¡CIAOOOOO MIS QUERIDOS LECTOREEES! ¡Regreso con 26 páginas cargadas de yaoi y nada más que yaoi! Bueno, hay una ligera mención yuri (relajaos, no hay ninguna pareja. Son los chicos del club otaku discutiendo sobre parejas yuri inventadas).

Espero que lo disfruten mucho, ¡y el disclaimer ya lo sabe, así que a leer~!


Capítulo 4: Revelaciones, culo-pared, pitones sueltas y ataques de gatos.


—¿Qué pasa, Fran? ¿Por qué nos has llamado? — una Eli en uniforme y sin peinar y un Kiku perfectamente arreglado aparecieron por la puerta de la habitación de Francis y Antonio.

—Bajad el volumen... todavía duermen — susurró Francis.

—¿Duermen? — no parecieron caer. Kiku echó una mirada disloca-nucas al sofá y vio que no había ningún gato ahí — Entonces…

Francis sólo sonrió con malicia.

Eli sacó su cámara de nadie sabe donde se asomaron a la habitación de Antonio. Ahí estaba, el español a punto de caerse de la cama, con las mantas todas revueltas, en calzoncillos, babeando mientras dormía y con un pestazo a humanidad. Pero eso no era lo importante; había una camisa y unos calzoncillos de tomates inconfundibles tirados en el suelo. Acurrucado en la nunca del español, dormía el gatito de pelaje oscuro.

Foto. Foto. Vídeo.

Los dos yaoistas se miraron entre ellos con ojos de locura extrema. Francis les indicó que siguieran en silencio, riéndose por lo bajo.

—Eh, Antonie…

—Mmmmgh…. — gruñó el español.

—Mmmwaa… — ronroneó el gatito.

—Ya sé que anoche tuviste una fiesta muy animada con el petit chat, pero… es hora de levantarse — sacudió un poco a su amigo, que seguía frito. Lovino con él, también.

—Creo que los dos duermen lo mismo — susurró Eli.

—Porque hicieron lo mismo — susurró de vuelta Kiku. Ambos sonrieron con malicia.

—Eh, Antonie… — susurra Francis — Despierta…

Comenzó a sacudirlo, y a Lovi también. El italiano maulló, gruñó y se despertó poco a poco. El español seguía durmiendo. El gatito se sentía cálido, amodorrado y apoyado en algo muy suave y moreno. Fue abriendo los ojillos, sin saber muy bien dónde estaba, y estiró la espalda y erizó la cola. Con una pata se frotó con un ojo con torpeza y con la otra el morro. Oyó unos suspiros y le pareció raro. Aclaró la vista y vio a Francis, Eli y Kiku mirándolo con sonrisas. Gruñó, como si fuese su saludo mañanero de siempre, y se dispuso a levantarse. Porque estaba en el sofá…

Espera, ¿desde cuándo el sofá era de piel?

Miró lo que tenía a su izquierda y observó el rostro dormido del español. Avergonzado como un tomate, comenzó a gruñir y maullar y a arañar su nariz. El español también comenzaba a gruñir. Lovi seguía arañándole la nariz mientras sonaba su cascabel. Al poco rato, el español despertó.

—¿Qué pasa? ¿Zombis? — preguntó.

—Ayer tuviste fiesta, ¿eh, Antonie? Pero se nota que no llegasteis hasta el final — dijo Francis, picarón.

—¿Eh? — el español seguía con su cara de embobado. El gatito trató de saltar a la yugular del francés cuando el español lo atrapó con sus manos justo cuando bajaba por su pecho — Hoy hay clase… ¡oh, hola Eli, Kiku!

Ohayo — saludó Kiku.

—¡Jó regglet! — dijo Eli, enérgica.

—¿Eh? ¿Qué regleta? — Antonio estaba confuso. Se incorporó y se levantó de la cama, con un Lovi revolviéndose en sus brazos — Ahora me ducho.

Finalmente liberó al gatito en el suelo y buscó en su cómoda su ropa interior y su uniforme. Qué más da que una chica viese todos sus bóxers y calzoncillos… el español no conocía la vergüenza.

—Acuérdate que hoy tenemos piscina — señaló Francis.

—Ya, ya.

—¿Qué hora es? — preguntó Francis, curioso.

Kiku y Eli se miraron entre sí.

—Me parece que… it's yaoi o'clock* —dijo Eli, con su sonrisa.

· · ·

—Feliciano, voy a ducharme — anunció Ludwig. El gatito maulló, en señal de aprobación.

Gilbert ya duchado se ponía el uniforme. En realidad, sólo llevaba la camisa y los pantalones azules a cuadros, luego llevaba una sudadera roja por encima.

Ludwig abrió la puerta, con intenciones claras de ducharse. Feliciano lo siguió. Ludwig cerró la puerta. Ludwig abrió la puerta. Feliciano salió.

El pobre gatito maulló, sintiéndose abandonado. Entonces, Gilbert lo cogió y le acarició la cabeza.

