Algunas horas luego del pequeño incidente, agradecía mentalmente el hecho de que ninguno de los bomberos dijese nada al respecto, tan solo se habían concentrado en la recuperación del teniente dejando en un segundo plano la preocupación que sentían ante la presencia de aquella extraña en la habitación. Porque para ellos, Aria era una extraña que apreció sin aviso en sus vidas para entrometerse en su familia.
Y ellos no podían culparlos por eso.

Pero las cosas parecían ir por buen rumbo, los bomberos bromeaban de tanto en tanto, tratando de no hacer reír demasiado a Casey y que terminase quejándose de dolor, incluso Aria fue capaz de reír con algunas de las bromas.

Hubiesen estado más tiempo de no ser porque el deber los llamaba.

Se despiden del rubio y le dirigen unas miradas compasivas a ella, espera a que todos se hayan ido de la habitación y quedan los tres juntos por unos momentos.

—Ve—le pide el teniente mientras sonríe suave.
—Estaremos aquí esperando por ti—le besa la mejilla y regresa al lado de la cama que ocupaba Casey. Y, así es como logra volver al trabajo.


El turno terminó y él estaba tan cansado que no sabía cómo lograría llegar a salvo al hospital pero debía hacerlo además, no había olvidado aquella conversación pendiente que tenía con Shay, lo más seguro era que la rubia no esperase mas y le preguntase algo una vez que hubiese llegado a casa.

Entra a la habitación donde descansaba el bombero y le recibe un despierto Matt que acariciaba suave el cabello de Aria, la cual estaba profundamente dormida. Se acerca y queda sentado en la silla a un lado de la cama.

—Hey—habla suave a modo de saludo y posa la mirada por momentos sobre la chica—¿Cómo estás?
—Estoy bien—alza la mirada y le contempla con atención, tenía mejor semblante que cuando había llegado y eso le tranquilizaba en demasía.
—Matt—le llama suave y no puede ocultar más la creciente preocupación que había dejado a un lado los últimos días. El sabía que debía mantener la postura para que así Aria se sintiese un poco más confiada ante todo lo que estaba pasando pero no podía olvidar que al él también le preocupaba y le destruía la idea de perder a aquel a quien más quería, al igual que Aria, él no sabía qué hacer sin ese rubio temperamental.
—Lo sé Kelly, lo sé—le toma de la mano y quedan en silencio unos momentos. Entre ellos no eran necesarias demasiadas palabras, con el paso del tiempo ellos había logrado esa maravillosa habilidad de comprenderse en tan solo gestos y con la llegada de Aria a sus vidas, todo había sido de una forma más intensa.

Ellos se conocían desde hace mucho tiempo, habían sido muy buenos amigos y hasta habían sido candidatos juntos, fue cosa de tiempo para que entre ellos ocurriese algo mas que meramente fraternal o amistoso, era simplemente inevitable y gracias a Aria, esos sentimientos se habían intensificado de forma gradual pero no todo podía ser color de rosa.

Habían sido aceptado en sus trabajos, convivían juntos, los tres en el departamento que ahora le pertenecía a Aria, habían acordado dejarlo a su nombre; pero poco después de que los admitieran cayeron en cuenta que no sería fácil.
Aun cuando habían trabajado duro para llegar a donde estaban, en aquellos momentos ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarlo por una relación y fue desde allí que todo comenzó a irse en picada.

Pero nada de eso importaba ya, aun cuando el contacto entre ellos hubiese disminuido eso no significaba que sus sentimientos hubiesen cambiado o desaparecido.
Era cierto, cada uno tomó caminos distintos y decisiones distintas pero quizás eso era lo que necesitaban; ellos necesitaban crecer porque solo así serian capaz de entender lo que de verdad querían y eso era estar juntos; aunque hubiese tardado un incendio para darse cuenta de eso.

—Tengo que llevarla a casa—se inclina hacia el rubio y hace lo que se había estado muriendo desde el momento en que habían salido del edificio en llamas. Atrapa sus labios con necesidad y se apoya en la cama con cuidado de no despertar a la que dormía a solo centímetros de distancia. El de ojos claros le responde con la misma intensidad y se recuesta en la cama una vez que se alejan cuando piden por aire.
—Si, ha estado aquí demasiado tiempo.
—¿Aun no te dicen cuando podrás irte de aquí?
—Quizás sea en uno o dos días más.
—Suena bien.
—Lo es.
—No quiero despertarla.
—Tu nunca quieres despertarla—habla a modo de broma en la conversación amena y no pueden evitar reír por lo bajo ante el comentario recordando una de esas noches en las que vivían juntos.

Era tarde ya, habían pasado el día descansando, aprovechando los pocos días libres que tenían. Habían comprado algunas películas y pasado toda la tarde en el sofá entre comedias malas y terror barato que no asustaba a nadie o bueno, quizás a Aria.

La sala estaba hecha un desastre, cajas de pizza por un lado, restos de palomitas de maíz por el suelo y botellas de cerveza junto a vasos de jugo, Aria se negaba a tomar alcohol bajo cualquier circunstancia, estuviesen ellos o no. La chica se había quedado dormida profunda en el sillón con una de sus piernas colgando al aire y el rostro escondido en un cojín mientras en el televisor se escuchaban unos gritos mientras una mujer era asesinada por un loco con una máscara. Era casi irónico que ella pudiese dormir de forma tan tranquila con tanto escándalo a su alrededor.

