*Zelena's POV*

Entré a la casa y el olor de aquella mujer invadió todos mis sentidos. Era un aroma agradable, sutil, fresco, sin duda me resultaba un olor muy relajante.

La casa no era muy grande, pero lo suficiente como para un par de personas, y su interior estaba decorado de una forma simple pero con gusto, funcional pero sin dejar a un lado lo estético, sobretodo utilizando colores cálidos que le daba un toque hogareño... Cada cosa estaba limpia y en su sitio, realmente era una casa muy bonita.

Me di la vuelta y de nuevo enfrenté a aquella mujer: Esta noche llevaba un vestido blanco que le quedaba justo por encima de la rodilla... ajustado por su fina cintura pero con una caída aflojada, dándole un toque casual pero no demasiado. Los tacones negros que llevaba hacían juego con su maquillaje, que acentuaba el increíble tono verde de sus sus ojos y el brillo labial rojo sangre que se había colocado... Esta noche estaba espectacular.

Ésta vez fue su turno de reírse por el escaneo, pero esque era inevitable llendo así vestida.

- Hola - dijo ella.

"¿En serio? ¿Esto no lo habíamos pasado ya?"

- Hola - me acerqué a su cuerpo y la tomé de la cintura con la intención de besarla, pero ella se apartó y esquivó mis labios.

Dio un paso atrás y negó con la cabeza - de eso nada, primero la cena - debió de notar mi cara confundida, porque entonces hablo de nuevo - no te hagas ilusiones linda, hoy salí tarde de trabajar y no me dio tiempo a cenar, así que puedes esperar sentada, o si no, compré comida de sobra.

Esto me tranquilizó un poco la verdad, yo no quería que ella confundiese las cosas y pensase que buscaba una relación. Yo estaba en esa casa para divertirme con ella y nada más.

" Aunque una cena no hará daño" la verdad es que yo tampoco había comido nada desde que estuve en el restaurante con ella y ahora tenía bastante hambre.

La seguí hasta la cocina y me senté frente a la isla que estaba colocada en el centro de la habitación mientras ella ponía la comida frente ambas.

Comenzamos a comer en un silencio algo incómodo que no estaba segura de cómo o si quería romper, pero decidí dar pie a un poco de conversación.

- Y bueno Ruby ¿Quién eras antes de la maldición? Supongo que Blanca ya te habrá contado sobre mi, pero lo cierto es que yo no sé nada sobre ti - la verdad es que ya lo sabía todo sobre ella y los habitantes de esta ciudad, debía estar bien informada si quería triunfar en mi venganza.

- En nuestra tierra me conocían como Red.

" ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿En serio? ¡Venga ya! "

- Que nombre tan peculiar... ¿Y qué más tienes que decir sobre ti?

- Nada muy interesante la verdad.

" Vale, esta chica está rara. El otro día era todo nervios y ahora está como si le molestase tenerme aquí"

- ¿Se puede saber que te pasa?

- No sé a qué te refieres - ni siquiera me miró al hablarme.

- Mírame - levantó la vista y no supe bien como interpretarla - mira querida, si no me querías aquí me lo podías haber dicho sin problema. Pero no me hagas venir si te vas a estar portando como una zorra ¿entendido?

Se me quedó mirando por unos momentos y entonces fue cuando comenzó a reírse como si le acabase de contar la mejor broma del mundo... Esto ya era demasiado. Me levanté y cogí mis cosas dispuesta a irme.

- ¿A dónde te crees que vas bonita? - se podía escuchar el sonido de sus tacones chocando contra el suelo mientras me seguía por el pasillo.

- A mi casa.

- Tú no te vas a ninguna parte.

- ¿¡De qué coñ... - entonces sentí el fuerte golpe de mi espalda chocando contra la pared, y los labios de la morena atacando los míos.

" ¡Joder! "

De inmediato le seguí el beso e intenté moverme para tomar el control de la situación, pero ella me agarraba demasiado fuerte por las caderas y no me permitía moverme. Al parecer era más fuerte de lo que pensaba.