—¡Deja a ese poco asombroso de bruder que tengo y ven a desayunar conmigo y con Gilbird! — el alemán silbó y un pollito amarillo que sabía volar se puso en su cabeza como si fuese un nido — ¿Ves que asombroso es mi pollito? ¡Gilbird es el mejor!

Feli, encantado con la idea, siguió a Gilbert. Bajaron por las escaleras y fueron hasta el concurrido comedor común. Un inglés tomaba té con pasas preparadas en el infierno (¿o eran hechas por él?) y leía el periódico. El ruso hablaba con sus hermanas por teléfono y el sueco y el finlandés parecían una pareja recién casada (el sueco tratando de dar de comer al finlandés, y no me refiero al desayuno). El danés discutía con el noruego que sólo lo ignoraba. El chino se tomaba su desayuno a base de arroz con energía, la belga charlaba sobre una cosa que pasó en la escuela con la liechtensteinense. El suizo discutía cosas de dinero con el holandés y ahora venía el alemán a montar fiesta.

—¡Guten morgen, no tan asombrosos amigos! — dijo, con confianza. Feli iba detrás de él y Heracles, que dormía, revivió. Le hizo una seña y el gatito se acomodó en el regazo. El griego lo acariciaba mientras desayunaba y filosofaba por dentro.

Después fueron bajando los demás; el canadiense, el español con el gatito italiano en brazos, el francés, la húngara, el japonés… cuando Feli vio a Ludwig bajar, fue directo a pedirle que le subiese. Se acomodó en su ancho hombro y nadie más lo pudo sacar de ahí.

—Hey… creo que ya hemos encontrado a una de dos — susurró Eli.

—Cierto, Eli-san — afirmó Kiku.

· · ·

—¡Q-qué lindoooooo! — chillaron las chicas.

Ocultándolos en sus bolsas, lograron meterlos en la escuela. En la clase de Antonio iban; Francis, Gilbert, Emma, Govert, Roderich, Berwald, Tino y Elizabetha. En la otra iban los demás; ¿eso que quería decir? Que los dos gatitos italianos estaban separados.

Lovino se encontraba en el cielo. Un montón de chicas en esa clase de treinta y dos personas estaban en corrillo alrededor de él, chillando lo mono que era. Todas eran lindísimas… sin embargo, Lovino se ocupó de gustarle a todas. En el pupitre de Antonio, rodaba sobre su espalda, hacía que atrapaba algo en el aire, olisqueaba los dedos de las chicas y los lamía a su felina manera…

Antonio también estaba emocionadísimo. ¡Pero qué lindo estaba Lovi! Seguramente era el gatito más lindo del mundo… incluso se acordó de cómo lo aferró ayer mientras lo abrazaba, ronroneando. ¡No podía quitarle el ojo de encima! Claro que estaba en forma humana… ¡pero es que lanzaba unos soniditos, y la colita, y las orejitas…!

Oyeron unos pasos y apresuraron a esconder a Lovi en el bolso de Antonio. El profesor de matemáticas, German, entró con su presencia imponente de siempre. El alemán miró con el ceño fruncido como todos estaban demasiado… felices para ser primera hora de clases. Sobre todo Antonio.

Guten morgen — saludó German — Hoy vamos a repasar los ejercicios para el examen. Sacad el boletín de ejercicios de ayer.

Mientras German hablaba, Antonio oyó maullidos y como rascaban su mochila. Se puso pálido y trató de averiguar qué quería Lovi. ¿Tendría hambre? Nah, si se zampó todas las galletas que tenía para él. ¿Querría jugar? Pero para eso ya tenía su cascabel… Mmm…

—Toni, pss — llamó Gilbert — ¡PSSS!

-¿Uh? ¿Qué pasa? – susurró Toni.

—La cremallera. ¡Cremallera! — susurró de vuelta, haciendo gestos con las manos. Estuvieron un rato jugando a las películas hasta que Antonio se dio cuenta.

—¿Cremallera…? — miró la bolsa donde Lovi se revolvía. Estaba cerrada. Sin oxígeno — ¡Lovi! — exclamó, lo suficiente para que el profe lo oiga. Se agachó para entreabrir la bolsa y vio como todos lo miraban, confusos. German tenía una ceja alzada.

—¿Lovi qué? — preguntó.

—Eeeeh… — "¡piensa, piensa!" — No dije Lovi… ¡dije poli! Estaba contando a… — miró a Gil, que negó con la cabeza. Cierto, estaba siendo vigilado por su tío desde la última vez que lo vio correr por la calle sin pantalones — ¡Francis! Sí, a Francis, sobre el programa de ayer del eh… ¡Equipo A! Que los polis casi los pillan y esas cosas…

Francis se le quedó con una mirada de: "¿qué haces con tú vida?" y Gilbert una sonrisa gradecida. German suspiró, pero en sus ojos se veía la dureza. Sin decir una palabra, se volvió a la pizarra para explicar. Toni suspiró con alivio y le dedicó una mirada de disculpa a Lovino, que sólo le gruñó con odio.

