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Capítulo 3
Inocencia
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A Leni le pareció que el consultorio del doctor estaba muy frío. Intentó encoger un poco su cuerpo sobre el diván mientras miraba alrededor con muchas dudas. Le pareció una habitación pequeña con paredes blancas, un librero y una mesa frente a ella, no podía ver ni un tapete o ventana. Era un cuarto cerrado cuya única entrada también era la única salida.
A Leni no le gustaba estar ahí.
Rita le había dicho a Leni que sólo tenía que responder a las preguntas del psicólogo, un hombre raro que se dedicaba a curar mentes. Hasta ahora Leni no sabía que las mentes también se podían enfermar, pero parece que es lo que pasó con la de Lincoln… a Leni le gustaría que Lincoln volviera a ayudarla a confeccionar ropa, o por lo menos poder leer comics juntos con él. Su hermano pequeño ya no hacia ninguna de esas cosas.
-Algo que me dice que eres una Mary Poppins rubia.
Entonces estaba el psicólogo: el hombre encargado de curar mentes… aunque a Leni no le parecía muy agradable con ese cigarrillo en la boca y mirándola fijamente, aunque no le pareció la misma mirada que le daban todos los chicos en la escuela. La mirada de Albert ponía a Leni más nerviosa que eso.
-No me gusta estar aquí –Leni murmuró mientras acariciaba sus manos.
Albert retiró el cigarrillo de su boca y lo dejó en el cenicero –A mí tampoco me gusta tenerte aquí, Leni Loud, pero si quiero que al menos una de ustedes se dé cuenta de que la cagó como nunca entonces tengo que soportarlas a las cinco más otro citatorio en la corte, pero como voy a renunciar el próximo mes se la pueden meter su denuncia por el culo.
-…E-esa fue una mala-
-¡Sí me vienes con que dije una mala palabra te arrojo por la ventana, Leni Loud!
Leni se guardó las palabras muy dentro de la garganta. Fue en ese momento cuando volvió a ver a su alrededor y se atrevió a hablar –P-pero… no hay ventanas.
-La habrá cuando termine contigo, insulto para todas las rubias con cerebro.
Leni bajó la mirada y se quedó callada. La adolecente de dieciséis años sólo quería regresar con su madre y hermanas, quizás apoyar un poco a Lori, en el poco tiempo que estuvo con ella afuera se la veía muy desanimada y deprimida. El Sr. Lynn estuvo a punto de meterse en el consultorio de Albert, pero terminó siendo Lori quien lo detuvo y finalmente le dijo a Leni que tuviera cuidado con lo que decía.
Había sido todo muy raro.
Todo esto era muy raro. ¿Qué era eso de que le habían hecho daño a Linky? Leni podía no ser muy lista pero sabía cuándo algo en sus hermanos estaba mal, especialmente en Lincoln. ¿Qué había pasado con su hermano y por qué nadie se había dado cuenta? ¿Por qué ella no se había dado cuenta? La respuesta le pareció clara.
-Porque soy una tonta.
-Ahora mira Leni Loud, no pude evitar darme cuenta de que tus padres son un grupo de idiotas que no pueden pasar cinco minutos sin cagarla de alguna forma –levantó sus manos hacia ella –, por otro lado no los culpo, con once hijos sería imposible sobrevivir sin pasarse hasta los fines de semana rompiéndose la espalda para luego tener que romperse lo poco de cerebro que tienen en resto del día –. Se acomodó en su silla y regresó el cigarrillo a sus labios.
-Oiga –Leni se puso de pie. No le gustó el modo en que Stimbelton había llamado a sus padres–. ¡Mí padres son buenos!
-Tus padres creen que una niña de cuatro años ganará un premio nobel con la popó –Albert suspiró antes de sacar su celular de su bolsillo –. Ahora necesito que veas algo, me es más rápido que gastar tres horas en explicarte los conceptos más básicos de los conceptos básicos de la historia de la abejita atrevida y la flor depravada que no podía decir que no.
Leni nunca había sentido desagrado por nadie. Leni se había sentido ofendida, molesta e incluso furiosa con muchas personas, como Lori, pero nunca había sentido lo que sea que estaba sintiendo ahora por las palabras del hombre frente a ella. Sólo podía describirlas como una extraña comezón en el estómago que crecía para convertirse en puntadas que le atravesaban las entrañas y se movían hasta el pecho para luego regresar al estómago de forma aún más fuerte. Simplemente no encontraba otra forma de describirlo.
Era como cuando le daba dolor de estómago, pero en lugar de que Leni quisiera presionar su pancita lo que sentía era ganas de agitar sus brazos muy fuerte contra algo.
Leni llegó a la conclusión de que el hombre frente a ella no le caía bien.
-No me cae bien –lo dijo en voz alta.
-Y yo quiero pegarte un tiro, Leni Loud. Estamos iguales –. Albert le arrojó su celular mientras un video se reproducía –. Disfruta el espectáculo.
Leni tomó el celular en el aire y se dio cuenta de que el video que se reproducía era algo raro –. Hey, ¿Cómo un hombre atado a una cama va a curar mi mente? –Leni levantó una ceja mientras miraba fijamente la pantalla del celular.
