea.

La risita de Jin se oyó una vez más.

-¿Era así de callado cuando lo conociste? –le preguntó a Song con una sonrisa divertida inclinándose en la mesa y apoyando una mano sobre la de la otra chica.

-Sí –asintió Song-. Veo que no ha cambiado mucho.

He cambiado, quiso decirles.

-Excepto por el cabello –Song sonrió suavemente, sus ojos peinando su espeso pelo corto con envidia-. Se me mejor largo.

-Es solo que no he tenido tiempo para cortarlo –murmuró. ¿Siempre iba a hacer así con las mujeres? ¿Incómodo? Claro, que cuando era príncipe no las miraba dos veces, pero ahora toda clases de mujeres estaban siendo descubiertas y era algo como una sobrecarga. No sabía que decir… sentía cosas extrañas en su cuerpo… y le sudaban las manos. ¿Por qué le sudaban? Al menos con la maestra agua, no tengo que hablar.

-Li –llamó una voz a sus espaldas-. La hora pico del mediodía va a empezar pronto. Lamento molestarlas, señoritas, pero voy a necesitar a mi mesero de regreso.

Las expresiones de decepción se escribieron en todos los rostros, pero por dentro, Zuko estaba agradeciendo a cada dios que pudiera mencionar por su oportunidad de escapar.

-Debo regresar al trabajo –reafirmó Zuko levantando la cabeza y finalmente enfrentando sus ojos. Había estado memorizando el diseño de vetas en la madera por casi quince minutos-. Lamento no poder quedarme y hablar.

-Está bien, Li –aseveró Jin-. Sé que tienes que trabajar. Yo también tengo que hacerlo –el joven asintió tontamente y se puso de pie.

-Yo también debería regresar. Mi madre me está esperando –acordó Song. Las dos jóvenes se incorporaron-. Gracias por invitarme, Li –añadió con vergüenza, incluso cuando había sido su Tío quien la había invitado mientras él estaba parado afuera con la boca abierta con un pez fuera del agua-. ¿Cuánto es el té?

-¿Eh? Ah, no te preocupes –replicó Zuko, sacudiéndose el aturdimiento-. En la casa –agregó, distraído.

-Li –comenzó Song, adelantándose vacilante, levantando su mano ligeramente. El mesero alzó la vista y Song retiró su mano contra su pecho-. Estoy segura que a mi madre le encantara verte... y a tu Tío, por supuesto. ¿Te gustaría visitarnos para cenar otra vez? –ofreció.

-¿Cenar? –repitió Jin. Sus ojos se apartaron de la bonita joven herborista al guapo mozo.

Zuko pareció estar pensándolo por un momento. Finalmente, le dedicó a Song una pequeña inclinación.

-Tendré que preguntarle a mi Tío, pero estoy seguro que le encantará darse una vuelta –observó como los suaves y rosados labios de Jin se ensanchaban con una sonrisa de dicha.

Inclinó su cabeza para agradecerle.

-Le diré a mi madre, entonces –le aseguró. Se volvió a Jin y sonrió-. Fue un placer conocerte, Jin.

-Lo mismo digo –asintió Jin, obsequiándole con una sonrisa-. ¡Siéntete libre de pasar por el puesto de vegetales de mi familia! –Song cabeceó contenta al dirigirse hacia la puerta-. Ella es… agradable.

-Sí… -musitó Zuko. Empezó a recoger las tazas y los platos vacíos en una bandeja-. Ey, lamento lo de mi Tío.

Jin se giró, con una expresión sorprendida en el rostro. Sonrió y meneó la cabeza.

-Está bien.

-No tenías que seguirle la corriente así y sentarte con Song si no querías.

-No, no, yo quería –le aseguró Jin. ¿Cómo más podría evaluar la competencia? Y sí, la chica nueva parecía competencia. Lo invitó a cenar-. Parece una chica muy agradable –Zuko se limitó a asentir y se dirigió hacia el mostrador. Jin lo siguió en silencio. Al llegar al mostrador, él empezó a descargar las tazas y platos sucios y preparando unos nuevo. Jin se mordió el labio inferior. Había una persona más que había entrado en la escena-. Eh… ¿Qué hay de la maestra agua… Katara?

Lo notó ponerse tenso contra el mostrador. Zuko entronó los ojos y lentamente los bajó. Siguió haciendo lo que estaba haciendo.

-¿Qué hay con ella? –inquirió, tratando de sonar desinteresado.

-Fue bastante impresionante lo que hizo con tu mano –meditó Jin. Nunca había visto a nadie llegar y ser tan brusco con él. ni siquiera su Tío.

Zuko se volvió, con la mirada todavía gacha mientras asentía.

-Mi Tío dice que hay algunos maestros agua que pueden curar.

Jin asintió.

-¿La conoces desde hace mucho?

Negó con la cabeza.

-Unos pocos meses –respondió con sinceridad. Jin cabeceó. Miró hacia la puerta por donde habían salido antes.

-Tengo que regresar al puesto de mi familia –dijo Jin al volverse para mirarlo y sonrió-. Vendré mañana.

-Claro –asintió Zuko, levantando la vista. Jin le echó un vistazo a la estancia rápidamente. Mientras Zuko ponía su bandeja en el mostrado, veloz se inclinó hacia delante. Sus ojos dorados se agrandaron al sentir un suave beso en su mejilla sana. Instantáneamente todo su cuerpo se tensó.

Jin se retiró, sonriendo brillantemente.

-¡Adiós, Li! –la joven vestida de verde se deslizó como si nada por la puerta delantera, dejando a Zuko detrás del mostrador parado como una estatua, con la sangre corriendo hasta sus mejillas.

¿Acababa de besarlo de nuevo?

Antes de que pudiera procesar lo que acababa de pasar, una serie de carcajadas y aplausos se dejó oír desde las mesas donde más o menos medio docena de hombres habían estado mirando. Zuko parpadeó y se volvió a ellos, con la cara ardiéndole cada vez más. Con un ceño en su cara agarró un trapo mojado y cruzó el cuarto pateando el suelo para limpiar una mesa vacía.

Al pasar por el grupo de hombre, se volvió a ellos y rugió.

-¡Mi Tío no se entera de nada de esto!


El carruaje había sido enviado para recogerlos, por orden de la Señorita Bei Fong. Iroh sonrió ampliamente, recostándose contra el asiento trasero.