Comenzó a desabrocharme la ropa con una única mano y aún así seguía sin poder escapar de ella.

Ya con mi chaqueta, tacones y blusa fuera, la sentí meter una de sus manos en mi pantalón y no pude evitar estremecerme contra la pared. Hizo a un lado mi ropa interior y comenzó a frotar con dos de sus dedos sobre mi clítoris, no muy rápido, pero lo suficientemente fuerte como para volverme loca.

Mientras su mano jugaba conmigo, sus labios se dirigieron a mi cuello y mis pechos aún cubiertos por el sostén, llenándome de mordidas y besos húmedos que por seguro me estaban dejando montones de marcas en la piel, pero era tal el placer que me estaba dando que ni se me pasó por la cabeza quejarme.

Yo quería llevar las cosas más lejos, ya me había dado por vencida intentando tomar el control, y aunque nunca me había sentido muy cómoda siendo la sumisa, ahora mismo la necesitaba demasiado.

- Subamos arriba -dijo ella en un susurro a mi oído, y yo, por falta de palabras, no pude hacer otra cosa más que asentir.

*Ruby's POV*

La tomé por la muñeca y la dirigí escaleras arriba hasta mi habitación... De momento todo iba bien.

Cuando llegamos allí, me separé unos pocos pasos de ella, observando su cuerpo medio desnudo y repasando mentalmente lo que haría con él esta noche. Ella parecía nerviosa y se notaban sus ganas de que volviese a juntar mi cuerpo al suyo, pero antes quería jugar un poco.

Me senté sobre la cama y crucé mis piernas, recostándome un poco y apoyando las palmas de mis manos contra la colcha mientras me acomodaba para observarla.

- Desnúdate.

Ella pareció vacilar unos momentos, pero por fin comenzó a quitarse la ropa, y lo hizo sin apartar la mirada de la mía, quizás le sorprendió la petición, pero se veía que ella no se avergonzaba de su cuerpo.

La primera prenda en desaparecer fueron sus pantalones, dejandola únicamente vestida con su ropa interior de color negro, y pronto su sujetador acompaño a los jeans ya olvidados en el suelo.

Acercó las manos al dobladillo de su tanga y fue entonces cuando las dudas aparecieron por un momento.

- Quítatelo todo - ordené.

Y ella obedeció.

Por fin la tenía desnuda frente a mi, y no pude evitar comérmelo con la mirada... ¿Qué se puede decir? Esta mujer tiene un cuerpo de escándalo.

Despacio me levanté y me acerqué a su cuerpo. Sus labios estaban tan cerca de los míos que podía sentir su aliento sobre mi, y su cuerpo tan caliente que incluso a pesar del vestido, lo sentía sobre mi piel.

Coloqué mi mano sobre su hombro y rocé nuestros labios, pero cuando ella quiso acercarse para profundizarlo más, me aparté unos centímetros y comencé a caminar a su alrededor.

En ningún momento aparté la mano de su piel, y cuando por fin hube quedado a su espalda, me pegué por completo a su cuerpo acercando mi boca a su cuello.

La mano que tenía colocada en su hombro comenzó a bajar por su pecho hasta tomar uno de sus senos y comenzar a acariciarlo. La pude escuchar soltar un pequeño suspiro y sentí como su cuerpo se movió hacia atrás buscando más de mi roce.

Entonces mi otra mano se colocó en su cintura y comenzó a moverse acariciando su vientre... A cada centímetro recorrido podía sentir su piel erizarse bajo mis dedos.

Por fin mis labios hicieron contacto con ella y comencé a besar su cuello con besos lentos y húmedos. Ella parecía no poder moverse, o no sabía cómo hacerlo.

Entonces una de sus manos viajó hasta mi cabeza mientras ella hacía la suya a un lado, intentando que me pegase más a ella.

Sus suspiros y pequeños gemidos llenaban la habitación, hasta que por fin la penetré con dos de mis dedos con la mano que antes acariciaban su vientre.

