"La felicidad es diferente
del placer.
La felicidad tiene algo
que ver con luchar,
y aguantar,
y cumplir"
-George Sheehan
Capítulo Cuatro: Historia de Dos Compromisos
Invernalia
En algún punto a la mitad del día Caryssa estaba frustrándose por la cantidad de personas que parecían llenar el castillo. Así que fue a buscar refugio en su lugar usual, el Bosque de Dioses. Se sentó frente al Árbol Corazón, su cabeza inclinada y los ojos cerrados. Amaba la quietud del bosque, los únicos sonidos que se escuchaban eran el crujir de las hojas y el piar de las aves. Caryssa entendía por qué su padre venía aquí después de una ejecución, a rezarle a los Dioses y limpiar su espada. Era lo suficientemente pacífico para despejar tu cabeza y viajar a través del ruido de tus pensamientos.
Caryssa siempre venía al Bosque de Dioses, a sentarse frente al Árbol Corazón, cuando era pequeña. Frecuentemente encontraba allí a su padre, y se sentaban juntos en el silencio del bosque. Ella se sentaba en el suelo mientras él se sentaba en un pequeño banco de piedra, ella se recargaba en sus piernas y él pasaba sus manos por su cabello mientras ambos trabajaban en sus propios pensamientos. Algunas veces hablaban de los problemas que su padre tenía en ese momento, ella expresaría su opinión y él tomaba lo que ella decía en consideración. Su madre bromeaba con que Caryssa parecía más la consejera de su padre que su hija y que era muy sabia para alguien tan joven.
Tal vez era demasiado sabia para su propio bien. Caryssa siempre había tenido un don para saber cuando algo estaba por cambiar, cuando algo venia en el horizonte. No era algo antinatural, no era una vidente o una bruja, solo tenía buenos instintos. Por ejemplo, la visita del Rey a Invernalia auguraba un cambio que sabía que no le gustaría. Su padre no tendría más opción que aceptar la oferta del Rey de convertirse en Mano del Rey, y dejaría Invernalia. Ese era un cambio que Caryssa no quería. Ellos eran del Norte, su sangre corría diferente de aquellos en el Sur, eran diferentes, y Ryssa sabía que no podría proteger a su padre si él estaba en el Sur. No sería capaz de correr a su lado para protegerlo a tiempo.
Sacudió su cabeza de esos pensamientos. Su padre era Eddard Stark, Señor de Invernalia y Guardián del Norte, él había puesto un rey en el trono y detenido rebeliones, podía cuidarse a sí mismo, incluso aunque sus instintos le decían que a veces ni siquiera eso era suficiente.
Caryssa estaba segura de que todos estarían muy ocupados o muy atareados con el banquete de esa noche como para molestarla, incluso rezó un momento a los Dioses para pedir por un momento de paz, pero sus plegarias no fueron respondidas. Escuchó el chasquido de ramitas aplastadas por un par de pies, y giró la cabeza para ver a Jaime Lannister de pie detrás de ella, recargado casualmente contra un árbol, aunque ya no traía su armadura dorada con blanco. Caryssa supuso que se veía mucho menos intimidante así que con su armadura, aunque ella misma no podría decir que se sentía intimidada por su presencia. Era más una lujuria a la que no cedería. Un Lannister no era alguien con quien ella como Stark quería involucrarse.
Aunque un lobo no le teme a un león, ambos siendo depredadores, el lobo sabe que no debe aventurarse muy cerca de un león, a menos que se destrozen entre ellos.
"¿Qué pide en sus oraciones, Lady Stark, en un día tan alegre como hoy?" Preguntó él, mientras notaba el momento de sorpresa en el rostro de Caryssa antes de que ella recuperara la compostura, plantando una máscara de indiferencia en su rostro.
"En un día tan alegre como hoy, pido por la paciencia para lidiar con la atención no deseada de leones Lannister, Ser Jaime. Claramente los Dioses tienen su atención puesta en otro lugar el día de hoy." Respondió Caryssa, sonriéndole brevemente, una sonrisa sarcástica para hacer juego con sus ingeniosas palabras.
"La Dama de Hielo tiene ingenio. Que encantadora sorpresa," Caryssa frunció el ceño ante sus palabras, antes de volver a mirar hacia el Árbol Corazón, escogiendo ignorarlo. Ella miró hacia sus pálidas manos, preguntándose cómo podían mantenerse lisas y suaves a pesar de los climas helados en los que había crecido, y esperó que él simplemente se largara porque su presencia le molestaba. ¿Que acaso ya ningún lugar era sagrado? Había estado convencida de que ningún Sureño vendría al lugar de los Viejos Dioses. "La he ofendido, milady? En verdad espero que acepte mis más humildes disculpas."
