De nuevo, muchas gracias por los reviews! Me hacen feliz *-*
En este cap aparecen más personajes :3 ...Que quizás no vuelva a nombrar XD


Ah…

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Diez minutos? Tal vez mucho más, tal vez menos. Pero cual fuera el caso, para mí había parecido una eternidad. Y para colmo, debo hacerme la idea de pasar TODA la noche aquí… ¡Maldición! Si fuera un lugar más seguro me podría relajar y dormir, ¡pero aquí no puedo!

Detesto mi mala suerte.

Me pregunto si alguna vez tuve una buena época en mi vida…

¡Hey! ¡Si la tuve! Vaya, algo que rescatar de mi miserable existencia.

Ocurrió después de que dejé de ver al macho patatas y antes de encontrarme con Feliciano. Fueron sólo dos años, pero… lo bueno dura poco ¿no? Además, tampoco es que fueran un par de años perfectos. También tuve mis conflictos internos y toda esa mierda.

¡Pero veamos! Dentro de las cosas buenas está, primero, que no tenía que verle la cara al maldito alemán hermano de Gilbert ¡Por fin! ¡No más Ludwig! El dejar de molestarlo me dio tiempo para concentrarme en otras cosas, como en mis estudios, lo que me hizo subir mis calificaciones; también me dio tiempo para aprender a cocinar y hacer recetas con tomates ¡Ah, esa maravillosa fruta! No sé por qué me gustan tanto... quizás sea porque me recuerdan a Antonio… ¡Como sea! ¿En qué iba? Ah, sí. Otra de las cosas buenas que me pasó en aquellos años fue que tuve mi primera novia.

Y ahora se estarán preguntando, si todo parecía ir tan bien… ¿qué era lo malo? …¿No es obvio? ¡Antonio!

No, no era él. ¡Era…! ¡Era lo que sentía por él, maldita sea! ¡Así que SI es su culpa de todos modos!

Comenzaba mi educación secundaria y eso conllevaba a nuevos profesores, nuevo sistema y nuevos compañeros.

La mayoría de los nuevos me daban miedo. ¡Es que si los hubieran visto! Había uno alto y narigón con una sonrisa infantil que por alguna razón, daba escalofríos; otro tipo alto con el cabello levantado, usaba una bufanda blanca con rayas azules y se veía demasiado serio como para mi gusto; también había uno de mirada desafiante, con melena rubia y boina blanca… a ese no me gustaría verlo con un arma. Y bueno, ¡entre tantos otros que me da flojera mencionar! Si incluso habían llegado un par de asiáticos a la clase.

Hubo un par de rubios que me llamaron la atención. Uno tenía ojos azules y usaba lentes, mientras que el otro era ojiverde y… tenía unas cejas mutantes. Parecían discutir o algo así, por lo menos el cejón se veía enojado. Me quedé mirándolos hasta que me di cuenta de que ¡todos ya habían escogido asiento! ¡Demonios! Los únicos que seguían de pie eran el par que discutían y yo. Y al parecer ellos también se dieron cuenta de que no tenían asiento e inmediatamente buscaron uno. Por mi parte, me tuve que sentar al lado del cejas, ya que era el único asiento disponible.

– Vaya mierda de asiento – comenté para mi mismo.

– Dímelo a mí, no se ve nada desde aquí atrás – dijo él con la misma cara de fastidio que tenía yo.

Llámenlo sexto sentido o qué se yo, pero sentía que aquél tipo y yo teníamos algo en común.

Se llamaba Arthur y era de familia inglesa. Debo admitir que no me agradó mucho al principio, tampoco después, pero él era el único que me apoyaba cuando me quejaba de algo y viceversa. De hecho, el cejón se quejaba un montón… ¡Más que yo! Y… Bueno, digamos que fue lo más cercano a un amigo que tuve dentro de la escuela, me refiero a que era con quien conversaba en clases o hacía trabajos grupales, pero nada más. Dejé de juntarme con él poco antes de conocer a Feliciano… Se preguntarán por qué ¿verdad? No me van a creer… ¡El chico tenía esquizofrenia! No sé si él estaba conciente de aquello, pero lo supe en el momento en que lo escuché hablar (solo) con el "señor hada" y un unicornio y no sé quiénes más. Fue peor cuando me reveló que practicaba magia negra… ¡Vaya sujeto! No me quise acercar más a alguien como él y por eso, de la noche a la mañana, dejé de hablarle y lo he estado evitando desde entonces.

Y Antonio estaba feliz. No, no porque tuviera un "amigo", sino porque dejé de tenerlo.

