File Four
13 de octubre. 6.30 horas. Calles de Uminari
Nanoha escuchaba medio ausente la música de su reproductor, mientras hacía varios estiramientos en la entrada del parque; desde que había coincidido con Fate aquella primera vez en el parque, no había vuelto a usarlo, pero dado que hacía varios días que la rubia no aparecía para su sesión de footing matutina, había vuelto a llevarlos. Fate le había dicho que seguía sin encontrarse con fuerzas para salir a correr temprano, Nanoha se preguntaba si sería cierto o una mera excusa; en la facultad todo parecía ir normal entre ellas.
—Normal —gruñó torciendo el gesto.
La verdad era que esa normalidad se debía a que Fate actuaba como si nada hubiese pasado entre ellas aquel domingo que estuvo en su casa, como si nunca se hubiesen dado aquel beso. Nanoha había temido que las cosas estuviesen torpes y tensas entre ellas el día siguiente, pero no fue así ni ese día ni los que siguieron; la rubia la trataba como siempre y Nanoha no tenía claro si eso la irritaba, la frustraba o simplemente le gustaba que al menos las cosas no hubieran cambiado a peor, que Fate hubiese decidido alejarse de ella o darle de lado. Aunque, ciertamente, no habían vuelto a quedar a solas desde entonces.
Suspiró y echó a andar de vuelta a su casa para prepararse para el día; lo peor de todo era que por mucho que Fate actuase como si nada hubiese pasado, ella no podía hacerlo. Cada vez que la rubia estaba cerca de ella, su mente parecía hacer cortocircuito y dejar de pensar con claridad, queriendo únicamente acercarse más a ella, hasta que sus cuerpos se tocaran, sentir esa calidez que irradiaba y que tanto había disfrutado mientras veían aquella película, cuyo argumento vagamente recordaba. Le gustaba todo de Fate, su forma de ser, su voz suave, aquel pelo largo y dorado, sus expresivos ojos de exótico color, la calma que siempre parecía envolverla, su risa, la forma en que inconscientemente flirteaba con ella. Había sido así casi desde el primer momento en que la vio, con aquel aire de estudiante pérdida pidiendo ayuda, entonces le había parecido una joven guapa y simpática y había querido conocerla mejor; con el paso de los días, su atracción había ido en aumento, era como si Fate ejerciera sobre ella un extraño magnetismo que no pudiera resistir. Después del desastre en que había resultado su última y efímera relación, se había prometido darse tiempo y espacio a sí misma, pero la aparición de la rubia en su vida había mandado al traste toda aquella determinación.
—Tampoco es que importe mucho ahora… —suspiró de nuevo.
Había llegado a su casa, tras saludar a sus padres, que estaban desayunando en la cocina para irse a trabajar, había subido a su cuarto a darse una ducha rápida y ahora se estaba secando el largo cabello caoba con una toalla.
A lo mejor había juzgado mal a Fate, pensó volviendo a lo único que parecía ocupar su mente aquellos días, quizás a ella no le gustaban las chicas. Pero, entonces, ¿por qué le mandaba aquellas señales tan claras a veces? ¿Por qué el flirteo? Además, no es que el beso la hubiera desagrado o espantado, parecía más bien otra cosa, más como si se estuviese conteniendo ella misma de seguir adelante. Nanoha no supo descifrar la mirada de Fate cuando le pidió que se fuera, era una mirada neutra, pero que parecía esconder algo más.
—¿Por qué tiene que ser todo tan complicado? —gruñó mientras terminaba de vestirse y bajaba a tomar su desayuno.
—¿Va todo bien, cariño? —le preguntó su madre cuando entró en la cocina; todavía seguían allí, tomándose la última taza de café antes de irse.
—Sí, ¿por qué? —Nanoha se sirvió su propia taza y se sentó frente a ellos en la mesa, echando mano a las tostadas.
—Pareces pensativa y algo distraída —contestó su madre.
—Ah, no es nada, cosas de la facultad. —No era, técnicamente, una mentira.
—Apuesto a que tiene que ver con una chica —comentó su padre guiñando un ojo.
Nanoha le pegó un mordisco a su primera tostada, aprovechando para decidir cuánto les contaba a sus padres del asunto; hacía tiempo que ellos sabían que a su hija menor no eran precisamente los chicos lo que le interesaban, afortunadamente para ella, no hicieron de la verdad un drama y se mostraron de lo más abiertos y comprensivos, dándole todo el apoyo y cariño que siempre le habían dado y mostrado. La cosa estaba más en que no quería preocuparles después de lo ocurrido con su última novia oficial y dado lo confuso que parecía todo en ese momento con Fate, quizás sería mejor no involucrarlos aún.
—Para nada —dijo finalmente—, son solo unos trabajos para clase, nada más.
—Nanoha, sabes que puedes contarnos cualquier cosa —intervino su madre en tono preocupado.
—Lo sé, mamá. Pero de verdad, no ocurre nada —le dedicó una sonrisa que esperaba disipase aquella preocupación.
—Como digas, hija —comentó su padre—. Pero ya sabes dónde estamos si nos necesitas.
Nanoha asintió, agradeciendo mentalmente a su padre aquel cable que le lanzaba, era obvio que ambos se imaginaban que había algo más de lo que les estaba contando, pero que por el momento la dejarían manejarlo a su manera y estarían allí para ella si necesitaba su ayuda.
