Un poco antes de ti.

Última parte.

Apenas su abogado pagó la fianza y logró salir de esa infernal estación de policías, recuperó sus cosas y salió corriendo hacia su auto, sin dejar de maldecir ni un segundo.

Karin iba a matarlo. Debería haberla llamado a ella para que le trajera a su abogado y pagara la fianza, para que supiera que no había podido evitar faltar a su cita. No obstante, no estaba pensando bien y decidió usar su única llamada para contactar a su abogado. Ahora quién sabe lo que estuviera pensando de él.

Pasó por el restaurante y maldijo al no verla allí, pero habían pasado cuatro horas así que no debería sorprenderse. Vio al lado del restaurante una florería que recién estaba cerrando y corrió para interceptar a la dueña, que accedió a venderle un ramo de rosas rojas, las favoritas de su esposa. De inmediato volvió a correr a su auto y casi atropella un par de personas para llegar rápido a su casa.

No se molestó en meter el auto a la cochera, simplemente lo cerró y entró a la casa, subiendo al segundo piso y entrando a su habitación. Karin estaba allí, enfundada en el vestido que compró para ella el año anterior poco antes de que todo el problema le estallara en la cara, su rostro estaba enterrado en la almohada mientras sollozaba suavemente, y por la humedad en la almohada podía decir que llevaba mucho tiempo llorando.

-¿Karin?- susurró acercándose lentamente a la cama y sentándose a su lado. –Karin, lo siento… yo… yo…- se mordió el labio. ¿Qué decirle? No podía revelarle que fue arrestado, entonces haría más preguntas y tendría que hablarle de los meses que llevaba ocultándole la crisis de su editorial principal. Con la ira que debía tener hacia él ahora, eso sería firmar de antemano su sentencia de muerte, alias divorcio. Nunca lo perdonaría sí se lo decía ahora. –Yo… tuve un asunto muy importante que atender en el trabajo.- ella se quedó inmóvil de pronto, aún con el rostro hundido en la almohada. –Era… realmente urgente.- se sentía muy mal por mentirle, no obstante realmente creyó que esa era la mejor opción para lograr su perdón. –Perdóname, Karin, en verdad no tenía otra opción.- acotó desesperado por que dijera algo.

-¿Por qué no llamaste?- alzó el rostro levemente, dejándolo ver sus ojos rojos e hinchados por el llanto. -¿Era tan urgente que no podías tomarte un minuto para decirme que de nuevo prefieres al trabajo antes que estar conmigo?- gruñó furiosa, poniéndose en pie mientras las lágrimas volvían a bajar por sus mejillas.

-No digas tonterías.- frunció el ceño. –Y no pude llamarte, es que…- se mordió el labio, sin saber qué excusa inventar.

-Lo olvidaste.- lo miró resignada. –Ni siquiera estoy sorprendida… Lo que sí me sorprende es que realmente creí que ibas a aparecerte, que ibas a desperdiciar unas horas de tu precioso trabajo para estar conmigo. ¿Quién soy yo para exigirte algo así? Solo tu esposa, nadie importante ¿verdad?- siseó venenosamente, a pesar de que seguía derramando lágrimas.

-No es eso.- se frotó las sienes. –Karin, por favor, ya te dije que lo siento. En verdad era algo que no podía evitar, la situación estaba fuera de mi control. Ya pasó y no puedo volver el tiempo atrás, lo que sí puedo hacer es compensarte, por eso traje esto y además…- levantó el ramo de rosas, pero antes de que pudiera seguir hablando ella lo tomó bruscamente, se acercó a la ventana y la abrió para luego arrojar con fuerza las flores lo más lejos posible. –Karin…- comenzó a desesperarse. Nunca la había visto tan molesta. Realmente jodió las cosas esta vez. –Lo siento, yo…- ni siquiera sabía qué decirle. –Perdóname.- apretó los puños, frustrado consigo mismo.

