Bueno, estoy de vuelta. De nuevo adelanto un poco la actualización porque siento que me estoy distrayendo un poco y quiero seguir cumpliendo con el mismo tiempo (Que sepan que la culpa la tiene Pottermore, por fin me hice una cuenta ¡Y miren lo que me pasa!)Bueno, como esta vez se esmeraron con los comentarios aprovecho para agradecer individualmente:
MayLiz: Si, a mi también me hace ilusión ver como evoluciona la relación con todos, aunque debo reconocer que con Sev me está resultando bastante duro, y eso que era con quien más ganas tenía )= Bueno, gracias por tus ánimos y tranquila, actualizaré pronto. Gracias por seguir pasándote.
TengoLaRazon: Jajaa bueno, tuve que intentar que fuesen así de arrogantes porque como tú dices ¿Como si no iban a estar en Slytherin? Bueno, y lo que me pedías, pues empieza un poco aquí y ya continuará en el siete. Gracias por pasarte =)
SusieCrakcas: Mi idea era que tuviesen la capacidad de las bromas de los merodeadores, el caracter buenos con los amigos como Harry (Scorpius no se de donde lo saco), la furia de sus abuelas y pues sus propios rasgos Slytherin... vamos, que de calcas solo por fuera xD Pero supongo que acabaré metiendo alguna manía propia de la familia. Me alegro que te agrade lo de las fechas, es que he visto cosas como meter a McGonagall de estudiante al mismo tiempo que Sirius y es bastante extraño. Muchas gracias por tu review!
Así que sin más dilación:
.:Los merodeadores:.
Una semana de clases. Llevaban solo una semana de clases y el moreno ya se había cansado de ellas. Con el paso de los cursos cada vez había tenido menos asignaturas y nunca antes había tenido tanto tiempo libre al día como ahora, pero esa no parecía ser razón suficiente como para alegrarse. El moreno rodó un par de veces más sobre la cama, negándose a levantarse, la sola idea de tener que aguantar otro día entre libros y profesores se le hacía insoportable.
Sin embargo, algo le hizo abrir los ojos lentamente y comprobar asombrado que la habitación estaba completamente vacía. Quizás fuese en ese momento en el que recordó que era sábado. Saltó rápidamente de la cama, olvidando súbitamente su promesa de hacer el vago durante todo el día. Cogió del baúl que estaba a los pies de su cama una muda limpia y se metió en el baño. No tardó demasiado en prepararse, saliendo de la habitación con un sonoro portazo y bajando los escalones que llevaban a la sala común de dos en dos.
-¿De veras no lo crees? – preguntó su inseparable amigo en cuanto él llegó a la sala.
-Ni en sueños, Potter.
En medio de esta, un moreno bajo con de gafas miraba falto de esperanzas a una pelirroja, que semejaba algo furiosa; sobretodo por su forma bruta y apresurada de recoger sus libros, en lo que parecía una huida rápida y tajante. El recién llegado esbozó una mueca de decepción y se acercó a otro de los chicos que veían la pelea; este era castaño, de tez pálida – un tono que semejaba enfermedad – y un par de cicatrices en medio del rostro. Vió como el moreno se acercaba a él y fingió asombro.
-No puede ser ¿Ya te despertaste Sirius?
-Muy gracioso, Lunático; podíais haberme avisado – dijo frunciendo el entrecejo.
-Siento decírtelo, pero lo hicimos – respondió con una sonrisa maliciosa – creo que pusiste un hechizo silenciador.
-Demonios ¡es cierto! – después miró a los dos Premios Anuales - ¿Cómo he podido perderme el inicio de la primera pelea del año?
El castaño lo miró divertido, sin poder reprimir una pequeña risa. Desde el primer curso, Lily Evans y James Potter tenían ciertas... diferencias, derivando muchas veces en riñas. La pelirroja era una chica simpática, enérgica y que le gustaba cumplir las normas; mientras que el moreno... bueno, era uno de los fundadores y uno de los cabecillas de los merodeadores, eso lo decía todo. También había resultado un problema la amistad que durante algunos años Lily y Severus Snape – el principal objetivo de las bromas de los merodeadores – habían mantenido. Sin embargo, desde hacia algunos cursos, la mata de pelo desordenado Potter se había enamorado perdidamente de la pelirroja, y las discusiones habían adquirido una nueva temática: James intentaba ligar con Lily, esta le rechazaba de forma seca, él se quejaba y ella se enfadaba. A veces, también incluían temas como las bromas, pero eran menos comunes.
