CAPITULO IV: "INICIO DE UNA VERDAD"

En la mansión Ardley la vida no era la misma desde el fallido matrimonio de la joven heredera, del cual ya había pasado dos largas y difíciles semanas donde todos se habían vuelto retraídos. Incluso los empleados se veían más sombríos.

Archie y Annie se habían mudado para hacerle compañía a la tía abuela, los problemas de presión arterial se habían hecho presentes la misma noche de la huida de Candy y Albert. Con preocupación los jóvenes esposos habían tomado la decisión de cuidar de cerca a la anciana por posibles emergencias, hasta el momento el médico había controlado la enfermedad. Ella mostraba siempre el rostro severo pero internamente todos sabían que aún estaba dolida por todo lo ocurrido.

Gerard Miliken había cumplido su palabra de evitar a toda costa que la noticia se difundiera, por ese lado la señora se encontraba tranquila. Sin embargo, la ausencia de dos almas en la casa la llenaban de nostalgia, una que nunca había querido reconocer.

—Tía abuela tengo una buena noticia que darle —Rompió el silencio Archie, mientras se encontraban en el comedor a la hora de la comida.

—¿Cuál es? —respondió sin mucho interés. De pronto nada le parecía importante.

—Hablé con mi tío por la mañana y dice que hoy por la noche estarán de vuelta —Le soltó de golpe la buena nueva, ganándose un pellizco en el brazo por parte de Annie, en señal de desaprobación por la forma tan poco sutil que le había dado la noticia. Considerando el estado de salud de la anciana.

La tía abuela se volteó a verlo como si hubiese hablado en un idioma que no comprendiera.

—¿Cómo has dicho, Archibald? —preguntó seria.

—Si tía, ellos deben venir en camino a estas horas y por la noche estoy seguro que habrán llegado —Le recalcó sonriente.

—Esa es una muy buena noticia —Sonrió discretamente detrás de su servilleta. Ella no se permitía fácilmente ese tipo de demostraciones—, habrá que preparar un recibimiento, pediré que les hagan una cena especial —Se quedó callada meditando.

¡No!, no había nada que celebrar era cierto que la hacía muy feliz que volvieran, eso decía mucho de cómo se encontraba Candice, seguramente estaba recuperada de la pulmonía que Albert les había comentado había sufrido, poniendo incluso en riesgo su vida; era eso y por supuesto que el otro asunto, no era como que todo había quedado en el olvido. No obstante, había que hacer unas aclaraciones por lo que sí habrían invitados pero muy diferente a lo que inicialmente había pensado

—Archibald, quiero que llames a Gerard y le pidas que venga con toda su familia a cenar ésta noche —Le pidió muy seria retomando su papel severo.

—¿Está segura tía abuela, no será muy pronto? —La cuestionó un poco preocupado.

—Sí, estoy segura, será lo mejor —afirmó tomando un vaso con agua.

—Tía abuela, si me permite dar mi opinión —Intervino Annie, con voz tímida—, quizás sería mejor que dejara la cena para mañana, así ellos hoy podrán descansar de su viaje y estarán en mejor disposición para encontrarse con los Miliken —Sugirió.

La señora Elroy se quedó callada por unos instantes, meditando sobre la sugerencia de la pelinegra y terminó por aceptar que estaba en lo correcto. Seguramente los jóvenes regresarían cansados y ella necesitaba que ambos estuvieran muy lúcidos para reunirse con la familia en discordia.

—Señora Cornwell, me parece muy acertada su sugerencia —Asintió con la cabeza en señal de aprobación—. Archibald, habla con Gerard y deja lo de la cena para mañana.

—Está bien tía, después de la comida me comunicaré con él —afirmó Archie, tomando la mano de su esposa para darle un beso en señal de agradecimiento.

Los tres continuaron en el comedor degustando la comida. Internamente Elroy Ardley estaba muy feliz de que sus dos sobrinos volvieran a casa. Sin duda eran buenas noticias.

En Lakewood Candy y Albert habían compartido el desayuno en mejor armonía que cualquiera de los últimos días, finalmente la rubia parecía intentar volver a ser la misma del pasado. Tal como Albert lo había pensado sensatamente, ella necesitaba tiempo y espacio para poder curar sus heridas. Aunque no amara a Gerard su orgullo de mujer había sido lastimado.

Sin embargo, —Pensaba Albert—, su pequeña rubia había actuado con tanta dignidad que le merecía todo su respeto, él sabía que Candy era una chica valiente y temeraria. Muchos de los presentes habían quedado boquiabiertos al ver como se comportaba una verdadera dama y en ese punto se sentía orgulloso de haber logrado sus propósitos iniciales, "verla convertida en una fina y elegante dama". Finalmente lo había logrado, aunque el costo había demasiado alto.

