® a Horikoshi sensei.
Espero que lo disfruten. Esta me costó muchísimo.
— Ugghh… Está helando
El frío de la noche le hacía tiritar la mandíbula inconscientemente. Al sentir una suave brisca de invierno, Momo no pudo evitar abrazarse tratando de calentarse un poco. Era ya diciembre y el frío ya les estaba atacando con su máxima fuerza. Y, a pesar de estar bien abrigada, el frío se colaba entre sus ropas y la hacían temblar hasta con la más tenue ventisca.
Se encaminaba hasta su departamento luego de un día agitado como heroína, había trabajado todo el día por lo tanto estaba esperando con ansias poder llegar para pegarse un baño caliente y descansar lo máximo que pudiera ya que el día que se aproximaba le amenazaba con ser igual o peor.
Giró la llave de su puerta y abrió la puerta. Su expresión cambió totalmente al ver un par de zapatos marrones y gruesos que indicaban ser los de su novio, Todoroki Shoto.
— ¿Estás aquí? —preguntó mientras se quitaba los zapatos con la mayor velocidad que podía, estaba tan entusiasmada que el galopar de su corazón le hacía sentir como una joven adolescente de secundaria.
No obtuvo respuesta. Eso no la desanimó para nada. Se encaminó a través del pasillo para llegar a su sala dónde encontró a un Todoroki abatido tendido en el sofá, tenía un brazo colgando y el otro le cruzaba por delante de sus ojos, tapándolos de la luz, aparentemente.
Momo se acercó con extremada precaución de no despertarlo, lo observó por unos segundos mientras sonreía –como una idiota, pensó-. Pero es que, aunque él estuviera durmiendo su presencia le proyectaba tanta paz que no podía evitar sonreír de felicidad.
Y no lo molestó en lo absoluto, buscó unas frazadas de su habitación y lo arropó tiernamente, cuidando de no despertarlo.
— Debes estar cansado —susurró lentamente estirando la frazada cuidadosamente para que no se le cayera—. De verdad eres un héroe genial.
Cuando se fue a dormir a su habitación pensó en él, más que nada en la manera en que saber que estaba ahí ya era suficiente para que su mente se disipara y todo su cuerpo se relajara. Sentirlo cerca ya le era suficiente para que sus problemas del día desaparecieran en un santiamén.
Aunque ciertamente, tenían una relación bastante complicada. No podía negar lo difícil que se le hacía lidiar de vez en cuando con los comentarios de ciertos reporteros e incluso de algunos fans. Pero nada era tan difícil para ella que verlo a él, y notar que él de cierta forma estaba ausente.
Ese sentimiento estaba ahí hincándole el pecho cada tanto. A veces pensaba con tranquilidad que solo se imaginaba cosas, pero luego recordaba ciertos momentos compartidos y volvía a angustiarse de cierta forma. Innecesario, tal vez. Pero no podía evitarlo.
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A la mañana siguiente, cuando se despertó y recordó que él estaba durmiendo en su sala, se levantó a toda velocidad sin siquiera quitarse el pijama. Y el sentimiento que le hincaba volvió a aparecer: Él se había ido y ni siquiera le había avisado.
Claro que en su celular encontró un mensaje suyo diciéndole que tenía que estar en la oficina muy temprano y que no quiso molestarla; ella no diría nada al respecto porque entendía lo que significaba, pero no podía evitar sentir que un pesado río de tristeza la llevaba por la corriente.
Él no faltaba de noche. A veces estaba muy fatigado y caía a dormir sin siquiera probar bocado, a veces estaban hablando de cosas triviales o podían hablar de cosas de la compañía de héroes, compartían uno que otra experiencia en sus combates y charlaban hasta ambos quedar dormidos juntos.
Era algo en la mirada del héroe que incomodaba a Momo, parecía apagada; su forma de hablar, parecía desinteresada; su forma de caminar, parecía que iba tan deprisa.
Es más… Parecía que él vivía a una velocidad diferente a la que ella vivía, a pesar de estar casi cada noche juntos.
A pesar de haberse dado cuenta desde hacía bastante tiempo de que algo pasaba, Momo nunca le mencionó una sola palabra. A veces lo miraba durante la cena, él la pillaba en el momento y solo le sonreía, para volver a lo suyo. Ella se sonrojaba casi la mayoría de las veces para copiar su acto en seguida.
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— Me preocupa un poco Todoroki-san —las palabras se salieron de su boca casi sin querer, en un momento de confianza con su amiga Kyoka no pudo evitar querer contarle sus problemas.
— El problema es tuyo si sigues llamándolo por su apellido —respondió ella para sorber después su taza de café. Momo se ruborizó ligeramente haciendo reír a su amiga—. ¿Qué pasa, Momo? Tú también te ves diferente.
Esa pregunta entró en su mente como una flecha, para no abandonarla por un buen tiempo.
— No lo sé —se llevó las manos a la cara tratando de cubrir un poco la pena que sentía por no saber siquiera lo que pasaba—. Yo… lo veo distante.
— Hmmm —murmuró Kyoka mientras daba la vuelta su cucharita revolviendo su café—. ¿Y lo has hablado con él?
— Y-yo no puedo decirle esto —su tono carmín iba aumentando de a poco, demostrando un poco ese lado suyo indeciso que a veces le acomplejaba
— ¿Por qué?
— Porque ni siquiera sé explicarlo —finalizó.
No había obtenido la mejor de las revelaciones al hablar con su amiga, lo cual le había dejado con un sentimiento de pesar aún más grande. ¿Se lo estaba imaginando?
— Perdón, Yaoyorozu —Todoroki tenía un par de bolsas debajo de los ojos, cosa que no hizo más que preocuparla, eran más oscuras de lo que ella había notado nunca.