-Dime al menos como empezó – rogó el ex-heredero de los Black.
-Bueno, James le recordó que este año ambos eran Premios Anuales y que si estaba preparada para disfrutar tanto tiempo los dos a solas – al ver la cara de confusión de su amigo perruno añadió – bueno, ya sabes, Premio Anual es parecido a ser prefecto, tendrán algunas responsabilidades – le explicó Remus – además, creo que el problema es que lo dijo... ya sabes, esa sonrisa de ligón que Lily tanto odia.
-Ah, sí – el moreno recordó – esa se la enseñé yo – dijo orgulloso.
-Ya, vale – el castaño trató de ignorarlo – después vino lo de siempre: Lily se enfadó y James se desinfló como un globo.
-¿Un qué?
-Déjalo...
-Por cierto ¿Y Peter? – preguntó el moreno, mientras miraba divertido a su amigo de gafas caminar tras la pelirroja, que escapaba a grandes zancadas de la sala común.
-Creo que James lo mandó a algún recado – contestó el otro, que todavía seguía a la pareja con los ojos, hasta que Lily pegó un portazo.
En ese momento se dieron cuenta de lo silenciosa que estaba la sala común, varios grupos de alumnos habían estado mirando totalmente callados la discusión, y ahora permanecían en ese mismo estado, expectantes de la reacción del moreno. Este se rascó la nuca, en un acto de nerviosismo y se dio la vuelta, dispuesto a ir en la busca de su amigo – pues aún no se había dado cuenta de la presencia de Sirius – y fue entonces cuando se percató del panorama. Frunció el entrecejo, obviamente molesto.
-¿No tenéis nada mejor que hacer?¿Desayunar por ejemplo? – sugirió irritado, haciendo que algunos se levantasen de forma apresurada, para bajar al comedor – La próxima vez que os vea mirando como estúpidos os quitaré puntos.
-¡Eh, Cornamenta! No te pases que sigue siendo nuestra casa – le gritó el moreno – mejor amenázalos con ser nuestro próximo objetivo en una broma – añadió con una de sus grandes sonrisas, provocando un estremecimiento de temor en algunos... y de otro tipo en otras.
-¿Y la Bella Durmiente cuando despertó? – preguntó divertido James, llegando a la altura de sus amigos.
Sirius lo miró, enfurruñado, dándole finalmente un golpe amistoso en el hombro – aunque no por ello utilizó menos fuerza-. Justo cuando iba a añadir una respuesta ingeniosa, un chico algo más bajo entró corriendo. Traía el pelo rubio desordenado por causa de la carrera y una mueca de cansancio. James recuperó su sonrisa al verlo, haciendo que Remus se preocupase terriblemente y Sirius sonriese con complicidad.
-Ya esta todo listo, James – anunció el rubio, con un tono algo agudo, casi recordando al grito de una rata.
-¿Cuál es el plan, Cornamenta? – preguntó sin dudarlo un momento el otro moreno, apoyando su codo en el hombro del de gafas, ya que este era algo más bajo.
-No lo diréis en serio ¿verdad? – los tres miraron con una mueca al castaño, molestos de que intentase echar a bajo su broma – Chicos, sabéis que me encantan las travesuras como a vosotros – antes de que Sirius pudiese hacer un comentario sarcástico añadió – pero James, Lily acaba de darte un discurso sobre porqué nunca saldría contigo y el noventa por cierto consistía en tu inmadurez al dedicarte a las bromas – suspiró cansado, mientras se revolvía el pelo - ¿De verás crees que la mejor táctica para enamorarla es hacer una travesura justo después de que te haya dicho que las odia?
