Lo seeee… me atrase como dos semanas con mis actualizaciones! Siempre me quejo de las escritoras que se atrasan y no me ha hecho ninguna gracia que yo lo hiciera ;( pido disculpas por la espera… estaba de viaje, sin computadora o como escribir así que no pude hacer nada… subiría los capis que me atrase pero mi imaginación tampoco hace milagros!
Al caso, aquí les traigo el nuevo capi y espero que les guste! Gracias por sus comentarios, fav y follows… sigo aceptando opiniones y puntos de vista… aunque no los responda son muy bienvenidos y agradecidos.
El próximo será el último capítulo, por lo tanto serán solo 5 capis.
Capítulo 4: ¿Los Vivos se Casan con los Muertos?
-¿Quién podría ser a esta hora?- gruño el huraño reverendo.
Despotricar contra la persona que toca a tu puerta a las tantas de la noche si quieres ser santo ¿verdad? Entonces debía ser que la santidad no estaba entre los 5 primero de la lista intereses del reverendo de Paris.
Gruño y gruño mientras hacia su camino hasta la puerta, aun en su ropa de dormir y alumbrando su camino con una vela. Volvieron a tocar con insistencia, molestándolo aún más; se obligó a respirar profundo y que la vena de su frente dejara de palpitar, antes de abrir.
Se sorprendió al ver al joven Agreste parado ante él, con el traje que había usado esa tarde durante el ensayo, un edredón sobre los hombros y completamente mojado por el agua de la tormenta que aun caía con fuerza.
-Señor Agreste ¿Qué hace aquí?- exigió con su típico humor.
-Tengo una pregunta, y solo alguien como usted podría responderla- el reverendo arqueo una ceja. Adrien parecía alterado y su voz temblaba levemente- ¿los vivos se casan con los muertos?
Sus ojos se abrieron como platos ante la cuestión que le planteaba el rubio, no todos los días alguien le llegaba con preguntas como esa. En realidad, en su vida nunca le habían dicho tal cosa. Recobro la compostura y dijo con voz seria.
-Es un tema muy oscuro para un futuro novio- considero las opciones un segundo y finalmente dijo- venga conmigo.
Y Adrien se había ido…
Corrección: ella había desaparecido y estaba de nuevo encerrada en el Inframundo, en el mismo lugar que partieron frente al atrio del anciano Fu. Quien, por cierto, los miraba con mucha curiosidad.
Nathaniel la soltó con brusquedad y se alejó algunos pasos, cuando la encaro, Marinette noto que en sus ojos ya no había ira. Solo tristeza y resentimiento.
-Me engañaste- reclamo el pelirrojo, su labio inferior temblaba- me mentiste para irte a encontrar con ese otro hombre.
-¿Es que no lo entiendes?- exclamo ella, en respuesta- ¡tú eres el otro hombre!
-Yo soy tu esposo ¡Él es el otro hombre!
Nathaniel comenzó a sollozar, pero no cayó ni una sola lagrima. Eso no hizo que Marinette se sintiera menos peor; le había roto el corazón por andar con sus panes de huida. A el ¡que siempre fue tan tierno con ella! La punzada que había sentido en el pecho constantemente desde que había llegado se volvió como una herida abierta en su corazón y no dejaba de dolerle.
Ni siquiera cuando uno de los orbes turquesa del muchacho salió volando y cayó al suelo. Nathaniel se inclinó, lo tomo y lo acomodo de nuevo en su cuenca.
Sin mirarla, y apenas susurrando, cuestiono:
-Es por mi ojo ¿verdad?
-No, no- ella busco su mirada- tu ojo es muy bonito, solo que…- busco las mejores palabras, para no meter la pata más profundamente- somos de mundo diferentes.
-Debiste pensarlo antes de casarte conmigo.
-Fue un error ¡jamás me casaría contigo!
La bofetada mental que se dio, fue tan fuerte que ahora le dolía la cabeza. Se sorprendió por su repentina insensibilidad, decirle algo así a Nathaniel era sencillamente cruel. El pelirrojo le lanzo una última mirada dolida antes de salir de allí.
Nathaniel sentía el corazón hecho polvo, Marinette había tomado su amor y lo había hecho pedacitos como si no importara. Tal vez él no la merecía, quizás no era lo suficientemente bueno y por eso ella prefirió al rubio muchacho vivo.