Sus amigas, por otro lado, iban a ser otro asunto. A ninguno de los cuatro, Yûno incluido, se les había escapado la más que evidente atracción que Nanoha sentía por Fate; Hayate y Arisa habían hecho algún comentario medio en broma medio en serio al respecto, pero conociéndola como la conocían, no habían insistido mucho y le estaban dejando espacio y tiempo para que lidiara con ello. Sin embargo, después de lo ocurrido el domingo y visto su comportamiento alrededor de la rubia, Nanoha era muy consciente de que sus amigas sabían que algo ocurría; Arisa podía seguir dejándolo pasar, ya que no solían verse hasta el fin de semana dado lo ocupada que solía estar con sus clases, pero Hayate era arena de otro costal y más tarde o más temprano iba a sacar el tema a relucir. Al final, fue más temprano.
—Así que… ¿qué pasa entre tú y Fate? Y no me digas que nada —le soltó la castaña mientras se sentaba frente a ella en una de las mesas de la cafetería de la facultad y le ponía delante un café.
Era media tarde, las clases habían terminado por el día y ellas se habían quedado un rato más para repasar unos apuntes; Fate se había ido al finalizar la última clase, diciendo que tenía una cita con el médico aquella tarde.
Nanoha echó una mirada a su amiga, suspiró y volvió su atención a la taza de café que tenía delante de ella, sabía que jugar la carta de la inocencia no le iba a servir para nada a aquellas alturas ya.
—Nos besamos. Ella actúa como si no hubiera pasado. Eso es todo —dijo en un tono plano de voz, enumerando los hechos.
—Vale. ¿Cuándo?
—El domingo pasado, cuando fui a su casa a hacerle compañía y ver cómo estaba. No sé… —se echó hacia atrás en la silla—. Todo parecía estar bien, el momento, la atmósfera… No es que yo le besara, fue algo mutuo.
—¿Y luego alucinó o algo…?
—No. La verdad, parecía bastante tranquila, solo que no quería que siguiera en su casa.
—¿Te echó? —Hayate frunció el ceño en un gesto que Nanoha sabía que denotaba enfado.
—Sí… No exactamente, me pidió que me fuera. Es… Todo iba bien hasta que su madre llamó. —Ante las cejas enarcadas de la castaña, Nanoha se explicó—. Su madre llamó por teléfono justo cuando… nos estábamos besando.
—Oh… —Hayate no pudo reprimir la sonrisa divertida—. ¿Tendrá un radar o algo así? Porque vaya casualidad.
—Sí, eligió el mejor momento —resopló la pelirroja y dio un trago de su café.
—¿Y desde entonces, Fate no ha dicho y hecho nada al respecto?
—Ya ves que no, se comporta como si nada hubiera pasado. Quiero decir, me sigue tratando igual que siempre.
—¿Has intentado hablarlo con ella?
—Esa es una conversación que quiero mantener con ella en privado, pero en todos estos días no hemos estado a solas ni un minuto —torció el gesto.
—¿No has intentado quedar con ella? ¿Ni siquiera has aparecido por su casa así como de sorpresa?
—Para lo primero me ha dado todo tipo de excusas razonables y lógicas. Para lo segundo, no creo que me abriera la puerta —rió sin humor—. ¡Argh! No sé si me está evitando o no, es frustrante.
Nanoha se dejó caer de nuevo hacia delante, apoyando la cabeza sobre los brazos extendidos sobre la mesa. Sintió que Hayate le palmeaba una de las manos en señal de apoyo.
—Al menos parece que le gustas —comentó la castaña.
—Sí, eso parece… al menos —masculló Nanoha y alzó la cabeza—. En serio, ya no sé qué pensar, quizás he ido demasiado lejos demasiado rápido… Quiero decir, y si es la primera vez que le gusta una chica o que besa alguna… ¿Podría estar confusa? ¿Por eso actúa como si nada hubiera pasado?
—No sabría decirte, puede que tengas razón. Pero hasta que no hables con ella…
—Ya. Si fuese fácil arrinconarla en una esquina sin que tuviese escapatoria alguna….
—Ey, que lo que quieres es hablar con ella, no saltar sobre ella y atacarla —le guiñó un ojo.
—No es que me importase… ¡Hayate! —Nanoha sintió cómo se ruborizaba y le dirigió una dura mirada a su amiga, que ya se estaba riendo a su costa.
—Lo siento, no he podido evitarlo —dijo la castaña secándose las lágrimas.
—Ya —gruñó Nanoha.
—En serio… Mira, para arreglarlo he tenido una idea. Que tal si le decimos a Fate que hemos quedado todos esta tarde para ir a tomar algo y luego no aparecemos, quiero decir, tú apareces, ella aparece, pero el resto os vamos llamando con alguna excusa y no vamos.
—¿Crees que funcionaría?
—Puede. Seguramente vaya, a Fate le gusta salir con nosotros a divertirse, hasta ahora no se ha perdido ni una salida. Lo peor que podría pasar es que se fuera, pero no creo que te dejase tirada así.
—Hm… —Nanoha pensó sobre ello.
—No es mala idea, ¿a que no?
—Por intentarlo —asintió la pelirroja finalmente.
—Perfecto, déjamelo todo a mí para organizarlo —sonrió Hayate—. De todas formas, ¿cómo te ha dado tan fuerte con ella? Apenas hace más de un mes que la conoces.
—Sinceramente, no tengo ni idea… Ríete si quieres, pero creo que fue amor a primera vista.
—Vale —Hayate hizo denodados esfuerzos por no echarse a reír de nuevo.
—Es la única forma que tengo de explicarlo. Desde el primer día me gustó y después no ha hecho más que ir gustándome más. Me atrae.
