Para Bien O Para Mal.

Mara Loneliness.


"Cualquiera habría creído, al mirarlos, que eran una pareja feliz, animada y sin el menor problema. Cualquiera hubiera pensado al estar cerca de ellos que la dicha era la orden del día y envidiarlos una consecuencia inevitable."

Fue todo lo que pudo leer antes de dejar aquella revista sobre su escritorio y levantarse a observar por la ventana. Se encontraba en su oficina, en el último piso de un enorme rascacielos que él y su mejor amigo habían construido cuando la compañía fue reconocida a nivel mundial y hubo que mudarse a un lugar más grande, ellos eran los nuevos cabecillas.

Él siempre había sido un hombre llenó de entusiasmo que hacia lo que amaba. Se había graduado en arquitectura antes de los veinticinco y había trabajado duro como aprendiz en una de las más prestigiosas compañías de construcción en todo el país, ahora él y su mejor amigo eran socios y los dueños de aquella constructora. Un sueño hecho realidad.

Su vida laboral era un gran triunfo.

Antes de los treinta él y su socio estaban en la cima del mundo. Sus rostros aparecían repetidas veces en las revistas de millonarios y, por qué no decirlos, en las revistas del corazón más populares del país. Eran los solteros más cotizados antes de cumplir los treinta, y vaya que lo disfrutaban. Él, particularmente había adorado y disfrutado bastante ser tan popular; su carisma natural y desinhibición le habían valido para tener siempre las más bellas mujeres de la farándula. Hermosas, portentosas, espectaculares... pero terriblemente frías, huecas y superfluas. A los treinta y dos años había decidido que por más guapas que fueran no era prudente tener nada serio con ellas, pues siempre le causaban problemas, así que había preferido dejar a esas mujeres para los flirteos y los ratos de ocio en los que necesitara simplemente pasar el rato.

No era de los que se lamentaban, de hecho prefería hacer de tripas corazón y seguir adelante, aunque tampoco era que tuviera muchas opciones. No quería preguntarse porque seguía conservando aquella vieja revista en el cajón de su escritorio, y tampoco quería preguntarse qué tanto seguía afectándole aquello, pero lo cierto era que ahí estaba a las once de la mañana aun en su oficina bebiendo coñac y deseando que las cosas hubieran sido, aunque sea, un poco diferente.

Miró de reojo la revista en donde él y su ex esposa aparecían cada uno en una mitad de un corazón roto, ¡esas revistas eran un jodido chiste!

Suspiró cansado. Con el pasar de los años, no podía evitar pensar en lo que pudo haber hecho diferente, en las cosas que no debió haber dicho, o las que si debió decir...

Ya había bajado del edificio, dejándole a su secretaria a su socia claro que no quería que nadie lo molestara aquel día, y al cerrar la puerta de su auto luchó por alejar aquellos pensamientos tristes de una vez por todas. Aunque no pudiera dejar de pensar en Robin ni un solo día.


La peliazul se dejó abrazar por la morena, aunque no pudo contener su pesar—. Me da pena contigo, Robin.

La aludida le sonrió—. Te hace falta ser un poco más egoísta.

Vivi se mordió el labio inferior—. No puedo.

—Es una tontería que no disfrutes ese día por sentirte mal por los demás —sentenció la arqueóloga—, no quiero imaginarme como te pondrías al meditar que millones de personas están muriendo en este momento.

La peliazul emitió un chillido de angustia.

Nami suspiró mientras observaba a la arqueóloga reír—. Bien, ya basta —se puso de pie y rodeó a las dos chicas para sujetar a su amiga del bachillerato por los hombros—. Hoy es un gran día y lo vas a disfrutar.

—Pero...

La pelinaranja le sonrió de manera maternal—. Robin sólo está siendo ella —amabas miraron a la mayor, quien les sonrió amablemente—. Es tu boda, así que relájate.

La peliazul rió con nerviosismo—. Eso no ayuda mucho.

Nami mordió sus labios al darse cuenta que no estaba siendo de útil.