-No – y antes de que nadie pudiese reaccionar, James añadió con una sonrisa – pero la vamos a hacer igual.
-¡Así se habla Cornamenta! Esa pelirroja no nos detendrá nunca – proclamó victorioso el mayor.
-¡Hey! Cuidado con lo que dices de mi pelirroja, perro pulgoso
-Que yo sepa, no es tuya Cornamenta... ahora que lo pienso, estas tardando demasiado amigo, tal vez debería enseñarte yo como conquistarla...
-¡Ni se te ocurra, asqueroso chucho!
-¿Qué me llamaste, cornudo?
Remus resopló con pesadez, mientras ignoraba el hecho de que sus amigos peleaban como dos niños de primero, improvisando estúpidos pero ingeniosos insultos acerca de su forma animal y como un pequeño y asustadizo Peter intentaba en vano separarlos; aunque seguramente – y teniendo en cuenta su profundo estómago – sus verdaderas intenciones es que todos bajasen de una vez a desayunar. El castaño miró distraídamente por la ventana, perdiéndose un momento en su peludo mundo, hasta que estuvo seguro de que los demás ya se habían calmado. Fue entonces cuando los miró, ya totalmente derrotado.
-Bueno, entonces cuéntanos Cornamenta – los otros tres dibujaron inmediatamente una sonrisa traviesa en su cara, cuando Remus usaba sus apodos era porque apoyaba el plan que los merodeadores iban a llevar a cabo - ¿Cómo piensas distraernos esta aburrida mañana de sábado?
-¡Ese es nuestro Moony! – exclamó victorioso el ciervo – Os cuento ahora en el desayuno ¿vale? – propuso este, alegrando a Peter.
-¿Dónde cualquiera pueda oírnos? – cuestionó dudoso el castaño.
-Bah, nos alejaremos, tranquilo – y añadió con una sonrisa maliciosa – nuestros objetivos no podrán oír de todas formas y si algún Gryffindor oye pues... – su sonrisa se amplió – cuanto más público, mejor ¿no?
-Algo me dice que Snivellus no va a ser nuestra víctima hoy – Sirius no sabía si sentirse decepcionado o curioso, pero de lo que estaba seguro es que la sonrisa no auguraba nada bueno.
La suerte de los dos Slytherin no podía ser peor, justo cuando se dirigían a la Sala de los Menesteres, después de desayunar, habían tenido un pequeño problema. Y por pequeño problema se entendía un pequeño ser, molesto y con mucho tiempo libre; algunos – normalmente sus principales objetivos – lo llamaban pesadilla, otros más técnicos lo llamaban simplemente el estúpido de Peeves, el famoso Poltergeist. Este había hecho aparecer un muro invisible que impedía a los dos estudiantes avanzar hacia su objetivo e insistía en que no lo quitaría si no resolvían su acertijo, el cual por cierto era demasiado retorcido y el cual Scorpius empezaba a sospechar que no tenía solución.
Albus miró furioso al pequeño hombrecillo, repitiendo por enésima vez que los dejase marchar; pero este se negaba rotundamente, ampliando su malévola sonrisa.
-No, no, Fidem – rió el pequeño, dando vueltas en el aire – debéis cederme una buena respuesta si queréis reanudar la marcha propuesta – exclamó divertido.
-Dame una buena razón para no lanzarle un maleficio – pidió Scorpius entre dientes.
-Yo también la busco, cuando la encuentre serás el primero en saberla – le respondió del mismo modo Albus.
-¡Vamos chicos! Soy gordo, soy feo y de color amarillo, – empezó a recitar de nuevo.
- si preguntas quién soy respondo cua cua cua– siguió cansado Albus.
-y hago popó mientras camino ¿Quién soy yo? – remató el rubio.
