Capitulo IV: Paseo a la luz de la luna, parte 1
Eran alrededor de las 3 de la madrugada cuando llegó al Hotel agotada.
Con mucho esfuerzo dejó a Snape sobre su cama, inspiró hondo y miró con preocupación al botones que le había ayudado a subir a Snape a la habitación. Le dio las gracias y dejó unos cuántos billetes alemanes en su mano para que se fuera, pero el botones se encontraba inmóvil, observando los cambios de la habitación. Hermione se dio cuenta y no le quedó más remedio que aplicarle un obliviate.
Ya estando a solas con su "marido", recordó con bochorno los sucesos de hace unas horas. Ingenuamente había creído que Snape iba a besarla, y agradeció que no lo hubiese hecho, ya que nada la habría preparado para ello, además de no poder perdonárselo. Y ni hablar de Ron, él menos que nadie se lo dejaría pasar. Dudaba incluso, que el pelirrojo quisiera besarla de nuevo, sabiendo que los mismos labios de Snape habían estado en los suyos.
Se dijo que no volvería a quedarse pasmada en una situación así, que no se dejaría llevar por los ambientes románticos ni por el ritmo de la música. Se aseguró que había sido un lapsus y nada más.
Pero volviendo al incidente ¿Qué le había ocurrido a Snape? Los hechos eran claros, por un momento parecía dispuesto a besarla, pero al siguiente le había caído encima. De no ser por el garzón habría sido aplastada por él.
Tuvo que explicarle a medio mundo que su desfallecimiento había sido a causa de la bebida, aunque Snape apenas y había tocado su copa.
Y ahora estaba sobre su cama, —que era la más próxima a la puerta— con una expresión de dormido. Pero era imposible que se hubiese quedado dormido en plena misión, pensaba Hermione. Draco o Dearborn le habían lanzado un hechizo, de eso estaba segura.
Observó el rostro de Snape, se veía muy tranquilo, aunque el efecto del hechizo ya tenía que haber acabado, pero él seguía con los ojos cerrados como si estuviera profundamente dormido.
Hermione se acercó para tomarle el pulso en la muñeca. No alcanzó a tocarlo cuando se levantó de un salto aferrándola por el cuello y desenvainando la varita.
—Qui..quiere... d..dej..ar de ata..ca...arme... —Le dijo ella con dificultad—.
Respiraba entrecortadamente por el fuerte agarre, sentía la falta del aire en sus pulmones y el entumecimiento de su cuello. Cuando ya creía perder el conocimiento, Snape la soltó y la dejó caer al suelo. Tosió y sintió como su indignación se hacía visible en sus ojos.
—¿Cuál es su problema? Solo estaba ayudándolo—.
—No necesito su ayuda —Le respondió él con voz débil—.
—No estoy tan segura... —Le dijo mientras se sobaba el cuello, le dio una mirada penetrante— Fueron ellos... —Le afirmó sin asomo de dudas—.
Snape no respondió enseguida, tenía una expresión indescifrable en el rostro. Se la quedó mirando unos instantes, con sus ojos negros fijos en los de ella, y Hermione desvió la vista por si intentaba utilizar legeremancia.
No tenía nada que ocultar, era simple conservación.
—¿...Fueron ellos? —Preguntó Snape con voz de no entender y Hermione lo miró con receló—.
—Draco y Dearborn... —Le dijo ella volviendo la mirada, pero sin dejar de parpadear— Me refiero a que fueron ellos quienes le lanzaron el hechizo, por eso se desmayó—.
Snape le sostuvo la mirada un par de segundos con expresión impertérrita.
—Así es —Le respondió secamente—.
Hermione le estudió el rostro, algo no encajaba, pero Snape seguía neutro, no tenía ninguna expresión en el rostro.
—¿Qué sucedió después? ¿Les siguió la pista? —Quiso saber—.
—No, nada de eso. Lo traje aquí de inmediato. Ellos ya habían desaparecido—.
—¡Maldición! —Exclamó y Hermione dio un pequeño salto desde el suelo, asustada— Debería haberme dejado, ¡tendría que haberles seguido la pista! —Iba a interrumpirlo, su sentido de la justicia jamás le permitiría hacer algo así— ¡...No Granger, escúcheme bien! —Hermione se achicó en el suelo, Snape estaba temible— La misión que se nos encomendó es de suma importancia. De nosotros depende que no estalle una nueva guerra —Se le quedó mirando, como si sopesara sus palabras— ¡…Y ahora no tenemos nada!—.
Snape salió a través del cortinaje negro, estaba molestísimo y Hermione se debatía entre el miedo y el enojo. Debería de estarle agradecido, pero no, todo lo contrario. Se suponía que eran compañeros en aquella misión, para apoyarse y protegerse mutuamente. Y no como si ella fuera un repuesto por si él fallaba.