—No deberíamos dejarla dormir así—ambos candidatos le contemplan desde lo alto mientras comienzan a arreglar un poco el desorden que les rodeaba.
—Pero no quiero despertarla—Kelly habla luego de unos momentos de contemplarle en silencio; ella se veía tan tranquila, como si nada pudiese siquiera molestarle en sus sueños, siempre resguardada de las atrocidades del mundo real.

Ríen de nuevo ante el recuerdo y Casey le llama suave al oído.

—Aria, hey, bonita. Debes despertar.
—No quiero—susurra contra el pecho del mayor y se abraza más a su cuerpo.
—Lo sé—acaricia su cabello y le besa la sien—Pero es tarde y debes ir a casa.
—¡No!—habla solo un poco más alto pero no lo suficiente como para gritarle al oído y le ve a los ojos con preocupación; él sabía perfectamente lo que le molestaba a la chica pero él estaba bien y era momento de que descansara.
—Está bien, Aria. Debes ir a casa.
—Pero no me quiero ir, quiero quedarme aquí contigo—en momentos así, en donde le rogaba con cada gesto, con la mirada, con el tono; le rogaba por completo el que no le abandonase porque temía que todo volviese como antes, antes de que ellos llegasen a su vida.
Muerde su labio inferior y busca ayuda en Severide que contemplaba con la misma preocupación que el bombero más joven.
—Aria, escúchame. Matt está bien pero ahora, eres tu la que debe descansar.
—¡Yo estoy bien!—muerde su mejilla tratando de evitar que lágrimas manipuladoras cayeran por sus mejillas.
—Estás cansada—la voz del rubio resuena en la estancia con aquel característico tono de Teniente Casey, y en esos casos no había nada que discutir; además ella no podía mentir, eran obvias las bolsas bajo sus ojos.
—Pero quiero quedarme aquí, contigo—se acuesta a su lado y suspira al quedar en su pecho; sabe que no hay razón para discutir, lo más probable es que ellos tuviesen razón. Ellos siempre habían tenido razón con respecto a ella y a las decisiones que tomaban por ella, ellos se habían ganado su afecto y su respeto.
—Tu vienes conmigo—Kelly habla a sus espaldas y espera tranquilo en la puerta hasta que ella esté lista para irse.
—Lo sé—alza la mirada y se fija en el joven de los dos—¿Volverás pronto a casa?
—Si, cariño. Sólo espera por mí—le besa por última vez con fervor antes de alejarse de la cama y fundirse en un abrazo con el de ojos azules.
—Vamos a casa—le carga en su espalda; no había pasado demasiado tiempo como para no recordar que la castaña probablemente se quedará dormida antes de salir del hospital. Observa al rubio teniente por una vez más antes de salir de la habitación.

Como había predicho, Aria se había dormido no bien la había acomodado en el auto, contemplaba el asiento de atrás de tanto en tanto solo para asegurarse que si estaba allí; aun le parecía irreal el hecho de que ella hubiese vuelto a sus vidas de forma más tangible.
Nunca habían perdido contacto pero ella había comenzado a formar una vida sin ellos y quizás eso era lo mejor, darle oportunidad de darse cuenta que el mundo era más que solo malos recuerdo, su vida valía más que el solo hecho de haber convivido con ellos aunque él, nunca se hubiese sentido tan feliz como en esa época.

La casa está a obscuras y en completo silencio, quizás Shay ya estuviese dormida. Deja a la más pequeña en su habitación, le cubre con las sabanas y ríe por lo bajo al verle removerse entre sueños buscando por algo a lo que aferrarse. Inclusive de forma inconsciente anhelaba por Casey o por el mismo; tal parece que los viejos hábitos no mueren tan fáciles.

Baja a la cocina por un poco de café, quizás con el líquido caliente intenta aclararse un poco la mente; había tantas cosas que discutir, no solo con Matt o con Aria, sino con el jefe, con los de la estación y con Shay.

—Bien, Severide. ¿Estás listo para decirme la verdad?—se sobresalta al sentir como le hablan a la espalda y se gira con prisa para encontrarse a la rubia paramédico con la que compartía el lugar. Shay se veía cansada, como si no hubiese logrado quedarse tranquila toda la noche.
—¿Qué haces despierta?—se afinca mas en el mármol de la mesa que los separaba.
—Prometiste contarme la verdad una vez que estuvieses en casa, así que estoy esperando por la verdad. —suspira cansado e intenta relajar los hombros, sabe que no había forma de escapar; lo había prometido y él era alguien que siempre cumplía las promesas.

Ahora solo debía buscar las palabras correctas para hacerle entender a Shay todo el pasado que le involucraba no solo con Aria sino con el mismo Casey.

¿Sería capaz Shay de entender todas las decisiones que habían tomado juntos? ¿Sería capaz ella de ver que todo lo habían hecho por el bienestar de la chica? Esa chica que se había apoderado de una gran parte de su corazón desde el momento en que sus ojos se habían posado en ella.

El tenía sus dudas, pero ahora solo le quedaba esperar lo mejor; si Shay quería la verdad, él iba a darle la verdad aunque quizás ninguno de los dos esté listo para afrontarla, junto a sus consecuencias.