"Siento mucho decir que no suelo prestar atención a palabras melosas provenientes de hombres guapos, Ser," Caryssa se puso de pie, quitando hojas y sacudiendo lodo de la parte inferior de su falda, y volteó a mirarlo. "Una disculpa sólo es humilde cuando la persona que la otorga en verdad lo siente, y no la utiliza para disfrazar su petulancia y arrogancia."
"Sus palabras me hieren, Lady Stark. ¿Qué he hecho para merecer semejante cinismo?" Cuestionó Jaime, paseando hacia ella y Caryssa resistió el impulso de dar un paso hacia atrás como un animal asustadizo. Ella observó la diversión en sus ojos verdes, ojos que, ella notó, no eran tan fríos como los de su hermana. Él estaba disfrutando de esto.
"Nada, Ser, excepto ser un Lannister. Me han advertido que no es sabio que una dama juegue con leones." Respondió Caryssa, ahora teniendo que mirar hacia arriba para seguir mirándolo a los ojos ya que se había movido directamente frente a ella. Su sentido de la propiedad y la decencia , al igual que su desconfianza en los hombres, le decía que debía alejarse, irse antes de que él hiciera lago que comprometiera su honor, pero la arrogancia en sus ojos y su propia testarudez enraizaron sus pies al suelo donde estaba parada.
"O que un caballero juegue con lobos, pero no me da la impresión de que usted sea alguien que sigue las reglas al pie de la letra, Lady Stark."
Caryssa dio un confiada paso hacia el frente, eliminando una gran cantidad de espacio entre ellos, sorprendiendo al león con su atrevimiento. Se había sorprendido a ella misma, permitiéndose estar en una posición un poco íntima con un hombre que no era su esposo ni siquiera su prometido, pero continuó de todos modos.
"He tenido la experiencia, Ser Jaime, de que las reglas son más como guías en un juego," dijo Caryssa, sonriéndole, y él parpadeó sorprendido ante la diferencia entre la expresión fría y neutra que tenía antes y la radiante sonrisa que tenía plantada ahora en su rostro. Hacía que fuera más aún agradable verla, sí eso era posible. "De cualquier modo, no recuerdo haberlo invitado a jugar."
Con esas últimas palabras Caryssa dejó al dorado caballero frente al Árbol Corazón, una mueca de satisfacción jugando en sus labios.
Había estado mano a mano con el león dorado y había salido sin un solo rasguño, esa era una victoria de la cual estar orgulloso.
Luego de su breve encuentro con Jaime Lannister, Caryssa se dirigió a la habitación de Sansa, consciente de que su hermana menor querría escoger el vestido que usaría y como llevaría el cabello para no quedar avergonzada por la apariencia de su hermana mayor. Caryssa insistía en que era capaz de vestirse ella sola, pero cuando se trataba de banquetes y príncipes y princesas, no se debía discutir con Sansa.
Así que allí era donde Caryssa estaba, acostada en la cama de su hermana, observando a su madre trenzar el hermoso cabello rojo de Sansa. Sansa estaba vistiendo una de sus hermosas creaciones, un hermoso vestido azul, y tenía a su madre trenzándole el cabello en un complicado estilo Sureño en honor a sus invitados.
"¿Crees que le guste a Joffrey? ¿Y si piensa que soy fea?" Cuestionó Sansa, y Caryssa tuvo que resistir la necesidad de poner los ojos en blanco. Su hermana tenía en la más alta estima la aprobación del príncipe y el resto de la familia real. Eso molestaba un poco a Caryssa, quien pensaba que ninguna opinión o aprobación importaba más que la de tu familia. Familia, Deber, Honor era el lema de la Casa Tully, la familia de su madre, y Caryssa se tomaba eso muy en serio. Familia primero, deber después y honor por último.
"Entonces es el príncipe más estúpido que jamás existió." Catelyn le dijo a su hija y Caryssa asintió.
"Y un ciego tonto para empezar." Añadió Caryssa, incorporándose y mirando a su hermana mientras la chica miraba su reflejo en un espejo de mano.
"Es tan atractivo. ¿Cuándo nos casaremos? ¿Pronto? ¿O tendremos que esperar?" Cuestionó Sansa y Caryssa frunció el ceño. Sansa estaba enamorada de la idea del amor, de casarse con un príncipe y darle hijos. No parecía entender la realidad de las cosas. Joffrey podría resultar un pequeño bruto, cruel y malvado debajo del exterior dulce y encantador, y Sansa no lo descubriría hasta que fuera demasiado tarde.
"Calla ahora. Tu padre aún no ha dicho que sí." Le recordó su madre, mientras continuaba trenzando los sedosos mechones rojos del cabello de su hija.
