Shingeki no Kyojin ni sus personajes me pertenecen. Son propiedad de Hajime Isayama.

Notas.

-Canonverse
-Basado en la teoría de que Zeke está aliado a la legión de Paradis.
-Hange y Levi se encuentran en problemas.
Gracias por leer. Salu2!

...

Los Comandantes.

Capítulo IV

Desilusión

...

Esperó por varios minutos, cuando Hange vio que ya había transcurrido bastante tiempo y Levi no aparecía, comenzó a asearse ella misma.

Se desvistió y soltó su cabello, se quitó también sus anteojos y su parche, ya era un poco más organizada y dejó sus ropas acomodadas en un rincón del cuarto de baño. Cabizbaja se metió a la tina que ya había llenado previamente mientras esperaba a Levi. Se sumergió hasta los hombros y la tibieza del agua la relajó, estuvo recostada un tiempo considerable hasta que su piel se arrugó. Hange rio al observar sus dedos arrugados a causa del agua.

De inmediato su rostro se tensó.

¿Por qué le pasaba esto a ella?

¡Por los muros! Amaba a Levi, pero esa sensación de sentir a Zeke besándola le había parecido extraña y a la vez interesante. ¿Cómo era posible que ese hombre que había sido el culpable de la masacre de la mayoría de los miembros de la Legión de Reconocimiento le despertara esos sentimientos?

Ella no era una traidora y no iba a comenzar a hacerlo. Pero no podía olvidar lo que le había sucedido. También se sentía muy mal por cómo había reaccionado Levi, nunca lo había visto tan triste y a la vez tan furioso. Quizá por eso no había llegado al baño para asearla.

Contuvo la respiración y se sumergió por completo en la tina durante unos segundos, salió aspirando una gran bocanada de aire. Tomó una pequeña botella con un líquido que en Mare llamaban shampoo, de un olor muy suave y lo untó en su cabellera, masajeó su cabello tratando de relajarse. Funcionaba.

Lavó su cabello quitando los rastros de la espuma. Tomó una barra de jabón y la pasó por todo su cuerpo, usó también la esponja para restregarse la piel y quitarse los rastros de suciedad, tal como lo hacía Levi. Una vez hecho eso, comenzó a lavar su cuerpo para aclararlo del jabón.

Continuó con su ritual de limpieza, finalizó echándose un poco más de agua. Salió de la tina quedándose de pie unos minutos mientras que el excedente del líquido escurría de su cuerpo.

—Levi, creo que merezco que no hayas venido —habló para si misma.

Hange no salió del cuarto de baño, se quedó reflexionando en lo ocurrido.

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Levi salió del cuarto de reuniones improvisado en esa granja alejada de las zonas habitacionales céntricas en Mare, después de un gran rato de haberse quedado ahí dentro a pensar en mil y un cosas. Contaban con el mobiliario necesario y tenían los enseres básicos, pero ya no soportaba esa situación. Era cierto que en la isla eran prisioneros dentro de los muros, pero ser prisioneros en un mundo desconocido era peor.

Se dirigía al cuarto de baño para reunirse con Hange cuando fue interceptado por Jean.

—Capitán, tenemos un problema, los de la guardia han detectado movimientos extraños en los alrededores de la granja. Creí conveniente darle aviso, también a la Comandante; fui a su habitación, pero no la encontré.

—Ella no está ahí, no te molestes en decirle, yo me encargo.

—Bien, entonces venga conmigo, lo más notorio está en esta área —dijo el muchacho, caminando hacia el flanco derecho.

Levi siguió a Jean mientras pensaba lo que había pasado con Hange. Aún no podía creer lo que ella le había dicho. Sentía su estómago revolverse con sólo imaginar a ese idiota Jaeger besando a la mujer que amaba.

Pronto su cerebro le hizo una mala jugada. Recordó cuando el titán bestia asesinaba a sus camaradas con su ráfaga de rocas. Apretó sus puños y sintió ardor en el puño derecho, a causa del golpe dado anteriormente en la pared.

Tan sumergido estaba en sus pensamientos que apenas escuchó cuando Jean lo llamó alertándolo.

—Capitán, ¿me escuchó?

—Por supuesto. Yo me quedo aquí, tu ve por el flanco izquierdo. Vuelve en cinco minutos a informarme de la situación, alerta a los demás flancos.

—Sí, señor —Jean se apresuró a ejecutar la orden.

Levi trató de no pensar en el asunto, debía permanecer alerta ante cualquier eventualidad. Pasaron más de cinco minutos, Jean regresó trayendo noticias.

—Capitán, no encontramos nada sospechoso. Sasha confirma fueron animales pastando en las cercanías.

—Bien, entonces todos a sus habitaciones, apaguen las luces.

—Entendido —Jean dudó, pero enseguida habló— Capitán, ¿la Comandante Hange se encuentra bien? Parece que se sintió ofendida por lo que le dijo ese sujeto durante su reunión.

—Todo está bien, es una mujer fuerte. No debes preocuparte por nada.

—Me alegro, la Comandante es una mujer muy capaz y admirable.

—¿Eso crees? —Levi le preguntó mirando a la nada.

Jean miró a Levi que estaba muy serio, decidió marcharse— Me retiro, capitán. Disculpe mi atrevimiento.

—Descansa.

Jean se retiró rápidamente dejando al capitán con sus pensamientos.

Levi se mantuvo de pie durante algunos minutos en el patio trasero, la luna estaba en su máximo esplendor. Sentía la necesidad de ver a Hange, pero aún tenía algo de enojo por lo ocurrido, de modo que se quedó mirando el firmamento. Dio un profundo suspiro, decidió regresar. Supuso que Hange no estaría esperándolo y caminó lentamente. Sería mejor así, no verla por el momento, quizá la noche y el no verla un par de horas lo tranquilizaría.

