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El deseo de dos corazones

Algo sombroso, intrigante e inexplicable le estaba sucediendo a Yoh Asakura: tenía insomnio. Tampoco podía decir que los últimos meses hubiera dormido tranquilamente y sin ningún problema, pero esa noche había sido incapaz de cerrar los ojos ni un solo minuto. Así que, en vista de su fallido intento por dormir, decidió acompañar a Amidamaru, Bason, Tokagero y Moske en una partida de cartas que se alargo durante toda la noche.

En la casa de junto, la historia se repetía con su hermano mayor, Hao Asakura, que a pesar de estar acostumbrado a pasar noches sin dormir, esa noche, en especial, un sentimiento desconocido para él le impedía respirar tranquilo. Tras haber comido el pedazo de flan que Mari le había dejado, tomó la decisión de buscar a la única persona que, al igual que él, tenía serios problemas para dormir. Subió al piso de arriba y se acerco sigilosamente a la puerta del cuarto donde se encontraba dicha persona. La abrió lentamente y al asomarse se encontró con la desilusionante realidad de que precisamente esa noche, ella logró dormirse. No pudo evitar quedársele viendo por un largo rato. Debía de admitir que dormida, y de cualquier forma, parecía un ángel. Sus ojos dulcemente cerrados tenían como marco una larga y rubia cabellera y abrazaba con gran fuerza su adorado muñeco Chuck. Salió del cuarto cerrando la puerta sin hacer ruido. Lanzó un suspiro de decepción y se dirigió de nuevo a la planta de abajo.


- Acaso estas buscando que te exente del entrenamiento, si es así olvídalo – le advirtió una voz detrás de ellos, que provoco un escalofrío general entre los espíritus e Yoh.

- Anna, ¿ya te despertaste? – pregunto Yoh extrañado girando su cabeza para ver a Anna.

- No, soy un fantasma – respondió Anna sarcásticamente y después con enojo añadió – Por supuesto que ya me levante, son las nueve de la mañana.

- ¿Ya es tan tarde? – pregunto Yoh volteando a ver a los fantasmas, los cuales, no habían dudado huir tan rápido como pudieron – vaya, ya se fueron.

- Voy a ver que está haciendo Tamao para desayunar – anuncio Anna y comenzando a caminar hablo – Te aconsejo que te vayas a bañar y preparar porque después del desayuno comienza el entrenamiento.

- Tan pronto, pero si apenas acabamos de llegar, Annita – se lamento Yoh – además estoy muy cansado.

- Ese no es mi problema, yo no soy él se queda en vela jugando con unos estúpidos fantasmas – le recalco Anna volteándolo a ver.

- No fue por propia voluntad, es que no me pude dormir en toda la noche – explico Yoh con voz baja. Anna lo miró extrañada. Si una de las cosas que más amaba Yoh era dormir, no podía entender su insomnio.

- Necesitas tranquilizarte, así podrás dormir – aconsejo Anna siguiendo su camino rumbo a la cocina – y el entrenamiento te cansara más.

- Si tú lo dices – dijo Yoh agachando la cabeza.

- Creo que la señorita Anna tiene razón, necesita tranquilizarse, lo siento muy alterado – apoyo Amidamaru apareciendo – y eso es extraño en usted.

- Tienen razón – aceptó Yoh poniéndose de pie – debo de tranquilizarme.

Y dicho esto caminó a su cuarto.


Su tranquilo sueño, fue interrumpido por un extraño olor que finalmente llego a su habitación. Abrió perezosamente los ojos al tiempo que trataba de ponerle un nombre a tan desagradable aroma. Y cuando al fin lo logró se paro como si una descarga eléctrica le hubiera recorrido el cuerpo entero. Se acerco a la ventana y vio una imagen que la dejo completamente fúrica. Salió de su cuarto, bajo las escaleras y llegó al jardín con una rapidez record.

- ¡ESTÁS LOCO O QUÉ TE PASA! – grito Irone con todas sus fuerzas, llamando la atención del causante de su enojo.

- Hazme el favor de no gritar – pidió Hao molesto.

- ¡Qué no grite! ¡¿Y qué quieres que haga si acabas de arruinar el jardín entero?! – exclamo la muchacha seriamente indignada. La escena era horrible para cualquiera. Los hermosos árboles que adornaban el lugar habían sido reducidos a ceniza, sin contar por supuesto la cerca de madera que sufrió el mismo destino. Hao, por su parte, se encontraba sentado en medio del jardín en una actitud de meditación.

- Puedes calmarte, los volveré a plantar – se disculpó Hao poniéndose de pie – y arreglare la cerca.

- ¡Eso no arregla nada, no vamos a comprar nuevos árboles y poner nueva cerca cada vez que el señor tenga problemas existenciales! – grito Irone.

- ¡Yo no tengo problemas existenciales! – le grito Hao una vez estando a su lado.

- ¡Claro que si, que no lo aceptes es otra cosa! – argumento Irone - ¡acepta que no te gusto ver a Yoh y nos evitamos estas escenas! – señalo el jardín destruido - ¡habla con alguien, llora, enójate, pero no te desquites con alguien que no tiene la culpa! ¡Madura!

- ¡Soy maduro! ¡Si no lo fuera en este instante toda esta maldita aldea estaría disminuida a cenizas y los estúpidos Grandes Espíritus ya serían míos! – grito Hao - ¡Y no tengo problema con el imbécil de Yoh, por mi se puede ir al infierno y podrirse ahí!

- ¡Ahí está, si tienes un problema! – prosiguió Irone.

- ¡NO TENGO NUNGÚN MALDITO PROBLEMA! – grito Hao completamente fuera de si.

- ¡No griten! – pidió una Mari asustada en la puerta de la cocina.

- ¡YO GRITO SI QUIERO! – exclamo Hao lanzando inconcientemente una bola de fuego a Mari que rápidamente pudo esquivarla tirándose al piso con no más que una pequeña quemadura en el brazo.

- ¡Mari! – exclamo Irone empujando a Hao para que la dejara entrar a ver a la rubia. Hao, que apenas entraba en conciencia de lo que acababa de hacer, empalideció por completo y corrió de inmediato detrás de Irone.

- ¿Estás bien? – le pregunto Irone hincándose para quedar al mismo nivel que Mari.

- Mari, yo… - comenzó Hao.

- ¡Tú cállate, ya has hecho demasiado por hoy! – lo interrumpió Irone lanzándole una mirada asesina. En ese instante Mari se paro lentamente.

- Lo siento, fue culpa de Mari, no debió de haberse metido – se disculpo Mari.

- ¡¿Qué?! – exclamó Irone.

- El desayuno ya casi está listo – anunció Mari dirigiéndose a la cocina y entrando en ella sin más.

- Voy por el botiquín de primeros auxilios – hablo Irone después de salir del shock, miro a Hao, que no dejaba de ver la puerta de la cocina – Hablo en serio cuando digo que necesitas encontrar otra forma para expresar lo que sientes – Hao la volteo a ver – o de lo contrario los árboles no serán los únicos muertos aquí.

Hao la siguió con la mirada mientras ella subía las escaleras, después regreso su mirada de nuevo a la entrada de la cocina, al tiempo que un horrible sentimiento de culpa se apoderaba de él.


