Una vez más, las Praderas se mostraban frente a ellos. Una vez más, Judy y Nick se sentaron en una plana piedra frente al sol del mediodía, pasándose moras entre ellos de bolsos hechos de hojas de árbol plegadas, atadas con tiras flexibles de corteza.
Judy se cubrió los ojos mientras miraba hacia el valle donde habían conocido a la loba. Sabía que ese no era su destino. En cambio, viajarían hacia el oeste a territorio inexplorado para decidir de una vez por todas si las Praderas eran seguras.
"Judy." La voz de Nick resonó en su boca llena de bayas. Parecía que las eligiera y sacara de los bolsos, dejándoselos para él. "La voluntad de tu padre es mudarse aquí. No soy zorro de granja, pero…"
"Pero Nick, debemos obedecer. Es el líder del clan. Él y los ancianos. El terreno que cultivamos tiene tierra delgada, y muy pronto se va a acabar. Estas tierras están fértiles. Espero que podamos venirnos." Mientras hablaba, ella continuaba mirando a la distancia. Ocasionalmente sacaba una fresa y la masticaba e su boca.
"¿Qué otra cosa esperas?" Preguntó Nick, con sus orejas paradas en curiosidad.
"Espero…" Judy pausó para pensar. ¿Qué más esperaba? ¿Paz? ¿Amor? ¿Qué más pasaría cuando vivieran seguros? ¿Se quedaría con su clan o buscaría uno por cuenta propia? Ha pasado mucho tiempo desde que tuvieron contacto con otro clan de conejos. Judy no estaba segura si potencialmente existía otro. Y que iba a ser de Nick…. no tenía idea.
"Nick, espero que un día ambos podamos ser felices. Que podamos encontrar algo que nos mantenga contentos."
Estas palabras eran poco claras en su propósito. ¿Qué ambos ya no tenían ese algo?
La suave brisa que soplaba del este parecía indicar su ruta. Al caminar más al oeste se revelaban aún más anchas y planas llanuras, aún sin ser trabajado por las patas de otro clan granjero.
"¿Crees que nos toparemos con más lobos?" Preguntó Judy, presionando su pata contra un abedul como si estuviera canalizando la memoria del jardín de su madre.
"No podría decirlo. Espero no volver a ver a otro lobo nunca más." Respondió Nick. Se mantuvo agachado, en cuatro patas con su cabeza apenas sobre el borde del pasto. Llevaba provisiones y agua atadas a su espalda. "Judy, espera. Olfateo algo."
Otra vez Judy maldijo la diferencia de su olfato comparado con el de Nick. Sonrió irónicamente y acarició la espalda de Nick. "Eres buena alarma. ¿Qué pasa?"
"Es… carbón. Como a quemado. Como una fogata para asar zanahorias y contar cuentos."
¿Fuego? Judy entrecerró los ojos. Fuego significaba inteligencia. Incluso peor, fuego significaba el sin sentido y cruel capricho de la Coneja Naturaleza, de la que todo ha nacido. ¿Qué pasó esta vez? Judy se agacho y siguió a Nick hacia el olor, usando la punta de su cola como guía entre los arbustos y el pasto largo. Pacientemente, ella registró el horizonte buscando señales de humo, pero no encontró. Al parecer no existía fuego presente.
Nick se detuvo frente a ella, la punta de su cola, con un ligero movimiento de arriba abajo, le señalizaba que también lo hiciera. Ella se quedó en posición, para luego avistar la negra punta de un árbol que contrastaba con el cielo azul-grisáceo al noroeste.
"Lo veo, Nick. ¿Hueles más mamíferos?" Preguntó Judy, acercando su pata para tocar gentilmente la punta de la cola de Nick.
"No hay más mamíferos, solo tú y yo" Respondió Nick. Continuó caminando un poco más, tirando de Judy. Al acercarse al árbol, su real forma fue revelada. No era un árbol. Era una estructura. Había varias de ellas, casas quemadas; las esqueléticas líneas de construcción lo hacían evidente. Grandes franjas de suelo negro carbonizado, rodeando los quemados restos de lo que debía ser una aldea.
Por un momento, Judy y Nick estaban estupefactos. La aldea parecía suficiente para albergar docenas de conejos, no tan grande como el Clan Hopps, claro. Podían ver rastros de senderos entre las estructuras quemadas, pero no así indicaciones de cómo sucedió esto.
"Nick. ¿Fue un relámpago O… O alguien…" Judy mantuvo su respiración. El fuerte, abrumante olor a quemado la rodeaba. Sabía lógicamente que no tenía ningún peligro, pero un profundo escalofrío subía por su cuerpo.
