Capítulo IV

No podía creer que Tom hubiese contratado a esa chica para las fotos, y más aún, que ella aceptara, y nos trajera a este lugar para hacerlas.

- Dale una oportunidad Bill – escuché a Tom tras de mí.

- ¿Para qué? – dije en cuanto estuvo de pie junto a mí – ya se las has dado todas, por los dos.

- No sé porqué te pones así – me dijo.

Creo que su pregunta me hizo sentir más molesto aún. No podía entender que Tom se volviese, de pronto, tan paciente y comprensivo, con alguien que se había introducido en nuestra vida de la forma en que Isabelle lo había hecho.

- ¿Se te olvida cómo se metió en nuestra casa? – lo encaré, con bastante más talante del que querría.

- No, no se me olvida Bill – me habló claramente – pero no entiendo el mal humor que cargas contra ella.

- ¿De qué la conoces Tom? ¿Qué sabes de ella? – Continué - ¿Y si es peligrosa?

- Ya – gesticulo con una mano en el aire, como si se le hubiese escapado ese detalle – parece peligrosa, con un pie lastimado y esa cámara que debe ser un arma de alta tecnología.

- Sabes a lo que me refiero Tom – le reclamé – y la cámara bien podría ser un arma.

Él me miró con aquella expresión de incredulidad que a veces usaba ante mis palabras, y que claramente me decía que no estaba de acuerdo. Y entonces volvió a hablar.

- Si no te conociera, diría que Isabelle te gusta.

La reacción de mi estómago, antes sus palabras, no se dejó esperar, pero mi enfado tampoco, así que alcé mi dedo y se lo planté delante de los ojos a mi hermano, para que le quedara muy claro lo que pensaba de eso.

Hizo un gesto despreciativo con la mano y se dio la vuelta, ya sabía yo a dónde iba, dando por terminada de esa manera, nuestro intento de conversación. Me giré y lo vi, como pensaba, acercándose a Isabelle, conversando con ella un momento. Me fui hasta el coche a rebuscar entre la ropa que traía. Claro, yo contaba con que iríamos a un estudio y habría sitio para cambiarse, sin embargo ahora, lo único que tenía como camerino, era el coche.

Tenía ganas de estrangular a Tom.

Me quedé un momento masticando mi miseria, para luego decidir, que si me iba a tomar esas fotos, al menos no saldrían mal por mi causa.

Minutos más tarde, Tom abrió la puerta, logrando que diera un salto en el asiento.

- ¿Estás listo? – me preguntó, como si nada.

- ¡Me asustaste idiota!

Me miró como si le hubiese dado los buenos días, y reconocía que muchas veces al despertar no tenía el mejor humor, pero esto era ridículo.

- Así estás bien - me aseguró – Isabelle quiere aprovechar esta luz.

Isabelle quiere, Isabelle quiere…

Se fue antes de que lograra darle una respuesta.

Me miré por última vez el maquillaje en el espejo de mano, que por suerte, llevaba. Parecía estar en su sitio, al igual que el cabello, así que me decidí a salir, como había dicho, las fotos no saldrían mal por mi causa. Aunque debía reconocer la inseguridad que tenía, de alguna manera necesitaba la aprobación de Isabelle, quería pensar que era una aprobación lógica, después de todo ella era quién tomaría las fotos. No obstante no le pediría dicha aprobación.

- Estoy listo – dije cuando estuve cerca de ellos, observando en la otra dirección, hacía el paisaje.

Debía reconocer que era un lugar hermoso.

- Bien – la escuché decir. No quise mirarla – necesito que vayan al agua y se pongan de pie sobre las rocas.

Vaya, teníamos que ir al agua.

- Vamos Bill – dijo Tom con entusiasmo, avanzando con una disposición que no debía de extrañarme.

Respiré profundamente, y me prometí que si tenía que meter los pies en el agua, y usar toda mi hipocresía, para que no se notara mi humor en las fotos, lo haría.

Caminé por encima de las maderas que nos habían puesto para llegar a las rocas, por lo visto Tom había obedecido al pie de la letra las instrucciones de Isabelle.

Las rocas eran tan llanas, que no había riesgo de caer. Me planté ante esa lente, esperando destilar toda la seguridad que ahora mismo no sentía, pero en ese momento Isabelle me miró y el color azul de sus ojos me estremeció, y supe que sería capaz de ver hasta mi alma, si se lo proponía. Así que bajé la mirada hasta mis zapatos, queriendo romper aquel contacto visual, y recuperar mi compostura. Volví a mirarla, sólo cuando logré levantar un escudo, mucho más débil de lo que habría deseado, entre esa mirada y yo. Esperando enfocarme únicamente en la lente.

- Sonríe – dijo Tom a mi lado.