—Está bien —Hayate suspiró—. Espero que todo esto salga bien. Pero si te hace sufrir o te hace daño, me va a dar igual lo mucho que te guste, no pienso quedarme de brazos cruzados… —arrugó el gesto—. Eso fue lo que hice la última vez, porque tú me lo pediste, pero todavía me fastidia no haberle dicho algunas cosas a esa…
—Está bien, Hayate, ya lo pillo —Nanoha sonrió—. Gracias por tu apoyo entonces y por el de ahora.
—Para eso están los amigos. En fin —sacudió la cabeza—. Pensemos en esta tarde. ¿Dónde podemos quedar?
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13 de octubre. 16.30 horas. Clínica Médica de Uminari
Fate estaba en una consulta de paredes blancas, sentada sobre un taburete con el torso semi desnudo, mientras que Shamal le inspeccionaba la herida del costado. Había sido una semana enervante para la agente; mascara sobre mascara, había tenido que actuar como si nada hubiese pasado entre ella y Nanoha aquella tarde de domingo, ni el beso, ni la abrupta partida a la que literalmente había obligado a la pelirroja; no era fácil resistirse a las miradas que le lanzaba, a las mudas súplicas de que fuera con ella a algún lugar en el que pudieran estar a solas para hablar o no, ignorar el efecto que provocaba en ella el más ligero roce con Nanoha, y todo aquello, junto al hecho de saber que ahí fuera había un grupo de gente dispuesto a hacer daño a la pelirroja, estaba llevando sus nervios al límite, recordándose una y otra vez que debía mantener sus profesionalidad. Y por otro lado no había logrado ninguna información sobre los dos hombres con los que había peleado la madrugada del sábado al domingo pasado; Lindy seguía manteniéndola en las sombras.
—Parece que todo está bien —el comentario de Shamal la sacó de sus pensamientos—. La próxima vez que vengas, será para quitarte los puntos.
—Bien —Fate echó mano de su camiseta negra a la vez que Shamal se apartaba de su lado.
—¿Has seguido tomando calmantes? —le preguntó la médico.
—No desde el miércoles.
—Muy bien, entonces no te recetaré más.
Fate se levantó del taburete y recogió la pistola que había dejado sobre la única mesa de la consulta, una Glock 27 que se recolocó en la cartuchera a su espalda; desde lo ocurrido el fin de semana pasado, había decidido no volver a ir desarmada, lo único era que debía tener precaución de que su arma no quedara a la vista cuando iba por la calle.
—¿Es necesario que lleves eso? —inquirió Shamal siguiendo con la mirada los movimientos de la joven.
—Si no lo fuese, no la llevaría —contestó Fate poniéndose la cazadora; ella se consideraba más que una capacitada luchadora cuerpo a cuerpo, pero si sus oponentes iban por ahí con pistolas, lo mejor era igualar las condiciones, el sábado pasado había tenido una increíble suerte de no acabar con un agujero en su estómago o en su cabeza, no tenía ganas de volver a probar fortuna.
Shamal no añadió nada más por su parte, aunque era evidente en su expresión que no le tranquilizaba saber que una de las personas que su cuñada llamaba amiga, iba por ahí con una pistola a la espalda, incluso cuando salían simplemente a divertirse. Las cejas de la doctora se contrajeron cuando un pensamiento cruzó por su mente al recordar el caso que su novia estaba investigando y las preguntas que uno de sus agentes había estado haciendo en la clínica unos días atrás. Miró a la joven que tenía frente a ella.
—¿No habrás tenido nada que ver con los dos hombres que aparecieron muertos el sábado pasado por la noche, verdad? —preguntó esperando en vano ver algún signo de reconocimiento que delatara a la rubia.
—No sé de qué me estás hablando —respondió Fate encogiéndose de hombros.
—¿No? Salió en las noticias…
—No veo mucho la tele, la vedad. ¿Por qué? ¿Es algo que está investigando la hermana de Hayate?
Fate sonrió internamente, sabía que Shamal sospechaba de su implicación en aquellas muertes, la herida de bala que le había curado lo hacía más que evidente, pero la agente no iba a ponérselo fácil ni a darle ninguna respuesta. Es más, si jugaba bien sus cartas, podría obtener más información de la doctora que al revés.
—Sí —contestó Shamal, no tenía razones para no contestar o mentirle a Fate.
—Bueno —miró a izquierda y derecha y bajó un poco el tono de voz, como queriendo hacer notar que aquello era totalmente confidencial—, no tengo ninguna autorización para meterme en los asuntos policiales de la ciudad, pero si puedo echar una mano…
Dejó la frase en el aire, para que fuese la otra mujer la que la completará por ella; obviamente Fate sabía que la hermana de Hayate no compartiría todo lo relevante a sus casos con su novia, era absurdo, arriesgado y poco profesional, pero seguramente, pequeñas piezas caían aquí y allí, en momentos de estrés o frustración, cuando tienes un oído amigo para escucharte y un hombro en el que apoyarte, tendías a usarlos; los policías eran humanos también.
—Gracias por el ofrecimiento —sonrió Shamal—, pero la verdad es que no sé mucho del caso, solo que han estado preguntando en los hospitales de la ciudad si atendieron a alguien de herida de bala.
—¿No le has dicho nada a tu novia sobre mí? —inquirió Fate manteniendo el tono de voz neutro y tranquilo.
—No. A fin de cuentas, no te atendimos en el hospital.
