Miraba algo nostálgico un pequeño retrato de una mujer muy parecida a mí, lo miraba con tanto amor y cariño que me era imposible no hacerlo. Acaricié sus bordes con delicadeza y luego le dejé en el mueble al lado de mi cama. Emití un suspiro pensando en tantas cosas y sin tener respuesta de las mismas.
Me llamo Lelouch Vi Britannia, tengo 16 años y próximamente cumpliré los 17, soy alto pero también soy el más bajito de mi familia y delgado, muy delgado cosa que no me gusta tanto. Tengo el cabello castaño oscuro, casi negro, liso hasta el cuello, tengo la piel un poco pálida y los ojos color violeta intenso.
Para mi familia soy considerado como él bebe de la casa, a pesar de que tengo una hermana más pequeña, mi pequeña hermana Nunally pero mis hermanos mayores y mi padre no lo ven así.
La razón de ello se las diré: mi nacimiento fue prematuro ya que nací a los 7 meses de gestación y mi madre murió en el parto, nací muy enfermo y nadie creía que viviría. Mi padre hizo esfuerzos titánicos e inhumanos haciendo que trajeran a médicos extranjeros de toda índole para que me salvaran.
Después de pasar varios meses de prueba en tratamientos médicos, pude sobrevivir aunque no salí ileso. Debido a que fui prematuro, mis órganos tardaron en desarrollarse y los más afectados fueron mis pulmones, lo que se me derivo a un asma. Además que tengo una salud demasiado frágil, me tienen como una figurita de cristal que puede romperse ante el más mínimo toque.
Mis hermanos mayores se exceden en ello como mi padre, el cual es el primero en hacerlo.
No vivo en el palacio imperial que se encuentra en la capital debido a que el clima de la ciudad no me favorece y mi padre me mandó a vivir a su palacio de las montañas en el norte de Britannia, vivo en compañía de mi hermana menor Nunally, unos cuantos sirvientes y un enorme ejercito de soldados por órdenes de mi padre, según para que me protejan.
A diferencia de mis hermanos, no estoy inmiscuido en la política debido a que por mis problemas de salud no quieren que me fatigue, dicen que no es necesario que yo me esté preocupando por asuntos de gobierno y prefieren que descanse.
Me aburro muchas veces, quisiera salir del palacio para poder vivir y ser como cualquier joven de mi edad, lo más normal posible que me permita mi posición. No asisto a una escuela, siempre he tenido tutores privados para mi educación. Mis hermanos sí pudieron asistir a institutos privados, aunque cada vez que les preguntaba si podía ir con ellos me decían que no porque no querían que me llevaran lejos de ellos.
Suspiré mientras terminaba de acomodarme mis zapatos, había desayunado hace una hora y quería ir a los jardines para poder tomar un poco de sol. Recordé que debía tomar mis medicinas y lo hice a pesar de que sabían horrible, después salí caminando con un poco de lentitud hacia el jardín bajando por las escaleras, aunque al dar un paso cerca del final de estas pisé mal y estuve a punto de caerme pero unos brazos me atraparon antes de que me golpeara.
—Con cuidado ototo, puedes lastimarte- era mi hermano Schneizel el cual me sostenía con cuidado y me bajó instantes después de darme un beso en la cabeza- ¿Qué haces fuera de la cama? Sube a descansar…
—Schneizel nii, quería salir un poco al jardín- hice un leve puchero cuando comenzó a despeinarme- Pensé que vendrían al anochecer.
—Queríamos darles la sorpresa, Nunally se nos adelantó como siempre- reí un poco por la suspicacia de mi hermana mientras veía entrar a mis otros hermanos los cuales me apretujaron con mucha fuerza.
—Euphi…
—¡Lulu! ¡Me alegra tanto verte!- chilló mi hermana Euphemia llenándome de besos mientras mi hermana Guinevere la sacaba sutilmente para poder apretujarme a su antojo.
—Chibi, ¿Te has sentido mejor? ¿Has comido bien?...