Cerró otro libro con disgusto. Si todo seguía igual a como lo había dejado hace 500 años, el rosario de los 1080 debía de encontrarse en la Montaña Osore, lugar donde lo escondió después de haberlo usado en contra de Hao y de dejar algunos otros asuntos bajo control para la próxima vez que ambos estuvieran vivos. No se preocupaba de eso en absoluto. Confiaba en que su enviado le trajera tan preciado tesoro a su lado de nuevo. Lo que la tenía tensa era el hecho de que no encontraba por ningún lado el conjuro que había utilizado hace 500 años en contra de su detestable hermano. Sí, lo conocía de memoria, al derecho y al revés, pero no podía confiar en una memoria de 500 años de antigüedad tan empolvada, pues había ciertos detalles que podían causar terribles errores que no podía permitir. Abrió un nuevo libro y siguió con su búsqueda, hasta que una sonrisa se dibujo en su rostro. ¡Ahí estaba! ¡Después de tanto tiempo de buscar y tantos libros desechados, ahí estaba! Lo leyó varias veces comprobando que su memoria era completamente perfecta. Lo releyó mil veces más y después, arrancó la hoja del libro, la rompió en pedazos y la tiró al gran lago que la rodeaba. Así nadie, además de ella, podría saber un conocimiento tan deseado. Se paró de su asiento, se acerco al borde de la plataforma y se zambulló en esa inmensa masa de agua. Saco la cabeza y comenzó a flotar de espaldas en el agua. Ahora estaba más tranquila; su perfecto plan se llevaría acabo sin contratiempos. Estuvo así por un largo rato hasta que un golpe a su puerta la devolvió a la realidad. Salió de ahí, sorprendentemente, seca.

- Pasa – hablo. Segundos más tarde la puerta se abrió dejando ver a un muchacho de cabello rubio, corto y desordenado, ojos verdes que resplandecían como esmeraldas, vestido con un short azul, una playera de mangas largas blanca, un chaleco morado y botas negras como de excursionista. El muchacho, de no más de 17 años, mostraba un semblante preocupado.

- Es un placer verla de nuevo, jefa – hablo el muchacho hincándose a mitad del largo pasillo.

- Déjate de formalidades, Zack, mejor dime que lo que te pedí resulto bien – dijo la mujer sonriendo.

- De eso quería hablarle, mi señora – dijo Zack poniéndose de pie y viendo a su jefa con vergüenza – El rosario ya no estaba donde usted me dijo.

Tardo un poco en procesar lo que acababa de oír. ¡Alguien se había atrevido a coger su adorado rosario de los 1080! ¡¿Quién pudo haber tenido tal descaro?!

- ¿Dónde está? ¿Quién lo sacó? – pregunto tratando de no explotar en cólera.

- Según lo que investigue, fue una sacerdotisa de la familia Asakura la que lo sacó, se llama Anna Kyouyama – respondió a la segunda pregunta.

- Anna Kyouyama – repitió – así que fue la familia Asakura quien lo hizo, eso significa que debieron de haberlo usado para destruir a Hao, lo cual no explica porque sigue con vida – entrecerró la mirada, provocando un escalofrío en Zack - ¿qué paso con mi rosario?

- La familia Asakura trato de usarlo en contra de Hao, pero no les funciono y él… bueno… lo destruyo – terminó Zack esperando que en cualquier momento algo le provocara la muerte.

- ¡Bola de idiotas inútiles! – grito completamente enojada la mujer causando que una enorme ola se levantara. Zack, al ver esto, no dudo en salir corriendo del lugar por su vida - ¡Ahora por su culpa mi plan se ha arruinado! ¡Juro que después de matar a Hao, me desharé de toda la familia Asakura!

Descargo su furia destruyendo todo en el lugar con ayuda del agua. Lentamente se fue tranquilizando, al darse cuenta de que tal vez no todo estaba tan perdido como lo parecía. Aún tenía una carta bajo la manga, una carta, que igual que hace 500 años, jugaría a su favor.

Mientras tanto, afuera del cuarto se encontraba un temeroso Zack que sudaba frío esperando el momento de su muerte.

- ¿Qué pasó? – pregunto Serpiente, que llegaba al lugar guiada por el ruido causado por su jefa seguida por una chica no muy alta, de cabello café muy corto y ojos del mismo color; iba vestida con un pantalón de mezclilla muy roto, una playera sin mangas blanca, un chaleco morado y llevaba unos googles en la cabeza.

- Es que no encontré lo que me pidió y se enojo mucho – explico el muchacho.

- ¿Y qué te pidió? – pregunto la chica de los googles.

- Me pidió que encontrara el rosario de los 1080 – respondió Zack – pero éste fue tomado por los Asakura y destruido por Hao.

- ¿Y quién te dijo eso? – pregunto Serpiente.

- Como no lo encontré en el lugar donde la jefa me indicó, fui a preguntar entre las sacerdotisas del lugar y ellas me dijeron eso – explico Zack.

- Ya veo – comento Serpiente tomándose la barbilla – Bueno, no es que se pueda confiar mucho en una bola de ancianas sumisas a la familia Asakura – Levanto su dedo índice señalando hacia el techo y con una sonrisa de autosuficiencia anunció – Yo conozco un mejor método para sacar información confiable y precisa.


La plática que se desarrollaba entre sus amigos y familiares era algo que escuchaba como si todos estuvieran muy lejos. Se encontraba entretenido jugando con su desayuno, sin ánimos si quiera de comérselo, cosa que era rara, dado que Tamao cocinaba las delicias más exquisitas del mundo. Sin embargo, su extraño comportamiento no pasaba desapercibido por los presentes a la mesa que de vez en cuando le lanzaban una mirada de extrañeza o decían uno que otro comentario para introducir a su amigo a la plática. Pero después de veinte minutos intentándolo, decidieron que era mejor dejar a Yoh con sus pensamientos y esperar a que él solo decidiera salir de su trance autoimpuesto.

- Yoh, Manta, Riu, Fausto, hoy comenzaremos con el entrenamiento, así que los quiero en la puerta en menos de diez minutos – anunció Anna al terminar su desayuno.

- ¿Y nosotros por qué? – preguntaron consternados Riu y Fausto.

- Porque en caso de que el Torneo continué siendo en equipos no quiero que Yoh pierda por su culpa – explico Anna poniéndose en pie.

- Es cierto, ¿alguien sabe cómo seguirá el Torneo? – pregunto Horo-Horo que seguía comiendo como si no hubiera un mañana.

- No han dicho – respondió Ren – pero pensándolo, es mejor que nosotros también entrenemos. No quiero que nos despedacen por culpa de ustedes dos inútiles.

- ¡No somos inútiles! – exclamaron Horo-Horo y Chocolove.

- Yoh, señorita Anna, Elisa y yo queríamos decirles algo – intervino Fausto llamando la atención de todos, incluso de Yoh.

- ¿De qué se trata? – pregunto Anna.

- Bueno, Elisa y yo lo hemos pensado mucho y llegamos a la decisión de no seguir en el Torneo entre Shamanes – informó Fausto causando una sorpresa general.

- Pero, ¿por qué? – pregunto Riu – si hacemos un gran equipo.

- Durante la cena de anoche, los dos nos dimos cuenta de que nuestro sueño ya se había hecho realidad gracias a la señorita Anna – explico Fausto agarrando de las manos a su amada esposa – así que ya no le vemos razón a seguir en la lucha.

