¡Hola de nuevo!
Saint Seiya y la trama no me pertenecen por completo, todo es de sus respectivos creadores y lo tomo prestado para imaginar y escribir.
Advertencia: puede que esté un poco violento por allí...
Capítulo 4.
- ¿Por qué mandaste esas cosas?- preguntó Thrud acercándose peligrosamente a la gobernante de Helheim.
- Por aburrimiento, quiero que el despertar de Baldr sea más movido para que regrese a mí rápido.
- ¡QUISIERAS, MALDITA!- gritó la valquiria y no pudo contenerse más, dirigió su puño directo a la boca de Hela. Piscis solmente estaba de espectador y pensó que la deidad lo esquivaría pero ni ella se lo esperó por lo que su boca recibió todo el puño de la hija de Thor.- Tenía siglos queriendo hacer esto- dijo ella sonriendo satisfecha.
Afro todavía tenia la espada en las manos pero la sostenía sin empuñarla, la clavó en el suelo y fue a ayudar a Hela a levantarse, que por muy difícil que les estuviese poniendo las cosas, no dejaba de ser una deidad; le tendió una mano y la jaló con delicadeza, luego la ayudó a equilibrarse pasándole suavemente una mano por la espalda. A Thrud no le molestó tal acto.
- ¿Se lastimó?- preguntó él.
- No, gracias cielo- respondió la de cabellos negros muy dulcemente mientras se ponía una mano sobre la boca para corroborar si sangraba. El dorado se quedó de nuevo al margen de la situación.
- Si descubro de nuevo otra de tus artimañas, te voy a arrancar los dientes con pinzas ¿quedó claro?
- Linda, si te tuviera miedo, no habría venido a encararte, habría mandado a algo peor- anunció Hela- Solamente estoy jugando un poco ¿sabes cuán solitario es estar allá abajo escuchando los lamentos de los muertos?... bueno, tú si debes de saber de soledad porque estás SOL-TE-RA.
- ¡MI DEBER ES GUIAR A LOS GUERREROS AL VALHALLA, NO CONSEGUIR MARIDO!- gritó la diosa rubia bastante enojada.- ¿Y qué sabes tú? con tu olor a podrido asustas hasta a los enanos más feos.
- ¿Y a quién iban a casar con un enano?
- Al menos a mí me iban a casar con alguien, no como tú ¡Quedada!
Ambas se pusieron a puntualizar su poca carrera amorosa entre gritos.
"Uy, esto va para largo" pensó Afro y en lo que ellas discutían, siguió buscando a Shaina pero todavía no podía sentir nada. Dejando de lado la rareza del asunto, había algo que le llamó la atención, ¿qué fue lo que hizo Thrud para acabar con el Grendel? si era cierto que su rosa sangrienta pudo herirlo, estaba casi seguro que no iba a matarlo. También contra el Draugr sintió algo extraño pues era como si su cosmo no pudiera herirlo.
- ¡Pues me largo, pelos de escoba!- gritó Hela pero de inmediato se volvió hacia Piscis- No olvidaré tu amabilidad cariño, solo por eso no les pondré otra cosa en el camino como mi padre quería- le dijo y le guiñó un ojo. Era raro para ella que un mortal se comportara de manera 'decente' con ella y eso la conmovió un poco, mucho... ¡bastante, un montón!
- ¡Ya vete entonces cara de caballo!- respondió la otra.
El suelo se abrió y dejó ver unas escaleras descendentes por las que la gobernante de Helheim bajó no sin antes de soplarle un beso a Afro quien sintió escalofríos pero trató de no hacer el gesto. El suelo se cerró como si nada luego de que ella ingresara.
- Lástima que no pude tirarle los dientes- se lamentó la Valquiria.
- ¿No es raro que no le devolviera el golpe?- preguntó Piscis tomando de nuevo la espada.
- Ya se cobrará de otra forma pero nada como golpear a alguien que odias ¿no?
Afro solamente asintió.
