ZOMBIELAND

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- Así que… son huérfanas, lo han sido desde que ella tenía 11 y tú 15, se han ganado la vida estafando y han sobrevivido hasta ahora a base de huir, esconderse… y gracias a que ambas habían aprendido (bajo presión, claro) a hacerse con cuchillos y armas –repitió Emmett, como por quinta vez. Yo lo había entendido hace un par de horas, pero él parecía tener problemas de comprensión.

- Así es –asintió Bella, aún tensa a pesar de que ya habíamos "hecho las paces", lo que había consistido en devolverle sus cosas a Emmett (un par de armas que habían desaparecido mientras él estaba en el baño) y pedirles perdón por haberlas incapacitado de esa manera, al mantener a Bella en el suelo y a Alice (la pequeña hermana de Bella) con una llave.

- Y no… ¿no han visto a nadie más? –pregunté un poco nervioso, aunque ya preveía la respuesta.

Alice negó con la cabeza, mientras acariciaba a Jacob en el cuello, lo que hacía que se pusiera a dar patadas rápidas con su pata trasera izquierda. Asentí.

Los cuatro habíamos guardado todo en la camioneta y habíamos entrado al sótano donde se había escondido Alice hacía algunas horas. Prácticamente estábamos madrugando. Consulté mi reloj y eran las tres de la mañana.

Nosotros también les habíamos contado nuestra historia. Lo habíamos hecho para que se calmaran y confiaran un poco más en nosotros. Había funcionado con la pequeña, pero con la otra…

- ¿Y qué planean hacer? –inquirió Bella con un tono cortante- ¿Tomarnos como prisioneras para que cacemos su comida y matemos zombies por ustedes?

Esa insinuación ofendió profundamente a Emmett. Lo vi pararse en inclinarse peligrosamente sobra la morena.

- Escúchame, pequeña –le escupió- nosotros somos lo suficientemente capaces de mantenernos con vida solos. Lo hemos hecho hasta ahora ¿o no? Y encima cada uno por su cuenta. Ustedes se tenían al menos la una a la otra –se irguió y frunciendo los labios, se alejó- Además, podemos defendernos solos. Apuesto a que la mitad del número de zombies que he asesinado en todo este tiempo es mucho más que el doble del suyo. Juntas.

Bella le gruñó y apartó la mirada de él, centrándola en un punto por encima de mi cabeza.

- Entonces… -dije después de un rato. Los tres voltearon a mirarme, como si fuera a dar una gran idea. Entonces, me inspiré- Escuchen, y escúchenme bien. No me importa si ustedes dos se llevan mal. No me importa que ella tenga apenas trece años y que ya sepa manejar un cuchillo con asombrosa facilidad. No me importa que haya, en este momento, miles de millones de monstruos caníbales hambrientos de carne humana, buscando desesperadamente algo que llevarse a su podrida boca. Lo único que me importa, y que además debería ser lo único que les importe a ustedes, es que somos al menos cuatro seres humanos que aún siguen con vida, a pesar del infierno que hayamos tenido que atravesar. ¿Quién sabe si allá afuera habrán más? ¿Quién sabe si hay un grupo de veinte personas refugiadas en algún rincón del planeta, esperando a más personas para que se les unan? ¡Tal vez incluso el virus no ha llegado a otras zonas! Y no. No hablo de Columbus –agregué debido a que Emmett pensaba interrumpirme- Esa ya es, como tú dijiste, tierra muerta. A menos que se encuentre una cura, no podremos hacer nada… Oh, esperen, a decir verdad, sí podemos: ¡mantenernos juntos, maldita sea! ¿Nunca han escuchado el cuento de los maderos que si estaban juntos eran casi imposibles de romper? Pues, deberían aplicar la moraleja de ese cuento en estas circunstancias, porque en verdad necesitan a alguien que los haga recapacitar. De verdad.

Tuve que detenerme y recobrar el aliento. Sentía mi cara roja por la agitación, además del hecho de que los tres me miraban con la boca abierta.

- Wow –fue todo lo que dijeron, aunque no estoy seguro de quién fue.

- Tiene razón –dijo Alice, incorporándose- Justos somos más fuertes. Nos apoyaremos. Nos cuidaremos las espaldas. Sobreviviremos –sonrió, lo que hizo que yo también sonriera. La pequeña le lanzó una mirada suplicante a su hermana mayor, quien no dudó en asentir. Emmett, por otra parte, susurraba para sí, tal vez considerando los beneficios y perjuicios de esta decisión. Después de un rato, sonrió abiertamente, logrando que se le formaran los hoyuelos.