-¿Perdonarte? ¿Para qué? ¡¿Para qué demonios debería perdonarte?!- se secó las lágrimas, pero en vano porque estas seguían corriendo. -¿Para seguir de este modo? Toshiro, esto no está funcionando y lo sabes.- él palideció al escuchar esas palabras. –Ya no puedo más… estoy cansada y sé que tú también. Dejemos de engañarnos a nosotros mismos, ya no hay nada que hacer. Lo mejor será terminar con…- esta vez, fue él quien la interrumpió, con sus labios.

La besó con fuerza, sujetando su cabeza y su cintura para que no se alejara, sin inmutarse cuando lo abofeteó. Continuó besándola a pesar de sentir otra dolorosa bofetada, y otra, en la misma mejilla, golpeándolo con fuerza mientras su otra mano intentaba empujar su pecho para alejarlo. Él siguió besándola y abrazándola hasta que finalmente sus bofetadas se convirtieron en caricias, su cuerpo se relajó contra el suyo y comenzó a corresponder el beso, mismo que cada vez aumentaba más de intensidad.

Hace meses que no se tocaban de ese modo, y ella lo había extrañado tanto, lo anhelaba tanto, quería desesperadamente sentir sus caricias otra vez. Así que calló sus preguntas y sus reclamos, dejándose caer en la cama con él encima de ella sin romper el beso, devorándose mutuamente con sus labios y recorriéndose con sus manos.

Jadeó, gimió y gritó mientras él la complacía tanto que apenas le dejaba fuerza para hacer débiles intentos de seguirle el ritmo. El placer abrumó sus sentidos y solo fue capaz de aferrarse a su espalda húmeda por el sudor con sus manos temblorosas suplicándole que no se detuviera.

Por esa noche, todas sus preocupaciones se alejaron, todo volvió a ser como antes, solo ellos dos amándose sin restricciones.

Se durmió aferrándose con fuerza a su esposo, temiendo que volviera a alejarse de ella pero, a pesar de sus esfuerzos, a la mañana siguiente despertó sintiéndose sola y fría. Se sentó en la cama y miró con tristeza el lugar vacío junto a ella, sin saber cómo sentirse.

Tenía la esperanza de que estuviera abajo, pero no se sorprendió al bajar y no encontrarlo. Ya estaba acostumbrada a que él la decepcionara. Ni siquiera se sorprendió cuando no contestó a sus llamadas, hace meses que nunca contestaba el teléfono ¿por qué contestaría ahora? Aun así ella al menos lo intentó.

De camino a su hogar después de horas de mucho trabajo y muchísimo estrés, Toshiro casi tuvo un accidente debido a lo cansado que estaba. Apenas pudo dormir una hora y media antes de que la llamada de Kira lo despertara diciéndole que fuera inmediatamente a la editorial. Pero por una vez, era por buenas noticias, aunque aun así le dolió tener que dejar a su esposa sola, y de tan apurado que estaba ni siquiera pudo dejarle una nota esta vez.

La razón por la cual había sido encarcelado era un contrato supuestamente firmado por él con una mafia que recientemente había caído para que asesinaran al presidente de la editorial rival, un truco tan bajo, pero les había salido mal. La firma en ese contrato era muy parecida a la suya, casi perfecta, sin embargo "casi" era la palabra clave aquí, porque no era perfecta de ningún modo. Y él siempre se aseguraba de que sus firmas sean perfectas, calculando la profundidad y longitud de los trazos, tomándose su tiempo. Todas sus firmas eran una copia perfecta de las firmas anteriores, de la más reciente a la primera que hizo en su vida, no por nada siempre fue considerado un genio. Algunos de sus socios lo llamaban paranoico, pero su precaución había dado sus frutos.

Esa firma no era suya y podían probarlo. La editorial rival estaba acabada. Este problema que tanto le había costado a su vida personal estaba llegando a su fin de una vez por todas. No podía esperar a tener una buena noche de sueño, probablemente tomarse unas vacaciones a penas se recuperaran un poco del golpe, llevar a Shimo al parque como hace tanto no hacían, y encerrarse en su habitación con su mujer por un par de días al menos. Tal vez convenciera a Rangiku y Momo de cuidar a su hija mientras recuperaban el tiempo perdido.