Agazapado y dormitando entre la ropa de deporte y los libros de Antonio, Lovino pasó así dos horas. Cuando sintió que levantaban la bolsa y lo despertaban con crueldad, se sintió perdidísimo.

—Ahora vamos a gimnasia, nos toca piscina — dijo Antonio — Esto lo hacemos con la clase de al lado, así que vas a poder ver a tu hermano~.

Ah, bueno, piscina…

Espera. ¿Piscina?

¿Chicas en bañador? ¿Chicas cambiándose? ¿Chicas? ¿Tetas?

Lovino revivió y quiso seguir a Emma. De un salto que no vio el "avispado" español se puso dentro de la bolsa de la búlgara y se preparó para lo mejor. De camino, escondido en la bolsa de Ludwig, estaba Feliciano. Cuando cruzaron miradas gatunas, ambos se miraron con ese brillo que indicaba complicidad total. A Lovino no le importaba que se hermano fuese homosexual, ¡qué va! Si hasta cuando iba a una cita le decía cuando iba bien y cuando no. Gracias a eso, no tenían esa rivalidad por una misma chica. Lovino preguntaba por la linda chica de la barra; Feliciano, por el hermano. Así de perfecto era (aunque no es que ligasen mucho…). Lo que le molestaba era que su hermano tuviese que fijarse en ALEMANES. Sí, en alemanes. En bastardos patateros. No sabía por qué, pero a Feliciano siempre le había gustado eso de rubio y de ojos azules. Y monstruosamente musculosos. Agh.

Justo cuando iban a entrar a los vestuarios y obtener su victoria, Emma se dio cuenta de la presencia del gatito.

—Oh, Feli… Lovino! — saludó al gato, no confundiéndolos. Lo cogió de la bolsa y Lovino suspiró en su mente. Qué mal… no podría colarse en el vestuario de las chicas. Emma dio un par de pasos para ponerse a la altura de Ludwig. Le dio un par de toquecitos en el hombro y el hombretón se giró. Le tendió a Lovino — creo que mejor te lleves tu a este y yo me llevo a ese.

Ludwig al principio parecía confuso pero luego comprendió. Un poco abochornado por no darse cuenta (y Kiku decepcionado de que no siguiera siendo así) sacó a un Feliciano triste y lo cambió por un Lovino tembloroso y rabioso. Nada más cogerlo, comenzó a arañarle por donde podía.

—¡Au, au! Para ya. Qué como el profe nos descubra, estamos acabados — dijo el alemán, serio. Lovino pegó un respingo y se quedó quieto, pero con odio en sus ojos. Lo metió en su bolsa.

Ambos italianos suspiraron a la vez. La única ventaja de ser un gato y no podían aprovecharla…

· · ·

Lovino no paraba de girar el rostro, incómodo. Claro, como era bajito y los chicos se paseaban con toalla para cambiarse (nadie sabe por qué, pero son pudorosos para estas cosas) les veía la pitón suelta. Casi vomita cuando vio los alargados montes Urales de Iván o la Torre Eiffel de Francis. Hombre, el francés dejaba a su monumento al aire, como presumiéndolo…

Estaba en uno de los bancos, aburrido. Escuchaba sin mucho interés lo que parloteaba Antonio mientras se ponía el bañador por debajo de la toalla. Había que admitirlo; ver al español y a su estupenda coordinación tratando de ponerse un bañador sin que se baje la toalla y dando saltos era gracioso.

Aunque claro, siempre desviaba la mirada. ¿Por qué? Porque no había ninguna parte para mirar al español sin que se sintiese incómodo. No podía mirarle a la espalda porque era muy morena, marcada y robusta; no podía mirar al pecho porque esos oscuros pelos que tenía entre pecho y pecho (no tan notables como los de Francis, pero pocos y sin ser desagradable. Espera… ¿por qué se fijaba en eso?) y la cruz que reposaba en ellos que centraba toda su atención en ello. No podía mirar la toalla porque si no parecía que estaría buscando ese edificio con forma de pene que hay en Barcelona. Tampoco a las piernas porque los gemelos estaban marcados lo justo y a los pies… era raro.

Y no podía mirarlo a los ojos.

Parecían que lo habían hechizado. Ese color verde esmeralda vivo y reluciente, limpio y honesto… de algún modo lo dejaba embobado. Dejaba de prestar atención a todo lo demás y se concentraba en encontrar cada reflejo en aquellos ojos grandes y verdes que lo observaban. Por eso mirar ahí tampoco era una opción. Así que simplemente no podía mirar ahí.