-Gracias, chicas, por mandar a pedir un carro. Esa caminata hasta la colina es más larga de lo que recordaba.

Katara y Toph rieron en sus asientos frente a él. Si había una cosa que habían descubierto, era que Iroh era un encantador. Mujeres, hombres, niños… no importaba. Todos caían a la voluntad del hombre del té.

-Gracias a ti por el almuerzo –replicó Toph amablemente-. El té que hiciste estuvo grandioso, como esperaba.

Iroh se sonrojó ligeramente.

-Oh, eres demasiado amable.

-Y gracias por venir con nosotras y hablar –añadió Katara-. Honestamente no sabíamos que pensar cuando te encontramos a ti y a Zuko aquí.

El viejo General soltó un suspiro pesado.

-Ha sido un largo viaje para mi sobrino y para mí –les confesó con solemnidad-. No sé que planea hacer ahora que su propio padre lo ha marcado como un criminal. Es tonto pensar que al capturar el Avatar, Zuko será bienvenido por su padre.

-¿Entonces qué es lo que piensas que quiere hacer Zuko? –preguntó Toph.

Iroh miró por la ventana, con una triste y agotada mirada en su anciana cara.

-Puede que todavía quiera capturar al Avatar. Nadie sino él mismo puede sacarlo de eso. Es un chico muy terco a veces.

-No creo que me sienta cómoda dejando a Aang que venga –admitió Katara-. Pero dijimos que le diríamos cómo nos fue hoy... será su decisión si quiere venir o no.

Iroh asintió.

-Lamento lo de su amigo Appa –aseveró-. Si oigo algo en la casa de té, me aseguraré de contactarlos.

-Lo apreciaríamos mucho –respondió Katara, agradecida-. Lo hemos estado buscando por todos lados y lo único que encontramos fueron unas huellas que Momo encontró.

-¿Ya casi llegamos a la casa de té? –Inquirió Toph-. Ya debe estar oscuro ahora y Sokka se comerá toda nuestra cena si no llegamos a tiempo.

Iroh rió entre dientes frente a ellas.

-Casi llegamos.

-Bien –Katara frunció el ceño. Se cruzó de brazos y miró por la ventana-. Más pronto lleguemos, más pronto Zuko podrá devolverme el collar de mi madre.

-Ah… sobre eso –reparó Iroh, enderezándose. Puso las manos en su regazo e inclinó la cabeza-. Por favor, perdona a mi sobrino, joven maestra agua. Es difícil para él confiar en los demás ahora y…

-Por favor no te disculpes por él –le interrumpió Katara-. No es tu culpa que sea terco y haya tomado mi collar.

-Hablaré con él esta noche –prometió Iroh, sentándose-. Es solo que ha pasado por mucho. Ha sido desterrado de su hogar, marcado y abandonado por su padre, cazado por su propia hermana. Yo soy la única familia que le queda. Sólo estaba preocupado por mí.

El rostro severo de Katara se suavizó ligeramente.

-Es la segunda vez que lo toma, sabes –le informó Katara.

-Lo sé –convino Iroh-. Solía llevarlo con él a dónde quiera que fuésemos después de que lo encontró en es prisión flotante de metal.

Katara arqueó una ceja.

-¿A dónde quiera? –por alguna razón, empezó a visualizar al antiguo príncipe en su armadura y con su cola de caballo, usando el collar de su madre alrededor de su cuello. Eso explicaría porque le había quedado un poco flojo cuando le fue devuelto. Se erizó ante la idea.

-Sentía que lo guiaría hasta el Avatar, lo que hizo –Iroh rió ahogadamente.

-Tiene una sola cosa en la mente, ¿no…? –musitó Toph.

-Desafortunadamente, sí –acordó Iroh. El coche se detuvo y Iroh miró por la ventana-. Ah… ya llegamos.

El conductor saltó desde el frente del carruaje y caminó hasta la puerta. La abrió y retrocedió. Iroh salió y estiró sus viejos miembros, deteniéndose al frente de la casa de té. Katara salió después de él, queriendo recuperar su collar.

La puerta del local se abrió de una y Zuko apareció en la entrada.

-¡Tío!

-Buenas tardes, sobrino –dijo Iroh, regalándole una cálida sonrisa, adelantándose-. Espero que no hubiera mucho trabajo mientras no estuvo.

La expresión aliviada de Zuko se transformó en un ceño fruncido.

-¡No puedo creer que de veras te hayas ido con estas dos!

Iroh se tensó ligeramente.

-¿Es tan difícil de creer para ti que a dos adorables jovencitas les gustaría salir conmigo? –su sobrino arrugó aún más el entrecejo. Ahora que lo pensaba… la sonrisa de Iroh se desvaneció-. No contestes eso.

Antes de que Zuko pudiera contestar de todas formas, vio un destello azul detrás de su Tío. La maestra agua había salido del coche y lo estaba fulminando con la mirada.

-¿Dónde está mi collar? –demandó tan pronto le puso los ojos en encima. Pisó fuerte, con el ceño fruncido mientras caminaba y se paraba frente a Iroh.

-Cálmate, campesina –retrucó Zuko, buscando dentro de su bata-. Lo tengo. Como prometí.

-Sólo dámelo –soltó Katara, manteniendo sus manos a unas pocas pulgadas de su cuerpo.

Zuko le devolvió la mirada asesina mientras ponía el collar en su mano, demorándose solo para molestarla más. Iroh echó un vistazo a ambos y soltó una tocecita. Los ojos de Zuko se movieron más allá de los hombros de ella hasta su Tío. Iroh estaba haciéndole señas con las manos y Zuko frunció el entrecejo. ¿Qué? El viejo General movía sus manos sobre su cuello y señalaba el collar en las manos de Zuko hasta la maestra agua.

-¡Ey! –Katara sacudió su mano frente a la cara de Zuko-. ¿Me devuelves mi collar?

Le frunció el ceño, alejando el collar.

-¿No tienes nada de modales?

-Oh, mira quien habla –se mofó, fastidiada.

-Li –llamó Iroh en voz baja, detrás de Katara-. Devuélvele a la señorita su collar. Apropiadamente –enfatizó.

¿Apropiadamente? Se refería a ayudarle a colocárselo.

-¿Qué? –Escupió Zuko, agrandando los ojos-. ¡No!