Aun así, primero tendría que encargarse de este problema y luego solucionaría sus problemas personales. Estaba cerca, pero ahora más que nunca debía asegurarse de no dar un paso en falso. Solo un poco más de estar lejos de casa y entonces nunca más en la vida volvería a descuidar a su familia. Era una promesa.

Al llegar a su casa Shimo lo esperaba despierta con sus parpados apenas pudiendo mantenerse abiertos, él no estaba mucho mejor, así que la arropó y sin darse cuenta acabó durmiéndose arrodillado frente a su cama con la cabeza apoyada en sus sábanas.

Karin había escuchado su auto, y estaba decidida a confrontarlo apenas llegara a la habitación, pero él nunca llegó y ella solo pudo tomarlo como que la estaba evitando. ¿Ahora ni siquiera quería dormir a su lado aún después de la maravillosa noche que pasaron juntos? Bufó y tomó la foto de su boda, recordando las palabras de Yukio respecto a que debería mandarlo al diablo, que ella merecía más que esto.

¿Acaso sería mejor…?... ¡No! No. No, no quería siquiera contemplar la idea de acabar con todo. No solo eran un matrimonio, eran una familia, su hija estaba de por medio y nunca querría apartarla de su padre por más que la lastimara, jamás sería capaz de algo así. Y sobre todo, aún después de tantas dudas, soledad y frustración, ella lo amaba.

No podría dejarlo.

Sin embargo, probablemente él sí podría dejarla, probablemente planeaba hacerlo pronto. Empezó a llegar cada vez más tarde a casa, ahora ni siquiera veía a Shimo pese a que ella intentaba esperarlo todas las noches, no sabía sí estaba comiendo bien pues dejó de comer la comida que siempre guardaba para él y también dudaba que estuviera durmiendo bien, pues llegaba realmente tarde y se iba realmente temprano, no sabría sí él había llegado a casa de no ser porque siempre se llevaba el cambio de ropa que ella todavía siempre preparaba para él. Antes por lo menos dejaba notas, ahora ni eso.

Querría quedarse despierta para confrontarlo alguno de esos días, pero tenía sus propios problemas en el hospital y cuidando a su hija prácticamente sola con la ayuda ocasional de Momo pues hasta Rangiku estaba extrañamente ausente últimamente. El estrés del trabajo, de su vida amorosa cayendo en picada y el cansancio de pretender que todo estaba bien frente a su niña realmente la agotaba, así que por más que quisiera no podía mantenerse despierta.

Con tanto en su mente, casi olvida que tenía que ir a ver a Yukio como le prometió, y estuvo a punto de llevar a Shimo con ella de no ser porque Momo se presentó para pasar tiempo con su sobrina y decidió mejor dejarla en la casa con su tía.

-Por un momento creí que me dejarías plantado para que vea cómo se siente.- bromeó el rubio al verla llegar corriendo a la cafetería.

-Ja, ja.- lo miró mal en lo que se sentaba frente a él. Su humor cínico nunca le había agradado del todo. Él no era como Toshiro, capaz de hacerla reír cuando menos se lo esperaba con los comentarios más improbables. Toshiro era tan…

-¿Y cómo has estado esta semana? Te ves casi peor que la última vez. ¿Tu maridito te sigue dando dolores de cabeza?- él la sacó de sus pensamientos sonriendo encantadoramente.

Aunque sus bromas eran malas e indeseadas, sus sonrisas eran ciertamente contagiosas.

-Él es… como siempre. Frío.- y ella demasiado temperamental. Solían complementarse, pero últimamente…

-Bueno, no hablemos de malos climas. El día es demasiado agradable y hablar de muertos-en-vida me da catarro. ¿Qué hay de tu trabajo? He oído cosas terribles respecto al presupuesto del hospital, hasta hay rumores de que comenzaran a despedir personas. No es que me preocupe que te despidan. Habría que estar loco para deshacerse de una cara tan bonita, nadie volvería al hospital.- Karin no pudo evitar reír.

-Eres tan adulador.- rodó los ojos. Sus bromas eran malas, sí, pero siempre le gustó su sarcasmo. En eso eran un poco parecidos. -¿Eso te sigue funcionando con mujeres mayores? Todas las chicas estaban locas por ti en la escuela, pero sí no has cambiado tu repertorio de piropos no creo que nadie siga desmayándose a tus pies.- evitó cuidadosamente hablar de su trabajo, otro tema de estrés.