- ¿Comprenden que esa forma material es solo pasajera? – pregunto Anna para tratar de hacer entrar en razón al hombre.

- Pero, mientras sigas haciendo el conjuro, será prácticamente permanente – indicó Yoh uniéndose al fin a la conversación. Anna lo miro por un momento para después asentir. Yoh sonrió y volteo a ver a Fausto – Si han tomado esa decisión, está bien, aunque será una pena ya no tenerlos en el equipo.

- Y ahora tendremos que buscar a alguien más para ocupar su lugar – se lamento Riu.

- Si quieren yo puedo estar en el lugar de Fausto – se ofreció Lyserg como quien no quiere la cosa.

- ¿Tú? Pero, si tú no estabas con los Soldados X – pregunto Horo-Horo sin comprenderlo.

- Ya lo sé, pero después de cómo mato Hao a todos ellos y como la Doncella Jeanne debe de creer que Hao está muerto, no creo que ella y Marco continúen en el Torneo – dijo Lyserg con un poco de resentimiento en la voz.

- En ese caso sería genial tenerte en el equipo – acepto Yoh con una sonrisa.

- Estoy de acuerdo con don Yoh – apoyo Riu con entusiasmo.

- Yo no le veo lo malo, al fin y al cabo eres un shaman con gran fuerza y estás al nivel del equipo – agrego Anna y comenzando a caminar rumbo a la salida le aviso – desde hoy comienzas con el entrenamiento, así que te quiero listo. Lo mismo va para los otros tres.

- Solo me gustaría avisarle a la Doncella Jeanne la decisión que he tomado, en caso de que ella vaya a continuar en el Torneo – expresó Lyserg con un ligero rubor en las mejillas.

- Uh, creo que alguien de aquí etá enamorado – dijo Chocolove vestido de corazoncito.

- ¡Eso no es cierto! – salto Lyserg poniéndose más rojo.

- Si lo que quieres es hablar con Jeanne, creo que sé como lograrlo, solo necesito un teléfono – hablo Kino mirando a todos los presentes. Manta fue el primero en reaccionar e ir corriendo por un teléfono que le entrego en la mano a la señora que le sonrió con autosuficiencia. Kino comenzó a marcar una serie de números y después espero a que contestaran del otro lado.


- ¿Y por qué no bajo Hao a desayunar? – pregunto Opacho que disfrutaba su desayuno tranquilamente, al igual que Mati, Kanna e Irone.

- Dijo que no tenía hambre – respondió Irone. Nadie sabía nada del pequeño incidente, aunque podía apostar lo que fuera a que tenían una pequeña idea de la razón por la que el shaman de fuego no había bajado a desayunar.

- Repítemelo una vez más, Mari, ¿cómo fue que te lastimaste el brazo? – pregunto Mati que comía como si no hubiera un mañana.

- Mari estaba cocinando y se quemo con un poco de aceite, eso es todo – respondió Mari, cuya mirada, de naturaleza triste, irradiaba mucha más tristeza esa mañana.

- Insisto de nuevo en que eres muy pequeña para estar enfrente de la cocina, de ahora en adelante yo me ocupare de eso – señaló Kanna con autoridad.

- ¿Y matarnos a todos con tus "invenciones caseras"?, no, gracias – negó Mati con miedo.

- ¡Oye! ¡Yo no cocino tan mal! – exclamo Kanna ofendida.

- Discúlpame, pero el único que es capaz de comer tu comida es Ashcroft y eso porque te quiere mucho – añadió Mati.

- ¡Pero que te crees mocosa! ¡Trátame con respeto que soy mayor que tú! – grito Kanna enojada.

En ese instante el teléfono comenzó a sonar. Irone se paro, se dirigió al teléfono y levanto la bocina.

- Bueno – saludo con su habitual alegría.


- Bueno, Irone, soy la maestra Kino – respondió con una sonrisa en la boca al escuchar la voz de la muchacha. Acto seguido toco un botón del teléfono para que la conversación se escuchara en toda la habitación.


- Maestra, que alegría escucharla – dijo Irone al mismo tiempo que les hacía señas a Mati y Kanna para que se callaran - ¿Cómo está?


- Bien, ¿y tú? ¿qué tal pasaron la noche? – pregunto con interés – estuve escuchando sonidos raros toda la noche.


- Bien, dentro de lo que cabe – respondió Irone y después dirigiéndose al piso de arriba hablo con más fuerza - aunque a algunos les da por descargar su energía con pobres árboles indefensos.


- Así que en esta casa no está el único Asakura con insomnio – indicó Kino viendo de reojo a Yoh que se sonrojo un poco – a veces creo que eso de los lazos entre hermanos gemelos si existen.

Todos giraron sus cabezas para ver a Yoh.


- Es una posibilidad, aunque no creo que Yoh se divierta quemando un jardín entero – apuntó Irone de nuevo dirigiéndose al piso de arriba.

Mati, Kanna y Opacho se vieron entre si. Eso explicaba el inusual estado en el que había amanecido el jardín esa mañana.


- Bueno, cambiando de tema, quería preguntarte algo – dijo Kino.


- Mientras no tenga que ver con "el señor me valen los demás", puede preguntarme lo que quiera – aceptó Irone.


- Me preguntaba si tenías alguna forma para comunicarte con tu hermana Jeanne – inquirió Kino.


- Mi abuela me dio un número donde localizarla, al parecer es el del cuartel general de los Soldados X – comenzó Irone.

- O mejor dicho, de lo que queda de los Soldados X – corrigió Kanna, provocando la risa de Mati y Opacho.

- Si quiere se lo puedo pasar, solo espéreme un minuto mientras lo encuentro – terminó Irone haciendo caso omiso al comentario de Kanna.


- Yo te espero, no te preocupes, solo no te tardes mucho – pidió Kino.


- No me tardo nada – prometió Irone dejando el teléfono en la mesa donde se encontraba el aparato. Subió las escaleras y una vez fuera del alcance visual de los sentados a la mesa, estos comenzaron a hablar, sin saber que en la casa de al lado todo era escuchado con especial atención.

- Bueno, eso explica lo del jardín – indicó Mati sirviéndose jugo en un vaso.

- Y que Hao no haya bajado a desayunar – añadió Opacho.

- Por supuesto, se pelearon, por eso los gritos hace rato – concluyó Kanna.

- Bueno, mientras no nos metan en sus pleitos está bien, porque siempre que se pelean es como un campo de batalla – hablo Mati y después miro a Mari con interés - ¿Y qué tal estuvo la pelea?

- Mari no sabe, ella estaba cocinando – respondió Mari poniéndose de pie.

- Ay, Mari, siempre es lo mismo contigo, no se puede confiar un chisme tan bueno a ti – se quejo Mati.

- A Mari no le interesan esas cosas – especifico Mari cogiendo su plato y llevándolo a la cocina – Mari solo se preocupa por lo que debe.

- Y aún así te quemas el brazo – señaló Kanna. Mari salió de la cocina y miró a sus amigos sin saber que decir.

- Mari, es muy tonta y hace cosas que no debería – explico la muchacha con algo de tristeza.

- No es cierto, Mari es muy inteligente, los tontos son otros – corrigió una voz desde las escaleras. Todos voltearon a ver a Hao que terminaba de bajar las escaleras.