Era la adivinanza más estúpida e imposible de responder que nunca hubiesen oido, y no tenían precisamente ganas de perder toda la mañana esperando a que Peeves se cansase de la broma; es más, parecía que estaba más motivado que de costumbre, que ya es decir. Albus hacía oídos sordos al maldito intento de fantasma, y trataba de comprobar si eso de matar con la mirada era realmente mentira... aunque realmente, en el hipotético caso de que los Poltergeist hubiesen sido seres humanos normales y corrientes en algún momento, Peeves ya estaría muerto. Scorpius por su parte, sentía que algo iba realmente mal ahí, su sexto sentido le decía que el pequeño demonio no los había encontrado por casualidad; así que miró a su alrededor, en lo que él creía que era un vano intento. Sin embargo, de pronto una bombilla se encendió en su mente.
-Oh, el feo de color amarillo cree que puede escapar – advirtió divertido Peeves, que malinterpretó el movimiento del rubio – pero no sabe que a Peeves nadie lo puede burlar.
-Por Merlín, Peeves – protestó el moreno irritado – te juro que si no te largas ya llamaré al Barón Sanguinario – lo amenazó. Por un momento pensó que resultaría, porque el demonio se quedó callado unos instantes, pero de pronto echo a reír.
-El feo de color negro se cree ingenioso, pero todavía no resolvió el acertijo tedioso – rió Peeves, creyendo que confundiría al chico, le parecía poco probable que un alumno que solo llevaba una semana en el colegio supiese ya su punto débil, así que decidió ir de farol.
-Al – susurró el rubio en cuanto el Poltergeist se dio la vuelta para reforzar el muro, acción con el único fin de hacer rabiar más a los chavales, puesto que seguía intacto – detrás de las escaleras... ¡y mira disimuladamente! – le advirtió.
Acto seguido, Scorpius trató con una respuesta que sabía de antemano que era errónea, pero al menos distraería al "fantasma"... y no solo a él. Tras las escaleras, el moreno vió de reojo como cuatro cabelleras salían con cuidado de vez en cuando y nunca al mismo tiempo; dos de ellas morenas, y las otras dos más claras. No hacía falta ser un genio para saber quienes eran ni qué era lo que estaban haciendo allí. Si solo quisiesen divertirse viendo sus sufrimiento, los merodeadores ya habrían salido a burlarse, después de todo los "primos Fidem" eran de Slytherin; pero en vez de eso se escondían, por lo que era claramente una broma. Por no mencionar que...
-Por Merlín – dijo disimuladamente Scorpius – tiene esa sonrisa que pone siempre James – Albus sintió que le había leído el pensamiento.
-De tal palo tal astilla – lo apoyó Albus – aunque la genética se saltó a mi padre.
-¿Qué tramáis, truhanes? – preguntó Peeves, extrañado.
-Sinceramente Al, creo que tu padre no tuvo demasiado tiempo para poder seguir lo que le dictaba la genética – le recordó Scorpius, mientras se volvía al hombrecillo - ¿Y...un pato hechizado?
-No – Peeves rió con una risa estridente y molesta.
-¡Scor! – avisó el moreno, cogiendo la varita disimuladamente – ¿viste al moreno? Si mal no recuerdo es Sirius...
-Es la seña de James cuando empieza una broma... Oh, oh – el chico comprendió, sacando también la varita, aunque fue menos delicado que su amigo.
-¿¡Hey que hacéis!? – preguntó el otro, extraño.
Lo siguiente que pasó fue muy rápido extraño, cuatro rayos púrpuras se dirigieron hacia el pasillo. Por un segundo las dos serpientes dudaron acerca de que estaba pasando, puesto que los rayos no fueron hacia ellos; es más, se desviaron bastante, porque tocaron la parte donde el techo se juntaba con la pared... o casi. Algo invisible impidió que los hechizos llegaran y que rebotaran en dirección Albus y Scorpius. "Reflectores" murmuraron ambos mientras alzaban sus varitas casi por autoreflejo y murmuraban un hechizo protector, más habitual para ellos de lo que les gustaría.