-¿Mujeres mayores? Oye, no soy tan viejo aún. Tenemos veinticinco, sí no me equivocó tú los cumpliste apenas hace unas cuantas semanas ¿no es cierto?- ella asintió de mala gana, sin querer hablar de uno de los peores cumpleaños de su vida. –Y a mí aún me quedan unos meses antes de los veintiséis.- ah, sí, su cumpleaños era en diciembre al igual que su esposo, pero nunca podía recordar qué día. –Aun así siempre dicen que el estrés te suma años. ¿Cuántos años tendrás tú ya? Sí sigues poniendo esa cara te verás de cincuenta en un par de años.-

-Lo siento.- se deprimía inevitablemente cada vez que pensaba en su esposo. -¿Por qué no me hablas de ti?-

-Oh, no hay mucho que contar. Dinero, dinero, contratos, contratos. La competencia se ha vuelto una fiera últimamente. ¿Sabías que hay empresas que se dedican a ayudar a otras empresas a planear la caída de sus rivales?- Karin lo miró sorprendida. –Empresas clandestinas, por supuesto, pero últimamente se han popularizado. Ha sido molesto, pero logré zafarme de todas esas cucarachas. Como mi éxito es tan grande, mis enemigos son muchos. Mientras más exitoso, más enemigos tienes.- ella hizo una mueca, de repente dándose cuenta de que no tenía noticias del estado de la editorial de su esposo en muchos meses. Él solía hablarle de su progreso todo el tiempo, mas últimamente no había dicho ni una palabra al respecto. No es que dijera ni una palabra acerca de cualquier cosa. -¿De nuevo con esa cara?- Yukio chasqueó los dedos y ella se enderezó, sonriéndole a modo de disculpa por haberlo estado ignorando. –Ordenemos ¿quieres? Pide lo que quieras, yo pagó. Y honestamente te ves muy delgada.-

Aunque rodando los ojos, Karin se dispuso a ordenar bastante. Todo en ese menú se veía delicioso.

Se dijo a sí misma que ya no pensaría más en su esposo. Yukio estaba haciendo un valiente esfuerzo por recuperar su amistad perdida y aligerar su humor sombrío, lo menos que podía hacer era prestarle atención al pobre y dejar de deprimirse por una vez.

Afortunadamente no fue muy difícil dejar de lado los pensamientos sombríos. Su ex novio de la secundaria era un gran conversador, incluso sí ella no tenía mucho que decir siempre encontraba un tema de conversación y sus bromas no eran tan malas cuando no iban dirigidas a ella.

La mera verdad se divirtió mucho y no dudó en intercambiar números cuando lo pidió, quedando de verse en unos días para seguir conversando y recordando viejos tiempos. Al despedirla una vez salieron de la cafetería besó su mano y le deseó seguir sonriendo hasta que él volviera. Ella, por un breve instante, recordó la breve época en la que salieron y se preguntó qué habría pasado si continuaban, pero apartó el pensamiento de inmediato y se despidió.

Cuando llegó a casa ni siquiera se molestó en pensar en Toshiro, solo pasó tiempo con su hija y cenó con ella y Momo antes de que esta se marchara. Logró mantenerse de buen humor hasta que llegó a su habitación vacía y de nuevo la depresión la golpeó con fuerza al saber que su esposo otra vez no llegaría a mostrar la cara. Toda su falsa felicidad se desvaneció al sentirse sola en la habitación que deberían compartir.

¿Él estaría pensando en ella? ¿Al llegar y acotarse a su lado, la abrazaría como solía hacerlo todas las noches anteriormente? ¿O simplemente le daría la espalda como siempre en los últimos meses? ¿Cuánto más duraría esto? Solo parecía empeorar.

Pasó otra semana sin que su esposo llegara a la casa para nada más que dormir unas pocas horas, por lo que ni ella ni su hija lograban verlo. Él nunca contestaba las llamadas así que tampoco lo escuchaban. Lo único que la tranquilizaba era que la única vez que Rangiku atendió su llamada le aseguró que Toshiro sí estaba comiendo en la empresa, poco, pero aun así comía.