Se levantó del suelo y con paso decidido fue al encuentro de Snape, se lo diría. Ella jamás lo dejaría atrás, por mucha antipatía que le tuviera. Pero no lo hizo, la visión del hombre la hizo arrepentirse en el acto.
Estaba abatido, sentado sobre su cama y aferrando con fuerza su cuello, justo donde Nagini lo había mordido. Seguramente le dolía, una herida así no debía de sanar nunca. Otra vez sintió deseos de preguntarle cómo había salido airoso de la muerte. Pero Snape la había mirado, le había clavado unos ojos moribundos, dolientes.
Hermione fue rápidamente en busca de su bolsito, dentro ya no estaban las cosas para buscar Horrocruxes, en su lugar estaba lleno de pociones, ungüentos y elementos útiles para la sanación. Era lo primordial en un auror, al menos en ella.
Se le acercó y le tendió una botellita verde oscuro. Snape cambio su mirada por una de profundo irritamiento.
—Es para aliviar el dolor —Le dijo—.
Snape no recibió la botellita. Se levantó de la cama con la misma mirada colérica y aferrándose el cuello se dirigió a la mesa.
—No trate de compadecerme —Le dijo en tono severo— Desvíe su atención a lo que le concierne. Como la misión, por ejemplo—.
Hermione lo creía increíble ¿dónde había quedado ese trabajo en equipo de hace unas horas? ¿ese entendimiento mudo y los logros alcanzados? En el olvido, ahí estaban. Y todo porque había decidido llevarlo a la habitación en vez de dejarlo tirado, a merced de Dearborn o Draco.
—Si lo consuela un poco, tengo esto —Le dijo aventando un papel en su mano, con una sonrisa de suficiencia—.
Snape la miró escéptico, sonrió burlón.
—Si ese papel en blanco, no esconde alguna runa o el próximo paso del señor Malfoy, ni siquiera se moleste—.
Hermione apretó fuertemente los labios, ¿por qué tenía que estar siempre a la defensiva? irritada fue a la mesa y plantó con furia la botellita y el papel frente a él, le dio una mirada indignada e invocó un lápiz de carbón. Él no dijo nada, pero su expresión escéptica seguía intacta, mientras Hermione pasaba rápidamente el lápiz sobre la hoja, como si pintara.
En la hoja en blanco fueron apareciendo débiles trazos, a través del grafito. Poco a poco la sonrisa de Snape fue desapareciendo, y su expresión escéptica paso a ser de infinita sorpresa.
—Eran dos hojas, —Comenzó a explicarle velozmente— aunque no escribieron directamente sobre la hoja que tenemos aquí; las runas aparecen de igual forma ¿Ve?—.
Snape le arrebató la hoja y puso su varita sobre ella, con un lumos fue capaz de ver las runas. Hermione creyó que le diría "esto lo cambia todo, ahora podremos seguir con la misión". Pero eso era soñar demasiado.
—Esta clase de cosas no se guardan para más tarde, Granger —La reprochó él, con tono molesto—.
—Para que vea que no solo me ocupo de lo que no me concierne —Le respondió ella en el mismo tono—.
Hermione le quitó la hoja de las manos, y le dio la espalda. Estaba cansada, pero Snape tenía razón, había que descubrir el próximo paso de Malfoy. Con su varita escribió en el aire las runas del papel y se concentró en encontrar algún significado, Snape se puso a su lado sin decir palabra.
—Es peor que la otra vez, esto va a tomar tiempo —Le dijo, sin despegar la vista de las runas—.
Snape no le contestó, de hecho, pareció no haberla escuchado. Se separó de Hermione y fue en busca de sus libros de runas antiguas.
—Son las 5 de la mañana, le doy hasta las 9 para que lo descifre —Le dijo en tono autoritario—.
—¿Perdón? —Exclamó Hermione indignada— No soy ninguna empleada, y no pienso hacerlo sola—.
Hermione vio como la confusión pasó por los ojos de Snape, pero fueron solo unos segundos escasos, ya que al instante se recobró.
—Por supuesto que no trabajara sola, yo trabajare con usted —Se corrigió, aunque sin sonar como una disculpa—.
Hermione se sentía confundida ¿qué le pasaba? Acababa de darle una orden —bastante clara— y después se había retractado. Definitivamente la herida tenía que ver. Un momento… ¡La herida! Eso era, ¿Y si se había desmayado a causa de la herida y no por un hechizo de Draco o de Dearborn? No, claro que no, si hubiese sido eso, él se lo habría dicho.
