¡Perdón, perdón! En verdad lo siento por hacerlas sufrir (y hacer sufrir a Makoto y a Sousuke) en el capítulo anterior, pero es que no puedo evitar poner un poco de drama; y era necesario para el desarrollo de lo que queda de la historia. Bueno, ahora sí este capítulo es más tierno y veremos a las gemelas en acción, ¡poder gemelo!
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Capítulo 4. Clases de natación
Sousuke despertó de golpe, cayéndose de la cama, con las sábanas enredadas entre las piernas. Se lamentó por su trasero dolorido, pero sonrió tontamente. Había tenido un buen sueño. Había soñado con Makoto, despertando a su lado luego de una noche en la que no precisamente habían dormido tranquilamente. Se reprendió mentalmente. Diablos, que ya no era un adolescente, ¿por qué estaba teniendo ese tipo de sueños? Al parecer la abstinencia le estaba pasando factura, pero no le importaba el tiempo que tuviera que esperar, porque él sólo quería a Makoto. Y a esas encantadoras "enanas" de ojos verdes, por supuesto.
Se levantó de la cama y miró la hora. Las siete de la mañana. ¿Qué hacía despierto un sábado a las siete de la mañana? Ah sí, era la hora a la que iniciaba su entrenamiento cuando estaba en Australia. Suspiró, sabiendo que no podría volver a dormir y se levantó del suelo para tomar una ducha. Quizás no era tan mala idea darse una vuelta por el ITSC. Y no, no era para ver a Makoto, sólo quería saludar al entrenador Sasabe. Sí, claro, eso era todo.
Metió el traje de baño y algunas otras prendas en una mochila y salió de su apartamento. Llegó a un ITSC que lucía más concurrido de lo que podía recordar de las últimas veces que había estado ahí. Pero, principalmente, había muchos niños y también jóvenes instructores que, de seguro, trabajaban allí a medio tiempo. No pasó mucho tiempo para que se encontrara con Goro, quien lo saludó con el clásico "mira cómo has crecido" y "entrenador de la selección nacional, ¡estoy tan orgulloso!". Sonrió tenuemente antes de excusarse y caminar hasta los vestidores. Se cambió en un momento y vagó por las instalaciones. Vaya que había crecido ese lugar, ahora sí parecía un verdadero club de natación.
—¡Vamos, Yuki, pon un poco más de fuerza en esas brazadas, cariño! —esa voz lo hizo detenerse justo donde estaba. Giró la cabeza lentamente. Y en definitiva no estaba preparado para lo que vería —¡Muy bien!
Sousuke vio a Yukiko salir del agua, quitándose las gafas. Justo después de ella, Makoto salió también de la piscina y chocó su mano con la de su hija. Oh. Santo. Cielo. ¡¿Qué demonios había estado haciendo Makoto mientras él estuvo en Australia?! Sus ojos se abrieron como platos y casi podía sentir las babas salirse de su boca. Bueno, Makoto siempre había tenido un cuerpo sensacional: espalda ancha y tonificada, poderosos brazos ¡y esas piernas! Pero ahora era dueño de un cuerpo mil veces más sensual, si eso era acaso posible. Oh rayos, no era capaz de apartar sus ojos de él. Sólo estaba ahí, de pie, mirándolo, como idiotizado.
—¡Ah! ¡Papi, mira, es tío Sousuke! —apenas escuchó que decían su nombre, pero no fue capaz de reaccionar hasta que sintió que alguien se aferraba a su cintura. Miró hacia abajo y se topó con unos brillantes ojos verdes.
—Hola Yuki. Te vi hace un momento, tu estilo es impresionante. Estoy seguro de que ganarías cualquier competencia —la niña le dedicó una gran sonrisa que lo hizo derretirse.
—¿En verdad piensas eso, tío Sousuke? —preguntó la pequeña, emocionada. Él asintió con la cabeza, mientras se agachaba para quedar a la altura de Yukiko —¡Te lo agradezco mucho! He estado trabajando en mi tiempo, ¡tenemos una competencia en dos semanas! ¡Oh!, ¿vendrías a vernos? —añadió, desviando ligeramente la mirada, con las mejillas sonrojadas —¡Por favor! ¡Por favor! ¡Di que sí!
—Yuki, ¿qué estás haciendo? —de repente, Makoto apareció junto con Sayuri —No comprometas a las personas, ¿quieres?, de seguro Sousuke tiene otras cosas que hacer.
—Pero papi, yo también quiero que vaya, ¡por favor, por favor! —dijo Sayuri, secundando a su hermana. Makoto suspiró, en verdad que no podía ser firme cuando sus hijas lo miraban con esos ojos. Miró a Sousuke, con un gesto de disculpa.