No tengo ni la más puta idea de por qué al bastardo le caía mal Arthur, pero cada vez que salía el tema, él comenzaba a hacer comentarios como "no deberías juntarte con él", "sus amigos no te van a aceptar", "no me gusta que vayas tanto a su casa a hacer trabajos", "parece cruel", "tiene las cejas muy grandes", "se enoja sin razón", "me mira feo", "deja de pasar tiempo con él", "es mala influencia"… ¡Y miles de estupideces más! ¡Es que llegaba a ser insoportable!

Hasta que llegó el momento en que decidí preguntarle qué mierda tenía en contra del inglés…

Maldita sea. Nunca debí hacerlo.

– ¿Eh? ¿A qué te refieres? – se hizo el tonto, más de lo que ya es.

– ¡Ya sabes, idiota! Siempre me estás diciendo que no te agrada y que debería dejar de juntarme con él – respondí enojado. Él se quedo un rato pensando. Creo que lo tomé por sorpresa.

– Pues ya te lo he dicho antes, no me gusta que pases demasiado tiempo en su casa.

– ¡Pero dime por qué! – Sí, soy impaciente.

– Ah… Lovi, verás… – me dijo sin mirarme a los ojos – No es que sea Arthur quien me desagrada… lo que no me gusta es que pases menos tiempo aquí, en tu casa.

– ¿Me quieres dejar encerrado o qué?

– ¡N-No! Lo que quiero decir es que pasas más tiempo con Arthur que… conmigo – noté un leve sonrojo en sus mejillas.

¿Q-qué era eso?... ¿Acaso el bastardo estaba celoso?

¡Mierda! El sólo hecho de pensar en esa idea me hizo ponerme más rojo que él ¡Maldición! ¡Debí dejarlo ahí y cambiar el tema! Pero no, el estúpido de Lovinito tenía que seguir preguntando…

– ¿Estás celoso? – A veces me odio.

¡Y también lo odiaba a él por demorarse tanto en responder!

– Eso creo – ¡Demonios! ¡Tenía que responder eso! Y lo peor era que me sentí feliz… ¡Pero no! ¡No podía estar feliz por una tontería como esa! Es decir ¿qué mierda me estaba pasando? ¿Y por qué me estaba sonrojando aún más de lo que ya estaba? ¿Acaso me gustaba saber que él estaba celoso? ...Sí, maldita sea.

– ¡Idiota! ¿Esperas que malgaste mi tiempo estando siempre contigo? – le grité tratando de ocultar mi verdadera reacción.

– ¡Si! ¡Sería genial! ¿no? – lo quedé mirando con cara de "¿eres retrasado?" – ¡Pero ya sé! ¿Qué tal si para la próxima vez que deban hacer un trabajo, se juntan aquí?

¡Oh! Tal parece que al español también le puede funcionar el cerebro a veces. Sí, en el momento me pareció una buena idea… Podría juntarme con Arthur para terminar los trabajos con calma y sin tener que soportar los… celos de Antonio... y dejaría de confudirme... ¡Y así todos felices!

Pero qué gran error.

El único lugar más o menos cómodo en que podíamos hacer el trabajo dentro de mi casa, era en el escritorio que estaba en la habitación que compartía con Antonio. Definitivamente, debía pedir un dormitorio para mi solo. Como sea, en aquél momento ese no era un problema. El cejón y yo estábamos tranquilamente contestando unas preguntas cuando el bastardo entró.

– ¡Ah! No se preocupen por mí, sólo vengo a buscar un lápiz – pero qué mala excusa. Por lo menos fue rápido.

No habían pasado ni diez minutos cuando él volvió. Esta vez con el pretexto de que quería buscar un videojuego. OK, si iba a estar jugando con el Nintendo, significaba que dejaría de molestarnos ¿cierto?

No.

Regresó de nuevo… ¡Y de nuevo! ¡Y a la quinta vez no lo soporté más!

– ¡Ya para eso, maldita sea! – le grité levantándome de mi silla en cuanto lo vi asomarse por la puerta.

– ¿El qué? – preguntó él con su típica sonrisa.

– ¡No te hagas el bobo! ¡El entrar y salir cada dos segundos! – le respondí enojado. De pronto, Antonio borró su sonrisa y puso esa cara seria que da miedo… ¡Cómo odio que haga eso!

– ¿No te mencioné que este inglés era mala influencia? Ya te está pegando su mal carácter – sentenció mirando a Arthur con desprecio y sin más, se fue para no interrumpir de nuevo.