Nick no respondió. No tenía idea. Pero sentía el recelo de Judy y se mantuvo cerca de ella, preocupándose que su cuerpo tocara un poco y continuamente el de ella. El pelaje de Nick se erizaba en su espalda, mientras que Judy miraba repetidamente a ambos lados, anticipando algún peligro desconocido.
"Este es un lugar oscuro. Siento… Casi siento que esto pasó recién…" La voz de Nick era suave. Tratando de estar calmado, solo por si acaso.
"Entonces hay que trabajar para saber." Decidió Judy. Miró a Nick a los ojos mientras se alejaba de él. Apuntó a otra estructura. "Ve. Busca." Mandó ella, y Nick obedeció. Empujó su nariz entre matera quemada y cenizas, buscando pistas que les de algo de información.
Mientras tanto, Judy investigaba los restos de otro edificio. Unas marcas en el piso indicaban que existieron camas y muebles. Los montones de cenizas decían que este lugar fue habitado, y su mente se llenó de pensamientos, imaginando algo tan terrible pasándole a su propia aldea. ¿Cómo podrían los conejos del Clan Hopps escapar de las garras depredadoras de un hambriento incendio? Cerró bien sus ojos y sacudió la cabeza para resistir el horrible estímulo de tales pensamientos.
Judy lentamente empujó contra una pila de madera quemada, temiendo a la primera que estuviera caliente todavía. Al desplomarse a un lado, miró por el espacio debajo y el área cerca de él. Había arañazos. Marcas de garras, no había duda de ello.
"¡Nick!" Llamó ella, girando su cabeza hacia él.
Nick vino corriendo, atravesando y evadiendo entre quemados y caídos árboles.
"Nick, mira. Arañazos. Pon tu pata ahí. ¿Qué tan grandes son?"
Judy observó mientras Nick ponía su pata sobre los rasguños. Eran cuatro líneas, y estaban más espaciadas a lo ancho que las brillantes uñas de las patas de Nick.
"¿Un lobo, Judy?"
"No… No… ¿Qué lobo sabe de fuego? No… no, puede ser…"
"¿Entonces qué?"
Judy deseaba tener una respuesta. En cambio, mintió.
"Yo… no tengo idea."
"Vi más marcas en la otra estructura. Garras de lobos. Temibles y muchos, o… o solo uno y vuelto loco."
"Esto es malo. Este es un vil lugar, Nick. Deberíamos continuar."
Judy tomó a Nick de una correa en su espalda y lo tiró junto a ella lejos de la destruida aldea. Se dirigieron hacia el oeste, cabeza gacha mientras pensaba que significaba esto para el clan.
Nick sabía esto incluso in preguntar.
Luego de una hora de viaje por tierra, comenzó a asomarse la punta de una montaña. Estuvo en el horizonte por bastante tiempo, aunque las colinas fueron haciéndose más inclinadas y rocosas.
"Descansaremos aquí, por un momento." Las instrucciones de Judy sorprendieron a Nick. No se habían alejado demasiado de la quemada aldea. Aun así, se acurrucó a sus pies mientras ella se sentaba entre el pasto y la sombra de una gran roca gris.
"Déjame pensar… Nick, ¿sabes como padre conocía las Praderas? ¿Cómo sabía de este lugar donde nunca ha estado?"
Nick habló sin levantar la cabeza. "Tal vez los ancianos le dijeron, ya que son sabios y conocen mucho.
"No… no lo creo. Nick, te acuerdas del Clan Bin-Kie?"
"Los mercaderes. Vinieron al Clan Hopps hace… algunos seis veranos atrás, sí. Que mamíferos más joviales."
Si… Sabían mucho del mundo por sus viajes. Escuché de una chica Bir-Kie que han comerciado con muchos tipos de mamíferos, de aquellos que nunca he visto ni oído. Ñus. Búfalos. Mamíferos con grandes cuernos, largos como árboles."
"Debe ser así. Si conocían estas tierras, ¿cuál era su aldea?"
Judy sacudió su cabeza. "No podía ser. No olfateé Piedras de Clan ni vi puestas alrededor de la aldea. Un clan de conejos debía ser muy estúpido como para no marcar sus tierras con esas piedras."
Nick se encogió, sus hombros subían y bajaban con desgano mientras reposaba su hocico entre sus patas. "Entonces no tengo otra idea."
Un repentino crujido rompió el silencio. Judy y Nick reaccionaron ante la respuesta, Judy sacando la resortera de su cintura y Nick levantándose en cuatro patas y olfateando alrededor. Algo estaba saliendo de entre el césped cerca de las orillas del bosque que rodeaban la base de una montaña, detrás de ellos. Por el borde de sus ojos, Judy alcanzó a ver una caverna en la montaña que no habían advertido. Cavernas significaba pocas cosas, pero todas ellas malas.
