Oficina Central de Policía 19:00

El edificio de la Central de Policía reflejaba toda la transparencia y solidez de la institución.

Se hallaba emplazado, en un gran terreno, junto a la Avenida Occidental que recorría la ciudad de Norte a Sur. Tenía una gran plaza de acceso que daba la bienvenida a los ciudadanos que requerían de los servicios de la Policía. Cuatro de sus seis niveles tenían grandes ventanales que integraban el interior con el exterior, los dos subsuelos permanecían ocultos ya que era donde se encontraban las cárceles provisionales.

En el día, todo el frío azul que dominaba los detalles en el mobiliario y los uniformes, contrastaba con el blanco de las paredes y los colores del iluminado jardín interior lleno de arbustos verdes y muchas flores. En la noche, las luces interiores lo hacían parecer como una gran fuente de luz que podía ser vista desde diferentes puntos de la urbe.

Ahí se encontraba el comandante Moon, mirando hacia la ciudad, contemplando el titilar de las luces y escuchando sonidos de sirenas que se acercaban y se alejaban. La ciudad nunca dejaba de moverse.

Por la iluminada plaza en planta baja, una pareja caminaba rumbo al sur, un policía de pelo negro y ojos azules, pasó junto a ellos mientras caminaba con seguridad hacia el edificio, como si de su hogar se tratara; iba directamente a la oficina principal.

Toc, toc, toc.

– ¿Quería verme jefe? – abrió la puerta del despacho de Artemis.

Después de llamarlo unas veinte veces, Kakyuu logró localizarlo en un bar a unas 4 calles de la Central, tomándose una cerveza con una mujer que, esa tarde, había llegado a reportar su bolso perdido.

– ¿Qué líos tenemos para hoy? – No esperó a que le conteste y siguió. –Ah, por cierto, tu secretaria iba saliendo, pero no tuvo tiempo de advertirme lo furioso que estabas. – habló sonriente, esperando que su breve desaparición no fuera tomada en cuenta, mientras se sentaba frente al comandante.

Artemis ignoró el matiz gracioso de sus palabras y se giró para mirarlo y hablarle con un tono serio.

– Será mejor que cambies esa cara de idiota, te necesito con los cinco sentidos. Esto es urgente.

Entonces Darien se acomodó en la silla y dejó de sonreír. Al parecer, su ausencia había sido muy sentida. Miró a su jefe con atención.

– ¡Revisa esto! – le soltó los expedientes sobre su lado de la mesa.

Darien era un policía muy destacado, su carrera estaba llena de aciertos ya que tenía un carácter de hierro y un instinto muy confiable en las investigaciones de inteligencia.

Tenía 18 años cuando entró a la Escuela Superior de Policía, desde entonces se esforzó día a día hasta conseguir graduarse con honores y, mientras estudiaba, fue enviado a entrenamientos rigurosos en el exterior.

Desde hace seis años trabajaba en la Central capitalina, estaba comprometido con la seguridad nacional y su formación como estratega de inteligencia, sólo complementaba sus aptitudes innatas en el cumplimiento de su deber.

Su vida privada era simple. A sus 31 años estaba soltero, esquivaba compromisos innecesarios y no quería planes de matrimonio; cuando estaba de humor, siempre disponía de buena compañía para pasar una noche entretenida. Hace rato, por ejemplo, se compadeció de aquella mujer que había perdido su bolso y ya había pasado unas horas muy amenas al final de la tarde.

Mantenía una buena relación con sus compañeros de la Central, a quienes ayudaba en lo que podía. Su trabajo era su prioridad. No le gustaban las injusticias.

Con 1.80m de altura, un cuerpo muy bien formado por el ejercicio y un par de cicatrices escondidas bajo su uniforme; tenía en su historial la captura de varios delincuentes y las más peligrosas bandas que operaban en las grandes ciudades del país; robos, estafas, tráfico ilegal y drogas, todas las misiones con sobresaliente. Era un buen policía.

¿Podría esta misión resultar la más difícil de su vida?

– ¡Shitennou! – Se alarmó y alzó la mirada hacia Artemis encontrando una respuesta anticipada en sus ojos – ¿este malnacido apareció de nuevo? – preguntó levantando la voz.

– Tenemos sospechas de que está implicado en el secuestro de una mujer joven, tiene cómplices, sucedió hace un poco más de una hora, en el parqueadero de El Café de la Montaña, un restaurante en el noreste de la ciudad.

Con un año formando parte de la Central, apoyó a Artemis en la búsqueda de los traficantes de tierras. Fue gracias a sus instintos, que el operativo dio con Malachite. Apretaba los puños con rabia, aquel día en que lo dejaron en libertad. Ahora podría atraparlo de nuevo.

– ¿Y qué crees que buscan de esa pobre chica? – volvió a preguntar ya interesado en el caso.

– Míralo tú mismo, ahí tienes el otro expediente. – Le indicó los papeles sobre la mesa. – Creo que, al igual que yo, te sorprenderás.

Artemis confiaba en el criterio de Darien, por eso prefería escuchar sus ideas antes de compartirle las suyas.

Darien comenzó a leer y de pronto sintió como una fuerza sobrenatural cubría su cuerpo, desde los cabellos hasta la punta de los pies. No podía moverse y no podía respirar.

Serena…, estás hermosa, pareces un ángel.

Oh Darien, no quiero que te separes de mí, no quiero que acabe la música, ni la noche…

Los recuerdos que había guardado tan cuidadosamente, fueron tan claros, que le hacían olvidar quien era.