—No te preocupes —sentenció la morena, sentándose en la cama—. El pasado ya paso y el futuro es insondable. Hoy sólo importa que vas a entregar tu vida al hombre que amas, para bien o para mal.

Las jóvenes sonrieron conmovidas y ella dibujo esa sonrisa que llevaba años ensayando tan bien, esa que parecía real y sincera, esa que dibujaba cuando sentía que un pedacito de su corazón se desmoronaba para ya no volverse a levantar.

El padre de Vivi entró y alabó la belleza de su hija con toda la dulzura y amor que sólo puede mostrar un padre en un momento cómo aquel, y tomándola del brazo la guió al último lugar al que quería llevarla, pero al único dónde sabía que tenía que acompañarla hasta el final, cómo su primer día de escuela, en el que se moría de miedo por dejarla ir sola, pero que sabía que era algo que tarde o temprano iba a pasar. Al final había descubierto que su pequeña había crecido, igual que ese día, por más que él siguiera viéndola cómo una niña, su pequeña había crecido. Ahora era una maravillosa y hermosa mujer, y cuál mariposa que rompe su crisálida estaba a punto de emprender el vuelo.

Nami anduvo tras ellos ajustando el vestido y el velo, apurándole el ramo y haciendo su papel de dama de honor.

Robin suspiró con pesadez en cuanto se quedó sola. Era otra de las madrinas así que sabía que no debía tardarse. Se miró al espejo, se ajustó el entallado vestido fucsia y se retocó el maquillaje, dibujando esa sonrisa que tantas veces había ensayado.


Condujo con la música a todo volumen, cantando a pulmón las letras de "Soul King", así que no le sorprendió llegar sin pensar más las cosas.

—¡Franky! —La alegre voz de Luffy lo recibió con entusiasmo—. ¡Es genial que vinieras! —El chico no había cambiado mucho en aquellos años, pese a todo lo que había tenido que vivir. Estaba tan sonriente cómo siempre, ataviado con un elegante esmoquin negro.

Usopp lo apartó del peliazul, para que lo dejara entrar—. Esta más hiperactivo que de costumbre —se burló—. No le hagas mucho caso.

El peliazul les sonrió—. No iba a privarlos de mi SUPER presencia —sentenció mientras hacia una pose infantil provocando las risas de ambos.

—Espero que esta vez asistan todos —sentenció el de cabello rizado una vez que las risas cedieron—, la última vez las cosas estaban muy desanimadas.

El mayor los abrazo a ambos por los hombros—. Esta es una ocasión especial y no iba a perdérmela por nada del mundo —les aseguro para animarlos—, y te aseguro que ninguno lo hará.

Luffy sonrió ampliamente—. ¿De verdad lo crees?

Franky le revolvió el cabello de manera fraternal—. Eres el chicle que nos mantiene unidos —informó con obviedad—, nadie va a perderse tu boda.

El trio rió animada y sonoramente, sobresaltando a varios meseros que transitaban por el lugar. El timbre volvió a sonar, pero en esta ocasión no fueron ellos quienes abrieron, sino uno de los empleados de la mansión.

—¿A qué hora abrimos las cervezas? —la voz del pelirrojo los hizo voltear. Eustass llegó acompañado de su hermana y su mejor amigo, quienes abrazaron al ataviado novio, estrujándole el traje.

—¡Hey! —Una voz seria los interrumpió —. Estas arrugando el traje —regaño Sabo a su hermano menor, ajustándole la ropa y acomodándole el cabello.

Luffy se retorció un poco fastidiado—. No es para tanto.

El mayor de los D suspiró pesadamente—. Créeme, si hay un día que no querrás parecer vagabundo, ese es hoy.

—¡Iremos al buffet! —sentenció la pelirrosa mientras andaba con los chicos rumbo al jardín.

Luffy se estiró tratando de verlos—. ¿Van a venir Zoro y Law?

—Seguro no tardan —respondió Kid con indiferencia.