"Nick… Nick, quédate atrás." Le susurró Judy. Ella se agachó y dio un gran salto en el aire, aterrizando sobre la roca bajo la que había descansado. Tomó una piedra de su bolso y tironeó de su resortera, esperando en silencio a que la criatura se mostrara.
De entre el pasto apareció gateando el pequeño cuerpo de un lobo cachorro. Su pelaje era blanco-grisáceo, moteado con oscuras manchas de aspecto sucio, que tal vez, iba a crecer para asemejar el blanco pelaje de su madre.
Mientras Judy y Nick miraban, el cachorro ladró y su cola empezó a moverse. No retrocedió de susto. En cambio, se acercó a ellos, olfateando de entusiasmo.
Un momento después, una conocida figura blanca salió entre el césped y Judy casi lanzó su piedra. Era su madre loba de la vez anterior en las Praderas. Se veía mejor, más fuerte, aunque Judy podía verla con algo de cojera. Llamó a su cachorro, dándole menos atención a Nick y a Judy.
"Kida, no no." Dijo ella, haciéndole señas al cachorro. Lo rodeó y lamió su cabeza. "Salir, no. Peligro. ¿Por qué no vas… cachorro…" Sus labios formaron una sonrisa, con algo de regocijo en su voz. Luego levantó la cabeza, y su cuerpo retrocedió en reflejo cuando vio a Judy. Su mentón cayó y abrió bien sus ojos. Rápidamente, rodeó con su cuerpo a su cachorro y giró su cabeza. Cuando miró de nuevo, su expresión se relajó.
"¡Tú! Tú eres… coneja amable. ¿Aún lo eres? Sus ojos recorrieron el alrededor, buscando el rojo pelaje de Nick por sobre el verde pasto. Sabía que estaba cerca. La dolorosa memoria de su último encuentro hizo seguro que nunca lo olvidaría.
"Sal, Nick, sal. Sé amable." Dijo Judy. Nick solo casó su nariz de entre el césped mientras que Judy bajó de la roca.
"¿Tú vives aquí?" Preguntó Nick a la loba mientras él se sentaba en sus patas traseras.
La loba se mantuvo a la defensiva. Su cachorro miraba discretamente entre sus piernas a las dos desconocidas criaturas.
"Trato." Dijo la loba, un todo de desánimo en su voz. "¿Me… me estas cazando? ¿Mis cachorros?"
Judy tragó saliva. "No, no…" Trató de aliviar a la loba, pero sabía que no lo iba a lograr. El cachorro era pequeño, como uno de sus familiares bebé, y Judy se sintió mal.
"Loba, tu… Loba, dinos, dinos sobre la aldea negra." Judy sabía que esta era su oportunidad para entender lo del pueblo. Tal vez la loba la había visto. Fijó su mirada en Nick buscando calmarse, pero él miraba a la loba y su cachorro. Estaba sonriendo.
Finalmente, la loba se relajó entre su cachorro. Lo dejó entre sus piernas, para luego lamerlo y limpiarlo cuidadosamente.
"Kida, mal dejar cueva. Hermanas no se van. ¿Por qué siempre tú?" Era la voz y las palabras de una madre preocupada, como la voz de Bonnie cuando Nick y Judy eran todavía jóvenes.
Kida no respondió con palabras, solo ruiditos y ladridos que eran nuevos para Nick y Judy. Giró boca arriba y su madre lamió su estómago.
"La aldea… por favor." Repitió Judy.
La loba afirmó con la cabeza. La giró hacia Judy y habló. "Aldea de conejos, una vez. Lunas pasaron desde que quemó."
Judy entrecerró sus ojos. "Vi marcas, loba. Tal vez garras, tal vez tuyas. ¿Tú atacaste la aldea? ¿Usas fuego hecho, o… o algún relámpago, para ayudar a matar conejos?" Estaba sospechando. Las marcas eran de lobo, tenían que ser.
La loba frunció el ceño en confusión, "No. Solo huelo fuego, veo humo. Mi casa ser caverna. Mi manada…" Se contuvo por un momento, y dejó de hablar por un momento. Cerró los ojos como en dolor. "Casa de vieja manada es bosque, profundo en bosque. Arboles tener marcas de territorio. Garras."
Nick reconstruía todo esto en su cabeza, escuchando pasivamente mientras Judy y la loba hablaron. Así que la loba era inocente, o eso juraba. ¿Habrá sido su antigua manada la que atacó a los conejos? No había signos de ningún conejo. ¿Cómo sabia tan poco si vivía tan cerca? Empujó con su cabeza el brazo de Judy como si lo hiciera para que siga preguntando.
"¿Eso es todo lo que sabes? ¿Todo lo que viste? ¿Faltaste a la verdad, loba? ¿Le temes a mi piedra y mi honda? ¿Le temes a mi zorro?"