"¿Por qué habría de decir que no? Sería el segundo hombre más poderoso de los Siete Reinos." Replicó Sansa, y Caryssa negó con la cabeza ante las palabras de la pequeña loba.
"Padre tendría que dejar Invernalia, dejar a madre, y tú te irás con él. El invierno se acerca, pequeña loba, y cuando llega el invierno, ¿qué es lo que hacen los lobos?" Preguntó Caryssa, poniéndose de pie y moviéndose hacia la linea visual de su hermana. Sansa suspiró y miró a su hermana testarudamente hasta que supo que estaba esperando una respuesta.
"Los lobos se quedan en la guarida y se protegen entre ellos pero, Caryssa, sería Reina algún día," dijo Sansa, antes de voltear a ver a su madre con grandes ojos suplicantes. "Por favor haz que Padre diga que sí! Por favor, por favor! Es lo único que siempre he querido."
"Dejemos esta discusión por ahora. ¿Qué vestido piensas usar para el banquete, Ryssa?"Preguntó Catelyn a su hija mayor, y la joven mujer sonrió en respuesta al rápido cambio de tema por parte de su madre, y decidió ayudarla.
"Estaba pensando en el gris que use el último día del nombre de Robb. Es lo suficientemente hermoso." Contesto Caryssa, encogiéndose de hombros con indiferencia. A ella no le importaban mucho los banquetes. Se parecía mucho a su padre. Ambos se sentían como osos enjaulados cuando se trataba de banquetes, aunque, Caryssa sí disfrutaba la danza, así que algunas veces trataba de perderse la primera parte del banquete para llegar justo a tiempo para la danza y luego retirarse igual de rápido. Aunque ese no sería el caso con este banquete, ella estaría obligada a quedarse el mayor tiempo posible ya que se trataba de un banquete para el Rey.
"De hecho mandé a hacer un vestido especialmente para que lo utilices en esta ocasión especial. Sansa ayudó. Es de estilo Sureño, en honor de nuestros invitados." Dijo su madre, terminando la última trenza de Sansa y dejando la habitación para ir por el vestido.
Caryssa le dirigió a Sansa una mirada curiosa y Sansa fingió inocencia, lo que hizo que su hermana mayor se riera ante su obviedad. Ryssa se volvió a sentar en la cama y esperó a que su madre regresara, tratando de persuadir a su hermana para que le diera más detalles acerca del vestido del que no sabía nada. Sin embargo, Sansa se rehusó a cooperar, diciendo que era una sorpresa y Ryssa sólo se frustró y se puso más ansiosa.
Nunca había sido fan de las sorpresas. Especialmente cuando la mayoría de las veces resultaban ser malas.
Ésta resultó ser una de esas raras y maravillosas sorpresas.
Su madre entró valseando a la habitación, con un vestido de algodón azul claro-con una capa de seda cubriéndolo para hacerlo hermoso pero abrigador en las temperaturas del Norte- sobre sus brazos. No tenía mangas pero Caryssa estaba acostumbrada al frío viento del Norte, y además estaría dentro del castillo la mayor parte de la noche de todos modos. Caryssa tomó el vestido de las manos de su madre y lo miró más de cerca. Tenía bordado de plata en el corpiño, lo que sólo añadía a la belleza del vestido. Era definitivamente el vestido más hermoso que Caryssa poseía.
"Es hermoso. Gracias a ambas." Dijo Caryssa, antes de desaparecer del biombo en la habitación de Sansa, y se desvistió.
Se puso el vestido nuevo, alisando la falda y amando la sensación de la seda bajo sus manos. La mayoría de sus vestidos estaba hechos de gruesa lana o algodón debido a las temperaturas, así que la seda era algo raro para ella. Se sentía completamente como la Belleza del Norte en el vestido que ahora usaba. Salió de detrás del biombo y le dio la espalda a su madre, quien inmediatamente avanzó hacia adelante para atar los cordones del corsé.
Cuando Caryssa se dio la vuelta, después de colocarse la joya de su collar sobre el cuello del vestido, ambas su madre y su hermana alabaron su aparente belleza, y luego la forzaron a sentarse en el asiento que Sansa desocupó rápidamente, para que pudieran peinarla. Trenzaron y estiraron su cabello en sus manos, haciendo dos trenzas en cada lado de su cabello, conectándolas después en una trenza más grande que bajaba por su espalda, aunque dejaron una gran sección de su cabello suelto en su espalda en ondas oscuras.
Cuando su madre y hermana terminaron. Caryssa se puso de pie.