- Hace un rato tuve que irme porque mis hermanas insistían en venir y casi lo logran, ahora tengo que ir de nuevo para decirles que fue Hela y que prometió no hacer algo más, esa arpía es una embustera pero cuando un ser humano hace un pequeño acto por nosotros y prometemos algo a cambio, lo tenemos que cumplir- explicó Thrud.- Sigue intentando rastrear a tu compañera en lo que voy a reportar lo que pasó; ve a recoger tus cosas, tenemos que ir los dos o no podrás con el Bergkonge. Yo te busco pero trata de regresar a este punto.
- ¿Qué usó para derrotar al Grendel?- preguntó él con curiosidad.
- Mi energía, se la infundí para hacerlo estallar y que desapareciera- le respondió ella algo orgullosa.
- ¿Por qué mi cosmo no lo afectó directamente?- preguntó él pensativo pues solamente hasta que la diosa lo golpeó pudo lanzarle una rosa, Thrud puso cara de circunstancias y Afro se sorprendió por el gesto pero la divinidad decidió contarle.
- Afro va a sonar horrible lo que voy a decirte y no quiero que lo tomes a mal- dijo ella y respiró profundo- Caballero, tú no pudiste afectar a ninguna criatura porque no eres un héroe. Tu valor no se ha visto probado por sí mismo o hay algo en tu pasado que no te puede dar esa gloria.
El sueco abrió sus orbes azules a más no poder ante tales palabras porque ¿cómo que no era un héroe? ¡pero si se había sacrificado por su diosa! ¡eso era valor!
- La muerte de una criatura en un mito o en un cuento es a manos de un héroe; como encargada de guiar almas al Valhala, sé cuando alguien ha sido un héroe al momento de su muerte, puedes ver en sus ojos un brillo de coraje y valor, no de sacrificio pues éste implica que estás aceptando que morirás irremediablemente y no peleando, a veces te trunca la voluntad de seguir viviendo para ver de nuevo el sol en el campo de batalla, tu muerte servirá para otros y te darán el mote de héroe pero se deja de serlo cuando se abandona la posibilidad de la vida. También hay actos pasados que manchan los del futuro, un acto horrible es imborrable e incompensable y en ellos creo que el sacrificio podría hacerte uno pero pagando con tu vida. Quiero creer que a ti simplemente no te ha llegado tu momento de ser un héroe de verdad- le dijo Thrud palmeándole un hombro con amabilidad, la valquiria se alejó unos pasos.
- S-su espada- murmuró él apenas articulando pues estaba estupefacto por aquellas palabras y le extendió el arma.
- La terminaron de forjar esta mañana y la traje para que se bautizara con gloria hoy, encárgate tú de eso. ¡PADRE, HEIMDALL!- gritó la mujer y un rayo cayó haciéndola desaparecer.
El dorado se quedó allí con la espada en manos y sin saber como reaccionar.
¿Por qué ahora se estaba sintiendo mal por ese detalle?
Quizá todo hombre a veces piensa que ya es un héroe, él lo hacía y todos sus compañeros de armas seguramente que lo creían pero ¿se había esforzado por serlo? o independientemente de ser un héroe, ¿se había esforzado ser una buena persona en su pasado?
No dejaba de pensar en las palabras de la valquiria "un acto horrible es imborrable e incompensable".
Nadie sabe si los ideales que sigue son los correctos, en su momento creyó en Saga y en su manera de proceder con respecto al santuario, Géminis creía en un régimen casi absolutista y él lo siguió a sabiendas de todo lo que podría traer pero a Afro le importaba que hubiera paz a cualquier precio, incluso asesinó para ello. Negó a su diosa solamente por su creencia y aquella flecha quizá hubiese terminado con la vida de Saori a sabiendas de que eso estaba mal.