Hermione lo observó un instante, y no pudo evitar tener un acceso de lástima. Su exprofesor se veía sumamente abatido, ella sabía que debía de tener un aspecto cansado, pero en contraste a Snape, ella se encontraba en perfectas condiciones.
Se dispusieron a trabajar, pero de pie, caminando y rodeando las runas que flotaban en el aire. Esta vez el lenguaje mudo no era suficiente, estaban agotados y exhaustos. Snape estaba prácticamente dormido, aunque hacía grandes esfuerzos para disimular un estado despierto. Sus cerebros no eran los mismos.
—Lo mejor es seguir mañana —Se aventuró a sugerir Hermione, más por él que por ella—.
—¡No! debemos descifrarlo, para eso estamos aquí—.
Snape fue tajante y Hermione no se atrevió a debatirle, pero ya no sabía qué más hacer. Habían acudido a casi todos sus libros, solo les quedaba el último.
Comenzaron a hojearlo juntos, ya eran las 10 de la mañana.
—Aquí está —Dijo Hermione notando la emoción en su voz y marcando con su dedo una línea del libro— ...Por eso no lo entendíamos. Estábamos siguiendo el patrón de las otras runas—.
Snape leyó la línea y le quitó el libro a Hermione, se restregó los ojos y fijo su vista en las runas, después de unos momentos le tendió el libro.
—¿Qué significa? —Quiso saber él—.
Se dio cuenta de que no había logrado ver el nuevo patrón. Para ella había sido muy fácil, aunque no había logrado entenderlo.
—Está en alemán —Le dijo ella y escribió la escasa línea sobre la misma hoja— No sé lo que significa—.
Snape leyó con atención antes de hablar.
—Van a encontrarse en el Muro de Berlín, a las 23:00 horas —Le dijo, y con un solo movimiento hizo desaparecer las Runas y los libros—.
Sin decir una palabra más y con aspecto lastimero fue a sentarse sobre su cama, ya eran las 12 de día. Hermione se quedó estática ¿no pensaba decirle nada?, estaba a punto de decir algo cuando Snape habló.
—Aproveche de dormir, porqué desde hoy haremos guardia en el Muro, hasta que Draco y Dearborn aparezcan —Le dijo sacándose los zapatos. Cuando ya comenzaba a desabrocharse la camisa se dirigió nuevamente a ella— ¿Estoy hablando en alemán? ¡Váyase a dormir!—.
Hermione dio un respingo, era conciente de que tenía que irse, pero esperaba que le dijera algo más, que agregara algo, una fecha al menos ¿cuándo sería aquel encuentro? por ejemplo. Pero entendió que no había fecha.
Un tanto avergonzada se fue hacía su habitación sin despedirse.
Al ver su cama, el cansancio y el agotamiento se volvieron insoportables, también sentía hambre, pero recordando lo que había dicho Snape, lo mejor sería aprovechar de dormir.
Supuso que eran las 9 de la noche cuando despertó. Había descansado bastante, pero no era lo mismo que despertar por la mañana. Se sorprendió al no escuchar a Snape al otro lado, quizás se había ido sin ella.
Se levantó de puntillas y sacó la cabeza a través del cortinaje. Snape seguía durmiendo. Aprovechó la instancia para darse una ducha.
Tomó sus cosas para el baño y se dispuso a cruzar la frontera enemiga, antes de salir del cortinaje recordó lo que había sucedido la primera noche, volvió por su varita y se dirigió con rapidez al baño, antes de entrar se volvió a mirar a Snape. Nada, seguía dormido.
Hermione podría haber pasado al lavabo sin ningún problema, pero se detuvo. No quería tentar su suerte, pero le preocupaba que su exprofesor, en vez de estar durmiendo, estuviera haciéndole compañía a los muertos. Justo cuando iba a hablarle, Snape se removió en la cama, pero sin despertar.
Decidió que ya había sido suficiente, entró al baño y se dispuso a quitarse la ropa. De una manera veloz, ya estaba dentro de la ducha y disfrutando del agua caliente sobre su cuerpo. No quiso demorarse más de la cuenta, más que mal, a las 22:00 ya deberían de estar en camino al Muro.
Rogó para que Snape siguiera durmiendo al momento de salir del baño. Llevaba su toalla fuertemente aferrada a su cuerpo, más una toalla para el pelo. Aun así parte de su busto, espalda y piernas quedaban a la vista. Respiró hondo y giró la manilla. Todo seguía oscuro, no había indicios de que Snape hubiese despertado.
Hermione suspiro con alivio y prácticamente corrió hacía su lado de la habitación. Pero cuando ya comenzaba a sentirse segura, la voz de Snape la paró en seco. Con el susto se resbaló por las mismas gotitas de agua que caían de sus piernas.