¿Y si casarse no era su destino? Nathaniel siempre soñó con encontrar a esa mujer que lo quisiera, con la cual casarse y ser feliz, pero ¿y si no estaba hecho para ser feliz?
Se dejó caer pesadamente en el suelo de una callejuela apartada y solitaria donde le gustaba pasar el rato. Comenzó a hurgar en sus bolsillos; del lado derecho del pantalón saco una peineta de plata con incrustaciones de diamantes.
-Algo viejo- del lado izquierdo saco un collar de perlas que perteneció a su madre- algo prestado- del bolsillo interior de la chaqueta tomo un brazalete que el había comprado- algo nuevo- y por último tomo la flor del ojal de su chaqueta- algo azul.
Su madre siempre fue supersticiosa y amante de las bodas; en cada ceremonia al que ella lo llevaba siempre la escuchaba decirle a la novia que necesitaría esas cuatro cosas para que su matrimonio fuera bien y vivieran felices. El nunca creyó mucho en eso, pero para estar seguros llevo consigo esos cuatro objetos esa noche para que su novia los usara cuando se casaran.
Obviamente, ella nunca los uso. Y ahora Marinette tampoco querría llevarlos. Suspiro con desilusión, guardando todo de nuevo, menos la flor que fue a parar al suelo luego de que el la tirara.
-Nathaniel, cariño- llamo Tikki, la arañita, llegando junto a Plagg- no estés triste.
-Si ella te rechazo, quiere decir que no es para ti- dijo Plagg, siendo amable por primera vez en muuucho tiempo- no vale la pena.
-Quizás ese chico sea mejor para ella… mejor que yo.
Ante la forma tan degradante en que se refería el pelirrojo a sí mismo, su compañía frunció el ceño.
-Lo único que tiene de especial es que vivo esta- dijo Plagg.
-Excesivo y sin valor- acordó Tikki- si ella solo pudiera ver lo especial que puedes ser.
-Si solo pudiera conocerte mejor- hablaron Tikki y Plagg a la vez.
-Pero respira.
La terquedad del muchacho los sorprendió. Si solo usara esa terquedad en algo más productivo…
-No para siempre.
-Tú eres gentil, tienes una grandiosa personalidad- ánimo la arañita.
Nathaniel al fin los miro, frunciendo el ceño.
-A ella le gusta ese tipo, el de corazón palpitante y rosadas mejillas.
-Un estado pasajero, efímero- replico Plagg.
-La muerte es el remedio que nos llega sin saber- le recordó Tikki.
-Si solo pudiera conocerte mejor- repitieron a la vez.
-Si me quemo con una vela no siento el calor, si un cuchillo me atraviesa no hay dolor- decía el pelirrojo, a nadie en particular. Eran palabras para desahogarse- mi corazón resiente, aunque no palpita siente- se llevó una mano al pecho, sus ojos cerrados- y el dolor que siento aquí, anda y dime que no es real, pero aún tengo una lagrima que dar.
En el frio del invierno de la superficie o el calor que irradiaba la ciudad subterránea de Paris, todo era igual para él. Sabía que estaba muerto, lo tenía presente más que nunca, pero su corazón aun sentía y sus ojos picaban por la tristeza.
Clavo su vista en el suelo, abrazándose a sí mismo, mientras una lágrima solitaria rodaba por su mejilla.
Annabella no era una persona conocida precisamente por su paciencia, por lo que no era extraño verla gruñendo y bufando mientras caminaba a la puerta de entrada. Era casi media noche y alguien golpeaba a su puerta ¿Quién demonios llamaba a su puerta tan tarde? Y claro, ella era la señora de esa casa y tenía que ser quien fuera a atender ¡pues si era un loco asesino que mejor se la cargara a ella!
Esos pensamientos solo la pusieron de peor humor, pero se consoló diciéndose que si se trataba de un asesino se mordería la lengua para no gritar. Ni loca le daría aviso a Gabriel para que huyera.
-¡Adrien!- su voz impregnada de sorpresa y enojo al momento de abrir la puerta y ver a su hijo forcejeando con el agarre que tenía el reverendo sobre él.
-Ha ido a buscarme para preguntarme sobre uniones profanas- explico el hombre, dándole un al muchacho para que entrara.
Gabriel apareció en la escalera, habiendo escuchado ya el breve intercambio. Chasqueo los dedos, Nathalie y el mayordomo se acercaron a Adrien y comenzaron a tirar de el hacia su habitación.