Hacia algunos años atrás, James Sirius había intentado probar sus nuevos hechizos con los dos amigos. No era una venganza hacia su hermano por haber acabado en la casa de las serpientes, más bien era todo lo contrario, el mayor de los hermanos Potter lo había reconocido como Slytherin y por ende le tocaba pagar las consecuencias: sus famosas bromas. Sin embargo, y tras un par de situaciones ridículas para los de la verde casa, habían aprendido como reconocer a James por los pasillos, cuando tramaba una broma, sus señales... y lo más importante, como esquivarlo. La mayor parte de las veces era fácil de eludir si el hechizo no estaba preparado para otro defensor – como era la situación actual -, así que durante los siguientes años Albus y Scorpius dejaron de convertirse en los conejillos de indias para empezar a ser el plato fuerte; y ambos grupos habían empezado una guerra por quien era capaz de lograr el conjuro más potente, capaz de vencer al del otro.
Era experiencia la que hizo que ambos se salvasen de los rayos púrpuras... aunque Peeves no tuvo la misma suerte, puesto que fue el blanco del rebote. Los merodeadores miraron asombrados el resultado de la travesura: dos chicos aparentemente desconocidos había esquivado con rapidez y elegancia sus hechizos, como si llevasen años haciéndolo; mientras que un asustado Peeves empezaba a rascarse nervioso. Su piel se volvió más rosada y comenzaron a salirle algunas plumas llenas de escamas de entre la camiseta verde y bajo su pantalón azul empezaron a salir un intentó de patas de pollo, mientras, sus ojos negros habían empezado a hincharse y sus párpados se cerraban horizontalmente, como los de las serpientes.
-Moony, dijiste que tu hechizo convertía a la persona en un basilisco – recordó James – algo humanizado, ridículo e inofensivo, pero un basilisco al fin y al cabo.
-Si, de esos que en vez de ser solo serpiente, también tienen parte de pollo –coincidió Sirius – pero eso no se parece al de tu libro.
-Bueno – empezó a explicar el castaño – el hechizo es para personas, no para Poltergeist, así que los efectos varían – a medida que avanzaba la explicación una mueca se iba formando en sus caras, ante semejante escena – sería como usar un pelo de un animal en una poción multijugos.
-Moony... no me lo recuerdes...
Antes de que pudiesen seguir hablando o incluso acercarse a exigir explicaciones, Peeves empezó a gritar angustiado al ver como había quedado. Por los pasillos se empezaron a escuchar pisadas, de alumnos y seguramente algún otro profesor. James miró rápidamente a sus amigos, que ya habían encontrado una clase vacía, sin dudarlo un segundo corrieron hacia ella, librándose de la mirada de Peeves, que todavía se encontraba totalmente absortó por su nuevo aspecto y el picor de ojos, pero no de la de las dos serpientes. Antes de que ellos pudiesen dejar la escena del crimen también, la profesora McGonagall llegó, seguida de alumnos de todas las casas.
-¿Se puede saber que ha pasado aquí? – preguntó alterada la mujer - ¡Peeves!
-¡Que alguien me quite esto! – exigió el Poltergeist.
La jefa de los Gryffindor mandó rápidamente al hombrecillo a la enfermería, no estaba segura de que Pomfrey pudiese hacer algo no siendo un humano, pero por lo menos no estaría a la vista de todos y algún recurso temporal seguramente tendría; sobretodo desde que los merodeadores habían ingresado en el colegio. En cuanto el pequeño despareció por los pasillos, McGonagall centró su severa mirada en los dos nuevos alumnos, que parecían mantener la calma.
-Quiero saber exactamente que le han hecho a Peeves... y por favor no me digan que ustedes no fueron.
-Es que no fuimos nosotros profesora – aclaró el moreno sereno, mientras la maestra endurecía su rostro ante la típica excusa; si aquello no fuera un tema tan serio se habría dado la vuelta para reñir a todos los alumnos que reían divertidos a sus espaldas – por muy deformado que haya quedado Peeves, se debe a que ese hechizo no es para fantasmas; nosotros no sabemos hacer una transformación como esa.
McGonagall entrecerró los ojos, aquello era cierto. Ambos chicos eran buenos estudiantes, pero no sobresalían de forma extraordinaria en su asignatura. Dominaban las cosas, pero tras un par de intentos; y esa habilidad no era suficiente para hacer una transformación tan avanzada como la de la combinación de un pollo y una serpiente, mucho menos si su objetivo era un Poltergeist. Además, el efecto había sido desastroso, y en los pocos días que había estado con ellos había aprendido que no eran unos Slytherin que se dejasen en evidencia tan a la ligera. Si querían encantar al fantasma habrían estado mejor preparados.