Anduvieron con entusiasmo por el jardín. La chica concentro su atención en la enorme mesa de buffet que aún estaba siendo servida. El rubio silbó ante tanto lujo mientras Usopp les contaba la "historia" de las esculturas que estaban adornando magnánimamente el jardín.

Kid dio una patada al césped—. Esto es un circo —comentó con fastidio.

El grupo guardo silencio y lo observó con curiosidad—. No deberías decir eso —sentenció Usopp, quien ante la mirada fulminante que recibió se ocultó detrás de Franky, pero no por ello dejó de hablar—. Creo que todo el mundo sueña con este día.

El pelirrojo se burló de manera despectiva—. No Law y yo.

Bonney masajeó su cuello, nerviosa—. Tú estás seguro, qué Law no... —Cuestionó con tiento—, lo han hablado.

—No tenemos que hablarlo —zanjó enfadado—. Es ridículo —sentenció con obviedad—. Es un gasto inútil y no es garantía de nada... nada está asegurado —concluyó de manera sombría.

Killer observó la manga doblada de su saco, en el lugar donde debería estar su brazo, al igual que el resto, pero sólo él se atrevió a acercarse y sujetar su hombro. Cuando eran jóvenes habían soñado con tener su propio grupo de rock, y cuando más cercano parecía aquel sueño, todo se había zanjado de golpe con accidente brutal. No había mucho que decir. Algunos habían muerto y otros habían sobrevivido terriblemente destrozados—. Eustass...

El pelirrojo sacudió el hombro, apartándolo con brusquedad. Tomó una botella de whisky de la bandeja de un mesero que pasaba por ahí y le dio un largo sorbo—. Las bodas son inútiles —continuó—, y generalmente no duran para siempre —zanjó apartándose del grupo.

La mayoría vio a Franky de reojo, pero no dijo nada al respecto. El ambiente ya estaba demasiado tenso como para decir cualquier cosa.

El mayor les sonrió despreocupadamente y se alzó de hombros—. Jóvenes —dijo a modo de broma, cómo si aquello explicara todo. Hubo risas nerviosas y el grupo se disipó, dejándolo sólo. Bonney y Killer fueron a buscar a Kid, para evitar que se emborrachara demasiado temprano acabara arruinando la boda. Usopp tenía que ir por su esposa embarazada para acompañarla, tenía treinta y dos semanas y la paranoia no le permitía dejarla sola más de quince minutos.

Franky metió las manos en sus bolsillos y comenzó a recorrer el lugar, observando cada detalle tan cuidadosamente colocado, desde los lirios a modo de luces colgados majestuosamente alrededor de la los asientos, hasta el portentoso altar que el mismo había tallado a mano para el novio.

Suspiró pesadamente. Luffy era la goma que los unía a todos, aunque lo dijeran de broma en el fondo sabía que era verdad, pues de una u otra manera todos se habían conocido gracias al pequeño, incluso Robin y él.

"Ella era tutora de Luffy cuando este iba en la preparatoria, ella estaba en la universidad estudiando arqueología, pero daba clases particulares para sustentar sus estudios. Su tutor, Saul D Jaguar era primo tercero del abuelo de Luffy, así que ella era parte de la familia y ayudaba de vez en cuando al pequeño desastre de los Monkey D.

Franky era un reconocido arquitecto y había sido solicitado para restaurar el mausoleo de la familia, y aunque él no solía aceptar ese tipo de trabajos, su socio y casi hermano lo había apremiado a que lo tomara por las influencias y contactos que tenía la familia Monkey D en el mundo.

Había aceptado aquel trabajo de mala gana, pero al final ni siquiera había pensado en ello, no después de ver por primera vez la escultural y hermosa figura de la morena en picnic en el jardín en compañía del curioso niño mono.

Luffy era muy activo, o más bien hiperactivo, además de extremadamente curioso. Había acabado pegado a él haciéndole preguntas sobre su trabajo la primera semana, por consecuencia la hermosa morena había terminado presentándose. Al poco tiempo el chico se aburrió de curiosear por ahí, pero él y Robin se encontraron charlando de arquitectura medieval, compartiendo datos históricos sobre aquella construcción y disfrutando de la compañía del otro con una familiaridad embriagadora.