- Hoy no quiero sonreír.

Obedecí a cada indicación de ella, con la mayor profesionalidad que me fue posible. No tardamos demasiado, pero tuve la sensación, de que aquella había sido la sesión de fotos más larga de mi vida.

- Ya está – la escuché decir, y creo que casi corrí al coche.

Abría la guantera y saqué un cigarrillo, para calmar la ansiedad. Me senté frente al volante y comencé a fumar, esperando para ocupar mi lugar, como chofer de mi hermano e Isabelle.

Cuando pude percibir el humo rasgando mi garganta, me sentí ligeramente aliviado, pero aquello me duró sólo hasta que Tom llegó con su 'doncella' en apuros.

El camino de regreso, fue una tortura de miel sobre hojuelas. Mi hermano solo tenía halagos para el trabajo que había efectuado Isabelle, y ella parecía muy cómoda con sus atenciones.

Cuando finalmente Tom, la ayudó a bajar, le sonrió unas quinientas veces, y volvió a sentarse junto a mí en el coche, pudimos continuar el camino a casa.

- Es agradable ¿no lo crees? – fue lo primero que se le ocurrió decirme.

- Mmm… - fue toda la respuesta que le di.

- Ah, es verdad… se me olvidaba que a ti te parece una terrorista – continuó.

Yo me mordí la lengua. No quería extender la discusión sobre el asunto. Al final, ya nos habíamos hecho las fotos, y la chica no debía seguir en nuestras vidas. Lo que hiciera Tom con ella, lejos de mi vista, no era asunto mío.

- Tienes que reconocer que parecía saber lo que hacía – retomó el tema mi hermano.

- Hay que ver las fotos – le dije, intentando mantenerme imparcial.

- Sí – aceptó – iremos a cenar pasado mañana y me las entregará.

- ¿A cenar? – pregunté, sin pensarlo demasiado.

- Sí… - Tom sonrió. Pude notarlo, aún sin verlo, por el tono de su voz.

- ¿Desde cuándo cenas con los fotógrafos? – continué preguntando.

- ¿Desde ahora? – respondió divertido.

Intenté contenerme, de una molestia que no estaba seguro de poder reconocer. No podía estar celoso por que Tom saliera con una chica, después de todo no era la primera vez que tenía alguna relación, por muy cortas que resultaran ser.

.

- Tengo que irme – dijo, cuando no llevábamos ni una hora en el estudio.

- Nos quedan aún estas dos canciones – le aclaré, mostrándole las partituras.

- Has tu parte hermanito, ya haré la mía después – respondió, colgando su guitarra.

- ¿A qué te refieres con después? – continué preguntando.

Tom se rió.

- Mañana… si duermo esta noche – se sonrió, con aquel gesto socarrón que me indicaba que en sus planes estaba el sexo.

Miré las partituras.

- A ver cómo lo haces con el yeso de por medio – hablé en voz baja.

- Quizás descubra nuevas posiciones – continuó riéndose.

A mí se me contrajo el estómago, ante la sola imagen de Tom e Isabelle, enredados buscando la forma de acomodar esa pierna con yeso.

Creo que me faltó poco para ponerme azul aguantando la respiración.

- Ya te mostraré las fotos – dijo Tom desde la puerta.

Abrí los ojos casi espantado. Él se rió con una sonora carcajada.

- Las de la sesión idiota – me aclaró.

Por un momento sentí que se me ablandaban las piernas. Tom tenía cada idea extravagante, que no me dio tiempo a pensar de qué fotos hablaba.

Cuando pasaba de media noche, escuché la llave en la puerta. No hice el más mínimo ademán por mirarlo, seguí concentrado en el video juego que había puesto para matar el tiempo. Pero mi hermano de todas maneras se sentó frente a mí para contarme su velada.

Su forma de llamar mi atención. Dejar caer un sobre, encima de la mesa de la sala.

- ¿Qué es eso? – pregunté, sin dejar de mirar la pantalla.

- Las fotos – respondió.

Yo di una mirada fugaz al sobre, apreciando su tamaño.

- ¿En papel? – le pregunté.

Me resultó, cuando poco curioso, que las fotografías vinieran hechas en papel, ahora que todo era digital.

- Pues sí… - contestó Tom.

El tono de su voz, no era precisamente alentador. Le di una mirada, igualmente fugaz, pero entonces mataron a mi personaje en el juego.

- Mierda.

- Te he dicho mil veces, que no puedes ni pestañear cuando entras a esa mazmorra – volvió a advertirme.

- Da igual, ya lo conseguiré en la próxima – le contesté, dejando el juego, para tomar el sobre con las fotos.