"Realmente es un vestido hermoso, Madre, pero yo tengo muchos vestidos apropiados para un banquete con el Rey, así que cuál es el verdadero motivo detrás de este regalo?" Cuestionó Caryssa, arqueando una ceja y retando a su madre a no decirle la verdad. Su madre suspiró y su hermana puso los ojos en blanco ante el cambio en los ojos de Caryssa.
"Tu padre ha estado pensando en posibles pretendientes para darles tu mano por algunas semanas. Creo que el Rey ayudará a tu padre a tomar una decisión ésta noche." Dijo Catelyn a su hija en la voz más suave que pudo, sabiendo que su hija no tomaría bien que la mantuvieran en la ignorancia todo este tiempo.
Sansa observó a su hermana detenidamente, esperando una fuerte reacción. Si había algo que Caryssa Stark odiaba, eran los secretos o que la mantuvieran apartada de asuntos que ella consideraba debía estar al tanto. Ella era la mayor, merecía mantenerse al tanto de todo, era su derecho. Además esto estaba directamente conectado con su hermana, así que sin duda alguna su hermana se enojaría por eso.
"¿Quienes son los pretendientes que están considerando?" Cuestionó Caryssa, sus ojos fijos en la falda de su vestido, su voz tranquila, pero aún tan firme como normalmente era.
"Lo han reducido a unos pocos, entre ellos Ser Loras Tyrell y Ser Jaime Lannister."
"Jaime Lannister a tomado sus votos. No puede tener esposa." Negó Caryssa, y miró ferozmente a su madre por no haberle dicho cuando era aparente que su padre no lo haría. Ya no era una niña, e incluso cuando era considerada una niña había estado al tanto de mucha información confidencial, porque era digna de confianza y sabia para su corta edad.
"El Rey está considerando liberarlo de sus votos. Cree que aliviaría las tensiones que ha habido entre las casas Stark y Lannister por años." Explicó Catelyn, dándose cuenta de que esas palabras no eran las que su hija quería escuchar, cuando la chica soltó un gruñido lleno de frustración, sonando mucho como un lobo de su Casa.
"Deberías estar contenta, hermana, ambos Ser Loras y Ser Jaime son muy atractivos. Si te casaras con Ser Jaime, ambas podríamos tener bellos bebés rubios." Dijo Sansa, y la mirada de Caryssa se fijó instantáneamente en su hermana, dirigiéndole a la enamoradiza chica una mirada sombría. Sansa no podía entender porque su hermana no estaba contenta con el modo en que se estaba desarrollando la situación. Si el Rey liberaba a Ser Jaime de sus votos y se casaba con Caryssa, ella sería Lady Lannister de Roca Casterly algún día.
De repente Caryssa sintió que ya había tenido suficiente de mimarse y acicalarse y se escapó de la habitación en cuanto pudo. Se apresuró hacia su habitación, intencionalmente tratando de pasar desapercibida. El banquete empezaba en menos de una hora y si alguien la viera ahora, tendría que ir enseguida y no a medio banquete como ella esperaba.
Así que se coló entre los pasillos hasta que logro escabullirse en su habitación, donde tomó el libro sobre curación que el Maestre Luwin le había prestado, tratando de no concentrarse en la traición que su padre había cometido contra ella. Caryssa y su padre tenían una estricta política de no secretos. Ella nunca había tenido secretos con él en toda su vida, pero él había mantenido esto en secreto por semanas. Estaba herida pero sabía que tendría que mantener sus sentimientos aparte cuando entrara al Gran Salón. Lo bueno de los banquetes y las fiestas y la corte es que era como una mascarada. Sólo necesitabas ponerte la máscara adecuada y entonces nadie podía ver a través de ella quien eres en realidad o cómo realmente te sientes.
Un par de horas después, Caryssa se puso su propia máscara y se dirigió hacia el Gran Salón, armándose de valor antes de entrar. Plantó en su rostro una amplia y hermosa sonrisa, y se dijo a sí misma que al día siguiente le preguntaría a su padre cuándo pensaba decirle, pero por ésta noche, intentaría ser la hija feliz que no sabía nada de su inminente compromiso. Bailaría, bebería, cantaría sí el Rey así lo pedía, y olvidaría la pequeña traición de su padre y disfrutaría el resto del banquete.
A/N:
Hola chicos!
Lo siento por tardarme tanto en subir capítulo pero estuve muy ocupada con las fiestas de Navidad y Año Nuevo y aparte Día de Reyes que con trabajos tuve tiempo de respirar. Pero prometo que a partir de ahora trataré de subir capítulo cada semana.
Gracias a Lady Bastarda por comentar en el capítulo pasado y en respuesta sólo te diré que tendrás que esperar para enterarte :)
También spoilers para el siguiente capítulo:
Jaime y Tyrion hablan sobre Caryssa y la loba y el león bailan juntos.
Gracias por leer :)
Bren