- Estoy de acuerdo, con una vez que te quemes no significa que seas tonta, solo un poco despistada, y como no si al otro lado se están diciendo hasta de lo que se van a morir – hablo Mati recibiendo un codazo por parte de Kanna.

- Mari le traerá su desayuno al señor Hao – anunció Mari haciendo el ademán de regresar a la cocina.

- No tengo hambre, gracias – la detuvo Hao sentándose a la mesa al lado de Opacho. Mari asintió y se volvió a sentar a la mesa.

- ¡Vaya, al fin se digno a bajar el piromaniaco! – se alegro Irone antes de coger el teléfono de nuevo. Traía una libreta abierta en las manos.

- Y estoy orgulloso de serlo, por lo menos es más productivo que ser una histérica – hablo Hao. Irone le saco la lengua y cogió de nuevo el teléfono.

- Ya regrese, aquí tengo el número, ¿tiene dónde apuntar? – pregunto Irone.

- ¿Con quién habla? – pregunto Hao.

- No estamos seguros pero creemos que habla con la señora Kino – respondió Opacho.


- Por supuesto – asintió Kino cruzándose de brazos. Todos se dieron cuenta de que eso no era cierto, puesto que no había ningún papel cerca de la mujer y ni siquiera una pluma con la que apuntar. Kino miro a todos los presentes con una mirada fulminante a lo que solo Manta y Tamao comprendieron. Ambos corrieron por algo con que anotar la serie de números que Irone estaba diciendo.

- Ya lo tengo - anuncio Manta levantando la mano con un papel en alto. La señora Kino sonrió.

- Muchas gracias por la información, Irone – agradeció Kino.


- De nada, pero, ¿para qué quiere el teléfono? – pregunto Irone –. Espero que no sea para avisarle a Jeanne que Hao está vivo, porque ya tengo suficiente con tener a la bola de paranoicos que vive con ustedes.


- No te preocupes, no pienso usarlo para eso, solo quiero saludarla, bueno, más bien, Lyserg quiere saludarla – explico Kino con tranquilidad, provocando que las miradas en la mesa se dirigieran a un Lyserg completamente rojo.


- Ah, bueno… - dijo Irone. Por una razón inexplicable para ella, comenzó a sentirse algo decepcionada – Solo vigile que no me eche encima a los Soldados X, ¿si?

- Oh, lo que queda de ellos – repitió Hao haciendo de nuevo que todos rieran. Ésta vez Irone lo escucho y le hizo señas para que se callará.

- Aunque pensándolo bien, a veces me gustaría llamarlos yo misma para que me quiten de encima a Hao – soltó la muchacha causando una risa bastante audible de parte de Hao.

- Si no pudieron todos contra mi, menos podrán la loca de Jeanne con el idiota de Marco solos – comento Hao en voz bastante alta para que se escuchara del otro lado, provocando que Lyserg se enojara. Irone cogió su zapato y se lo lanzó a la cabeza a Hao, sin que éste se diera cuenta y golpeándole la nuca. El shaman de fuego se giró para verla con una mirada asesina, mientras los demás presentes comenzaban a ponerse de pie para huir de la próxima escena.

- Me despido de usted, maestra – se despidió Irone sacando de quien sabe donde su báculo y haciendo la posesión de objetos en él – Nos vemos después – Iba a colgar, pero Hao fue más rápido y cogió el teléfono antes de ello.

- Dígale al inútil de Lyserg que si piensa mandar a sus imbéciles amigos, que se prepare para verlos arder igual que los otros – advirtió Hao.


- ¡DESGRACIADO! – grito Lyserg sin poderse contener más poniéndose de pie. Una sonrisa de diversión se formo en la boca de Hao.

- ¡Lyserg! – le advirtió Len.


- La próxima vez que hables a esta casa que sea una conversación entre tú e Irone, porque sino me veré en la necesidad de tener que eliminar el teléfono de esta casa y de paso el de la tuya – hablo Hao con diversión -. Y ya que están oyendo todos esto y suponiendo que Yohmei se encuentra ahí, quiero que sepa que me va a pagar la cachetada que le pego a Irone. Le prometí a Irone que nadie le volvería poner una mano encima – comenzó a lo que Irone sonrió alegre – y no voy a permitir que alguien que no tiene ningún derecho se atreva a dañarla. Así que, por esa parte, espere una muerte lenta y muy dolorosa.

Hao azotó el teléfono cortando la comunicación.

- ¡Tú no vas a matar a nadie lenta y dolorosamente y menos al señor Yohmei! – puntualizó Irone.

- ¡Yo mató a quien quiera, cuando quiera y como quiera! – indicó Hao - ¡Y no me vuelvas a lanzar tu zapato o te juro que un día me vas a colmar la poca paciencia que tengo! – giró hacia la mesa donde ya no había nadie - ¡OPACHO!

- ¡Si, señor Hao! – respondió el pequeño saliendo de la cocina temblando de pies a cabeza.

- ¡Hao, solo Hao! – corrigió Hao molesto - ¡Prepárate que vamos a salir a entrenar!

- Si, señor… digo… Hao – acepto Opacho. Hao lanzo un resoplido y subió de nuevo al piso de arriba.

- Yo con éste tipo me voy a hacer vieja – comento Irone sentándose en el sillón más cercano.


- ¡Maldito, Hao! – repitió Lyserg enojado.

- Ya, Lyserg, cálmate, Hao no les hará nada, no lo permitiremos – aseguró Yoh con una sonrisa para tranquilizar a su amigo.

- Si, mejor llámale a la Doncella Jeanne – ofreció Horo-Horo acercándole el teléfono. Lyserg logro tranquilizarse y se sentó de nuevo.

- Toma – le entrego Manta el papel con el número telefónico.

Lyserg cogió el papel, el teléfono y salió al jardín.

- Ah, y yo que quería escuchar la conversación – lamentó Horo-Horo.

- Eres un morboso de lo peor – le espetó Ren siguiendo con su desayuno.

Diez minutos después…

- Aaaah – bostezaba Yoh al entrar en el vestíbulo detrás de Manta que ya estaba lista para entrenar – Tengo mucho sueño.

- Solo a ti se te ocurre quedarte en vela toda la noche – le reprocho Manta poniéndose sus zapatos para correr.

- No fue por voluntad propia – se excuso Yoh sentándose en el piso – simplemente no me pude dormir toda la noche.

- Nadie puede dormir sabiendo que Hao vive a lado – argumento Lyserg entrando en el vestíbulo seguido de un muy feliz Riu.

- Lyserg, ¿y qué te dijo la Doncella Jeanne? – pregunto Yoh cruzando sus brazos detrás de su cabeza.

- Me dijo que si era mi deseo, no dudara en participar con ustedes, ya que ellos no piensan seguir en la lucha ya que creen que Hao está muerto – respondió Lyserg poniéndose al igual que Manta unos zapatos especiales para correr.

- ¡No es súper genial, don Yoh! – exclamo Riu completamente entusiasmado - ¡Ahora Lyserg estará de nuestra parte!

- Si, eso es bueno – aceptó Yoh sonriendo y después cambio un poco su expresión –. Espero que no les hayas dicho que Hao está vivo y que está aquí.

- No, aunque ganas no me faltaron, no quiero que Hao les haga daño – expresó Lyserg con tristeza.