En una de esas que el español trataba de ponerse el bañador la toalla se resbaló y Lovino pudo entrever la montaña del Teide. Ahí, en primer plano. Más largo que el suyo, sí que era… bueno, no la tenía tan pequeña como Arthur o como Kiku…

Pero en el mismo momento en que la serpiente salió afuera, volvió a meterse. Antonio había subido el bañador rápidamente y había hecho el culo pared contra una taquilla. Como la velocidad de un rayo, Francis apareció de la nada, con sus dedos meneándose como tentáculos. Luego vio que estaba con el culo pared y chasqueó la lengua.

Mèrde. Parece ser que esta vez tampoco lo voy a conseguir — el francés ya tenía el bañador, al menos.

—Es que Lovino — explica Antonio — perdí una apuesta contra Francis y si en algún lugar eh… lo de abajo se ve al aire y Francis me roza o me toca en cualquier parte del cuerpo, mmm… hacemos eso.

Lovino se había quedado incrédulo, y Antonio rió nervioso. "Me habían echado algo raro en la bebida" parecía querer decir. Francis rió malévolamente y se fue, pero antes le susurró a Lovino:

—No te preocupes, mon amour. Jamás haría algo así Antonie, pero haré que me invite a la cena más cara de su vida. Así que baja las defensas — remató con un guiño de ojo. Lovino tensó las orejas y la cola y se puso muy rojo. Comenzó a gruñirle y maullarle cualquier tipo de improperios y estaba a punto de lanzarse a su yugular cuando Antonio lo frenó.

Y lo vio y se acordó del bajo vientre de todos.

Espera, ¿ahora se dedicaba a ver penes por ahí?

· · ·

Feliciano estaba triste, mustio, depresivo. A su alrededor las chicas se turnaban para consolar al gatito. Podía ver todo lo de las chicas que quisiera; algunas iban en ropa interior y otras sin nada, directamente. "A mi fratello le hubiese encantado esto, ve…" suspiró para sus adentros. Eli, que es tan avispada ella, se puso a su lado una vez que tenía puesto el bañador.

—¿Qué te pasa, Feli?

—Miau veeee…

—Oh, te entiendo. A muchas chicas nos gustaría — "Aunque yo ya lo conseguí". Se acordó de esas fotos de Roderich que tenía que eran tan…

—Miau miau. Ve… — volvió a suspirar.

—Comprendo… — su orgullo fujoshi había saltado nada más suponer lo que estaba haciendo. Se levantó de golpe — ¡Muy bien! ¡Yo te ayudaré, Feli!

—¿Qué pasa, Eli-chan? — Mei se había acercado, curiosa.

—Ay, te tengo que contar tantas cosas hoy, Meimei… — dijo Eli — por el momento, ayúdame a colar este gato en el vestuario de los chicos.

—¿Eh? ¿Por qué? — preguntó, confusa.

—¡Es por el bien del yaoi!

—Mmm… no lo entiendo muy bien — frunció el ceño — Pero si es por el bien del yaoi, te ayudaré. ¡Explícamelo todo después!

—¡En el salón del club! — prometió.

Feliciano ronroneaba, feliz.

· · ·

Casi la mitad había salido ya del vestuario de chicos. Claro, Ludwig había tardado más ya que el gracioso y asombroso de su hermano le había robado el bañador. Al final, lo había escondido en una taquilla perdida y había tardado más de lo normal. Según Gilbert, "era una venganza por no salir a por cervezas el otro día".

Estaba en una esquina del vestuario, cambiándose. Estiró su bañador y se dispuso a ponerlo. Era muy simple; negro y con rayas azules. El bañador de las chicas era igual solo que con la raya roja. Primero puso una pierna, luego otra…

Escuchó un ruido y vio como algo se aparecía ante él.

Un gato. Feliciano.

Sí, el joven italiano había logrado entrar con la ayuda de esas dos. Una lástima, pero no quedaba casi nadie y estaban todos listos y vestidos… el pobre italiano se desilusionó. Le maulló algo a su hermano que, envidioso, le gruñó y se marchó afuera. Así que pensando que podría correr los baños con libertad, se puso a gatear por todos lados.

Y ahora estaba enfrente del muro de Berlín antes de ser derrumbado.

Ludwig se había shockeado y atrancado con el bañador a las rodillas. El gatito se lo quedó mirando, largo y tendido, porque aquello no era normal… ni los rusos lo tenían tan…

Recuperándose de la vergüenza, Ludwig reaccionó y se puso rápidamente el bañador.

—¡Feliciano! — vociferó. El italiano se puso tenso de miedo — ¿¡Por qué estás aquí!?

—¡M-m-m-miau… VEEEEEEEEE!

El gato salió corriendo. Ludwig suspiró, avergonzado. Dios, aquel chico le había visto las… ¡y además era gay! ¡Como si lo hubiese visto una chica! El efecto era el mismo. Colgándose las gafas al cuello, decidió salir.

No sabía por qué, pero sentía que esta no sería la única sorpresa.

· · ·

La clase de natación fue como siempre. Los dos gatitos escondidos entre arbustos admirando el paisaje y los tres amigos peligrosos haciendo tonterías cuando no los veían. ¿El objetivo de hoy? Bajarle el bañador a Gilbert. Porque Francis tenía ganas y a Antonio le parecía divertido.