-¡No, suéltenme!- el rubio se removió con más fuerza- ella me necesita, tengo que encontrarla- por la desesperación en su voz, pensaron seriamente que había enloquecido- ¡Nathalie! Nathalie, tú me crees ¿verdad?
Ella no respondió, llena de genuina preocupación. Con mucho esfuerzo lo hicieron subir las escaleras.
-Cierren todas las puertas y ventanas- ordeno Annabella, se giró al reverendo- gracias por traerlo.
Este solo asintió y se fue.
Gabriel y Annabella se miraron, seriamente angustiados: su hijo se habia vuelto loco ¿ahora que chica adinerada se querría casar con él? ¡Su familia caería en una completa bancarrota! Un suspiro triste a sus espaldas llamo su atención.
-¡Esa Marinette es una tonta!- exclamo Lila- romperle el corazón a Adrien- otro suspiro- si fuera yo su prometida…
Se calló de golpe, pero ya había dicho todo lo que los Agreste necesitaban escuchar. Ellos podrían ser unos monetariamente interesados hipócritas superficiales, pero eso no los hacia tontos. Al contrario. No tardaron en hacer un nuevo plan de acción: solo tenían que casar al mentalmente desorientado de su hijo con la bella italiana para salvar el renombre de su familia.
Solo había que ver a la muchacha: suspirando con ojos de borreguito a medio morir hacia el lugar donde se había ido Adrien, estaba emocionalmente interesada al parecer. Y mirando un poco más allá, Lila llevaba el título de lady porque seguramente era hija de alguien muy importante allá en Italia, lo que se podía traducir en "mucho dinero".
También la delataban sus ropas de alta costura, sus finos accesorios y los exquisitos modales que mostraba en cada momento. Estaban seguros que lady Lila sería una mejor Agreste de lo que jamás lo seria Marinette Dupain-Cheng.
En las últimas 20 horas aproximadamente la voluntad de Adrien había crecido como arroyito en época de lluvias, rugía en su interior dándole fuerzas para tratar de forzar la cerradura de las puertas del balcón. Sin mucho éxito, a decir verdad; los actos de vandalismo nunca fueron lo suyo.
Mientras seguía en sus intentos, las puertas de su habitación se abrieron. Gabriel y Annabella entraron con el mentón en alto como siempre.
-Tenemos buenas noticias- dijo el señor Agreste con bastante indiferencia- si habrá boda.
El aire se le escapó de los pulmones y una sonrisa nerviosa se dibujó en su cara. Una chispa de esperanza brillo en su pecho.
-¿En serio?- estaba sin aliento- ¿la encontraron?
-Oh, no- Annabella respondió, con una mueca despectiva- no te casaras con Maribelle.
-Marinette- corrigió e rubio, apretando los dientes.
-Trata de dormir bien- su padre bostezo- mañana será tu boda con Lady Lila.
Las quejas de Adrien no se hicieron esperar, pero sus padres solo la miraron, ignorando sus palabras.
Al otro lado de las puertas, fuera de la habitación, la nueva prometida del Agreste tenia lo oreja pegada a la puerta divirtiéndose de lo lindo. Le pareció muy gracioso escuchar a Adrien poner todas sus objeciones por la boda. Sin poder resistir más, salió corriendo de allí, alejándose por el pasillo para poder reír en paz.
¡Lo que había que ver! Solo con tener una cara bonita ya había conseguido esposo, Annabella y Gabriel debían odiar a su hijo si no les importaba un comino con quien lo prometían. Colgando en una pared vio un cuadro de Adrien, muy guapo y con una tímida sonrisa; paro frente a él, deslizando el dorso de la mano por el apuesto rostro de la pintura.
-Mi querido Adrien- suspiro con lastima, pero una sonrisa para nada inocente se extendía por su cara- no tendrás que sufrir, me asegurare de que esto termine pronto.
Si las miradas mataran, Sabine tendría varias cadenas perpetuas ya.
No podía creer su suerte, cuando al fin había conseguido esa anhelada oportunidad de pertenecer a un círculo social más alto, va su hija y lo arruina todo. ¿Cómo se le ocurría a esa niña perderse así? ¿y cómo podía perderse así en una caja de zapatos como Paris? Verdaderamente Marinette hacia milagros en los momentos más inoportunos.