Su pelea contra Shun, la que causó su deceso, fue intensa pero su orgullo siempre estaba allí y tuvo que doblegarlo al sentir la derrota en carne propia pero murió a manos de un hombre justo, con los ojos llenos de determinación por salvar a Athena, había muerto a manos de un verdadero héroe
Regresó de entre los difuntos siendo clasificado como un traidor aunque su intención era otra, ya en el inframundose dio cuenta de a quién debía su lealtad y eso lo motivó pero también pagó un precio muy alto. Al final solamente sirvió para derribar el muro de los lamentos junto con los demás, unos habiendo cometido actos similares a los de él u otros habiendo hecho lo correcto, quizás allí había muerto junto a héroes.
Pero a fin de cuentas él no era uno, todos sus actos eran consecuencias de otros y la manera en la que terminaron eran la respuesta lógica, ¿por qué esperaba ser recompensado? era como si esperara que una copa de cristal no se rompiera si la soltase.
Ahora estaba al servicio de Athena para toda su vida y aunque estuviera perdonado por sus actos, ahora, justo en ese momento le estaban pesando. Era raro que no hubiese pensado en ello o tal vez no quería pero ahora que en una simple misión no pudo cumplir con su deber, todo se le vino encima.
- Tengo que concentrarme ahora en ayudar a Shaina- se dijo él y miró la espada que tenía en las manos, era un claymore sencillo y bien afilado, brillante como el rodio y con una empuñadura color verde. La superficie del arma le devolvía el reflejo de su cara y se preguntó por qué se la habían dado a él si su entrenamiento así como su estilo de pelea no incluía armas, estaba incluso contra las órdenes de Athena el usarlas... pero si era la única forma en la que Piscis podría derrotar a lo que fuera que se llevó a su compañera, la usaría porque después de todo, ya había hecho cosas peores antes.
Regresó sus pasos y afortunadamente encontró las maletas de ambos, su abrigo y el bolso de Ofiuco, se colgó cruzadas las maletas y luego atoró en las correas el resto de las cosas. No le pesaban pero era molesto llevarlas así y tampoco podía dejar todo, quizá ella llevaba cosas importantes. Se encaminó de nuevo para encontrarse con Thrud.
Shaina despertó sintiendo frío por todo su cuerpo seguido de la sensación de estarse ahogando pues para cuando abrió los ojos, vio que estaba hundiéndose en el agua y reaccionó rápido, nadó hacia arriba por instinto. Salió y aspiró todo el aire que pudo entre tosidos, miró en todas direcciones desconcertada para encontrarse con una cueva cuya única iluminación era una fogata y la sombra de alguien. Ya cuando pudo mantenerse a flote, recordó qué hacía antes de caer en la inconsciencia.
- Afro- murmuró preocupada pero el sentimiento se le fue cuando vio a una figura encapuchada y nadó a toda velocidad hacia ésta. Salió de un agua de un salto y se puso en guardia mientras se retiraba la chamarra pues se le había pesado con el agua.
- Normalmente no se despiertan- dijo una suave voz masculina al notar que la mujer estaba dispuesta a atacarlo. Sus ropas estaban escurriendo agua y el frío de la cueva la hicieron tiritar, encendió su cosmo pero parecía no ser suficiente.
- ¿Quién eres y por qué me tiraste al agua?- siseó ella conteniendo el enojo.
- ¿Qué tú no lavas tu comida antes de comerla?- preguntó el hombre levantándose. Ofiuco pudo apreciar que era un hombre alto y apuesto pero no tenía una presencia humana por lo que se puso todavía más alerta. Iba a atacarlo pero en ese momento se percató de que no sentía el cosmo del dorado, eso la asustó un poco pues era como si él hubiera desaparecido.
- Dime de inmediato dónde estoy- urgió la mujer pero su pedido fue ignorado.
- Soy el rey de esta montaña y tú eres mi presa ahora. Como eres tan hermosa te daré a escoger si primero te deshonro y luego te mato o al revés.
Esas palabras hicieron que la paciencia se le terminara a la amazona y fuera corriendo hacia él para asestarle una patada a la cara pero aquel hombre se cubrió con un brazo y Shaina optó ahora por un puñetazo pero el Bergkonge la atrapó y como si nada, le tiró una rápida y fuerte mordida en el hombro izquierdo rasgando su ropa. Shaina retrocedió mientras ponía una mano sobre la herida recién hecha.