-¿Y qué sugerís que pasó entonces? – decidió darles una oportunidad, había algo que le infundía confianza en ellos dos.
Justo cuando Scorpius iba a responder, oyeron como alguien más se acercaba, pero esta vez por el otro lado. Vieron como el profesor Slughorn subía las escaleras rápidamente y se dirigía hacia allá, los dos Slytherin tardaron en reacción y para cuando se acordaron del muro de Peeves, su jefe de casa ya se había chocado con él y caía estrepitosamente al suelo. McGonagall negó con la cabeza, mientras movía la varita para deshacer el muro y que su compañero pudiese acercarse al grupo.
Albus miró atentamente donde se suponía que estaba la barrera, debía de ser tipo colador si había dejado pasar los encantamientos pero no al profesor Slughorn, y por supuesto les había impedido a ellos avanzar antes. Su rubio amigo señaló en esa dirección y empezó a relatar.
-Nosotros estábamos caminando en esta dirección cuando de repente Peeves apareció – el chico frunció el ceño – levantó ese muro y nos impidió avanzar si no resolvíamos su estúpida adivinanza.
-Llevábamos ya diez minutos intentando que nos dejase en paz ¡Ni siquiera nos dejaba irnos por donde habíamos venido! – Albus respiró hondo y miró para otro lado – Así que sacamos las varitas para amenazarlo...
-¡Fidem! – exclamó la mujer - ¿Cómo se le ocurre?
-Tranquila Minerva – intentó calmarla Slughorn – seguramente los chicos solo lo hicieron como movimiento simbólico ¿Verdad chicos? – los dos asintieron - ¿Ves? No creo que tuviesen malas intenciones.
-Pero entonces él se sintió amenazado y nos lanzó los hechizos – continuó el moreno, sintiendo la extrañada mirada del rubio sobre él – intentamos protegernos y bueno... los conjuros rebotaron y le dieron a él.
-¿Convirtiéndolo en una serpiente-gallina? – preguntó asombrado el jefe de la casa verde, que se había cruzado con el Poltergeist al ir hacia allá.
-Bueno, supongo que pretendía convertirnos a uno en gallina y al otro en serpiente – aclaró Scorpius.
McGonagall suspiró resignada, la historia sonaba creíble y Peeves era capaz de hacer esos dos hechizos a la vez, por desgracia había practicado mucho. Analizó con la mirada a los dos muchachos que seguían manteniendo la calma respecto a su interrogatorio, pero podía notarlos algo enfadados, se habían pasado un cuarto de hora retenidos por el hombrecillo y ahora se veían envueltos en ese problema.
-Bueno Horace, son de tu casa, tú decides – dijo ella, dispuesta a marcharse – les daré un voto de confianza – señaló a los dos Slytherin – así que espero que no vuelvan a meterse en un lío o seré yo quien los castigue – y dicho eso se marchó.
-Bueno muchachos – dijo el profesor de pociones – ya dijeron que no fue su culpa, así que pueden irse – anunció con una sonrisa – por cierto ¡vuestra poción saborizante estaba perfecta! – exclamó feliz cuando ya se separaban.
Los dos sonrieron y escaparon rápidamente escaleras arriba.
Cuando el pasillo estuvo totalmente vacío, el chirrido de una puerta inundó el lugar, pero nadie más a parte de los merodeadores lo oyó. James salió el primero al pasillo, entre enfadado y confuso, pero Remus rápidamente lo volvió a meter dentro del aula, no quería arriesgarse a que nadie oyese su próxima conversación. El moreno no lo tomó en importancia y estalló:
-¡¿Pero qué cojones acaba de pasar?! – preguntó casi furioso.
-Bueno, al parecer dos Slytherin nos acaban de salvar el trasero de un buen castigo – respondió siseando Sirius, a pesar de que la pregunta era claramente retórica.
