"Una Familia"


Henry había regresado a la fiesta mientras Emma y Regina discutían en el pórtico del restaurante, pero algo en su interior le decía que era mejor revisar cómo iban las cosas entre sus dos madres afuera. Las conocía demasiado bien y presentía que esa conversación no terminaría agradablemente, y el curioso y escurridizo joven se movió junto a la ventana para observar por entre las persianas a ambas mujeres.

Después de unos minutos de lo que era un aparente reclamo de parte de Regina a Emma, el muchacho vio el momento en qué su mágica mamá desapareció tras la cortina de humo púrpura. Henry de inmediato se dirigió a la puerta para preguntar a Emma qué había sucedido, pero al salir solo le vio el polvo pues ésta se fue en su ruidoso Volkswagen antes de que pudiera alcanzarla.

Una pequeña salió del comedor tras de Henry y le preguntó a dónde había ido su madre; él le tomó de la mano y le dijo que estaban jugando a las "escondidillas," para no enfadarla, y que tenía una buena idea de dónde encontrarla. Los dos se escaparon de la fiesta en la bicicleta del inquieto muchacho y les tomó algo de tiempo el llegar hasta el mausoleo de la familia Mills, donde Regina y Emma se encontraban.

- "No hagas ruido." Le dijo Henry a la niña y ella tapó su pequeña y rosada boca con una de sus manitas.

Henry tomó de la otra mano a su pequeña hermana y juntos bajaron la escalera muy silenciosamente, hasta que escucharon mejor las voces de ambas mujeres y se detuvieron en el pasillo, escondiéndose tras un viejo armario que ocultaba su presencia de los ojos de su madre.

- "No es tu confusión lo que me preocupa." Regina le dijo a Emma.
- "Entonces Henry será quien me despierte y yo jamás volveré a molestarte." Respondió Emma con tristeza.
- "¿Es este?" Emma preguntó después de un breve momento.
- "No, y no lo voy a hacer." Regina contestó molesta.

Pasaron algunos minutos y Henry observó desde su posición oculta a Emma buscar entre los baúles, y a Regina "tratar" de ignorar a Emma mientras lo hacia. Eso fue hasta que la rubia sacó una larga aguja del fondo de uno de los cofres y de inmediato el semblante de la alcaldesa se distorsionó en terror.

- "Perfecto." Escuchó decir a Emma antes de pinchar su dedo.
- "Idiota! ¿Qué has hecho?" Regina gritó.

Regina apenas alcanzó a sostener a Emma en sus brazos antes de que cayera en peso completo al piso, y con su cuerpo amortiguó la caída de ambas al frío y duro piso de piedra.

- "Emma, por favor no me hagas esto. No sé si mi amor por ti sea suficiente, y Henry… no quiero perder su confianza. Me costó demasiado recuperarla." Regina imploró mientras sacudía su cuerpo inerte.
- "Bésala." La voz de Henry hizo eco en la catacumba.
- "¿Henry?" Regina volteó hacia el pasillo y le vio venir acompañado de su pequeña.
- "Es lo que Má te pidió, ¿no? Hazlo, mamá. Confío en ti." Henry le respondió y Regina estaba impresionada.
- "Esto es tonto, Henry. Tu lo harás." Regina dijo y se movió a un lado para que Henry besara a Emma.
- "No. Eso no es lo que Emma hubiera querido, además debemos saber. Eres tú a quien ella quiere, mamá." Henry insistió.
- "Está bien… pero no quiero que miren." Regina se sonrojó y Henry sonrió.
- "Nos vamos a dar la vuelta." Henry respondió, y él y la niña se voltearon para dar privacidad a su madre.

Regina volvió a tomar a Emma en sus brazos; movió uno de sus rizos dorados que le tapaba el rostro y admiró por vez primera su fina belleza con detenimiento. No es tan diferente de Leonel, mi príncipe… ahora princesa.