Las embestidas eran lentas pero profundas, al igual que las atenciones que le daba a su cuello y sus pechos... Sabía que ella quería más, que lo necesitaba más rápido, pero ella estaba aquí hoy para sufrir con el placer.

Sus caderas comenzaron a balancearse para encontrarse con mis dedos, y yo sentía cada movimiento al notar su culo chocando contra mi sexo, encendiendo mi cuerpo y poniéndome cada vez más ansiosa.

Sabía que si seguía así no podría continuar con el plan, así que me alejé y la empujé haciéndola caer sobre la cama.

Ella soltó un gemido de frustración que se cortó de inmediato cuando me vio desnudarme frente a ella. Todas mis prendas habían quedado esparcidas por el suelo de la habitación junto a las suyas y ahora ambas estábamos al mismo nivel.

Me incliné sobre ella y junté mis labios con los suyos, uniéndonos en un beso caliente y apasionado. Mientras, mi rodilla se hacía paso entre sus piernas, abriéndolas cada vez más hasta que rozó su sexo y su cuerpo se tensó.

Ambas nos movíamos con fuerza contra la otra para aumentar el roce, y cuando llevé mis dedos a su sexo, ella quiso aumentar también el ritmo.

Levantó sus caderas en busca de un poco más de atención, la cual yo le estaba negando, y como ella misma me había dicho unas semanas atrás, me incliné sobre ella para susurrarle a su oído:

- Ruégame.

Esto no le agradó, trató de moverse y escapar de mi agarre pero yo no la dejé. Al parecer está mujer no soportaba actuar de sumisa, pero debería hacerlo si quería salir hoy de esta casa.

La agarré de las muñecas y abrí uno de los cajones de la mesita de noche. De ahí, saqué un pañuelo largo de algodón de color rojo y lo utilicé para atarla al cabecero de la cama.

- ¡¿Qué coño te crees que haces?!

- Tranquila linda - le guiñe un ojo - lo vas a disfrutar.

Con su cuerpo totalmente expuesto sobre la cama, tomé uno de sus pechos en la boca y el otro en la mano. Sus pezones estaban totalmente endurecidos y reclamando la atención que no les había dado a penas en la noche.

Se veía que ella trataba de no reaccionar ante mi toque, pero su respiración acelerada la delataba, ella estaba disfrutando estar así para mi y debería reconocerlo para que yo la dejase ir.

Mis besos descendieron por su vientre y de nuevo me encontré entre sus piernas. Estaba muy mojada, y la visión que tenía frente a mi era demasiado excitante.

- ¡Suéltame!

Coloqué mi lengua en la base de su sexo y le di una lamida lenta hasta su clítoris, haciendo que sus quejas cesasen y fuesen sustituidas por gemidos.

Pasé varios minutos así, torturandola de placer... Cada vez que sentía que estaba cerca, rebajaba el ritmo de mis atenciones sin permitirle llegar al orgasmo.

Ella se movía en contra de mi, levantando sus caderas y buscando desesperadamente que yo la follase como era apropiado para que pudiese acabar y que la presión en su vientre desapareciese.

Su cuerpo comenzaba a agotarse y si no ella no cedía pronto debería parar, quería que ella suplicase para mi, pero toda mujer tiene un límite y ella estaba acercándose al suyo.

Pero entonces no lo aguantó más y casi sollozando, me lo rogó:

- Por favor... - alguna lágrima escapaba por su rostro cuando me habló con la voz rota, rompiéndome el corazón -acaba ya... Por favor...

Su rostro estaba enrojecido, y su cuerpo tan caliente y sudoroso se veía muy débil... En ese momento me sentí una persona horrible y quise darle lo que necesitaba.

Me coloqué frente a ella y desaté sus muñecas sabiendo que estaba demasiado cansada como para ir a ninguna parte. Sus muñecas estaban enrojecidas, y un siseo escapó de sus labios cuando las froté con cuidado y les di un pequeño beso.

Entonces me puse frente a su rostro y le limpié las lágrimas. Ella me miraba de una forma que no supe reconocer, pero no se parecía nada a la mujer de hace unas semanas.

- Lo siento mucho -le susurré.