La agente sonrió de medio lado, aquella mujer empezaba a caerle bien y lamentaba ponerla en una situación así, en la que tenía que ocultar la verdad a alguien importante sobre un asunto como era la muerte de dos personas, pero ese era su trabajo y no podía dejar que su tapadera se descubriera, no ahora que quién quiera que fuese tras Nanoha había dado el primer paso.
—Cierto —dijo finalmente Fate—. De todas formas, no creo que nadie eche de menos a un par de maleantes que se ponen a dar tiros en medio de la noche.
—Probablemente —asintió Shamal.
—Si eso es todo —Fate se encaminó a la puerta—, hasta la semana que viene, doctora.
—Cuídate.
Fate abandonó la consulta y se dirigió hacia la salida de la clínica, mientras revisaba sus e-mails, tanto los del trabajo, como los personales; al parecer el grupo tenía planes para aquella tarde-noche y habían quedado en encontrarse en una de las cafeterías del centro en un rato. Fate miró la hora y decidió encaminarse allí directamente sin pasar por su piso.
Llegó a la cafetería unos diez minutos antes que los demás, así que aprovechó para elegir una mesa que le permitiera tener controlado todo el establecimiento con la vista, desde el ataque había redoblado sus esfuerzos por mantenerse alerta ante cualquier persona sospechosa o fuera de lugar que pudiera aparecer, aunque le inquietaba más que tras el primer intento fallido, la gente que iba tras Nanoha se decidiese por intentar terminar el trabajo desde la distancia con un francotirador, si bien Lindy le había dicho que tal cosa era improbable, ya que según sus informes, por el momento, querían a la joven con vida. Un secuestro, pensó Fate dando un sorbo del café que había pedido al entrar, entraba dentro de lo probable; la familia de Nanoha tenía dinero, así que pedir un rescate de cifras elevadas no era descabellado. Sin embargo, algo le decía a la agente que las cosas no eran tan simples como parecían, no cuando La Agencia tenía un archivo sobre Shiro Takamachi bajo un alto nivel de seguridad. Y Fate había aprendido a confiar en su instinto.
La entrada en la cafetería de Nanoha y Hayate la sacaron de sus pensamientos, las dos amigas la saludaron con un gesto de la mano, fueron a hacer sus pedidos a la barra y una vez con sus tazas de café en la mano, se sentaron frente a ella en la mesa.
—¿Llevas mucho esperando? —Preguntó Hayate.
—No mucho —contestó Fate.
—¿Qué tal en el médico? —Inquirió Nanoha.
—Bien.
—¿Así que ya puedes volver a correr conmigo por las mañanas?
—¿Has echado de menos que te deje atrás en los sprints? —le preguntó divertida Fate.
—Algo así… —Nanoha bajó la mirada a su taza y no añadió nada más, provocando un pequeño e incómodo silencio que Hayate se apresuró a romper por el bien de su amiga.
—Me alegra que ya estés mejor, Fate.
—Nah, no ha sido más que un estúpido virus… No sé, cogería frío el sábado pasado. Pero ya estoy bien, así que, ¿cuál es el plan para esta noche?
—Pues habíamos pensado en…
De repente, el móvil de Hayate comenzó a sonar, interrumpiéndola, les hizo un gesto de que la disculparan y, descolgando, se levantó y se apartó unos metros. No tardó en volver junto a ellas.
—Lo siento, chicas, pero me tengo que ir —dijo recogiendo sus cosas—. Han cambiado el turno de Signum y tiene que ir a trabajar esta noche y como Shamal también está en el hospital esta noche, tengo que ocuparme de Vita y Rein. Lo siento —volvió a decir.
—No pasa nada, Hayate —Nanoha sacudió una mano quitándole importancia.
—Sí, si tienes que cuidar de tus hermanas pequeñas, qué se le va a hacer —añadió Fate.
—Ya. Bueno, pasároslo bien en mi ausencia y no hagáis nada bueno —se despidió guiñándoles un ojo y se fue.
Durante un rato, tras la marcha de Hayate, Fate y Nanoha mantuvieron una conversación ligera, sobre cosas de clase, la facultad o el último capítulo de la serie de turno que todo el mundo parecía estar siguiendo. La agente no quería dejar lugar a nuevos e incómodos silencios, necesitaba seguir actuando como si nada hubiese pasado, como si no fuera consciente del tipo de mirada que de vez en cuando la pelirroja le lanzaba, aquella mirada que había visto en esos ojos azules cuando sus labios se habían encontrado por primera y única vez. Fate necesitaba mantener sus máscaras en alto e impenetrables, algo que le resultaría más sencillo si no estuviese a solas con Nanoha.
Mientras charlaban, sus teléfonos sonaron varias veces, avisándoles de la llegada de e-mails o mensajes de voz, en los que Arisa, Suzuka y Yûno se disculpaban por no poder salir con ellas aquella noche, dando excusas creíbles del motivo de su ausencia. Tras escuchar el mensaje de Suzuka, Fate no pudo evitar sonreír de medio lado, consciente ahora de la pequeña encerrona que los amigos de Nanoha habían preparado para que ambas se quedasen a solas; era obvio que todos se habían puesto de acuerdo en ayudar a su amiga.
—Qué casualidad, ¿verdad? —comentó Nanoha sonriendo tímidamente.
—Sí. Ya es mala suerte que a todos les haya surgido algo… —Fate vaciló unos segundos, podía optar por la retirada, por irse y esperar a que volviesen a quedar todos de nuevo, pero finalmente decidió seguirles el juego, solo debía tener cuidado de no dejarse llevar por otra cosa que no fuese su sangre fría y su profesionalidad—. Así que, ¿qué quieres hacer ahora que solo somos tú y yo?