Niño, su cochero, volvió a toser escandalosamente. ¡Lo que le faltaba! Ahora tenía el riesgo de contraer esa horrible enfermedad cualquiera-que-sea. ¿No podía contenerse de toser…quizás… un par de horas hasta encontrar a Marinette?
Una campanilla comenzó a sonar y a la distancia divisa al hombre gordo de uniforme azul, aunque estaba lejos lo escucho fuerte y claro:
-Adrien Agreste se casara mañana con una desconocida extraña- anuncio- Marinette Dupain-Cheng se casó con el cadáver de otro hombre.
-¿Dijo cadáver?- dudo Tom, sentado junto a ella.
-No seas ridículo, Tom- regaño Sabine- ¿Qué cadáver querría casarse con nuestra hija?
¡Las tonterías que tenía que escuchar! Ahora debía preocuparse únicamente por encontrar a esa muchachita y arreglar la situación.
Nino volvió a toser.
-¡Nino, deja de hacer tanto ruido!- de repente el carro dio un brinco, pasando sobre alguna roca, seguramente- ¡Nino! ¿Acaso quieres matarnos?
Lo que necesitaba, un empleado tonto ¿algo más podría salir mal?
Marinette estaba bastante triste a decir verdad. Nada habia salido bien ese dia; ahora no solo le afligía el no poderse casar con Adrien, sino también haberle roto el corazón a Nathaniel. Luego de todo lo que le habia pasado con esa mujer antes de morir… definitivamente, la que parecía tener el corazón muerto era ella.
Unos ladridos a su espalda la hicieron girar, Noru se acercaba corriendo y meneando la cola alegremente. El cachorro se acerco hasta sus pies y dejo algo en el suelo: una flor de color azul, con los petalos marchitos. La flor que Nathaniel llevaba en el ojal de su chaqueta.
¿Era idea suya o el perro le decía que fuera a hablar con el? Fuera una señal o no, igual hablaría con Nathaniel. Con la flor sujeta suavemente por el tallo, se encamino a buscar al pelirrojo. Noru la ayudo, guiándola por el confuso laberinto de calles, callejones y avenidas de esa Paris subterrana.
Mientras caminaba, comenzaba a preocuparle lo natural que todo ese lugar y sus habitantes le parecía ahora; tal vez se debía a que ahora sabia lo que habia después de la muerte y cuando su hora llegara podría estar mas tranquila sobre que esperar.
Encontró al muchacho sentado de espaldas a ella, frente a un piano, tocando una suave y triste melodía. Ella se acerco con cuidado, para no molestarlo y se sento junto a el.
Nathaniel la ignoro, girando la cara un poco mas para no verla. El gesto le dolio un poco a la pelinegra, pero ella habia ido hasta allí para arreglar las cosas, aque sea un poco, por lo tanto no se rendiría tan fácil.
Posiciono sus dedos sobre las teclas y presiono con buen ritmo, siguiendo la melodía del chico pero de una forma mas alegre. Nathaniel fruncio el ceño, un poco molesto, y respondio con una tonada fuerte y elegante. Marinette lo vio como buena señal y volvió a tocar; pronto se dio cuenta que el pelirrojo le respondia como si de un reto se tratara y asi el intercambio continuo hasta que, entre melodía y melodía, ambos interpretaron la misma música como si fueran uno solo.
El ya no la ignoraba, ahora le sonreía y daba miradas divertidas cuando Marinette erraba una nota. Cuando la oji azul casi no podía mas, la mano huesuda de Nathaniel se safo de su lugar y siguió tocando sola el piano, hasta terminar en el brazo de Marinette subiendo hasta su hombro con sus dedos moviéndose en una simpática caminata.
-Lo siento- le dijo el pelirrojo- soy entusiasta.
-Me gusta tu entusiasmo- respondio ella, con una risita, tomando la mano y poniéndola de nuevo en su sitio.
Se quedaron asi unos segundos, mirándose a los ojos y sonriendo, sin ninguna incomodidad o tensión entre ellos. Entonces unas campanadas se esscucharon por todo el lugar, sobre saltándolos.
Ambos se pudieron en marcha, directo al bar. Lugar al que Marinette no tenia muchas ganas de volver con todos sus muertos ebrios y sus copas de veneno. Fuchi. Peeero… esas campanadas sonaban bastante urgentes, y Marinette siempre habia sido curiosa al extremo. Nada mas pasar la puerta de entrada escucharon el alboroto. Una frase resonaba con mucha frecuencia:
-¡Uno nuevo!