—Sí, nee-san, me he sentido mejor- suspiré mientras esta me despeinaba de nuevo como lo hizo Schneizel, de mis hermanos, los más sobreprotectores eran Guinevere, Cornelia y Schneizel. Los otros como Euphemia, Odisseus, Carline y Clovis eran protectores y alcahuetes también.
—Lulu-chan, me debes una partida de ajedrez- lloriqueó mi hermano Clovis al momento en que quitaba a Guinevere y después esta le diera un zape que lo estampara en el suelo.
—Después de la merienda, nii-san, ¿Dónde está Cornelia nee-san?- pregunté al no verle ahí con ellos y quien me respondió fue mi hermano Odisseus.
—Viene en un par de horas, se quedó arreglando algo en el palacio pero no tardará- mi hermano mayor acomodó un poco mi cabello y me dio un apretón de mejillas.
—Lulu-chan ¿Tomaste tus medicinas?
— Sí, Carline nee, me las tomé hacia unos instantes- mi hermana Carline me veía con sospecha y después se lanzó a mis brazos aunque más bien me estrujó en los suyos.
—Que bien que onii-sama este mejor- Nunally sonrió desde su silla al momento en que Clovis le colocaba unos prendedores nuevos en su cabello. Pronto escuché pasos apresurados y vi a mi padre entrar a la estancia. Al verme se me lanzó a alzarme en brazos y a apretujarme con cariño.
—Mi pequeño, estaba tan ansioso de poder verte- abracé a como pude a mi padre, ya que sus enormes brazos me envolvían por completo.
—Yo también, oto-san, los extrañaba mucho.
—Les traje obsequios, a ti y a tu hermana. En la noche, decidiremos acerca de los preparativos de los festivales que se aproximan, todo para que Lelouch junto con Nunally puedan asistir- le miré con felicidad ya que esos festivales se realizaban en torno al palacio imperial de la capital y ahora serian aquí- Pero, pequeño, deberías descansar ya que te noto un poco débil.
—Estoy bien, oto-san, solo quiero estar en el jardín para respirar un poco de aire fresco y tomar un poco de sol.
—Tus deseos son órdenes para mí, mi pequeño, tan solo quiero que vayan por un abrigo para ti, no quiero que te resfríes.
Mi hermano Schneizel le ordenó a una sirvienta que me trajera un ligero abrigo mientras Carline se llevaba a Nunally para darle unos obsequios mientras yo me ponía el abrigo que me habían traído. Guinevere trajo a Ryu, un pequeño niño hijo del encargado del palacio y el cual me hacía compañía cuando mis hermanos y mi padre se iban a la capital.
Llevé a Ryu de la mano en lo que ellos se iban a una reunión en el despacho principal del palacio. Salí al jardín y mientras le pedía a una sirvienta que preparara un poco de té, Ryu salió corriendo detrás de una pequeña ardilla que estaba en los jardines. Vi unos nuevos rosales y me acerqué a ellos de manera curiosa ya que eran nuevos y eran negros y otros eran violeta intenso.
Escuché un suave llanto a lo lejos y vi a Ryu tirado llorando mucho al pie de un árbol. Me levanté de manera rápida y casi corrí a donde estaba el pequeño.
—Ryu, ¿Estás bien?
Levanté al pequeño que lloraba mucho y revisé que no tuviera más heridas, solo tenía un pequeño raspón en una de sus rodillas y sus manitas estaban algo enrojecidas. Lo acurruqué en mi regazo al momento de sentarme en el césped y justo escuché a una sirvienta llamarme preguntándome si estaba bien. Si algo me pasaba, hasta el más mínimo estornudo o lo que sea, mi familia armaría un escándalo.
—Estoy bien, tranquila, ¿Podrías traer un botiquín y unos dulces, por favor?
Ella asintió y rápidamente se fue mientras yo mecía al pequeño que de a poco a poco iba calmándose, en instantes la misma sirvienta regresó con mi encargo mientras curaba la pequeña herida que tenía y después vendársela con cuidado.
—G-gracias Lulu-sama.