Sin embargo, eso no significaba que no le hubiese afectado anímicamente, sobre todo con las burlas que había recibido por parte de su sobrina Eliza. De las cuales se sentía culpable y avergonzado de no haberlas callado en su momento, todo había pasado tan rápido que no pudo reaccionar a tiempo. Ya tendría la oportunidad de darle su merecido castigo a la pelirroja, ese castigo que venía dejándolo pendiente desde hacía demasiado tiempo, más del que debió haberlo permitido —Sintió el enojo correr por sus venas.

Luego del desayuno se dirigieron a sus habitaciones para cambiarse y ponerse ropa de viaje. No tenían que cargar con maletas porque habían llegado sin nada más que lo que llevaban puesto, eso lo hizo rememorar el ingrato día y el cruel recuerdo de éste que Candy mantenía sobre un perchero, ignoraba las razones por las que ella había decido conservar el vestido de novia colgado en su habitación. Eso era algo de lo que él se encargaría antes de partir .

Listo para iniciar el viaje de vuelta a la "Ciudad de los Vientos", decidió ir a buscar a Candy a su habitación y acabar con ese cruel recordatorio aún por encima de la voluntad de ella si se resistía.

—Pequeña, ¿puedo entrar? —dijo Albert, tocando a la puerta.

—Si Bert, pasa.

—¿Ya estas lista? —preguntó al ingresar.

—Sí, como no trajimos nada —Sonrió al responder.

—Candy, ¿qué harás con esa cosa? —preguntó Albert, serio frunciendo el ceño y señalando el vestido que yacía colgado sobre el perchero.

La joven se volvió para ver la prenda colgada.

—Aún no lo sé —respondió igual de seria.

—Me gustaría que me dijeras el motivo por el que lo conservas tan cuidadosamente colgado.

—No sé, es sólo que siento que no puedo deshacerme de eso —dijo Candy, señalando el vestido como si temiera la fuera atacar.

—Comprendo, ¿no crees que fue demasiado conservarlo por tanto tiempo?

—Supongo, pero no sé qué hacer con el —respondió ella, alzando los hombros.

—Yo sí —respondió tajante, caminó hacia el perchero y de un jalón brusco tomó el vestido y con ambas manos empezó a rasgarlo.

—¡¿Albert, qué haces?! —preguntó la rubia, asombrada y confundida.

—Esto, Candy —dijo Albert mostrándole los pedazos rasgados—, es un mal recuerdo que no quiero que lleves como una penitencia, no es bueno para ti ni para nadie. El único lugar que merece es la basura o mejor aún, acompáñame —dijo el rubio, tomándola de la mano para salir de la habitación.

Albert prácticamente arrastró a Candy asustada por la mansión hasta llegar a la cocina, donde las jóvenes que se encontraban se sorprendieron de ver al dueño de la casa entrar con su hija halándola de la mano.

—Mary, deme algo para abrir la puerta del horno —Solicitó Albert, a la cocinera principal.

—Sí, señor —respondió la mujer, de inmediato le entregó un trozo de manta para poder sujetar el asa caliente del horno.

El rubio soltó a Candy y continuó en su tarea de rasgar el vestido ante el asombro de las mujeres de la cocina y la rubia que no terminaba de comprender la actitud fiera de él. Ella nunca había visto esa agresividad en Albert, estaba realmente sorprendida. En pocos minutos se encontraba hecho pedazos de diferentes tamaños, abrió la puerta caliente para dejar ver las llamas de los leños que ardían al rojo vivo y uno a uno fue arrojado los trozos sin clemencia, llevándose los malos recuerdos que contenían.

—Albert —Lo llamó Candy, con lágrimas brotando de sus ojos verdes ensombrecidos.

—Escúchame bien, pequeña —dijo Albert, con mirada severa—, ni una lágrima más saldrá de tus bellos ojos, ese vestido es la expiación de tú alma así que deja que cumpla su misión —Concluyó arrojando los últimos restos del que fuera su amargo vestido de novia.

Después de acabar con los malos recuerdos, salieron de la mansión en completo silencio. Candy aún estaba impresionada por el método que Albert había utilizado para ayudarla a superar sus temores.

Avanzaron millas y millas de distancia en un silencio sepulcral, cada uno sumido en sus propios pensamientos y unidos en un corazón latente porque todo al volver fuera distinto al día que salieron. De pronto el silencio se hizo frío e incómodo y el rubio Patriarca decidió romperlo.

—Pequeña, perdóname si te asusté —dijo Albert, con voz suave.

—Está bien Albert, creo que en verdad yo necesitaba eso —admitió la joven rubia.

—No me había atrevido a preguntarte nada pequeña, pero desde hace mucho tiempo tú no eres la misma. Has perdido tú sonrisa, el brillo de tus ojos se ha apagado y te has vuelto retraída, con decirte que hasta la tía Elroy se ha preocupado por eso —Sonrió Albert.

—Eso lo tomaré como un halago —Intentó sonreír ampliamente.