- Demonios –dijo riendo- Ustedes dos van a llevarme a la ruina –bromeó señalándonos. Alice rió, mas yo contesté seriamente:

- ¿No estamos ya en ella?

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Después de aquella noche en el sótano, nos fuimos a dormir a la camioneta gris. Cada uno de los tres (pues Alice, al ser menor, necesitaba más descanso) hizo guardia (junto a Jacob) durante un par de horas hasta que amaneció. Ese día nos dedicamos a conseguir armas y comida.

- Eh… ¿están seguras que este es un buen lugar? –inquirí un poco angustiado por la idea de escabullirnos dentro de un hotel abandonado, que seguramente estaría repleto de zombies.

- Oh, por favor –gimió Bella- Este es… el mercado negro de San Diego, por así decirlo.

- ¿Y qué encontraremos ahí? ¿Qué ganaremos con arriesgar el pellejo?

- ¡Vamos, Eddie! –gritó Emmett emocionado- ¡Será divertido! –Jacob ladró dos veces, secundándolo.

Él ya tenía preparada su arma, la que llevaba colgada al hombro. Alice tenía un cinturón marrón donde guardaba un par de cuchillos de aspecto letal, y sostenía una docena de ellos en una mano con facilidad, lo que le daba un aspecto fiero para ser una niña de trece. Bella también llevaba un revólver en su cinturón y otro en su mano derecha. Llevaba las balas de repuesto en su bolso (donde estaban las mías y las de Emmett, también) y me sostenía la mirada con gesto implorante. Hasta Jacob iba armado con sus fieros colmillos, que ya habían desgarrado la garganta de más de un zombie.

Yo sólo llevaba mi simple escopeta (tenía que cambiar de arma… de verdad) también colgada al hombro. Me pasé una mano entre mis cabellos rebeldes y suspiré de golpe en señal de rendición. Emmett vitoreó y las dos hermanas sonrieron abiertamente. Entonces, los cuatro, con Jacob, nos dirigimos silenciosamente a la entrada. Cruzamos un extenso jardín deteriorado que habría sido un atractivo para los clientes en tiempos previos y traspasamos la puerta principal. Nos detuvimos un momento y apuntamos a direcciones diferentes, previniendo un ataque. No pasó nada.

Miré a mi alrededor. Esto debía de haber sido la recepción. Gracias a algunos rayos de luz que se colaban por las ventanas rotas, vi el escritorio y unos sillones desgarrados. A nuestra izquierda había un tramo de escaleras de madera desgastada por el uso, por el cual Bella ya había comenzado a subir. La seguimos.

El segundo piso era el típico escenario de una película de terror, donde aparecería el fantasma de una niña y te mataría. Al fondo del oscuro pasillo había una ventana con cortinas color sangre que ondeaban con el viento. Seguimos subiendo uno, dos, tres pisos más, así hasta llegar al octavo piso, donde una puerta blanca con manchas negras y hendiduras parecidas a marcas de uñas deslizándose, nos bloqueaba el paso. Al ver que Bella era la primera en la fila (y yo el último, por cierto) me extrañó que se quedara mirando el pomo de la puerta con el ceño fruncido y gesto concentrado. Luego de unos segundos en los que incluso el perro estaba en silencio, pregunté aburrido:

- ¿No vas a abrirla? –Bella me calló con un gesto, luego volteó hacia mí y se llevó el dedo a la oreja. Agucé el oído y escuché los inconfundibles gañidos. Antes de que ella articulara la palabra "zombies" con los labios, los tres ya lo habíamos deducido.

Pensé en disparar al pomo de la puerta. No era una mala idea, pero no sabíamos cuántos monstruos había allí dentro y el sonido los atraería de golpe. Podríamos buscar otra entrada, pero el hecho de que ya hayamos estado allí dos minutos enteros, me decía que no había. Incluso podríamos atraerlos y luego derribarlos… pero había que abrir la puerta.

- Ábrela –susurramos Emmett y yo. Bella asintió y lentamente giró el pomo, que rechinó un poco, mas ellos no lo escuchaban sobre el fuerte siseo de sus pasos. Cuando ya lo había girado completamente, saltamos dentro y apuntamos a distintas direcciones, como habíamos hecho antes.

Entonces unas masas verdes y deshechas nos cayeron encima.

No eran muchos, así que los acabamos con facilidad. Demasiada facilidad.

En cualquier caso, ahora no habían más zombies así que nos pusimos manos a la obra. Emmett había traído una mochila grande, donde empezamos a meter todo lo que encontrábamos.