Aunque su cabello había sido negro en aquel encuentro, sus ojos eran los mismos verde jade de ese día; sus labios finos y suaves eran también aquellos que había probado una vez, hace mucho tiempo antes; su rostro angular y esa piel tan tersa como aquella noche… Era la misma persona que había amado entonces, la misma que aún amaba y que con este beso sabría si había encontrado su final feliz; su amor verdadero.

- "Emma…" Susurró Regina mientras se inclinaba sobre ella y labios carmesí se unieron a rosados en un delicado beso de inocencia, esperanza y promesa.

Una brillante explosión de luz arcoíris recorrió la catacumba, el bosque y todo Storybrooke, hasta que pasó por el restaurante y todos quienes estaban en la fiesta quedaron atónitos por un momento. "Qué acaba de suceder?" Se preguntaban mutuamente, pero cualquier cosa que haya sido, era positiva pues ya conocían bien que éste era el efecto del rompimiento de un hechizo. Esto era el poder del amor verdadero.

- "Lo hiciste!" Henry comentó con alegría y se dio la vuelta para ver a sus madres, y una de sus cejas se arqueó hacia arriba cuando las vio bien juntas, ya que Emma había rodeado el cuello de Regina con sus brazos y la había jalado hacia ella con fuerza para prevenirla de que escapara de sus labios.

- "Espera." Regina trató de informar a Emma de la presencia de su hijo. "Hay alguien que—" Trató de nuevo pero la rubia no le permitía romper el beso.

- "No." Emma murmuró y continuó besándola con apasionamiento, hasta que la voz de una tos fingida de Henry le hizo darse cuenta de la presencia de su hijo.

- "Coff-coff." El joven dijo fuertemente.

- "Dios mío, Henry! Qué haces aquí?" Emma se sonrojó y rápidamente se incorporó y limpió el lápiz labial rojo que los labios de Regina habían dejado sobre los suyos.

- "Pues imaginé que las encontraría aquí. Son tan predecibles." El roló sus ojos con sarcasmo.

- "Y tu eres un mocoso malcriado." Emma dijo con risa. "¿Y quién es esa pequeñita que no te suelta la mano?" Le preguntó Emma pues era la primera vez que la veía.

- "Esa es mi hija." Regina respondió y Emma abrió los ojos bien grandes sorprendida con la respuesta.

¿Qué más cambios había provocado con su viaje al pasado? Acaso Regina y Robin habían tenido a esta pequeña?

- "A quien pareces no recordar." Regina dijo al ver la expresión atónita de Emma.

Regina entonces entendió que Emma tenía diferentes memorias que ellos, pues apenas había regresado de su viaje en el tiempo y para ella las cosas eran diferentes. Eso significaba que Regina no había tenido hijos propios antes.

- "Emma, hay alguien que quiero que conozcas." Regina le dijo nerviosamente.

Regina hizo una seña con sus manos a la pequeña para que viniera hacia ella, la elevó en sus brazos y Emma observó con curiosidad y algo de incomodidad a la niña de piel morena clara. Ojalá no sea de Robin… Era lo único que Emma pensaba.

- "Hola." Emma saludó a la niña.

La pequeña se volteó tímidamente y ocultó su rostro en el cuello de su madre. Regina nunca le había permitido acercarse a la Sheriff, solamente Henry podía tener contacto con Emma porque era su madre biológica, y la alcaldesa había protegido con celo a su niña más pequeña; a ella nadie se la quitaría.

- "¿Qué edad tienes, princesa?" Emma le preguntó.

La nena miró a su madre y Regina le dijo que estaba bien que le respondiera a Emma, y la pequeña sintió confianza de hablar con la mujer rubia a la que su mamá nunca antes le había permitido cruzar palabra con ella.

- "Tres… Cuatro." La niña levantó sus dedos para señalar su edad y miró a su mamá de nuevo.

- "Así es, cariño, acabas de cumplir cuatro." Regina sonrió y besó su mejilla.

Emma no podía dejar de ver a ambas, pero lo que más le llamaba la atención eran los ojos de verde jade que poseía la pequeña, y esos pequeños risos dorados que adornaban su linda cabeza. No se parece mucho a Robin… De quién será?