—Aunque no lo creas, la tía Elroy ha llegado a estimarte más de lo que puedas pensar, es cierto que no lo demuestra pero en realidad se preocupa por ti —Continuó Albert más relajado y animado de ver la actitud de Candy más abierta y tranquila. Quizás no era el momento y lugar indicado para hablar de asuntos personales, pero después no estaba seguro si lo podrían hacer.

—Debo reconocer que la tía abuela ha cambiado mucho conmigo, siempre se ve severa pero ya no es como antes, creo que a lo mejor le he empezado a agradar —añadió ella, pensativa.

—Candy, ¿todavía piensas viajar a Escocia? —preguntó el rubio mayor, aprovechando la apertura de la chica.

—Sí, eso está decidido, claro ¿si no hay ningún problema? —Lo cuestionó.

—Ninguno, si es lo que quieres así se hará. Dime, ¿no crees que huir no es la mejor manera de resolver tus conflictos?

—No estoy huyendo, solo necesito tiempo y espacio para pensar y ordenar mis ideas —replicó la rubia, con un bostezo. Llevaban varias horas de camino y el sol empezaba a hacer las suyas provocándole sueño.

—Veo que no te repones del todo, te oyes cansada y todavía estás demacrada, no sé si mi tía estará de acuerdo que viajes, Candy —dijo Albert, con preocupación.

—Después de lo que pasó —Se atrevió a mencionar el asunto con voz triste—, creo que ella misma me apoyará.

—Sí, tienes razón —admitió él, con pesar—. ¿Y qué crees que digan Archie y Annnie, cuando les des la noticia?

—Supongo que no les gustará, Annie tenía mucha ilusión que estuviera presente en el parto, pero si me quieren lo comprenderán.

—Claro que ellos te quieren y estoy seguro que también te apoyarán. ¿Cuánto tiempo crees que estarás fuera. pequeña?, te pregunto para saber del tiempo que debo disponer.

—¿Para qué? —preguntó la rubia, girándose para verlo.

—¿Para qué? —respondió él, con incredulidad sin dejar de ver al frente—, que extraña pregunta, ¿piensas que voy a dejarte ir sola?

—Pero Albert, tú no puedes viajar conmigo, tienes muchas cosas que atender en los negocios, la tía abuela jamás te lo permitiría y yo tampoco. No puedes abandonar todo por mí, eso no sería justo, yo no lo valgo —Esto último lo dijo en tono muy bajo.

—¿Qué dices, Candy?, tú vales más que todos los negocios de la familia, además eso no está a discusión; llegamos a Chicago arreglamos el equipaje, pediré a Georges que compre los boletos para el tren y se encargue con las oficinas de Nueva York para que compren los pasajes del barco y en menos que te des cuenta estaremos pasando unas verdaderas y tranquilas vacaciones en Escocia —Sentenció el rubio.

Candy sólo sonrió al escuchar sus imposiciones, pensando que por primera vez veía en Albert a un verdadero "padre mandón" y una risilla se escapó de su boca. El resto del viaje continuaron discutiendo sobre el mencionado viaje, la conversación también los llevó al incómodo tema del "fallido matrimonio" y de cómo la falsa Alta Sociedad de Chicago lo estaría aun comentando o el asunto habría ya quedado en el olvido sustituido por algún nuevo chisme.

En la mansión Ardley, la tía abuela vio pasar las horas con ansiedad esperando el regreso de sus dos sobrinos, se sentía emocionada de que volvieran a la vez que le ganaba la preocupación por todo cuanto sucediera luego del regreso de ellos. Pese a sus últimos cambios en la personalidad, su naturaleza arrogante no la abandonaba por completo, se había negado a asistir a cualquier tipo de actividad social para evitar los rumores que deambulaban en relación al vergonzoso incidente. Sabía que debía apoyar a Candice pero también era su deber moral —Se decía ella—, proteger el honor de la familia; debía encontrar una salida que permitiera que todo aquello quedara en el olvido sin que se vieran afectadas ambas partes.

"Pero, ¿qué puedo hacer para detener las murmuraciones?", se dijo mientras disfrutaba de una taza de té. "Candice, es aún joven y muy hermosa hay esperanzas de que encuentre un buen partido", meditó observando el retrato de la rubia que colgaba en la pared con el resto de los miembros de la familia. "Debo dejar pasar un poco de tiempo para buscarle un nuevo pretendiente, solo falta que esa chiquilla rebelde no se vaya a negar", dijo en voz alta.

—Tía abuela, no creo que sea buen momento para que éste pensando en eso —La voz de Archie, la tomó por sorpresa. Estaba recostado en el marco de la puerta.

—Archibald Cornwell, me has asustado —Se quejó la anciana—, que malos modales, no sabes que debes tocar antes de entrar —Lo regañó—. Comprendo tú preocupación; pero también entiende que Candice ya no es una adolescente —Retomó el tema del inicio—, muchas jóvenes de su edad ya tienen una familia formada y tú lo sabes muy bien, tú esposa está de encargo y pronto serán padres.