En esa semana se encontró con Yukio dos veces. Su auto se quedó en medio del camino y después de cinco intentos de llamar a su marido se rindió y llamó a su viejo amigo, que de inmediato le contestó y fue a auxiliarla, consiguiendo también una grúa para su auto. Luego un par de días después volvieron a ir a otra cafetería donde ella de nuevo logró su objetivo de sacarse a su esposo de la mente y su humor se aligeró considerablemente.

A la semana siguiente, a pesar de que estaba durmiendo más últimamente gracias a que Yukio le espantó un poco de la depresión que antes le dejaba pocas horas de sueño, comenzó a sentirse absurdamente cansada por ninguna razón en lo absoluto. Seguía trabajando y cuidando a su hija como normalmente, pero se sentía mucho más cansada de lo habitual todo el tiempo. Los pechos empezaron a dolerle, haciéndola preguntarse sí estaba cerca de tener su periodo, y un día se despertó tan cansada que tuvo que llamar al trabajo y pedir que adelantaran uno de sus días libres. Le pidió a Momo que llevé a Shimo a la escuela y se la pasó en cama todo el día.

Extrañamente, como sí nada el cansancio se esfumó tan misteriosamente como había llegado y se sintió revitalizada luego de unas cuantas horas de descanso. Recibió una llamada de su viejo amigo rubio y al sentirse mejor accedió a dejar que la llevara al centro para pasear un poco. Le pidió a Momo cuidar de su hija por un par de horas y pasó el resto de la tarde con el rubio, sin pensar ni por un momento en su marido.

Pasaron un par de días en los que empezó a recuperarse un poco de la depresión, o al menos lo suficiente como para no lucir miserable frente a los demás, solo en su habitación seguía llorando patéticamente por su esposo, pero por lo demás estaba bastante bien, a excepción de los ocasionales ataques de cansancio y dolor en los pechos. Su periodo llegaría pronto, probablemente.

Un día en particular se despertó y notó algo extraño de inmediato.

La ropa que había preparado para su marido estaba intacta en donde la dejó el día de ayer. También el aroma a invierno que estaba tan acostumbrada a sentir cada mañana era muy leve. No había nota ni señal de que se había duchado.

Cuando llegó a la conclusión de que Toshiro no había dormido en la casa, se sintió mucho peor de lo que habría imaginado.

Los últimos meses fueron duros, pero al menos él siempre, siempre dormía en la casa, ya sea a su lado o no, siempre llegaba a dormir a su hogar. ¿Hasta eso había perdido ahora? ¿Qué sería lo siguiente? ¿Faltaría a casa por días? ¿Por semanas? ¿Sin decirle nada, sin ver a su hija, sin siquiera una miserable llamada de treinta PUTOS segundos?

Se paseó furiosamente por la habitación, intentando y fallando en alejar los pensamientos terribles que se le estaban ocurriendo. ¿Qué tal sí él la estaba evitando a propósito? ¿Qué tal sí este era su modo indirecto de decirle que se acabó?

¿Por qué no podía siquiera llamarla?

Secándose las lágrimas furiosamente, tomó su celular y marcó su número. Nada, como siempre. ¿Cuándo fue la última vez que habló con él? ¿Cuándo fue la última vez que él se preocupó por lo que ella pudiera pensar? Ni siquiera lo recordaba.

Fue a lavarse la cara y luego aparentó tranquilidad como pudo y fue a hacerle el desayuno a su hija, luego la llevó a la escuela y después, en vez de ir al hospital como debería, intentó llamar a Rangiku pero ella no atendió, y como no quería seguir sobrecargando a la pobre Momo con sus problemas, marcó el número de Yukio.

-¿Yukio?- su voz se quebró en medio de decir el nombre del rubio.

-¿Qué pasa? ¿Estás bien?- sonó preocupado.

-Yo…- llevó su mano a su boca para ahogar un sollozo. –Necesito a alguien… quién sea… solo necesito a alguien que me escuche.- llevaba mucho tiempo callada, no podía seguir embotellando todo más tiempo.