Por un momento, Nanoha pareció sorprendida con la pregunta, como si hubiese esperado que Fate decidiera salir huyendo para no quedarse a solas con ella. La pelirroja barajó sus posibilidades y pensó que lo que quería decirle a Fate podía esperar un poco más, mientras se lo pasaban en bien; sería mejor crear una atmósfera agradable para ambas antes de ponerse a discutir las cosas que habían pasado entre ellas.
—Mmm… ¿Qué te parece ir a los recreativos? —Sugirió Nanoha.
—¿En serio?
—Sí, te gustan los videojuegos, ¿no? —le sonrió—. Hay un salón cerca de aquí con un montón de juegos de tiros de los que te gustan.
—Vale… ¿pero no te aburrirás?
—No, además, podrías enseñarme a jugar a alguno.
—Muy bien —Fate sonrió—. ¿Vamos?
Nanoha asintió y ambas abandonaron la cafetería; la joven universitaria la condujo por una de las calles paralelas a la avenida principal de Uminari, hasta un local que ocupaba la planta baja completa de un enorme edificio, llamativas luces de colores destellaban en la fachada y una miríada de sonidos distintos salían por las puertas abiertas del recinto, pudiendo reconocerse sobre ellos el ruido inequívoco de los tiros de las armas digitales. El salón recreativo estaba bastante concurrido, sobre todo por jóvenes, pero también por alguna gente más mayor. Una vez dentro, Nanoha dejó que Fate eligiese la máquina que quisiera probar.
La agente trató de encontrar una estación de juego que le permitiese mantenerse atenta a lo que les rodeaba, por mucho que le gustasen aquellos aparatos, no podía olvidar la verdadera razón por la que estaba allí, aunque empezaba a ser consciente de que no distraerse y dejarse llevar por el juego iba a ser más complicado de lo que parecía; una cosa era mantener la concentración, por ejemplo, tumbada en un tejado con un rifle de francotirador apuntando a su objetivo, y otra muy distinta aquel lugar repleto de gente y ruido, si alguien las estaba siguiendo, no tendría problemas en ocultarse entre las personas que abarrotaban el local.
—Creo que esto no ha sido tan buena idea… —dijo Fate, medio volviéndose hacia la salida—. A ti no te van estas cosas y…
—Venga, Fate-chan, no digas tonterías, no los vamos a pasar genial… A ver… —Nanoha miró a su alrededor y eligió un juego para empezar—. Probemos ese —dijo tomando la mano de Fate y tirando de ella hacia una estación de juego que estaba libre en aquel momento.
La agente se paró en seco al ver la máquina, se trataba de un módulo cerrado de realidad virtual, si entraban allí no habría manera de que pudiese mantenerse vigilante, todo debía tener un límite y no podía correr riesgos innecesarios como aquel.
—¿Fate-chan? —Nanoha se volvió confusa a mirarla.
—Lo siento… En realidad no me apetece mucho jugar a nada. —Al menos sonó creíble. Sin embargo, algo en la expresión de la pelirroja le dijo que ella no terminaba de creérselo, si bien podía adelantar que lo que iba a decirle no tenía que ver exactamente con la verdad que ocultaban sus razones.
—No es eso, ¿verdad? —la voz de Nanoha era débil, casi perdiéndose en la marea de ruido de aquel lugar—. En realidad no quieres estar a solas conmigo, ¿no?
—No es…
—No tienes que negarlo —Nanoha sacudió la cabeza, ahora parecía dolida—. Ya sé que el otro día cometí un error. Está bien. No tienes que estar conmigo si tanto te molesta.
Y tras decir aquello, salió corriendo hacia el exterior, las lágrimas reluciendo en el borde de sus ojos. Fate se volvió y fue tras ella maldiciendo entre dientes, no sabía cómo ni por qué, pero acababa de meter la pata hasta el fondo, además, se sentía muy estúpida en aquel momento, haciendo daño a una persona como Nanoha, que no se merecía nada de aquello, el haberla conocido, el estar en peligro sin saberlo, el que le gustase y que ella, inconscientemente al principio, hubiese empezado a corresponder de alguna forma esos sentimientos. Pero debía seguir a su lado, debía mantener aquella amistad y cercanía, para protegerla, para salvar su vida si llegaba el caso y en el fondo comenzaba a ser consciente de que no solo lo hacía para cumplir su misión.
—¡Nanoha! —llamó a la joven que corría por la calle—. ¡Nanoha, espera!
Pero la pelirroja no se detuvo, ni siquiera se volvió un poco, sino que siguió corriendo, tratando de perderse entre la gente que andaba por la calle, de ocultarse entre ellos, de dejar a Fate atrás; la agente no podía permitirlo, no debía perderla de vista ni tan siquiera el más mínimo instante, así que apretó el paso, esquivando personas y obstáculos con la agilidad que dan los años de experiencia y entrenamiento, si un narcotraficante acompañado de sus guardaespaldas no había conseguido escapar de ella, tampoco iba a conseguirlo aquella joven universitaria que no había logrado ganarle ni un solo sprint.
Fate la vio cruzar la calzada hacia el otro lado y entrar en una de las calles que conducían hacia la playa; sin mirar si el semáforo estaba abierto o no, Fate la siguió, sus oídos se llenaron de pitidos y algunos frenazos y un coche estuvo a punto de llevársela por delante, deteniéndose en el último instante, rozándole apenas las piernas, desplazándola unos centímetros en su carrera.