-¿No? –Katara estaba que estallaba, arrugó los ojos. Frente a ella, el joven mesero negó con la cabeza.

-No, quiero decir.

-Escucha, Li –le cortó con calma-. Todo lo que estoy pidiendo es el collar de mi madre. Si intentas algo…

-¿Piensas que intentaría algo contigo? –le interrumpió Zuko bufando indignado. Un pequeño sonrojo se abrió paso en las tostadas mejillas de Katara-. no lo pienses mucho.

Soltó un gruñido grave.

-Sólo dame mi collar.

-¡Entonces date la vuelta para que pueda ponértelo! –Iroh abrió los ojos como platos sorprendido y Zuko sintió que le ardían las mejillas. Definitivamente eso había salido mal.

Los grandes ojos azules se arrugaron hasta quedar chiquitos.

-¿Qué? –el joven tiro del cuello de su camisa verde oscuro con nerviosismo. Detrás de Katara, Iroh sonreía de oreja a oreja.

-Te pidió que te voltearás para poder ponértelo –repitió Iroh. Los ojos de la maestra agua se agrandaron y se giró para mirar al anciano.

-¿Qué? No, eso no es necesario –porfió. Se volvió a Zuko-. Sólo dame mi collar y me iré.

-Ahora, Katara –empezó Iroh en el mismo tono reprobador que usaba con Zuko para chantajearlo emocionalmente y que hiciera las cosas-. Una joven dama no desprecia el ofrecimiento de un caballero tan rápidamente –arrugó los ojos y apretó los dientes-. No intentará nada, lo prometo.

Zuko puso los ojos en blanco. No había posibilidad que la maestra agua escuchara a su Tío… agrandó los ojos. Con sus manos en puños a los costados y los dientes apretados, la joven maestra agua se volvió lentamente. ¿Qué demonios… realmente escuchó a Tío?

Contento consigo mismo, Iroh le dedicó a la chica una sonrisa aprobadora.

-Adelante, sobrino –le instó al muchacho detrás de ella.

Zuko asintió estúpidamente, incapaz de creer que su Tío hubiera realmente conseguido que la chica siguiera sus simples instrucciones. Incluso él raramente las seguía. Quizás debería hacerlo más seguido… una voz ladina en su cabeza sonrió con suficiencia. Despacio, desabrochó torpemente el prendedor y sostuvo el collar sobre su cuello. Katara se quedó allí, echando chispas, sintiendo la piedra -- caliente por el calor de su cuerpo -- tocar su cuello. Frunció el entrecejo.

¿Le tiemblan las manos? Bajó los ojos a las pálidas manos al lado de su cabeza mientras Zuko delicadamente apoyaba el material contra su cuello. Detrás de ella, Zuko entornó los ojos, tratando de abrochar el collar en su lugar. Katara podía sentir la punta de sus dedos rozar nuca, su larga trenza contra una de sus manos mientras luchaba por ajustarlo. Soltó un suspiro cansado.

-Ya, déjame.

-¡No te muevas! –rugió a sus espaldas. Katara casi saltó, las manos que había estado levantando bajaron sin más a los costados. Zuko frunció el ceño, molesto consigo mismo. ¡¿Por qué me tiemblan las manos?! Ninguno de ellos notó a Iroh riéndose ahogadamente para si mientras caminaba hacia la puerta de la casa de té.

-¿Estás seguro que puedes hacerlo? –preguntó, burlona.

-Puedo hacerlo –le aseguró, fastidiado.

-Bueno, perdón por preguntar. No sabía que eras tan bueno con la joyería, niño delantal –sonrió con suficiencia al sentir el aire caldearse ligeramente detrás de ella. un punto para Katara.

-Si te quedaras quita, podría trabar el estúpido pestillo –tenía el ceño fruncido concentrado, y se adelantó, salvando la pequeña distancia entre sus cuerpo. No pareció darse cuenta de que Katara se ponía rígida frente a él cuando su pecho rozo su espalda-. No te muevas…

Su voz era baja y demandante, abriéndose camino hacia sus orejas y enviando escalofríos por su columna. El corazón de ella lentamente empezó a azotarse dentro de su pecho con la sola proximidad del príncipe desterrado a su cuerpo. Sus dedos estaban haciendo explotar los nervios sensibles de su nuca y podía sentir el calor de su cuerpo que irradiaba su pecho ancho y firme.

La cabeza de Katara dio un respingo. Algo en como sus cuerpo estaban se le hacía familiar y su mente empezó a correr, intentado descubrir donde lo había sentido antes. ¿Cuándo la había atado a un árbol? No… había sido un árbol a su espalda, no Zuko.

-Ahí, listo –gruñó. Sus manos soltaron el broche y retrocedió con rapidez. Observó como levantaba los brazos y tocaba el collar, como estudiándolo.

-Ah… gracias –murmuró. Se volvió, su mano todavía apoyando sobre el pendiente.

Zuko se limitó a encogerse de hombros. Iroh lentamente pasó junto a él y lo codeó en las costillas. El joven le dedicó una fulminante mirada molesta, solo para que le articularan sin voz ¡discúlpate! Apretó las manos y frunció el ceño. Sacudió la cabeza. Iroh arrugó el entrecejo. Zuko gruñó.

-Lo siento.

-¿Qué? –Katara lo miró. Su mirada estaba desviada, mirando el edificio al otro lado de la calle como si de repente fuera muy interesante.

-Por el collar –murmuró Zuko-. Si quieres hablar con mi Tío otra vez… ninguna garantía será necesaria.

La joven parpadeó y asintió.

-Ah... de acuerdo –los dos permanecieron de pie frente a la entrada del negocio, solo a un pie de distancia, en completo silencio. Ella mantenía los ojos bajos y el se frotaba la nuca, mirando a un costado.

-¿Katara? –Llamó Toph desde el coche después de haber oído morir las voces afuera-. ¿Lista para irte? ¿La cena, recuerdas?

Él la miró a ella, viendo como su cara se encendía mientras retrocedía tambaleante y asentía.

-¡Cierto! ¡Cierto! La cena –respondió. Sacudió la cabeza y miró por encima de la figura de Zuko-. ¡Gracias por el almuerzo, I-eh-Mushi!

-Un placer –sonrió el anciano-. ¡Debemos repetirlo pronto!

Sin mirar a Zuko, Katara se giró y subió al carruaje que esperaba.