Ambos amaban la historia de la arquitectura, admiraban a los mismos grandes maestros y disfrutaban de las mismas citas, libros y parajes. Ellos eran el uno para el otro..."

Un nuevo suspiró lo sacó de su ensimismamiento. Observó como las personas comenzaban a llegar y a tomar sus respectivos lugares y miró su reloj. La ceremonia estaba a punto de comenzar, presionó el puente de su nariz para relajarse.

— ¿Nostálgico?

La voz de Zoro acabó de espabilarlo—. Creo que es inevitable —respondió alzándose de hombros.

El peliverde le palmeó la espalda a modo de consuelo—. Seguro un día ya no dolerá.

Franky sonrió y contempló el altar una vez más—. Es justo lo que me digo cada mañana.

Hubo un silenció triste tras aquellas palabras, un silenció que Law disipó un poco aclarando su garganta—. Eustass ya llegó.

El mayor le sonrió y asintió con la cabeza, y Zoro suspiró y giró los ojos con fastidio—. ¿No puedes estar cinco segundos sin preguntar por él?

Antes de que Law respondiera una sonora carcajada de Franky lo interrumpió—. Es su novio Zoro, qué esperabas.

—Un poco penos de dependencia, quizás —se burló.

Law frunció el ceño con incredulidad al tiempo que negaba con la cabeza—. Yo no dependo de él—se defendió—, sólo me preocupa —suspiró mirando a su alrededor—. La ultima boda a la que fuimos se subió al escenario completamente ebrio y azotó a los músicos por tocar "basura" —les recordó en un susurro, llenó de vergüenza.

Ambos recordaron el desafortunado incidente en la boda de Usopp y Kaya. Rieron bajito. Aquello había sido un show con letras mayúsculas. El pelirrojo había tenido un ataque de desesperó ante la suave música que no paraban de tocar y que estaba durmiendo a todos los invitados y se había subido al escenario a "enseñarles" cómo debía hacerse aquello. Usopp había tratado de bajarlo y había terminado con la cara en el ponche.

Franky finalmente optó por decirle hacia donde se había ido, no sin antes advertirle que había escapado con una botella de whisky en las manos. El cirujano se fue a toda velocidad en busca de su problemático novio, y Zoro se despidió amablemente, después de todo él era el padrino y debía estar en la ceremonia junto a Luffy.

Una vez más se quedó solo, observando todo envuelto en la nostalgia...

"La noche después de que terminara con la restauración la familia Monkey D había ofrecido una ostentosa fiesta en su honor. Una cosa si era segura Iceburg sabía de relaciones públicas, pues se había presentado al evento y había dado el mismo la mayoría de las ruedas de prensa promocionando la compañía que recién habían comenzado a dirigir juntos. No obstante él estaba completamente absortó en sus propios pensamientos.

Aquel día era el último que iba a estar en aquella mansión.

—Deberías estar feliz.

Levantó la vista para encontrarse con la sonriente mirada de Luffy, quien llevaba una soda en lata abierta y otra cerrada que le estaba ofreciendo.

Franky le sonrió y aceptó la bebida de buena gana—. Lo estoy —aseguró—. No todos los días hacen una fiesta en honor de uno.

Luffy rió—. Te sorprendería la clase de fiestas que hacen aquí —luego dio un gran sorbo a su bebida, para acabársela y eructar escandalosamente—. Es asombroso el trabajo que hiciste.

El arquitecto sonrió con orgullo ante aquel cumplido—. Dudo que la mitad de los presentes entiendan un pelo al respecto.

—No lo hacen —reconoció el menor mirando el bullicioso gentío que se daba aires de conocedor ante los reporteros—. La mayoría con suerte leyó un artículo al respecto en el periódico —dijo sin borrar su amplia y jovial sonrisa, al tiempo que hurgaba su nariz descuidadamente—, los demás son felices inflándose el ego con falacias.

