Esta historia fue escrita y subida a Fanfiction entre febrebro del 2012 y agosto del 2013, con otro nombre de usuario. Obra registrada en Safe Creative el 6 de julio del 2013, código 1307065389071. -OBRA EN EDICIÓN 2017-


Capítulo 4

La maldita mocosa guarda un religioso silencio la mayoría del tiempo. Los pocos días que llevaba aquí al menos así lo fue, sin embargo, a solas conmigo su lengua parecía tener vida propia. Me molestaba a niveles colosales sus comentarios. Su mente perspicaz adivinó mis intenciones con ella, o se me notaba demasiado las ganas de tenerla. Esto no es por otra cosa más que demostrarle quien es el que manda. Debe tener respeto por la autoridad, disciplina. Se la enseñaría para luego burlarme de ella, como lo hacía siempre que la razón se me era dada.

Esme tenía organizada una cena para Isabella. Sin darnos cuenta habíamos pasado casi el día juntos. De aquí para allá, paseando y dando vueltas.

Nos encontramos con el salón de baile adornado con cintas, flores, velas, hasta una orquesta. Alice saltaba para todas partes, estaba en su salsa. Mientras las mujeres se ocupaban de atormentar a Isabella, Carlisle nos llamó a una reunión exprés. Me encaminé hacia su despacho. Emmett ya se encontraba allí, Jasper llegó seguido de Carlisle. Tomó posición en su escritorio, nosotros en las sillas alrededor de él.

—Hijos, ustedes saben bien que de un tiempo a esta parte las cosas se han complicado más de lo debido. El Bastardo está pendiente de nosotros. Félix es buen combatiente, un poco obvio, pero letal. Hace dos días irrumpió un desembarco de armas, tuvimos cinco bajas. La persecución a la llegada de la señorita Dwyer; tres más. Prácticamente perdimos una línea de Diez. Black está adiestrando a más soldados, pero esta situación no puede seguir así. Esas armas eran necesarias para nuestros negocios, ahora debo responder a nuestros socios. Tienen su confianza puesta en nosotros, su seguridad. Necesito a alguien que esté cien por ciento en esto, yo no tengo cabeza para este tipo de negocios, no como antes. La seguridad armada es por la cual nos sustentamos. Tenemos una base de protección a varias familias, todas amigas, y por el ataque de Vulturi perdimos la mitad de cargamento. No es dinero lo que se perdió, sino respeto y confianza. ¿Qué pensarán de nosotros si no les entregamos lo que les prometimos? Ellos, al igual que nosotros, se ven en constante peligro por sus enemigos. Nuestro suministro es importantísimo para su sobrevivencia.

—Eso lo tenemos claro padre —Emmett le aseguró serio.

—Me alegra mucho que estén conscientes de cuáles son las bases con que se rige nuestra familia. Es por eso que tengo que pedirle a uno de ustedes que esté a la par conmigo… que comience progresivamente a tomar el mando, que guie a la familia como yo lo he hecho desde hace treinta años…, desde que su abuelo Vincent me lo ordenó.

Miré a Jasper, pero Carlisle tenía su vista fija en mí.

—Edward.

— ¿Yo?

—Por supuesto.

—Ese es el lugar de Jasper. Estaba dicho.

—Si bien Jasper es un integrante más y su familia es aliada de la nuestra, necesito que un Cullen encargue. Emmett está a cargo estrictamente de los negocios, es bueno en eso y no lo quiero sustituir. Tú siempre has estado ligado a la seguridad, trabajando a la par con Black, pero ese es su lugar, a ti te corresponde este. Servir junto a tu padre, guiar a la familia, protegerla —él no aceptaría un no como respuesta, pero yo no quería, no era lo mío. Yo necesitaba estar afuera, sentir la adrenalina del combate, las armas cantar su canción de muerte y sangre. Mi brazo era uno con el fusil, la extensión de plata me hacía sentir poderoso. La decisión entre disparar o no el gatillo, la existencia de otros en mis manos. El amo de la vida—. Hijo, recuerdo haberte dicho que no te haría tomar este cargo hasta después que solidificases tu matrimonio, pero nuestra actual situación nos precipita a actuar. Debemos ir un pie primero, el segundo es la muerte.

—Lo acepto padre. Protegeré el honor de la familia —se levantó y me abrazó, luego depositó dos besos, uno en cada mejilla. Emmett y Jasper, quienes permanecieron en silencio, me abrazaron también.

—A partir de la próxima semana estaremos bajo tus decisiones. Debes comunicarle a Black, ya que esto lo deja trabajando solo, por lo tanto, será ascendido. Y ya no estarás cuidando a la señorita Dwyer, debes encargarte de…

Dos pequeños golpes nos sobresaltaron. Nunca se nos interrumpía en una reunión. Alice abrió la puerta y metió la cabeza con vergüenza. —Lamento la interrupción, pero es mamá —Carlisle se petrificó en su sitio, mientras tanto yo salí disparado hacía la puerta.

— ¿Qué pasó?

—Creo que se descompensó.

— ¿Dónde está ahora?

—Le han subido a su habitación.

— ¿Hace cuánto?

—Minutos, oh Edward, estoy preocupada —me adelanté, subiendo corriendo las escaleras.

—Edward —murmuró Esme apenas sintió que entré.

—Aquí estoy —me acerqué hasta su cama—. Alice ve por nuestro padre.