- Muy bien, comenzaremos con el entrenamiento – anunció Anna entrando en el vestíbulo con sus dos demonios Zenki y Koki, detrás de ella. Cada uno cargaba dos bolsas que se veían sumamente pesadas – Se pondrán las pesas que llevan estas bolsas y después les diré lo que harán.

Zenki y Koki dejaron caer a los pies de cada uno una bolsa. Todos abrieron las bolsas y se colocaron pesas en los pies y muñecas, aunque algunos tenían más peso que otros.

- Annita, ¿no crees qué esto es mucho? – pregunto Yoh ya afuera de la casa, casi sin poderse mover por el peso que tenía encima. Por misma situación pasaban Manta y Riu. Él único que no parecía sentir el estrago del peso extra era Lyserg, que a pesar de estar sudando por el esfuerzo, no se quejaba como los demás.

- ¿Por qué no aprendes de Lyserg y dejas de quejarte de una vez? – pregunto Anna, provocando que todos miraran con cara de pocos amigos a Lyserg. Anna giró la cabeza hacia el sendero que pasaba enfrente de la propiedad - ¿se acuerdan de la fuente que pasamos cuando venimos de camino par acá?

- Si – respondieron todos.

- Bien, correrán hasta aya de ida y regreso tres veces, después repetirán eso mismo solo que mientras tendrán que tener la posesión de objetos formada y por último repetirán el recorrido pero corriendo de espaldas – explico Anna.

- ¡¿Qué?! - preguntaron todos completamente sorprendidos.

- ¿Por qué de espaldas? – pregunto Lyserg.

- De esa forma mejoraran sus sentidos, su equilibrio y su velocidad – respondió Anna.

- Bien – asintió Lyserg en acuerdo y comenzó a correr por el sendero.

- Pero miren, Lyserg ya se fue – dijo Riu sorprendido.

- ¡Y ustedes que esperan, inútiles! – grito Anna lanzando a los tres al sendero y entrando de vuelta a la casa.

- No sé porque presiento que Lyserg será el discípulo preferido de Anna – comento Yoh poniéndose de pie. Se sacudió el polvo y siguió a Lyserg; segundos después Manta y Riu seguían su ejemplo. En poco tiempo Yoh alcanzo a Lyserg y estando a la par le sonrió - Ahora lo entiendo todo – Lyserg lo volteo a ver extrañado – lo que tú quieres es que Anna te entrene para así hacerte más fuerte.

- En parte – acepto Lyserg – Me he dado cuenta que parte de tu fuerza se debe a estos entrenamientos, por eso no lo dude en cuanto supe que Fausto estaría fuera del equipo para postularme.

- Ya veo, supongo que eso está bien – apoyo Yoh regresando su mirada al frente.


Abrió la puerta de la cocina con la esperanza de encontrarla ahí, pero no estaba.

- Demonios – se quejo cerrando la puerta. Se giro para encontrarse de frente con Irone.

- Si tienes hambre, creo que Mari te dejo algo – le informó la muchacha, para después dirigirse al vestíbulo donde se sentó en el suelo y comenzó a ponerse sus zapatos – Opacho me dijo que ahora baja – al no recibir respuesta de Hao lo volteo a ver. El muchacho se encontraba recargado en el umbral de la puerta de la cocina, tenía una cara que era imposible de descifrar – Si buscas a Mari, está arriba con Mati y Kanna, las tres se están poniendo de acuerdo para su régimen de entrenamiento. Aunque no tienes de que preocuparte, no le hiciste gran cosa, fue una quemadura superficial, se le quitara en uno o dos días. A menos de que… no sea para eso para lo que la quieras.

- No entiendo a qué te refieres – dijo Hao mirándola.

- Me refiero a qué… - comenzó Irone poniéndose de pie. Giro por completo y le sonrió – me gusta más cuando sonríes – Hao parpadeo varias veces sin entender a que venía el comentario.

- Tú estás loca – admitió Hao con diversión.

- Bien dicen que los locos están predestinados a estar juntos – añadió Irone apareciendo en su mano su báculo – Los espero afuera.

Hao la siguió con la mirada. Esa niña era capaz de llevarlo a todos los límites conocidos y presentía que eso le traería problemas en un futuro.


- ¿Cuánto llevamos? – pregunto un extenuado Yoh después de la tercera vuelta de ida y regreso.

- Tres, así que les toca la segunda parte – respondió Anna, asustando a Yoh y a Lyserg que eran los únicos presentes – no los veo comenzar.

- Ay, Annita, solo cinco minutos de descanso, por favor – pidió Yoh tirándose al suelo.

- Ni lo pienses, quiero verte… - inició Anna pero se detuvo al instante en que se sintieron dos fuertes poderes espirituales atravesar enfrente de ellos el sendero, sacudiendo el aire y levantando el polvo del suelo.

- Pero, ¿qué fue eso? – pregunto Yoh atónito.

- Hao – susurró Lyserg del mismo modo que Yoh.

- Lo lamento por las molestias, es que eso de las carreras se lo toman muy personal esos dos – se disculpo Irone detrás de ellos. Los tres voltearon para ver a la chica sentada arriba de lo que parecía ser una enorme paloma – es la forma en la que comienzan el día. Una pequeña carrera de aquí a la fuente y después se van a entrenar al desierto o regresan a la casa. Depende del humor en el que esté Hao.

- ¿Quién era el otro? – pregunto Anna intrigada.

- Opacho – respondió Irone.

- ¡Opacho! ¡Tan fuerte es! – exclamo Yoh sorprendido, la verdad no esperaba que un niño tan pequeño como Opacho poseyera tanto poder espiritual.

- Según lo que sé, Opacho desciende de una poderosa familia de shamanes de África, aunque no lo sé muy bien porque jamás conocí a sus padres – indicó Irone – solo sé que Hao lo encontró solito un día en medio del desierto y lo tomo bajo su cuidado. Era apenas un bebé.

- ¿Cuántos años tiene? – pregunto Yoh interesado.

- Ocho, es algo pequeño – respondió Irone y viendo hacia el cielo hablo – Bueno, luego nos vemos.

Se despidió con un ademán de la mano y salió despedida de ahí como una bala.

- ¿Qué tipo de posesión es esa? – pregunto Lyserg con intriga.

- Es una tipo de materialización, como la que usa Hao para transportarse en su Espíritu de Fuego – respondió Anna – seguramente se la enseñó él – miró a ambos muchachos y con una vena en la frente grito - ¡y ustedes que hacen aquí todavía! ¡muévanse dúo de haraganes!

Ante esto, Yoh y Lyserg regresaron a su entrenamiento de inmediato.


Mari entro en su cuarto, cerro la puerta con llave y apoyándose en ésta comenzó a llorar en silencio. Sabía que nadie la oiría, ya que era la única en la casa, pero aún así no le gustaba hacer escándalo. Sus amigas habían salido con rumbo al lago de la Aldea para entrenar un poco y después dirigirse a la Aldea para conocer a los shamanes que iban llegando. Ella había argumentado dolor en su brazo para no unírseles y aunque esto era en parte cierto, no lo era del todo. Se dejo caer sobre sus rodillas sin parar de llorar amargamente. El dolor del brazo no se comparaba en nada al dolor que le provocaba que su querido señor Hao se hubiera enojado con ella. Abrió su mano derecha donde llevaba una pequeña bolita de papel arrugada. La extendió y la leyó. Se podía leer la nota que anoche había dejado junto con el pedazo de flan para el señor Hao. Giró el papel y con sorpresa leyó algo que no había visto en la mañana a causa de todo lo sucedido:

Me encanto. Gracias, Mari.

