Se detiene un segundo, pero no para tomar aire, sino para cambiar la canción que está sonando en su Ipod. Está hasta el cuello de canciones de amor. Ya superó la etapa en la que escucha música depresiva en un anhelo incomprensible por identificarse y sentirse mejor. Ahora solamente quiere algo que le permita desentenderse del asunto.

La reproducción aleatoria no para de jugarle malas pasadas. Hace un tiempo leyó que el aleatorio no era realmente aleatorio, sino que respondía a una especie de logaritmo. Y que realmente no influía cuántas veces hubieras escuchado la canción. Ni si te gustaba. De verdad podía tocar cualquiera. Eso la frustra: no entiende por qué mierda no paran de tocar canciones que le recuerdan a Brittany. Corre para escaparse. Pero no puede escaparse de algo que está en su cabeza. Ya van 8km y no se ha molestado en hidratarse. Tiene la esperanza de caer desplomada y despertarse en veinte años. O nunca. Por Dios, odia ser tan adolescente.

A problemas drásticos soluciones desesperadas, o algo así solía decirle su madre. Elige ella misma una canción. Es de Amy Winehouse, a Britt no le agrada. La rubia argumenta que no termina de convencerla su fusión de Blues y Soul. La morocha está segura de que en realidad le aterran sus dientes. No le importa. Suena "Rehab". No es una canción de amor. Habla de la negativa rotunda de dejar las drogas. Y sin embargo, ya está contaminada. Ahora todo se llena de recuerdos. No piensa volver a parar. Decide ir cambiando la canción sobre la marcha. Ya nada de Amy le servirá. Tampoco puede escuchar música banal o "One Hit Wonders" de los 90. Es el tipo de música que la rubia pone mientras finge hacer su tarea, y siempre termina saltando sobre la cama o bailando con un trapeador. Basta. No termina de definir si quiere a Pearl Jam o a los RHCP cuando siente algo que desestabiliza su pierna izquierda, trastabilla y cae al suelo. Apenas si alcanza a protegerse la cara con la mano.

Gira a duras penas. Primero comprueba que su Ipod esté bien. Luego hace un esfuerzo por decidir si lo que le duele más es el tobillo o la muñeca. En algún momento entre esas dos cosas, lanza todo tipo de insultos al objeto que la derribo. Aunque no era un objeto. Era una pierna. Una pierna bastante bonita.

-¿Santana? ¿Santana te encuentras bien? – La tiene casi encima. Está tan desesperada que casi amaga con tomarle el pulso. Una ridícula. - ¿Qué te duele? ¿Te golpeaste la cabeza al caer? ¿Llamo a una ambulancia?

Quiere insultarla, pero necesita su ayuda para levantarse. Aunque a decir verdad, se siente bien estar tirada en el pavimento. Mucho mejor que correr y elegir canciones.

-Estoy bien. Bah, es relativo. – levanta la mirada y sus ojos se encuentran. Están rojos, como si hubiera llorado. Quizás eso estaba haciendo. No se le ocurren muchos motivos para que una chica hermosa, caucásica, heterosexual y con la facilidad de Quinn para absolutamente todo llore. – Aunque quiero decir que no es una forma muy leal de sacarse de encima a la competencia. Sobre todo después de que accedí a unirme a Glee sólo para hacerte un favor.

-Te uniste a Glee para que la entrenadora Sylvester te de mi puesto – la corrigió, mientras desviaba su mirada hacia el costado – Quizás esto sea por tu mal karma.

-Dudo que mi karma tenga algo que ver. Creo que fue más bien tu pierna – Tampoco la mira. Lo del tobillo no parece ser para tanto. Hielo, algún desinflamatorio y un poco de reposo.

-Yo hablaba de lo de Brittany y Artie, pero cómo digas…

Ahora sí, la fulmina con la mirada. Quinn sabe que cruzó la línea, pero así es con Santana. Se trata de ver quién puede lastimar más en el menor tiempo posible. La morocha ni siquiera atina a responderle que ella y Brittany son amigas, y que no importa lo que digan en los pasillos. Prefiere ir directamente al hueso:

-Sí, bueno, es una lástima por ella. Un retroceso, teniendo en cuenta que pasó del Quarterback del equipo de futbol a un paralítico que cree que sabe tocar la guitarra…

La reacción la toma por sorpresa. La rubia voltea – "me va a dejar aquí tirada. Estúpida bocota" piensa la morocha – se aleja unos pasos, y ahoga un sollozo. Y después ya no puede ahogarlo. Después simplemente llora, a moco tendido, como probablemente estaba haciendo antes de que Santana aparezca.