Franky abrió y dio un sorbo a su soda—. Eso no es muy alentador.

—Funciona igual —respondió el pequeño alzándose de hombros—. Contrataran tu compañía dándose aires de expertos por hacerlo y seguirán inflando sus egos en embustes y banalidades.

El peliazul observó a los adinerados invitados reconociendo la verdad en las palabras del menor.

Luffy se sujetó la nuca con ambas manos, regresando a su relajado semblante de siempre, cómo si no hubiera dicho nada aun—. La única que entiende esto de verdad es Robin, y en lugar de estar aquí vanagloriándose por eso, está en el mausoleo, contemplándolo —el mayor lo miró desconcertado—. Es una pena que tengas que irte —le sonrió con sinceridad—, ella de verdad disfrutaba tu compañía."

Se sentó en su lugar tras otro pesado suspiro. Extrañaba todo, cada detalle de ella, desde su sonrisa falsa hasta su sincera y armoniosa risa real, desde su triste mirada llena de miedos y secretos, hasta aquellos ojos que lo habían mirado llenos de amor, sólo a él. Cada detalle que recordaba en ella era perfecto, su amor por la arquitectura y la arqueología eran una de las cosas que más le gustaban, pues no la veían tan feliz salvo cuando hablaba de su trabajo.

En poco tiempo se encontró acompañado por el gruñón grupo de Law, quien se disculpaba con todos los invitados, llenó de vergüenza, mientras Kid no paraba de decirle que no les debía nada a esa bola de ricachones engreídos y lanzaba uno que otro gruñido ante las miradas desaprobatorias que recibía de los aludidos. Sin duda el pelirrojo se había bebido toda la botella de whisky a capela.

La marcha comenzó a sonar y uno a uno comenzaron a desfilar por la alfombra los padrinos y las damas de honor, donde iba ella...

"Luego de su charla con Luffy había ido al mausoleo, donde la hermosa mujer contemplaba los trabajos de restauración con genuina admiración, acariciando los pilares con extrema delicadeza.

Él se acercó a ella con sigilo, pero no con el suficiente—. Hiciste un trabajo asombroso —le dijo ella sin volverse a mirarlo, cómo si tuviera ojos en la espalda.

—No lo hice solo —admitió él.

La joven se giró a verlo incrédula—. ¿De qué hablas? —inquirió desconcertada—. Estuve contigo casi todos los días y no vino nadie más a ayudarte —le recordó.

Él caminó hasta a ella de manera decidida y sujeto sus pequeñas y suaves manos—. Así es —asintió—. No vino nadie a parte de ti.

Robin rió con suavidad y sinceridad—. No pensaras darme crédito por hacerte la charla —refirió—. No lo permitiría —se apartó de él para volver a contemplar el lugar—. Esto es, todo, obra tuya.

—Sólo lo restauré —la interrumpió, restándole importancia—. La belleza ya estaba aquí.

Ella se recargó en un pilar, observando el cielo estrellado—. Es una pena que tengas que irte —medió en voz alta, de manera desinhibida—. Tal vez no nos volvamos a ver.

—Puedo venir a visitarte.

—No si se estrella tu avión y mueres en el camino —respondió con ese tétrico humor negro que él ya le conocía tan bien, y que había aprendido a reconocer cómo una forma en la que ella ocultaba sus miedos al desastre, riéndose de ello.

El caminó hasta ella y la tomó de las manos, haciéndola mirarlo—. Si eso pasara jamás me perdonaría no haber hecho esto.

Aquella fue la primera vez que la besó, la primera vez que sus labios se encontraron con una desquiciante suavidad que poco a poco comenzó a volverse más apremiante, más desesperada... y quizás la habría tomado ahí mismo si las explosiones de los fuegos artificiales no los hubieran vuelto a la realidad."

El vitoreó general lo regreso a la realidad para contemplar a la feliz pareja besarse y escuchar a Luffy gritar con ganas "Estoy casado" mientras alzaba los brazos como si fuera la estrella de un show.


El evento fue majestuoso. Cómo no serlo entre semejantes y austeras familias. Cada detalle había sido planeado hasta el cansancio, una y mil veces.

Y así cómo había empezado, entre prisas, carreras y nervios, así había terminado. Los novios se despidieron para ir rumbo al aeropuerto en una limosina. Hubo lágrimas vítores, risas y finalmente todo había llegado a su fin.

Uno a uno todos los invitados comenzaron a irse, agradeciendo a los anfitriones y despidiéndose con alegría, después de todo la fiesta había sido un espectáculo de los grandes.

Nami se estiró cansada—. Es aburrido estar casada con el chef —se quejó afligida—, tengo que quedarme hasta que todos se vayan.

Robin le sonrió amablemente, como llevaba haciéndolo toda la noche—. Dudo que eso te moleste en realidad.

La peliroja rió—. Tienes razón —reconoció con emoción mientras se dejaba caer en uno de los mullidos sillones de la sala—. No se lo vayas a decir porque suele ponerse muy pesado —pidió a modo de secreto entre risas. A simple vista no lo parecía, pero había bebido demasiado—, pero amo estar casada con él —suspiró—. Es perfecto.

La arqueóloga le sujeto un hombro y le sonrió antes de darle un beso en la mejilla a modo de despedida—. Todos lo son, querida —luego de eso se alejó en silencio hasta el umbral. «Hasta que dejan de serlo.»

Salió de la enorme mansión y observo el hermoso y despejado cielo estrellado que adornaba con su manto, y su ensayada sonrisa se convirtió en una mueca pesarosa que le recordaba una noche similar años atrás, en la que había besado por vez primera al único hombre que lograría cruzar las barreras que había levantado en su vida.

"Nunca había conocido a su padre, y su madre, una famosa exploradora y arqueóloga la había dejado a cargo de unos amigos de su familia para ir a explorar el mundo y vivir los sueños que había planeado con su esposo. Las noches solitarias habían sido duras y pesadas, pero se había refugiado en los libros de su madre, sintiendo que la conocía cada vez que leía lo mismo que ella.

Una tarde, tras volver del colegio había un auto militar estacionado afuera de la casa donde cuidaban de ella. Esa tarde un almirante y un vicealmirante le habían explicado que su madre había muerto en circunstancias sospechosas y destrozaron la casa en busca de algo que ella no sabía que era...

Por la tarde y tras terminar de destruir todo su mundo, un hombre se acercó a ella mientas daba vueltas en un columpio de neumático en el patio de atrás—. No estés triste pequeña —le sonrió.

Ella lo miró con expresión vacía—. No tengo a nadie —respondió con una sequedad devastadora—. Sólo tenía a mi madre y nunca le importe.

El hombre rascó su nuca angustiado, pero se ordenó volverle a sonreír—. Nadie nace completamente solo en este mundo, algún día encontraras quien luchara por ti, y tendrás un sitio que llamar hogar —ella le miró, completamente desconcertada—. ¡Maten siempre esa sonrisa!

Y eso había hecho. Había sonreído siempre, aun cuando por dentro se estuviera muriendo, aun cuando el dolor la consumiera lentamente, siempre había sonreído con la esperanza de encontrar a esas personas.

Cuando dejó su pueblo natal para ir a la ciudad, donde Saul, el vicealmirante que la había animado de pequeña, le había ofrecido un hogar, había pensado que toda esa esperanza estaba cayendo en saco roto.

Conoció a Luffy y a sus amigos, y por primera vez en su vida sintió que realmente pertenecía a alguna parte, que realmente había personas a las que podía llamar familia."

Limpió sus ojos antes de solicitar su auto al acomodador. Sonrió otra vez, después de todo era lo mejor que sabía hacer...

"—Quieres por favor quitar esa estúpida y falsa sonrisa y tomarme en serio por una vez en tu vida.

Franky estaba molestó aquella noche, lo recordaba con claridad. Llevaban un par de años casados, pero desde que ella había terminado su maestría y había comenzado de a hablar de ir a unas excavaciones en Egipto para hacerse de su doctorado las cosas se habían tornado muy tensas entre los dos.

Ella siempre evitaba discutir. Sonreía e ignoraba los problemas para mantener la paz entre los dos, pero con el tiempo se estaba dando cuenta que aquello lo único que lograba era hacerle daño. Sentía que se estaba rompiendo por dentro poco a poco, y estaba segura que pronto no podría soportarlo más... aun así le sonrió a su esposo, tratando de calmarlo—. No sé de qué estás hablando —mintió.

Él caminaba de un lado a otro por la habitación como un animal enfurecido, tratando de calmarse un poco—. De ESA sonrisa —enfatizo al tiempo que la señalaba—, la que pones cuando crees que lo que digo no importa y me ignoras evadiendo los problemas.

Ella lamió sus labios tratando de mantener la calma—. Yo no creo que lo que dices no importa... —susurró.

—Pero siempre haces lo mismo —sentenció él—. Siempre sonríes así, cambias el tema y evades todo.

Robin apartó la mirada con culpabilidad. Jamás había hecho aquello para molestarlo, sólo intentaba llevar las cosas en paz... en armonía—. No es lo que crees...

—Entonces hablémoslo de una vez —la interrumpió él—. ¿Qué hay de nuestro futuro, de nuestra familia?

—Nada tiene que cambiar —respondió ella con calma—, nos veremos durante las vacaciones y todo seguirá como hasta ahora...

— ¿Y cuándo se supone que tendremos hijos? —La interrumpió otra vez— ¿Cuándo daremos el siguiente paso?

Ella suspiró con pesar, pues había estado evadiendo aquello desde el primer día que él lo mencionó—. No quiero hijos...

— ¿Desde cuándo?

—Desde que mi madre me abandono con unos extraños para recorrer el mundo.

Hubo silencio, un silencio frio y desolador que le quemaba el alma.

Franky se sentó en el sofá y se frotó el rostro con desesperación—. Yo no soy un extraño.

—Eso da igual —zanjó ella—, no voy a tener hijos para dejarlos abandonados.

—No tienes que hacerlo... —intentó razonar él.

— ¿Y qué sugieres? —esta vez fue ella quien lo interrumpió—. Debo renunciar a mis sueños para que tú cumplas los tuyos...

Aquella noche había sido el principio del fin, de un final prolongado más de la cuenta. El final, según lo veía ella, de algo que no debió ser."

El acomodador llegó con su auto, y ella agradeció con una dulce sonrisa.

Subió a su coche dispuesta a irse cuando el alboroto de otro de los acomodadores con uno de los invitados llamó su atención. Sonrió al reconocer el tupe del hombre que exigía su coche alegando no encontrarse en un "estado tan inconveniente"—. ¡Oye! —Le gritó, obteniendo fácilmente su atención —, ¿quieres que te lleve?

El del tupe paso de la sorpresa a la alegría en un segundo—. Con una mujer tan guapa me voy hasta la luna —soltó con galantería, haciéndola reír con sinceridad.

Ella le hizo una seña para que subiera y dejara al pobre acomodar en paz, quien suspiró aliviado al ver el coche alejarse en el camino—. ¿Dónde te dejo? —cuestionó ella con la mirada en el camino.

El contempló la escultural figura de su ex esposa con deleite—. En tu recamara... —respondió, un poco por el alcohol, un poco por la esperanza...

"Cuando finalmente habían firmado el divorcio habían ido juntos a su departamento en una especie de catarsis.

Robin había ido a su habitación a por sus maletas mientras Franky se había dirigido al bar a servirse un coñac—. ¿Estas segura que no quieres el departamento? —inquirió él, por millonésima vez mientras lo observaba recogiendo sus cosas silenciosamente—. Esta es, después de todo, tu casa.

