Disclaimer: Avengers y sus personajes son propiedad de Marvel y de sus creadores Stan Lee y Jack Kirby
Hola, gracias por entrar n.n
Una nueva entrega y una nueva escena entre estos increíbles personajes. Muy sencilla, mundana diría, pero que sirve para reflexionar una vez más acerca de lo que son y lo que hacen.
Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer, o por volver a leer :D
Cuarto problema:
Los villanos
La tierra tiene lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no las ambiciones de unos cuantos.
Mahatma Gandhi
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Que un dios del poder y la talla de Thor precise de algún tipo de asistencia para resolver un problema sólo puede explicarse con una razón muy simple e incuestionable: estaba desesperado. Jane cumpliría años pronto y no se decidía por ningún regalo.
-¿Qué les interesa a las mujeres de Midgard? –le preguntó a Bruce. Como toda respuesta, el científico se alzó de hombros-. ¿Tú lo sabes, Clint? –interrogó entonces, y la respuesta del arquero fue algo más que un murmullo ininteligible. Thor se irritó-. ¿Acaso no has contraído matrimonio? De todos, eres el más indicado para saberlo.
-Intento permanecer ajeno a esos asuntos –fue toda la información que estuvo dispuesto a compartir el interpelado, tan espontáneo como de costumbre.
-Tú, Natasha –Thor requirió entonces al único integrante realmente confiable en ese grupo de ignorantes-. Tú sí que puedes decirme qué le gusta a una mujer.
-A mí no me mires –repuso ella con absoluto desinterés y nula empatía. Si había alguien más ignorante que Thor en asuntos femeninos, ese alguien era Natasha Romanov, no tanto por falta de conocimiento, quizá, sino más bien por pura indolencia.
Que vayan a buscar consejos sobre mujeres a las faldas de sus correspondientes abuelas, pensó la joven para sí.
Thor resopló con fastidio. Ni siquiera con Natasha podía contar. Steve, por su parte, lo miró con cierta dosis de piedad, pues reconocía en la búsqueda de tal obsequio una dificultad que muy pocos valientes se atreverían a enfrentar y los menos conseguirían resolver. Tony, en cambio, se frotó las manos con satisfacción como si fuese un experto en la materia.
-Mientras más grande, costoso y brillante, mejor –sentenció.
-En nombre de mis ancestros, ¿de qué hablas?
-De la piedra del anillo que le vas a comprar –dijo el magnate, tendiendo la mano para invitarlo a avanzar hasta el local en cuestión.
Se habían reunido en un importantísimo centro comercial, demasiado fastuoso, sofisticado y concurrido como para que la mayoría de los Vengadores se sintiese a gusto. Sin embargo, el apuro de un amigo era el apuro de todos y por eso se apuntaron a la salida aunque les pareciese superficial. En otras palabras, ninguno quiso dejar a Thor solo con Tony Stark, por más frívola que fuese la misión.
-¿Estás seguro de que Jane es ese tipo de chicas? –indagó el soldado, mirando distraídamente las vidrieras al pasar.
-Tal vez sea de gustos más sencillos –sugirió Bruce.
-No les prestes atención a estos mundanos, grandote, sólo quieren amargarnos la salida –dijo Tony con desdén.
Los aludidos en cuestión pusieron los ojos en blanco.
-Ni que fuéramos los villanos –comentó Steve por lo bajo.
Tony lo escuchó y lo encaró impostando una actitud de desafío.
-Pues si no lo son, entonces no se interpongan en nuestro camino.
Bruce meneó la cabeza con resignación. Que ellos mismos fuesen los verdaderos villanos de la historia era una posibilidad que, debió admitirlo, sopesaba con frecuencia, porque "ser los buenos" no los salvaguardaba de sus propias rencillas ni de sus momentos de mezquindad. Como en ese preciso momento, por ejemplo. Aun así, le pareció una exageración.
-Tal vez el enemigo público número uno del hombre sea este centro comercial –apuntó.
Steve sonrió con entendimiento.
-Quizá debamos combatir contra él –repuso divertido.
-O derribarlo.
-O asaetearlo hasta que quede como un colador gigante –aportó Clint esta vez con entusiasmo ante la mera perspectiva.
-O permitirse tener un amigo con dinero para comprarlo –intervino Tony, petulante.
Como si fuera sencillo… La pelea de Thor recién había comenzado y el enemigo a enfrentar no sería nada fácil de reducir. Pregúntenle a cualquiera que esté en pareja.
A decir verdad, lo más desconcertante de los villanos es que pueden aparecer bajo formas tan engañosas que logran pasar desapercibidos durante un tiempo y sorprenden cuando menos se los espera. O, por el contrario, pueden manifestarse tan evidentes en su apariencia atroz, declarando abiertamente sus intenciones de eliminar a la mitad del universo porque "somos demasiada gente para vivir", que consiguen paralizar al superhéroe más temerario.