Después de la sesión de natación, les tocó recreo. Prácticamente se habían ido a una zona apartada y los gatos se escondieron ahí. Antonio, Emma, Francis, Gilbert, Kiku, Ludwig y Eli pasaron con ellos la mayor parte del tiempo.

Después llegaron otras tres horas de siesta para los dos italianos. Sólo que ahora estaba húmedo y fresquito y tenían la sensación de estar en una selva amazónica. Y después fueron a comer a la residencia. Lovino y Feliciano comían unos tomates frescos que había tomado Antonio.

Y llegó la hora de los clubes…

Con mucha insistencia, Antonio había logrado que Lovino fuese con él al club de jardinería. No era más que una parcela con un pequeño invernadero y un cobertizo tan grande como la caseta del perro. Aunque claro, en esa parcela tenían tomates, lechugas, berenjenas y unas pocas zanahorias que no habían madurado. Luego, en el invernadero, tenían las flores. Eran como estanterías con macetas en vez de repisas, macetas muy anchas y profundas. Ahí crecían muchas flores; pensamientos, orquídeas, jacintos, dalias… a Govert le hacía ilusión unos girasoles y una rosaleda, pero no había espacio. Oh, también tenían un hueco para unas hierbas medicinales de las que sabía Emma.

Lovino recorría todo con curiosidad. Antonio estaba afuera atendiendo a sus verduras por madurar y él estaba mirando las flores. Había muchos colores, parecía que estaba dentro de un arco iris. Diversos olores le llegaban y veía como Emma rociaba algo a las flores con un flish* y como Govert revisaba cada flor al centímetro. Les sacaba fotos con el móvil y las medía.

Se quedó mirando la labor de Govert. Parecía que estaba haciendo algo como un estudio de su crecimiento. Debió ser por el cascabel, ya que Govert captó su presencia.

—Si quieres tomates, el tonto ese tiene.

Lovino gruñó, ofendido por querer tomates.

—Así que también sientes curiosidad por la jardinería, ¿eh? — inquirió Govert. El italiano no podía negarlo; le gustaba eso de tener una huerta o una maceta con flores. Aunque claro, echaba aún más de menos su violín. No había vuelto a tocarlo desde… ¿Cuándo? ¿Cinco años? Sí, desde que tuvo que empeñarlo para sacar dinero extra para la familia. Lovino maulló de esa manera tan tsundere y suya.

Govert se quedó mirando largo rato al gato, como tratando de sacar una conclusión de la nada. Luego, se fue a una mesa donde había una pulsera con flores diminutas. La cogió y la dejó en la cabeza de Lovino.

—¿¡MIAU?! — gruñó, ofendido.

—Emma, ven — llamó Govert. Alzó al gato, que se revolvía para que lo bajase.

—¡Oh, qué lindo! — exclamó Emma.

—Creo que si dejamos aquí al idiota ese y nos llevamos a este gato a la plaza, duplicaremos las ventas — sentenció.

—Hombre, pues, no está mal tirado… —meditó Emma.

Lovino estaba incrédulo. ¿¡De verdad iban a dejarlo parecer una GATA!?

· · ·

—¡CHICOS! ¡EMERGENCIA! — Eli y Kiku entraron en la sala del club del manga como tornados, deseando contar la noticia.

—¡No! ¡Está claro que Ruka sería su taichi! — exclama el coreano.

—¡Te equivocas! ¡La que sería la taichi de Momo sería Saki! — exclamó el chino.

—¿Qué dices? ¡Saki sería neko, no taichi! — vuelve el coreano.

—¡No, aru!

—¡LIVE ACTION YAOI! — exclamó Kiku.

Y se hizo el silencio.

Si había algo que todos compartían en aquel club, es que daba igual el género en el amor; yaoi, yuri… ¡daba igual! Ambos eran demasiado asombrosos. Aunque claro, si escuchan esa frase, hasta los chicos se paran para escuchar completamente…

-¿Dónde? — inquirió Mei, ansiosa.

—Ejem — Elizabetha tosió – decidme que manga yaoi famoso podría estar ocurriendo ahora — formuló Eli.

—¡JUNJOU ROMANTICA, DA ZE! — exclamó Im.

—¡Mec!

—¿Sekaiichi Hatsukoi?

—¡Tampoco!

-¡HEY CLASS PRESIDENT! — exclamó Mei.

—¡Error! — Eli iba ensanchando su sonrisa.

—Hum… — todos se quedaron en silencio.

—¿Loveless?

—¡Premio para el indio!

Todos se quedaron con la boca abierta hasta el suelo.

—¿¡QUIERES DECIR QUE HAY UKES VÍRGENES POR HAY SUELTOS CON OREJAS Y COLA DE GATO!? — exclamó Im Yong Soo, sin creérselo.

—Casi — contestó Kiku.

Y comenzó a relatarles todo. Mei cayó en la cuenta.