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Se equivocó. Entró al cuarto de baño y Hange aún seguía dentro, ya se había bañado y vestido, al parecer lo esperaba a él.

—Levi, tardaste —dijo Hange, sentada en un pequeño banquito de madera.

—Se presentó un incidente —Levi comenzó a desvestirse.

—¿Y por qué nadie me avisó? —Hange se alertó.

—No fue necesario.

—No importa, quiero que me mantengan informada de todo lo que pasa —dijo un poco molesta.

—Ya déjalo, deberías ir a dormir —Levi se desnudó completamente mientras abría el grifo de la ducha.

Hange observó el cuerpo desnudo de Levi, pequeño pero musculoso y fuerte. Sí, lo amaba, le gustaba todo de él, su fuerte espalda, sus brazos con gran fuerza, sus piernas y muslos. Ese trasero firme y bien formado. Ella no tenía por qué buscar más en otros lugares ni en otras personas.

Se fue acercando lentamente hasta abrazar al capitán por la espalda, no le importó que el agua la mojara nuevamente.

—Qué haces, te estás mojando —él se sorprendió por el gesto de ella.

Hange negó con la cabeza— Nunca dudes de mí, Levi. Te amo —lo rodeó completamente con sus brazos, sintiendo cada músculo de ese hombre.

Aún con el agua cayendo, inclinó un poco su cara para besar uno de los hombros de Levi, mientras sus manos se deslizaban por el fuerte pecho del hombre, acariciando y definiendo las líneas en su abdomen tan trabajado.

Con una mano lo acariciaba mientras con la otra alcanzó la botella del shampoo, vació un poco sobre el cabello de Levi, cerró el grifo y ya con ambas manos comenzó a masajear la cabeza del hombre.

Levi cerró los ojos dejándose hacer. Sentir las manos de Hange recorriendo su cuerpo desnudo con el agua corriendo sobre ellos era un deleite que sólo él se daba el lujo de sentir. Recibir esas caricias en su cabeza se sentía tan bien. Ojalá haciendo eso se le pasara el enojo, pero era más complejo de lo que imaginaba. Hange abrió de nuevo el grifo de la ducha para quitar la espuma del cabello de Levi.

Ninguno decía palabra alguna. Hange terminó con el aseo de la cabeza y tomó la barra de jabón, y así detrás de él, le enjabonó el cuerpo entero, pasando el jabón delicadamente desde el cuello, bajando por su espalda, llegando hasta sus firmes glúteos, donde los estimuló con firmes movimientos circulares, bajó hasta sus muslos y piernas finalizando en los pies. Después tomó la esponja y comenzó a tallar suavemente la piel del hombre que la hacía desfallecer, pero, sobre todo, era su apoyo, su sostén.

Pasó ambas manos al frente para limpiar el cuello, pasando por su clavícula, recorriendo sus pectorales, abdomen y su vientre, alcanzando a rozar su virilidad. Frotó el jabón en sus muslos, piernas, limpió las rodillas hasta nuevamente tocar los pies.

En todo ese tiempo Levi permaneció con los ojos cerrados, el sentir las caricias de Hange lo hicieron entrar en un estado de ensoñación en el que no había estado hacía mucho tiempo. Esa mujer sabía enloquecerlo con sólo rozar su piel.

Hange abrió de nuevo el chorro de agua, quitando cualquier resto de jabón, terminado eso, se aferró de nuevo a él, y arriesgándose a que Levi la alejara de su cuerpo, bajó sus manos hasta tocar ese trozo de carne que la hacía ir y venir del cielo.

Siguió acariciando el miembro de Levi, ya que éste no la rechazaba. Poco a poco sentía como ese poderoso pene se erguía orgulloso. Sentía como palpitaba en sus manos, mientras un gemido contenido en la garganta de Levi la hizo sonreír. Siguió moviendo sus manos a lo largo del miembro, cada vez más rápido. Cuando pensaba arreciar el ritmo, Levi se desahogó descargando su simiente en las manos de Hange.

Ella se sorprendió, Levi siempre tardaba para llegar al éxtasis cuando lo maniobraba, pero esta vez fue muy pronto. El capitán se alejó un poco y comenzó a limpiar su agonizante erección. Hange lo miraba sin decir nada y agachó la cabeza. Levi terminó para después ir por dos toallas colocó una rodeando su cintura y la otra la usó para secar a Hange. La mujer seguía con la cabeza gacha, dejándose secar por el hombre.

—Vamos, es hora de que duermas —dijo él abriendo la puerta.

—Gracias —Hange caminó, tomó sus ropas sucias, sus anteojos, su parche y salió del cuarto de baño seguida por Levi.

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Cuando llegaron a la habitación de ella, el capitán abrió la puerta, Hange entró y él también.

Se adentraron sin encender las luces.

Levi sacó ropas para dormir del mueble y se las pasó a Hange. Ella dejó las ropas que llevaba en una silla y tomó las que Levi le dio. Comenzó a desvestirse para cambiarse esas prendas mojadas por unas secas. Levi no la dejó terminar, pues él la desvistió para vestirla de nuevo. Él tomó una toalla y comenzó a secar el cabello de Hange, mientras ella se sentaba en la cama. Minutos después el cabello de la mujer ya estaba seco.

—Me voy, descansa —se acercó a ella besando su frente.

—Levi… Gracias —ella tomó la mano del hombre y la besó.

El capitán salió cerrando la puerta dejando a Hange en total oscuridad.

Definitivamente las cosas no iban bien, pero quizá el mañana sería mejor.

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Continuará