Introduje unas cuantas granadas y bombas, balas de cualquier tipo (ya las clasificaríamos cuando estuviéramos a salvo), revólveres, fusiles, una caja de fósforos que encontré escondidos, y otras cosas cuyos nombres desconocía. Antes de que Emmett cerrara la mochila, alcancé a ver un arco y flechas, cuchillos de mayor tamaño, una ballesta, más pistolas grandes y creo que un arma de electrochoque…

Más siseos. Esta vez, provenientes de la escalera. Emmett se puso la mochila al hombro y los cuatro nos preparamos para atacar.

Un zombie tras otro aparecía por aquella puerta. Parecían interminables. Algunos eran suficientemente lentos para matarlos y rematarlos, pero algunos se acercaban demasiado.

Jacob se quedó atrás, pues habíamos empezado a atacar nosotros, mas se nos acababan las balas y a Alice los cuchillos. Rápidamente sacábamos repuestos para nuestras armas y las cargábamos, aunque no eran infinitas, por lo que en la desesperación (nunca te dejes llevar por ella, nunca) me arrojé contra las escaleras y empujé al primer zombie. Empezaron a caer como fichas de dominó. Algunos resbalaban aún con vida, otros se notaban que estaban bien muertos.

Uno de los zombies se había arrastrado hacia mis pies y me asió del tobillo. Le disparé en la cabeza y se la aplasté con mi pie. Luego me solté de su agarre ayudándome con el mango de la escopeta.

Las escaleras, aunque atestada de zombies, eran nuestra única salida, así que les grité a los demás que me siguieran y corrí escaleras abajo, pisando cabezas, brazos, piernas y torsos. Escuché pisadas atrás y agradecí que no se hubieran quedado arriba. Jacob me sobrepasó y nos abría paso gracias a sus mordiscos y desgarros. Lo seguimos en fila india, bajando las escaleras tan rápido como podíamos

Vaticiné que me quedaban unas seis balas y no pensaba desperdiciarlas, así que recurrí al combate cuerpo a cuerpo con los pocos zombies que se le escapaban al perro, usando mi escopeta como mazo y cuidándome de que sus fauces no me tocaran, claro.

Llegamos a la recepción y escuché un grito agudo proveniente de atrás. Alice, que estaba última en la fila (tal vez en un intento desesperado de protegerla), tenía un zombie colgado de su espalda que intentaba morderle el cuello. Había lanzado todos sus cuchillos arriba, sin embargo, parecía que se había quedado un momento para recuperar algunos, pues su cinturón estaba lleno de cuchillos con el filo goteando sangre. Sacó uno y se lo clavó en la boca, lo que no bastó para detenerlo.

Bella chilló y le empezó a disparar al zombie. Gracias a su puntería, ninguna bala le cayó o siquiera rozó a la niña. Este se desplomó, retorciéndose desagradablemente en el suelo, como una lombriz. Apunté con mi escopeta a su frente y disparé. Se detuvo.

- ¡Sigamos! –gritó Emmett, quien estaba parado en la puerta haciéndonos señas.

Corrimos lo más rápido que pudimos a través del jardín, con unos cuantos monstruos pisándonos los talones. Me detuve y di media vuelta, encarándolos. Disparé dos veces a cualquier lugar, y seguí corriendo.

Habíamos llegado al lugar donde teníamos escondida la camioneta, cuando nos dimos con otra sorpresa: los zombies habían roto los cristales y estaban devorando nuestra comida.

Escondidos donde estábamos, Emmett empezó a maldecir como nunca.

Nos tuvimos que refugiar en el bosque, aunque sólo sería por unas horas. Llegamos a un pequeño claro donde había un río fluyendo hacia el oeste, en el cual Jacob calmó su sed.

- Tendremos que buscar otro vehículo. Es la única solución –explicó Bella. Asentí.

- Tú y Alice quédense aquí. Emmett y yo buscaremos uno –había empezado a protestar pero le puse un dedo en sus labios- Nosotros les avisaremos.

Sus ojos chocolate me fulminaron y luego se resignaron. Ella asintió levemente y volteó donde la niña, que había estado callada todo este tiempo. Temblaba y estaba encogida sobre su mano, que sangraba.

- ¡Alice! ¿Qué… qué te pasó? –preguntó su hermana mayor, temiendo lo peor. La interpelada levantó la vista, y lo único que sus ojos expresaban, era un profundo miedo.

- Bella –lloriqueó. Gruesas lágrimas se deslizaban por su demacrado y frágil rostro- Creo… creo que me ha mordido.

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Bueno, bueno, bueno…

Drama, oh sí.

Jaja sólo les quería avisar que el siguiente capítulo no va a tener el POV de Edward. Sé que se supone que es una historia contada por él, pero creo que es más interesante así :)

Muchas gracias por leer y por todos los comentarios que ponen :) ¡Son muy motivantes, créanlo!

Rose L. Hale