—Sé a dónde nos lleva la conversación tía, pero Candy es una chica muy hermosa a ella no le será difícil si lo desea —Enfatizó Archie muy serio—, encontrar un nuevo pretendiente; es curioso la fila aun después del incidente es larga y a muchos no les importa lo que sucedió. Sin embargo, lo importante es lo que ella quiere.

—Lo que ella quiere es el problema, Archibald —respondió con una mirada severa, la tía abuela—, Candice, es una chica rebelde que no se aviene a los convencionalismos, lo mismo le da quedarse sola que formar una familia y no podemos permitir eso.

—¡Tía! —dijo Archie, sorprendido—, si alguien que no la conoce como yo la escucha, pensará que está realmente preocupada por el futuro de Candy.

—Claro que me preocupa, todo por el buen nombre de la familia —Disimuló su interés escudándose en su ya conocida arrogancia.

—Si usted lo dice, así debe ser —Sonrió disimuladamente, él.

—Será mejor que veas que todo esté listo para cuando ellos lleguen, por la hora deben estar muy cerca.

—Está bien, tía —Sonrió el joven—, dejaremos el tema para otro día; sólo permítame decirle que no es bueno que quiera presionar de nuevo a Candy, debemos darle el tiempo necesario para que olvide todo lo sucedido, aún hay cosas que aclarar y no sabemos cómo las vaya a tomar.

—Lo sé, ese es otro asunto que me tiene con los nervios, esperemos que William esté presente y decida qué hacer —Con eso dio por cerrada la conversación, Archie asintió en señal de aceptación a sus palabras y se retiró.

Unas horas más tardes, el bullicio de los empleados se dejó escuchar en la silenciosa mansión. La señora Elroy se había quedado dormida en el sofá de la biblioteca y los toques a la puerta la despertaron.

—Adelante —Autorizó el pase para entrar.

—Con permiso, señora —dijo la mucama, con una sonrisa al entrar—, vengo a avisarle que el señor William y la señorita Candice ya llegaron.

—Que buena noticia —respondió Elroy Ardley, intentando disimular una sonrisa—, ayúdame a levantar por favor —Pidió con amabilidad.

La mucama se acercó y tomó del brazo a la señora y en cuestión de nada, salieron del lugar. Al llegar al vestíbulo donde aún permanecían los recién llegados, observó el abrazo fraternal que se daban entre los jóvenes y las lágrimas que brotaban de los ojos de ambas mujeres. Sintió estrujársele un poco el corazón, pero esa no era la actitud que debía mostrar por lo que se tomó unos segundos para reponerse del momento y con su ya conocida apatía les dio el saludo de bienvenida.

—Ya era hora que llegaran par de viajeros —dijo la tía abuela, con el rostro adusto.

—Tía Elroy, yo también te extrañé mucho —respondió sonriendo el rubio, caminando para darle un abrazo.

—Qué bueno que han vuelto William, hay muchas cosas que hacer por acá y tú de vacaciones —Fingiendo molestia le recriminó.

—Sé que tú también hubieras querido que te invitara tía, pero no tenías lista la maleta —Bromeó Albert, dándole un beso en la mejilla.

—Y tú Candice, no vienes a saludarme —La tía, ignoró el comentario de su sobrino y se dirigió a la chica rubia que la veía seria. Candy la observó unos segundos más y luego se acercó para saludarla.

—¿Cómo está, tía abuela? —La saludó muy formal.

—Bien y tú Candice, ¿cómo estas, ya te sientes mejor?, te veo aún pálida y estas más delgada.

—Sí tía ya estoy mejor, creo que estaba un poco pasada de libras y necesitaba ponerme en forma —Intentó bromear de la misma forma que el rubio mayor.

—Espero que no hayas andado trepándote a los árboles, esa costumbre tuya que no hay forma que podamos quitártela —La regañó, conteniendo el deseo de preguntarle claramente si se sentía mejor en relación al desplante del que había sido víctima, dejó pasar unos segundos y no pudiendo hacerlo continuó—. Candice —Se detuvo y tomó aire para darse fuerzas y dejar la arrogancia—, yo quisiera decirte que estoy muy consternada por todo lo sucedido y que nunca pensé que tendrías que pasar por algo así —Concluyó dando un fuerte suspiro.

Candy vio a los ojos a la tía abuela y con esa cualidad que ella tenía de poder leer el alma a través de ellos, se dio cuenta que era muy sincera en sus palabras y que aunque le había costado mucho expresarlas por su ya conocido carácter, no se había reprimido en dejarlas salir. Eso conmovió las entrañas de la joven rubia necesitada de una palabra de apoyo por parte de una madre inexistente; sin pensarlo y esperar más, se tiró a los brazos de la anciana y empezó a soltar sus lágrimas de tristeza, por un momento pudo sentir el corazón humano de la anciana mujer que la recibió con los brazos extendidos, ante el asombro de todos los presentes que veían sin poder creer la escena que estaba frente a sus ojos.