—No es nada Ryu, solo ten cuidado la próxima vez-despeiné un poco sus cabellos y después de darle un dulce mientras le entregaba las cosas a la sirvienta - ¿Podrías traer a Nunally para que coma con nosotros? El día está perfecto para comer aquí.
—Como usted lo ordene, majestad.
Ella se retiró de inmediato mientras yo jugaba un poco con Ryu en el césped, pronto creí escuchar unos leves gritos a la lejanía y vi a mi hermana Cornelia correr a mí a toda velocidad.
—¡Ototo! ¡Ototo!
Lo bueno que bajé a Ryu antes de que Cornelia me apresara en uno de sus asfixiantes abrazos y por ende casi matara al pobre niño.
—C-Cornelia nee…
—Deberías estar descansando en tu recamara, Lulu, no es bueno que te agites o podrías enfermar- me regañó en un tono maternal despeinándome un poco el cabello como mis otros hermanos lo hicieron- sabes que oto-sama nos mataría a tus hermanos y a mí por no cuidar a su preciada rosa de Britannia.
—Lo sé, nee-san, pero me agobia estar en mi habitación: quiero respirar aire fresco. Además de que oto-san y ustedes están en una reunión y no se desocuparan hasta más tarde.
—Se paciente, pequeño, además de que no tardaremos para poder merendar contigo y Nunally. – Después se dirigió al pequeño el cual estaba abrazándose de mi pierna- Volveremos en un par de horas, cuídale Ryu.
—H-hai, hime-sama.
Después de que ella se retiró llegó Nunally a comer con nosotros, mi pequeña hermana, había quedado ciega y paralitica por un accidente que sufrió con su madre hace muchos años. La realidad es que mis hermanos no son mis hermanos de sangre completa: todos tenemos distintas madres: Odisseus, Schneizel, Guinevere, Cornelia, Euphemia y Carline son hijos de la primera esposa de oto-san, yo soy hijo de la segunda y Nunally de la tercera. Ninguna vive, pero eso es lo que nos ha hecho muy unidos con nuestro padre.
—Carline nee-san me trajo unos cuentos nuevos, algunos en braille y otros no pero me dijo que ya los mandó para que los tradujeran- sonrió mi pequeña hermana mientras comía un panecillo y yo le servía algo de té.
—Me alegro, Nunally, y los que no te tradujeron, te los leeré con gusto.
—Gracias onii-sama.
Sonreí mientras ayudaba a Ryu a comer ya que todavía era muy pequeño y a veces se le dificultaba hacer algunas cosas, comimos en paz y charlando de algunas trivialidades ya que eran pocas las veces en que salíamos al jardín. Si el clima era muy brusco no podía hacerlo ya que podría enfermar, o porque Nunally por no quererme fatigar se quedaba adentro cuando mi estado empeoraba. No me gustaba, quería ser libre, divertirme como cualquier chico de mi edad pero no podía.
—Lulu-sama, juguemos.
—De acuerdo, Ryu.
Empezamos a corretear a unas cuantas ardillas que estaban por ahí y también a querer atrapar a unos pajarillos ya que Nunally quería tocarlos, ya casi los alcanzaba junto con Ryu solo que empecé a sentir que el aire comenzó a faltarme, me detuve llevándome una mano al pecho al sentir una presión fuerte en él y de cómo mi respiración se hizo más pesada. Caí de rodillas jadeando por aire y a la vez asustando a mis dos acompañantes.
—¡Lulu-sama!
—¡Onii-sama! ¡ ¿Qué tienes?! ¡Onii-sama!
Nunally y Ryu trataron de acercarse mientras yo trataba de respirar pero a cada segundo se me iba el aire y después me caí por completo al suelo jadeando con más fuerza y sintiendo la presión en mi pecho más fuerte. Quería calmar a Nunally ya que se estaba asustando mucho al igual que Ryu. La conciencia se me iba yendo de manera rápida por la falta de aire y mis ojos comenzaban a cerrarse.
—N-Nunally…
—¡Onii-sama! ¡Traigan a un médico! ¡Onii-sama!