—¡Oh! Por eso ese gatito quería ir al vestuario — dijo, emocionada.

—¡Bien! Ahora hagamos apuestas — anunció Eli. Sacó de no sé dónde una pizarra y puso los nombres de "Feli" y "Lovi" arriba. Abajo, en hilera, los nombres de todos los residentes de su estancia, incluyéndose a ella misma.

—Oh, ya entiendo. Parece divertido — el tailandés sonrió, tan tranquilo y amable como siempre.

—¡Dadnos información! — reclamó Im Yong — Si no, así no hay quién apueste, ¡da ze!

—Pues eliminamos a Iván y a Yao… — tachó los nombres del ruso y del chino. Yao estaba confuso.

—¿Por qué, aru?

—Porque se os oye en toda la residencia — responde Kiku.

—¿¡N-n-n-ǐ shuō ne!? — exclamó el chino en su lengua natal. Todos comenzaron a silbar de manera pícara y se quedó callado, rojo como un tomate.

—Dejando de lado el excelente yaoi que nos ofrecen… — rió Elizabetha — Aquí va la información. Feli, el gato lindo, idiota, amable y cariñoso parece estar muy encariñado con Ludwig. Gilbert me contó que durmieron juntos.

—¿Eh? ¿¡En serio!? ¿Lud? — Mei estaba perpleja.

—Y eso no es todo… — Kiku sacó su cámara — debido a que Ludwig-san siempre se levanta muy temprano, no pudimos sacar fotos, pero… Lovino-san, el gato tsundere…

Y les enseñó las fotos de Antonio durmiendo con el gatito y babeando.

—¡Esos dos se quedan juntos! — exclamaron todos a la vez.

—¡Ya! Pero… a lo mejor hay rivales — piensa Elizabetha.

—Pues pasemos a otras parejas… — dijo Mei, pícara. A Eli le dio miedo.

La taiwanesa se levantó de su asiento y fue a la pizarra. Aparte de dibujar una flecha de Feli a Ludwig y Lovi a Toni con un interrogante. Entonces, ella coge el nombre de Eli y comienza a dibujar una línea desde ahí hasta Gilbert…

—¿¡QUÉ!? — exclamó Eli, incrédula y rojísima — ¡Sí sólo es un idiota egocéntrico y…!

—No, no — negó Kiku. Dibujó otra línea que iba hacia Roderich — es un triángulo amoroso.

—¡Aaah! – Mei pareció entenderlo — ¡Cómo siempre, tan avispado, Ki-kun! No como cierta persona…

Miró mal al chino. Yao sólo atinó a suspirar.

—¡No, no! — Eli borró la línea que iba desde ella a Gilbert y dejó la de Roderich — así mejor.

—¡Yo tengo una mejor! — borró la de Roderich y Eli y dibujó una desde el austríaco hasta el alemán. Todos se quedaron mirando, pensativos.

—Oye, pues… — Eli comenzó a pensar en voz alta — Hasta hacen buena pareja…

—Y esto explicaría el por qué siempre incordia en el club de Rode-kun — explica Mei.

—¡Pero también irrumpe en el de Eli-san!

—¿…Para ver a Oliver-kun? — inquirió Mei.

Y hoy había un nuevo tema de discusión.

· · ·

Estaban todos reventados. Dos horas en aquellos salones de clubes y después hacer los deberes en casa. ¡Demasiado! Incluso Lovino se había quedado dormido en la bolsa de Antonio, y el español no paraba de hacerle fotos dormido porque era demasiado lindo.

Iba con Francis y Gilbert por el pasillo. Gil iba disgustado porque el austríaco le había restregado por toda la cara que Elizabetha era suya (en realidad, sólo la había nombrado de pasada) y quería fiesta para olvidarse de las penas. Lovino estaba despierto y gruñó al ver que el español le sacaba fotos con el móvil.

Pasaron por delante de la sala de profesores. De ahí, salían dos; German, de matemáticas, y Rómulo, del FP de cocina. El italiano iba contándole como se ligó a una rubia el otro día y el otro lo escuchaba con una mueca de bastante fastidio.

—¡Hola, Rom! — saludó Antonio. Lovino, medio adormilado, miró en su dirección — Él es Rómulo, el dueño de la residencia y profesor de cocina. Cuando tenemos los clubes es cuando las clases se ocupan para el FP. Hay humanidades, de diseño… hay muchas cosas, la verdad.

El gato no escuchaba lo que le decía el español. Simplemente tenía la mirada fija en aquel hombre de rizos que sonreía como si fue el hombre más feliz del mundo.

Lovino se abalanzó sobre él.

Salió de la bolsa a toda mecha, subió por los pantalones del profesor hasta llegar a su hombro y comenzó a arañarle la cara con toda la furia que tenía. Sus garras le forman heridas en la piel que comenzaban a sangrar, y sus patitas también tenían sangre.

German sacó el gato cuando pudo y trató de agarrarlo, pero no para de removerse.