Los empleados discretamente abandonaron el lugar conmovidos por la actitud de la severa señora Elroy, Annie se unió al llanto de Candy y discretamente las lágrimas comenzaron a rodar por sus ojos, su amiga y casi hermana al entrar y verla la había saludado de forma efusiva y ella esperando que Candy la viera como alguien con quién pudiera desahogarse, había guardado y contenido como solía hacerlo la tristeza que aún guardaba en su corazón. Sin embargo, las palabras de la anciana Matriarca no habían sido precisamente de amor, pero si lo suficiente para abrir el corazón de la rubia.

Albert estaba verdaderamente conmovido, él sabía que en algún lugar del corazón frío de su tía, había nacido desde un tiempo atrás un sentimiento especial por Candy, intentaba esconderlo pero no había podido luchar contra éste al ver a la joven desmejorada y luchando por salir adelante ante los últimos acontecimientos.

Archie por su parte, sonrió de emoción, finalmente, su tía aceptaba a Candy como un miembro más de la familia sin hacer diferencia entre serlo realmente o por adición. Algo que él desde mucho tiempo había deseado con todo su corazón, un deseo que compartía con su hermano y primo. Sólo lamentó que ellos ya no estuvieran presentes para poder presenciar que ese día por fin había llegado.

—Tía abuela, yo… —Candy intentó decir algo, pero las palabras se atragantaron en su garganta y no pudieron salir más.

—No digas nada Candice —Le pidió la anciana, con la voz entrecortada y acariciándole sus cabellos rubios—, deja que salga todo lo que hay escondido en tú corazón; no estás sola, nos tienes a nosotros tú familia te ayudaremos y apoyaremos para que pronto olvides esa mala experiencia —Elroy Ardley no sabía de dónde habían salido todo eso, las palabras habían fluido fácil de su corazón a la boca, la chiquilla traviesa al fin se había ganado su cariño, se sorprendió al darse cuenta.

Ellas continuaban abrazadas y Candy se sacudía por el llanto, los demás solo las observaban y Albert por fin se unió en lágrimas a ellas.

Después de unos minutos dónde solo el llanto de Candy se escuchaba, el rubio se acercó a ellas y se unió al abrazo, le dio un beso en la cabeza a cada una y con voz suave les habló.

—Creo que será mejor que vayamos a la biblioteca —Interrumpió la conmovedora escena.

—Tienes razón hijo —Aceptó de buena gana, la Matriarca.

—Yo…lo siento tía, le he mojado el vestido —Se disculpó Candy, al soltarse del abrazo.

—Está bien Candice, no te preocupes —respondió secándose unas lágrimas indiscretas, que habían salido de sus duros y severos ojos que habían cambiado por unos de ternura.

El pequeño grupo se dirigió a la biblioteca, Albert caminaba rodeándole los hombros a la joven rubia con su largo y amoroso brazo, pronto todos se encontraron dentro tratando de ubicarse en sus lugares. Para sorpresa de los demás, la tía abuela le solicitó a Candice que se sentara a la par de ella, todos sabían que la única dama que gozaba de ese privilegio era Eliza. Pero todos también ignoraban que después de la actitud que la pelirroja había tomado en la iglesia, la simpatía de la anciana ya no era la misma hacía ella.

Eliza se había echado la soga al cuello con esa actitud deshonrosa y cruel —Pensó la anciana mujer—, al verla frente a los invitados burlarse y alegrarse de la desgracia de Candice, por años la había engañado con una actitud generosa y amable, pero lejos estaba la jovencita de ser lo que ella fingía mintiendo. Fue en ese momento que la tía abuela comprendió ¿por qué Eliza no tenía pretendientes?, los pocos que se habían atrevido a acercársele terminaban por pedir disculpas honorables y se alejaban de ella. La joven era de corazón frío y carácter amargo de eso no le había quedado duda, después de aquella demostración de desprecio que le había hecho a la rubia, que sí era de carácter honesto y humilde.

"Candice, merece ser una verdadera Ardley, es generosa y se ha comportado como una verdadera dama", había pensado en ese momento.

—Les he mandado a preparar una cena de bienvenida —dijo la tía abuela, rompiendo con las miradas de interrogación que todos tenían ante el pedido que le había hecho a Candice.

—La tía abuela solicitó que hicieran tú postre favorito, Candy —añadió Annie, con una sonrisa.

—¿Y para mí no hay nada especial? —Se quejó Albert, con un puchero.

—Se ha pedido que cocinen algo que sea del agrado para ambos —respondió la tía abuela, seria pero tranquila, su momento sensible había dado fin.

—Tengo tanta hambre —dijo Archie, tocándose el estómago.

—Archie, que no es Annie la que debe estar con mucha hambre todo el tiempo —dijo Candy, sonriendo.

Todos se rieron del comentario de la rubia y después de unos segundos la voz de Albert, nuevamente interrumpió los momentos emotivos.

—Archie, espero que tengas todo lo que te pedí listo, después de la cena nos reuniremos de nuevo aquí para conversar —habló Albert, muy serio.