-Te enviaré mi dirección. Tranquila, estoy aquí para ti.- eso logró tranquilizarla ligeramente y asintió aunque él no podía verla, cortando la llamada.

Recibió su mensaje y desvió su camino a un edificio muy lujoso. Subió al último piso y apenas el rubio la recibió lo envolvió en un abrazo, sollozando en su hombro. Él palmeó su espalda y la llevó a sentarse en su sofá mientras iba por un poco de agua para ella. Bebió nerviosamente y secó sus lágrimas, solo entonces él le preguntó qué pasó.

Y ella le contó todo. O bueno, casi todo, se guardó los detalles más íntimos, pero le habló de todo su dolor y sus inquietudes.

-…Hace meses que todo está horrible, pero él siempre venía a casa, sin importar qué. Supongo que esa era mi única esperanza de poder recuperar los viejos tiempos, de que todo vuelva a ser como antes. Ahora siento como si no tuviera oportunidad, siento que lo perdí definitivamente.- sollozó, apoyando su cabeza en el hombro del hombre. –Al principio intenté ser comprensiva, le di su espacio y pensé que me diría cuando estuviera listo. Cuando todo empeoró, quise confrontarlo, quería hablar con él, pero jamás me dio la oportunidad. Siempre evitaba el tema, cambiándolo o simplemente ignorándome.- murmuró amargamente. –Tal vez no debí haberlo hecho, debería haberlo encarado desde el principio. Esto se ha alargado demasiado.- se secó otra lágrima. –Es obvio, ya no me ama. Me ignora, no contesta a mis llamadas, nunca lo veo, ahora incluso a la niña dejó de verla y se me están agotando las excusas para que no piense mal de su padre, y ahora también no llega a dormir a casa. No puedo seguir soportando esto.- enterró más el rostro en el hombro del rubio. –Quise creer que pronto pasaría, que era solo una fase, una crisis. ¿Pero qué crisis dura más de seis meses? Yo… ni siquiera sé por qué no me lo dice de frente.- apretó los puños, volviendo a secar sus lágrimas.

-Oh, Karin.- el empresario pasó una mano por su hombro. –Creo que no estás viendo lo que obviamente está pasando aquí.- ella lo miró confundida. ¿Qué no estaba viendo? –Piénsalo.- la miró seriamente. -¿Tanto tiempo evitándote y ahora no viene a dormir a su casa? Karin, él tiene a otra mujer.- sus palabras le sentaron como una bofetada.

-No.- dijo de inmediato. –Él no… él nunca…- se apartó de Yukio y enterró las manos en su cabello. –Toshiro nunca…- ni siquiera podía terminar la oración, demasiado horrorizada por solo pensarlo.

-Estás viviendo la típica vida de una mujer engañada.- señaló el rubio. –Te mantienes en la casa cuidando a su hija, limpiando la casa, lavas su ropa y preparas su comida. Él solo llega unas horas a calentar su lado de la cama para sentir que cumplió contigo, luego se va con la otra. No te dice nada porque te tiene por sentado. Eres la loca de amor esposa servicial que nunca lo dejaría sin importar lo que te haga. ¿No te suena de todas esas historias que les suceden a las señoras que se quejan de sus maridos infieles en el supermercado? Te engaña, te lo aseguró.- dijo con suma tranquilidad, como sí no estuviera destruyendo su vida con cada palabra.

-Cierra la boca, Vorarlberna.- estaba llegando demasiado lejos. Ella lo miró con rabia. –Él no es así. Y yo no soy así tampoco.- se puso en pie con las manos en las caderas. -¿Acaso tengo cara de esposa sumisa?- se limpió los rastros de lágrimas y frunció el ceño. –Soy la encargada de limpiar y cocinar porque yo insistí, porque él tiene un trabajo más exigente que el mío. Pero cuando puede me ayuda.- o más bien solía ayudarla. –Y no te permito que hables así de él. Será un bastardo pero sigue siendo mi esposo.- se cruzó de brazos.