– ¿Y bien Mayor Chiba?– Artemis le preguntó impaciente, pero él escuchó la voz como en un sueño.

De inmediato se obligó a guardar la compostura y puso a trabajar su razón, tenía que volver al presente. Se sobrepuso a su mente en blanco e ignoró a su corazón encogido, entonces respondió:

– Tienes razón Artemis, podría ser él, sus actividades se relacionan y su dirección actual apunta ese mismo sitio – dijo lo primero que pudo e intentó levantarse tratando de no expresar nada, sintió que el piso se movía. No podía contarle a Artemis, aún no. – Debo ponerme a trabajar ya. – Se sentó de nuevo y con su voz, casi calmada, pidió – Jefe, dime todo lo que ha sucedido. Por favor.

El comandante notó un breve cambio de humor en Darien, sin embargo, lo dejó pasar, anotó una conversación pendiente.

Ellos tenían una relación como padre e hijo, se tenían mucha confianza y respeto mutuos. A pesar de eso, Artemis no tenía idea del devastador torbellino que atravesaba al, aparentemente inquebrantable, Mayor Darien Chiba. De inmediato se puso a explicarle cómo estaban las cosas.

– La señorita Tsukino vino hoy a la capital a reunirse con su novio, un periodista de la ciudad, fue él quien vio cuando se la llevaron. Eran tres y huyeron al norte, las unidades están buscando la furgoneta. Ya nos hemos contactado con su familia y los tenemos vigilados, ella no los visitaba desde hace un mes.

– Hay más, Serena Tsukino envió, por correo, un paquete al periodista, el cual aún no está recibido, creemos que encontró algo en Valle Sagrado que compromete a este rufián, por eso él se atrevió a seguirla hasta aquí y atacarla en un lugar público.

Darien sentía todo lo contrario a lo que aparentaba, su mundo estaba temblando, lo último que había pensado en muchos años, era que llegaría a sentirse de esa manera; él era un hombre de hierro, no tenía que esforzarse mucho para tener todo bajo control. Ahora le costaba un poco más.

Todo este tiempo había decidido creer, y estaba seguro, que ella vivía bien en algún lugar, persiguiendo sus sueños. Él también había perseguido los suyos. Un día comprendió que, a pesar del esfuerzo que ambos hacían, sus caminos se separaban. No pudo evitarlo. El destino no era claro, se había empeñado en ponerlos siempre en situaciones opuestas. Ninguno de los dos pudo salvar las distancias.

– ¿su… novio? – preguntó esperando que no reparara en su tono de melancolía. Pero rápidamente acotó – eh…, quiero decir… ¿un paquete para su novio?

– Sí – contesto Artemis, sin expresar emoción alguna– Se llama Seiya Kou, deberías ver al pobre, está destrozado. Ahora él está con Furuhata, mañana recogerán el paquete, estoy seguro que tendremos algo vital para negociar.

Darien no pudo evitar pensar en ese novio, debía amarla tanto. ¿Lo amaría Serena a él?, tampoco pudo evitar preguntárselo. Seguro que sí, se obligó a convencerse antes de pensar en nada más; después de todo, vino hasta aquí para verlo. Rezó para que se la mereciera.

¿Que el pobre estaba destrozado? Darien lo comprendía a la perfección, sabía demasiado bien lo que era perderla. Y su suerte no podía ser peor, se presentaba una situación así, cuando él no podía esperar nada de ella.

Los recuerdos lo flagelaron de nuevo.

…Darien, yo creí que tú y yo…, que entre tú y yo…

…Te quiero mucho Serena, por favor no renuncies a tus sueños.

– Darien, ¿en qué estás pensando? –Artemis no pudo aguantar más – ese maldito ya se nos escapó una vez, ahora tenemos que, a toda costa, encerrarlo. No puedes dejar que siga impunemente con sus crímenes. – miró fijamente al hombre que tenía el expediente arrugado en su mano, intentando sacarlo de sus cavilaciones.

– Artemis, estoy seguro que sabe que hay pruebas en su contra, por eso se la llevó y por eso la mantendrá con vida, hasta que las encuentre. No hay tiempo que perder, con cada segundo que pasa, él es más peligroso para ella. – Darien miraba al comandante mientras hablaba, aunque interiormente, luchaba para apaciguar sus pensamientos.

– Te he llamado porque sé que no hay nadie mejor que tú para este trabajo.

Darien casi consiguió calmarse, Serena estaba en peligro y tenía que hacer lo correcto, desterraría cualquier sentimiento antiguo que le impidiese hacer su trabajo. Era verdad, él estaba capacitado para liderar su búsqueda.

El reloj marcaba cuenta regresiva, no iba a detenerse a pensar en el pasado. Ahora ella, sin saberlo, lo necesitaba. No le fallaría de nuevo. Aún en contra del destino, juró que la encontraría.

Darien por fin se levantó del asiento, ahí estaba el inquebrantable Mayor Chiba. Artemis sonrió.

– No te preocupes jefe – continuó moviéndose con aplomo, dejando los expedientes en la mesa – comprendo todo lo que me dices y sé qué es lo que tengo que hacer. Tomaré el mando en la investigación. Encontraré a Serena y meteré a la cárcel a los delincuentes… – apretó lo puños y terminó de hablar apretando los dientes – si alguno de esos bastardos le ha hecho daño, no le alcanzará la vida para pagarlo.

Darien salió de la oficina y Artemis se quedó pensando, se fijó en el expediente arrugado sobre su mesa.

Encontraré a Serena… Al parecer, esta misión tendría más variables de las que había pensado.