—Si tío, tengo todo lo que me pediste.

—¿Dónde está, Georges? —preguntó el rubio—, es extraño que no estuviera para recibirnos.

—No debe tardar tío, fue a la casa de los Miliken a recoger unos papeles —respondió Archie.

Candy sintió un escalofrío al oír mencionar el apellido que para ese momento, debiese ser el suyo, no dijo nada y solo bajó la cabeza.

El resto inició una charla diferente para desviar con rapidez la atención y romper el mal momento, pasados los minutos unos golpes se escucharon y luego la puerta se abrió para dejar pasar la figura imponente de Georges Villers, vistiendo en su peculiar y elegante traje negro.

—Buenas noches, con permiso —Saludó amablemente serio, el pelinegro.

—Georges, extrañé no verte al llegar —respondió Albert, poniéndose de pie para hacerle el encuentro a su muy apreciado amigo y casi hermano.

—William, que bueno tenerlos de vuelta en casa, yo también te extrañé —comentó Georges, recibiendo un abrazo del rubio y correspondiéndole.

—Señorita Candy, que gusto poder verla de regreso —Saludó el pelinegro, luego de soltarse del abrazo de Albert. Caminó hacia ella y le extendió la mano para saludarla.

—Georges, también me da gusto verte —replicó Candy sonriéndole levemente, le tomó la mano y luego le dio un pequeño jalón para abrazarlo, ante un sorprendido Georges que no esperó esa muestra de afecto por parte de ella frente a todos. Era algo que la rubia solía hacer únicamente en presencia de Albert como se lo había solicitado él, para impedir cualquier problema con la señora Elroy—, ¿a mí no me extrañaste? —Reclamó ella, rompiendo el abrazo.

—Por supuesto que sí señorita, todos la apreciamos mucho —aseguró el caballero, levemente sonrojado.

Todos rieron al ver la actitud poco común en alguien como el caballero de negro, la señora Elroy se abstuvo de hacer cualquier comentario ante el efusivo saludo de Candy hacia él. El guardar las apariencias por años estaba empezando a resultar agotador y con pocos resultados, principalmente en sus dos sobrinos más difíciles y complicados de convencer.

—Tía abuela, al llegar a la casa el mayordomo me ha informado que la cena está lista y todos pueden pasar al comedor —anunció Georges, después de retomar la compostura.

—No esperemos más, por favor vayamos todos —Solicitó la anciana con amabilidad, empezando a ponerse de pie.

Todos decidieron imitarla y se levantaron, Albert caminó hasta donde estaba la tía y le extendió su brazo para apoyarse, Georges con la misma cortesía hizo lo propio con Candy y Archie ayudó a su esposa a levantarse para luego imitar las acciones de los otros caballeros.

En el comedor familiar, todos tomaron sus correspondientes lugares, la tía abuela a la derecha de Albert y Candice la izquierda seguido iba Geroges. Archie y Annie a la par de la tía abuela Elroy.

Pocos minutos después la cena fue servida y aunque hubo poca plática, algunos temas poco relevantes fueron discutidos entre Albert y Georges. El rubio Patriarca extrañó la indeseable presencia de Neal y Eliza, sabía que no saldrían a recibirlos pero esperaba verlos a la hora de la cena, cosa que no sucedió, sin darle importancia a lo que consideró no la tenía, evitó hacer cualquier comentario. Terminada la cena, todos se dirigieron de nuevo a la biblioteca y estando instalados todos en sus lugares, sin esperar más Albert hizo la pregunta que deseaba hacer desde el momento que llegaron.

—Muy bien Archibald, ¿quiero saber por qué Gerard no se presentó? —dijo Albert sin rodeos, con una mirada muy seria y el tono de voz alto y severo. Candy palideció, no esperaba que el tema fuera abordado tan pronto y el resto de las damas hizo una exclamación de preocupación.

—Tío —respondió Archie, con una mirada incomoda hacia Candy y luego la dirigió al rubio—, aunque esto te parezca absurdo y poco creíble, la razón por la que Gerard y Peter no llegaron, es porque fueron secuestrados.

¡¿Qué?! —La exclamación con asombro e incredulidad al unísono del resto, resonó en el gran salón. Con excepción de Georges que asentía afirmando la declaración de Archie.

....Continuará…...


Hola!...aquí de nuevo como espero que nos encontremos cada viernes y si no sale bien ya saben que nos leemos entonces el sábado.

Otro capítulo que se va…¿qué les pareció?…poco drama…porque no siempre todo es drama. Y ¿qué me dicen…se lo esperaban?...¡SECUESTRADOS!...

Comentario:

Disculpen…las tormentas eléctricas por mal tiempo…se llevan la señal de internet.