La loba dio un suspiro. Empujó a su cachorro con su nariz. "Ve a caverna. Casa. Vuelvo pronto." Le ordenó ella. El cachorro pareció entender, puesto que se levantó y avanzó hacia la cueva a la distancia, donde Nick y Judy podían espiar las puntitas de cuatro orejas que se asomaban delante de entre una pila de rocas.
"Yo temer a ti." Dijo la loba. "Eres coneja amable. No todos lo son. Mi manada come de insectos, bayas y pequeños, pequeños mamíferos. Nunca conejo. Pero conejos vienen del profundo bosque y de todos lados atacan. Todo lo que conejos saben es guerra. Todos incluso tú. Pero conoces guerra… y conoces paz…"
Judy trató de darle sentido a lo que decía, no por la diferencia de vocabulario, pero en la imposibilidad de lo que la loba le trataba de decir. ¿Cómo los conejos podrían hacer la guerra? Su Clan Hopps vivió una vida de agricultura y defensa, nada más. Y estos lobos, estos lobos quienes fueron más amables que muchos, ¿fueron atacados? ¿Cómo algo así podría pasar? Judy no estaba segura si podía creer esto.
"Escucho tus palabras, y a lo mejor las creo. Dime una vez más loba, y me iré. ¿Qué hay de la aldea negra? ¿Sabes más?"
La loba bajó y descansó su cabeza entre sus patas. Sus orejas se encogieron, y gimoteó. Era un gemido de miedo, el mismo que hizo cuando fue golpeada por Judy y estuvo a punto de matarla.
Aldea negra… es causa del Blancorebaño."
Judy sintió su mentón caer y trató de concentrarse. ¿Ovejas?
"Los de Blancorebaño vinieron un día, con fuego. Vinieron con lanzas. Me escondí en el pasto… Y vi humo, escuché pelea, conocer sangre, yo ver sangre, fui, con valentía, a ver. No ser marcas de lobo. Ser marcas de lanzas. Lanzas de Blancorebaño, filosos como garras."
"¡Judy! ¡Judy Hopps!" Una repentina voz resonó antes de que Judy y Nick digirieran la historia de la loba. Asustada, la loba se levantó con sus patas y gruñó a la dirección de aquel sonido.
¿Era un ataque? ¿Se acercaba el resto de la manada de la loba para matarlos a ella y a Nick? Judy no sabía que pensar. Estaba al borde del pánico, y levantó su resortera una vez más.
Un joven conejo llegó corriendo de entre el largo césped, su chaleco saltaba y se sacudía mientras corría. "¡Judy!" Llamaba agitando sus brazos. Se detuvo unos metros atrás y descansó sus patas delanteras en sus rodillas, por falta de aire.
"¡Peter! ¿Peter qué haces aquí?" Reclamó Judy, mirando entre la loba y su hermano. Nick se quedó cerca de Judy, su pelaje erizado esperando una pelea entre la loba y su familia. Su instinto de pelea comenzó a dominarlo.
Pero la pata de Judy tocó su cuello y lo acarició lentamente, calmándolo.
"Padre está enfermo. Cada vez más. El Clan se prepara para mudarse, y lo hará pronto. Me enviaron para decirte esto, antes de que vuelvas." Peter dijo entre jadeos. Parpadeó al ver a la loba, como si hubiera aparecido de repente, luego se cayó en su trasero instantáneamente.
"¡L-Lobo!" Gritó el, para luego escudarse con sus brazos.
La loba inclinó su cabeza, extrañada, cerrando su boca y frunciendo el ceño, para luego sentarse en sus patas traseras como Nick.
Judy no pudo soportar reírse, pero se aguantó de hacerlo tan fuerte. Las noticias de Peter eran graves.
"Viniste de tan lejos, solo… Estoy orgullosa, Peter. En el camino a casa te enseñaré como escoger la mejor piedra para tu honda."
Peter asintió, su cola temblaba mientras retrocedía con sus piernas para ponerse un par de pulgadas más alejado entre él y la loba.
"Ojos azules…" Susurró, "Azules como los de Bonnie…"
La loba desvió la vista. Se dio la media vuelta, y así con ella su cola.
"¡Espera!" Pidió Judy, y la loba se detuvo.
"El Blancorebaño. ¿Está cerca?"
"Tal vez. Muy lejos para olfatear. Tal vez al norte."
Judy asintió, y pensó. ¿Un rebaño de ovejas ha viajado de tan lejos para buscar y arrasar una aldea de conejos? ¿Las ovejas usaron lanzas para imitar las garras de lobos?
El Clan Hopps no tenía relaciones con ovejas. Judy solo sabía que eran herbívoros, como ella, y eso era todo.
Un vacío parecía aparecer en su estómago. ¿Cómo una oveja podía ser de más temer que los lobos?