—¿Qué hora es? —Preguntó con voz somnolienta Snape—.
Hermione adolorida en el suelo, se levantó trabajosamente, pero sin volverse; había escuchado un pequeño crujido de la cama, seguramente se había sentado y estaba vuelto hacia ella, mirándola.
Fue más conciente de su desnudez y de las gotitas de agua sobre su piel, la sangre comenzó a amontonársele en las mejillas.
—Alrededor de las 21:00 hrs —Le dijo al vuelo, mientras se metía detrás del cortinaje—.
Agradeció su resguardo, Snape estaba hecho una furia. Le había gritado que cómo era posible que no lo hubiese despertado, que estaban muy atrasados y que no había tiempo como para que ella se diera sesiones de be… Pero Snape se calló de pronto, Hermione escuchó un ruido sordo y un juramento. Al parecer se acercó a su cortina para gritarle y resbaló en el mismo sitio que había resbalado Hermione. Reprimió una risita y trató de contestarle de manera seria.
—¡No creo que pensara lo mismo cuando dormía tan plácidamente! —Le gritó, pero aún con la sonrisa mientras se vestía con lo primero que pillaba— ¡Y no soy ningún despertador personal! —Agregó—.
Snape no respondió, pero Hermione escuchaba toda la algarabía que estaba formando en su lado de la habitación. Cuando ya estuvo vestida y con el pelo aun goteándole, salió para encontrarse con él.
—¿No piensa bañarse? —Le preguntó—.
No pudo contenerse, tuvo que preguntárselo cuando lo vio vestido y listo para partir. Dudaba siquiera si se había lavado la cara.
Snape enarcó tanto una ceja que casi se le sale, le dio una de sus miradas asesinas.
—Mi aseo personal no es de su incumbencia... —Respondió secamente— Lamento no estar tan arreglado como usted, no tuve tanto tiempo —Le dijo con rencor—.
—No era mi intención ser grosera —Trató de disculparse, aunque no estaba muy segura de si debía hacerlo, él también lo había sido—.
—Vámonos —Le dijo, como si no hubiese escuchado su disculpa y tendiéndole su brazo—.
—¿Qué hace? —Le pregunto ella confundida— ...No podemos aparecernos, usted lo dijo—.
—Y usted me dijo que eran alrededor de las 21:00 ¿Verdad? —Le dijo Snape con ese tono suave, y miró el diminuto reloj que llevaba en la muñeca— Son cerca de las 23:00… Nos arriesgaremos... —Hermione no se decidía y Snape levantó un poco más su suave voz— Agárrese a mi brazo, Granger—.
Hermione apretó los labios ¿cuál era el afán de darle órdenes? que ella supiera estaban trabajando juntos, y no ella para él. De mala gana tomó su brazo, parándose muy cerca y de frente, se taladraron con la mirada. De un tirón se aparecieron frente a un muro horrible, pintarrajeado con signos obscenos y frases revolucionarias, la Luna que se encontraba en cuarto creciente iluminaba a medias el feo lugar.
Se separaron.
Hermione se aferró el cuerpo, había salido con una chaqueta, pero no era suficiente para aplacar aquel frío, pequeñas humaredas salían de su nariz y boca. Snape no se veía tan entumecido como ella, llevaba su calentita capa negra.
Él se dio vuelta a mirarla, Hermione creyó que le tendería su capa, pero solo era para desilucionarla.
—Haremos esto cada vez que lleguemos ¿entendido?—.
No hizo ningún movimiento, sentía tanto frío que no quería ni despegar los labios. Comenzaron a caminar y a Hermione le costaba seguir el paso de Snape, tiritaba demasiado. Ya llevaban más de una hora caminando cuando tuvo que detenerse.
—¿Cuánto tiempo tendremos que hacer guardia? —Preguntó con un hilo de voz—.
—El que sea necesario—.
Hermione ya no filtraba, el frío la hizo perder el sentido común, y el respeto que le tenía a Snape se fue al caño.
—¿Y cuánto sería eso? No pienso congelarme aquí toda la noche —Le dijo con los miembros amoratados por el frío—.
—Debió de pensar en eso antes de salir ¿no? —Le dijo él, con tono despectivo seguramente por sus ropas—.
—Usted podría haberme advertido del frío. ¿No se supone que lleva tiempo aquí en Alemania? —No le contesto, y frente al silencio Hermione siguió hablando— ...Además usted ha escuchado como me castañean los dientes, y aún así me castiga con su indiferencia —Se calló, tenía ganas de recriminarle su falta de decoro, pero decidió que lo mejor era ser directa— ¡Deme su capa!—.