-Por no decir que fueron capaces de redirigir nuestros hechizos – murmuró Remus pensativo, aunque a pesar de su curiosidad todavía se atisbaba un ligero enfado en su mirada.
-Y yo que pensaba que podríamos dejar en ridículo a esos novatos porque no nos conocían – se quejó el perro – ha sido lo más raro que nos ha pasado nunca.
-Bueno, en realidad... – empezó a decir Remus, pero al ver la mirada de su amigo se volvió a centrar en el tema – creo que olvidamos que estaban en sexto, debimos tener en cuenta que seguramente se sabrían un par de trucos.
-¿Un par de trucos?¡Han esquivado nuestra broma y han salido de rositas! Malditas serpientes – murmuró de nuevo James – Esto no va a quedar así ¡esto es la guerra!
-Así se habla Cornamenta – coincidió el otro moreno, chocando los puños con él – vamos a demostrarles quienes somos. Y además ahora mismo.
Antes de que nadie pudiese decir nada, el chico sacó el mapa de los merodeadores. No podían usarlo por los pasillos a plena luz del día porque alguien podía verlo, pero ahora estaban solos en aquella clase. Era por esa razón por la que habían necesitado a Peeves, siendo sábado era muy posible que los dos Slytherin se pasasen el día en su sala común – aunque al final no fue así e incluso subieron a la sexta planta – y no sabían si serían capaces de alcanzarlos cuando fuesen desde el Gran Comedor hasta las mazmorras. Necesitaban algo o alguien que los entretuviera y los mantuviera quietos en el mismo sitio durante un rato, para así además colocar los reflectores – unas placas con la capacidad de volverse invisibles que redirigían los hechizos hacia el objetivo marcado anteriormente para que el tiro diese siempre en el blanco.
A Peter le había costado veinte minutos y varias cajitas con artículos de broma conseguir que el Poltergeist colaborase – quien seguramente se la tendría guardada por haberle provocado aquel escozor y ridículo aspecto – y por eso había podido llevar a cabo la broma y localizar enseguida a los dos chicos. Pero ahora era distinto, tenían que encontrar a aquellos dos, saber a donde iban y con esos datos idear algo para pillarlos por sorpresa. Pero las cosas no salieron como ellos pensaban.
-Eh... no están - anunció Sirius después de pasarse un par de minutos mirando el mapa.
Era obvio que buscar por siete pisos era una tarea larga, pero no podían haberse ido muy lejos; además, sus amigos se le habían unido enseguida y después de muchas travesuras todos tenían una habilidad especial para buscar nombres en el mapa – el record se lo llevaba Peter, al haber encontrado a Snape una vez en el Gran Comedor, 0´54 segundos según James -, pero ni aún así los encontraban.
Muchos podían haber pensado que si ellos habían creado el mapa, este solo mostraría lugares que ellos supiesen donde estaban; esa era la razón por la que la Cámara Secreta, por ejemplo, no aparecía, era un mito y ninguno de ellos tenía una mínima pista de donde estaba o si era real. Así, lo primero que se pensaría es que al ser Gryffindors no habrían podido dibujar las otras salas comunes de Hogwarts, ya que en teoría debía ser secreto entre los alumnos, así que si aquellos dos se metían en estas no podrían verlos. Pero había dos razones fundamentales para deshacer esa suposición: primera, no les podía dar tiempo de ir desde el sexto piso hasta las mazmorras sin desaparecerse – era imposible en Hogwarts – y que ellos no los vieran antes; y segunda, Sirius ya se había encargado por medio de algunas "amigas" de averiguar donde estaba cada sala común y aunque no aparecía un dibujo exacto de cómo era cada una, si que había un gran círculo en su lugar correspondiente que indicaba al menos quien estaba dentro, y ninguno de los dos Fidem aparecían allí.
-Tampoco pueden haber ido a la Casa de los Gritos – dijo James, menos enfadado, pero más confuso – la única posibilidad para llegar en este tiempo es ir volando con una escoba hasta allí, pero yo no les he visto ninguna – los otros tres chicos asintieron.