- "Yo jamás pude entender el dorado de su cabello… No hasta este día." Regina le dijo a Emma. "Ella es la razón por la cual activé el hechizo que nos trajo aquí. Yo no quería que creciera en un mundo en el cual su madre era la…" Regina paró un momento y Emma entendió que se refería a la Reina Malvada.

- "Entiendo." Emma respondió y se acercó lentamente a ellas, con su mano acarició la mejilla de su hija y se sintió igual de impactada que el día en que Henry apareció en su puerta diciendo que era su hijo. Ella también era sangre de su sangre.

Las memorias de los cambios que hubo en Storybrooke después de su viaje al pasado comenzaron a llenar la mente de Emma, y ella pudo al fin recordar a esa pequeña niña que conoció el día en que Leroy y Mary Margaret vendían velas para un evento de caridad en el monasterio de las hadas. Regina había asistido, pues era la alcaldesa, y traía consigo a una linda bebé de dos años de edad en su carriola.

Emma recordó entonces la ridícula historia que Henry le había contado muy al principio, durante su viaje de Boston a Storybrooke, acerca de su hermana "mayor" que estaba "congelada" en dos años de edad y nunca crecía. Qué gran imaginación. Emma había pensado en ese momento.

- "Nina." Emma dijo el nombre de su hija después de recordarlo. "¿Me regalarías un abrazo?"

- "Si." La pequeña sonrió y se sonrojó, y Regina se la dio a cargar a Emma. Su familia también había sido reunida al fin.

Se fueron todos juntos de vuelta al Comedor de la Abuela y después de que entrara Henry, todos en la fiesta se sorprendieron al ver entrar a Regina y Emma con sus manos unidas, y la pequeña Nina cargada en el costado de Emma. Qué extraña similaridad. Todos notaron en ese momento el singular parecido entre ellas; parecía más hija de Emma que de Regina, aunque su piel era más bronceada y sus pómulos menos pronunciados.

Henry se fue a buscar asiento para su familia de cuatro y todos estaban confundidos al ver los dedos de Emma y Regina entrelazados. Era esto parte de un nuevo embrujo? Sospecharon, pero no podía ser pues el efecto de luz que vieron antes era de hecho el rompimiento de un hechizo.

- "Entonces…" David comenzó con confusión pero no supo que decir luego.

- "Les presento al amor de mi vida y a nuestra hija." Emma continuó por él y todos se quedaron boqui-abiertos.

- "¿Estás bromeando, hermana?" Le preguntó Leroy abruptamente y Regina le lanzó una mirada de odio.

- "Mi mami dio a Emma un beso de magia!" Nina dijo muy emocionada y ahora si todos estaban en shock.

- "Sip. Mi mamá le dio a el beso de amor verdadero y rompieron un hechizo. Soy testigo y ahora—por fin—podremos vivir en paz." Henry les dijo antes de que nadie dijera que era una trampa.

- "Ya era hora." David murmuró y le dio un trago a su cerveza.

- "¿Perdón?" Regina le preguntó confusa.

- "Yo no dije nada…" David evadió y fingió demencia.

- "Era de esperarse…" Dijo Mary Margaret y Emma la volteó a ver con incredulidad.

- "¿De qué hablas?" Le pregunto su hija.

- "Pues en el Bosque Encantado tu insistías que Regina no podía ser tan mala y hacías gestos cuando yo le llamaba la Reina Malvada. Hasta llegué a pensar que trabajabas para ella y eras su espía o algo." Le respondió Mary Margaret. "Ni siquiera porque casi me mata dejaste de verla como Regina."

- "Bueno yo… es que." Emma se mordió el labio inferior.

- "Y esta mujer…" Hook señaló con su garfio a Mariana. "Acaba de compartir una interesante historia de prisión. Dice que el Príncipe Leonel ablandó a la Reina Malvada por una noche… Eso es mala forma, Swan." El pirata dijo molesto después de dar otro trago a su bebida, ya se encontraba muy ebrio.