Silencio. Hermione no podía descifrar su rostro a causa del hechizo, pero imaginó que no se esperaba una reacción así por su parte. Ella esperó con la mano extendida la capa, el frío le estaba bloqueando los buenos modales.
—Ya me escucho, entréguemela —Le volvió a decir con castañeo de dientes—.
Hermione escuchó el fru fru de la tela, Snape no la hizo esperar más. Se quitó la capa y se la pasó. Hermione le dio una mirada con furia contenida mientras sostenía la capa muy cerca de su cuerpo. El calor se colaba a través de sus ropas, era sumamente gratificante.
Snape no se la pidió de regreso, y Hermione dudo antes de ceñirse la prenda, sabía que bajo la capa debía de llevar solo los pantalones y la camisa negra. Se mordió el labio; estaba en peores condiciones que ella. Hermione se dijo que, si bien él había sido un mal educado, ella no tenía por que caer en el mismo error. Desplegó la capa frente a ella y con un movimiento de su varita la duplicó. Le entregó la duplica a Snape y ella se quedó con la verdadera, que seguía con el cálido calor humano. Snape recibió la capa, no se lo agradeció, pero Hermione escuchó como se la volvía a poner.
—Ahora podemos continuar —Le dijo más tranquila, caminando junto a él—.
Hicieron guardia hasta las 3 de la mañana. Ni Draco ni Caradoc se habían aparecido esa noche. Agotada y con más sueño que antes llegaron al hotel mediante la aparición. Antes de subir, Hermione le pidió a servicio a la habitación que subieran una abundante comida caliente, pero teniendo cuidado de que dejaran la comida fuera de la habitación. Estaba hambrienta y podía adivinar que Snape también.
Cuando llegaron al piso 22 se encontraron con las bandejas de comida en la puerta. Hermione agradeció estar en un Hotel tan caro, solo por la rapidez. Se sentó a la mesa, pero no comió de inmediato. Snape estaba en medio de la habitación como si se debatiera entre sentarse a comer o acostarse.
—Pedí comida para dos —Le dijo ella corriendo una silla para que se sentara, pero él no lo hizo—.
—Esta será la última vez que nos apareceremos. Le sugiero que esté lista a las 19:00 hrs, es un viaje largo y no podemos darnos el lujo de demoras—.
Se despidió de ella con un leve movimiento de cabeza, le dio la espalda y se dirigió a su cama. Hermione no se enfadó, pero si sintió otra vez ese acceso de lástima. No entendía el porqué de la gran muralla de Snape, ese afán por apartarla y no tratarla como a una "compañera", y si no quería tratarla como tal, al menos que compartiera una comida, no iba a matarlo.
Miró toda la mesa y, pensó que lo mejor sería llevarse unas cuantas cosas para su habitación y dejarle la estancia para él solo. Cuando sacó unos platos se fijó en que su botellita verde oscuro seguía en la mesa, pero vacía. Sonrió para sus adentros.
A la tarde siguiente, Hermione se despertó más temprano, pero con más sueño, miró el pequeño reloj que se había creado a través de la magia, y vio con alivio que eran las 5 de la tarde, tenía tiempo de sobra para comer y vestirse, pero antes se aseguraría de que Snape estuviese despierto.
Sacó levemente su cabeza hacía la habitación de Snape —como siempre lo hacía— y se mostró complacida al ver algunos platos acabados encima de la mesa. Snape no estaba.
Tomo su toalla y se fue directamente al baño. Cuando estuvo a punto de hacer girar la manilla, ésta se abrió de pronto y dejo a la vista a un Snape semidesnudo, con el pelo negro goteante y con una simple toalla cubriéndole la pelvis hacia abajo.
Se quedo sin respiración, el querer enterrarse viva en ese momento, era poco.
Que él la viera a ella en esas condiciones no era tan terrible, pero que ella lo viera a él, era muy distinto. Hermione se sentía hervir. No pudo contener sus ojos. Frente a la sorpresa lo miró de arriba a abajo, no había sido su intención, pero lo había hecho. Snape notó la mirada, aunque ella no pudo dilucidar si estaba enojado o avergonzado.
—¿Quiere dejarme pasar? —Le dijo en tono grave, pero inusitadamente alto—.
Hermione se hizo a un lado de un salto y lo dejó pasar. No quiso volverse a mirarlo, pero no podía contenerse y él se dio cuenta.
Se metió como un bólido al baño. Se dejó caer sobre la puerta cuando la cerró, y se maldijo por su indecorosa conducta. Miró su reloj, el tiempo estaba corriendo… se desvistió y se metió en la ducha.