-Si no llegamos pronto, Sokka va a insistir en ir contigo a caminar.

Zuko pegó un respingo.

-Sí, lo sé… -Katara suspiró profundamente. La puerta se cerró tras ella y miró por la ventana-. ¡Chofer! ¡Llévenos pronto a casa, por favor! –ordenó. El hombre de verde asintió y trepó al frente del coche.

-¿Por qué te toman tanto tiempo tus caminatas, de todas formas? –Zuko escuchó a la maestra tierra preguntar.

Mientras los caballos avestruz se preparaban para salir, el carruaje avanzó hacia delante y la joven maestra agua sentada junto a la ventanilla capturó la luz que salía de la casa de té. Una expresión pensativa llenaba su rostro.

-Te lo dije –replicó la chica de piel oscura mirando su regazo y ruborizándose-. Solo… practico.

Las comisuras de los labios de él se curvaron en una ligera sonrisa mientras permanecía de pie frente a la casa de té y observaba al coche apurarse hacia la calle principal. Se pasó una mano por su espeso cabello y se volvió.

-¡Ah! –retrocedió tropezando, sus ojos como platos al descubrir a su Tío parado en la entrada, flanqueado por varios ancianos, guardias y el dueño. Zuko inmediatamente sacudió la cabeza y frunció el ceño-. ¡¿Qué?! ¡Métanse en sus propios asuntos!

Los fulminó a todos con la mirada y se abrió paso entre ellos para volver a su trabajo. Uno de los ancianos suspiró cansinamente.

-Tres chicas en un día –respiró-. Ese sobrino tuyo es todo un donjuán, Mushi.

-Bueno, ¿Qué puedo decir? –Iroh rió ahogadamente, palmeándose la panza-. Se parece a mí.


-En serio, Zuko –regañó Iroh, sentado frente a su sobrino, terminando su comida nocturna-. ¿Tenías que tomar su collar?

El joven frente a él ya había terminado su cena y estaba tendido en el piso alfombrado, mirando larga y fijamente por la ventana, con la cabeza descansando en sus brazos.

-Se lo devolví.

-Nunca debiste de haberlo tomado para empezar –continuó Iroh-. Aunque estoy curioso de saber que era lo que pensabas.

-Tío, no sabía a dónde te llevaban –porfió Zuko-. El punto es que se lo devolví. ¿Podemos dejarlo?

El anciano soltó un suspiro resignado.

-Deberías recompensarla –Zuko frunció el ceño. Giró la cabeza a un lado y miró a su Tío.

-Ya se lo di. Y me disculpe ¿Qué tengo que hacer para recompensarla? –gruñó Zuko.

-Bueno, era lo que correspondía –Le recordó Iroh-. Todavía estas en deuda con esa agradable chica Song, también –el anciano se detuvo-. Por cierto, ¿Cómo te fue con ellas?

Casi se había olvidado eso. Casi era la palabra clave. Instantáneamente, Zuko se sentó y lo miró con el ceño fruncido.

-¡Nunca hagas eso de nuevo! –Rugió Zuko.

-Ah... ¿fue así de malo?

-¿Malo? –Se mofó Zuko-. ¡Esas dos no se conocían y tú simplemente las sentaste juntas y me pusiste con ellas! ¡Apenas hablo con Jin, ¿Qué pensabas cuando me pusiste con ellas?!

-Bueno, asumí que ya que las conoces a ambas…

-¡Asumes demasiado! –le interrumpió Zuko. Siguió mascullando y Iroh como si nada se estiró por su tetera.

-Pensé que sería agradable para Song que conociera una joven amiga de su edad –explicó Iroh-. Ella y Jin parecen como si fueran a llevarse bien. ¿Lo hicieron?

-Sí… -farfulló Zuko. Había estado completamente ciego para ver a Jin evaluando a Song y a Song estudiar a Jin.

-Entonces ambas hicieron una nueva amiga –rebatió Iroh-. Quizás vayan a cenar.

Cenar. Zuko se debatió entre contarle o no a su Tío lo que Song había dicho. La chica probablemente regresaría para fijar una fecha y entonces su Tío se enteraría de todas formas. Suspirando arrepentido, Zuko habló.

-Song nos invitó a cenar en la casa de su madre otra vez.

-¡En serio! –Los ojos de Iroh se encendieron-. ¡Maravilloso! ¿Pusiste fecha?

Zuko se encogió ante la palabra.

-No, ella volverá después de que hable con su madre.

-Ah… bueno, debemos llevarle un lindo regalo como agradecimiento –cabeceó Iroh. Unos minutos de silencio pasaron antes de que Zuko se pusiera de pie y sacudiera sus ropas.

-Voy a salir –indicó simplemente.

Iroh alzó la vista. Quería preguntar pero sabía que Zuko se cerraría por completo. En vez de hacerlo, asintió. Tarde o temprano, se enteraría. Miró a su sobrino entrar en su habitación. Trajo consigo una mochila y se dirigió la puerta. Que se cerró tras de sí.

-Mmm... –Meditó Iroh en silencio, bebiendo su té-. Quizás debería empezar a salir a caminar.


-¡Regresaré más tarde! –Katara cerró la puerta tras de sí y se acomodó la cantimplora en la espalda. Una pequeña sensación de aturdimiento atravesándola mientras se deslizaba por el porsche hasta la vereda. No podía esperar hasta su próxima lección.

Las últimas dos noches, había llegado bajo el árbol y ya lo había encontrado allí, recostado como si nada contra el tronco con los brazos cruzados sobre el pecho. La primera vez, no había notado siquiera que estaba ahí hasta que se movió. Fue como si se hubiera materializado desde las sombras y buscado sus manos. Era casi un cuento de hadas.

Hasta que la giraba y la reacomodaba porque lo estaba haciendo mal. Aún así, sinceramente creía que estaba mejorando. La noche anterior no se había caído y él no había tenido que arreglar su postura. Su profesor era firme, pero estaba terminando el trabajo y no podía esperar al festival para refregárselo a Sokka en la cara. Sonrió con suficiencia ante la idea.

A mitad de camino por el parque, levantó su mano y jugueteó con el pendiente que se apoyaba justo sobre su clavícula mientras se sonreía. No estaba flojo, así que Zuko no lo había estado usando como había imaginado antes. Pero claro que había estado trabajando todo el día y lo juzgarían raro. Estaba fresco y agradable de nuevo, ya no tenía el calor por haber estado escondido en los pliegues de su camisa. Eso la había tomado por sorpresa.