—¿Un gato? ¿Qué hace aquí? — pregunta.

—¿Qué ha pasado? — Ludwig llega, preocupado al ver la cara del italiano así. Feliciano, que estaba en la bolsa, ve a Rom y se agazapa entre las carpetas.

Lovino se zafó del agarre del alemán y se fue corriendo pasillo adelante. Feliciano inmediatamente lo siguió, corriendo tras él.

—¿¡Qué hacen animales en la escuela!? — exclama German.

—Agh, duele… — se queja el italiano, al ver la sangre.

—Te acompañaremos a la enfermería — dice Francis — Antonie, Luddie, id tras los gatos.

—¡Sí! — exclamaron los dos, y comenzaron a correr. Dejaron a German con la palabra en la boca.

—¡LOVIIIIIIII! ¡FELIIIIII! — gritaba el español a pleno pulmón — ¿¡DÓNDE ESTÁAAAAAAIS!? — al no obtener respuesta, gritó más fuerte — ¡TOOOOMAAAATEEEEEEE!

· · ·

El atardecer se cernía sobre la residencia. Como esos dos hermanos eran gatos, pudieron colarse fácilmente allí. Ahora, transformados y con un jersey y unas bermudas que les quedaban muy resbaladizas se escondieron en el cuarto de la colada.

Fratello… ¿ese era…?

—Sí — contestó secamente Lovino.

El silencio se cernió sobre ambos. Feliciano lo interrumpió.

—Creo que deberíamos llamar a mamá y a Marce, para que se queden más tranquilos, ve…

—¿Y qué les decimos, idiota? — inquirió Lovino.

—Mmm… ¡nos hemos perdido y ahora estamos en México, no os preocupéis! — exclama, muy convencido. Recibe una torta de parte de su hermano.

—Pedazo de cazzo. Claro, con eso se iba a quedar tranquila — ironía de parte de Lovi — Debería llamar al trabajo.

—¿A cuál?

—A los cuatro – le pega otra torta — ¿Acaso tienes cerebro?

—Sí que tengo, vee… — dice, lloroso — Fratello… ¿no echas de menos la escuela? Ya ves lo divertida que puede ser…

—Tú estudia. Yo trabajo. Punto — sentenció Lovino — Además, no me hace gracia tener a una panda de profesores ruidosos diciéndome qué hacer.

—Yo también podía tra-

—No. Qué con lo idiota que eres seguro que duras ni un día — le espetó — Tú estudia y luego ya encontrarás trabajo.

—Pero no me parece justo…

—Ya hemos hablado de esto. La vida es una puta mierda y tenemos que tragárnosla. Así que encuentra a un tío que te desvirgue y una linda chica para mí — dice.

—V-vale… — se sonroja un poquito con la idea. Se acordó de la pitón.

Al final, los dos hermanos salieron. Se tuvieron que enfrentar a un Toni ultra preocupado y que no paraba de abrazar a Lovino y a Feli, pegado como a una lapa. Ambos se dieron un buen baño, pensativos.

La vida muchas veces era un asco.

· · ·

—Ugh, menuda lluvia… — comenta Vash, mirando por la ventana. Su hermana estaba a su lado, con un libro entre sus manos.

—Bueno, al menos se regará la tierra — dijo, tan optimista como siempre.

—¿Entonces mañana hará buen tiempo? — pregunta Tino.

—Supongo que sí — responde Berwald.

Aquel día en la sala común era tranquilo. La noche se había cernido y casi todos estaban en sus habitaciones. La lluvia los hacía sentir perezosos, vagos. La pareja nórdica estaba sentada en el sofá de la sala común, compartiendo manta y viendo una peli de HetaTNT. Tino había preparado un poco de chocolate bien calentito, porque las temperaturas habían bajado en picado. ¡Con el bochorno que hacía por la mañana!

—Osea, como que mi pelo se va a volver afro — se quejaba Feliks. Estaba en el suelo junto a Toris y un tablero de ajedrez en medio — Mmm, tengo que ir a la pelu. Se me han abierto las puntas.

—No se te nota — dice Toris, distraído. Coge una de las piezas y la mueve — Te toca.

—¡Ajá! Ahora hago así… — mueve la ficha sin pensar.

—Y yo te gano con un jaque ma-

—¡LEY DE POLONIAAAAAAAA! — el polaco cogió el tablero y lo lanzó por los aires.

—¿¡Pero qué demon…!?

—Uy, que fallo… últimamente ando súper distraído, ¿sabes? — dice, riéndose.

—¿Distraído? ¡Gritabas "LEY DE POLONIAAA"! — refutó Toris.

—Uy, Toris, cielo. ¿Te has tomado la pastilla? — dijo, fingiendo no saber nada del tema.

—¡Pero…!