-Llego uno nuevo.
¿Uno nuevo? ¿se referían a un nuevo habitante del Inframundo? Marinette dudaba que se tratara de un nuevo trago de ese extraño bar. Intrigada, camino entre los muchos muertos que se habian reunido, formando un semicírculo junto a la barra.
Vio de espaldas a un hombre con sombrero de copa y ropa grande vieja, alto y de silueta delgada. Se habia criado con el, lo reconocerá donde fuera.
-¡Nino!- llamo la pelinegra muy contenta, olvidando donde estaba y como llegaban normalmente las personas al subterraneo Paris- Nino, que gusto me da verte…
La voz de Marinette muro en su garganta, la sonrisa que reflejaba su felicidad desaparecio y sus ojos cielo se empañaron de lagrimas. Sin embargo, Nino le sonreía sin fijarse en la conmocion de ella. No parecía darle importancia a su piel palida, fría y corazón no palpitante.
-Lo siento- dijo ella con voz extrangulada.
-Oh, tanquila- Nino rio un poco, con su buen humor de siempre- ahora estoy mucho mejor.
Como demostración, tomo una larga y sueve respiración por la nariz, dejando claro que sus pulmones estaban libres de obstrucciones. La oji azul se calmo, era bueno ver que Nino se habia tamado bien si nuevo condición… por decirlo de alguna forma.
-¿Qué ha pasado allá arriba?- pregunto en voz mas baja, esperando que Nathaniel no la escuchara.
Quería arreglar las cosas con el pelirrojo, ser amigos quizá, pero el Agretes rondaba insistentemente su cabeza y espera oir alguna noticia de el.
-Ah, bueno sus padres la han estado buscando toda la noche- dijo Nino, su atención se desvio a una bebida que le ofrecían. Agrego, mucho mas distraido- y el joven Adrien se casara con una lady no-se-que- al ver que usted no volvia, los padres del chico no quisieron desperdiciar el pastel.
Marinette se pasa una mano por el rostro, palideciendo notablemente; se formo un nudo en su garganta y no pudo articular palabra, se reprendio por eso y, por el orgullo que aun poseía, se prohibio llorar. Pero era difícil luego de haberse imaginado una vida con Adrien: a sus tres hijos, Emma, Hugo y Louis; al hámster y a su futuro perro. Ella diseñando ropa y el manejando la panadería de sus padres. Fueran sido muy felices.
Con el corazón roto, dio media vuelta, hacia la salida.
-Marinette, espera- la llamo Nathaniel, muy angustiado- ¡Marinette!
Bueno, contrario a lo que dije halla arriba, voy a contestar algunos comentarios… generalizando un poco, sin especificar.
Primero que nada, a mi también me encanta esta película, es una de mis favoritas y su director es condenadamente creativo también… me encanto la idea de adaptarla con Miraculous… aunque no entendí bien porque colocaría a Felix como el novio… es que yo de verdad no sabia de la existencia de Felix hasta hace unos días, pero eso no lo sabían. Ahora lo conozco, pero sigo pensando que Nathaniel el adorable y queda bien con la personalidad de la novia… aunque probablemente agrege a Felix a una de mis historias.
A mi también me encanta Nathaniel, no es uno de los personajes que mas aparece pero se puede trabajar tan bien con el, es muy lindo… pero siempre voy a preferir el Adrienette… son mi pareja predilecta sean sus alter egos o no… pero sobre gustos no hay quien mande y cada quien a si manera ;D
Y sobre Lila, bueno, ella puede ser perfectamente la perra malvada de cualquier fanfic… depende de la escritora y la historia, a mi me parecía perfecta para esta… Chloe también fue una opción como por dos minutos, pues ella tiene un carácter mas caprichoso y es algo tanta… Lila se ve mucho mas inteligente y calculadora… es chévere como la mala, me parecio para esta adaptación. Me alegra saber que también les haya gustado ;)
Terminare pronto la historia si Dios quiere y espero que la disfruten… pronto subiré una nueva de esta pareja que tanto me gusta pero basándome un poco mas en Ladybug y Chat Noir… también será corta, o eso creo yo, y se llamara "Nightmare"… espero que puedan leerla XD :D…
Hasta luego!