Creo que ahora no tengo nada que aclarar ¿o sí?…por favor si lo hay me lo hacen saber en los reviews que tan amablemente me dejan. Es tan grato leerlos y conocer cuáles son sus pensamientos y opiniones. En verdad estoy muy agradecida con su respuesta y me halagan con su felicitaciones…eso sí…sin que se me suban a la cabeza. En verdad me siento muy bien con todas cuando la leo y me dicen que les gusta la historia…porque yo disfruto mucho escribiéndola para ustedes. Bueno ya mucho drama y sentimentalismo jajajaja!...vamos con la parte que me gusta tanto y que espero siempre poder hacerlo…dar los agradecimientos especiales.


..AGRADECIMIENTOS ESPECIALES…

Gladys: Hola… gracias por unirte a la lectura de este fic. Estoy completamente de acuerdo contigo el egoísmo de Susanna no tiene límites. Cree que solo el amor de ella es valedero y no le importa lo que Terry siente. Si! Que Eleanor se lleve a su hijo te apoyo.

Kamance: Tienes razón…está difícil que Susanna deje libre a Terry…parece Susannajuela…ayyyyy que diga "sanguijuela" jajaja y si la boda está a unos días a 3 semanas…qué horror!. Para nada amiga no me agradezcas es un gusto poder llevarles cada viernes un nuevo capítulo y es lo menos que puedo hacer…cumplirles como se lo merecen…por eso estoy apurando la escritura de los siguientes para no fallarles…salvo que fuera por alguna situación ajena a mi buena voluntad les quedaría mal…pero en general trataré de cumplir. Abrazos.

Nally Graham: Ayyy si…a mí también me desespera Terry…me dan ganas de darle una buena tunda en las pompas…bueno eso sería algo así como darme el gusto yo jajaja. Completamente de acuerdo contigo…por cumplir con una promesa está arruinando su vida y claro que Eleanor ve más allá de lo que significa cumplir con el deber y la obligación…ella sí es madre que se preocupa por el bienestar de su hijo…contrario a la señora Marlowe que solo ve por sus intereses y los de su hija…sin pensar que al malcriarla solo le hace más daño. Saludos para ti también y abrazos.

Sophie: Si ya apareció el castaño que todos queremos. ¿Qué le pasa?…eso mismo me pregunto…Susanna es insoportable ni yo la aguanto jajaja…ni su mamá la aguanta creo…jajaja..Si debemos apoyar para que Eleanor se lo robe. Saludos para ti también.

Arlalite: A ti gracias por estar al pendiente también...que bueno que te gustó el capítulo y te sigue gustando la historia. Terry está empecinado en dañarse la vida y Susanna cayendo junto a él. Saludos.

Phambe: Gracias a ti también por tus mensajes y porque te tomas tú tiempo para leer mi mal francés…sabes debo confesarte que lo tenía muy abandonado porque no tengo con quién practicarlo…pero tú me has motivado con los reviews que me dejas a ponerme al día y volver a repasar…muy agradecida con eso.

Comprendo muy bien lo del asunto que pongan en rivalidad a Terry y Anthony y que a ti te disguste…es complicado ese tema porque los dos tienen personalidades diferentes y Candy los llegó a amar por supuesto porque eran opuestos. La muerte de Anthony claro que ha sido difícil…pero si él hubiera continuado vivo desde mi perspectiva…no hubiera existido un Terry y claro la historia fuera muy diferente...así que por cruel que parezca…tenía que desaparecer de la historia…aunque eso no nos agrade. Sabes a mí tampoco me gustan los fics en donde Terry y Susanna se llevan como si fueran los novios de toda la vida…me disgustan y peor si llegan a tener hijos…no eso no lo soporto…no imagino a Terry llevando una relación de pareja con ella…me dan escalofríos solo de pensarlo jeje. En verdad la forma en que estoy escribiendo su relación refleja…en como yo pienso que debió haber sido…fría y de compromiso…con aceptación de ambos y resignación…pero de amor no lo creo…claro por parte de Terry…no lo imagino enamorarse de alguien que lo ha separado de lo que más ama…creo que jamás podría suprimir por completo el sentimiento de culpa y rechazo…la relación con la señora Marlowe igual fría y seca…no puede haber nada de emotivo entre Terry y las Marlowe…porque no hay nada que lo permita.

Merci beaucoup.

Bises pour toi aussi.

Guest: Hola ojalá un día me dejes saber tú nombre para poder comunicarme contigo como lo mereces.

Qué bueno que te gustó como escribí ese capítulo…a mí también me exaspera la relación de ellos…porque veo a una Susanna muy hipócrita con su vocecita y su fingida humildad.

Gracias por tus buenos deseos y tus cumplidos me los llevo al corazón y me motivas a seguir escribiendo porque les agrada lo que hago tanto como a mí. Saludos para ti también y una lluvia de bendiciones cada día.

Candice White: Me alegra que te haya gustado el capítulo anterior…sabes la relación Terry Susanna es muy complicada y fea…claro Susanna fue una irrespetuosa porque siempre supo que Terry no la amaba y se apropió de alguien que no le pertenecía…y luego suplicando amor…vaya que poca dignidad a mí también me disgusta ella….y muuucho! Gracias por seguirme y muchos abrazos para ti también.