Había pensado que simplemente lo guardaría en el bolsillo en uno de los bolsillos del delantal. Y la manera en que se lo devolvió… Iroh. Tenía que ser él. ¿Por qué más el ex Príncipe Soy-Mejor-Que –Tú le pondría el collar? Entornó los ojos. Recordaba la última vez que había hecho eso. Sin embargo, dudaba que Iroh le hubiera obligado a hacerlo. Después de todo, él la había atado a un árbol.

Revivió la escena una y otra vez en su cabeza, tratando de descubrir como podía haber zafado de ella. Como podía haberla evitado. Realmente no había pensado mucho en el hecho de que su voz se había suavizado cuando le hablaba. Y lo había hecho, no estaba alucinando debido a la falta de sueño. Y nunca había pensado demasiado en la forma en que su cuerpo se había movido alrededor del de ella, acercando su cabeza a la suya mientras balanceaba el collar de su madre en su cara.

Aunque, ahora que lo pensaba, había sido algo seductor; su aliento contra su oído, sus brazos sobre su cuerpo sin tocarla tentadoramente. Y tenía que admitirlo, no estaba muy mal como para no mirarlo. La cicatriz añadía peligro y misterio a su carácter. Y honestamente, ¿A qué adolescente de sangre caliente no le gustaba la emoción de un chico malo?

Jet saltó en su mente. Haru… bueno, Haru no era exactamente un chico malo. En cualquier caso, él era un hogareño niño de mamá con cabello perfecto del cual había estado secretamente celosa. Pero Zuko… Zuko era un mocoso mental, obsesivo, de mal genio con demasiado orgullo. Era exigente, franco y determinado. Incluso cuando estaba aparentemente echada a perder, todavía estaba contenta de que había sido lanzado a una posición tan humilde. Eso le enseñaría como vivía la otra mitad. Quizás se superara a sí mismo.

¿Dónde estaría en diez años si todo lo que hacía era ir en un barco cazando al Avatar? Posiblemente capturara a uno de ellos. Tal vez a Sokka. ¿Qué tal si capturara a Sokka? Katara sintió escalofríos en su espalda al pensarlo. ¿Quién sabía lo que le harían al pobre y exótico Sokka? Lo arrojarían en las oscuras fosas del barco de Zuko… encadenado a la pared. Tal vez los soldados le pedirían "favores" después de haber estado lejos de sus amantes por tanto tiempo.

Katara hizo un ruidito ahogado y siguió caminando.

-De acuerdo… no más pensamientos con el niño delantal… -murmuró al entrar en el parque. Tomó aire hondamente. Había sido un largo día y una larga noche discutiendo cosas con Aang. Todo lo que quería era pasar unas pocas horas haciendo algo completamente ajeno a la tarea entre manos.

El árbol estaba frente a ella y Katara estiró la mano apartando la cortina de ojos lo justo para pasar. Al caer las hojas en su lugar detrás de ella, sus ojos azules escudriñaron el área, acomodándose y buscando.

-¿Hola? –gritó. Nadie respondió.

Quedamente, rodeó el árbol. Se detuvo y suspiró antes caminar hacia la orilla del agua. Era la primera esta vez. En vez de desperdiciar el tiempo, decidió empezar a practicar sola. Regresó a su lugar de siempre debajo del árbol y levantó las manos.

-Dos pasos atrás… un paso adelante…


-Giro… -Zuko se recostó contra la copa del árbol mientras estaba sentado sobre la pequeña pista de baile donde la maestra agua estaba bailando.

Asintió para sí mismo, contento de que sus enseñanzas iban a algún lado. Ella había mejorado enormemente, si uno la veía desde la primera noche. Levantó sus manos y se acomodó la máscara, asegurándose de que estaba ajustada antes de saltar. Con cuidado, aterrizó al otro lado del árbol y la maestra agua bajó los brazos. El agua que había convocado del lago a sus espaldas regresó a él

-Ah, es solo tú.

¿Quién más podía ser? ¿Y sonó decepcionada?, pensó para sí. Le dedicó una cortés reverencia antes de acercarse y tenderle la mano.

-Me estaba preguntando –empezó, poniendo la mano en la suya-. ¿Cómo debería llamarte? ¿Si-fu? –él negó con la cabeza. No sonaba bien aplicado a él-. ¿Entonces cuál es tu nombre?

¿Realmente pensaba que le iba a responder después de tres noches de silencio? Zuko puso los ojos en blanco. Probablemente nunca había visto sus afiches de se busca. Con su mano libre se señaló la máscara.

-¿Máscara? –él sacudió la cabeza. Señaló la máscara y después sus ropas-. ¿Máscara camisa?

Ah… esto iba a ser divertido. Señaló la máscara, la camisa de ella, su collar y luego sus ojos.

-Máscara… camisa… collar… ojos… ¡Ah! ¿Azul?

Zuko asintió. Bien, sabe los colores. Levantó su mano una vez más y levantó un dedo.

-¿Primera palabra? –adivinó. Zuko asintió de nuevo y retrocedió. Empezó a mover los brazos y la cabeza-. ¿Brazos… azules? ¿Anciano con un bastón… azul?

Zuko bajó la cabeza y puso la mano sobre la máscara, exasperado. ¿Cómo diablos iba a decir espíritu? Pensó por un momento.

-¿Tipo enmascarado al azar… azul? ¿Justiciero angustiado azul? ¿Héroe espadachín... azul...? –siguió intentándolo una y otro vez hasta que finalmente él golpeó su mano contra la máscara. Pasó pateando el suelo junto a ella y tomó una de sus espadas. Soltó un jadeo y retrocedió, sobresaltada mientras él se paraba en el lado barroso del lago. Con la punta de la espada escribió algo en el suelo.

Curiosa, Katara echó un vistazo por encima del hombro de él y leyó los caracteres que había escrito. Zuko permaneció en el lugar orgullosamente, mentalmente aplaudiendo su genialidad.

-De acuerdo, no estoy exactamente segura de lo que dice… -él se le quedó mirando como si le hubiera salido otra cabeza. Mis dioses… ¿Cómo sobrevivió sin saber leer?