-¿Quién se cree ese ese sujeto, Lynn? –Rita mencionó mientras se mantenía parada frente a la puerta del psicólogo –. Primero nos insulta y luego se atreve a quedarse sólo con nuestras hijas y decirles quién sabe qué. ¿en qué estaba pensando al regresar? –Rita no quería hacerlo, pero era el único al que le podían pagar tomando en cuenta los gastos que tenían que llevar a cabo cada mes en una familia trece integrantes –. Ahora entiendo porque era el más barato… si no se llamara igual que mi padre… -la principal razón por acceder al psicólogo más barato, Rita lo había visto como una señal.
-Tranquila Rita –Sr. Lynn se acercó a su esposa y puso una mano sobre su hombro –. Ya verás que todo está bien. Dudo mucho que se atreva a decir o hacer nada raro con Leni, ella es… bueno Leni –. Se avergonzó un poco de que no pudiera decir mucho de su segunda hija mayor, Lynn tenía esperanzas de que la pureza e inocencia de Lynn fueran respetadas.
-Deberíamos darle una buena patada y largarnos de aquí –Lynn Jr. murmuró –. ¿Cómo va a decir que una de nosotras se atrevió a violar a Lincoln? Apuesto que no es más que un pervertido que busca que le den una patada en los-
-Sí terminas esa palabra puedes despedirte de los deportes el resto del mes, señorita –. Rita le gritó sin despegar los ojos de la puerta del psicólogo.
-¡Mmh! –Lynn se cruzó de brazos mientras miraba hacia otro lado.
-…Pero puede que… -Lori murmuró.
-¿Qué pasa hermana? –Luna se desprendió uno de los audífonos del oído. La Loud amante de la música parecía haber pasado la mayor parte del tiempo escuchando sus bandas favoritas, pero no era ajena a lo que estaba sucediendo y tampoco le faltaba la indignación.
-Nada –se apresuró a responder –. Sólo me siento un poco asfixiada aquí dentro.
-¡Tampoco podrías estar asfixiada afuera! –Luan saltó de detrás de Lori alterando a la Loud mayor más con su risa que por la sorpresa –. ¿Entiendes? ¡Jajaja!
-¡Deja de hacer eso Luan! –Lori le gritó con demasiada fuerza, no había tenido el mejor de sus días, y no dejaba de sentir la necesidad de utilizar su teléfono, uno que ya no existía.
-Cálmate hermana –Luan levantó las manos y retrocedió para mantenerse a una distancia segura de Lori –, no sufras un ataque de celubstinencia ¡jajaja!
Lori sólo suspiró. Había tenido que trabajar muy duro por ese celular como para que ese infeliz de Albert se lo destrozara como si nada.
La puerta del consultorio se abrió… pero lo que salió no parecía ser la misma Leni que había entrado.
La chica que salió por la puerta tenía la piel pálida y los ojos muy abiertos y sin pestañar mientras se movía haca adelante con la espalda demasiado recta y sin coordinar correctamente sus brazos y piernas.
-¡Leni! –Rita corrió hacia su hija –. Mi pobre bebé, ¿Qué te pasó? –la abrazó con fuerza mientras veía detrás del hombro de su hija –. ¡Usted! ¿Qué le hizo a mi hija? –le gritó a Albert.
Albert sólo se encogió de hombros –. Sólo le mostré un poco de lo que a tenido que vivir su hijo –respondió como si no fuera nada grave –, y ya de paso le enseñé lo que las chicas como ella pueden sufrir si siguen siendo tan jodidamente ingenuas y le hacen caso al primer hombre que les ofrece llevarlas a casa sólo porque les regaló helado un mes entero al salir de la escuela.
-¡Maldito enfermo! –Fue el turno de Sr. Lynn de gritar mientras pasaba junto a su esposa e hija y se acercaba amenazadoramente a Albert –¡¿Qué fue lo que le hizo a mi hija?!
-¿Es qué no me escuchó? Además de estúpidos ciegos también son sordos, que sorpresa –Albert rodó los ojos mientras se acercaba a su escritorio por su cigarrillo –. Que pase la que se cree que con una vida de reventón entre el sexo, las drogas y el alcohol le darán un billete al estrellato.
-¡No! Nada de eso. Todo esto se acabó maldito enfermo, y agradezca que no le doy una golpiza aquí mismo.
Albert se relamió los labios y le sonrió –Si algo e comprobado es que los hombres de esta familia sólo pueden quedarse ocultos en un rincón mientras rezan a cualquier Dios o estrella fugaz por un buen par de pelotas. ¿Dejará entrar a la futura mesera de cafetería?
-Nos vamos de aquí, y recibirá noticias de mi abogado, maldito enfermo.
No se necesitó más para que la familia se marchara del consultorio mientras algunas de las chicas trataban de controlar a Lynn de regresar y darle su merecido a ese psicópata.
Leni estuvo callada todo el viaje de regreso a casa y ni siquiera pareció capaz de parpadear mientras miraba fijamente por las ventanas de la Van. Ninguno de ellos se atrevió a preguntarle que había visto en ese consultorio.