Ryu se marchó corriendo con una sirvienta mientras Nunally se caía llorando de su silla, me asusté queriendo ayudarla pero no podía, mi respiración era casi nula al igual que mis fuerzas. A como pudo Nunally se acercó a mi mientras me llamaba llorando y palpando levemente mi rostro. No pude más y perdí la consciencia segundos después.
Creí que habían pasado unos minutos cuando abrí los ojos de nuevo: estaba en mi habitación rodeado de mis hermanos, mi padre y el médico de la familia. Mis hermanos lucían muy consternados pero mi padre era el que estaba peor. El médico me auscultaba el pecho y revisaba mi pulso, noté un pequeño tubo en mi nariz que me ayudaba a respirar.
—Oto-san…
Intenté hablar pero me dio un ataque de tos algo fuerte, mis hermanos y mi padre se alarmaron y el medico procedió a darme palmadas en la espalda, el ataque duró pocos minutos pero me dejó muy agotado.
—Mi vida…
—No haga que hable, majestad, está muy débil ahora- el medico volvió a recostarme mientras preparaba una inyección- el tratamiento no está surtiendo el mismo efecto que antes, por eso tuvo ese ataque tan fuerte.
— ¿Qué tenemos que hacer? ¿Le pasará algo más grave a Lulu?- Cornelia saltó de inmediato casi queriendo agarrar al médico para exigirle respuestas mientras mi padre se acercaba a mi tomando una de mis manos y llevándola a su boca.
—Afortunadamente se atendió el ataque a tiempo, tendremos que cambiarle el tratamiento y para ello tendré que tomarle unas muestras de sangre y darle por lo pronto un medicamente más fuerte en lo que llega el otro tratamiento.
El medico destapó mi brazo libre para inyectarme el medicamente a la vena, sentí escalofríos porque no me gustan las inyecciones, mi padre tomó mi rostro y lo ladeó para que no viera nada. Solo sentí los pinchazos en el brazo por unos instantes y después me retiraron las agujas. Mi padre me extendió una taza de té tibio y me ayudó a beberla de poco a poco.
—Onii-sama, l-lo siento- lloriqueó Nunally siendo abrazada por Euphemia mientras negué con una sonrisa, ella no tenía la culpa, ni Ryu.
—¿Cuánto tardará el nuevo tratamiento? No quiero que mi hijo tenga un ataque como este de nuevo.
—Haré que traigan ese tratamiento de inmediato, su majestad, pero por ahora debemos esperar- mi padre se veía un poco molesto por ello mientras me acomodaba las almohadas y me tapaba mejor con las frazadas-¿Puede respirar mejor, Lelouch-sama?
Asentí mientras el medico volvía a auscultarme, estaba muy cansado y caí dormido instantes más tarde.
Empecé a tener un sueño que ya anteriormente había tenido, sobre dos niños: uno lloraba al parecer estaba perdido y el otro lo consolaba. Quería saber, quería ver con más claridad el rostro de ambos infantes pero no podía, sentía que caía en un hoyo profundo y me desperté de golpe. La alcoba estaba oscura y supongo que dormí por varias horas, solo se veía la luz de la luna.
Sacudí mi cabeza y me quité el tubo de mi nariz para ir al baño a mojarme un poco el rostro, tenía que relajarme ya que no quería tener otro ataque como el de hace unas horas. Me levanté con cuidado sin prender las luces ya que había buena iluminación y caminé hacia el baño.
Sentí un movimiento extraño e inconscientemente giré mí vista hacia el espejo que estaba frente a mí y me detuve quedando paralizado por lo que vi: un soldado de capa oscura con líneas doradas, traje violeta intenso y un casco negro estaba detrás de mí, ese no era un soldado de Britannia. El soldado fue demasiado rápido aprovechando mi sorpresa me puso un pañuelo en mi boca y nariz al mismo tiempo en que me apresaba en sus brazos, intenté soltarme y tratar de no respirar ese aroma pero fue en vano: él era más fuerte y yo estaba muy débil.
Fui perdiendo las pocas fuerzas que tenía mientras me desvanecía en los brazos del soldado y lo último que pude ver fue un par de esmeraldas a través del oscuro cristal del casco de aquel extraño soldado.
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