Plagadas de ambiciones, resentimientos, retorcidos planes estratégicos y la curiosa coincidencia de pretender "conquistar el mundo", estas nefastas criaturas se caracterizan por incubar una maldad a toda prueba y una terquedad que a la larga, gracias a Dios y a todos los superhéroes, termina hundiéndolos en su propia ignominia. No obstante en el ínterin, para nuestro fastidio, lamentablemente consiguen algunos de sus innobles propósitos, además de tener la problemática capacidad se reproducirse como conejos.
Siempre brotan nuevos y más poderosos enemigos, oponentes, archirrivales, disidentes, infiltrados, pingüinos, científicos locos, dementes de todos los colores y tamaños, renegados, pendencieros, adolescentes idiotas y arribistas de toda calaña que se consideran mejores que sus predecesores en el puesto. Y el desquiciado desfile de magnicidas quizá nunca encuentre su fin.
Sin embargo, en ocasiones, habrá que admitir que la presencia del villano permite medir el valor que les damos a las cosas, o nuestro propio coraje, o la calidad de la malevolencia que ronda por el mundo. Pero éste sería ya otro asunto.
La cuestión es que nuestros protagonistas se dirigían al local de la mejor joyería de la ciudad, cuando de pronto empezó a sonar una alarma. Los Vengadores, atentos, observaron en derredor para localizar el origen de tan ruidosa advertencia, hasta que divisaron a un sujeto sospechoso corriendo en su dirección. Pobre iluso. Tony hizo una mueca de fastidio y se limitó a interponer la pierna en su camino.
Steve se agachó sobre el caído para tomar la bolsa de joyas robadas mientras que Natasha, agradecida con ese oportuno regalo de acción, lo sujetaba con una llave paralizadora que casi lo estrangula. Luego llegaron los empleados de seguridad. Lo esposaron, miraron con admiración a la mujer y con cierto asombro a sus acompañantes, y después se lo llevaron.
-Bien, señores –suspiró Tony, impertérrito-, ¿en qué estábamos?
-En que no se puede pasar una temporada en Midgard con tranquilidad –repuso Thor.
-Oh, ¿lo dices por ése? –replicó Tony, señalando con el pulgar en dirección hacia el delincuente. Luego hizo un gesto con la mano, restándole importancia-. Era sólo un ratero. Diría que le faltan muchas vitaminas para llegar a ser un villano real.
-Por una vez, concuerdo con el del traje de diseñador –dijo Clint.
-Más bien parecía un novato, ¿verdad? –secundó Bruce.
-La maldad no siempre necesita aparecer personificada –comentó entonces Steve-. A veces se manifiesta entre las grietas de nuestro propio temperamento, o prospera a través de nuestras flaquezas. Uno mismo puede ser su propio villano.
Silencio en la sala. No venía a cuento de nada, nadie había dado el pie para semejante apostilla, por lo que sus compañeros se le quedaron mirando con gran estupor durante un buen rato. Vaya modo de reflexionar, y tan repentinamente. De todos modos, al final, Bruce asintió, impresionado, y Thor lo palmeó fraternalmente en el hombro.
-Has hablado con sabiduría –reconoció.
-Aunque fuese totalmente innecesario –comentó Clint, inmune a las arremetidas filosóficas, vengan al caso o no.
Tony, en cambio, compuso su tradicional pose de héroe superado.
-¿Podrían renunciar a la psicología barata? Tenemos una misión, ¿recuerdan?
-Olvidé que lo barato es el enemigo declarado de los multimillonarios –bromeó Steve, haciendo caso omiso del gesto burlón que le dirigieron.
-Nunca vuelvas a mencionar la palabra psicología, Stark –le ordenó Natasha, disimulando un escalofrío. Por fin habían tenido el buen tino de dejar la terapia de lado y no tenía ninguna pretensión de retomar ese absurdo sistema, por más que a Steve se le diese por esas súbitas salidas reflexivas.
-Creo que me tomaré más tiempo para pensar en el regalo –dijo Thor, ganándose las miradas aprobatorias de varios de sus amigos.
-Pues allá tú –repuso Tony. Y apuntándolo con el índice al igual que un padre reconviniendo a un hijo revoltoso, agregó-: Pero te lo advierto entidad olímpica, asgardiana, o lo que seas: cuando una mujer se queda insatisfecha, puede convertirse en el peor enemigo mortal. –Los otros empezaron a caminar hacia la salida, ignorándolo-. Mujeres de la Tierra, amigo, a ésas sí que deberías temerles –insistió, alzando la voz en la medida en que se alejaban-. Créeme, ¡Ultron es un bebé de pecho comparado con ellas!
Y como Natasha le dirigió una mirada cargada de amenaza, en lugar de recular, Tony se explayó exponiéndola como ejemplo. Desconocemos las dolorosísimas consecuencias que seguramente le trajo el haber hablado de más.