Ella negó con la cabeza—. No soportaría estar aquí —confesó. Franky podía contar con los dedos de una mano las veces que ella había sido completamente honesta, sin tapujos, sin mentiras... y esa había sido una de esas veces—, cada rincón de este lugar me recordaría lo que tuvimos y ya no será más.

Él se levantó y caminó hasta ella abrazándola desde la espalda, por la cintura, y besándole el cuello con suavidad—. No te vayas... —suplicó, desesperado—, arreglemos esto... yo...

—Ya firmamos todo —le cortó ella, apartándose de manera dolorosa. Cerró los ojos con pesar, pues desde que habían iniciado aquel doloroso proceso había añorado con escucharle decir aquello. Desde que había comenzado con el dolor del duelo había esperado que un indicio, cualquier cosa, lo que sea que le demostrara que él estaba dispuesto a continuar, a "luchar por ella". Esa tarde mientras firmaba los papeles de divorcio había dejado ir todo la esperanza que le quedaba en corazón, convenciéndose de que no quedaba nada más.

El peliazul volvió a besarle el cuello y la abrazó con más fuerza—. Quédate conmigo —suplicó una vez más, desesperado—, al menos esta noche...

La arqueóloga apretó aún más fuerte los ojos y negó con la cabeza mientras sonreía de manera apagada. Algo dentro de ella acabo de romperse, desquebrajándose tanto que el hueco que quedó en su lugar comenzó a sofocarla. Pronto necesito aire, espacio, salir de ahí...

Se apartó de su ex con desesperación y se giró a mirarlo con esa sonrisa ensayada que llevaba años perfeccionando—. Hoy no... quizá... en otra ocasión... —apretó los labios al terminar aquella frase, temiendo que se escuchara el quiebre de su voz. Tomó sus maletas y salió de ahí a toda prisa, sujetando su pecho, derramando su llanto... dejando todos y cada uno de los pequeños trozos de su alma en aquel departamento que alguna vez había llamado hogar.

Todo había terminado... para bien o para mal..."

La mujer negó con la cabeza mientras se estacionaba—. Estoy hablando en serio —sentenció con cierto grado de enfado en su voz.

Franky sonrió. Le daba gusto que fuera más expresiva y ya no tratará de arreglar todo con aquella falsa sonrisa—. Yo también —respondió con seriedad. Sujetó la mano que la mujer tenía en la palanca de las velocidades—. Robin... —ella lo miró con incredulidad e incertidumbre—, aun te amo —confesó, presionando aquella suave mano—. Nunca he dejado de amarte.

La aludida le sonrió con toda la dulzura y el amor que le había sonreído aquella noche bajo los fuegos artificiales. Lentamente se inclinaron el uno hacia el otro y se besaron con suavidad. Ella le acarició la mejilla con todo el amor que sentía en su corazón—. Yo también te amo —respondió mientras se apartaba de él poco a poco.

Franky pudo sentir como aquella oportunidad se le escapaba de las manos. Escuchó los seguros del auto abrirse y comprendió la despedida—. Pero no es suficiente... —suspiró con pesar.

Ella negó con la cabeza mientras lo contemplaba desabrocharse el cinturón y bajar del coche—. A veces el amor no es suficiente.

Él se inclinó en el umbral del coche con una mueca que intentaba hacer pasar por una sonrisa—. Me dio gusto verte —confesó con voz ahogada mientras cerraba la puerta y la observaba a través de la ventana—, estás más hermosa que la última vez...

—Adiós —respondió ella justo antes de arrancar y perderse en el camino.

Él levantó la vista hacia el cielo y apretó los ojos dejando escapar todas las lágrimas que había acumulado con los años.

Aún a esas alturas no podía evitar reprocharse haber sido tan idiota cuando joven, no haber dicho aquellas palabras en el justo momento que se le habían atravesado en el pecho, aun le dolía pensar que pudo haber arreglado las cosas si hubiese tenido el valor de decirle que lo único que necesitaba en la vida era a ella... pero ya no importaba más, todo había terminado... para bien... o para mal.


Fin.