—Definitivamente iré, si su padre no tiene problema con eso —las gemelas se arrojaron sobre él y lo abrazaron. Makoto no pudo evitar sentirse algo extrañado con la actitud de sus hijas —Entonces, ¿vamos a practicar, entrenador Tachibana? —le guiñó un ojo, haciéndolo sonrojar —Ah, por cierto, ¿dónde está Rei?
—Llamó diciendo que le había surgido un compromiso que no podía cancelar, así que al final no pudo venir —contestó Makoto —Yuri ha estado con el entrenador Sasabe viendo algunos vídeos. Su tiempo es bueno, pero…
—Vamos Yuri, prepárate, —dijo entonces Sousuke, mientras la niña se colocaba la gorra y las gafas —déjame ver tu estilo Mariposa —a Yuri le brillaron los ojos.
—Tío Sousuke, ¿vas a entrenarme? —preguntó, emocionada. Él asintió con la cabeza —¡Genial! —y se colocó en posición de salida. Makoto sonrió a Sousuke, agradecido y, por un momento, Sousuke se sintió incapaz de apartar la mirada de aquellos ojos de los cuales siempre había estado enamorado. Fue hasta que Makoto desvió la mirada, avergonzado, que Sousuke centró su atención en Sayuri, que acababa de lanzarse al agua.
—Vaya, es buena, muy buena —comentó —Tiene unos hombros flexibles. La has entrenado bien.
—Ah… b-bueno, hice lo q-que pude —balbuceó Makoto, rascándose la cabeza —E-El mariposa nunca fue mi fuerte. R-Rei nos ha ayudado mucho, además, Rin me prestó a-algunos de los vídeos de tus competencias y… —Sousuke lo miró de reojo, con una sonrisita de suficiencia —¡Ah, no! B-Bueno… —Sousuke volvió la vista hacia Yuri, pero la sonrisa no abandonó su rostro. Así que Makoto había estado viendo sus vídeos. Era bueno saberlo.
—Te demoraste dos centésimas más que en la última vuelta —le dijo Yuki, mirando el cronómetro —Yuri, recuerda lo que te dije acerca de las caderas.
—¡Ah, rayos! Tienes razón, Yuki. Lo recuerdo, pero no sé qué me pasa cuando estoy en el agua —espetó, frustrada. Entonces Sousuke entró a la piscina.
—Como lo ha dicho Yuki, la clave está en las caderas —le dijo —Ven, te ayudaré.
Mientras Sousuke ayudaba a Yuri con su estilo, Makoto y Yuki convinieron tomarse un descanso, después de todo, la menor de las gemelas estaba prácticamente lista para la competencia. El castaño sonrió al ver la paciencia con la que Sousuke trataba a su hija, la forma en la que corregía su forma, la forma en que le hablaba, la forma en que le sonreía. Incluso, la forma en que ella lo abrazó, con fuerza, cuando finalmente se sintió a gusto con su estilo. Yuri hizo una última vuelta de práctica, bajo la atenta mirada de su nuevo "entrenador".
—¡Nuevo récord! —exclamó Yuki, tendiéndole una mano a su hermana, para ayudarla a salir de la piscina —¡Has estado increíble, Yuri! —la aludida sonrió, chocando la mano con su hermana.
—Increíble. La mejora de Yuri es inmensa —dijo Makoto, tendiéndole a Sousuke una toalla —En verdad eres un genio, Sousuke.
—No tuve que hacer mucho. Yuri tiene un talento natural para el estilo Mariposa —dijo Sousuke —Por un momento pensé que se parecía un poco al mío, pero el suyo es mucho más elegante. Pero no sólo es vistoso, también es rápido y efectivo. Estoy seguro de que ganará fácilmente. Y podría decir lo mismo de Yuki, es impresionante; su estilo Espalda me recuerda mucho al tuyo. En verdad has hecho un gran trabajo —Makoto volvió a sonrojarse.
—¡Papi, papi, es hora de irnos! —exclamaron las gemelas, al unísono —¡Queremos helado! ¡De chocolate!
—Sí, creo que ha sido suficiente por hoy —contestó el castaño —Vamos, a cambiarse —pero antes de marcharse, Yuri miró a su papá y le dijo:
—Papi, ¿puede tío Sousuke venir a comer helado con nosotras?
—Ah bueno, él quizás tenga otras cosas que hacer y… —Yuri miró a Sousuke, con gesto casi suplicante. Y, por supuesto, el más alto no pudo negarse.
—Estaré encantado de ir, me encanta el helado —contestó, guiñándole un ojo. La pequeña sonrió, complacida, y corrió hasta el vestidor tras su hermana.
—Lo siento por eso, Sousuke —habló Makoto —No sé qué les pasa, normalmente no son así. Lamento si esto es una molestia para ti. Pero no tienes que cumplir todos sus caprichos, ¿sabes? Si tienes algo que hacer… —Sousuke colocó el dedo índice sobre los labios de Makoto.
—Makoto, esto es algo que quiero hacer. Veo que no has cambiado, sigues pensando que eres una molestia cuando en realidad no es así. Tus hijas son encantadoras, me gusta estar con ellas, me recuerdan por qué me enamoré —estuvo tentado a enredar los brazos en la cintura de Makoto, pero en vez de eso colocó una mano sobre su hombro. Los ojos de Makoto brillaron —de la natación. Y así como me gusta estar con ellas, me gusta estar contigo. Así que voy a ir con ustedes aunque no quieras —bromeó —O, ¿acaso quieres ver a las gemelas haciendo pucheros? —Makoto rió.
—Veo que ya te has dado cuenta del poder de convencimiento que tienen. Francamente, no sé de dónde sacaron tremenda habilidad. Rin dice que es un "estándar" en todas las mujeres, quizás tenga razón.
—Ah, las mujeres son criaturas realmente inteligentes —dijo —Recuerdo la forma en que Gou era capaz de manipular a Rin cuando estábamos en primaria. Siempre conseguía lo que quería.
Riendo, ambos se encaminaron a las duchas, para quitarse el cloro de la piscina. Sousuke entró en la ducha contigua a la de Makoto. A través del cristal translúcido era capaz de ver la figura de Makoto, borrosa. El chorro de agua le golpeaba la cabeza, pero él no había movido ni un dedo para lavarse el pelo. No era mucho lo que podía ver, pero estaba embelesado por la forma en que Makoto se pasaba las manos por el cabello. Ah, demonios, eso estaba mal, muy mal. Sólo pensaba en ir allí y abrazarlo por detrás, besar ese cuello que siempre había sido su vicio y dejar que sus manos se perdieran en el perfecto cuerpo que Makoto poseía. No, no y no. Eso estaba en verdad mal. Giró el grifo para ajustar la temperatura del agua y dejar que saliera más fría. Sí, una ducha fría debía ser capaz de calmarlo, de momento.
Vio cómo Makoto finalmente abandonaba la ducha y salía para vestirse. Apuró el baño, pero cuando salió, Makoto ya tenía los pantalones en su lugar y se estaba poniendo la camisa. Bufó, molesto, ganándose una mirada interrogante de aquellos ojos verdes. Terminó de secarse y se vistió. Ambos salieron del vestidor, esperando a las pequeñas.
—Deberían tomarse unos cinco minutos más —dijo Makoto, mirando su reloj.
—No hay problema. Se supone que las mujeres se tomen su tiempo, ¿cierto? —Makoto rió.
—Supongo que sí.
—¡Estamos listas! —exclamaron las gemelas al unísono, luciendo sus vestidos sin mangas a juego con las sandalias. Sayuri de turquesa, Yukiko de verde —¡Helado!
—Vámonos —Yukiko se aferró a la mano de Sousuke y Sayuri a la de su padre. Sousuke sonrió al sentir la calidez de la manita ajena en la suya.
Salieron del club no sin antes despedirse de sus conocidos y del entrenador Sasabe. Entraron en la camioneta de Makoto, las gemelas conversando animadamente entre ellas, sentadas en el asiento trasero; Sousuke al lado de Makoto en el asiento del copiloto. Las gemelas no pararon de contarle a Sousuke las cosas que les gustaban, acerca de la escuela y cómo comenzaron con la natación. Y Sousuke escuchaba y prestaba total atención, preguntándoles de vez en cuando. Makoto simplemente sonreía, mirando a sus hijas por el espejo retrovisor. Era inusual verlas interactuar de aquella manera con una persona que acababan de conocer. Ni siquiera con Haru o Rin habían actuado de esa manera tan natural la primera vez. Y sin embargo, él se sentía extrañamente feliz.
Lucimos como una familia, pensó. Pero en cuanto se había dado cuenta de lo que acababa de pensar, sacudió la cabeza, intentando alejar ese absurdo pensamiento de su cabeza. No, eso estaba mal, no podía tener ese tipo de ideas en la cabeza.
No pasó mucho tiempo para que se estacionaran enfrente de la heladería favorita de las gemelas. El aroma dulce se filtró por las fosas nasales de Sousuke en cuanto las puertas automáticas se abrieron. Las niñas se adelantaron hasta la que parecía ser su mesa habitual, cerca de la ventana.
—¡Bienvenidos! —los saludó una amable mesera —Oh, esta vez traen compañía —añadió, mirando a Sousuke —Entonces, ¿lo mismo de siempre? —las gemelas asintieron —Bien, ¿señor?
—Tomaré sea lo que sea "lo mismo de siempre" —contestó. La mesera se retiró, no sin antes voltear la cabeza y levantar el pulgar a Makoto, en gesto aprobatorio.
—¿E-Estás seguro, Sousuke? —preguntó Makoto —Nunca fuiste bueno con el dulce.
—Creo que en algún momento durante la secundaria aprendí a apreciar el dulce —contestó con simpleza —No te preocupes, puedo soportarlo.
Pero lo que Sousuke no esperaba era que colocaran frente a él una enorme copa con helado de chocolate, crema batida con sabor a chocolate, bañada con jarabe de chocolate y trozos de galleta de chocolate. Aquello era una explosión de chocolate. Vio cómo las gemelas comenzaban a devorar el postre.
—Entonces, ¿seguro que puedes soportarlo? —Sousuke arqueó una ceja.
—¿Es acaso un desafío?
—Quizás. No podrás contra el Volcán de Chocolate —contestó Makoto, comiendo un bocado de su postre, ante la atenta mirada de sus hijas, que se divertían con la situación. Nunca habían visto ese lado "infantil" de su padre, pero les gustaba.
—Oye, si ellas pueden, yo también —señaló a las copas ya por la mitad de las gemelas —Así que acepto tu desafío —y comenzó a comer. Miró de reojo cómo Makoto sonreía, casi con placer, cuando el chocolate tocaba sus labios y bajaba por su garganta. Sousuke se mordió el labio cuando el castaño se relamió los labios.
Sousuke continuó llevando la cuchara hasta su boca, sin poner en realidad demasiada atención a lo que estaba haciendo. Vio a Makoto ponerse de pie para limpiar los restos de chocolate de los rostros de sus hijas, con un amor y ternura tan característicos de él. Se había dado cuenta de que adoraba esa faceta de Makoto, la de padre amoroso. Le gustaba esa familia, ¿acaso algún día podría ser parte de ella? Divagando en sus pensamientos, Sousuke se sobresaltó cuando sintió un toque en su mejilla. Parpadeó un par de veces y vio que Makoto le pasaba el dedo índice por la mejilla.
—Pareces un niño, —le dijo, con una voz juguetona —tienes chocolate por toda la cara —frunció el ceño y se miró el rostro en la pantalla del celular. Desvió la mirada, avergonzado, mientras Makoto tomaba una servilleta de tela para remover los restos de chocolate —Ya está.
—Gracias —contestó, sujetando la mano de Makoto, antes de que pudiera alejarla. Volvió a mirarlo a los ojos, esperando que el castaño comprendiera todo lo que aquel simple gesto estaba provocando en él.
—¿V-Vas a t-terminar? —preguntó entonces, con voz temblorosa. Sousuke asintió con la cabeza.
—No puedo renunciar a un desafío. Un simple helado de chocolate no puede derrotarme.
Sousuke siguió comiendo, sí. Sousuke se acabó el helado, sí. Pero en cuanto terminó y dejó que la cuchara se deslizara entre sus dedos, se echó hacia atrás en la silla, sintiéndose al borde de un coma diabético – algo exagerado, sí – Definitivamente el dulce no era lo suyo, claro a menos que pudiera probarlo de los labios de Makoto. Ah, no, no, suficiente. Tenía que dejar esas fantasías de lado – al menos de momento.
—Bueno, entonces, ¿dónde está mi premio? —preguntó. Makoto lo miró, interrogante, mientras Yuri y Yuki contenían una risita —Un beso. En la mejilla —Makoto enrojeció hasta la médula. Abría y cerraba la boca, pero no podía decir nada.
—¡Cierra los ojos, tío Sousuke! —pidió Yukiko.
El otro simplemente obedeció y cerró los ojos, sólo para sentir un beso en cada mejilla. Abrió uno de sus ojos y vio a las gemelas separarse de él. Enternecido, sonrió ampliamente y abrazó a las gemelas, una con cada brazo. Makoto no pudo evitar que una gran sonrisa surcara su rostro. Cielos, ¿había algo más adorable que un Sousuke abrazando a Yuki y Yuri, compartiendo con ellas, como un padre amoroso? Oh, un momento, de nuevo, ¿en qué estaba pensando? Ya asustado, se levantó de la mesa para ir a pagar la cuenta. Sayuri lo siguió, mientras Yukiko se quedaba con Sousuke, un poco más atrás.