—No es necesario, estoy bien, debemos ir a atender a Isabella, que vergüenza —contestó ella con un hilo de voz.

—No te preocupes, ella lo tendrá que comprender. Alice —apremié.

—Sí, ¡ya voy!

—Debemos tomarle la presión.

—Cariño no te preocupes, es el cansancio. Sabes lo perfeccionista que soy a la hora de hacer alguna cosa —por lo mismo lo evitábamos a toda costa. Nada de celebraciones ni mucho menos, nada elaborado. Su corazón no resistía ese tipo de desgaste, menos conociéndola.

— ¿Cómo estás? —Carlisle traía el estetoscopio y el esfigmomanómetro.

—Cielo, ¿tomaste tu medicación?

—Sí, no me vengas a regañar.

—Claro que no amor. Veamos como tienes la tensión.

— ¿Y? —Alice preguntaba.

—Bien, un poco baja, pero en los parámetros normales. Fue la agitación, tendrás que descansar cariño.

— ¿Pero Isabella? Es su cumpleaños…

—Vida, deja eso en las manos de Alice, tus hijos se harán cargo, tú despreocúpate. Bajemos, dejemos a su madre descansar.

Me acerqué y deposité un beso en su frente.

—Edward, entrégale en nombre mío el regalo, está en la oficina personal de Carlisle.

—Como usted guste —le sonreí y salí del cuarto.

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Vi a Isabella en el salón en compañía de Rosalie, apenas me vio preguntó por Esme.

—Está bien, gracias por la preocupación.

—Mi madre te envía una disculpa —Alice se apresuró a decir.

—No tiene por qué, espero que se recupere.

—Gracias, si gustas vamos por el pastel.

Jasper le había dicho a su esposa que adelantase todo, para no extender más esto y que Esme se quedase tranquila. Ella aceptó de mala gana, además Isabella no parecía disfrutar en nada la celebración. Si estaba aquí era por mera cortesía. Alice alzó unas copas con champaña y trozo el pastel.

—Gracias, no debieron tomarse esto como obligación.

—De nada, hacía falta algo de fiesta, este lugar parece más un funeral, siempre trabajo y enfermedades — ¡Alice y su incapacidad de mantener la intimidad!

—Bien, bien, será mejor que dejemos a Isabella descansar, ella tendrá planeado otra cosa, ya que aún le queda día —Jasper como siempre calmando la situación.

Recordé el regalo de Esme. — ¿Isabella podrías acompañarme un minuto? —me concedió una mirada asesina.

—Para qué, estoy cansada.

—Sólo tardará unos minutos —me siguió en silencio hacía la oficina de Carlisle.

—Pasa, sólo vengo por tu regalo.

—Ah ¿y es verdad? ¿No tengo que observar nada o es esotérico y contemplaremos las estrellas? —era tan infantil, me cabreaba y me excitaba.

Busqué una caja pequeña en el escritorio, alguna joya.

—Ten, en nombre de la familia —se lo entregué en las manos. Sus manos cosquillearon mi piel—. Tienes un fetiche por los guantes —traté de que sonase como comentario, pero fue más a pregunta.

—¿A qué viene la pregunta? —Arrugó el entrecejo.

—Recuerdo haberte visto con guantes cuando llegaste y ahora no dejo de imaginarte con ellos…desnuda sólo con esos guantes —le volví a acariciar el dorso de la mano, ella no se resistió.

—Tienes una imaginación muy torcida.

—Bastante —concluí acercándome hacia su boca.

—No te esfuerces —susurró, acariciando con su aliento mis labios.

— ¿Por qué no puedes mantener la boca cerrada? Te ves mejor.

— ¿Y perderme la satisfacción de que te enfades?

—Eres una niña caprichosa.

—Como diga Gánster idiota —dio media vuelta, pero no dejé que se fuera, la tomé por el codo y la tiré hacía mí.

—¡Te dije que no me llames así!

—Y ¿qué me harás? —soltó la caja que tenía en la mano, y comenzó a acariciarme el torso, desabrochando los botones y tirando la chaqueta hacia atrás.

— ¿Algo así? —le tomé de las muñecas mirándola fijamente. El chocolate líquido poseía una chispa de deseo.

—Eres solamente palabras —me encaró.

— ¿En realidad quieres saber que te haría? —se encogió de hombros.

—Ya lo sé —me dio la espalda. Le seguí. Se detuvo en seco y choqué de golpe contra ella.

— ¿Ah sí? —le desafié para ver hasta donde llegaría. Su espalda se apegó más a mi pecho. Con sus manos bordeo mi cintura, desabrochó el pantalón. Agarrándose de mí levantó una pierna, con la cual me empujo. Una risa estúpida se me escapó. Luego con el tacón de su zapato comenzó a acariciar el borde del pantalón, bajándolo lentamente junto a mi ropa interior.

La agudeza del tacón finísimo confería adrenalina a la situación, pues ella podía perfectamente enterrarlo en mi miembro que comenzaba a reaccionar a su toque. Una vez dejándome al descubierto. Se agachó.

—Podré aparentar ser inocente, pero no lo soy —presionó levemente su tacón en uno de mis testículos.

— ¡Mierda!

—Sé con certeza lo que quieres. Lo acabo de comprobar. ¿Quién es el niño ahora? —recogió la caja y se marchó sin voltear a verme. Dejándome en el suelo lleno de cólera, dudas y una excitación que incrementó a medida que la rabia me tomaba.


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Gracias por leer y comentar (: