Actualizo como regalo de navidad¿ ahhaha;; En fin, no quedé del todo conforme pero es básicamente en lo que pensé. El próximo capítulo ya está avanzado así que lo subiré pronto. Tengan un buen día y disfrútenlo.
Al haber acabado su acalorado encuentro; Hinata y Komaeda disfrutaron de las velas aromáticas adquiridas por el peliblanco.
Hajime, de piernas abiertas y Komaeda recostado en él, contra su pecho, era acariciado por las suaves manos del moreno. Este tallaba su espalda y besaba en ocasiones su frente.
Nagito se sentía feliz, muy feliz. No esperaba nada de lo ocurrido, hasta ahora todo parecía un sueño.
Luego del baño compartido, el castaño volvió a sus labores y apresuró para llegar a sus clases de medicina, pero antes de todo esto, correspondió a otro de los puros besos de Komaeda.
Así fue, como el más pálido volvió a estar solo en su gran habitación. Exhausto y con un incómodo dolor en su cadera, se recostó para entonces quedarse dormido.
Su subconsciente llamaba a Hajime, cada minuto transcurrido era un flashback; Le extrañó inmediatamente desde que volvió a cruzar aquella puerta.
La brisa de la primavera soplaba sus blancos cabellos, el sol no alcanzaba a atravesar las cortinas, pero aún así el cuarto se veía semi-iluminado.
Probablemente no vería a Hajime si no hasta mañana; por lo que suspiró al notar que, como siempre, se encontraba aprisionado y solitario entre esos blancos, cuatro muros. Aburrido y algo deprimido intentó conciliar nuevamente su estado tranquilo,no habría despertado hace más de media hora pero el tan sólo ver la máquina que regulaba su presión, le devolvió a su realidad.
Releyó las revistas obsequiadas por Hinata, vio televisión y se asomó por la ventana. Al dar las 10 de la noche, la clínica ordenó apagar las luces. Y aún si tomó siesta, y no tenía una pizca de sueño, debía volver a dormir.
-Hinata...-.
Un nuevo día.
Nagito entrelazaba sus dedos y al imaginar que eran las manos de Hajime con las suyas, un leve rubor le dio color a sus mejillas. Habrán sido las 8 de la mañana; Komaeda se sentía más liviano, sus rodillas estaban más "huesudas" y esto le preocupó un poco. Dejó pendiente conversar con Hinata el tema de la nutrición, ya que no quería causar mucho revuelo. El porqué de la preocupación sobre su peso, era que el peliblanco ya era bastante delgado como para seguir perdiendo masa corporal, sobre todo en su frágil condición.
Mientras discutía consigo mismo, la puerta se abrió levemente y Hinata, muy alegre, llegó con la bandeja del desayuno apoyada en sus brazos.
-¡Ah, Hinata-kun! Buenos días...-
-Buenos días Komaeda, ¿cómo te sientes hoy?- Hajime bajó levemente la comida hacía el regazo del más pálido. -U-um... bastante bien, dentro de lo usual... ¿qué tal tú?- Komaeda se sentía halagado. -Bien también, pero no es lo importante. Hoy, nos divertiremos mucho, eso te lo puedo asegurar- Hajime sonrió y se levantó para abrir por completo las cortinas. -¿A-Ah sí...?- Nagito se veía dudoso, impaciente -¿Algo en especial...?
-Daremos un paseo, un gran paseo, al exterior-. Respondió el moreno, ampliando su sonrisa. Señaló hacía la ciudad y un jardín cercano, para luego acercarse a paso lento hacía el ruborizado rostro del paciente.
-¿A-ah?- Nagito se quedó mudo, casi no aguantando la emoción y con los ojos bien abiertos.
-Sí, conseguí el permiso y he venido una hora más temprano de lo que debía para que aprovechemos el día al máximo. Apresúrate, iré a buscar tu abrigo y la silla de ruedas-. Hinata se veía tan motivado que la felicidad absoluta se estaba apoderando de Komaeda.
Comió, no muy rápido para digerir bien y no sentirse mal. Si arruinara este día, no se lo perdonaría nunca, definitivamente.
-"Cada momento con Hinata-kun es valioso."-
Al sentir la suave chaqueta de lana, ser colocada sobre su espalda, Nagito se levantó con ayuda del castaño; ya con sus zapatos puestos y el rostro limpio, pudieron salir y tomar el ascensor hasta el primer piso.
El peliblanco observaba atentamente, habían sido ya meses desde que salía de su cuarto. Lo más lejos que había llegado era hasta la sala de rayos X. Todo completamente blanco hasta llegar a la gran entrada de vidrio.
Ya que eran puertas corredizas, se abrieron apenas Komaeda acercó un pie al felpudo que cubría los celestes mosaicos. Este dio un paso hacía atrás y miró a Hinata, el cual apretó su mano y sonrió cálidamente, devolviendo la confianza y tranquilidad a Nagito, que entrecerró sus ojos y asintió.
-Aquí está la silla, siéntete cómodo. No pasará nada- la prioridad de Hajime era hacer saber a Komaeda que no estaba solo, y que podía confiar plenamente en él. Era un momento importante, para ambos. Nagito estaba muy agradecido por la preocupación y consideración de Hinata; tanto que sentía que le debía las ganas de aún vivir.
No eran necesarias las palabras, el más pálido estaba concentrado admirando el exterior y Hajime avanzaba a paso lento a la salida del Hospital. Había una gran cantidad de árboles, todos floreciendo y llenos de nuevos racimos; el cielo estaba despejado y habían pocas nubes. La calle estaba limpia, había gente haciendo jardinería, dirigiéndose al trabajo... estudiantes, encargados de la municipalidad, niños, mascotas... Komaeda veía todo, sentía todo, sentía aquella cálida brisa entre sus dedos, atravesando cada trazo de cabello.
-¿Y?- Hinata se acercó a su oído -¿Qué tal?
Komaeda pestañeó repetidamente y luego sus labios se extendieron.
-Es mágico- murmuró.
Hajime inclinó su cabeza hacía un lado y rió suavemente; lo que era música para los oídos del peliblanco.
Siguieron el camino peatonal, y atravesaron lentamente el parque que solía repletarse y estar muy bien adornado en las fechas festivas. Nagito recordó la última vez que celebró navidad; fue durante la semana en la que fue diagnosticado. Estuvo solo y se encerró en su departamento, junto con una caja de ponche y fídeos instantáneos.
Molesto por recordar malas experiencias cuando se supone que debería estar disfrutando, sostuvo fuertemente sus rodillas. Permaneció en silencio y Hajime sentía que algo andaba mal, por lo que decidió cambiar el recorrido para llegar rápidamente a la librería.
Las aves cantaban, el clima estaba tan templado. Era un día perfecto, Komaeda olvidó luego lo ocurrido y sostuvo nuevamente la mano de Hinata, para posicionarla en su mejilla.
No habían razones para disgustarse, y menos ahora. De verdad, Nagito sentía en su pecho una felicidad tan grande como lo eran sus sentimientos por Hinata. Grandes, muy grandes. Su corazón desbordaba amor.
Hajime se sentía en paz, muy tranquilo. La sonrisa de Komaeda era capaz de aliviar su frustración, además de hacerle sentir bien consigo mismo. A medida que pasaban las tiendas, los anuncios de invierno eran retirados y se anunciaba el fin de temporada. Nadie les veía, eran nulos para la masa de gente que a temprana hora hacía sus actividades. Los dos tenían su propio mundo, ahora compartido.
Llegaron a la vitrina, y Hajime se propuso entrar, haciendo sonar la campanita de la puerta. Komaeda no pudo despegar la vista del vitral hasta sino verse rodeado de estantes copados de libros. Había un sin fin de revistas, todo muy colorido. El pálido joven no entendía porqué se sentía tan feliz y emocionado, no era la primera vez que estaba allí, pero había pasado tanto tiempo sin tener un contacto así, que el sólo roce con uno de los asistentes le provocó escalofríos.
-Vamos, dime qué te gustaría ver y lo compramos, tenemos bastante tiempo así que medita lo que necesites- la voz de Hajime le calmaba completamente. Agitó su cabeza de arriba abajo y sus mejillas adquirieron un color cerezo; miraba hacía todos lados y cogió lo primero que vio, un libro de cocina.
-¿Cocina?- Hinata rió -¿Eso te gustaría hacer cuando dejes el hospital?- Komaeda realmente no lo sabía, ni lo había pensado pero asintió como un reflejo, a lo que Hajime se encogió de hombros, lo tomó y miró de perfil.
-Muy llamativo... son recetas simples pero de buena apariencia, cómo tú- Hinata le devolvió el libro y Komaeda semiabrió su boca, sintiendo el fervor en su rostro. Hajime lo notó y tartamudeó -O-oye no te preocupes... no lo tomes a mal, sólo intenté que fuera un cumplido...- quería enmendar su error pero Nagito rio levemente.
-Está bien, fue muy lindo de tu parte... puedo sentir como cada segundo llena mi pecho de fulgor- desde lo más profundo de sí, la mirada de Komaeda derrochaba alegría.
-Y-ya veo...- Hinata se sonrojó de inmediato y quiso desviar la vista -E-entonces... ¿proseguimos?...- Komaeda seguía con el libro en sus manos y lo abrazó, estrechándolo entre sus brazos.
Estuvieron alrededor de una hora en la tienda, Komaeda llevaba 4 libros, ninguno relacionado con el otro y Hinata sentía como parte de su bolsillo se quejaba; pero nada de eso importaba mientras la sonrisa de Nagito perdurara.
Al abandonar, el moreno preguntó cual sería su próximo destino, a lo que el peliblanco contestó melodiosamente -¡Sorpréndeme!- Komaeda ya estaba lleno de sorpresas, así que el castaño sólo pudo pensar en recorrer el lago y alimentar animales silvestres.
Aún si era una ciudad muy tecnológica y rodeada de altos edificios y centros comerciales por doquier, habían bastantes áreas verdes, todo estaba tan bien proporcionado que era satisfactorio tanto para residentes como turistas.