El timbre sonó y Tino se levantó para abrir. Esos dos seguían con su discusión y tan felices. Tino extrañó el calor de la manta, y aunque se avergonzara, de Berwald. Ellos no eran novios ni nada… sólo amigos. Sí, eso, amigos. Amigos cercanos, íntimos… mejor deja de pensar, que se te va a estallar la cabeza, Tino.

Abrió la puerta y se encontró con el pequeño Peter en la puerta.

—¡Peter! — Tino estaba alegre. ¡Adoraba a ese pequeño como si fuese su hermanito!

—¡Mommy~! — siempre lo llamaba así de broma. Lo abrazó, aunque estaba empapado. El chubasquero no le hacía mucho efecto con la lluvia.

—¡Su-saaan! ¡Arthuuuuur! ¡Peter está aquí!

Exacto, Peter era el hermano pequeño de Arthur. Claro que el inglés muchas veces estaba ocupado y los contrataba como niñeras (a Tino y a Berwald) así que terminaron por forjar una larga amistad.

—¡Daddy! – exclamó, muy contento. Fue a abrazar a Berwald, que sonreía contento. Le gustaba en cierto modo que lo llamase así.

-Oh, brother – Arthur bajó las escaleras. Peter fue corriendo a abrazarle — ¿Y tú por aquí?

—Mami me envió a por algo a la tienda y me pilló la lluvia.

—¿Y…? — inquirió Arthur.

—Oh, también hay otra razón…

· · ·

Feliciano adoraba bañarse.

Agua caliente, con mucha espuma, y durante horas. Era como tener una enorme manta de vapor. Se sentía limpio, su mente se libraba de todo aquello que le preocupaba y se limitaba a imaginarse cosas o a hablarle al patito.

Sí, eran de lo mejor…

—¡VÍSTETE, FRATELLO!

Eran…

—¿Qué pasa, ve? — se asustó. Se levantó rápido de la bañera nada más ver a su hermano entrar.

—Ponte una toalla, ¡ya! —bdemandó. Lovino le tiró un a encima y Feli se la enrolló en torno a la cintura.

Ambos fueron al pasillo y Lovino le indicó a su hermano que bajase la voz y fuese silencioso. Feliciano, recién salido de la bañera, era bastante violable; con las mejillas rojas, el vapor alrededor de él, el pelo claro pegándose a su cara, las orejas gachas, la cola igual y que sobresalía por debajo de la toalla…

Ambos se escondieron detrás de las barandillas que te dejaban ver un trozo de la entrada. La lluvia se oía afuera. Podían ver las espaldas de Arthur, Tino y Berwald, y el costado de un niño rubio.

—¿Y quién es él?

—Oh, es nuevo. Necesita ayuda, me lo encontré llorando al lado del súper — informó Peter. Un niño cabizbajo de rulo cuadrado entró, completamente empapado.

Mis fratellos… no están… hace dos días, desaparecieron… — temblaba. De frío y de miedo.

—… — los tres se miraron entre ellos, suponiendo la respuesta — ¿Cómo te llamas?

—Marcello… y mis fratello son Lovino y Feliciano…


Líos de familia~


*i'ts yaoi o¡clock: es la famosa expresión de Pom, del juego Pom get's wifi. Muy recomendable, con multiples referencias yaoi y a videojuegos y a animes tales como Ib. Va Sobre una perrita pomerano que está viciado al wifi, y se incendia la casa. Shiba, un shiba-inu trata de avisarla, pero a ella aún le queda revisar el tumblr… así que muere y asciende al cielo perruno. Con su portátil y con Shibe. Pero claaaro, ahí arriba no hay wifi. Y así comienza la corta historia de cómo Pom consiguió su wifi. En inglés pero está genial :D hay una pareja yaoi con Shibe y sus grandes ojos de uke (lo humanizan en muchos fan arts) y un perro negro con ojos de seme que siempre lo está protegiendo y animando. Y claro, Pom mete baza… con cosas de:

Shibe: Well, thanks por save us. I…

Pom: …love you.

Shibe: ¡N-no! ¡Please, sh-shut up!

*flish: en mi casa llamamos así al bote rociador de spray xDD o al menos en España. O al menos en norte de España XDD


Dejando atrás videojuegos, vengo a preguntarles: ¿qué les pareció? Me salió mucho más largo, sep. Tan largo como el pene de Alemania y el de Francia. ¿Sabíais que la media francesa es de 18 cm? ._.

Hum, voy a responder a reviews~


Zuzumomo chan~

Para ti, penes al aire :D Y gracias por leer alma de torero! Realmente planeo meterle más comedia y tensión sexual… y en este fic más. Hasta que explote xDDD ¡Muchas gracias por tu review~!


MapleMary~

Te veo con ganas de Usuk xDDD tranquila que habrá è.e ¡gracias por el review~!


Katy365~

¿Verdad? Los tsunderes son súper adorables y violables *-* y claro, Toño también le verá el encanto è.e ¡gracias por el review~!


Pa'l próximo cap, por cada review

Me pienso más una escena GerIta en la bañera…

¡Yo lo dejo caer!