Mientras dejaba caer el agua por su cuerpo, pensó en lo que había visto… Snape era flaquísimo, no cabía duda, además de no ser musculoso, pero si tenía que admitir que estaba bien tonificado. Una risita nerviosa salió de su garganta.
—Pero que pálido... —Susurró para si misma, mientras se pasaba las manos por el pelo—.
Tuvo mucho cuidado de apretarse bien la toalla al cuerpo antes de salir. No quería ningún "incidente", y rogó para que Snape ya se hubiese vestido.
—¡Voy..voy a salir! —Se anunció antes de abrir la puerta, para su alivio estaba sola—.
Corrió a vestirse para estar lista cuando él apareciese, pero no alcanzó a llegar a su cortinaje cuando Snape irrumpió en la habitación, pulcramente vestido y con un dejo de impaciencia en el rostro, evito mirarla lo que más pudo.
—El taxi nos espera abajo, dese prisa —Dijo esto y cerró la puerta tras él—.
Hermione se quedó pasmada unos 2 segundos y al instante se fue echa un rayo a vestirse. Esta vez no olvido llevarse la capa.
Snape la esperaba junto al taxi con la puerta abierta. Por increíble que le pareciera, esperó a que ella entrara para cerrarle la puerta y, luego se dio la vuelta para entrar él. Se dio cuenta de inmediato que el encargado del Hotel los observaba, aquel era el motivo de tanta educación, o si no, Snape jamás habría tenido ese trato con ella.
Durante el viaje —que fue bastante largo— Hermione trato de tocar el tema de la "botellita", pero no le fue posible. Snape le daba instrucciones acerca de la vigilancia y sobre qué cosas debería hacer frente a un ataque directo.
—Sin ser grosera... —Le dijo de manera cortés— Pero creo haber pasado todas las asignaturas y exámenes de la carrera de Auror—.
—Estamos hablando de la práctica, señorita Granger, no de los libros ni de las runas —Respondió él—.
—Le recuerdo que salí airosa de la búsqueda de Horrocruxes, señor —Le rebatió Hermione acercándosele y hablándole en voz baja para que no la escuchara el conductor—.
Snape no alcanzó a responderle, tenía los labios muy apretados cuando el conductor anunció que habían llegado a su destino. Se bajaron del taxi y Hermione de mala gana le tomó la mano, estaba extrañamente fría.
—Lo único que le digo es que pase lo que me pase, usted siga adelante con la misión —Le dijo mientras se alejaban del taxi para desilusionarse— Es de extrema importancia—.
Hermione no contestó ni asintió, él sabía que pensaba acerca de ello, ya le había dejado en claro su postura. Ella no le abandonaría, estaban juntos en aquella misión sin importar el poco aprecio que se profesasen.
Ya alejados por completo de los transeúntes, Hermione y Snape se soltaron y ella no pudo evitar lamentarlo. La mano de Snape ya había tomado calor en la suya y, con las manos juntas el calor era mayor.
Lo miró un instante, sin verlo realmente a causa del hechizo… era extraño que a pesar de estar desilusionados tuviese una idea de las expresiones de Snape. Luego de unos momentos caminando en silencio, se preguntó si lo mejor sería hablarle para amenizar un poco la caminata, pero ¿de qué? No, lo mejor era no molestarlo.
Así pasaron las noches, en silencio, uno al lado del otro, y rozándose las capas de vez en cuando, pero sin noticias ni de Draco ni de Dearborn. La única compañía que tenían era la sonriente cara lunar que los guiaba cada noche con un poco más de luz. Hermione se detenía a mirarla a ratos, y se extrañaba pensando en que romántico era aquello, en salir a caminar a esas horas oscuras, con frío, pero acompañada.
Sintió lástima de sí misma, siempre había querido pasar momentos así con Ron, pero su enfrascamiento en la traducción de Runas Antiguas nunca le dejaba tiempo y, cuando lo tenía, Ron siempre alegaba estar cansado. Miró de soslayo a Snape, parecía increíble que estuviera compartiendo aquellos momentos con él.
Después de la primera semana de guardia, ella y Snape se sorprendían a veces, con las manos aun tomadas, mucho después de salir del taxi y de encontrarse fuera de ojos indiscretos.
Cada día se quedaban más tiempo enlazados. En parte por el frío, en parte por la costumbre, pero siempre se separaban incómodos y Hermione siempre echaba en falta su mano, el calor y la compañía. La compañía de otro ser humano, la compañía que suplía la ausencia de Ron.
Cada vez que tenía pensamientos así, se reprochaba, no era su culpa que no estuviera con ella en esos momentos románticos, pero no podía dejar de pensar en que Snape la había acompañado en todos ellos. Momentos que tanto quería compartir con el pelirrojo.