Emocionado, tranquilo y despistado, Nagito estaba atento de cada detalle. Hinata por su parte cubría su espalda, creía que incluso la silla era más pesada que Komaeda. Al llegar a las bancas ubicadas a metros de la orilla, Hajime levantó cuidadosamente al delicado paciente, para luego sentarse él.
Ambos suspiraron y nada salía de sus bocas. Se miraban de vez en cuando y sus manos se aproximaban mientras los minutos avanzaban.
-Gracias, Hinata-kun- Nagito se posicionó para quedar frente a este, y sostuvo su mano en las de él, sonriendo ampliamente y con el rostro ruborizado. Hinata realmente no sabía que responderle más que un "no es nada"; él sabía que era mucho más que eso pero sólo asintió firmemente y acarició los cabellos de Komaeda.
-Te lo debía, haz sido una gran compañía estas semanas, no sólo eres mi amigo, si no a quién... admiro tanto...-. Hajime se encogió de hombros, para luego bajar la cabeza.
Komaeda no estaba convencido, sentía que debía devolverle el favor, hacerle saber que estaba inmensamente agradecido -Hinata...- su cuerpo se inclinó casi por instinto, y aferró del cuello contrario, atrayéndole hacía sí -Yo... no puedo describir cuan feliz me hace saberlo, eres tan especial para mi, que ni todos los "gracias" serían suficientes...- Komaeda sostuvo su pecho, temblando como si estuviera apunto de llorar.
-Hinata-kun... ¡te amo! desde el fondo de mi corazón... ¡te amo!-
Hajime se quedó helado, no quería oírlo... pero... ¿quería? la felicidad se tornó miedo. Hinata en verdad, quería responder. Pero lo único que atravesaba su mente era un gran "¿Por qué?".
-Ahh... Komaeda...-el castaño pestañeó varias veces y dirigió la vista al suelo.
El rostro de Nagito se tornó triste de inmediato. La expresión de Hajime era tan dudosa e incómoda que provocó un profundo dolor en su pecho.
-Tú... no lo sientes... ¿cierto?...-Komaeda se veía tan desilusionado, pero a la vez seguro; el moreno se sentía terrible. Se suponía que correspondería, que no tendría miedo de confesar sus sentimientos, pero, una repentina confusión se apoderó de él; algo que por más esfuerzo que hiciera, Nagito no entendería.
-No... no es eso.- Hinata sostuvo sus manos, y le miró fijamente a los ojos, a lo que sus labios temblaban -Komaeda, yo... creí que podía... realmente creí que todo lo que he hecho por ti, y todo el tiempo que permaneces en mis pensamientos, era resumen de un "te amo"...- Hajime hizo una pausa y entrecerró sus ojos, Nagito no parecía dispuesto a aceptarlo, como él lo esperaba. -Pero, insisto... no es que no te ame, y estoy inmensamente agradecido... pero puedo decirte, que debido a esto, tú y yo no somos (ni sentimos) lo mismo-.
Todo estaba tomando un rumbo delicado y dramático. Los sentimientos de Komaeda definieron esa tarde.
El peliblanco sólo miro a sus manos, asintió y luego de un "infinito" silencio, levantó la cabeza para sonreírle cálidamente. Hajime sintió esto como una puñalada, sabía que Komaeda no lo estaba tomando nada de bien y estaba mintiendo, lo cual le hizo sentir mucho peor.
-Oye... Komaeda- Nagito le interrumpió -No me siento muy bien; ¿te parece si volvemos al hospital, Hinata-kun?-.
Hinata frunció las cejas, se sentía torpe.
-Vale-.
...
La vuelta a la clínica fue muy apagada. Komaeda sonreía pero su mirada se veía vacía; movía la cabeza vagamente, para ver flores o perros. Hajime sólo quería dejar a Nagito tranquilo.
Al llegar, Komaeda se levantó por sí solo, débilmente. Se recostó apenas abrió su puerta, Hinata dejó la bolsa con libros en su cómoda y se le quedó mirando, de pie.
-Oye, estás molesto, ¿cierto?- Hinata estaba mucho más molesto de lo que Nagito podría estar. Así se sentía.
-No, todo está bien- el tono de Komaeda era melancólico, claramente no se encontraba bien, pero aún así su rostro permanecía sonriente e imperturbable.
-Komaeda... por favor, no es que no esté de acuerdo pero no debes tomarlo así...- Hinata se sentía explosivo, impotente.
-Hinata-kun... sólo te diré...- Nagito tomó una bocanada de aire -No puedo obligarte a nada, y entendí tu situación, pero ahora te rogaría que me dejes solo-. Komaeda seguía sonriendo, pero ahora sus labios temblaban, y sus comisuras estaban apunto de derrumbarse.
Hajime supo que era el momento. Le miró fijamente y suspiró, cerrando los ojos, para darse media vuelta y abandonar la habitación.
Silencio otra vez.
-Demasiado bueno para ser verdad... ¿huh?...-.