Noté que Arthur estaba enojado, muy enojado.

– Que hermano más idiota tienes.

– No es mi hermano – dije sentándome de nuevo – Y no le digas idiota – ¿Qué? ¿cómo podía decir eso si Arthur tenía toda la razón?... ¡Joder! Pero me molestaba que alguien más lo insultara! Ah claro, es que solo yo puedo insultar al idiota, sí eso.

– Como sea, no me agrada – Y no me extrañaba – ¡Pero eso ya no importa! Terminemos pronto esto, que quiero ir a mi casa a tomar té.

Más tarde, cuando Arthur ya se había ido, después de la hora de la cena, fui a regañar a Antonio por su pésimo e inusual comportamiento, es que… ¡lo odio maldita sea! Justo cuando por fin, después de mis doce años de maldita existencia sin ningún jodido amigo, vengo a encontrar a alguien con quien más o menos puedo conversar ¡Y él lo echa a perder! ¿Y por qué? ¿por celos? ¡No me jodas! No, no voy a negar que me sentí un poco feliz cuando admitió que estaba celoso… me hizo sentir importante. ¡Pero demonios! Le di el gusto de traer a Arthur a la casa para no tener que ser yo quien fuera a la de él… ¡Y de todos modos siguió molestando!

– ¿Es que eres idiota o qué? – le grité en cuanto lo encontré en nuestra habitación, él estaba estudiando no sé que cosa.

Dejó su cuaderno a un lado y me miró a los ojos, serio. No me gusta admitirlo, pero prefiero mil veces su estúpida sonrisa.

– No sé de qué tanto te quejas, no dije nada que no fuera cierto – ¿Por qué estaba tan seguro de sí mismo? Ya, sé que casi siempre soy yo el que mete la pata y tiene mal carácter y todo eso ¡Pero estoy seguro que en ese momento era YO quién tenía la razón!

– ¿A qué te refieres? ¿A que "me pegó su mal carácter"? ¡Por favor! ¡Tú y yo sabemos bien que SIEMPRE he sido así!

– ¡Pero es que estaba molesto, Lovi! – alegó – No te enojes conmigo ahora, por favor – ¡Mierda! ¡Odio que se haga la víctima! ¿Acaso no puede reconocer por lo menos una vez en su puta vida que había actuado mal?

– ¡Ahora Arthur no va a querer hacer ningún otro trabajo conmigo! ¡y todo por TU culpa, bastardo! – tomé aire para calmarme un poco – Gracias a tí voy a estar más solo que un hongo en la escuela ¿Es eso lo que querías, verdad?

– ¡Claro que no, hermanito! Solo quiero pasar más tiempo contigo – me sonrió.

Y me sonrojé… pero creo que él no lo notó, menos mal.

– ¡C-cállate! ¡Deberías hacerte la idea de que no estoy pendiente de ti las veinticuatro horas del día! – cómo desearía que aquello fuera cierto – ¡Además en la escuela te pasas todo el día con el albino ese que me odia por haber molestado a su hermano!

– Aw, hermanito, no tienes que ponerte celoso por eso~

¡Qué! ¿Ahora era YO el celoso? ¡No! Y lo digo en serio, el imbécil estaba completamente equivocado, porque sería ridículo que me pusiera celoso recién en ese momento, es decir, ya estaba acostumbrado a que él solo se juntara con Gilbert en la escuela y… ¡Maldición! ¡Me había puesto rojo de nuevo, mierda!

– ¿Qué tonterías dices, bastardo? ¡Y ya te he dicho miles de veces que no soy tu hermano!

– ¿Entonces qué somos? – Me cambió el tema. Preferí seguirle la corriente, no quería seguir calentándome la cabeza por sus tonterías.

– No sé, conocidos que por desgracia viven en la misma casa – dije sin mayor interés.

– ¡Qué cruel, Lovi~! ¡Pero si yo te quiero mucho! ¡como a un hermano! – exclamó mientras se me lanzaba encima para darme un abrazo ignorando mis insultos.

Me molestaba ¡Me molestaba mucho que me dijera eso! Y aún no me gusta recordarlo… Claro que en ese momento no sabía por qué.

Mi relación con Arthur (por favor, que no se malentienda) no cambió mucho después de aquél incidente. Continuamos conversando en clases como si nada y, a veces, aún nos juntábamos para terminar la tarea, estudiar o ese tipo de cosas. Por supuesto, no faltaba Antonio y su disgusto contra el inglés, pero supo ubicarse cuando era necesario. Las cosas se mantuvieron así hasta… ya saben, el cejón y sus alucinaciones.