A pesar de aquellos lapsus en que se volvía una mujer completamente normal, con necesidades amorosas simples, no dejaba de molestarle el hecho de la poca comunicación que tenía con su ex profesor de Pociones. Si no se hablaban durante las noches, tampoco lo hacían por las mañanas, aunque no porque Hermione no lo intentara, ya que forzaba lo más posible las conversaciones.
Y cuando Hermione creía que Snape iba a abrir la boca —no para insultarla— era únicamente para compartir sus hipótesis acerca de las Runas o la misión, que no era lo que ella esperaba.
Ya estaba al borde del colapso. En cualquier momento estallaría en una de sus ya conocidas exclamaciones de furia contenida.
Supuso que la indiferencia de él se debía a aquellos enlaces forzados que debían asumir cada noche, ella no tenía la culpa, más que mal había sido idea de él. Hermione creía que el tener que compartir tanto entre ellos, haría nacer un dialogo "normal", aunque fuera pequeñito, pero se equivocaba. Snape se alejaba más y más de ella, para esconderse detrás de su impenetrable muralla.
Pero todo cambió la última mañana de esa semana, cuando habían vuelto de una de sus fallidas guardias, agotados, somnolientos y hambrientos. Snape le señaló muy molesto una lechuza que descansaba fuera de la ventana. Ella la reconoció de inmediato, era la lechuza de Ron. Snape no la dejo reaccionar, abrió de un empujón la ventana y le quito la carta, la cerró de inmediato sin decir un "gracias" o darle algo por el largo viaje. Pero la lechuza no se fue, esperó en la ventana que daba en el lado de Snape.
—¿Cómo supo Weasley que se encontraba aquí? —Le preguntó Snape con voz peligrosamente suave—.
—¿Cómo quiere que lo sepa? La lechuza tiene que haberme encontrado. Deme mi carta —Le exigió acercándosele con la mano estirada—.
—No debe revelarle que está haciendo —La amenazó él, escondiéndola detrás de su espalda— Ni dónde se encuentra—.
—Eso ya lo sé —Masculló ella con cansancio—.
—Está claro que no, si no, esta lechuza no habría aparecido aquí—.
—Deme la carta Snape—.
Hermione ya estaba dejando salir su impotencia ¿Quién se creía él para decirle que tenía que escribirle o no? ella sabía que no tenía que revelar nada. Era indignante que le pidiera explicaciones, además de que escondiera su carta. Hace mucho que no sabía de Ron, y los silencios y la indiferencia de Snape hacían que lo echara más de menos.
—¿Cómo me ha llamado? —Le preguntó Snape en un susurro estremecedor—.
—Ya me oyó, deme esa carta —Hermione no se achicó como otras veces, le sostuvo la mirada desafiante—.
Snape sacó lentamente la carta de su espalda y se la tendió, cuando Hermione la tomó el siguió sosteniéndola, esperando para hablarle.
—Que sea la última vez que me desafíe de esa manera, Granger—.
Hermione sintió un ligero estremecimiento por la amenaza y la cercanía de sus manos. No respondió nada, se escondió detrás del cortinaje y con ansias desplegó el pergamino.
Solo unas pocas líneas, muy típico de Ron. Dejó caer la carta sobre su cama con decepción. Aún así tomo pergamino y pluma para contestar a sus preguntas: ¿Dónde estás? ¿Aún sigues con tus runas? Te extraño.
La costumbre de Hermione era escribir al menos 2 pergaminos. Cuando se trataba de Ron, escribía hasta 4. Pero aquella vez redacto una mezquina línea: "Me encuentro bien, las Runas siguen en mi vida y gobiernan todo mi tiempo. También te extraño. Hermione"
Tomo la carta y la enrolló sin ningún cuidado, ni se molestó en no meter ruido cuando pasó frente al ya dormido Snape, le ató la carta a la lechuza y le pidió que le diera unos cuantos picotazos a Ron por su penosa carta. Cerró con rabia la ventana y se fue a su habitación.
Se arropó hasta las orejas y se dispuso a dormir, pero la voz burlona de Snape la puso de peor mal humor.
—¿Weasley no le escribió los 3 pergaminos que esperaba, Granger?—.
Hermione se mordió la lengua, no quería ventilar sus problemas amorosos con él.
—¿...O es que el amor se ha ido apagando por la distancia? —Agregó Snape implacable—.
Hermione se revolvió en la cama y se tapó la cabeza con la almohada para no escuchar los comentarios venenosos de su exprofesor.
Llegada la noche, Hermione no pudo decidirse cuál de los dos se portaba más antipático con el otro. Aquella situación la estaba matando, no sabía cuánto más podría aguantar antes de que uno de los dos sacara la varita y lanzara el primer "avada kedabra". El fingir que eran una pareja feliz también se había hecho difícil.