- Sabes delicioso- dijo la criatura sonriendo mientras se relamía los labios.- Decidido, cada que vengas a mí te voy a dar una mordida y si quieres seguiremos así hasta que por fin pueda comerte completa ¿está bien?
La peliverde se enfureció, quiso atacarlo de nuevo pero solamente le ocasionó un rasguño y se llevó una mordida en el antebrazo. Las mordidas le dolieron pero sirvieron como incentivo. Encendió su cosmo de nuevo importándole muy poco si llamaba la atención o no.
- ¡A MI LA COBRA!- gritó la amazona y el cosmo se acumuló en su mano para tirar un golpe similar a un zarpazo que el otro no se molestó en esquivar, el golpe le dio a la criatura haciéndolo trastabillar pero a su vez, ella rebotó contra él lo que causó que Ofiuco saliera disparada hacia atrás golpeándose con la pared pero se levantó de inmediato para seguir luchando. El hombre se tocó donde había sido golpeado y pareció haberse llevado la sorpresa más grande de su vida pues jamás un humano lo había golpeado directamente.
- Ya me enojaste así que antes de comerte, te voy a moler todos tus huesos- dijo el Bergkonge y le lanzó un puñetazo a la mujer, Shaina lo esquivó fácilmente y quiso devolverlo pero de pronto aquel hombre se transformó en una enorme bestia y rugió haciendo estremecer la cueva. La mujer miró en todas direcciones y pese a que su orgullo le decía que peleara, lo cierto era que debía de salir de allí o todo se derrumbaría. Rápido localizó la entrada a ese lugar y corrió hacia allí no sin antes recoger su chamarra que si no su madre le reclamaría eternamente por perderla.
El Bergkonge volvió a rugir y salió tras Shaina para devorarla.
Piscis sintió como un chispazo de cosmo proveniente de algún lugar de aquella montaña y se concentró en rastrear pero nada, no sentía a Shaina y eso le estaba preocupando bastante. No era que no confiara en la fuerza de su compañera sino que tal vez tampoco iba a poder hacerle algo a su enemigo... pensó en ese momento que ella sí había podido acabar con aquel no-muerto, ¿sería que ella sí era una heroína? Todo lo que había hecho por Seiya, pelear por lo que creía correcto y darse cuenta de su error a tiempo quizá la capacitaban para poder matar a una criatura como las que se habían encontrado.
Echó a correr ahora guiado por su oído pues en su concentración, pudo escuchar que algunos árboles se estremecían.
Ofiuco por su lado huía y peleaba al mismo tiempo, ahora que el Bergkonge se había transformado en bestia, le estaba costando mucho trabajo siquiera darle un golpe pues él le tiraba una mordida o la intentaba rasguñar pero no se iba a detener por nada hasta que pudiera acabarlo o siquiera herirlo.
Se acercó a él e intentó darle de nuevo con su mejor técnica pero la criatura se transformó en hombre de nuevo y la golpeó del estómago con el puño sacándole todo el aire de los pulmones, Shaina tosió y cayó de rodillas mientras sorbía aire pero en eso, recibió una fuerte patada en el pecho, cosa que la tiró en el suelo mientras la amazona sentía por dentro que algo se le desacomodaba y crujía, aquel hombre se le sentó encima de la pelvis y le terminó de romper la blusa.
- No me gusta hacerlo a luz del día pero tú no me dejas opción- dijo él ahora poniendo una expresión de rabia en el rostro. Ella no sintió miedo sino que la adrenalina hizo que su furia fuera a niveles todavía mayores e intentó removerse para quitar de encima al hombre pero él la apresó del cuello con ambas manos. Shaina rasguñaba y pataleaba para hacerlo quitarse mientras trataba de no ceder ante el dolor y la falta de aire, era increíble que una criatura tuviera tanta fuerza.
- A-a mí... la...- intentaba decir ella mientras seguía moviéndose pero le pudo herir con las uñas un brazo gracias a que había elevado su cosmo.