— No te preocupes, descansa —intentó abrazarlo un poco para apoyarlo, pero en el momento que iba a hacerlo una fuerza se le opuso. Estaba indecisa.
— ¿Ocurre algo? —preguntó él poniéndose los zapatos. Momo negó con la cabeza y luego le dedicó una sonrisa.
No quería preocuparlo.
Los días eran tan pesados, los combates eran tan largos, los problemas no dejaban de aparecer uno tras otro. Estaba sentada en la sala de su departamento observando las noticias para ver si alcanzaba a ver algo de Shoto, había noticias de casi todos sus amigos, pero no alcanzó a ver nada.
Se quedó dormida.
Y en ese sueño vio como el dueño de sus preocupaciones estaba en frente suyo, caminaba dándole la espalda, sin siquiera voltear a verla.
— ¡Shoto-kun!
No obtuvo respuesta.
Empezó a correr estirando los brazos para alcanzarlo, pero era inútil.
Estaba tan cerca, pero a la vez tan distante.
Se despertó toda sudada, angustiada; el corazón le palpitaba a mil y su respiración era rápida e irregular. Se sentó llevando la mano en el pecho a la par que inspiraba profundo para tratar de tranquilizarse. Cuando por fin se hubo calmado, volvió a tumbarse en la cama.
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Ese día terminó sus deberes lo más rápido que pudo para volver a su departamento temprano. ¿La razón? Si Todoroki iba hoy y entraba solo como de costumbre, quería estar allí para recibirlo, quería lograr vencer esa barrera que lo estaba alejado de ella.
Cuando giró su llave rezó porque él no estuviera ya adentro, y al entrar suspiró con alivio al no notar sus zapatos. Estaba muy nerviosa, demasiado de hecho, más que nada porque no sabía bien qué debería hacer o qué sería lo que diría cuando lo viera –si es que aparecía, eso tampoco era seguro-.
Empezó a agitarse ansiosamente cuando pensó en aquella posibilidad ¿Entonces había abandonado su lugar como heroína para nada? Caminaba de un lugar ansiosa, nerviosa.
Hasta que el sonido de la puerta abrirse la hicieron nadar en un mar de tranquilidad, flotó y descendió en la más hermosa nube al notar que efectivamente era él. Y cuando lo vio solo pudo dedicarle una sonrisa amable.
— Bienvenido a casa—soltó feliz mientras se sentaba en el sofá, le hizo un gesto para que se sentara a su lado. El cuál el obedeció de inmediato.
Momo estiró su brazo hasta la cabeza de Shoto, paseando sus dedos despaciosamente entre sus cabellos. Él parecía no entender nada de lo que pasaba, y ella, más que decir nada, atrajo lentamente su cabeza haciendo que reposara en su regazo.
El pelo del heterocromático se desparramó por toda su cara, y Momo empezó a peinarlo para que no lo molestara. Su otra mano descansaba en el hombro de Todoroki.
— Es muy temprano para ti —logró al fin decir con un hilo de voz, notablemente cansado, cerró los ojos sintiéndose ligero al tener tanto contacto con ella.
— Quería… —tragó espeso pensando en lo que iría a decir—. Quería que detuvieras un momento.
Él se giró en una media vuelta, todavía con su cabeza recostada, pero mirándola a la cara; Momo tenía los ojos cerrados y sonreía plácidamente, su pelo suelto caía cubriendo parcialmente su rostro. Se sintió realmente relajado cuando sintió los dedos, suaves, acomodar su pelo hacia atrás para finalmente detenerse en su frente, donde empezó a dar pequeños de adelante para atrás para acariciarlo.
Él también cerró los ojos.
— No te entiendo —murmuró con muy poca fuerza, a punto de dormir.
— A veces necesitas detenerte para apreciar las cosas que te rodean —Shoto abrió los ojos impresionado por las palabras que decía—. Tal vez estés pasando por problemas, por peleas, por circunstancias negativas… Pero recuerda que yo siempre voy a estar para animarte.
— Yaoyorozu —llevó su mano izquierda directo al rostro de Momo. Ella abrió los ojos y lo miró directamente con una mirada amable, de esas hermosas miradas que sanaban su alma y le permitían seguir adelante. ¿Por qué no la había visto antes?
— No te encierres—Más que una queja, sonaba a un fuerte deseo melancólico—. No te distancies de mí.
Todoroki se acomodó en aquel sofá para levantar sutilmente su tronco, apoyado por su brazo derecho. Se estiró todo lo que pudo para alcanzar los labios de Momo otorgándole un pequeño beso, un beso que apenas fue un roce, con un deseo muy fuerte de permanecer más.
— Lo lamento —apoyó su frente sobre la suya, sus narices frías chocaban, sus alientos chocaban, Todoroki aprovechó para rodearla con su brazo.
— Si cargas todo tú solo no vas a soportarlo —susurró. Él se acomodó bien en el sofá y ella también aprovechó entonces para abrazarlo y enterrar su cara en el pecho de Todoroki—. Y no quiero que te alejes de mí.
— No lo haré —bajó la cabeza y reposó su nariz sobre la cabeza de la pelinegra, aspirando toda su fragancia: Era como si el dulce olor que emanaba lo despertaba de un trance, o de una pesadilla.
La respuesta siempre había estado en frente suyo, vaya idiota.
Esa noche aquel sentimiento que le hincaba el pecho fue sepultado por el sentimiento de tranquilidad al sentir como Shoto se aferraba con fuerza en ella en un abrazo que permaneció incluso cuando ambos quedaron rendidos en el mundo de los sueños.
N/A: La distancia emocional puede ser superada con la charla.
Espero que les haya gustado. Esperaré sus reviews para poder saber si les gusta o lo odian. *cries*