-Quiero decir "espíritu", pero te falta un trazo aquí… -detrás de la máscara azul, los ojos dorados se apuraron de regreso a las letras de barro y sintió que las mejillas se le encendían con vergüenza. Sacó la espada una vez más y añadió el trazo final.

-Ah… ¡Espíritu Azul! –empezó a reír-. ¡Por un segundo, creí que no sabía escribir ni tu propio nombre!

Muy bien, es todo. Me voy. Zuko bufó detrás de la máscara y se giró. Sin problemas puso la espada en la vaina y se dirigió al borde de los árboles.

-¡Espera! ¿A dónde vas? –jadeó. Se echó hacia delante y lo agarró del brazo antes de que pudiera irse. Él trató de zafarse, pero ella lo retuvo-. ¡De acuerdo, lo siento! ¿Podemos bailar, por favor?

¿Estaba rogando? Zuko paró su andar, pero no la miró.

Cuando se detuvo, Katara alzó la cabeza.

-Realmente me gustaría seguir con mis lecciones –admitió-. He tenido un día pesado… un imbécil robo mi collar… realmente me servirían las lecciones ahora.

Ah, así que ahora era un imbécil. El ex príncipe de la cicatriz había decidido a medias irse, pero entonces recordó que no sabía exactamente quién era. Y que probablemente no estaría prendida a su brazo y reteniéndolo si lo supiera. Se movió incómodo, intentando decidir si irse o quedarse. Ella sonaba sincera.

Entonces la voz de Iroh le llegó; diciéndole que la "recompensara". Zuko hizo una mueca. La miró y le ofreció su mano una vez más. Sonrió ampliamente y retrocedió, soltándole el brazo. Se inclinó y él asintió. Fue mucho mejor que su primera vez. Entonces ella aceptó su mano.

Las mariposas en su estómago revolotearon mientras tiraba de ella, y su cuerpo suave chocaba con el suyo, fuerte. Tragó con nerviosismo cuando sus piernas rozaron las de él. Sus manos se apoyaron delicadamente en su hombro y mano mientras él colocaba la suya en su cadera. Se encontró mirando en los oscuros hoyos que hacían las veces de ojos.

Esto era un poco más pegado que lo de siempre, pero Zuko creía que podía con una clase más avanzada. Cuidadosamente, movió sus piernas a los lados de las de ella, automáticamente haciendo que siguiera sus movimientos. A mitad de la primera hora, tuvo que admitir para sí… que era algo así como agradable. Entonces el pie de ella aterrizó sobre el suyo.

-¡Lo siento mucho!

Zuko se encogió y se contuvo antes de agacharse y agarrar su pie lastimado. Esta iba a ser una noche larga.


En serio tenía que dejar de enseñarle por la noche. Era horrible para sus hábitos de sueño ya que volvía tarde al apartamento y solo dormía tres horas o menos. Y luego, la maestra agua lo perseguía en sueños también. Las últimas noches solo había servido para empeorar las cosas con su cuerpo contra el de él. Maldijo aquellas hormonas masculinas y adolescentes.

Ella era suave. Uno no podía decirlo cuando la veía ya que generalmente estaba usando una de esas gruesas ropas de la Tribu Agua, pero tenía algo ahí. Y, había que reconocer, que se sentían bien contra él. Zuko se detuvo en la mitad de la preparación de un té de jazmín detrás del mostrador.

Y era cálida. Y, cuando bailaba, estaba feliz. Parecía que le gustaba cuando la giraba, a pesar de que su cabello volaba por todos lados y dejaba la lección como si se hubiera enfrentado sin ayuda a un oso ornitorrinco y sonriendo como si hubiera ganado.

Probablemente la parte más interesante era que durante los cortos recreos que tenían entre medio, hablaría al azar de lo que había hecho ese día y él se encontraba queriendo responderle. Si su hermano estaba siendo tan idiota, no debería dejarle comer la cena que ella había cocinado. Era así de simple. Pero no podía decirle eso.

Lo más que podía hacer era menear la cabeza, encogerse de hombros, y una vez, cuando le contó que realmente quería encontrar el bisonte del Avatar, había puesto una mano sobre su hombro y se lo había apretado consoladoramente. Ella le había sonreído y apoyado su cabeza contra su hombro. Eso había sido dos noches atrás… y había pasado una semana desde la primera vez que se encontraron allí. Y él aún recordaba ser incapaz de moverse hasta que ella hubo levantado la cabeza y proclamado que era hora de seguir con la lección.

También se encontraba yéndose más y más temprano para llegar al árbol, a pesar del hecho de que ella llegaba siempre a la misma hora. Pasaba una hora, dos esperándola en el árbol, intentando encontrar que enseñarle. Había agarrado bastante bien lo más difícil, "moverse como uno". Y había dejado de pisarlo.

Zuko puso la tetera en la bandeja. Acababan de abrir y era casi el final de la semana. Su Tío y el dueño habían salido a pedir otro cargamento de té semanal y llegarían justo a tiempo para la hora pico. Se volvió y se dirigió a la mesa donde los clientes matutinos estaban sentados; los ancianos de siempre que se sentaban con juegos de mesas toda la mañana.

-Señor Wong, aquí tiene su té de jazmín –informó Zuko colocando la tetera en la mesa al lado de los hombres. Su mesa estaba ocupada con un tablero de juegos.

-Ah… gracias, Li –asintió el anciano. Hizo silencio y lo miró-. Por cierto, ¿Cómo están esas bonitas señoritas que has estado viendo?

-No estoy viendo a nadie –corrigió Zuko.

-¿En serio? –El otro anciano pregunto, moviendo su ficha por el tablero-. Tu Tío nos estaba diciendo como has estado saliendo por la noche.

Zuko arrugó los ojos.

-Mi Tío habla demasiado.

-No deberías engañarlas por mucho tiempo o perderán el interés –le aconsejó el Sr. Wong.

-No las estoy engañando –Zuko frunció el ceño y sacudió la cabeza-. Digo… no lo haría, ni siquiera si estuviera viendo a alguien – ¡Que no estoy!

-Claro… -corearon cómplices.

Zuko apretó los dientes y se volvió antes de perder la calma. Estúpidos ancianos. ¿Quién pedía su opinión, de cualquier forma? Y él no estaba engañando a nadie. Eso sería deshonroso. Levantó la bandeja y regresó al mostrador. Se paró frente a él y dejó la bandeja a un lado.