- ¡CÁLLATE!- gritó él y quitó su agarre del cuello de ella para darle una fuerte bofetada y le tomó ambas manos con una sobre la cabeza de la mujer mientras que con la que la había abofeteado, comenzó a acariciarle la cara para luego acariciar suavemente su abdomen. Ella enmudeció ante el contacto, luego él buscó deshacerse del pantalón de ella.
- No t-te atrevas- dijo ella entre enojada y presta a entrar en un ataque de pánico. Al sentir que le ocurriría algo horrible, dejó de luchar pues el miedo estaba aumentando y opacaba su voluntad de pelear pues esa bestia se había deshecho del agarre del cinturón.
- En un momento se va a sentir bien- le 'prometió' el Bergkonge y para hacerla aterrarse más, subió lentamente su mano desde la cadera hacia el busto para retirar las prendas que le estorbaban pero a centímetros de llegar hasta donde quería, fue interrumpido por una intensa ráfaga de cosmo.
- Miserable bastardo...- dijo el caballero de piscis furioso por lo que estaba viendo y ya no le importó nada la cuestión de ser un héroe así que usó el puño como mejor sabía y lo lanzó hacia la bestia quien no se esperaba que fueran a ayudar a la mujer. El Bergkonge recibió el golpe que lo apartó de Shaina y aunque el ataque de Afro pareció rebotar, Piscis plantó bien los pies y resistió allí.
- Afro- dijo ella intentando ponerse de pie pero sintió un intenso dolor en el pecho por lo que solamente se sentó. Él decidió que primero mataría a la bestia y luego atender a su compañera, pues mientras él estuviera allí, ya no permitiría que le pasara algo más. Se quitó todo lo que traía encima y simplemente empuñó la espada porque estaba consciente de que su cosmo no ayudaría mucho.
La bestia se había transformado de nuevo y rugió para ir contra Piscis pero él no se dejó amedrentar, avanzó hacia su enemigo con el arma entre las manos mientras un estruendo se dejaba oír en el bosque a pocos metros de donde estaban.
- ¡Tarde de nuevo!- se gritó Thrud y corrió hacia Shaina quien ya no estaba entendiendo qué pasaba.
- ¿Qui-quién?- murmuró Ofiuco desconcertada.
- Tranquila, yo vengo a ayudarlos... algo así- le dijo la diosa arrodillándose junto a la amazona mientras la cubría con el abrigo que Afro había dejado tirado.
- Ayúdalo, yo estoy bien ahora- pidió la italiana mientras se abrazaba a sí misma rodeada por la prenda del dorado, como que de pronto se sintió más protegida de lo que había estado en toda su vida con tan solo oler el aroma que tenía el abrigo.
- Es su pelea y no va a permitir que me entrometa, ten bebe esto- ofreció la valquiria extendiéndole una cantimplora de cuero- Es hidromiel de Asgard y te va a ayudar con tus heridas.
Shaina bebió con cuidado mientras observaba a su compañero siendo atacado por la bestia pero ahora con esa espada, parecía tener control del combate. Sintió que el dolor en el pecho se esfumaba y el cuello dejaba de molestarle aunque las mordidas seguían ardiendo.
Piscis bloqueaba todo ataque del Bergkonge con el claymore y éste tintineaba; a cada mordida, Afro ponía el arma como barrera y daba una estocada, no era muy versado en el esgrima pero luego de ver tanta película, aprendió unas cosas que servían en la vida real. Pareció que la bestia se estaba cansando así que tomó forma de hombre y decidió irse por los puños.
- ¿Pasa algo si lo mato?- gritó Afro con un vozarrón que pareció impropio de él. Thrud y Shaina se estremecieron y se miraron como para confirmar que habían escuchado bien.
- No, va a Helheim y puede regresar pero después de un tiempo- respondió la rubia teniendo esa sensación de que un ovario se le había reventado pues la gallardía con la que luchaba el caballero, pocas veces la había visto en esta época. A Ofiuco le ocurrió lo mismo solamente que también su corazón latía como si hubiera subido toda la montaña corriendo.
