Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo del harryverso pertenecen a Jotaká Rowling.
Notas de autor: Esta historia participa en el reto "Hogwarts a través de los años" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
En esta viñeta que tiene justo el límite de palabras, 1000, se suceden tres mini-viñetas. Cosa arriesgada, ya que no tengo mucho espacio para extenderme, pero he querido hacerlo así. Va sobre el hijo de Remus y Nymphadora Tonks, Teddy Lupin y solo espero que os guste.
Teddy Lupin recuerda perfectamente dos cosas de su primera visita a Shell Cottage: el fuerte olor a agua salina y el amarillo. Y por amarillo el pequeño niño de tres años entiende el rubio dorado de la cabellera de ese diminuto bebé que berrea a cada minuto de una manera harta insoportable.
—¡Cuánto ha cgecido el pequeño Teddy! —dice una radiante Fleur mientras le acaricia el cabello—. ¿Quiegues tomag algo, Haggy?
—No, muchas gracias.
Teddy intenta librarse de los brazos de su padrino y finalmente lo consigue. Embriagado por la libertad que le ofrece la suave moqueta lejos de brazos opresores, camina hasta la rosada cesta donde la niña de cabellos "amarillos" no deja de lloriquear.
—Tiene el genio de su madre —le susurra Bill a Harry aprovechando que Fleur ha subido al piso de arriba en busca de unos pañales.
Sin embargo el pequeño niño se siente terriblemente atraído. Le gusta mucho ese color porque su abuela tiene el pelo castaño y su padrino, negro azabache. La que parece ser la madre del bebé vuelve al salón y le acaricia el pelo, mientras coge a la pequeña niña en brazos y se sienta en la butaca más próxima. Teddy se siente un poco asustado y nervioso cuando el pequeño bulto de carne agita las manos en su dirección.
—¿Quiegues que el pequeño Teddy te coja, mi amog? —canturrea Fleur divertida con la estampa—. Migad, Teddy ha cambiado el colog de su pelo.
Efectivamente. El pequeño Lupin ha transformado su color de cabello en un amarillo pollo bastante intenso y llamativo y el pobre no puede comprender el porqué de tantas risas a su alrededor.
oOoOoOoOo
—¿Has visto, Dominique? ¡Parece una mofeta! ¿Te acuerdas de la mofeta que atrapó el otro año el tío Ron?
Una niña de cabello rubio y otra de tonos anaranjados se encuentran sentadas sobre una roca en el verde jardín de La Madriguera. La mayor señala a un niño que juega a unos metros con una pequeña escoba de juguete.
—Las mofetas no tienen el pelo azul —apunta Dominique entrecerrando sus claros ojos sobre el grueso mechón que rompe el castaño cabello del niño.
—Es una mofeta que ha bebido una poción que le ha sentado mal —sentencia Victorie sonriendo orgullosa de su hipótesis.
—¡Cállate! —gruñe el niño de siete años, quien comienza a enrojecer.
—A mí me gustan las mofetas, aunque huelan mal —bromea la niña—. ¿Por qué no vienes a jugar con nosotras? Nos aburrimos…
—¡No quiero jugar contigo! —responde Teddy cruzándose de brazos y dándoles la espalda.
El niño se siente muy disgustado por los impertinentes comentarios de Victoire y no quiere que ella lo note. Aunque ahora no vea su larga cabellera ni sus vivaces ojos azules, aún puede sentir sus sonoras carcajadas. Busca con la vista a su padrino o a alguno de los mayores, pero solo ve un par de gnomos que se esconden rápidamente tras un pequeño seto.
—Dile que venga a jugar, Minique. A mí no me hace caso…
La menor de las niñas se encoge de hombros y sigue agitando su varita falsa, ensimismada en su juego. Victorie expira profundamente, se pone de pie y se alisa el vestido celeste. Tras unos rápidos y silenciosos pasos se pone a la altura de Teddy, justo detrás y acercándose sigilosamente rompe el silencio estampándole un sonoro beso en la mejilla. Inmediatamente Teddy pasa del blanco al rojo y su cabello se enciende del mismo tono vivaz.
—No te enfades conmigo, Teddy. Solo bromeaba. ¡Ven a jugar!
La pequeña niña jala de los brazos de Ted para que se levante y sale corriendo con su escoba bajo el brazo, incitándole a que si la quiere, vaya a buscarla.
oOoOoOoOo
Dos adolescentes atraviesan el corredor con paso presuroso. El joven de pelo castaño y ojos color miel parece llevar el paso más rápido y ni siquiera mira hacia atrás cuando la atractiva muchacha que lo sigue le dirige la palabra.
—Estoy harto de tus juegos, Victoire.
—¡Solo era una broma, Teddy! ¡Cómo te pones!
Victoire apresura el paso hasta ponerse a la altura del joven y lo agarra del brazo para que se detenga. Cuando clava en él sus enormes ojos azules, este desvía la mirada hacia el ventanal más próximo.
—¿Por qué te enfadas tanto? —pregunta la muchacha poniéndose más seria.
Lupin sigue con la mirada fija en uno de los palos de meta del campo de quidditch, no tiene intención de cambiar de objetivo. No puede seguir mirando a aquel rostro que se cuela en sus sueños, provocando que su corazón lata con una poderosa fuerza.
—Ya no eres una niña para ir con todas tus bromitas fastidiando a los demás —gruñe Ted y sin darse cuenta la encara.
—Ah, ¿no soy una niña? ¡Pues ya era hora de que te dieras cuenta, estúpido!
Los ojos de Ted se abren de pura sorpresa. Ahora el semblante de Victorie ha adquirido una expresión feroz y seria que la hace aún más bella si eso es posible.
—¿Qué… qué dices?
—¡Pues eso! Solo consigo llamar tu atención cuando hago alguna tontería que te irrita…
Ted quiere decirle que siempre está presente en todos y cada uno de sus pensamientos. Que se sabe de memoria los miles de gestos que se dibujan en su rostro. Que por el brillo de sus ojos es capaz de saber si a continuación viene un berrinche o una risa. Que sabe que se muere de nervios cuando no deja de tocarse el pelo. Que sabe miles de cosas acerca de ella porque ella lo es todo.
—No, eso no es cierto —dice finalmente Ted ruborizándose.
—Pues entonces, ¿a qué esperas? —Victoire, agarrando su corbata de tonos amarillos, acorta la distancia—. Bésame.
Los labios de ambos se encuentran, cálidos y solícitos hacia el otro. Es entonces cuando el tiempo se detiene y toda la felicidad del mundo invade el cuerpo de Ted Lupin. Por fin tiene el tan ansiado permiso para amar.
Amores reñidos, los más queridos. Me gusta esta pareja aunque poco sabemos sobre ellos, supongo que por eso elegí a Teddy Lupin de la tercera generación, ya que esta no me motiva mucho para la hora de escribir.
¿Qué os ha parecido? ¿Sabéis que cuando recibo un comentario bailo a la pata coja mientras saco la lengua y me rasco una oreja? Cual perro... Bueno, aquí concluye el fic. Espero que os haya gustado.
Venetrix.
