Construir aquella maquina le hubiera tomado meses a la Dulce Princesa, pero con la ayuda de Finn y Jake (y sobre todo, con las inmensas ganas de Finn de que estuviera terminado lo antes posible) bastaron solo 5 días. Apenas si habían dormido; pasaban todo el día trabajando. Jake, que era más perezoso, se iba a descansar temprano. Pero Finn y la Princesa se quedaban hasta la madrugada trabajando.
Al tercer día, la Princesa se sentía feliz. Jamás nadie había estado con ella cuando trabajaba, siempre eran jornadas solitarias, largas jornadas solitarias. Pero ahora estaba Finn con ella, acompañándola, y no solo eso, sino ayudándola. Cuando volteaba a verlo, lo veía siempre con una gran sonrisa, una sonrisa de esperanza. Y ella sonreía también al verlo así, por tenerlo cerca, por tenerlo con ella. Y luego recordaba porque hacían aquella máquina, y se entristecía. Y Finn lo notaba.
-Oye, Princesa, ¿estás bien?-preguntó Finn
-¿Qué? Oh, ah, sí, no hay problema. Creo que ya estoy un poco cansada- contestó, como saliendo bruscamente de un pensamiento profundo.
-¿Sabes? Yo también estoy algo cansado jeje. Durmamos un poco y regresamos temprano, ¿de acuerdo?-
-Sí, de acuerdo-
Por comodidad, Finn y Jake se quedaban a dormir en una de las habitaciones del castillo, para que inmediatamente después de almorzar empezaran a trabajar, y para que al terminar de trabajar no tuvieran que ir hasta la casa del árbol.
La princesa tomó un baño rápido antes de acostarse. Se puso su pijama, la cual consistía en un short rosa y en la playera negra que había recibido de Marceline, cuando solían ser tan buenas amigas. Se acostó en su cama y aunque sus ojos pesaban bastante de cansancio, sus pensamientos no la dejaban dormir.
-¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué lo hago? ¿Por qué no puedo sacármelo de la mente? ¿Qué debo hacer?-
Hace apenas unos meses, Finn no era más que el chico que la salvaba siempre del Rey Helado, que le ayudaba con tareas peligrosas, el niño con un enamoramiento obvio hacia ella, un amigo, un pequeño hermano. Pensaba que él siempre iba a estar junto a ella, que "lo tenía asegurado". Y ahora, después de que sintió que casi lo había perdido por culpa de un incidente con tijeras, no podía decir con seguridad que era Finn para ella. Desde hace un mes que no podía dejar de pensar en él.
-¿Insomnio Bonnie?- dijo una voz femenina y suave desde la ventana.
La princesa no se sorprendió ni se asustó, sino que con toda tranquilidad se sentó en la cama y respondió:
-¿Qué haces en mi ventana Marceline?-
-Oh, nada. Solo paseaba por aquí y pensé que sería buena idea venir a molestar a la bebita mientras dormía- contesto con una sonrisa.
La Dulce Princesa se quedó viendo fijamente a Marceline con cara sería y molesta.
-¡Vamos Bonnie! Tú siempre aguantas mis bromas y hasta me respondes. ¿Qué pasa contigo?-, preguntó la vampiresa
Pero ella seguía con la mirada fija, sin decir nada. Hasta que Marceline vio algo en sus ojos. Estaban vidriosos. Era difícil de notar en la oscuridad, pero ella pudo notarlo.
-Oye, ¿estás bien? ¿Te pasa algo?- preguntó Marceline mientras se acercaba flotando a la cama, sonando preocupada.
-No es nada. Y además, no creo que te importe que algo me pase a mí- contestó la princesa mientras se volteaba para no darle la cara a Marceline.
-Bonnie, quizá ya no seamos amigas como antes, pero te conozco. Algo te pasa, estoy segura, conozco tus caras. Y puedes contármelo, no hay problema- dijo con voz más amistosa, para después tomar su mano al sentarse en la cama junto a ella.
La princesa se sorprendió. Miró sus manos tomadas, y luego al rostro de Marceline, que ofrecía una sonrisa amistosa. La princesa dio un profundo suspiro.
-Está bien, te contare-
Y así, la princesa le contó a la Reina (Vampiro) sobre el plan de Finn de viajar al multiverso, y de lo que ella pensaba que él planeaba hacer una vez allí.
-Bueno, ¿y cuál es el problema? Si le importa tanto estar con esa chica fuego como para hacer ese viaje, es porque de verdad la quiere. Ni modo que tu…- Marceline detuvo su frase, sabía que había llegado al verdadero problema. Y su cara cambio por una de gran sorpresa, -…no… estás celosa… ¿¡estás enamorada de él!?-
La princesa en ese momento rompió en llanto y se lanzó sobre el hombro de Marceline, abrazándola por la nuca. Después de salir del shock que le provocó esa reacción, la Reina devolvió el abrazo.
-¡Sí, lo amo! ¡Lo amo! ¡Y me di cuenta hasta demasiado tarde! ¿Qué voy a hacer?- preguntó llorando la princesa
Marceline, después de un rato, la retiro de sí con cuidado y paso sus dedos por los ojos de la princesa y secó sus lágrimas, intentando calmarla.
-Muy bien, primero, vas a calmarte-, la princesa dejo de llorar y escucho a Marceline con atención, -Ahora, lo que debes hacer es seguir ayudándole, y dejar que haga lo que él quiere-
-Pero…-
-No. Sin peros. Bonnie, él estuvo intentando tener algo contigo como por tres años, y tú nunca le diste ni la mínima esperanza. Y después de tiempo, eso termina por cansar a las personas. Sé lo que paso cuando volviste a tener trece años. Y después, cuando volviste a tu edad normal, olvidaste eso como si hubiera sido años atrás, cuando solo habían pasado unas horas. Bonnie, su felicidad y su amor ahora están con alguien más, déjalo ser feliz-
La Dulce Princesa quedó meditabunda, la Reina tenía razón. Era tiempo de dejar que las cosas fluyeran.
-Tienes razón Marceline. Pero… hace mucho que no me sentía tan bien estando cerca de alguien, jamás volveré a encontrar a alguien como él. Su energía y su felicidad, me las transmitía cada vez que estábamos cerca. No creo poder encontrar a alguien que me haga sentir como él lo hace…- dijo con tristeza
Marceline se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, lo que sorprendió a la soberana del Dulce Reino.
-Estoy segura de que lo harás- dijo Marceline sonriendo
La Dulce Princesa también sonrió y empezó a meterse entre sus cobijas de nuevo. La vampiresa ya estaba en la ventana a punto de saltar, cuando la Princesa dijo suavemente:
-Gracias amiga-
La Reina se detuvo antes de saltar y, sonriente, se volteó y dijo:
-Buenas noches amiga-