De pronto, la pequeña miró fijamente a Sousuke, antes de hablar:
—Tío Sousuke, si te enseño mi tesoro más valioso, ¿responderías a una de mis preguntas? —algo confundido, el otro sólo atinó a asentir con la cabeza. Yukiko le enseñó el colgante que llevaba en el cuello. Tenía forma de corazón. Ella lo abrió; dentro tenía una foto. Era una hermosa mujer de cabello negro y ojos ambarinos —Esta es mamá, —dijo, con una sonrisa —era una mujer muy linda y tío Haru dice que papá era muy feliz con ella. Estoy contenta porque ellos se amaron mucho y por eso nacimos Yuri y yo.
Sousuke no sabía muy bien qué decir en un momento como aquel. La pequeña lo había sorprendido. Hablaba de su madre, a quien seguramente no recordaba, con tal naturalidad que le parecía increíble. Era como si era sintiera el amor de su madre, aunque ya no estuviera con ella.
—Me mostraste tu tesoro, ahora, ¿querías preguntarme algo? —fue lo único que atinó a decir. Ella asintió con la cabeza.
—Tío Sousuke, ¿te gusta papá? —Sousuke parpadeó, ¿acaso había escuchado bien? ¿Cómo es que Yukiko…? ¿Era acaso el sexto sentido del que le había hablado Rin? ¿Qué debía responder? —Yo pienso que sí. Creo que lo quieres mucho, se nota cuando lo miras.
—Lo quiero, mucho —respondió finalmente, tomando la mano de la niña para caminar hacia la salida, donde los esperaban Makoto y Sayuri.
—¿De verdad? —a la pequeña se le iluminó el rostro —¡Qué alegría!
Sousuke no supo qué pensar. De verdad que no entendía a las mujeres, se dijo, sonriendo. Las hijas de Makoto estaban resultando ser unas damitas de lo más interesantes. Quizás Rin tenía razón con respecto a ellas. Quizás ellas sí estaban comenzando a quererlo, aunque fuera un poquito. Y él, bueno, él definitivamente se estaba "enamorando" de las gemelas. Era imposible no quererlas.
—¿Sucedió algo? —preguntó Makoto, en cuanto todos estaban dentro de la camioneta.
—Sólo hablábamos, acerca de la vida —contestó Sousuke. Makoto contuvo la risa y condujo hasta el apartamento de Sousuke. Sin embargo, cuando llegaron, las gemelas no querían dejarlo ir.
—¡Promete que vendrás a cenar el próximo fin de semana, tío Sousuke! —pidió Sayuri —¿Verdad que puede, papi?
—Por supuesto, si no es una molestia para él.
—Ahí estaré —contestó él, besando a las gemelas en la mejilla, antes de encaminarse al interior del edificio de apartamentos donde vivía —Ah, Makoto —regresó, antes de entrar por las puertas de cristal —sobre ese café…
—B-Bueno, las niñas se quedarán en casa de mi madre el lunes, quizás una cena después del trabajo… ¡Ah, pero sólo si tienes tiempo! P-Puedes escoger e-el lugar que sea m-más conveniente p-para ti.
—Te enviaré un mensaje con los detalles —le guiñó un ojo —Nos vemos.
Makoto se despidió con un gesto de la mano, aunque se moría por darle un beso, aunque fuera sólo en la mejilla. No, estaba mal. Sacudió la cabeza y encendió el radio. Necesitaba despejarse. Condujo hasta su casa, sin decir una sola palabra. En el asiento trasero, sus hijas conversaban en voz baja. Cosas de mujeres, pensó. Lo que no sabía era que en realidad hablaban de él. Y de Sousuke.
Cuando finalmente llegaron, ya pasado el mediodía, Makoto entró en la cocina para preparar el almuerzo, mientras las gemelas se ponían la ropa de estar en casa. Decidieron que ese día querían ayudar a su padre con la comida, así que se pusieron sus delantales y regresaron a la cocina. Cuando la comida estuvo lista, Sayuri y Yukiko pusieron la mesa, mientras Makoto servía el pastel de pollo en los platos. Comenzaron a comer y entonces Sayuri habló:
—Papi, ¿le tienes miedo al amor?
Makoto dejó caer el tenedor sobre el plato y miró a su hija, con los ojos muy abiertos. ¿Qué significaba esa pregunta?
Son lindas las gemelas, ¿verdad? Y bastante… perceptivas. Bueno, si alguien quiere saber qué sucede en esa cena, avísenme. Y,en el siguiente capítulo, Makoto se sincera con sus hijas, ¿qué responderá a la pregunta de Yuri?