Comencé a sacarlas, Tom probablemente ya las habría visto. A no ser que se hubiese dedicado a otros menesteres. Creo que ese lado perverso que en ocasiones me habla, fue el que me empujó a hacer aquella pregunta con trampa.

- ¿Las has visto? – le pregunté.

- Como diez veces – respondió, tomando el mando del juego, para comenzar una partida.

Empecé a mirar las fotos, todas ellas en papel fotográfico del de antes, incluso con la textura de las fotografías que guardaba mi madre.

- ¿Están reveladas a la antigua? – le pregunté.

- Sí, al parecer Isabelle nos salió anticuada – respondió, con cierto amargo sarcasmo que no se me pasó por alto.

- ¿En qué más te salió anticuada? – pregunté, sin mirarlo, apresando el tono de burla, que luchaba por escapárseme.

- Ya lo sabes bien – me contestó – y no quiero hablar de ello.

Era obvio que estaba molesto.

- Bien.

Me quedé observando las fotos, los juegos que se producían con la luz, los tonos purpuras que destacaban en el paisaje sin opacar nuestra imágenes, más bien fusionándose con ellas, creando una hermosa composición, que no había visto en otra foto nuestra antes.

Había imágenes de ambos, y en solitario de Tom y mías. En blanco y negro, sepia y color. Además de una nota escrita a mano, que me disponía a leer cuando Tom me interrumpió.

- La besé – me contó.

Y de pronto las fotos dejaron de interesarme. Creo que tuve que ordenar las ideas en mi cabeza, ya que no era la primera vez que Tom me contaba algo así, pero creo que sí era la primera en la que me sentía golpeado justo en medio del estómago.

- ¿Qué tiene eso de extraño? – le pregunté, dejando las fotos y la nota sobre la mesa

- Nada… - me dio la razón – lo extraño es que no sucediera nada…

Ahí pestañeé un par de veces.

- ¿Y qué tenía que pasar? – pregunté casi como un investigador, intentando captar todas las expresiones, para que no se me escapara nada.

- Lo de siempre Bill – habló como si fuese obvio.

Y yo ya comenzaba a cansarme de los acertijos.

- No te entiendo Tom – dije, mientras me ponía de pie, tomando nuevamente las fotos y la nota.

Tom me miró, y en sus ojos podía ver la incredulidad ante mis palabras, esa tan inmediata en él, cuando había algo que era innegable para él y al resto del mundo no nos decía nada.

Yo me encogí de hombros, insistiendo en mi incomprensión.

- Que siempre que las beso se entregan mansamente – concluyó.

Era inconcebible para él, que una chica no cayera en sus redes.

- No todas las chicas son iguales – le dije, sintiendo como algo en mi interior se bañaba de una cálida sensación de tranquilidad, mientras oprimía contra mi pecho el sobre con las fotografías.

- Pero la viste el otro día… - insistió – se divierte conmigo.

En ese momento me sentí mal de no animarlo. Quizás la chica le gustaba en realidad y no decir algo amable, o darle alguna esperanza, era alimentar mi egoísmo.

- Bueno Tom, dale tiempo… - me dolió el corazón al decir aquello.

Mi hermano arrugó el ceño.

- Quizás tengas razón – me concedió, mientras comenzaba una partida del juego.

Yo me fui después de eso hasta mi habitación. Extendí varias fotos sobre mi cama para verlas mejor. Tomé la nota y la leí, no había nada especialmente relevante en ella, hablaba simplemente de que podíamos pedir las copias que quisiéramos, y que esperaba que las fotos nos gustaran. Creo que leí la nota como tres veces, y luego me quedé mirando la forma en que se delineaban las letras, con dulzura.

Me enfoqué nuevamente en las fotos, pero a diferencia de cuando las dejé sobre la mesa, ahora había una que me llamaba poderosamente la atención. Una en la que me encontraba solo, la fotografía estaba hecha en blanco y negro, pero no eran esos los detalles que me impresionaban, si no la forma en que me encontraba mirando a la cámara. El corazón me latió con fuerza, recordaba exactamente ese momento. Cuando mientras Isabelle me fotografiaba mi mente me jugó una mala pasada, y me imaginé disfrutando de aquel mismo atardecer, en una situación muy distinta, junto a ella.

Continuará…

Pobre Tom, no entiende que alguien le pueda decir que no… jajajajajja… bueno, aquí tenemos un poco de lo que está experimentando Bill, del modo en el que se ha enamorado y ni siquiera se ha dado cuenta.

Espero que les vaya gustando la historia, de momento los capítulos no están demasiado centrados en la pareja principal, pero necesitamos de esto para que la historia vaya teniendo cuerpo.

Muchas gracias por todos sus mensajes, los disfruto mucho, y espero poder seguir contando con ellos.

Gracias por leer.

Siempre en amor.

Anyara