-¿Oh, en serio?- él siguió mirándola con tranquilidad, totalmente ajeno a su furia. -¿Tu esposo el que nunca te llama? ¿Al que nunca ves? ¿El que te ignora y guarda secretos? ¿El que no llegó a dormir a casa?- la resolución de Karin comenzó a desinflarse. –Tú lloras por él mientras hace quién sabe qué. Tu pobre hijita te pregunta dónde está su padre y aun a pesar de todo sigues mintiéndole para que ella no pierda la imagen que tiene de su papi como un héroe.- rodó los ojos. –Oh, Karin, él no es el único que te miente. Tú también te mientes a ti misma porque no quieres aceptar que ustedes ya no son una pareja.- cruzó una pierna sobre la otra, mirándola con las manos juntas. -¿Acaso dije alguna mentira?-

Lentamente, Karin volvió a sentarse a su lado, pensando en todo lo que le dijo.

¿Y sí tenía razón? ¿Se estaba engañando a sí misma? ¿Se había convertido en una mujer que dejaba que caminaran sobre ella solo para no salir lastimada emocionalmente? Nunca se le había pasado por la cabeza que su esposo tuviera otra hasta que Yukio lo dijo. ¿Por qué tenía una fe tan ciega sí Toshiro obviamente le había estado mintiendo por meses?

-Pero…- las lágrimas volvieron a derramarse por sus mejillas. –Él no es así…- insistió, sin saber qué más decir.

-No, Karin. Tú no eres así.- ella lo miró confundida, sus labios temblando. –Mírate. Frágil y llorosa, deprimida sin siquiera estar segura de la razón. Esto es lo que ser Hitsugaya Karin te hizo. Kurosaki Karin no es así, ella es fuerte y decidida, ella es alguien que logró enamorarme.- sus ojos se abrieron a más no poder ante su confesión. ¡¿Qué?! ¿Yukio la amaba? –Vuelve a ser Kurosaki Karin, divórciate de ese maridito ingrato que tienes y ven conmigo, yo me aseguraré de que nunca vuelvas a llorar.- dijo, y entonces…

Karin jadeó de sorpresa y espanto al sentir los labios del rubio contra los suyos. Él la besó con fuerza, solo por un segundo antes de que ella se apartara cubriéndose la boca, mirándolo horrorizada.

-Lo siento.- solo susurró, antes de salir corriendo de su departamento y del edificio hasta llegar a su auto y conducir hasta el parque, donde se estacionó y volvió a llevar una mano a su boca.

La había besado. Otro hombre la había besado, solo por un segundo, pero el beso no le desagradó, y eso solo la hizo sentir peor.

Se llevó las manos al rostro y gruñó. ¿Qué había hecho? ¡¿Cómo pudo dejar que esto pasara?! ¡Qué estúpida! ¿Cómo no notó que Yukio estaba buscando algo más que retomar su amistad? Él era demasiado amable, demasiado insistente en hacerla sentir mejor, nada que alguien esperaría de una persona con la que rompieron, a pesar de que ellos solo salieron unas semanas y él no pareció molesto con ella por dejarlo en ese entonces, solo aumentó su odio a Toshiro por supuestamente "robársela".

Eran solo niños que jugaban en aquel momento, pero ahora eran adultos y ella estaba casada. Su matrimonio era horrible y en decadencia pero era un matrimonio, válido y legal, con ocho años de antigüedad y una hija. Entonces ¿cómo dejó que esto pasara?

Golpeó su cabeza contra el volante una y otra vez, maldiciéndose a sí misma en voz baja hasta que se fijó en la hora y maldijo a los cuatro vientos al ver que estaba llegando tarde para recoger a Shimo de la escuela. Ella odiaba esperar, ya que los otros niños no eran muy amables con ellas. Mocosos malcriados.

Casi derriba un par de peatones, pero llegó con solo cinco minutos de retraso. Aun así, cuando habló con la maestra, se quedó con la boca abierta al escuchar que Shimo ya había sido recogida por su padre. ¿Toshiro había ido a recoger a su hija? ¿Qué demonios? Condujo a su casa sin dejar de preguntarse cómo es que de repente tenía el tiempo para salir tan temprano de su trabajo, pero sobre todo muriéndose de los nervios por tener que enfrentarlo en la casa.