Hermione estaba tan molesta con él que no quería seguir usando su capa.
Pero la última mañana de la 2º semana explotó, no podía contenerse más. Apenas cerraron la puerta detrás de ellos, Hermione lo encaró como si se tratara realmente de su esposa.
—¡No pienso seguir así! —Le gritó— En esta indiferencia muda, en este apatismo y..y.. —Se exasperó, no sabía cómo canalizar la frustración que sentía— ¡…Es simplemente asfixiante!—.
Snape estaba neutro, impertérrito frente a sus exclamaciones. El único movimiento que tuvo fue el de apoyar su mano derecha sobre la mesa, como si le aburriera excesivamente de escucharla. Hermione se puso más furiosa.
—Estoy agotada, usted quizás está acostumbrado a no tratar con nadie, a ser un solitario. ¡Pero yo no! —Hermione sintió como el calor se le subía a las mejillas, le temblaba el labio, ella ya había pasado por la soledad antes de conocer a Harry y Ron, no quería volver a sentir aquello— …Va a sentarse y a mantener una conversación como la gente conmigo—.
De dónde salía eso, no tenía idea, pero ya estaba cabreándole esa pared de concreto y metal que Snape sostenía frente a ella. En ese preciso momento sabía que él se callaba muchas cosas y que camuflaba muy bien sus emociones. Eso debía de cambiar, necesitaba una reacción por su parte.
Hermione esperó de pie a que él se sentara, pero no lo hizo. Le habló tan sereno como siempre, aunque su voz denotaba la rabia que sentía.
—Le recuerdo que fue usted quién no quería tener ningún tipo de contacto conmigo, me lo dejo bastante claro el día que viajamos, yo no presenté ninguna queja; de hecho me pareció que era la mejor sugerencia que le he escuchado en años—.
—Bueno, ahora las cosas han cambiado. Nunca pensé que esta misión demoraría tanto —Se explicó con un ligero titubeo— …Aún así, lo más sano es que tratemos de convivir de una manera armónica—.
—Ya la entiendo, quiere que la salude por las mañanas, le pregunte como está y me interese por su vida. ¿A esa clase de banalidades se refiere?—.
Hermione sintió como la rabia y la impaciencia volvían a acosarla. En un ataque de locura levantó sus brazos e hizo ademán de estrangularlo, pero se autocontroló llevando sus manos a su boca para reprimir un grito de furia. Snape achicaba sus ojos oscuros, entendiendo claramente sus intenciones.
—No, claro que no —Logró articular Hermione—, pero un mínimo de diálogo no va a matarle—.
Snape sopeso las palabras de Hermione, le sostuvo la mirada unos segundos y levantó su mano de la mesa, se cruzó de brazos y se sentó en una de las sillas. Hermione lo miró sorprendida, aún de pie.
—Voy a regalarle unos minutos de mi tiempo, no me haga esperar—.
Hermione parpadeó un par de veces sorprendida. Se sentó torpemente y lo miró dudosa... Ahora ¿qué le decía? ¿le preguntaba por su familia? no, claro que no. ¿Le preguntaba por si había tenido mascotas? No, que estúpido, ¿y si le preguntaba acerca de la serpiente? Si, eso era definitivamente lo que quería saber.
—Sé lo que me quiere preguntar —La asaltó Snape antes de que ella abriera la boca—.
—¿Y bien? —Quiso saber—.
—Me parece más interesante hablar acerca de mi familia que de aquel fatídico momento —Hermione abrió los ojos sorprendida, ¿había visto sus pensamientos?— …y no, no tuve mascotas—.
Se quedó en silencio, las ganas de enterarse de qué había ocurrido después de haber salido del sauce boxeador eran enormes. Sobre todo después de que el mismo Snape lo había mencionado.
—Ya se lo dije, no hablaré sobre ello—.
—Quiere dejar de meterse en mi cabeza, es grosero—.
—No lo necesito, es demasiado evidente —Snape sonrió con suficiencia y se levantó de la mesa— ...Aproveche su tiempo en dormir, que es más productivo—.
Hermione se levantó también para ir a su lado de la habitación, un tanto derrotada, pero con la certeza que había sido un buen comienzo.
—...Y deje de darme órdenes —La cortó Snape antes de despedirse con el habitual asentimiento de cabeza—.
Bueno, había sido un comienzo, ahora tenía que saber dormir, ya que la esperaban muchas noches en vela.
¿Quien sigue por aquí muerto de risa y abochornado por estas situaciones? yo, la primera jajaj
C o r Ne L ia E s c i p I ó N