Las cosas iban lentas tan temprano en la mañana y podía relajarse por al menos una hora o dos. De repente, la puerta se abrió con violencia y una sombra cruzó la habitación. Los ancianos levantaron la vista de su juego de mesa y Zuko alzó la cabeza. Agrandó los ojos al ver la figura azul de la maestra agua parada allí.

-¿Dónde está Mushi? –inquirió.

Zuko inmediatamente se enderezó, cruzó los brazos mientras la joven entraba.

-¿Qué estás haciendo aquí? –frunció el ceño. Siempre se veía diferente a la luz del día… más apurada y seria. Cuando puso los ojos sobre él, se volvieron volátiles y él sonrió con satisfacción. No se veía demasiado mal tampoco cuando estaba enojada.

-Recibí una nota de tu Tío –le contestó pasando. Sus ojos azules escanearon la habitación-. ¿Está aquí?

-Salió esta mañana para ordenar el té de la semana próxima –replicó con el ceño fruncido.

Katara arrugó los ojos.

-Eso no puede ser cierto. Me dijo que venga esta mañana porque tenía urgentes noticias.

Ninguno de los adolescentes oyó a los ancianos murmurando en el final del negocio.

-Oh… ese Tío suyo… es bueno.

-Bueno, lamento decepcionarte –retrucó Zuko fríamente y con desdén-. Pero no está aquí. Así que me temo que tendrás que irte.

-Puedo esperarlo –repuso Katara, cruzándose de brazos.

-Tenemos una política de no holgazanear –respondió.

-Perfecto –desafió Katara. Pasó a su lado y se sentó en una silla contra la pared-. Quiero una taza de té blanco y dos tartas de fruta.

Él frunció el ceño.

-Puedes volver más tarde. Estás desperdiciando tu tiempo aquí.

-Tu Tío dijo que había oído algo y quería contarme –explicó con severidad. Su carta había llegado mientras había estado afuera la noche anterior. Iroh había oído algo sobre un bisonte de seis patas e inmediatamente le había enviado un mensaje. El anciano era brillante. Como sabiendo que podían estar vigilados, escribió sutiles indirectas sobre el bisonte sin realmente mencionarlo. Como resultado, Katara se había apersonado presurosa esa mañana para saber más, sin esperar que los demás despertaran-. Ahora se un buen mesero y tráeme mi té.

-¿Me estás dando órdenes? –siseó Zuko.

-Estoy ordenando, pero tú no pareces estar tomándola.

-Escucha, campesina –Zuko arrugó el entrecejo y se acercó furioso a donde estaba sentada. Una mano azotó la mesa y la otra la pared junto a ella mientras se inclinaba y la amenazaba-. Si crees que esto es gracioso…

-No viene aquí a buscar problemas, Li –le interrumpió, molesta-. Vine porque tu Tío me pidió que viniera. ¡Eres tú el que está siendo grosero!

-¿Yo estoy siendo grosero? –rugió-. Tú abriste las puertas como…

-Tú querías sacarme a patadas…

-¡Tú exigiste ver a mi Tío como si el lugar te perteneciera!

-¡Tú ni siquiera me preguntaste porque vine a ver a tu Tío en primer lugar! –replicó.

-¡Tú…! –se había quedado sin municiones. Zuko agarró el borde de la mesa y clavó sus dedos en la pared. Ella se estaba incorporando, su mirada tan fuerte como la suya y con una distancia de apenas una pulgada o dos entre ambos. Él podía sentir su aliento en su cara, ver la intensidad en sus ojos, y dilucidar cada pequeño rasgo de su cara. Su pecho subió y bajó con una honda respiración.

Katara desvió los ojos y se retiró.

-Estamos buscando al bisonte del Avatar. Ha estado perdido desde que estuvimos en el desierto… -confesó en voz baja. Sus ojos estaban abatidos, apagados por la tristeza-. Tu Tío escribió que había escuchado algo y me pidió que viniera para poder contármelo en persona.

El bisonte. Por el cual había estado molesta una noches atrás. Dios, realmente era un imbécil. Sus ojos dorados giraron a un lado, ligeramente avergonzado, y lentamente retrocedió. Se paró derecho, sus manos cayendo de ambos lados de ella.

-Tenemos algunas... tortas de té fresca –anunció, volviéndose-. No servimos tartas de fruta hasta después del mediodía –añadió con frialdad.

Ella se limitó a cabecear. Zuko evitó sus ojos y pretendió que los dos ancianos no habían visto todo mientras iba hasta el mostrador. En silencio, preparó el té y las tortas y colocó dos tazas en una bandeja antes de volver hasta ella. Bajó la bandeja y le sirvió algo de té.

-Gracias... –murmuró. Él solo asintió.

Mientras se llevaba la taza a los labios, notó que se había sentado frente a ella. Se sirvió una taza de té, sintiendo la necesidad de sostener algo al menos mientras estuviera sentado allí.

-¿Por qué -no vino el Avatar? –Preguntó con voz queda-. Es su bisonte.

-El no sabe –le contó-. Quería estar segura antes de decirle.

Sus manos se endurecieron alrededor de la taza de té.

-No querías que él viniera –afirmó, entornando los ojos.

-¿Puedes culparme? –replicó, ligeramente irritada. Zuko bebió un trago de su té-. Todavía quieres atraparlo –siseó bajito.

¿Era eso lo que pensaba de él? ¿Un obsesivo acosador de Avatars? Tenía oportunidades más que suficientes de seguirla a casa y atrapar al Avatar mientras dormía. ¿Pero lo había hecho? Arrugó las cejas. No lo había hecho... Zuko hizo una mueca.

-¿Qué te hace pensar que no te capturaré ahora mismo? –preguntó, su voz calma y grave para que no los escuchen.

Sus ojos se posaron en él y lo fulminó fríamente con la mirada.

-¿Y llevarme a dónde? ¿El cuarto trasero? ¿Quizás al armario con una escoba, un trapeador y una pala? –averiguó. La comisura del labio de él adquirió un tic. No empezaba a sonar tan mal-. Capturarme no vale tu tiempo ni esfuerzo y lo sabes. Aang por el otro lado… -no completó la idea y volteó la cabeza-. Quizás lo quieras tan desesperadamente como para desenmascararte.

Él apretó los dientes.

-Piensas mucho de él –observó-. Es sólo un niño.

-Es el Avatar –enfatizó-. Va a cambiar al mundo te guste o no.