Acababa de ser besada por otro hombre y ahora debería enfrentar a su esposo. Por una vez, desearía que él se mantuviera todo el día en el trabajo sin verla ni hablarle. No sabía cómo demonios debía actuar delante de él ahora. No sabía qué hacer.

Después de pasar toda la noche reuniendo sus pruebas y preparando su caso junto a sus abogados, esa mañana los abogados de la empresa rival no tuvieron nada para decir ante su defensa tan brutal y planeada, el juez tardó un momento en revisar todas las pruebas, pero finalmente la decisión era obvia. Él ganó. Y disfrutó cuando lo declararon absuelto de todos los cargos y le pusieron a sus rivales una multa multimillonaria que sin duda ayudaría a su empresa a recuperarse de estos duros meses.

Pasó horas encargándose de otros asuntos menores, pero logró salir a tiempo para algo que desde hace mucho no podía hacer: recoger a su hija de la escuela. Algo simple, pequeño, y que sin embargo había extrañado muchísimo.

Planeaba interceptar a Karin cuando la estuviera retirando y sorprenderla, no obstante ella no había llegado y después de que Shimo lo abrazara y llenara su mejilla de besos decidió que la esperaría en casa. No podía esperar para besarla hasta quedarse sin aliento.

Sin embargo, cuando su esposa llegó a casa, apenas lo miró y solo abrazó y besó a Shimo antes de encaminarse a las escaleras. Él se acercó a ella y quiso tomar su mano, pero lo apartó como sí quemara y subió corriendo las escaleras, ignorándolo totalmente.

Su pecho se contrajo dolorosamente y miró con el ceño fruncido su mano. ¿Seguía molesta con él por haberla evitado tanto tiempo? Él hizo mal, lo reconocía, pero no había querido preocuparla y tampoco sabía cómo decírselo. Ahora quería contarle todo, ahora ya no tenían nada de qué preocuparse.

Finalmente todo volvería a ser como antes.

Él hizo la cena esa noche, pero cuando la llamó a comer ella afirmó no tener hambre, por lo que él y su hija comieron solos. Aun así el comer con su pequeña lo hizo sonreír y aligerar su humor. Cuando llegó la hora de dormir arropó a la niña y luego se internó en la habitación para hablar con su mujer.

Se decepcionó mucho al verla ya dormida.

A la mañana siguiente se despertó antes para hacer el desayuno, intentando compensar un poco lo mucho que Karin tuvo que ocuparse sola de la casa por tanto tiempo, aun así ella no probó bocado, lo esquivó cuando quiso darle un beso de despedida y solo se despidió de su hija besando su frente luego de decirle que iba al hospital y que tendría un turno doble.

Frunció el ceño. Las cosas no estaban yendo como lo esperaba. Probablemente lo merecía, la descuidó demasiado, era normal que estuviera un poco dolida. ¿O quizás tendría problemas con el trabajo? Le habló sobre una crisis hace unas semanas, tal vez aún no la habían superado.

Llevó a su hija a la escuela y le prometió recogerla, luego fue a su trabajo donde aún tenían que reorganizarse pero al menos ya no era el desastre que solía ser. Solo debía resolver otro par de asuntos y podría tomar unas vacaciones para compensar a su familia por todas sus faltas, y sobre todo encerrarse mucho tiempo en la habitación con su hermosa esposa y por fin darle a Shimo el hermanito que tanto les había pedido.

La idea lo hizo sonreír. Había esperanza.

Fin.


Holaaaaaa! :D

Lamento la tardanza, la mera verdad me olvide de este fic :'v Pero bueno, aquí el ultimo cap extra largo para compensar xP

Ahora sigue actualizar Si no fuera por ti así q no se desesperen por fis n.n

Ojala q esto les haya gustado, simplemente lo escribí porq tenía ganas y ademas quería mostrarles esto porq se suponia q debía mostrarlo en Flash Back pero se me pasó así q aquí lo tienen como una pequeña precuela c':

Gracias a todas las que comentaron, espero pronto seguir trayendo más fics y actualizaciones :3

COMENTEN! *o*

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!