—¡¿Estás loca? —Oyó que alguien le gritaba, pero ella simplemente lo ignoró y siguió corriendo, penetrando en la calle, siguiendo aquella cabellera rojiza que cada vez tenía más cerca.
La alocada carrera las llevó hasta el paseo marítimo, Fate eran consciente de las miradas que algunos de los transeúntes les dirigían a ambas, pero no les prestó la más mínima atención, tenía a Nanoha al alcance de la mano y alargando el brazo, la tomó por él, tratando de detenerla.
—¡Déjame! —Espetó la pelirroja.
—No —Fate tiró con fuerza suficiente para detenerla, el impulso puso a Nanoha involuntariamente entre sus brazos.
La joven se retorció tratando de liberarse de su presa, la gente las miraba y murmuraba, pero por el momento eso era lo que menos importaba. Fate la estrechó entre sus brazos, intentando que dejara de forcejear con ella.
—Nanoha, cálmate… Por favor.
—No… Déjame. Déjame irme —su voz ronca y quebrada por el llanto.
—No, tenemos que hablar.
—No hay nada que tengamos que hablar, tú lo has dejado claro… No quiero estar aquí, no contigo…
Algo dentro del pecho de Fate se rompió al escuchar aquellas palabras cargadas de dolor; ella era la causa de que Nanoha estuviese sufriendo, jamás debía haber dejado que se acercase tanto a ella, no debía haber actuado como había hecho con ella, tendría que haberse mantenido en un segundo plano, una compañera más de clase, no una amiga que había empezado a actuar como si quisiera ser algo más. Mas ya no podía volver el tiempo atrás, ahora solo podía actuar en consecuencia y no provocarle más dolor a aquella maravillosa persona que todavía se agitaba entre sus brazos.
—Estar a solas contigo no me molesta —dijo casi en un susurro muy cerca de su oído—. Nada más lejos de la verdad.
Nanoha paró entonces de retorcerse y alzó el rostro para poder mirarla, las lágrimas se escurrían por su cara, había una muda pregunta en sus ojos enrojecidos por el llanto.
—¿Qué quieres decir? —musitó.
Fate la apartó un poco de sí para mirarla mejor y le sonrió de manera cálida, decidiendo seguir adelante con el camino que había decidido tomar, medias verdades y medias mentiras, dejar caer una de las máscaras y mantener la única que importaba mantener puesta, por el bien de Nanoha. Se inclinó ligeramente y depósito un suave beso en su frente.
—Vayamos a un sitio más tranquilo para hablar, ¿de acuerdo? —dijo deshaciendo el abrazo y tomándola de la mano—. Aquí hay demasiado público. —Señaló a la gente que había a su alrededor, algunos pasaban de largo, pero otros las miraban curiosos abiertamente.
Nanoha asintió y dejó que la guiara hacia una de las escaleras que bajaban hasta la arena de la playa; el sol había empezado a ponerse y luces anaranjadas y doradas lo llenaban todo, una fría y húmeda brisa subía desde el agua del mar. Se sentaron en la arena, a medio camino de la orilla y el paseo marítimo, hombro con hombro; por unos minutos ninguna dijo nada, dejándose acariciar por la brisa y el sonido rítmico de las olas.
—Si es verdad lo que has dicho, ¿por qué has actuado como si nada hubiese pasado el domingo? —Preguntó finalmente Nanoha, la mirada todavía perdida en el horizonte.
—Porque es complicado —respondió Fate, respiró hondo y se volvió hacia Nanoha—. Me gustas, de verdad —dijo admitiéndolo tanto para la pelirroja, como para ella—. Pero no puede ser.
—No entiendo, ¿por qué? —Nanoha se giró hacia ella.
—Porque solo voy a pasar un tiempo aquí, cuando el curso acabe, volveré a Londres y esto no será más que un recuerdo… No quiero empezar algo que no podré mantener.
—Pero eso no lo sabes, no sabes si funcionará o no en la distancia… Podría hacerlo, si las dos ponemos de nuestra parte, podría funcionar…
—No lo haría —Fate sacudió la cabeza—. No con más de medio mundo entre tú y yo. Lo siento.
—No —el ceño de Nnaoha se contrajo levemente—. ¿Cómo puedes saberlo si no lo intentamos siquiera? —Alzó una mano y la posó abierta en una de las mejillas de Fate—. Yo estoy dispuesta a darnos una oportunidad, aunque después solo nos quede un bonito recuerdo.
Fate quería reposar su rostro en aquella cálida mano, quería creer en aquellas palabras, quería intentarlo también, pero no podía, porque aquello solo complicaría las cosas demasiado; su superior le había confiado aquella misión porque la consideraba una de las mejores agentes de La Agencia, una reputación que se había ganado a pulso desde muy tierna edad, demostrando a operativos mucho mayores que ella, que podía ser igual o más eficiente que ellos, todas sus misiones en el pasado habían sido un éxito y no podía permitir que ahora ésta se convirtiese en un fracaso y no solo por evitar la mancha en su hoja de servicio, sino también para proteger lo mejor posible a la joven que tenía a su lado.
—Lo siento —repitió y apartó la mano que todavía tenía en su cara—. Pero sé que no funcionaría… Puedo ser tu amiga, pero nada más…
—¿De verdad te puedes creer lo que estás diciendo? —la cortó Nanoha, que alzó de nuevo su mano, pero esta vez la llevó tras su cuello, acariciándolo e inclinándose hacia ella, volvió a besarla sin darle tiempo a que pudiera decir nada.