Ella cerró los ojos y escondió su cabeza en el hueco de mi cuello, haciéndome sentir su respiración pesada contra la piel.

- Mírame - la pelirroja pareció vacilar por unos momentos, pero finalmente me hizo caso - te daré lo que quieres, ¿esta bien?

Después de asintiese, quise besarla para tratar de relajarla... Su cuerpo estaba demasiado cansado y debía hacer las cosas con cuidado.

Con la punta de la lengua lamí su labio inferior para pedir la entrada a su boca y ella me la dio. Comenzamos un beso lento, en el que no había ninguna prisa por llevar las cosas más allá.

Mi mano, por fin descendió hasta su sexo, y sabiendo que estaba demasiado sensible, mis dedos la penetraron con el mayor cuidado del mundo.

En el momento en el que estuve dentro de ella, soltó un suspiro aún con nuestros labios unidos, y sus manos viajaron a mi espalda para aferrarse a mi suavemente.

Comencé a moverme lentamente para no hacerle daño, y pronto los gemidos volvieron a llenar la habitación. Entre besos y caricias, el calor que nos estábamos dando era casi insoportable, pero yo no me quería alejar.

Poco a poco la intensidad fue subiendo y ella estaba cada vez más apretada, su respiración era errática y sus uñas se clavaban en mi piel. Sabía que estaba cerca y esta vez sí la dejaría acabar.

Con el dedo pulgar empecé a trazar círculos sobre su clítoris, y en ese momento, apretó sus piernas alrededor de mis caderas y su espalda se arqueó con un fuerte gemido.

Cuando llegó al orgasmo, no quise salir de ella de inmediato, en cambio continúe moviéndome despacio hasta que ella estuvo totalmente relajada, y solo entonces me moví. Ella se quejó, en parte por lo sensible que estaba y en parte por haber perdido ese contacto.

Me tumbé a su lado en la cama, y tras unos minutos noté que su respiración se había vuelto tranquila. Miré a mi lado y fue cuando la vi con los ojos cerrados y la boca entreabierta... Se había quedado dormida.

"Mierda"

Me levanté de la cama para salir de la habitación, pero cuando había llegado junto a la puerta, me detuve y la miré una vez más...Me acerqué de nuevo hasta la cama y tras haberla arropado con las sábanas, salí de allí y me fui a la otra habitación.

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Me senté sobre la cama despues de salir de la ducha y me metí bajo las sábanas aún sin dejar de pensar... La noche no había resultado como yo quería... El plan era hacerla rogar como ella había hecho conmigo, que cediese pronto y tras darle un par de orgasmos echarla de la casa como venganza por haberme dejado así la última vez...

Nada había resultado como yo esperaba, y la verdad, todo lo que había ocurrido para mi resultaba demasiado extraño.

Esa mujer había llorado de impotencia en mi cama y yo me había de sentido la peor persona del mundo... Pero ¿Porque? Si mi plan era humillarla desde un principio.

Ahora esa misma mujer estaba durmiendo pacíficamente en mi cama y yo no sabía qué hacer... ¿Cómo se supone que la trataría al día siguiente?

*Zelena's POV*

Me desperté con el brillo de una luz chocando directamente contra mis ojos, y al abrirlos para observar dónde me encontraba, me quedé sorprendida.

Tardé un poco para acordarme de todo lo que había ocurrido ayer, pero cuando por fin ocurrió, una pequeña sensación de pánico me invadió.

"Mierda, mierda, mierda, mierda"

Me levanté de un salto de la cama y todo mi cuerpo se quejó por el movimiento.

- ¡Joder!

Me vestí lo más rápido que pude y salí corriendo de aquella casa.

Cuando por fin llegué a la granja mi cuerpo se relajó un poco, pero mi mente no dejaba de trabajar... No paraba de pensar en todo lo que había pasado anoche, en lo que esa camarera me hizo, y aún peor, en lo que yo le había dejado que me hiciese...

Caí derrotada sobre el sofá y entonces cubrí mi rostro con ambas manos.

"¿Qué cojones he hecho?"