- Perfecto- se dijo el de cabellera celeste y al ver que se iba a comer un puño, hizo un rápido movimiento y tomó con firmeza el brazo de la criatura.
- ¿Qué pretendes?- dijo el atacante pero para cuando se dio cuenta, Afro infundió de cosmo el claymore y le cortó el brazo. Mientras gritaba de dolor apartándose, tropezó y cayó al suelo hincado sujetándose su nuevo muñón, entonces el dorado se acercó por detrás elevando la espada sobre su altura y mandó el corte directo hacia la cabeza del Bergkonge. El filo se clavó entre los parietales del cráneo salpicando sangre a la camisa blanca de Piscis. Sorpresivamente la criatura siguió viva y gritaba desgarradoramente.
- Eso es por raptarla- dijo Afro apartando el arma y ahora la tomó con una mano para mandar otro corte que acabaría separándole la cabeza al Bergkonge bautizando con la sangre a la espada.- Y eso fue por atreverte a ponerle tus inmundas manos encima- declaró y se apartó de allí para ver cómo estaba Shaina.
- Pudiste derrotarlo- le dijo Thrud ayudando a la otra mujer a levantarse.
- Apenas, todo fue gracias a la espada- dijo él enseñándola y miró a la peliverde- Perdón por llegar tarde, ¿no te hizo algo que tengamos que lamentar?- preguntó con algo de pena en la cara.
- Para nada, llegaste a tiempo. Gracias- respondió ella sintiendo un nudo en la garganta por la emoción.
- ¿Segura? porque si es así yo jamás me lo perdonaría- contestó él clavando la mirada en el suelo.
- No pasó nada pero para la próxima, déjame pelear a tu lado para que no ocurra- dijo Ofiuco sonriendo.
- De acuerdo- consintió Afro y le extendió el arma a la diosa- Tome, gracias por prestármela, de no ser por ella no habría podido acabar con esa bestia.
-Tuvo un bautismo glorioso y la portaste con dignidad, ponle un nombre- pidió Thrud sin tomar el claymore.
Piscis miró la espada y luego miró a la peliverde, tenía el mismo tono de cabello que la empuñadura además de que gracias a ella pudo salvar a la mujer, también pensó en que la bestia estaba un poco herida gracias a Ofiuco.
- Se va a llamar... Shaina- dijo él sonriendo de medio lado mientras miraba a la dueña del nombre.
- ¿Qué?- exclamó ella con sorpresa y luchó contra el impulso de poner las manos en la cara por la vergüenza.
- Shaina, el terror del Bergkonge, cuyo filo decapitó a la bestia- enunció la valquiria suprimiendo un ataque de fangirlismo, supuso que era el nombre de la amazona y le pareció muy tierno que la espada llevara nombre de mujer.
Ellos tres no sabían pero en Asgard, las Ásynjur y las valquirias estaban gritando de la emoción pues habían logrado convencer a Thrud que dejaran a todos las divinidades presenciar lo que pasara después de que ella regresó por segunda vez, pero solamente alcanzaron a ver la pelea de Afro.
En la mitología, cuando Baldr murió por culpa del muérdago, su madre quiso 'revivirlo' y puso en recompensa favores a quien fuera a Helheim por él, Hela puso de condición que si todos lloraban su muerte, lo regresaría pero casual, el padre de ella se transformó en giganta y no lloró por lo que Baldr no pudo regresar :(, aunque regresó para el Ragnarök, pero ese es otro cuento.
Tal vez Thrud pareció un poco inútil pero si la hacía intervenir más, le quitaría escenario a Afro ;D
El Bergkonge solía presentarse como un hombre con capa verde pero que se podía transformar en bestia, raptaba mujeres y cuando eso sucedía, ellas ya no volvían a aparecer por lo que yo supuse que las mataba y/o se las comía. Por si se lo preguntaban, no había NADA que cubriera a la criatura por debajo de esa capa.
Gracias por leer y por comentar.
¡Que la fuerza los acompañe!