Fate intentó resistirse al beso y a todo lo que despertaba en su interior, pero la cálida suavidad de aquellos labios sobre los suyos y la intensidad de las emociones que desataban pudieron con su determinación y le devolvió el beso; sus brazos le rodearon la cintura, atrayéndola un poco más hacia sí y pronto su lengua ganó acceso al interior de su boca, donde danzó con la de ella. Solo la necesidad de aire les hizo romper el beso, sus frentes reposando una contra otra.
—Así que… ¿quieres intentarlo? —susurró Nanoha, una sonrisa esbozándose en la comisura de sus labios.
Sin embargo, antes de que Fate pudiera contestar, su smartphone comenzó a sonar con el inconfundible tono de llamada de su enlace; se apartó de Nanoha y sacó el móvil del bolsillo de su cazadora.
—Tengo que cogerlo —dijo a modo de disculpa al oír el gruñido nada disimulado de la pelirroja.
Se alejó un poco de ella para que no oyera su conversación y aceptó la llamada.
—Recuérdame que la próxima que nos veamos, te invite a unas cervezas —dijo a modo de saludo.
—¿Qué he hecho que es tan bueno para eso? —inquirió Arf al otro lado de la línea, la sonrisa perceptible en su voz.
—Digamos que evitar que cometiese una estupidez. Dime, ¿qué tienes para mí?
—Me gustaría decir que lo que querías, pero me temo que no es así.
—¿Nada de nada con las imágenes que te pasé? —preguntó Fate refiriéndose a las fotos de los hombres contra los que se había enfrentado.
—Exactamente nada. Por más programas que he usado y bases de datos que he pirateado, nada. Estabas en lo cierto, son fantasmas.
—Genial. Esto empieza a molestarme cada vez más. Supongo que la oficial Harlaown no te ha dicho nada tampoco.
—Sabes que no. ¿Qué estás pensando, Fate?
La rubia suspiró y miró hacia donde Nanoha seguía sentada, observándola hablar por el móvil con una más que evidente expresión molesta en el rostro, que de repente cambió a una de extrañeza. Siguiendo la dirección de su mirada, Fate descubrió un punto rojo en el centro justo de su pecho.
—Joder —masculló, sintiendo que se le secaba la boca.
—¿Fate?
En el tiempo de un parpadeó, Fate se tiró al suelo, gritándole a Nanoha que hiciera exactamente lo mismo. Casi sintió la bala pasar rozándole la cabeza. Sin tiempo para pararse a pensar, levantando polvo, se puso a cuatro patas y se dirigió hacia la pelirroja, que tumbada en la arena la miraba sorprendida y confusa.
—¡Fate! —oyó la voz de Arf en el auricular del móvil y sin detenerse, se lo volvió a llevar al oído.
—Me están disparando. En la playa. Estoy con Nanoha.
Fate llegó junto a la joven, mientras otras tres balas más impactaban contra la arena, la ausencia de gritos de pánico desde el paseo marítimo indicaba la presencia de un francotirador con silenciador. "Estupendo", pensó la rubia, que tomó a Nanoha por los hombres y la medio incorporó.
—Tenemos que ponernos a cubierto —le dijo, mientras la medio arrastraba hacia la pared del paseo marítimo que limitaba con la arena, aunque pequeña, les daría cobertura momentáneamente, ocultándolas a los ojos del tirador.
—¿Qué está pasando? —preguntó asustada Nanoha.
—Buena pregunta —contestó Fate, pegando las espaldas de ambas a la pared y volviendo a colocarse el móvil en la oreja—. Arf, tengo un francotirador en algún sitio intentando librarse de mí.
—Ya estoy escaneando con un satélite el área en la que te encuentras. Dame unos segundos.
—Claro —rió sin humor la agente—. No te preocupes, no tengo intención de ir a ningún lado.
—¿Fate-chan, qué está pasando? —Nanoha la miraba sin comprender—. ¿Un francotirador? ¿Qué…?
—Ahora no, Nanoha —sacudió la cabeza y echó mano a su Glock, si alguien intentaba quitársela del medio, eso quería decir que no muy lejos habría otros esperando para poder llevarse a Nanoha. Obviamente, se había convertido en un obstáculo para alguien.
—¡Fate-chan! ¿Una pistola?
—Es una larga historia, ¿vale? Luego te lo explicaré todo, ¿de acuerdo? Ahora déjame que salve nuestras vidas. ¿Arf?
—Sigo en ello… ¡Ya lo tengo! Está en un tejado a las doce de tu posición actual.
—A las doce solo tengo el mar.
—Joder, Fate, a las doce si miras hacia el paseo.
—Mierda, Arf, eso son mis seis… Argh, da igual. ¿Cobertura? ¿Amigos?
—Sin cobertura y… diría que hay cuatro tipos sospechosos no muy lejos de donde os encontráis.
—Genial. ¿Más buenas noticias?
—Se están empezando a mover hacia ti. Y la policía hace su aparición.
—¿La policía?
—He hecho saltar un aviso de disparos en su sistema. Dos coches patrulla acaban de llegar. Esperemos que eso les entretenga un poco.
—Avísame cuando sea seguro salir de aquí. O si alguno de esos amigos se acerca mucho.
—Recibido.
Fate miró a Nanoha, la pelirroja estaba temblando y sus ojos apenas se apartaban de la pistola que sostenía en su mano.
—Ey, Nanoha, mírame —la joven alzó la mirada a su rostro—, no te preocupes, todo va a salir bien, ¿de acuerdo? Yo te protegeré. Puedes confiar en mí.