-Bueno, ya resolveremos este problema en otro momento – dijo Remus, estirándose – esta tranquilidad antes de la tormenta será como un agradecimiento.
-¡Moony! No puedes hablar en serio – lo acusó Sirius.
-¿Te das cuenta de lo que habría pasado si nos hubiesen delatado?¡Nos habrían castigado! – le recordó el castaño.
-Pero Remus – intervino Peter – pensé que ya habías superado esa fobia a los castigos.
-Y lo he hecho – respondió con la mirada furiosa a su amigo; después contempló al trío completo que todavía lo observaba confuso – Por Merlín, no puedo creer que hayan olvidado que día es hoy – masculló irritado.
Fue entonces, cuando vieron el brillo amarillo en los ojos del licántropo que comprendieron por qué no quería ser castigado.
-Vale – rompió Scorpius el silencio cuando por fin entraron en la Sala de los Menesteres – no entiendo por qué hemos hecho eso.
-¿El qué? – preguntó Albus confuso, mientras se quitaba la capa y se dirigía a una de las estanterías llenas de libros.
-Defender a tu abuelo – respondió, obviando la mirada del moreno.
Durante una de sus charlas nocturnas, Albus le había dejado claro a su amigo que no quería que hiciese referencia a los merodeadores como "tu abuelo" o "el padrino de tu padre" o "el traidor de tu familia" o "el padre de Teddy" o demás sobrenombres que aunque el rubio solo quería utilizar delante de su amigo, si eran oídos por casualidad por otra persona podría ser desastroso. No era que el moreno se sintiese molesto o que no confiase en que Scorpius sabría callarlos cuando fuese oportuno; pero además de resultarle raro referirse así a alguien que para él siempre había estado muerto y que ahora convivía con ellos, creía realmente que si lo repetían demasiado, se acostumbrarían tanto que en algún momento se les acabaría escapando, incluso a Albus que todavía no los había pronunciado.
-Por varias razones – empezó a explicar el chico, mientras se sentaba en los grandes sillones negros que había en medio de la sala – la primera: Peeves no volverá a aliarse con ellos si sabe que no han sido castigados, son una mala combinación.
-Seguramente, ha acabado bastante ridículo – opinó el rubio sonriente mientras se sentaba junto a su amigo.
-Segunda: porque los confundirá, y aunque es imposible que dejen de intentar hacernos bromas, ya que somos Slytherin – le pasó uno de los libros a Scorpius – seguramente se reducirán un poco.
-Es comprensible... pero creo que hay algo más – dijo sin contenerse, mientras abría el libro de forma distraída – podíamos haberles salvado el pellejo a la segunda o a la tercera; así hemos llamado demasiado su atención desde el primer momento.
-Ah, es por la tercera razón: hoy hay luna llena.
-¿Hoy? – el rubio alzó la vista asombrado.
-¿No oíste a las niñas esas de tercero? – su amigo todavía mantenía la calma.
-Sí, era imposible no oírlas – respondió con una mueca de desagrado - dijeron que como era luna llena, tendrían que hacer el trabajo de Astronomía hoy – devolvió su vista a su libro, en busca de algún hechizo interesante – así que era para ayudar al padre de... a Lupin – se corrigió a tiempo.
-Digamos, como una excusa para no admitir que hemos ayudado a unos Gryffindor, que es un favor a Teddy.
Vale ¿Por qué los protegen realmente? Pues no lo sé ni yo, simplemente empecé a escribir el capítulo y me apeteció, aunque supongo que también es para facilitarme el tener que juntar a James y a Lily. Van a notar que tengo una pequeña preferencia por Remus (Es mi personaje favorito), así puede obviarlo si quieren y perdonarme por ello... bueno, también pueden insultarme, pero me desinflaré como un globo (si, lo he dicho a posta) y subiré más lentamente.
Ah, no sé si alguien ha reconocido el acertijo que dijo que Peeves, pero si no les aclaró que es de la película La Vida Es Bella ¿Como consiguió Peeves una película muggle? ¡A mí no me pregunten!