¿Les había mencionado que tuve una novia? Creo que sí.

¡Ah, es que si la hubiera visto! ¡Era preciosa! La conocí en séptimo año, era de las nuevas. Se sentaba delante de Arthur y yo, pero jamás hablé mucho con ella hasta que me escuchó hablando mal sobre aquél tipo serio con peinado raro y bufanda blanca con azul. Se dio vuelta y comenzó a darme un sermón sobre lo descortés que era hablar mal a espaldas de los demás y no sé qué más. Más tarde supe que el sujeto del cual hablaba era su hermano.

Ella se llamaba Emma y era descendiente de familia belga. Tenía melena rubia con un listón verde que combinaba con sus lindos ojos verdes… casi tan lindos como los de Ant… ¡No! ¡Mierda! ¿Qué tienen los ojos verdes que me gustan tanto? Como sea…

Poco a poco nos fuimos conociendo más, compartíamos en los recreos, almorzábamos juntos y… bueno, las cosas se fueron dando. Ella era perfecta, sociable, bonita, simpática, amistosa, risueña, cocinaba bien, inteligente, ¡era ideal! Lo único malo es que… me trataba como a un hermano menor… y eso me recordaba a ya saben quién. ¡Maldita sea! Para qué negarlo ahora ¡La chica me recordaba un montón al bastardo! Y creo que por eso me terminó gustando.

Cierta tarde la invité a tomar un helado. Bueno, eso sólo era una excusa para estar solo con ella… tenía pensado pedirle ser mi novia.

¿Enamorado? N-no sé… Es difícil decirlo, pero creo que no, sólo me interesaba.

¡Además le estaba haciendo un favor! Cualquier chica se moriría por estar con Lovino Vargas.

Y ella también, por supuesto.

– ¿Novios? – cuestionó ella ¿Qué? ¿Me iba a rechazar?... Me sonrojé, ¡Oh! qué sorpresa (sarcasmo)

– S-sí… M-me gustas y… bu-bueno… Este… – balbuceé como un retardado, ¡qué vergüenza!

– ¡Ay, eres tan tierno! – soltó una risita – ¡Me encantaría ser tu novia!

– ¿E-en serio? – Y me puse más rojo. Estaba jodidamente nervioso ¡Y no era sólo por el hecho de declararme!... Por alguna razón, sentía que estaba mal lo que hacía.

– ¡Sí! – me miró sonriente y volvió a reír – ¡Lovi! ¡Estás rojo como un tomate!

Madre de todas las mierdas.

¡¿Es que no podían compararme con otra cosa, maldita sea? ! Traté de ignorar ese comentario, sino terminaría comportándome de una forma… poco adecuada. ¡Es que…! A veces la chica soltaba comentarios que parecían salidos de la boca de Antonio, y sentía el impulso de responderle de la misma forma que al bastardo. Pero no, un galán italiano como yo no podía hablarle así a una mujer, mucho menos si se trataba de mi n-novia.

Listo. Me había declarado, me aceptó y estaba de novio con la belga, entonces… ¿cómo reaccionaría Antonio? Quiero decir, ya saben como se puso sólo porque comencé a juntarme con alguien en la escuela. Pero en ese momento era distinto, tenía una pareja. ¿Se iba a poner tan o más celoso que antes? Ojala no se comportara de la misma forma con Emma que con Arthur… No, no lo creo. El tipo sí sabía como tratar bien a una chica. Pero entonces… ¿cómo iba a expresar sus celos? ¡Porque obviamente se iba a poner celoso! Eso lo daba por hecho, eso… eso era lo que yo quería.

Después de dos semanas, llevé a Emma a mi casa. Se la presentaría a mis pa… es decir, a los padres de Antonio y a él, claro.

¡La mamá del bastardo estaba fascinada con la chica! Ambas compartían los mismos gustos y todo eso. Qué decir de su papá, el viejo tenía el mismo humor que Emma. ¿No les dije que era perfecta?

¿Y Antonio? El idiota había ido a la casa de Gilbert… ¡Hmph! Y así quería que YO no saliera a casa de Arthur. Pero regresó a los pocos minutos después… y se encontró con la sorpresa de que su "hermanito" tenía novia (no, no se lo conté antes), y no sólo eso, también se encontró con que Emma era bellísima y para colmo, le había caído de lujo a sus padres.

¿Su reacción?

Ay, ese fenómeno…


Sí, Emma es Bélgica xD