Hao

La chica dejo de llorar y trato de alisar el papel todo lo que pudiera. Una vez que estuvo lo suficientemente plano y sin arrugas, se puso de pie, camino hacia su closet y saco de ahí una pequeña cajita de madera. La abrió y metió la nota en ella, cerrándola. Puso la caja en su lugar y cerró el closet. Camino hasta la puerta y salió de su cuarto con rumbo a la cocina.


La mañana se fue rápidamente con el entrenamiento que Anna les impuso. El primero en terminar fue Lyserg, seguido de cerca por Yoh. Una vez que Riu y Manta terminaran igual, Anna los llamo desde el patio de la propiedad.

- Ya terminamos, Annita – informo Yoh - ¿podemos descansar un poco?

- Por supuesto que no, ahora sigue la segunda parte del entrenamiento – negó Anna, que tomaba té tranquilamente junto con la señora Kino.

- No – se lamentaron Yoh, Manta y Riu con lágrimas en los ojos.

- Pero que ridículos son – comento Kino avergonzada.

- La siguiente parte de su entrenamiento será un combate – comenzó Anna dejando su taza de té en la mesa. Todos la voltearon a ver con atención – Cada uno peleara con Zenki o Koki – continuo la muchacha señalando a sus dos sirvientes – pueden elegir a quien quieran.

- ¿Hay algún tipo de diferencia en el que escojamos? – pregunto Yoh.

- Ninguna – respondió Anna.

- Entonces no le veo el caso – dijo Yoh sin entender.

- Bien, entonces tú lucharas primero con los dos – indicó Anna.

- ¡¿Qué?! – exclamó Yoh – No hablas en serio, verdad, Annita.

- ¿Te parece que estoy bromeando? – inquirió la rubia mirándolo asesinamente. Yoh trago duro y sacando a Harusame de su funda se dirigió al patio.

- Vamos Amidamaru – lo llamó a lo que el samurai de inmediato posesiono a Harusame y a la espada legendaria.

Ante esto, los demonios se lanzaron contra Yoh en son de combate, comenzando así con la lucha.

- ¿Qué pasa aquí? – pregunto Ren entrando en el lugar junto con Horo-Horo y Chocolove.

- Es parte del entrenamiento – explico Lyserg recargándose en la pared y dejándose caer al suelo. Manta y Riu siguieron su ejemplo mientras los seis veían el pequeño enfrentamiento de Yoh contra Zenki y Koki

- Jamás me imagine que Yoh llegara a ser tan fuerte – exteriorizo Kino tomando un poco de té – Sin duda, eso se debe a ti.

- No, todo lo hace Yoh – corrigió Anna. Cogió una galleta y vio a su maestra con cierto interés. - ¿Por qué ayudo a Hao?

Kino volteo a ver a su discípula y después regreso su mirada al frente.

- Porque es mi nieto – respondió simplemente.

- Pero es Hao, no es alguien con quien se puedan tener contemplaciones – abatió la respuesta de su maestra.

- Yo no soy una Asakura de sangre, me convertí en una Asakura por matrimonio – hablo Kino, llamado la atención de Anna que no entendía la conexión que tenía eso con el tema – cuando me case poco sabía sobre Hao Asakura, no era alguien del que se hablara como si tal cosa. Sin embargo, cuando Keiko quedo embarazada, nos llego un aviso de los mismos Grandes Espíritus diciendo que ese terrible ser reencarnaría en la criatura que tendría mi hija. Debes de imaginarte lo que eso provoco. No solo en esta familia, los Nadiri también se pusieron muy nerviosos. Después de pensarlo demasiado, mi ingenioso esposo, junto con los padres e Irone decidieron que lo mejor sería deshacerse del bebé en cuanto naciera. Peor fue cuando descubrieron que no solo era uno, sino que eran gemelos. Pero eso no importo al fin y al cabo, ya que el plan que durante nueve meses habían fraguado con lujo de detalles no se llevo acabo gracias a un pequeño detalle que se les olvido. No peleaban contra un simple niño, pelearían contra Hao Asakura – Kino cogió su taza y le dio un sorbo para después continuar – Jamás olvidare aquella noche, y sé que nadie de los presentes la olvidara. Tan pronto nació, Yohmei se dispuso a matarlo…

- Y entonces Hao lo ataco – dijo Anna. Ya sabía la historia y debía de admitir que no era una de sus favoritas.

- Y con justa razón, cuando alguien te amenaza lo mejor que puedes hacer es huir o enfrentártele – apoyo Kino –. Hao hizo las dos cosas – la mujer dejo salir un fuerte suspiro - ¿sabes por qué no puedo olvidar esa noche? – Anna negó con la cabeza – Porque esa noche algo dentro de mí se destruyo en pedazos – Anna se sorprendió, jamás había escuchado una expresión como esa de parte de su maestra – Era mi nieto, sangre de mi sangre, y aún así accedí a que lo matarán como si de cualquier cosa se tratará.

- Pero era Hao – trato de hacerla sentir mejor.

- ¿Y? – pregunto Kino – Eso no quita que sea mi nieto – miró a Yoh con culpabilidad – Varias veces me he preguntado que habría pasado si jamás hubiéramos sabido nada, sino hubiéramos atacado a ese pequeño bebé, si lo hubiéramos aceptado tal cual. Tal vez, todo sería tan diferente – tomo su taza y le dio otro sorbo – Tal vez, Yoh y Hao se hubieran criado juntos, como hermanos.

Anna no dijo nada. Pensándolo bien, su maestra tenía razón, si la familia Asakura hubiera actuado de otra forma tal vez ahora ni siquiera estaría comprometida con Yoh, sino con Hao por ser el primogénito. Tal vez no habrían muerto tantas personas en manos de Hao. Tal vez, solo tal vez, Hao no sería el desgraciado que era.

- Y no soy la única a la que la conciencia la carcome cada día – admitió Kino, llamando de nuevo la atención de Anna.

- ¿De qué habla? – pregunto Anna. Si bien sabía nadie de la familia Asakura se arrepentía de sus actos relacionados con Hao.

- ¿Nunca te preguntaste porque Mikihisa nunca está en casa? – inquirió Kino. Anna lo dijo nada, aunque la verdad era que varias veces se había echo dicha pregunta secretamente. Kino tomó un nuevo sorbo de su té – Él se dio cuenta del terrible error que había cometido al permitir tal estupidez y por eso busco la mejor forma de enmendarlo. ¿Sabes cuál fue? – Anna negó con la cabeza – Decidió que Yoh estaría bien con su madre y sus abuelos, mientras que Hao no tendría a nadie que viera por él, así que opto por seguirlo.

- ¿Me está diciendo que todos estos años el señor Mikihisa ha estado cuidando a Hao? – pregunto Anna desconcertada.

- Algo así – respondió Kino. Anna giro la cabeza en búsqueda del señor Mikihisa, que se encontraba parado en el pasillo de al lado viendo el encuentro con interés.

- ¿Hao lo sabe? – pregunto Anna.