La morocha hace un esfuerzo por levantarse. Desafortunadamente, se apoya en la muñeca lastimada y comprueba que sí, que le duele mucho más que el tobillo. Ahoga un quejido, que la rubia llega a escuchar.

-Deberías hacerte ver esa muñeca – dice, mientras se seca las lágrimas. Por supuesto que a Santana siempre le ha parecido hermosa. No hay nadie que pueda afirmar lo contrario. Pero nunca se había sentido atraída hacia ella. A decir verdad, el sentimiento preponderante era una mezcla de aversión y envidia. Nunca habría imaginado que verla indefensa, con los ojos rojos y el rimmel corrido la harían sentir así, con semejante nudo en la garganta – Dejame llevarte al Hospital…

Santana no se anima a discutirle. Simplemente se le queda viendo. Quiere decirle que lo siente, pero no sabe cómo. Sabe que, después de años de agredirse, sus disculpas no valen nada. Quinn siempre está rodeada de gente, pero a juzgar por la expresión en sus ojos siempre está muy sola. Santana se pregunta si realmente tiene alguien con quién hablar.

El viaje en auto es tan corto como tenso. Ninguna de las dos dice nada, ni siquiera por cortesía. La muñeca de Santana está verdaderamente hinchada, y ahora que su cuerpo comienza a enfriarse después de la actividad física siente el dolor suficiente como para preguntarse si será un esguince o una fractura. Está pensando en eso cuando Quinn estaciona y el ruido del motor se detiene.

-Perdón… Perdón si lo que dije te hizo sentir mal. No era cierto – lo que dice es mentira, pero las disculpas son sinceras. – Nos vemos en la práctica.

Cierra la puerta del auto y se aleja rumbo a la Clínica. No obstante, no ha recorrido ni un cuarto del camino y siente la mano de Quinn en el hombro.

-¿De verdad pensaste que te iba a dejar sola?


-¡Ya te dije que puedo hacerlo sola!- protesta. Quiere patalear para reforzar la idea, pero el tobillo todavía le duele y con el yeso en el brazo tiene suficiente.

-Hace diez minutos que abriste el agua caliente y todavía no pudiste ni sacarte la remera…

-¿No te basta con romperme la muñeca? ¿Ahora también vas a aburrirme con algún sermón ecologista? ¿No tienes ninguna ballena o pingüino empetrolado que salvar?

-Si prestaras más atención en clase sabrías que hay alrededor de cincuenta comunidades en África que podrían subsistir meses con el agua que estás desperdiciando…

-Pues permíteme decirte que no tienes mucha pinta de haber estado en África para constatarlo…

La rubia se muerde el labio inferior y niega con la cabeza, en un claro gesto de reprobación. Corre la cortina sin mucho esfuerzo y cierra el grifo. La morocha bufa, mientras continúa con la epopeya de quitarse la remera sin romperse la otra mano. Quinn se apoya sobre el lavabo y la mira, divertida.

-¿Hola? ¿UN POCO DE COLABORACIÓN?

Con su ayuda el trámite es sencillo. Santana protesta cuando Quinn insiste en colocarle el plástico protector para el yeso. No hay caso. Es como si tuvieran ocho años otra vez. La rubia, siempre insistiendo en hacer las cosas de la manera correcta y la morocha de la manera divertida.

-¿Necesitas ayuda con el sujetador también? – bromea. Santana quiere reír, pero no puede. Se sonroja. Algo en su expresión la delata - ¿Me estás diciendo que Santana López, la leyenda de la experimentación adolescente no sabe desabrochar su propio sujetador?

-¡ESTOY HERIDA DE MUERTE! ¡ME FALTA MI BRAZO DERECHO! ¿CÓMO SE SUPONE QUE PUEDA? Ya bastante me cuesta con los dos…

A Quinn no se le escapa que es la segunda vez en el día que la latina no niega los comentarios sobre su sexualidad. Quizás acepte su propuesta después de todo.

-De acuerdo, voltéate. Tengo intenciones de cenar antes de medianoche.

Un solo movimiento de dedos y listo. Santana permanece de espaldas, esperando a que la rubia deje el baño para poder librarse de los breteles. El resto de su ropa no es tan complicada. Se sobresalta al oír la voz de Quinn:

-Tengo una propuesta que no podrás rechazar…