Darling Eveling: Ayy si y que lo digas…en serio no sé cómo aguanta a la hija pero peor a la madre que es como una patada en la espinilla. Todas apoyando a que Eleanor se robe a Terry.

Dianley: No me digas amiga…sabes yo sentí igual…no sé por qué los capítulos con Terry se me hacen cortitos también…creo que es porque llevan más diálogos que los de Candy y porque del lado de Terry hay menos personajes. Saludos y siiiiiiiiiiiiiiiiii! que se roben a Terry…claro su mamá. Jajaja

Eli: jajajaja..no es por falta de adjetivos sino por falta de espacio te entiendo bien…lo mismo me sucede cuando alguien me pide que opine de Susanna jajaja. Lo de ella en verdad es falta de amor propio…el trato que tiene con ella es tan impersonal que en verdad no sé qué piensa. Siempre pensé lo mismo que tú…porque ellos no pensaron en que lo mejor era apoyarla económicamente y no vivir una vida de mentiras y fingido amor. Es el egoísmo de Susanna tan grande que sacrifica las vidas de otros. Y claro que Eleanor no está dispuesta a ser cómplice…si bien es cierto que tuvo que dejarlo…al recuperarlo quiere que sea feliz y sabe que con Susanna nunca lo será. Abrazos para ti también.

Guest: Que bueno que te ha gustado y si bastante drama y el inicio fuerte. Los de las Marlowe no tiene solución las dos son iguales. Y claro Albert sacando siempre el amor de hermano que siempre tuvo por ella. Saludos para ti también y ojalá que tú también me dejes un día tú nombre para saludarte bien.

Blanca G: Siiiii lo sé…cómo puede seguir con los planes de boda…dan ganas de darle de coscorrones y esas dos mujeres de los más egoístas…solo piensan en ellas. Qué bueno que no creas en las supersticiones yo tampoco…pero no caería mal que en este caso si se cumplan no crees?. Saludos.

Miriam7: jajaajajaja!..te aseguro que tienes todo un club que te ayudará a hacerle eso a las Marlowe jajaja…ayyy Terry que te puedo decir…lo agarraron de su muñequito…cuando todo sucedió apenas estaba saliendo de la adolescencia y se aprovecharon de su buen corazón y su juventud para obligarlo y cargarle siempre lo de la perdida de la pierna de Susanna con chantajes. Por eso es que Eleanor no las quiere y claro que es obsesión y capricho…el amor se da no se obliga.

Marci: Que bueno que te guste el fic…si pobre Candy le ha tocado sufrir mucho…y bueno ya se sabe a medias que sucedió con el novio…no era tan malo el muchacho aunque aún nos falta saber por completo lo que sucedió. Gracias por seguirme.

Elisa Lucía V 2016: Que bueno que te gustó el capítulo…escribir sobre Susanna y Terry es desagradable jajaja…por Susanna claro. Todas apoyamos a que Eleanor cumpla su deseo y se lo robe. Jajajaja…Saludos para ti también.

Hakuouki: Gracias amiga…que bueno que te siga gustando la historia y claro que cada día me esmero por escribir algo que les guste…sé que de pronto los capítulos se pondrán un poco flojos pero sabes no todo puede ser drama y emociones.

Vaya está complicado lo de la boda porque ya queda muy poco tiempo sólo 3 semanas y todo listo…Susanna no quiere dejarlo …tus sugerencias son buenas…como ves a Gerard y su padrino los secuestraron y así se impidió la boda de Candy. Todas estamos apoyando para que Eleanor se robe a Terry…jajajaja….lo del vestido está muy bueno…la otra ya soñando con que le guste a Terry…se ruborizó porque tiene pecaminosos pensamientos con él jajaja.

Sayonara amiga.

Gadamigrandchest: Si…ya apareció las más indeseable. Sabes estoy que me parto de la risa con tu buena sugerencia "moquillo" jajajaja…esa es una enfermedad de perros…te falló de animal jajajaja…buscaré una buena para "gusanos" jajajaja y con mucho respeto hacia los gusanos.

A ti gracias por leerme y continuar haciéndolo…todo lo hago por la pura satisfacción que me da llevarles algo que les guste. Abrazos de oso para ti también.


**************************Como siempre…muchas gracias a todas las anónimas.

********************A las que me agregan a las diferentes opciones de FF.

****************A las visitantes que se dan un vueltecita por curiosidad.

*************Y a todas en general.

AMIGAS QUE TENGAN UN EXCELENTE FIN DE SEMANA Y TODOS LOS FINES DE SEMANA SIGUIENTES. BENDICIONES.

...Abrazos de oso para todas...porque recuerden que son los que mejores abrazos dan….. : )

..NOS SEGUIMOS LEYENDO….

See you soon (next Friday) ; )

Ps. Por favor…siempre mil disculpas por los errores que encuentren. : )