- Si lo supiera, Mikihisa ya estaría muerto – señaló Kino con mucha razón.


- Mari, espera, ¿podemos hablar? – pregunto Hao deteniendo a la muchacha que se dirigía a la parte de arriba después de haber terminado de lavar los platos. Habían regresado a la casa hace pocos minutos con una gran arsenal de utensilios de jardinería para regresarle su hermoso brillo al lugar y de inmediato pusieron manos a la obra.

- Por supuesto, señor Hao – aceptó Mari agachando la mirada.

- Hao, solo Hao – corrigió el muchacho aunque sabía que ella jamás le haría caso.

- ¿De qué quiere hablar el señor Hao con Mari? – pregunto Mari sin verlo a los ojos.

- Quería pedirte perdón, no debía de haberte lastimado – se disculpo Hao. Mari levanto la cabeza, no se esperaba eso.

- Fue culpa de Mari, no del señor Hao, Mari no debió de haberse metido – dijo Mari a lo que Hao abrió completamente los ojos de sorpresa. Sí, la conocía muy bien, pero sus actitudes seguían sorprendiéndolo cada día.

- Eso no es cierto, Mari no tiene la culpa de nada, yo tengo la culpa – increpó Hao.

- Como el señor Hao diga – aceptó Mari. Hao lanzó un suspiro y su mirada se enfoco en el vendaje que llevaba Mari en el brazo izquierdo.

- ¿Puedo acercarme? – pidió Hao.

- S…s…s…si – tartamudeo Mari nerviosa. Hao se acercó, le agarró el brazo lastimado y le quito el vendaje con mucha delicadeza. El shaman de fuego frunció el ceño enojado al ver el daño provocado en la muchacha. Después, puso su mano derecha sobre la quemadura y concentró su poder espiritista en ese punto. Mari sintió una calidez inexplicable recorrer todo su cuerpo por unos minutos, hasta que Hao soltó su brazo suavemente; volteo a ver su brazo y se encontró con la sorpresa de que ya no tenía lesión alguna.

- El poder espiritista no solo sirve para dominar el mundo – indicó Hao con una sonrisa. Mari lo miró sorprendida.


Repetía una y otra vez el mantra que debía de decir para activar el conjuro que estaba apunto de usar. Una vez activado señalo una roca de gran tamaño que había puesto específicamente para probar su arma especial. Concentro todo su poder y concentración deseando que funcionara como ella deseaba.

- ¡RAYOS DEL CIELO! – gritó con determinación.

Bastaron segundos para que un rayo cayera del cielo y golpeara a la roca.


La sonrisa que tenía desapareció al sentir una terrible punzada de dolor en el pecho. Se llevó su mano al lugar adolorido con extrañeza.

- ¿Le pasa algo al señor Hao? – pregunto Mari preocupada.

- No nada – mintió Hao sin soltarse el pecho. El dolor era demasiado, pero no pensaba hacer que Mari se preocupara por él.


Zenki se acercaba a él con un fuerte golpe que estaba a punto de esquivar cuando de repente un terrible dolor le quemo el pecho, haciéndolo fallar en su estrategia siendo golpeado por el demonio y lanzado a kilómetros de distancia. Nadie de los presentes se inmuto, hasta que vieron que Yoh no se movía.

- ¿Por qué no se mueve? – pregunto Manta nervioso al tiempo que todos comenzaban a preocuparse.

- ¡Yoh, deja de hacerte, que no fue un golpe fuerte! – grito Anna molesta y nerviosa.

Sin embargo el muchacho siguió sin moverse. El dolor que sentía en el pecho era demasiado como para hacerlo.


La mujer vio con una mueca la pequeña abolladura que el rayo provocó en la roca.

- Creo que debe de ser más fuerte – dijo señalando de nuevo la roca y repitiendo sus acciones de hace unos segundos, está vez reuniendo una gran cantidad de poder - ¡RAYOS DEL CIELO!

Lo mismo sucedió, pero está vez el rayo formado era mucho más grueso y rápido.


Hao cayó al suelo incapaz de mantenerse en pie a causa del dolor y de que era incapaz de poder respirar correctamente. Mari asustada llamó a Irone y a Opacho mientras se agachaba al nivel de Hao para ayudarlo. Irone y Opacho llegaron de inmediato y siguiendo el ejemplo de Mari se pusieron al nivel de Hao.

- ¿Qué tienes? – pregunto Irone asustada.

- No… no… no – trato de explicar Hao, pero no podía ni hablar, ni respirar, ni aguantar el dolor que sentía en el pecho, así que, sin que pudiera evitarlo quedo inconciente entre un grito de horror de los presentes.


- Yoh, ¿estás bien? – le pregunto Horo-Horo desde su lugar, pero al ver que el muchacho no respondía, cundió el pánico entre los presentes, que de inmediato se dirigieron hacia su amigo. Una vez cerca de él vieron con terror que Yoh se agarraba con fuerza el pecho y casi no podía respirar.

- No juegues, Yoh, si no fue un golpe fuerte, te han dado peores – bromeo Chocolove nervioso.

- No… pu… res… - empezó Yoh, pero el dolor era demasiado como para poder continuar, y eso, sumado con la falta de oxigeno, causo que cayera en estado de inconciencia al tiempo que todos gritaban su nombre para que despertara.


Una sonrisa maligna se dibujo en su rostro.

- Mucho mejor, aunque sería más fácil con el rosario – comento. Se dio la media vuelta y regreso al interior de su habitación satisfecha. En la piedra se podía ver un gran agujero que la traspasaba de lado a lado.


- ¿Qué le paso? – pregunto Irone zarandeando al chico para que despertara.

- Mari no sabe, el señor Hao se sintió mal de repente – explicó Mari asustada.

- ¿Y eso? – pregunto Opacho señalando el pecho descubierto de Hao.

Las dos vieron lo que señalaba el pequeño y se quedaron heladas: dos grandes marcas en forma de círculo habían aparecido como por arte de magia en el pecho de Hao, las dos muy cerca del corazón. Mari lanzó un grito ahogado y señalo una misma marca que se encontraba en el brazo izquierdo.

- Pero, ¿qué demonios es eso? – pregunto Irone extrañada.

- No sé, pero creo que ya no respira – soltó Opacho asustado. Ambas chicas miraron a Hao, que respiraba lenta y dificultosamente.

- Todavía respira – tranquilizó Irone – Necesitamos un doctor.


- ¡Acuéstenlo ahí! – ordeno una muy alterada Anna a Horo-Horo y Len que llevaban en brazos al inconciente Yoh. Lo acostaron en el futón del shaman y de inmediato Fausto y Elisa se acercaron a él para revisarlo.

Mientras tanto, afuera del cuarto todos lucían una cara de angustiados.

- Yo digo que es culpa de Anna, su entrenamiento mataría a cualquiera – opinó Horo-Horo al salir del cuarto – si me sorprende que haya aguantado tanto.

- Te equivocas, eso fue poco para Yoh – argumento Manta.

- Algo raro paso, eso es todo – concluyó Len recargándose en la pared más cercana.

- Pero, ¿qué? – inquirió Lyserg.

Minutos después, Fausto salió del cuarto junto con Elisa.

- ¿Qué le pasó? – preguntaron todos al unísono.

- No tengo idea – respondió Fausto causando que todos se cayeran al suelo.