- "Esa era información innecesaria, gracias." Mary Margaret protestó con molestia.

- "Bueno… ¿Podríamos regresar al festejo de la bienvenida de nuestro hijo Neal?" David les pidió para cambiar el incómodo y embarazoso tema que a todos había hecho levantar sus cejas en desapruebo.

- "Será mejor que continúen sin nosotras… De hecho, ¿sería mucho pedir si Henry pasa la noche en su casa?" Emma le pidió a sus padres con una sonrisa nerviosa.

- "¿Pero, por qué? Por qué se van tan temprano, Emma?" Su mamá respondió contrariada.

- "¿En verdad quieres saber?" Regina sonrío con malicia y deslizó su mano alrededor de la cintura de Emma sugerentemente.

- "Prefiero no saberlo." La mujer de cabellos cortos movió su cabeza en negación.

- "Noche de pijamas, Henry." Dijo David y puso su brazo alrededor de su nieto.

- "Pijamada! SI! Yo también puedo, mami?" Le preguntó Nina a Regina con grandes ojos de alegría.

- "No sé… ¿Si no es problema?" Regina preguntó con dificultad a su antigua archi-enemiga.

- "Claro que no es problema! Siempre quise tener cerca a esa pequeñita que me recordaba tanto a Emma. Ahora que sé el por qué de su semejanza, deseo más que nada formar parte de su vida." Mary Margaret dijo emocionada.

Blanca Nieves le entregó a David su pequeño príncipe Neal, luego se dirigió hacia Emma y con una gran sonrisa y lágrimas en su rostro, tomó a Nina de los brazos de su hija mayor. Eran casi idénticas y el ver a esta diminuta versión de Emma le llenaba de emoción de verla crecer; sería lo más cercano a ver crecer a su hija.

- "Hola, Nina. Soy tu abuelita Mary y vamos a tener una linda pijamada." Le dijo a la pequeña y ella sonrío.

- "Siiii! Y… y va a haber chocolate?" Nina preguntó entusiasmada.

- "Claro que si, corazón! Dime cómo te gusta y yo te lo haré en casa." Mary le respondió.

- "Con canela!" Contestó Nina y Regina volteó los ojos con falso enojo.

- "Sin duda eres de la familia." Mary sonrío y Regina expiró, no del todo contenta con esa aseveración, pues por décadas había odiado a esa "encantadora" familia de idiotas.

- "Entonces nosotras nos retiramos. Nos vemos mañana en el desayuno." Emma dijo a sus padres y se despidió del resto.

Todos volvieron a la fiesta y, aunque el murmullo del chisme se podía escuchar en algunas mesas, no era algo que les molestara mucho pues tenían ahora una familia completa y su hija mayor había encontrado el amor verdadero, y también lo había hecho Regina. Ya no habrían más peleas entre ellas y la Reina Malvada había dejado de existir gracias al amor de su Salvadora. La paz al fin había llegado a su reino.

- "Entonces déjame entender esto… Emma se convirtió en hombre en el pasado y se folló a Regina y le hizo una hija?" Smee le preguntó a Hook, ambos bien borrachos ya.

- "Si, cabrón. Esto apesta." Hook respondió deprimido.

- "Jajaja! Te lo mereces por pendejo. Siempre se le notó a esa vieja que le gustaba la alcaldesa. A pero qué güey estás!" Le dijo su amigo pirata.

- "Qué NO, imbécil! Fue culpa del maldito cocodrilo!" Hook se enojó y estaba a punto de golpearlo cuando David apareció tras ellos.

- "A ver ustedes dos, guarros, para afuera. No los quiero en nuestra fiesta." David les jaló de sus chaquetas y los sacó del restaurante.

Después de ese breve incidente, todos regresaron al festejo y Emma y Regina finalmente arribaron a la mansión de la alcaldesa para pasar una velada a solas. Ahora eran madres de dos hijos y rara vez tendrían noches libres para ellas.