Él se burló.

-Ni siquiera pudo solo con mi herman. ¿Crees que va a vencer a toda una nación?

Los ojos de ella enfrentaron los suyos desafiantes.

-Creo que ya sabes mi respuesta a eso –contestó. Dejó la taza vacía metió la mano en el bolsillo-. Cuando tu Tío vuelva, dile que estuve aquí. Regresaré luego.

-Pensé que ibas a esperar –frunció el ceño.

-No quiero gastar mi tiempo con alguien como tú. Y creía que Sokka era negativo a veces –puso una pieza de plata en la mesa y empujó la silla. Zuko se paró y agarró la pieza.

-Aguarda –se estiró y tomó su mano fugaz. El movimiento impulsó algo en sus reflejos y tiró de ella. La escuchó jadear antes de adoptar una serie de pasos e instintivamente colocar su mano en su hombro. Su postura se enderezó y sus manos inmediatamente enfrentaron los de él. Oh-oh

-Lo siento –rápidamente se retiró y quitó la mano de su hombro-. Eh… costumbre.

Bien... al menos lo que le enseño se le está pegando. Zuko parpadeó y bajó la mirada, sintiendo sus mejillas encenderse al poner ella un buen pie y medio entre ellos.

-Toma –dijo, presionando la moneda en su mano-. El té va por la casa.

-¿Otra vez? –preguntó Katara, mirándolo, confundida-. ¿Cómo hacen para ganar dinero si viven dando té gratis?

-Solo para chicas bonitas –Zuko repitió lo que su Tío siempre decía riendo cuando él lo reprendía por dar té y tortas gratis. Sin embargo, tan pronto salio de sus labios, se golpeó así mismo-. ¡Mi Tío! Siempre dice eso. ¡No quise decirlo! –la alarma se disparó en su cabeza, pero no hizo nada.

Levantó la mirada y vio feroz expresión en la cara de la maestra agua al mismo tiempo que se le enrojecían las mejillas.

-Ah… -empezó en voz baja y peligrosa-. ¿Así que no soy lo suficientemente bonita?

-Nunca dije que fueras bonitas –Mmm… de alguna forma eso no suena bien.

Estaba que hervía ahora y podía sentir su mano temblando mientras la sostenía.

-¡Bueno, discúlpame por no ser bonita! –rugió-. ¡Quédate con tu estúpida moneda! –escupió. Giró su brazo tratando de soltarse. Pero la agarraba con firmeza por la muñeca, reteniéndola.

-¡No quise decir que fueras fea! –sus palabras simplemente no estaban saliendo bien. Katara soltó un grito de frustración.

-¡Déjame ir! –retrocedió, atropellando una silla al salir.

-¡Entonces quédate con la moneda! –él tambaleó hacia delante, tratando de ir con ella.

-¿Puedes ya dejarme? –sintió que su pie se atoraba en algo y se volvió para mirar.

-¡Mira por donde vas! -Su voz sonó en sus orejas al girar su cuerpo. Con él frente a ella y su pie enredado contra una silla, perdió el equilibrio y cayó al suelo dando una voltereta.

Se preparó para el duro piso de piedra, apretando los dientes y cerrando los ojos mientras caía. Su cuerpo aterrizó contra algo firme, pero no era el suelo. Un gemido resonó debajo de ella y cerró los ojos con más fuerza. Los pisos de piedra no gemían… pero los meseros sí. Todo esto es un mal sueño… todo esto es un mal sueño…

-¿Li? –llamó una voz femenina sobre ellos. Katara a regañadientes abrió los ojos y lentamente levantó la cabeza. Una joven vestida con un hanbok blanco y durazno estaba parada a un lado de la entrada mientras otra joven de verde estaba parada al otro. Sus ojos estaban igual de grandes y los miraban fijamente, con una expresión herida en sus rostros.

Los ojos azules lentamente descendieron al cuerpo sobre el que estaba tendida. Ropa verde oscuro. Delantal. Un cuerpo sorprendentemente bien construido... katara se obligó a mirarlo a la cara. piel pálida… cabello negro… ojos dorado fulminando su cabeza… una quemadura en su ojo izquierdo… eso no estaba sucediendo.

-¡Ew! –Zuko no tuvo tiempo de ser insultado por su arrebato mientras luchaba por sentarse, solo para tener a Katara empujándolo para poder gatear fuera de su cuerpo. Soltó un quejido cuando su cuerpo dio contra el suelo. Ella se movió contra él, deslizándose contra su pecho, su estómago y más abajo todo el largo de sus piernas mientras peleaba por levantarse.

-Katara –una voz divertida rió ahogadamente sobre ellos. De rodillas, entre las piernas de Zuko, Katara alzó la vista y sintió que su cuerpo entero ardía con un sonrojo al encontrar a Iroh parado allí sonriendo orgullosamente con un canasto de té en sus brazos-, buenos días.

Zuko golpeó su mano contra su frente. En algún lugar detrás de Iroh, una voz que se oía como la del dueño exclamaba alegremente:

-¡Lo supe cuando la vi! ¡Gané la apueste!


N/A – Sí, Zuko la atrapó cuando caía. Sí, Katara lo sintió parado mientras se levantaba. (Como si ustedes no…) ¿Fue esto un plan maestro y malvado de Iroh? quién sabe… y seguiré el acrónimo PWP para ¿trama, qué trama? Lo siento, chicos, nada de porno. Sé que acabo de perder a la mitad de mis lectores… ¡Gracias por leer!

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¡Estuvo genial! Jaja, me encantó, me encantó y me encantó. :D Fue lo más este Cáp., a que sí. Bueno los que se vienen están igual de geniales, pero también mucho mejor. Jaja. ¡Ganamos! Jaja, ayer tuve una competencia, por eso no actualicé, ¡y salimos terceras! Bailamos Jazz ;) y no lo hacemos tan mal, parece jaja.

GRACIAS: Lolipop91, vane.zutara, Azrasel (gracias por leer! me alegro mucho que te gustase y espero qe te haya pasado otro tanto con este. Nos vemos. ), youweon, Nadiakiara, Francisca (me encanta que te haya encantado! jaja, un besote gracias por leer!), Orion no Saga, :), maga-azul y kuchiki mabel. Os qiero, saben? jajaj, son geniales.

Deja un review y regalale alas a un ángel. :)