Nanoha no sabía qué decir, qué pensar, de pronto todo se había vuelto extrañamente surrealista; hacía unos minutos se estaba besando con Fate y al siguiente, alguien les estaba disparando y Fate hablaba como si todo aquello fuera normal o como si no la sorprendiera en absoluto. No entendía nada y estaba aterrada. Pero aquellas palabras que Fate acababa de decirle con aquella suave voz suya, lograban de alguna manera tranquilizarla un poco, como si en el fondo supiera que junto a ella estaba a salvo. Aunque aquella pistola oscura en su mano le hacía dudar de sus propios instintos y lo peor, le llevaban a preguntarse quién era Fate en realidad.
—Vía libre, Fate —dijo Arf al otro lado del teléfono—. La policía ha hecho huir al francotirador.
—¿Y los otros?
—Siguen ahí. No harán nada de primeras con la poli en escena, pero…
—Pero nos seguirán. Muy bien —Fate pensó unos segundos sus siguientes movimientos—. Necesito pasar por mi piso y recoger algunas cosas… ¿Transporte?
—A unos doscientos metros a tu derecha hay unas motos aparcadas, varios jóvenes están en ellas, podrías tener suerte y que alguno la tenga arrancada. Aunque no hace falta que te diga lo mala idea que es robar una moto a plena vista en la calle, con la policía al lado, ¿verdad?
—Ahórrate el sarcasmo y procura eliminar del sistema cualquier imagen con nuestras caras hoy —suspiró—. De acuerdo, tendremos que ir con eso. Escucha, Arf, dentro de noventa minutos nos encontraremos en el punto de encuentro Sigma 2. Llévame algo bonito y rápido.
—A sus órdenes. Y, Fate…
—¿Si?
—Suerte.
—Nos vemos en un rato.
Fate cortó la llamada y se guardó el móvil en el bolsillo del pantalón, se volvió hacia Nanoha, que seguía mirándola sin comprender. Cómo lamentaba que las cosas se hubiesen vuelto así tan de golpe, pero ahora no tenía tiempo que perder.
—Nanoha, esto es lo que vamos a hacer; vamos a salir corriendo hacia la derecha de esas escaleras, no te separes de mí lo más mínimo y no dejes de correr hasta que yo me detenga, ¿entendido? —la pelirroja asintió—. Y vamos a tener que hacer algo fuera de la ley, pero no preguntes ni dudes, ¿de acuerdo? Es importante que salgamos de aquí, a ser posible, de una pieza las dos. ¿Lista? —Le tendió la mano libre.
—Sí —Nanoha cogió aquella mano y la aferró con fuerza, ahora no tenía más remedio que confiar en Fate.
—Muy bien. Vamos.
Fate echó a correr hacia las escaleras, tirando levemente de Nanoha y tratando de mantener su pistola lo más oculta posible en su mano; en el paseo marítimo, la gente se agolpaba tratando de ver qué hacía allí la policía, la agente dobló hacia la derecha y se dirigió hacia las motos y sus dueños sin mirar atrás, sabiendo a ciencia cierta que los cuatro tipos que había mencionado Arf no tardarían en seguirlas; una férrea determinación marcando todos sus movimientos. Estaba de suerte, porque uno de los jóvenes acababa de arrancar su máquina y estaba a punto de subirse a ella. Utilizando su pistola como garantía, Fate apuntó al chico, cuyos ojos se abrieron como platos, al igual que los de sus amigos.
—Solo la voy a tomar prestada —dijo Fate, indicándole con el cañón del arma que se apartara, uno de los chicos había salido corriendo a pedir ayuda a la policía. No tenían mucho tiempo—. Súbete —le ordenó a Nanoha, que obedeció, la cara pálida.
Fate se subió sin vacilar y en rápidos movimientos, con el sonido de gritos y voces de fondo diciéndole que se detuviera, se guardó la Glock a la cintura y puso la moto en marcha, haciendo rugir su motor y chirriar su rueda trasera, marcando el asfalto de goma negra, salió disparada hacia la calzada, superando con creces el límite de velocidad. Los brazos de Nanoha se aferraron a su cintura con fuerza. Ya no había vuelta atrás, pensó la agente mientras el tráfico y las calles se deslizaban a su alrededor, en la lejanía podía oír el sonido de las sirenas. Su misión acababa de pasar a una fase mucho más peligrosa y lo primero era poner a Nanoha a salvo, lo comprendiera ella o no, quisiera ella o no.
Nota de la Autora: Un nuevo capi arriba y comienza la acción, aunque ha sido un poco inesperado para mí xD, en principio no lo tenía planeado así, pero ha ido saliendo solo (espero que apreciéis, que aunque estuve tentada, no he cortado el capi justo cuando apuntan a Fate con el rifle del francotirador :P).
Lamento la demora con este capítulo y con el de "La Espada…" (que ya está en camino), pero he estado viciada con un par de series y las he estado viendo prácticamente en maratón estas semanas xD (soy un caso :P).
Agradeceros como siempre vuestros reviews y comentarios y a los que sois lectores silenciosos, que sigáis leyendo la historia ;)
Y finalmente, para los que les gusta la fantasía y mis historias y estilo, el año que viene podréis encontrar mi primera novela original publicada, una editorial me ha dado la oportunidad de llevar a la realidad ese sueño y me van a publicar mi primer libro :D (sí, tenía que decirlo, lo he puesto en todos los sitios de Internet que frecuento xD).