- ¡¿Pero qué clase de doctor eres que no sabe lo que le pasa a un paciente?! – le reclamó Horo-Horo.

- Es qué no hay una explicación lógica – expresó Fausto – físicamente está bien, no tiene ninguna herida o golpe… lo único extraño es que tiene unas marcas muy raras en el pecho, en el brazo y en la pierna.

- ¿Qué brazo y qué pierna? – pregunto Kino con interés.

- El brazo izquierdo y la pierna derecha – respondió Fausto. La expresión de Kino se endureció por completo.

- ¿Sucede algo? – pregunto Manta con cautela.

- Maestra Kino, le llaman – anunció Tamao que llevaba el teléfono en sus manos – Es la señorita Irone y parece muy preocupada.

Todos se miraron entre si al tiempo que Kino cogía el teléfono y respondió.

- Bueno – saludo.


- Maestra, sé que es una locura lo que le voy a pedir, pero, ¿podría pedirle a Fausto que venga a ver a Hao por favor?, es urgente – habló rápidamente Irone sin dejar de ver a Mari y Opacho que intentaban por todos los medios regresar a Hao a la realidad.


- Primero cálmate y dime qué pasó – trato de tranquilizarla.


- No sé, en un minuto estaba bien y al otro se desmaya – explico Irone alterada.


- Tranquila, ahora le digo que vaya – le aseguró para después colgar. Vio a Fausto a los ojos – Necesito que vayas a ver a Hao. Parece que estos niños están más conectados de lo que creía.

- ¿A qué se refiere? – pregunto Lyserg sin entender.

- A Hao le paso lo mismo que a Yoh – respondió Kino.


Irone y Opacho caminaban de un lado al otro afuera del cuarto de Hao, mientras que Mari se encontraba sentada en el suelo siendo abrazada por sus inseparables amigas, Mati y Kanna, que habían regresado a la casa en cuanto se enteraron de lo ocurrido en su casa. Fue entonces cuando Fausto salió del cuarto y les sonrió a todos.

- Hao se encuentra bien, su respiración ya se normalizo – les anunció Fausto, inyectando como un tranquilizador en todos.

- ¿Qué le pasó? – pregunto Irone.

- No lo sé – respondió Fausto – pero, lo que importa es que ahora está bien.

- Supongo – acepto Irone – Gracias, Fausto, si quieres te acompaño a la puerta.

- Sería un placer – accedió Fausto y ambos se fueron al piso de abajo.

- No sé como agradecerte – empezó Irone – sé que Hao no te cae bien y por eso te estoy muy agradecida de haber venido.

- Es cierto que Hao no me cae bien, pero un doctor jamás abandona a alguien que lo necesita, es parte de nuestro juramento – explico Fausto.

- ¿Y cómo está Yoh? – pregunto Irone.

- Bien, igual que Hao – respondió Fausto. Ambos llegaron a la puerta. – Cualquier cosa, me avisas.

- Si, muchas gracias – agradeció de nuevo Irone con una sonrisa.

Fausto abrió la puerta y salió de la casa. Irone cerró la puerta y se apoyó en la puerta.

- Yohri – pronuncio inconcientemente y al darse cuenta de lo que había dicho se extraño - ¿Yohri? ¿Por qué dije eso?

No era la primera vez que le pasaba, a veces decía o hacía cosas que ni ella misma entendía o recordaba. Se encogió de hombros y regreso al segundo piso sin tomarle importancia.


Flash-back

Un pequeño niño de cinco años corría con lágrimas en los ojos en dirección a su casa, la cual, con seguridad, estaría vacía. No le hacía caso a los fantasmas que se le acercaban a preguntarle que le sucedía, por qué lloraba. Llegó a su casa y se alegró de ver a lo lejos, en ese inmenso jardín, a su abuela, que tomaba su acostumbrado té. Corrió hacia ella, sin embargo, al estar a una corta distancia se detuvo y camino más lentamente.

- Abuela – la llamó por atrás. La anciana lo volteo a ver con esos inmensos lentes negros.

- Pero, ¿qué te pasa, Yoh? ¿Por qué lloras? – pregunto la señora Kino acercándose a su nieto. Yoh la abrazó con fuerza y se echo a llorar con más intensidad.

- Porque estoy solo – se quejo el niño amargamente – nadie me quiere y estoy solo.

- ¿Por qué dices eso? tú no estás solo, tienes a tus padres, a tus abuelos y a todos esos fantasmas que están muy tristes porque tú lo estás – lo corrigió Kino acariciándole el cabello.

- ¡Eso no es cierto! – salto el Yoh triste – Mi papá nunca está, mi mamá siempre está en el templo, mi abuelo también y tú luego te vas a la Montaña Osore.

- Bueno, eso es cierto, pero, ¿y qué me dices de los fantasmas? – pregunto Kino con culpabilidad.

- Ellos están bien, pero yo quiero a alguien que no esté muerto – soltó Yoh – pero a mi nadie me quiere.

- No digas eso – lo consoló.

- Quiero un hermano – confeso el niño sin soltar a su abuela – quiero un hermano con quien jugar, con quien platicar, que vea espíritus como yo, con quien llorar y que nunca me deje solo. Quiero un hermano.

Un nudo en la garganta se le formó a Kino, haciéndole imposible hablar. Abrazó a Yoh al tiempo que comenzaba a llorar junto con él.

Fin del flash-back


Yoh abrió los ojos con lentitud. No sabía bien que había ocurrido. Lo único que su mente podía procesar era ese recuerdo, ese momento en llegó con llorando de la escuela porque los niños no le querían hablar ni se le querían acercar. Esa primera y única vez que se atrevió a exteriorizar su más grande deseo: tener un hermano. Y, sin saber porque, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas de nuevo, como en aquella ocasión.


Flash-back

Un pequeño de no más de cinco años se encontraba sentado en una de las tantas bancas de un parque solo, para cualquiera que no pudiera ver a su espíritu acompañante. El niño miraba a los otros niños que jugaban, acompañados unos de otros, gritando, corriendo y retándose unos contra otros. De repente, y sin previo aviso, comenzó a llorar, porque, no lo sabía. El Espíritu de Fuego lo miró con tristeza sin saber que hacer. Hao se secó las lágrimas y se puso de pie.

- Que diminutos son – dijo mientras se ponía en camino sin un rumbo predeterminado seguido de cerca por su incansable y único amigo.

Fin del flash-back


Hao abrió los ojos, aunque no quería hacerlo. El por qué y cómo es que había llegado a su habitación no le interesaba en ese momento. Se sentó en su cama con dificultad. Él no era de las personas que recordaban el pasado, era un firme creyente de que el pasado, pasado era y nada se le podía hacer, así que para que te preocupabas por el. Sin embargo, en ese momento, no se podía quitar ese sentimiento del pecho, ese mismo sentimiento que lo había hecho llorar hace ya más de diez años en aquel parque: un inmenso vacío que le carcomía el corazón, una sensación de soledad que lo quemaba por dentro.


Después de más de un año de no actualizar, aquí está un nuevo capitulo (solo espero que todavía haya alguien que lo lea). Acepto cualquier tipo de crítica.

Gracias a mitsuki asakura por su crítica, éste capitulo te lo dedico a ti y a todos los que me esperaron más de un año.

Adiós ;)